Por: Domingo Caba Ramos
Pensaba, y así lo había dicho más de una vez, que los dominicanos, en su gran mayoría, no leían o sufrían de «lecturofobia» Pero me equivoqué. Y me equivoqué, por cuanto no es posible calificar de «lecturofóbica», o decir que no lee, una sociedad en donde la edición de un libro recientemente publicado, «El Manual de la chapiadora», se agotó en menos de una semana. Y aquellos que no pudieron adquirirlo, en un gesto de inusitado interés, dejaron sus nombres registrados en listas de espera.
Por esa razón, es posible que a su autora haya que entregarle en cualquier año no muy lejano el Premio Nobel de Literatura o colocarla en el mismo pedestal de Cervantes, García Márquez, Saramago, Rulfo, Juan Bosch, Manuel del Cabral, Vargas Llosa, Pedro Mir, Rubén Darío, Pablo Neruda, Marcio Veloz Maggiolo, Aída Cartagena y otros preclaros representantes de la literatura dominicana, hispanoamericana y universal.
Cientos de dominicanos que desconocen por completo y no les interesa saber para nada quiénes fueron o son esos y otros autores de renombres, y mucho menos sus obras, andaban como «locos» buscando el excitante «Manual…» Y comunicadores que en sus programas de opinión nunca han comentado un libro, esta vez le dedicaban minutos interminables al texto que nos ocupa.
Tan sorprendente acontecimiento editorial retrata de manera fehaciente el gusto de nuestra gente por todo lo que sea «light», vacío, insustancial, vacuo, farandulero o carente de valor y trascendencia.
Pero, a pesar de lo que se pueda argumentar, me equivoqué.
Y merced a mi equivocación, pude convencerme de que el dominicano, en el continente americano, es el ser que más lee. Agotar una edición de quinientos ejemplares en solo siete días constituye una hazaña cultural que coloca a nuestro país al lado de las más desarrolladas naciones del mundo.
Lo antes expresado quiere decir que no es cierto, como antes creía y afirmaba yo, que los hombres y mujeres de la República Dominicana sean «lecturofóbicos», odien o sientan fobia por la lectura.
No señor.
Los dominicanos acaban de demostrar que son capaces de dejar vacía la estantería de una librería, siempre que la lectura requerida sea «light», carente por completo de ideas profundas y del más mínimo valor simbólico o metafórico, que trate temas tan vacuos como el «chapeo femenino» y que no demande mayores esfuerzos para desentrañar su contenido profundo.
Quien en el juicio anterior no crea, solo tiene que preguntárselo a la feliz autora del «monumental» y « archiinstructivo» Manual de la chapiadora.
jueves, 13 de septiembre de 2018
miércoles, 12 de septiembre de 2018
EL DOMINICANO, LA BOA DE HAINA Y SU MIEDO CULTURAL A LAS CULEBRAS
Por: Domingo Caba Ramos
Los moradores de Haina, San Cristóbal, han perdido la paz y apenas duermen. Una enorme serpiente (Boa de la Hispaniola) de aproximadamente unos 1.5 metros de largo y un grosor de seis a siete centímetros se desplaza silenciosa entre bosques, árboles y otros espacios, sin que se conozca su paradero exacto. Por eso los nervios de los «jaineros» se encuentran al borde de la explosión. Y es natural que así suceda. Es natural, porque existen miedos culturales, aprendidos. Y en nuestro país, uno de esos miedos culturales o aprendidos es el miedo a las culebras. Posiblemente el 95% o más de los dominicanos padezca esa fobia (ofidiofobia)
A mí, por ejemplo, cuando niño, me inculcaron en mi subconsciente todo lo malo o negativo acerca de estos reptiles, las culebras. Me dijeron que estas «bajiaban» a las personas, que daban «fuetazos», que cantaban cuando eran muy grandes, que si las orinaban sacaban las patas, que introducían su cola en la boca del bebé, mientras ellas extraían la leche del seno de la madre, que cuando una resultaba herida y dividido su cuerpo en dos partes, venían otras y lo unían, que sólo agarradas con la mano izquierda se podían dominar y, por último, que antes andaban paradas, pero un día la virgen las maldijo y, a partir de ahí, comenzaron a moverse arrastrando sus cuerpos.
Todo eso me decían insistentemente mis parientes, vecinos y demás personas mayores, logrando, de esa manera, que en mi ingenua mente infantil se forjaran las más satánicas y monstruosas imágenes relativas a la naturaleza de un animal acerca del cual, hasta en el bíblico relato, se habla de su seductor y perverso protagonismo.
Luego aprendí que todo eso no era más que una especie de Realismo Mágico. Que nada de eso era cierto, que las culebras de aquí son inofensivas y que en lugar de proporcionarle daños a los seres humanos, lo que hacen es huir de estos.
Eso aprendí; pero como el subconsciente no borra, confieso que de solo escuchar la palabra culebra o serpiente, mi cuerpo comienza a temblar; y cuando muy cerca tengo a uno de estos animales, mis músculos casi se paralizan y apenas puedo correr. Por esa razón, mientras más lejos de mí se encuentran, mayor es mi felicidad. Por eso, en cada serpiente yo veo un monstruo. Por eso, mientras más me dicen que las culebras y serpientes dominicanas son inofensivas, más miedo les tengo. Mi ofidiofobia, pues, tengo que reconocerla y, al mismo tiempo, calificarla de severa o extrema.
Compadezco a los hermanos moradores del municipio de Haina. Sé que hasta tanto esa gigantesca y trotamundos boa no aparezca, tranquilos nunca estarán. Yo, en su lugar, quizás hubiera abandonado el lugar y colocado en mi casa el siguiente letrero: CERRADA HASTA NUEVO AVISO…
Los moradores de Haina, San Cristóbal, han perdido la paz y apenas duermen. Una enorme serpiente (Boa de la Hispaniola) de aproximadamente unos 1.5 metros de largo y un grosor de seis a siete centímetros se desplaza silenciosa entre bosques, árboles y otros espacios, sin que se conozca su paradero exacto. Por eso los nervios de los «jaineros» se encuentran al borde de la explosión. Y es natural que así suceda. Es natural, porque existen miedos culturales, aprendidos. Y en nuestro país, uno de esos miedos culturales o aprendidos es el miedo a las culebras. Posiblemente el 95% o más de los dominicanos padezca esa fobia (ofidiofobia)
A mí, por ejemplo, cuando niño, me inculcaron en mi subconsciente todo lo malo o negativo acerca de estos reptiles, las culebras. Me dijeron que estas «bajiaban» a las personas, que daban «fuetazos», que cantaban cuando eran muy grandes, que si las orinaban sacaban las patas, que introducían su cola en la boca del bebé, mientras ellas extraían la leche del seno de la madre, que cuando una resultaba herida y dividido su cuerpo en dos partes, venían otras y lo unían, que sólo agarradas con la mano izquierda se podían dominar y, por último, que antes andaban paradas, pero un día la virgen las maldijo y, a partir de ahí, comenzaron a moverse arrastrando sus cuerpos.
Todo eso me decían insistentemente mis parientes, vecinos y demás personas mayores, logrando, de esa manera, que en mi ingenua mente infantil se forjaran las más satánicas y monstruosas imágenes relativas a la naturaleza de un animal acerca del cual, hasta en el bíblico relato, se habla de su seductor y perverso protagonismo.
Luego aprendí que todo eso no era más que una especie de Realismo Mágico. Que nada de eso era cierto, que las culebras de aquí son inofensivas y que en lugar de proporcionarle daños a los seres humanos, lo que hacen es huir de estos.
Eso aprendí; pero como el subconsciente no borra, confieso que de solo escuchar la palabra culebra o serpiente, mi cuerpo comienza a temblar; y cuando muy cerca tengo a uno de estos animales, mis músculos casi se paralizan y apenas puedo correr. Por esa razón, mientras más lejos de mí se encuentran, mayor es mi felicidad. Por eso, en cada serpiente yo veo un monstruo. Por eso, mientras más me dicen que las culebras y serpientes dominicanas son inofensivas, más miedo les tengo. Mi ofidiofobia, pues, tengo que reconocerla y, al mismo tiempo, calificarla de severa o extrema.
Compadezco a los hermanos moradores del municipio de Haina. Sé que hasta tanto esa gigantesca y trotamundos boa no aparezca, tranquilos nunca estarán. Yo, en su lugar, quizás hubiera abandonado el lugar y colocado en mi casa el siguiente letrero: CERRADA HASTA NUEVO AVISO…
viernes, 31 de agosto de 2018
CÁPSULAS LEXICOSEMANTICAS
Por: Domingo Caba Ramos
1. «SEÑORES DE LA MESA PRINCIPAL…»
Cuando escucho a un maestro de ceremonias decir: «Señores de la mesa principal…», busco en cada una de las partes del salón en donde se está desarrollando el acto ceremonioso y no veo más que una sola mesa. Es entonces cuando logro convencerme de que ese archimanoseado «Señores de la mesa principal », en un lugar donde solo hay una mesa con personas sentadas a su frente, carece por completo de pertinencia semántica y sustancia discursiva. En otras palabras, una mesa principal implica, necesariamente, la existencia de otra u otras no principales. Si estas no existen, el sintagma «mesa principal», entonces sobra.
2. ¿ANALFABETO O ANALFABETA?
Acerca del término analfabeto, dice don Mariano Lebrón Saviñon en su libro «Usted no lo diga» (2008: 32):
« No debe decirse analfabeta para aludir alguien que no sabe leer ni escribir. Lo correcto es analfabeto. ‟Este muchacho es analfabeto, no analfabeta” Esta forma existe, pero es la femenina cuando se refiere a una niña o una mujer. ‟ El pobre Juan es un analfabeto y su mujer también es analfabeta”
¿Qué significa eso?
Sencillamente que analfabeto es un adjetivo que sufre flexión, accidentes gramaticales o variación, tanto de género como de número. De ahí que si de un ser femenino se trata, se dirá analfabeta (Esa funcionaria es casi analfabeta) y analfabeto si se refiere a una persona de género masculino (Ese funcionario es casi analfabeto)
«Este adjetivo –señala al respecto el ‟Diccionario Panhispánico de dudas” -, usado a menudo como sustantivo, tiene dos terminaciones, una para cada género: «El indio Trinidad era analfabeto y desconocía la aritmética»; «Se cree que soy una analfabeta». No debe usarse la forma analfabeta para el masculino, como si fuese común en cuanto al género: «Este es el héroe de millones, un analfabeta funcional que falla goles». (2005:47)
No obstante el prescriptivo juicio académico, son muchos los hablantes dominicanos y de otras zonas hispanoamericanas (Colombia, Méjico, Guatemala, Nicaragua, Puerto Rico, Cuba, Perú, Chile, etc.) que emplean esa forma femenina para calificar o modificar el sentido de nombres masculinos.
A pesar de eso, apunta el lingüista y filólogo venezolano de origen polaco, Ángel Rosenblat (1902-1984), «… en el castellano general se dice ‟María es una analfabeta”, ‟Juan es un analfabeto” » (‟Buenas y malas palabras”, 2004:91)
« ¿Cómo se explica entonces esa difundida forma en -a para el masculino?» - se pregunta Rosenblat.
El propio autor responde que la palabra analfabeta fue adoptada de la lengua italiana por analogía o semejanza formal con otros nombres masculinos terminados en -a: poeta, nauta, acróbata, autodidacta, esteta, políglota, autómata, etc. « Pero hay que distinguir – aclara el distinguido hispanista – los acabados en -a etimológica (poeta, nauta, etc.) de los que tienen una -a ultracorrecta, que no se justifica ni por el griego ni por el latín. De este tipo es autodidacta, muy usado en Hispanoamérica, aunque hay actualmente una fuerte tendencia a favor de autodidacto, que es lo etimológico y lo académico. Del mismo tipo es analfabeta» (Ídem, 92)
En conclusión, como bien lo prescribe el diccionario académico, «No debe usarse la forma analfabeta para el masculino, como si fuese común en cuanto al género»
3. GENTE/GENTES
La duda persiste y las preguntas se repiten: ¿Siempre se utiliza en singular o se puede pluralizar el sustantivo gente? ¿Es correcto decir, por ejemplo, «Las gentes del Cibao son simpáticas »? o «La gente del Cibao es simpática» ¿Cuándo es correcto utilizarlo en plural?
La validez de una u otra forma, singular/ plural, dependerá del significado o valor semántico que se le atribuya en un determinado contexto.
La voz gente, según el diccionario académico, es un sustantivo colectivo que significa «Pluralidad de personas» Con este significado, dicho sustantivo deberá emplearse siempre en singular: «El escándalo de la gente no dejaba dormir a los vecinos» «Un grupo de gente se concentró frente a la iglesia»
Pero en el español dominicano y en otros pueblos de América el vocablo gente se emplea con carácter individual, equivalente a la voz persona. En casos como estos, dicha palabra, escrita así, en singular, no designa, como lo define el Diccionario, «Pluralidad de personas», sino un «individuo de la especie humana» o« un hombre o mujer cuyo nombre se ignora o se omite…»
a) Él era una gente muy caballerosa.
b) Ellos eran gentes muy caballerosas.
El Diccionario panhispánico de dudas (2005:313), de la Real Academia Española y la Asociación de Academias Españolas, es más específico y aclara mejor el asunto al establecer que:
«gente. 1. En el español general, este sustantivo femenino se emplea como nombre colectivo no contable y significa ‘personas’: «La gente acudía a su bar» «En torno a nosotros había un grupo de gente joven que reía y voceaba» Como otros nombres colectivos, admite un plural expresivo, usado casi exclusivamente en la lengua literaria: «Fue ella quien me introdujo en las cosas, en las comidas, en las gentes de aquí»
2. En el español de ciertas zonas de América, especialmente en México y varios países centroamericanos, se usa también con el sentido de ‘persona o individuo’, es decir, como sustantivo contable y no colectivo: «Luis era una gente muy caballerosa»; con este sentido, su uso en plural es obligado cuando se desea aludir a más de una persona: «Alrededor de la tina, en la que podían caber cinco gentes, había muchas plantas». En España solo es normal el uso de gente con referente singular en la expresión buena (o mala) gente, que también se documenta en el español americano: «Yo soy muy buena gente»; «Tato, por su parte, no era mala gente»
3. En el español coloquial de muchos países de América se emplea también, como adjetivo o como sustantivo, con el sentido de ‘[persona] honesta, amable y servicial’ y ‘[persona] distinguida o de buena posición’: «Sería conveniente que llamara al doctor Pereyda [...]; él es muy gente y seguramente no le cobrará»; «Ese es para mí menos que nada, aunque estos caballeros hablen de él como si fuera gente»
1. «SEÑORES DE LA MESA PRINCIPAL…»
Cuando escucho a un maestro de ceremonias decir: «Señores de la mesa principal…», busco en cada una de las partes del salón en donde se está desarrollando el acto ceremonioso y no veo más que una sola mesa. Es entonces cuando logro convencerme de que ese archimanoseado «Señores de la mesa principal », en un lugar donde solo hay una mesa con personas sentadas a su frente, carece por completo de pertinencia semántica y sustancia discursiva. En otras palabras, una mesa principal implica, necesariamente, la existencia de otra u otras no principales. Si estas no existen, el sintagma «mesa principal», entonces sobra.
2. ¿ANALFABETO O ANALFABETA?
Acerca del término analfabeto, dice don Mariano Lebrón Saviñon en su libro «Usted no lo diga» (2008: 32):
« No debe decirse analfabeta para aludir alguien que no sabe leer ni escribir. Lo correcto es analfabeto. ‟Este muchacho es analfabeto, no analfabeta” Esta forma existe, pero es la femenina cuando se refiere a una niña o una mujer. ‟ El pobre Juan es un analfabeto y su mujer también es analfabeta”
¿Qué significa eso?
Sencillamente que analfabeto es un adjetivo que sufre flexión, accidentes gramaticales o variación, tanto de género como de número. De ahí que si de un ser femenino se trata, se dirá analfabeta (Esa funcionaria es casi analfabeta) y analfabeto si se refiere a una persona de género masculino (Ese funcionario es casi analfabeto)
«Este adjetivo –señala al respecto el ‟Diccionario Panhispánico de dudas” -, usado a menudo como sustantivo, tiene dos terminaciones, una para cada género: «El indio Trinidad era analfabeto y desconocía la aritmética»; «Se cree que soy una analfabeta». No debe usarse la forma analfabeta para el masculino, como si fuese común en cuanto al género: «Este es el héroe de millones, un analfabeta funcional que falla goles». (2005:47)
No obstante el prescriptivo juicio académico, son muchos los hablantes dominicanos y de otras zonas hispanoamericanas (Colombia, Méjico, Guatemala, Nicaragua, Puerto Rico, Cuba, Perú, Chile, etc.) que emplean esa forma femenina para calificar o modificar el sentido de nombres masculinos.
A pesar de eso, apunta el lingüista y filólogo venezolano de origen polaco, Ángel Rosenblat (1902-1984), «… en el castellano general se dice ‟María es una analfabeta”, ‟Juan es un analfabeto” » (‟Buenas y malas palabras”, 2004:91)
« ¿Cómo se explica entonces esa difundida forma en -a para el masculino?» - se pregunta Rosenblat.
El propio autor responde que la palabra analfabeta fue adoptada de la lengua italiana por analogía o semejanza formal con otros nombres masculinos terminados en -a: poeta, nauta, acróbata, autodidacta, esteta, políglota, autómata, etc. « Pero hay que distinguir – aclara el distinguido hispanista – los acabados en -a etimológica (poeta, nauta, etc.) de los que tienen una -a ultracorrecta, que no se justifica ni por el griego ni por el latín. De este tipo es autodidacta, muy usado en Hispanoamérica, aunque hay actualmente una fuerte tendencia a favor de autodidacto, que es lo etimológico y lo académico. Del mismo tipo es analfabeta» (Ídem, 92)
En conclusión, como bien lo prescribe el diccionario académico, «No debe usarse la forma analfabeta para el masculino, como si fuese común en cuanto al género»
3. GENTE/GENTES
La duda persiste y las preguntas se repiten: ¿Siempre se utiliza en singular o se puede pluralizar el sustantivo gente? ¿Es correcto decir, por ejemplo, «Las gentes del Cibao son simpáticas »? o «La gente del Cibao es simpática» ¿Cuándo es correcto utilizarlo en plural?
La validez de una u otra forma, singular/ plural, dependerá del significado o valor semántico que se le atribuya en un determinado contexto.
La voz gente, según el diccionario académico, es un sustantivo colectivo que significa «Pluralidad de personas» Con este significado, dicho sustantivo deberá emplearse siempre en singular: «El escándalo de la gente no dejaba dormir a los vecinos» «Un grupo de gente se concentró frente a la iglesia»
Pero en el español dominicano y en otros pueblos de América el vocablo gente se emplea con carácter individual, equivalente a la voz persona. En casos como estos, dicha palabra, escrita así, en singular, no designa, como lo define el Diccionario, «Pluralidad de personas», sino un «individuo de la especie humana» o« un hombre o mujer cuyo nombre se ignora o se omite…»
a) Él era una gente muy caballerosa.
b) Ellos eran gentes muy caballerosas.
El Diccionario panhispánico de dudas (2005:313), de la Real Academia Española y la Asociación de Academias Españolas, es más específico y aclara mejor el asunto al establecer que:
«gente. 1. En el español general, este sustantivo femenino se emplea como nombre colectivo no contable y significa ‘personas’: «La gente acudía a su bar» «En torno a nosotros había un grupo de gente joven que reía y voceaba» Como otros nombres colectivos, admite un plural expresivo, usado casi exclusivamente en la lengua literaria: «Fue ella quien me introdujo en las cosas, en las comidas, en las gentes de aquí»
2. En el español de ciertas zonas de América, especialmente en México y varios países centroamericanos, se usa también con el sentido de ‘persona o individuo’, es decir, como sustantivo contable y no colectivo: «Luis era una gente muy caballerosa»; con este sentido, su uso en plural es obligado cuando se desea aludir a más de una persona: «Alrededor de la tina, en la que podían caber cinco gentes, había muchas plantas». En España solo es normal el uso de gente con referente singular en la expresión buena (o mala) gente, que también se documenta en el español americano: «Yo soy muy buena gente»; «Tato, por su parte, no era mala gente»
3. En el español coloquial de muchos países de América se emplea también, como adjetivo o como sustantivo, con el sentido de ‘[persona] honesta, amable y servicial’ y ‘[persona] distinguida o de buena posición’: «Sería conveniente que llamara al doctor Pereyda [...]; él es muy gente y seguramente no le cobrará»; «Ese es para mí menos que nada, aunque estos caballeros hablen de él como si fuera gente»
lunes, 27 de agosto de 2018
EL SAMÁN DE ICO
Por : Domingo Caba Ramos
(A mi apreciada amiga, Carmen Yolanda Martínez)
Cual celoso guardián del municipal entorno, se yergue radiante, imponente y señorial en el dinámico cielo de la Pajiza Aldea. Sus ramas entretejidas conforman una especie de fáunico colchón que cubre y recrea con su sombra protectora el amplio patio, en el fondo del cual yace, como reliquia bendita, la histórica residencia donde habitaron los ángeles protectores del simbólico y venerado árbol.
Todos lo llaman el SAMÁN DE ICO, aquel médico filántropo del pueblo tamborileño (Ico Martínez), a quien la muerte, avara e ingrata como siempre, decidió un mal día cualquiera del año 2010 llevárselo a su indeseado regazo y excluirlo para siempre del mundo de los vivos.
(A mi apreciada amiga, Carmen Yolanda Martínez)
Cual celoso guardián del municipal entorno, se yergue radiante, imponente y señorial en el dinámico cielo de la Pajiza Aldea. Sus ramas entretejidas conforman una especie de fáunico colchón que cubre y recrea con su sombra protectora el amplio patio, en el fondo del cual yace, como reliquia bendita, la histórica residencia donde habitaron los ángeles protectores del simbólico y venerado árbol.
Todos lo llaman el SAMÁN DE ICO, aquel médico filántropo del pueblo tamborileño (Ico Martínez), a quien la muerte, avara e ingrata como siempre, decidió un mal día cualquiera del año 2010 llevárselo a su indeseado regazo y excluirlo para siempre del mundo de los vivos.
sábado, 25 de agosto de 2018
LA VIDA DEL GATO SEGÚN JUAN ANTONIO ALIX
Por: Domingo Caba Ramos
Juan Antonio Alix
Juan Antonio Alix (Moca,1833- Santiago, 1918), «Papá Toño» o «El Cantor del Yaque», como lo llamaban en su tiempo, está considerado como el más grande poeta popular dominicano de todos los tiempos , «el más fecundo de nuestros juglares» y, al decir de Joaquín Balaguer, « el más regocijado de nuestros ingenios y el poeta que con mayor fidelidad ha traducido en versos las peculiaridades y matices característicos de la sicología dominicana» Según este autor, «El mundo de Juan Antonio Alix se reduce a la realidad que lo circunda…»
En esa realidad – afirmo yo - ningún detalle se le escapa. Todo lo toma en cuenta. Por eso le cantó a los más diversos aspectos de la vida nacional. Por eso en sus décimas no solo hubo espacios para temas tan relevantes como la crítica de inconfundible sabor satírico a los oportunistas («Los mangos bajitos») y a los legisladores incompetentes ( «Corroboro, corroboro»), sino también para temas o aspectos tan aparentemente insustanciales como el follón que un humilde ciudadano dejó escapar en el momento en que el cura oficiaba una misa («El follón de Yamasá»), el tormentoso olor de un basín con cacá ubicado en el aposento (« El basín» ), el temblor que le impedía a la vieja Rosa no ensuciar el calabazo mientras defecaba en este («La vieja Rosa »), así como la oreja que un « condenado» e «inhumano ser» le cortó al loco de Ñico el Loco («La oreja de Ñico el Loco») Y por eso acerca de Juan A. Alix dice Emilio Rodríguez Demorizi que « Su criollismo no era unilateral, sino poliédrico…»
Ni siquiera la conducta o comportamiento animal le fue indiferente a nuestro poeta cantor. Así se pone de manifiesto en una muy graciosa y quizás no tan conocida composición, «La buena vida del gato», en la que Papá Toño describe la vida de «Gran Señor» de un ser que como el gato goza del exclusivo privilegio de pasar el día durmiendo y la noche gozando, “en correría» o parrandeando:
LA BUENA BUENA VIDA DEL GATO
«La vida que pasa el gato,
cualquiera la envidiaría,
el día lo pasa durmiendo,
y de noche en correría.
Cuando un gato se enamora,
para entrar en relaciones,
empieza a cantar canciones,
de la noche a toda hora,
y así que le canta y llora,
a su novia largo rato,
entra sin pagar barato,
en relación amorosa,
conque, miren si es dichosa,
la vida que pasa el gato.
Cuando son gatos ladrones,
de pollos y de gallinas,
con esas comidas finas,
no piensan en los ratones,
y así viven como dones,
de alta categoría,
y, como no hay policía,
ni juez que le dé mal trato,
la suerte que tiene el gato,
cualquiera la envidiaría.
Un gato muy consentido,
un gato muy consentido,
en la cama de su dueño,
como un niñito querido,
rompe todo y hace ruido,
sin andar nada temiendo,
y, cuando no está corriendo,
o con algo retozando,
y en rincones escarbando,
el día lo pasa durmiendo.
El trabajo nada más,
del gato es arar la tierra,
porque en ella es que entierra ,
lo que bota por atrás,
pues no se olvida jamás,
de enterrar su bobería,
pero lo que es en el día,
cuando no está comiendo,
así lo pasa durmiendo,
y de noche en correría»
PAPÁ TOÑO
Santiago, noviembre,1900
Juan Antonio Alix
Juan Antonio Alix (Moca,1833- Santiago, 1918), «Papá Toño» o «El Cantor del Yaque», como lo llamaban en su tiempo, está considerado como el más grande poeta popular dominicano de todos los tiempos , «el más fecundo de nuestros juglares» y, al decir de Joaquín Balaguer, « el más regocijado de nuestros ingenios y el poeta que con mayor fidelidad ha traducido en versos las peculiaridades y matices característicos de la sicología dominicana» Según este autor, «El mundo de Juan Antonio Alix se reduce a la realidad que lo circunda…»
En esa realidad – afirmo yo - ningún detalle se le escapa. Todo lo toma en cuenta. Por eso le cantó a los más diversos aspectos de la vida nacional. Por eso en sus décimas no solo hubo espacios para temas tan relevantes como la crítica de inconfundible sabor satírico a los oportunistas («Los mangos bajitos») y a los legisladores incompetentes ( «Corroboro, corroboro»), sino también para temas o aspectos tan aparentemente insustanciales como el follón que un humilde ciudadano dejó escapar en el momento en que el cura oficiaba una misa («El follón de Yamasá»), el tormentoso olor de un basín con cacá ubicado en el aposento (« El basín» ), el temblor que le impedía a la vieja Rosa no ensuciar el calabazo mientras defecaba en este («La vieja Rosa »), así como la oreja que un « condenado» e «inhumano ser» le cortó al loco de Ñico el Loco («La oreja de Ñico el Loco») Y por eso acerca de Juan A. Alix dice Emilio Rodríguez Demorizi que « Su criollismo no era unilateral, sino poliédrico…»
Ni siquiera la conducta o comportamiento animal le fue indiferente a nuestro poeta cantor. Así se pone de manifiesto en una muy graciosa y quizás no tan conocida composición, «La buena vida del gato», en la que Papá Toño describe la vida de «Gran Señor» de un ser que como el gato goza del exclusivo privilegio de pasar el día durmiendo y la noche gozando, “en correría» o parrandeando:
LA BUENA BUENA VIDA DEL GATO
«La vida que pasa el gato,
cualquiera la envidiaría,
el día lo pasa durmiendo,
y de noche en correría.
Cuando un gato se enamora,
para entrar en relaciones,
empieza a cantar canciones,
de la noche a toda hora,
y así que le canta y llora,
a su novia largo rato,
entra sin pagar barato,
en relación amorosa,
conque, miren si es dichosa,
la vida que pasa el gato.
Cuando son gatos ladrones,
de pollos y de gallinas,
con esas comidas finas,
no piensan en los ratones,
y así viven como dones,
de alta categoría,
y, como no hay policía,
ni juez que le dé mal trato,
la suerte que tiene el gato,
cualquiera la envidiaría.
Un gato muy consentido,
un gato muy consentido,
en la cama de su dueño,
como un niñito querido,
rompe todo y hace ruido,
sin andar nada temiendo,
y, cuando no está corriendo,
o con algo retozando,
y en rincones escarbando,
el día lo pasa durmiendo.
El trabajo nada más,
del gato es arar la tierra,
porque en ella es que entierra ,
lo que bota por atrás,
pues no se olvida jamás,
de enterrar su bobería,
pero lo que es en el día,
cuando no está comiendo,
así lo pasa durmiendo,
y de noche en correría»
PAPÁ TOÑO
Santiago, noviembre,1900
viernes, 17 de agosto de 2018
DE LA «CASA DE JUERGA» A «CORROBORO, CORROBORO»
Los legisladores, en todo tiempo y lugar, parecen ser los mismos. Así se pone de manifiesto, entre otras composiciones literarias, en la escena primera del cuadro segundo del sainete “La casa de la juerga” (1906), del destacado dramaturgo español, de origen andaluz, Pedro Muñoz Seca (1879/1936), quien fuera llamado el Lope de Vega o «Fénix de los Ingenios» del siglo XX.
El autor pone en boca de Antoñito, personaje central, el siguiente parlamento, el cual, con inocultable ironía, entraña una contundente crítica a la incompetencia o carencia de formación académica mostrada por sus compatriotas diputados de la época en que vivió.
¿No es ese diputado igual al que nos describe Juan Antonio Alix en sus famosas décimas «Corroboro, corroboro» y a la mayoría de los que hoy, en la República Dominicana, van y se sientan todas las semanas en el Congreso Nacional?
LA CASA DE JUERGA (1906)
«Tengo un borrico canelo,
más sabio que un profesó,
con orejas de ministro
y ojos de gobernaó.
Rebusna como si fuera,
diputao ministerial ,
y se come hasta el pesebre ,
como cualquier consejal.
Yo quisiera que a mi burro,
lo sacaran diputao,
porque otros siendo más burros,
a ese puesto ya han llegao.
Pero temo que de serlo,
vaya a quedarme sin él,
porque como allí habrá tantos,
no lo voy a conocer»
El autor pone en boca de Antoñito, personaje central, el siguiente parlamento, el cual, con inocultable ironía, entraña una contundente crítica a la incompetencia o carencia de formación académica mostrada por sus compatriotas diputados de la época en que vivió.
¿No es ese diputado igual al que nos describe Juan Antonio Alix en sus famosas décimas «Corroboro, corroboro» y a la mayoría de los que hoy, en la República Dominicana, van y se sientan todas las semanas en el Congreso Nacional?
LA CASA DE JUERGA (1906)
«Tengo un borrico canelo,
más sabio que un profesó,
con orejas de ministro
y ojos de gobernaó.
Rebusna como si fuera,
diputao ministerial ,
y se come hasta el pesebre ,
como cualquier consejal.
Yo quisiera que a mi burro,
lo sacaran diputao,
porque otros siendo más burros,
a ese puesto ya han llegao.
Pero temo que de serlo,
vaya a quedarme sin él,
porque como allí habrá tantos,
no lo voy a conocer»
lunes, 13 de agosto de 2018
¿DÓNDE ENCONTRAR LA VERDADERA POESÍA?
No se crea que solo hay poesía en la secuencia de versos que forman un poema. Auténtica poesía podemos también encontrarla en las más diversas manifestaciones de nuestro mundo natural.
Auténtica poesía podemos encontrarla en la risa y sonrisa de un bebé, en la lluvia con su armónico sonido e impresionante descenso hacia la Tierra, en las ramas de los árboles cuando ejecutan su baile al ser mecidas por el viento, en el sinfónico canto del ruiseñor, en las olas que como veloces e impetuosas sierpes de desplazan por nuestros mares tropicales, en los sonidos que cual polifonía cuasi divina emiten invisibles pajaritos en nuestras noches campestres.
Hay auténtica poesía en una puesta de sol, en un bello atardecer, en una noche de luna llena, en el alba que anuncia un nuevo día, en el murmullo de las olas o el estruendo por estas emitido al estrellarse contra las rocas.
Hay, finalmente, verdadera poesía, en la sonrisa incierta del anciano y en la madre que tierna y amorosamente amamanta a su criatura.
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