domingo, 3 de noviembre de 2019
LENGUA E IDENTIDAD NACIONAL
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«Todo idioma tiene que subsistir con las aportaciones que le ofrecen otros sistemas, y esto no degrada ni permite subestimar a la lengua beneficiada. Lo que no debemos admitir es la suposición de que alguna otra lengua es superior a la nuestra, es decir no tener aprecio por la lengua materna… » (Rafael González Tirado)
No sé si se trata de una característica atribuible al género humano, pero lo cierto es que los dominicanos nos solazamos cuando nos identificamos con sociedades cuyo prestigio presumimos está muy encima de la nuestra. Esto se pone de manifiesto en el uso cotidiano de nuestra lengua, la cual suele presentarse abarrotada de voces procedentes del inglés, lengua esta que por pertenecer al imperio de cuya economía dependemos, su uso parece prestigiar al hablante que la práctica. Tal práctica supone una negativa percepción de la mayor parte de los dominicanos acerca del español que hablan y escriben.
“Resulta muy fácil comprobar el sentimiento de inferioridad lingüística de los dominicanos, – apunta, al respecto, el destacado lingüista, investigador y profesor universitario, Orlando Alba – que se manifiesta frente al español que se habla en otras partes. Según los estudios realizados por Alvar (1986), Turley (1998) y Alba (2004), - amplía Alba - muchos dominicanos muestran una actitud despectiva hacia su propia manera de hablar. La consideran menos correcta e inferior a la de otros países hispánicos” (La identidad lingüística de los dominicanos, Editora Búho, 2009)
Los ejemplos sobran:
En un restaurante ubicado a escasos metros de nuestra residencia, leo parte del contenido del menú que en dicho negocio se les oferta a los clientes:
a) Coffe
b) Salads
c) Breakfase
d) Sándwich
e) Drinks
f) Dessets
Y en la ruta que conduce a la universidad donde laboro, diariamente paso por el frente de un salón de belleza que se identifica con el nombre de Wonder Hair.
En el seminario empresarial, el instructor nos anuncia que “en este momento haremos un “breik” para pasar al salón del lado a “lonchar” o disfrutar de un “coffe break”
Un viernes en la tarde me detengo a comprar un jugo en un establecimiento identificado con el nombre de “minimarkert”, y allí escucho la voz de un joven que le dice a otro , con la más sorprendente naturalidad, más o menos lo siguiente:
«En el “car wash” del lado me están lavando el carro. Desde que esté listo, arrancaré hacia el salón “D’Angelo Estilo”, cerca de “Ochoa Motors”, para que me den un buen “look” o resalten mi envidiable “sex-appeal”; porque desde esta noche me iré de “weekend” y hasta el lunes nadie me para. Si quieres, te recojo en el “lobby” del hotel, y “full time” nos iremos de parranda. Y si por el contrario deseas irte solo, puedo entregarte el número de teléfono de la “rent card” de un gran amigo mío, en donde te pueden alquilar un carro por buen precio»
Para las mentes transculturizadas, “gay” se oye mejor que homosexual; “marketing”, mejor que mercadotecnia; “feedback”, mejor que retroalimentar; “okey”, mejor que está bien; “bai” (bye) o “babai” (bye, bye) mejor que adiós; “happy hour”, mejor que hora feliz. Y en lugar del muy hispano y dominicano “¡Hola!”, distingue o prestigia más responder “¡jelou!” (¡hello!) a quien nos llama por teléfono.
Y, como si todo eso fuera poco, en el departamento de igualas médicas de una prestigiosa clínica de Santiago de los Caballeros se lee el mandato u ordena a los asegurados, dominicanos casi todos, a que “Please take a number”, así, solo en inglés. Y en la puerta de entrada y salida de un clausurado restaurante ubicado también en una de las urbanizaciones de la Ciudad Corazón, se agradecía la presencia a los clientes , también dominicanos en su mayoría, no con nuestra criolla “Muchas gracias”, sino con la anglosajona inscripción “Thank you”
En virtud de semejante práctica lingüística, no hace tanto expresaba yo, en uno de mis artículos:
“En nuestro país, para florecer y crecer necesitamos de otros aires y otros soles. El paisaje nativo nos produce nauseas. El cielo extranjero nos deslumbra. La inscripción “Made in” nos embriaga, y pletórico de emoción compramos en los Estados Unidos el pantalón que se fabrica en una de nuestras zonas francas…”
(Publicado en Diario Libre 24/10/2019)
LENGUA E IDENTIDAD NACIONAL
viernes, 18 de octubre de 2019
UNA PLACENTERA RESPUESTA Y UN AGRADABLE EJEMPLO
“-Profesor, ¿cuál es el origen y qué significa la palabra invicto?”
La pregunta me la formuló en la mañana de hoy una inquieta y principiante estudiante de Derecho.
“-La palabra invicto – le respondí – es un adjetivo que procede del latín invitus, y según el Diccionario de la lengua española, significa imbatible, esto es, que no ha sido vencido o derrotado, siempre victorioso”
Y para que mejor entendiera el asunto, se me ocurrió ilustrar mi respuesta con el siguiente ejemplo:
“-El equipo Leones del Escogido, en la recién inaugurada serie de béisbol invernal, no ha perdido ni un solo juego de los cinco que ha jugado, razón por la cual se encuentra bien plantado en el primer lugar. Por esa razón, decimos entonces que el ESCOGIDO está invicto“. Al decir esto último, una sonrisa medio picarona se dibujó de inmediato en mis labios.
“-¡Por su sonrisa, parece que el contenido del ejemplo le encantó!” - observó la curiosa estudiante.
No le respondí, permanecí en silencio; pero esta vez, la sonrisa fue más intensa y, posiblemente, mucho más picarona
lunes, 30 de septiembre de 2019
LA VIDA EN CONDOMINIO
Por: Domingo Caba Ramos
El CONDOMINIO: complejo minimundo en el que nada es tuyo y todo te pertenece. Así como se lee, un complicado ámbito habitacional conformado por viviendas (apartamentos) en el que solo las paredes interiores te pertenecen, no así el techo , el piso y las paredes exteriores, por cuanto tu piso es el techo del otro y el techo del otro es tu piso.
El CONDOMINIO: un nicho residencial en el que todos están aparentemente
cerca; pero efectiva y afectivamente lejos. Un espacio de colectiva esencia
donde el yo, el ego y el desinterés por el tú emergen con toda su fuerza.
El CONDOMINIO: un no siempre armónico mundo en el que el calor humano,
el saludo afectuoso, la confianza, los hábitos de sana convivencia y los
vientos solidarios de la buena vecindad casi siempre brillan por su ausencia.
El CONDOMINIO: un complicado entorno en el que la imprudencia y descuido de unos se transforman en el más necio problema para otros.
El CONDOMINIO: un deshumanizado minimundo en el que no siempre se sabe quién vive a tu lado ni mucho menos el nombre que lo identifica.
El CONDOMINIO: un cerrado espacio en el cual convergen los más disímiles y a veces indeseables tipos humanos.
El CONDOMINIO: un lugar donde la mala educación, las malas crianzas, los
temperamentos conflictivos y la ausencia de buenos modales se ponen de
manifiesto en cada una de las acciones de los llamados condóminos.
EL CONDOMINIO: una comunidad de bienes donde las relaciones de mancomunidad o de solidaridad que allí deben primar o existir, no siempre existen. Un lugar donde, para evitar conflictos, es necesario preñar el cerebro de inteligencia emocional, proceder asido del más sólido estoicismo y vestirse diariamente con el traje de la paciencia, la prudencia, la armonía y el espíritu de grupo que los demás revelan no estar dotados.
EL CONDOMINIO: no importa el valor y lo lujoso que este inmueble sea. No importa que cueste mucho o poco. Que esté habitado por pobres o por ricos, por profesionales o por chiriperos. No importa que esté ubicado en un barrio marginado o en un sector exclusivo. No importa. Un condominio es un condominio. Un apartamento es un apartamento. No importa los rasgos particulares que lo caracterizan. Solo podrá variar la comodidad de uno con respecto al otro; pero las limitaciones y sombras que a la convivencia humana estos espacios residenciales le presentan son en todos las mismas.
El CONDOMINIO: un espacio habitacional característico de la gran ciudad,
y al que por circunstancias diversas o por efectos del crecimiento demográfico,
allí ha ido a parar, y tenido necesariamente que adaptarse, aquel
que una vez disfrutó, en la aldea o ruralía, de unas relaciones armónicas o de
sana camaradería, así como de un trato fraterno, sincero, caluroso,
amable y solidario dispensado por el otrora e inolvidable
vecino, casi hermano, que bordeaba su residencia y que estaba ahí, siempre
presente, en los momentos en que más se necesitaba.


