jueves, 14 de febrero de 2019

LA INDIFERENCIA DE LA ADP FRENTE A LOS PROBLEMAS DE LOS MAESTROS PENSIONADOS


 Por : Domingo Caba Ramos


 Es lamentable que para el Ministerio de Educación, los maestros pensionados no existen; pero mucho más lamentable es que para la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), esos educadores que dejaron su juventud en las aulas, y que tanto aportaron al país, tampoco existen. Siempre ha sido así, pero ahora más que nunca

Para los dirigentes del gremio magisterial, importancia solo tienen los maestros activos. Los que ya agotaron su ciclo laboral, no merecen que en ellos se piense ni que en su favor se luche. Y al proceder acorde con semejante parecer, esos dirigentes adepeístas , indiscutiblemente, se comportan no como defensores de los maestros, sino como auténticos cómplices de las autoridades educativas. Lo que sucede mensualmente con el pago del salario a una parte de los antiguos servidores del sistema educativo constituye el mejor ejemplo.

 Lo primero que el lector ajeno al quehacer docente debe saber es que si bien los maestros pertenecen al Ministerio de Educación, una vez pensionados o jubilados, sus salarios los reciben vías tres organismos diferentes de Estado : a una parte le paga el Ministerio de Hacienda, a otra , el Ministerio de Educación , un tercer grupo cobra vía el Instituto Nacional de Bienestar Magisterial (INABIMA) y, ¡extrañamente!, existe un cuarto grupo a quien la mitad del salario se lo paga el Ministerio de Hacienda y la otra mitad el Ministerio de Educación.¿ Usted quiere mayor irregularidad que esa?

 ¿Y la ADP, qué ha hecho para lograr que esa situación se regule o se unifique la nómina de pago? Sencillamente, NADA. Y nada hace, porque ya en términos reivindicativos ese gremio NO EXISTE

 ¿Por qué se paga de esa manera?

 No lo sabemos, y las autoridades, al magisterio nacional, tampoco se lo han explicado. Lo que sí sabemos es que posiblemente no existe otro Estado en el mundo que cuente con un sistema de pago más desorganizado o carente de planificación que el que rige en el Ministerio de Educación de nuestro país. Para entender mejor el “tollo”, quizás convenga ofrecer algunos detalles al respecto:

 Mediante el decreto 329-13, emitido en diciembre del 2013 por el presidente Danilo Medina, a los maestros pensionados y jubilados que devengaban menos de RD$15,000 mensuales, les fue aumentado sus salarios a este monto, con retroactividad a octubre de ese mismo año. El monto anterior al aumento, esos profesores lo cobraban de manera puntual, y así lo siguen cobrando, vía el Ministerio de Hacienda, los días 18 de cada mes, fecha oficialmente establecida para pagarles a los pensionados y jubilados civiles del Estado; pero ¡INEXPLICABLEMENTE!, el completivo o monto aumentado quien lo paga es el Ministerio de Educación, y ese pago se realiza, no el día 18, como lo hace Hacienda e INABIMA, sino un día. Ese día puede ser al final del mes o principio del que sigue.

 Eso quiere decir que los maestros pensionados que reciben como salario mínimo RD$15,000 mensuales, cobran puntualmente una parte de este dinero los días 18 a través de Hacienda, y el resto, el Ministerio de Educación lo paga, como dice el pueblo, “cuando le da la gana”. Tratándose del mes enero, por ejemplo, esa segunda parte el Ministerio de Educación la depositó en el Banco de Reservas el 4 de febrero recién, es decir, diecisiete días después de la fecha oficial de pago.

Todo lo dicho antes quiere decir que tanto Hacienda como INABIMA les pagan a los maestros pensionados de manera puntual. El problema está con Educación, bastante puntual para pagar retrasada la partida aumentada en diciembre del 2013.

 ¿Es posible que eso ocurra en un momento en que se habla de revolución en la educación dominicana? ¿Cómo es posible que los servidores de una misma institución estén registrados en nóminas diferentes? ¿Cómo es posible que dos ministerios del Estado no se puedan poner de acuerdo para unificar la nómina de pago de los maestros pensionados? ¿Cómo es posible que en Era de la tecnología y la automatización de los procesos no se pueda diseñar un sistema informático de manera tal que el pago completo a los maestros pensionados y jubilados se realice de manera regular en la fecha oficialmente establecida? ¿No resulta hasta cierto punto lastimoso ver a un maestro yendo cuatro y hasta cinco veces en un día a un cajero automático a revisar si definitivamente fueron depositados los “chelitos” milagrosos? ¿Merecen esos educadores semejante trato, luego de haber dejado su juventud en las aulas escolares?

 ¿Y la ADP, qué hace al respecto? Absolutamente NADA. Y nada hace, porque ya en términos reivindicativos ese gremio NO EXISTE.

 Pero no solo eso.

 En enero del 2016, el gobierno incrementó en un 10% los salarios de los profesores y demás personal que labora en el Ministerio de Educación, incluyendo – dice el decreto del presidente- “a los 14,076 pensionados y jubilados del sector educativo que devengan un salario menor a los RD$20,000 por mes.”

A los maestros pensionados, ese aumento nunca se les aplicó, vale decir, el Ministerio de Educación, con Amarante Baret a la cabeza, desacató el mandato presidencial. 


 ¿Y la ADP, qué hizo al respecto? Absolutamente NADA. Y nada hizo, porque ya en términos reivindicativos ese gremio NO EXISTE.

 Recuerdo las grandes conquistas o reivindicaciones logradas en los años dorados de la ADP, cuando yo era maestro del sistema público, vale decir, cuando la ADP era la ADP: seguro médico magisterial, pago por tanda, igualación del pago campo/ciudad, COOPNAMA, entre otras. Recuerdos que la mayoría de los dirigentes de la época, Rafael Santos, Sigfrido Cabral, Celio Guerrero, José Izquierdo, Pablo Alfonso Rosario, Fernando Rodríguez, mis hermanos Pedro y Gernalda Caba Ramos, Melanio Paredes y  Élido Rodriguez (Q.E.P.D.), entre otros, pensaban más en los maestros que en sus intereses personales. Poseían conciencia de clase. De repente, todo cambió.

 Ahora, el otrora combativo sindicato magisterial ni siquiera es capaz de lograr que a un maestro pensionado se le pague puntualmente y de manera equitativa. Esto último, porque existen profesores que por haber sido pensionado o jubilado después del 2004 reciben en un solo mes el valor (RD$60,000) que los pensionados antes de este año tendrán que esperar cuatro meses.

 La indiferencia, insensibilidad y ausencia de conciencia de clase de los actuales dirigentes adepeístas, en su mayoría, hizo acto de presencia en el mismo momento en que los ingresos mensuales de los miembros del Comité Ejecutivo Nacional comenzaron a superar los cien mil pesos, y en cada seccional, su plana directiva comenzó a defender más los intereses del gobierno que los de los maestros.

 Mientras esa indiferencia o actitud persista, continuaremos viendo a unos desesperados maestros pensionados, días después de la fecha (18) oficial de pago, en peregrinación continua hacia el cajero automático para ver si por fin el Ministerio de Educación les depositó los pesos milagrosos.

domingo, 10 de febrero de 2019

¿DÓNDE ENCONTRAR VERDADERA POESÍA?


No solo podemos encontrar auténtica poesía en el rítmico encadenamiento de los versos que forman un poema. En ocasiones, la verdadera poesía está presente en un amanecer, en un atardecer, en una puesta de sol, en una noche de luna llena,  en la lluvia que con su melodía casi sinfónica desciende hacia la Tierra, en la tierna risa o sonrisa de un bebé, en las ramas de los árboles que se mecen o bailan al son de la música ejecutada por el viento, en el canto armónico de los grillos y demás pájaros madrugadores, en las «ondas y brisas, brumas, rumores, suspiros y ecos del ancho mar...» de que nos habla el poeta y, en fin, la auténtica poesía está presente también y tenemos que buscarla en el mismo corazón y comportamiento de la madre naturaleza.

domingo, 3 de febrero de 2019

LA CASA DEL POETA HERNANDEZ FRANCO

 Por : Domingo Caba Ramos

                                                                                 Tomás Hernández Franco (1904/1952)


 El arquitecto don Rafael Tomás Hernández Ramos, en un gesto que valoro y agradezco, tuvo la gentileza de enviarme en el año 2015 tres fotos de la casa donde residió su hermano, el destacado poeta tamborileño Tomás Hernández Franco (1904/1952) , tomadas en 1930, hace ya ochenta y nueve años. Adjunto a las imágenes, me remitió las notas descriptivas que me permito reproducir a continuación:

“Distinguido amigo: 

Como le prometí, le envío estas fotos que ya tienen ochenta y cinco años. Muestran el patio frontal de la casa del poeta Tomás Hernández Franco (mi hermano de padre) en Tamboril, al final de los años veinte del siglo pasado. Quiero restaurarla, si es posible, y acometer la tarea de identificar las personas que figuran en ellas. Identifico a Rafael Tomás Hernández (padre), a don Ángel Liz, a don Federico Velázquez, a Leoncio Hernández (hermano nuestro) y varios más.

 En ese tiempo solo nos separaban seis casas de la residencia de don Horacio Vázquez (aproximadamente unos quinientos metros), prácticamente éramos vecinos en la "Pajiza Aldea”como todos los que habitábamos "la villa de los samanes", antes de perder la montaña y que el ímpetu del crecimiento poblacional y los "Kawasaki" se enseñorearan en los nuevos escenarios. Ojalá que el tema le interese.


 Un fuerte abrazo.


 Rafael Tomás Hernández

 18/6/2015”





Dicha casa era visitada habitualmente por artistas, intelectuales, políticos destacados y personalidades distinguidas de la época, tales como Federico Velásquez y Hernández (1870/1934), quien fuera vicepresidente de la República, el laureado pintor dominicano Jaime Colson (1901/1975), y en ella se alojó durante varios días durante su paso por Tamboril el brillante y archifamoso educador puertorriqueño, profesor Eugenio María de Hostos (1839/1903)

 A su frente estaban plantados los dos grandes, históricos y famosos samanes que el poeta tanto refiere en muchos de sus escritos, incluyendo un poema dedicado a ellos, los cuales se convirtieron en verdaderos símbolos de Tamboril y contribuyeron a que a este municipio se le identificara durante la primera mitad del siglo XX como la “VILLA DE LOS SAMANES”

Las fotos constituyen el más revelador de los documentos históricos. Por esa razón, cada uno de sus detalles nos proporciona una importante información. En ellas se aprecia la vegetación frondosa que bordea la casa, fiel reflejo de que el Tamboril de los años treinta, como escribió Héctor Inchaustegui Cabral, era “UNA CIUDAD RURAL”

La casa hace ya varios años fue demolida. En el solar donde estuvo plantada, se construyó el edificio que aloja a uno de los centros comerciales, “EL Puente Comercial”, de mayor actividad del municipio de Tamboril.

sábado, 5 de enero de 2019

AMOR AMOR EN VERSOS

(Curioso y revelador intercambio amoroso)


ÉL

«¡Qué feliz soy amor mío!, 
pronto estaremos casados,
 el desayuno en la cama, 
un buen jugo y pan tostado, 
con huevos bien revueltitos,
 todo listo bien temprano, 
saldré yo hacia la oficina,
 y tú rápido al mercado, 
pues en sólo media hora, 
debes llegar al trabajo. 

 Y seguro dejarás, 
 todo ya bien arreglado,
 pues bien sabes que en la noche, 
me gusta cenar temprano. 

 Eso sí, nunca te olvides, 
que yo vuelvo muy cansado,
 por la noche, teleseries, 
 cinemateca barato, 
 no iremos nunca de shopping, 
ni de restaurantes caros, 
ni de gastar los dineros, 
 ni despilfarrar los cuartos,
 tu guisarás para mí, 
solo comida casera, 
yo no soy como a la gente, 
 que le gusta comer fuera... 

 ¿No te parece, querida,
 que serán dias gloriosos?
 Y no olvides que muy pronto,
 yo seré tu amante esposo. 

ELLA

 ¡Qué sincero eres mi amor!,
 ¡Qué oportunas tus palabras! 
tú esperas tanto de mí,
 que me siento intimidada. 

No sé hacer huevos revueltos, 
como tu mamá adorada, 
se me quema el pan tostado, 
de cocina no sé nada. 

A mí me gusta dormir,
 casi toda la mañana, 
ir de shopping, hacer compras,
 con la Mastercard dorada, 
tomar té o el cafecito, 
en alguna linda plaza, 
comprar todo de diseño,
 y la ropita muy cara,
 conciertos de Luismi y Juanga,
 cenas en La Guacamaya, 
viajes a Punta Cana, 
a pasar la temporada,
 piénsalo bien, aún hay tiempo,
 la iglesia no está pagada, 
yo devuelvo mi vestido, 
y tú, tu traje de gala, 
y el domingo en el diario,
 con letra bien destacada: 

"HOMBRE JOVEN Y BUEN MOZO, BUSCA UNA ESCLAVA MUY LERDA, PORQUE SU EXFUTURA ESPOSA, AYER LO MANDÓ A LA MIERDA" »

domingo, 23 de diciembre de 2018

EN NAVIDAD, ¿DE QUIÉN DEBEMOS CUIDARNOS?

 Por : Domingo Caba Ramos
                                                                                   Juan Antonio Alix


En el más antiguo de los aguinaldos dominicanos, cuyo título original es «Cánticos» (1908), su autor, nuestro laureado poeta o cantor popular, Juan Antonio Alix (1833- 1918), afirma que en la NAVIDAD debemos cuidarnos:

 a) DE LOS CHISMOSOS, prestos siempre a generar nocivos efectos con sus lenguas lacerantes:

“Que el Niño Jesús,
muy a bien lo tenga, 
librarnos a todos,
 de las malas lenguas”

 b) DE LOS ENVIDIOSOS, siempre mortificados por el éxito ajeno:

 “Que los libre el Niño, 
de los envidiosos, 
que hacen mala sangre,
 y viven rabiosos” 

c) DE LOS MALOS VECINOS, eternos perturbadores de la paz familiar:

“Y los libre el cielo, 
de un vecino malo,
 que es mucho peor, 
que un incendio al lado”

viernes, 9 de noviembre de 2018

¡ADIOS, MAESTRO MONCHE! - (*)

(In Memoriam)

Por: Domingo Caba Ramos.
                                                                             Noel Ramón Peralta (Monche)


 « Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz…»

(JOSE MARTI)

Aunque todos sabíamos que su nombre verdadero era Noel Ramón Peralta, en la comunidad todos lo llamábamos El Maestro Monche. Y cuando no así, entonces invertíamos los términos, identificándolo, cuando a él nos referíamos, como Monche, El Maestro.

 Pero lo cierto es que una y otra forma denominativa entrañaban el gran cariño y respeto que todos sentíamos por quien durante casi cuatro décadas se encargó de alfabetizar y repartir el pan de la enseñanza a generaciones de alumnos que hoy lloran y lamentan la muerte repentina de su antiguo preceptor.

 Al servicio educativo, se integró el maestro que nos ocupa muy joven todavía, cuando apenas había trillado las rutas de la adolescencia, y provisto de un grado académico que no superaba el octavo curso. Una baja formación profesional que, sin embargo, estaba muy por debajo del alto nivel de competencia mostrado en sus siempre constructivas prácticas pedagógicas.

 Posiblemente nunca mantuvo este maestro contacto con los más avanzados principios de la Didáctica o de aquellos postulados que norman el arte de enseñar. Probablemente tampoco conoció a los más destacados representantes del pensamiento pedagógico, registrados en la historia de la educación dominicana y /o universal. Pero a pesar de semejante desconocimiento, justo es reconocerlo, la calidad de su enseñanza siempre se puso de manifiesto en el ejercicio de su trabajo docente.

 En otras palabras, no poseía, el Maestro Monche, título de licenciado, maestría, ni siquiera de bachiller; sin embargo, enseñaba, que es lo que un buen maestro debe hacer.

Para lograr eso, sólo le bastó trabajar con entrega, pasión, responsabilidad y amor, tanto por su oficio como por los cientos de alumnos que pasamos por sus manos, y que , gracias a sus empeños, recibimos las primeras lecciones o aprendimos a leer y a escribir en el centro educativo en el que ejerció durante treinta y siete años, ubicado en uno de los parajes que conforman la sección Ceiba de Madera, del municipio de Moca.

 Su presencia como maestro desbordaba los límites del espacio enmarcado en las cuatro paredes del aula escolar, para insertarse en el mismo corazón de la comunidad, vale decir, ningún otro educador logró, como él, mantener un contacto tan íntimo, tan estrecho con la comunidad educativa. En esta, él, además del maestro, era el medidor o tasador de la tierra en venta o recibida por herencia, el consejero familiar, el fino peluquero y aquel que se desplazaba a la casa a inyectar al enfermo que requería de sus servicios.

Así era este singular educador. Así era ese tierno, pero firme maestro cuyos restos hoy yacen sepultados en los Estados Unidos en el frío espacio de un sepulcro silencioso.

 Todavía lo recuerdo. De mediana estatura, poco hablar, lento caminar, el largo cordón, soporte de su inseparable llavero, moviéndose circularmente alrededor de su dedo índice, y una sonrisa en la que no podía ocultar la natural timidez que eternamente yacía plasmada en su rostro.

Poseía un concepto casi militar de la disciplina escolar. Por esos sus medidas disciplinarias eran recias, firmes y rígidas, pero sin abandonar nunca esa ternura casi paternal y ese trato afable que siempre lo caracterizó en su roce con los alumnos.

En la vida de todo ser humano, los hechos y seres que forman parte de sus primeras experiencias difícilmente resulten cubiertos por el manto del olvido. De ahí que en el ámbito escolar, cualquier estudiante, con relativa facilidad, borre de las páginas del recuerdo a quienes fueron sus profesores en la secundaria y en la universidad, pero jamás olvidará al maestro que en la escuela primaria le impartió sus primeras lecciones, y, muy particularmente, a quien lo alfabetizó o lo enseñó a leer y a escribir.

De ese maestro siempre tendremos latente su imagen y patente su recuerdo. Como patente y latente siempre hemos tenido la imagen y el recuerdo del maestro que en la antes citada escuela, a todos nos alfabetizó y suministró esas primeras lecciones.

Víctima de un fulminante paro cardíaco, falleció en Nueva York, el día 13 del presente mes (noviembre), el Maestro Monche. Ante tan infausta noticia, y transidos por el profundo dolor que hoy a todos nos embarga, pienso que sus exalumnos, padres de familias y todas las agrupaciones que conforman las fuerzas vivas de la comunidad, debemos amarrar nuestras voces , para en un gesto de sentida expresión de gratitud, despedirlo o decirle con el más doloroso de los acentos:

 ¡Adiós, Maestro Monche!

 ¡Adiós, Maestro Monche!, te decimos todos los que fuimos tus alumnos o saboreamos el néctar nutritivo de tus sabias enseñanzas.

¡Adiós, Maestro Monche!, te dice esa comunidad que tantos te agradece y a la que tantos le diste y enseñaste.

 O Talvez, más que un simple adiós, lo ideal sería decirte con las palabras que pronunciara nuestro Poeta Nacional, Pedro Mir, frente al cadáver del maestro y escritor Manuel de Js. Camarena en su famoso «Grito para enterrar un maestro»:

«Maestro: 

Tu imperio de silencio y de penumbra
 ha comenzado al fin.

 Enmudeciste

 para adorar tu soledad tranquilo
 pero a tu oído bajarán las horas
 a decirte el secreto de los siglos
 pero a tu voz la ahuecará el recuerdo 
para llorarte en la ilusión de un nido… 

Enmudeciste

 para vivir tu eternidad tranquilo, pero en tu tumba
 muchos lamentos vivirán contigo
 muchos sollozos besarán tus huellas 
para alfombrar de llanto tu camino. 

Maestro: 

No te decimos adiós. Tú no te has ido. 
Tú estás en el recuerdo palpitante 
y eterno en las raigambres del gemido.
 Cada lágrima en flor del estudiante 
apretada en el pecho conmovido,
 será como un puñal de sentimiento 
que querrá defenderte del olvido…» 

 (*) – Palabras escritas el 28 de noviembre del 2007 con motivo del sentido fallecimiento del profesor Noel Ramón Ramón Peralta (Monche), ocurrido en N.Y., Estados Unidos, en fecha 13/11/2007

martes, 6 de noviembre de 2018

PROCESO POR LA SOMBRA DE UN BURRO

(A mi amigo, Dr. Piero Espinal)
Por : Domingo Caba Ramos

El pasado jueves, en el Gran Teatro del Cibao, participé en el acto de puesta en circulación del libro «En torno a la libertad», del destacado actor y dramaturgo dominicano Iván García (San Pedro de Macorís, 1938), y en el cual se recogen veintinueve obras de su fecunda producción teatral. Una de estas obras es «Proceso por la sombra de un burro», estrenada en 1974 en la ciudad de Santiago de los Caballeros. Se trata de una adaptación a comedia musical de la divertida comedia que para radio había popularizado el pintor y escritor suizo Friedrich Dürrenmatt (1921/1990)

 En ella se narra el proceso judicial entablado por un dentista y un burrero a causa de la sombra de un burro. El dentista ha alquilado los servicios de un burro para viajar urgentemente a un pueblito de difícil acceso, ubicado en la zona montañosa, con la finalidad de corregir los problemas dentales que sufría la querida de un influyente político gobiernista. Para mitigar los efectos del insportable calor, el médico decide descansar bajo la sombra del animal. Este hecho desencadena la ira del burrero quien alega que la sombra de su burro no estaba incluida en el precio del alquiler.

Para resolver el caso, solicitan la intervención del juez, pero el problema persiste, originándose así un escandaloso juicio en el que los abogados de ambas partes emplean las más corruptas estrategias en bien de sus propios intereses, y en el que las fuerzas vivas de la ciudad forman dos bandos que deciden tomar partido por una y otra parte (el dentista y el burrero)

 Ambas partes, en última instancia,  apelan a la fuerza, contratando para tal fin los servicios de un pirata con el propósito de que incendie la ciudad. El fuego se produce en el momento en que el burro allí se presenta, después de haberse escapado del patio de la corte donde permanecía secuestrado, por orden del juez, hasta el fin del proceso. La ciudad queda destruida y los personajes terminan culpando al burro del terrible incendio.

Tras el animal preguntar solemnemente acerca de si él realmente era el burro en el caso en que se encontraba envuelto, todos encararon al público con los graciosos, satíricos y no menos aleccionadores versos de cierre que a continuación se transcriben:

« ¿Es el burro testarudo,
 porque quiere descansar, 
o el humano que muy burro,
 pretende hacerlo parar?

 Cuando un político es bruto,
 la gente le grita: ‟ ¡burro!”
 y a nadie se le ha ocurrido, 
llamar al burro político.

 ¿Quién será más burro, 
el burro, ese animal testarudo,
 o el humano, ese gran bruto, 
que al burro lo llama burro? 

 El burro, pobre animal, 
todo el mundo lo critica, 
sin saber que todo el mundo,
 padece del mismo mal»