viernes, 16 de marzo de 2018

LA RAE, EL ADJETIVO «FÁCIL» Y EL MOVIMIENTO FEMINISTA

 Por: Domingo Caba Ramos


Por presión social, especialmente del movimiento feminista español, la Real Academia Española (RAE) decidió modificar el quinto significado del adjetivo «fácil», el cual aludía a la mujer, y se definía como « Dicho especialmente de una mujer: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales» 

 La modificación, vigente desde el 8 de marzo del presente año, consistió en sustituir por «persona» el sustantivo «mujer», para que ahora diga: « Dicho de una persona: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales» Al decir persona, esta vez, quedan incluidos en el ámbito del concepto tanto mujeres como hombres.

 ¿A qué de se debió la molestia y polémica generadas por la original definición?

 Sencillamente a que fue considerada altamente machista, despectiva, excluyente y discriminatoria en perjuicio de la mujer, toda vez que el susodicho adjetivo, con la connotación que se describe, no se empleaba para referirse al hombre que igualmente, sin ningún problema, se presta a sostener relaciones sexuales.

 Sin embargo, valdría preguntarse: en la práctica cotidiana de la lengua, ¿es común que se le llame «fácil» al hombre sexualmente activo o que no desperdicia oportunidad cuando de mantener relaciones sexuales se trata?

 Obviamente que la respuesta inmediata sería NO. Quiere decir esto, que los hablantes solo utilizan la preindicada calificación («fácil») cuando se refieren a la mujer; pero no a todas, sino solo al tipo que se describe en la definición.

 Del párrafo anterior se infiere que como el hombre, por su activa conducta sexual, nunca ha sido llamado «fácil» en el mundo hispanohablante, la RAE, en su primera conceptualización, no tenía por qué incluirlo ni referirse al él en el diccionario, por cuanto en este, el lexicógrafo lo que hace es registrar solo las voces o expresiones que usan o han usado los hablantes, así como las acepciones que a esas voces dichos hablantes les confieren. Si no tienen o han tenido vigencia en el uso general y cotidiano de la lengua, esas voces o acepciones carecen por completo de valor lexicográfico.

 Esa es la labor y obligación de la RAE cada vez que confecciona o actualiza un diccionario: describir la realidad léxica o dialectal tal como esta se manifiesta en la práctica lingüística. No crear términos ni muchos menos significados o valores semánticos, como erróneamente piensan muchos. En otras palabras, no es papel de la RAE decretar, establecer o imponer cuáles vocablos deben o no utilizar los hablantes cuando se comunican. Esas voces y esos valores significativos, previa comprobación de que su uso es general en una determinada comunidad lingüística, son recogidos mediante un cuidadoso proceso de investigación e insertados fielmente en cada una de las actualizaciones de su muy consultado lexicón.

 Pensar entonces que la Real Academia Española quiso decirle "fácil" no solo a la « mujer que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales», sino también a todas las mujeres, es poseer una visón lingüística bastante estrecha o limitada acerca de las técnicas y los principios teóricos que se aplican en la elaboración o confección de un diccionario.

 Sería lo mismo que si todos los hombres españoles e hispanoamericanos pensaran que la RAE los califica de antihigiénicos por el hecho de que en la tercera acepción del término «Cochino», el diccionario lo define como «Hombre muy sucio y desaseado» 

 ¿Tendrán entonces todos esos hombres que «pegar el grito al cielo», como siempre lo han hecho las aguerridas feministas, para que la docta corporación lingüística, cambie la palabra «hombre » por «persona» y de esa manera diga «Persona muy sucia y desaseada? 

 La Lingüística es una ciencia. En tal virtud, los asuntos lingüísticos deben tratarse guiados por el cerebro y no por el corazón.

 Pero lo cierto es que la Real Academia Española, desafortunadamente, cedió ante una de las tantas presiones que en materia de lengua ha venido ejerciendo, especialmente en España, el movimiento feminista. Pienso que no debió ceder o dar marcha atrás. Y así pienso por entender que el contenido de la definición modificada en forma excepcional y no menos precipitada, estuvo fundamentado en criterios puramente lingüísticos y no en motivaciones clasistas o extralingüísticas como las que siempre le han servido de punto de apoyo al combativo movimiento que en esta oportunidad protagonizó la presión rectificadora.

viernes, 9 de marzo de 2018

CÁPSULA LEXICOSEMÁNTICA

 Por: Domingo Caba Ramos.

 CELEBRAR / CONMEMORAR 

 « Celebrar – se lee en el “Manual de español urgente” (1995) – no debe confundirse con conmemorar» Y no deben confundirse tales voces, por cuanto una y otra entrañan significados diferentes.

 Pero la confusión, especialmente en nuestros medios periodísticos, existe y persiste. Se pone de manifiesto, especialmente, en las notas de prensa relativas al “Día internacional de la mujer”. Para referirse a esta fecha, muchos periodistas, comentaristas y columnistas emplean indistintamente ‘celebrar’ y ‘conmemorar’.

 Según el Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española, duodécima edición, 1970), los términos ‘celebrar’ y ‘conmemorar’ soportan los siguientes significados:

 « Celebrar.- Alabar, aplaudir, encarecer a una persona o cosa» (pág.288) « Conmemorar.- Hacer memoria o conmemoración» - ( pág. 344) « Conmemoración...- Memoria o recuerdo que se hace de una persona o cosa» (pág.344)

 De los conceptos preindicados, obviamente se infiere que el verbo celebrar lleva envuelta la idea de festejos, aplausos, júbilo y otros sentimientos de alegría; en tanto que conmemorar alude a simples recuerdos de situaciones, vinculadas a hechos y personas que han impactado negativamente nuestras conciencias . En tal virtud, puede celebrarse la fecha de nacimiento de un amigo o pariente, pero jamás la fecha de su muerte. Esta deberá conmemorarse.

 El día 30 de mayo de cada año, los dominicanos podemos celebrar “con bombos y platillos”, toda vez que en una fecha igual nos quitamos de encima la férrea dictadura que durante tres décadas encabezó el tirano presidente Rafael Leónidas Trujillo Molina.

 También podemos celebrar, no simple conmemorar, los días 26 de enero, 25 de febrero y 9 de marzo de cada año, toda vez que en fechas como esas nacieron nuestros patriotas y padres de la nacionalidad dominicana, Juan Pablo Duarte, Matías Ramón Mella y Francisco del Rosario Sánchez, respectivamente.

 Pero no sería dable celebrar, sino conmemorar, el 28 de abril, puesto que un día como ese; pero del año 1965, ocurrió un acontecimiento bastante luctuoso para el pueblo dominicano: el irrespeto o pisoteo a nuestra soberanía llevado a cabo por tropas del ejército norteamericano.

 Y merced a lo antes expresado, igualmente resultaría ilógico celebrar el “Día internacional de la mujer”, ya que un 8 de marzo ocurrió en Nueva York un trágico hecho: el asesinato de un grupo de obreras que reclamaban reivindicaciones laborales, hecho que por trágica e inhumana esencia a nadie se le ocurriría festejar, sino conmemorar.

 Conforme a los juicios precedentes valdría entonces tenerlo siempre presente: no es lo mismo ‘celebrar’ que ‘conmemorar’

viernes, 2 de marzo de 2018

LAS MEMORIAS DEL PRESIDENTE Y LOS ENLOQUECIDOS APLAUSOS DE SUS FUNCIONARIOS


                                                                               Presidente Danilo Medina

 Confieso que nada me resulta más pesado y aburrido que ver o escuchar, durante horas, a un presidente de la República presentando, ante el Congreso Nacional, sus famosas memorias los días 27 de febrero de cada año. No importa que el mandatario se llame Joaquín Balaguer, Leonel Fernández Hipólito Mejía o Danilo Medina.

 En las contadas ocasiones que he decidido sentarme a escuchar los tediosos discursos presidenciales, me ha llamado mucho la atención la emoción que muestran los funcionarios presentes en la sala del Congreso, expresada en sus delirantes aplausos, a veces de pie, cada vez que el presidente dice algo para ellos importante.

No pasa un minuto sin que tales aplausos retumben en el solemne ambiente parlamentario. Aplausos si el presidente ofrece cifras importantes. Aplausos si anuncia una obra. Aplausos si promete que va a ejecutar tal o cual medida. Aplausos si ríe. Aplausos si llora. Aplausos si tose o estornuda. Aplausos, en fin, hasta cuando se equivoca o se seca el sudor. Algo parecido fue lo que se sucedió el pasado martes con el presidente Danilo Medina en su discurso de rendición de cuentas ante el Congreso Nacional.

Distribuido en cuarenta páginas y conformado por 14,622 palabras, la pieza oratoria del primer mandatario de la nación fue pronunciada en un lapso de dos horas, período en el que se produjeron ciento cinco aplausos y dos ovaciones de pie, vale decir, 1.1 aplauso por minuto. Se trató, pues, de un cuasi espectáculo discursivo en el que al orador, unos acólitos, embriagados de emoción, servil y zalamero espíritu, apenas lo dejaban hablar.

Entonces yo, sin que pudiera evitar una irónica sonrisa que a mis labios afloró, no tuve más que preguntarme:

 ¿Para qué y por qué de tan reiterados aplausos?

 ¿Aplaudían esos fieles funcionarios, realmente por lo que decía el presidente o como la mejor forma de preservar el puesto que desempeñan y poner de manifiesto su alegría, satisfacción y gratitud por el jugoso salario y elevados privilegios que dicho cargo les confiere? ¿No se llama, en fin, semejante conducta, ridiculez, servilismo, mediocridad o baja zalamería?

 ¿No constituye tal actitud la más fiel muestra de ese culto a la personalidad que heredamos de la dictadura trujillista?

 Mis amables lectores tienen las respuestas a cada una de estas interrogantes.

viernes, 16 de febrero de 2018

VINTIUN AÑOS Y PARECE QUE FUE AYER

Por : Domingo Caba Ramos

                                                                         Doña Librada Ramos, Vda. Caba

Así, como se lee en los versos que siguen, era ella:

 “Eras sencilla y dulce; eras tan buena,
 que nada para ti nunca pediste,
 tu caudal de bondad lo repartiste,
 con toda el alma de ternuras llena.” 

 Un día como hoy, 16 de febrero de 1997, murió mi madre. Veintiún años hace ya que se materializó tan infausta, dramática y repentina partida; más a todos nos parece que fue ayer, esto es, nos parece que aún vive. Y al percibirla así, siempre diremos con las palabras del poeta:

 “Es verdad que ha muerto; 
 pero en mis actos está intacta,
 pero en mis sueños está intacta, 
 pero en todas mis emociones está intacta...”

 (Domingo Moreno Jiménez)

 Y por percibirla así, no me cansaré de pregonar, también con las palabras del poeta:

 “Hay muertos que van subiendo,
 cuanto más su ataúd baja...”

 (Manuel del Cabral)

viernes, 26 de enero de 2018

CHERCHA, FRASEOLOGIA Y SENSACIONALISMO EN LA NARRACION DEL BEISBOL DE INVIERNO EN LA REPUBLICA DOMINICANA.

 Por: Domingo Caba Ramos

 La historia de la narración de beisbol de invierno en nuestro país, parece dividirse en dos períodos caracterizados, naturalmente, por dos estilos narrativos muy diferentes: la era en que, sin descuidar la amenidad, al narrar imperaba la mesura, el respeto, lo técnico y lo profesional, y la era actual, en la que predomina el sensacionalismo absurdo, la fraseología apestante y la chercha insustancial.

En el primer grupo, necesariamente, debemos incluir a los grandes maestros de esta vertiente de la locución, quienes con su genial estilo dieron cátedras de cómo debe narrarse un juego de pelota. Nos referimos, obviamente, entre otros, a Lilín Díaz, Billy Berroa, Félix Acosta Núñez, Papi Pimentel y don Ramón de Luna. La línea profesional de estos íconos de la narración deportiva ha sido agraciadamente continuada, en la actualidad, por narradores del calibre de Mendy López, Ricky Noboa, Roosevelt Comarazamy, José Antonio Mena, Kevin Cabral, Michel Tueni, Melvin José Bejarán y Radhamés González, entre otros.

Narrar un juego de pelota debe ser un ejercicio altamente profesional y recreativamente descriptivo como magistralmente lo hacían en tiempos pasados los cinco maestros de la palabra antes citados.

 « Chabacanear» la narración, como modernamente lo hacen algunos, es convertir en «relajo» un oficio tan serio como ese, y es, además, irrespetar al fanático, a la LIDOM y al torneo mismo.

 Un buen narrador, aunque simpatice y reciba pago del equipo que representa, tiene que ser objetivo, controlar sus emociones y actuar por encima de su fanatismo. Debe entender que más que narrador, es un cronista, y en tanto cronista, está obligado a describir de manera desapasionada todo lo que ocurre en el terreno de juego. Y al detallar las atléticas acciones, debe hacerlo con emoción, no importa quién sea o a qué equipo favorezca la jugada que se describe.

 Y, lo que es más importante, el narrador de beisbol debe poseer plena conciencia de lo que es: un narrador de pelota y no el animador de un show artístico u humorístico que a toda costa intenta impactar y/o provocar risa, ya sea mediante el uso de un tono sensacionalista o de un abultamiento fraseológico que empalaga y le imprime un carácter altamente disparatoso al noble oficio que realiza.

En relación con la fraseología exagerada, se tiene la errada percepción de que mientras mayor sea el número de frases empleadas al narrar, más amena y divertida resulta la narración. Y nada más falso. Para ilustrar, vale recordar que nada era más divertido que escuchar a Félix Acosta Núñez, Billy Berroa y Lilín Díaz, cuyo repertorio fraseológico que caracterizaba el estilo de cada uno, no superaba las seis frases.

Quizás debido a esa falsa percepción es que algunos de nuestros narradores incluyen todos los años nuevas frases en su quehacer narrativo. Y esto se debe, además, a que semejante conducta resulta reforzada (Condicionamiento operante) por fanáticos que hasta en las letras de nuestros merengues incluyen tales expresiones. Por eso hay un popular narrador de una de nuestras cadenas de beisboleras cuyo número de frases utilizadas puede considerarse de exagerado: veinte o más posiblemente.

Es verdad que la dialéctica establece que todo cambia, nada es permanente, todo se transforma; pero el cambio dialéctico debe apuntar siempre hacia lo positivo, a la superación, pues de lo contrario, lo que se espera que sea una auténtica evolución se convierte entonces en un verdadero retroceso, en una real involución.

 En tal virtud, entendemos que el sensacionalismo absurdo, el fanatismo irracional, la chercha insustancial y la fraseología apestante, por abultada, son rasgos que le restan gracias, seriedad y profesionalidad a la narración deportiva; pero muy especialmente a la narración de nuestro pasatiempo favorito: el beisbol.

jueves, 11 de enero de 2018

HOMBRE PEQUEÑITO (Alfonsina Storni)

Por: Domingo Caba Ramos
                                                                                  Alfonsina Storni

 Ahora que tantos casos de feminicidio se reportan en nuestro país, por considerar muchos hombres que su esposa, novia o pareja sentimental le pertenece como si fuera un objeto cualquiera, quizás convenga compartir el poema «Hombre pequeñito», de la insigne poetisa argentina, Alfonsina Storni (1892-1938). Entraña dicha composición una aguda crítica a ese hombre de mente estrecha que terca o rabiosamente se resiste a que su esposa, novia o compañera de vida le ponga fin a la relación. Cada hombre que haya adoptado semejante conducta, conviene entonces que reflexione sobre el contenido del poema para que se cuenta qué tan pequeño es.

¿Quién fue Alfonsina Storni?

 Madre soltera, actriz, dramaturga, maestra y poetisa, nació en Suiza el 29 de mayo de 1892 y falleció en Argentina, donde residió desde niña, el 25 de octubre de 1938. Junto con la chilena Gabriela Mistral y la uruguaya Juana de Ibarborou conformó la gran trilogía de escritoras que lucharon para que la mujer ocupara un espacio de importancia en las páginas de la literatura hispanoamericana, logrando convertirse de esa manera en la primera mujer que entró a formar parte de la comunidad de escritores de Argentina. Y junto a Ibarborou (1892-1979), está considerada como una de las voces de mayor relieve de la poesía feminista en América.

El feminismo combativo es uno los rasgos que más caracterizan su producción poética, como bien se pone de manifiesto en sus composiciones : «Tú me quieres blanca» y «Hombre pequeñito» De manera subversiva y directa, en sus versos abordó temas como la sexualidad femenina, los roles de género y la subordinación de la mujer al hombre; pero esa rebeldía contra la opresión de la mujer no fue solo personal, sino también política. En tal virtud, participó activamente en la campaña de defensa del derecho al voto de la mujer argentina y en favor de la educación sexual en las escuelas.

Además de sus ocho libros de versos, escribió obras teatrales y numerosos artículos. Esos libros son los siguientes : La inquietud del rosal (1916), El dulce daño (1918), Irremediablemente (1919) Languidez (1920), Ocre (1925) , Poemas de amor (1926) , Mundo de siete pozos (1934) y  Mascarilla y trébol (1938)

 El diagnóstico de un incurable cáncer de mama la sumió en una terrible y permanente depresión que la llevó a ponerle fin a su vida por la vía de suicidio, lanzándose al Mar de Plata, la madrugada del 25 de octubre de 1938.

 Un suicidio que parece haberlo pronosticado en los versos que escribió un año antes de su muerte, con motivo del trágico fallecimiento de su entrañable amigo y amante, el uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937), quien al enterarse de que padecía de un intratable o incurable cáncer de próstata, decidió envenenarse, mientras se encontraba interno en un hospital de Buenos Aires, en la madrugada del 19 de febrero de 1937.

 En esos versos de despedida, Alfonsina le dice a su amigo querido lo siguiente:

 «Morir como tú, Horacio, en tus cabales, 
y así como en tus cuentos, no está mal; 
un rayo a tiempo y se acabó la feria…» 

 HOMBRE PEQUEÑITO.

 «Hombre pequeñito, hombre pequeñito, 
suelta a tu canario que quiere volar... 
Yo soy el canario, hombre pequeñito, 
déjame saltar. 

Estuve en tu jaula, hombre pequeñito, 
hombre pequeñito que jaula me das. 
Digo pequeñito porque no me entiendes, 
ni me entenderás. 

Tampoco te entiendo, pero mientras tanto ,
 ábreme la jaula que quiero escapar;
 hombre pequeñito, te amé media hora, 
no me pidas más»

viernes, 5 de enero de 2018

SUEÑO Y REALIDAD

Por: Domingo Caba Ramos

 Cada vez que un Año Nuevo se acerca, múltiples sueños pueblan nuestras mentes. Todas nuestras expectativas, aspiraciones, ilusiones o deseos no satisfechos en el año que se va, se materializan de manera espectacular y no menos cinematográfica en ese momento, cuando dormimos, en que, al decir de uno de mis maestros de Sicología, « se sueltan las amarras del ¨súper yo¨». Por esa razón, una noche de la semana que casi termina fui asaltado por una tanda de interminables, bellos y agradables sueños.

 Y soñé…

 Soñé que nuestro país era el más seguro del mundo, tanto que los robos, los atracos y las violaciones sexuales brillaban por su ausencia.

 Soñé que el Congreso Nacional había aprobado un proyecto de ley que establecía, aparte de la pena máxima establecida, la castración sexual para los hombres que incurran en casos de violación sexual.

Soñé que nuestro Código Procesal Penal había sido reformado para aumentar la pena máxima a cincuenta años de prisión como castigo en contra de todo aquel que cometa la falta de matar a una mujer por asuntos pasionales.

 Soñé que en la República Dominicana se había producido una verdadera revolución educativa.

 Soñé que en relación con la alta calidad de los servicios de salud y educación que el Estado brinda a la ciudadanía, nuestro país ocupa el primer lugar en el mundo.

Soñé que la República Dominicana es el único país de América donde en los últimos veintiún años no se registra un solo caso de impunidad y corrupción administrativa en las instituciones estatales.

Soñé que cada médico que labora en un hospital estaba recibiendo el salario que merece y cumpliendo puntualmente con su horario de entrada y salida en el puesto que desempeña.

Soñé que todos los hospitales de nuestro país contaban con los equipos y medicamentos requeridos para brindar un buen servicio de salud.

Soñé que el gas propano se vendía a cuarenta pesos el galón y a cien pesos el de gasolina.

Soñé que en nuestro país la ley es igual para todos, esto es, se aplica sin tomar en cuenta rangos y poder político o económico.

Soñé, en fin, que la tasa de desempleo en nuestro país bordea el 0%, razón por la cual no existe un solo profesional recién graduado en las universidades nuestras que no cuente con un trabajo digno y seguro.

El eco plañidero de un perro vagabundo me despertó y provocó que de manera repentina se interrumpieran todos mis sueños, poniéndome así, frente a frente con la amarga realidad. Fue entonces cuando recordé los versos del poeta:

 « LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON…»