domingo, 27 de noviembre de 2016

RUFINO DE LA CRUZ: EL HÉROE OLVIDADO

(«A los héroes sin nombre»)

 Por : Domingo Caba Ramos
                                                                                         Rufino de la cruz


Rufino de la Cruz : chofer, pobre, humilde, patriota, valiente, corajudo, solidario, antitrujillista, héroe, mártir y provisto de un valor a toda prueba, murió asesinado por los esbirros del régimen trujillista en el mismo atentado en que fallecieron las hermanas Mirabal, a quienes acompañaba al municipio de Puerto Plata, el 25 de noviembre de 1960.

Fue el chofer que las tres heroínas contrataron para que las llevara a la cárcel San Felipe de la norteña ciudad. Se cuenta que otros conductores se negaron a ofrecer ese servicio por el gran peligro que representaba estar cerca de estas aguerridas mujeres. Solo Rufino aceptó, quizás por sus sentimientos adversos hacia el régimen o talvez por su lealtad y solidaridad con las tres mariposas. Sin embargo, Rufino de la Cruz continúa siendo el héroe olvidado, opacado. Sus reconocimientos han sido muy tímidos y casi han brillado por su ausencia. No le han concedido los méritos que merece, como justicieramente se ha hecho con las hermanas por cuyo acompañamiento perdió la vida.

 Pero tan apática actitud no es nueva en nuestro país, vale decir, esa tendencia a no valorar o sepultar en un injusto anonimato al humilde sin apellido que en un momento dado ha desempeñado un rol protagónico en beneficio de la patria, es recurrente en la historia dominicana, como bien lo describe el llamado “Poeta de los humildes”, Federico Bermúdez, en su brillante y clásico poema: «A los héroes sin nombre » :

A LOS HÉROES SIN NOMBRE
 «Vosotros, los humildes, los del montón salidos,
 heroicos defensores de nuestra libertad,
que en el desfiladero o en la llanura agreste,
 cumplisteis la orden brava de vuestro capitán;

 Vosotros, que con sangre de vuestras propias venas,
 por defender la patria manchasteis la heredad,
hallasteis en la lucha la muerte y el olvido:
la gloria fue, absoluta, de vuestro capitán.

 Cuando el cortante acero del enemigo bando,
 cebó su torpe furia en vuestra humanidad,
 y fuisteis el propicio legado de la tumba,
 sin una cruz piadosa ni un ramo funeral,
 también a vuestros nombres cubrió el eterno olvido:
 ¡tal sólo se oyó el nombre de vuestro capitán!

 Y ya, cuando a la cumbre de la soñada gloria,
 subió la patria ilustre que fue vuestro ideal,
en áureos caracteres la historia un ,
rindió a la espada heroica de vuestro capitán.

 Dormidos a la sombra del árbol del olvido,
¡quién sabe en dónde el resto de vuestro ser está!

Vosotros, los humildes, los del montón salidos,
sois parias; en la liza, con sangre fecundáis ,
el árbol de la fama que da las verdes hojas,
 para adornar la frente de vuestro capitán...»

jueves, 24 de noviembre de 2016

MI COLEGIALISTA PREFERIDA

Por : Domingo Caba Ramos
Aunque tenga que hacer frente a los efectos golpeantes del sueño y a las inclemencias del frío mañanero, cual “colegialista” consagrada, casi siempre es la primera en presentarse a su colegio. Cuando llega aquí y queda sola en su formador y amoroso nido de prekínder, ella ríe o llora de acuerdo a como marche su sueño y estado de ánimo.

Esta vez la cámara la sorprendió cuando una pícara y alegre sonrisa invadía su infantil y tierno rostro. ¿De qué reía? Sólo ella lo sabe. Así es Nicol: mi pequeño manojito de ternura. Esa es Nicol María: la más auténtica expresión de mi otro yo. Así es Nicol: una flor que llora y un diamante que respira.

domingo, 13 de noviembre de 2016

“ NOCHE DE LLUVIA” : UN POEMA DE JUANA DE IBARBOROU

 Por : Domingo Caba Ramos

 “Comenzaré por decir, sobre los días y años de mi infancia, que mi único personaje inolvidable fue la lluvia. La lluvia austral que cae como una catarata del Polo, desde los cielos del Cabo de Hornos hasta la frontera. La lluvia caía en hilos como largas agujas de vidrio que se rompían en los techos o llegaban en olas transparentes contra las ventanas” 

( Pablo Neruda )

 " La lluvia - argumentaba yo en uno de mis artículos publicados en este y otros medios de prensa - embriaga el espíritu, excita la inspiración de los poetas y provoca en los seres dotados de cierto grado de sensibilidad artística toda una gama de dulces sensaciones y sentimientos"

 No resulta extraño entonces que la lluvia se encuentre presente en los versos de los más renombrados poetas de la literatura universal . Vale citar, entre estos , a Pablo Neruda ( 1904 - 1973 ), Antonio Machado ( 1875 - 1939 ), Juana de Ibarborou ( 1892 - 1919 ) y Federico García Lorca ( 1898 - 1936 ), afamado bardo granadino este último, quien en su composición " LLUVIA" , describe así el fenómeno base de su poética inspiración :

 “ La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
 algo de soñolencia resignada y amable,
 una música humilde se despierta con ella,
 que hace vibrar el alma dormida del paisaje” 

Pero nadie como Juana de Ibarborou, o Juana de América, como fue proclamada, supo plasmar en líricos versos el impacto sentimental que produce en las almas enamoradas ver la lluvia caer “ en hilos como largas agujas de vidrio…" , o cuando esta entona su sinfónico concierto al romper en los techos o contra las ventanas . Qué romántico mortal no habrá ordenado alguna vez, como la amada aludida por la insigne poetisa uruguaya : " Llueve… Espera, no te duermas…" 


 NOCHE DE LLUVIA

"Llueve... Espera, no duermas, 
estáte atento a lo que dice el viento,
 y a lo que dice el agua que golpea,
 con sus dedos menudos en los vidrios.

 ¡Cómo estará de alegre el trigo ondeante!
 ¡Con qué avidez se esponjará la hierba!
 ¡Cuántos diamantes colgarán ahora,
 del ramaje profundo de los pinos! 

 Espera, no te duermas. Escuchemos,
 el ritmo de la lluvia,
apoya entre mis senos,
 tu frente taciturna.
 yo sentiré el latir de tus dos sienes,
 palpitantes y tibias,
 como si fueran dos martillos vivos,
 que golpearan mi carne. 

 Espera, no te duermas. Esta noche,
 somos los dos un mundo, 
aislado por el viento y por la lluvia,
 entre la cuenca tibia de una alcoba. 

Espera, no te duermas. Esta noche,
 somos acaso la raíz suprema,
 de donde debe germinar mañana,
 el tronco bello de una raza nueva"

(Juana de Ibarborou )

viernes, 11 de noviembre de 2016

DOÑA REMIGIA PARECE QUE VOLVIÓ A PRENDERLES VELAS A LAS ÁNIMAS DEL PULGATORIO

 Por: Domingo Caba Ramos
  «En Paso Hondo, por los secos cauces de los arroyos y los ríos, empezaba a rodar agua sucia; todavía era escasa y se estancaba en las piedras. De las lomas bajaba roja, cargada de barro; de los cielos descendía pesada y rauda. El techo de yaguas se desmigajaba con los golpes múltiples del aguacero» (Del cuento “Dos pesos de agua”, de Juan Bosch)

Hace ya casi dos semanas que la lluvia no ha parado de caer en la región del Cibao. Como reza la frase popular: ¡Llueve a cántaros! Y es tanta la lluvia caída, que por momentos he pensado que la vieja Remigia, de “Paso Hondo”, se “mudó” a esta zona, y de nuevo les prendió, para que lleva, velas a las ánimas del purgatorio .

La historia de la vieja Remigia y Paso Hondo parece repetirse en cada rincón del país; pero muy particularmente en el Cibao Central.

 Paso Hondo es el ambiente imaginario en donde se desarrolla el hecho (una sequía) que magistralmente relata Juan Bosch en uno de sus cuentos capitales: “Dos pesos de agua”, incluido en el volumen “Cuentos escritos antes del exilio”

 En términos generales el cuento  nos relata la historia de Remigia, la vieja campesina, y el extremo optimismo o fe inquebrantable de esta ante los peores desastres que en la vida puedan presentársele. Y el argumento es bastante sencillo:

 Paso Hondo, lugar donde reside la vieja Remigia, es afectado por una gran sequía que genera la desesperación y la emigración en masa de los residentes de este lugar. La tragedia natural no solo afecta a la anciana campesina, sino también a sus vecinos, quienes forzados por las circunstancias deciden abandonar sus tierras y salir en busca de mejores condiciones de vida.

Al decir de los lugareños, la sequía, cual castigo divino, se presentó en el momento en que menos se esperaba:

« Todo iba bien. Pero sin saberse cuándo ni cómo se presentó aquella sequía. Pasó un mes sin llover, pasaron dos, pasaron tres. Los hombres que cruzaban por delante de su bohío la saludaban diciendo:

 - Tiempo bravo, Remigia

 Ella aprobaba en silencio. Acaso comentaba: 

- Prendiendo velas a las ánimas pasa esto» (1982: 19)

Fue así como poco a poco, la angustia fue aposentándose en el cerebro de todos los residentes de Paso Hondo:

« Comenzó la desesperación. La gente estaba ya transida y la propia tierra quemaba como si despidiera llamas. Todos los arroyos cercanos habían desaparecidos; toda la vegetación de la loma había sido quemada…» (p. 20)

 Antes de abandonar el lugar, los vecinos de la vieja pasaban a despedirse de ella y a externar el último lamento:

«-Yo no aguanto, Remigia; a este lugar le han echado mal de ojo...» (p.21)

Todos se marchan, menos Remigia, la cual se queda, confiando en que las ánimas del Purgatorio, a las cuales ella ha estado prendiendo velas, un día se compadecerán de Paso Hondo y mandarán la lluvia.

Y a todos, la vieja les regalaba monedas para  que compraran velas y se las prendieran a las ánimas del pulgatorio :


«-Tenga; préndamele esto de velas a las ánimas en mi nombre... » (p.21)

«La vieja Remigia se resistía a salir. Algún día caería el agua; alguna tarde se cargaría el cielo de nubes; alguna noche rompería el canto del aguacero sobre el ardido techo de yaguas…» (p.18)

Después  que sus insistentes pedidos habían sido ignorados, las ánimas descubren que Remigia ha gastado dos pesos en velas. Es entonces cuando de inmediato comienzan a dar respuestas a sus oraciones, enviando la tan esperada lluvia y causando, inconscientemente, una segunda tragedia: la inundación que destruye a Paso Hondo y  se lleva consigo a doña Remigia.

«Rauda, pesada, cantando broncas canciones, la lluvia llegó hasta el camino real, resonó en el techo de yaguas, saltó el bohío, empezó a caer en el conuco. Sintiéndose arder, Remigia corrió a la puerta del patio y vio descender, apretados, los hilos gruesos del agua; vio la tierra adormecerse y despedir un vaho espeso. Se tiró afuera, rabiosa» (p.26)

 En paso Hondo, como presa desbordada, las nubes no cesaban de enviar agua a la tierra: 

«Pasó una semana; pasaron diez días, quince... Zumbaba el aguacero sin una hora de tregua…. Los ríos, los caños de agua y hasta las lagunas se adueñaban del mundo, borraban los caminos, se metían lentamente entre los conucos» (p.27)

 Por esa razón, como sucede hoy en Puerto Plata y otros lugares, «… El agua sucia entró por los quicios y empezó a esparcirse en el suelo. Bravo era el viento en la distancia, y a ratos parecía arrancar árboles. Remigia abrió la puerta. Un relámpago lejano alumbró el sitio de Paso Hondo. ¡Agua y agua! Agua aquí, allá, más lejos, entre los troncos escasos, en los lugares pelados. Debía descender de las lomas y en el camino real se formaba un río torrentoso. » (p.27)

 Remigia, que fue capaz de soportar estoicamente los embates de la primera tragedia (sequía) sucumbió ante la furia de la segunda (inundación):

«Cuando sintió el bohío torcerse por la tormenta, Remigia desistió de esperar y levantó al nieto. Se lo pegó al pecho; lo apretó, febril; luchó con el agua que le impedía caminar; empujó, como pudo, la puerta y se echó afuera. A la cintura llevaba el agua; y caminaba, caminaba. No sabía adónde iba. El terrible viento le destrenzaba el cabello, los relámpagos verdeaban en la distancia. El agua crecía, crecía. Levantó más al nieto. Después tropezó y tornó a pararse. Seguía sujetando al nieto y gritando: - ¡Virgen Santísima, Virgen Santísima!» (p. 18)

En tanto las ánimas, allá en el cielo, gritaban enloquecidas:

 «- ¡Ya va medio peso de agua! ¡Ya va medio peso de agua!» (p. 29)

«-¡Todavía falta; todavía falta! ¡Son dos pesos, dos pesos de agua! ¡Son dos pesos de agua! » (p. 30)
                                                                              Juan Bosch (1909/2001)

domingo, 30 de octubre de 2016

SALOMÉ UREÑA: MADRE, MAESTRA Y POETISA

Por: Domingo Caba Ramos.
                                                                            Salomé Ureña de Henríquez

 El 21 de octubre de 1850, nació en la ciudad de Santo Domingo la insigne poetisa y maestra dominicana, Salomé Ureña de Henríquez (1850-1897). Por esa razón o en su honor, el 21 de octubre de cada año se celebra en la República Dominicana el “Día Nacional del Poeta” y, de manera muy especial, se festeja con diversos actos el natalicio de una de las más ilustres y trascendentales de las poetisas dominicanas y la figura de mayor relieve de la lírica dominicana del siglo XIX.

 Y es que a doña Salomé, los dominicanos, necesariamente, tenemos que recordarla siempre; porque fue mucho lo que esta consagrada educadora realizó en beneficio de su nación. En otras palabras, fue mucho lo que esta honorable mujer le brindó a la patria de sus amores.

 Hija del educador, poeta y escritor, Nicolás Ureña de Mendoza, Salomé Ureña de Henríquez es una de las figuras estelares de la poesía dominicana y pionera de la educación femenina de carácter formal en nuestro país. Fue ella quien fundó el centro académico, Instituto de Señoritas, donde se graduaron las primeras maestras del país, y fue ella la que compuso los más bellos y significativos versos de carácter patriótico hasta ahora conocidos en la historia de la literatura dominicana.

 Esposa del también poeta y escritor don Francisco Henríquez y Carvajal, a Salomé Ureña no le bastó con ofrecerle al país su ingente obra poética y educativa. Además de eso, le brindó a su patria y al mundo americano tres glorias de la educación y las letras hispanoamericanas: Max, Camila y Pedro Henríquez Ureña.

 Maximiliano (Max) Henríquez Ureña (1885-1969) – Escritor, ensayista, novelista, cuentista, crítico literario, poeta, profesor de Literatura en Cuba, diplomático y doctor en Filosofía y Letras. En nuestro país fue Superintendente General de Enseñanza, Secretario de Interior y Policía y miembro de la Academia Dominicana de la Lengua. Entre sus estudios acerca de la cultura hispanoamericana figuran: " Panorama histórico de la literatura dominicana" (Tomos 1 y 2, Río de Janeiro, 1945), " Panorama histórico de la literatura cubana" (Puerto Rico, 1963) y " Breve historia del Modernismo" (México, 1964). En Cuba residió durante muchos años. Por esa razón, la mayor parte de escritos versan acerca de la cultura y la literatura de esta patria antillana. 

Camila Henríquez Ureña (1894-1973) – Ensayista, educadora y crítica literaria. Graduada de Doctora en Filosofía y Letras en Cuba, también cursó estudios en las universidades de Minnesota y Columbia, en los Estados Unidos. Ejerció como maestra de Lenguas y Literatura tanto en La Habana como en universidades norteamericanas. Vivió en La Habana, Cuba, desde niña hasta días antes de su muerte, acaecida en República Dominicana de manera repentina el 12 de septiembre de 1973, cuando se encontraba de visita en la tierra que la vio nacer. Publicó, entre otros, los libros : "Ideas pedagógicas de Eugenio María de Hostos" ( Santo Domingo, 1932 ), "Invitación a la lectura" ( La Habana, 1954 ), " Apreciación literaria" ( La Habana, 1964 ), " Feminismo y otros temas sobre la mujer en sociedad" ( Santo Domingo, 1985 )

 Pedro Henríquez Ureña ( 1884-1946 ) – Ensayista, educador, poeta, dramaturgo, narrador, lingüista, filólogo , humanista, abogado y doctor en Filosofía y Letras, está considerado no sólo como una de las grandes glorias de la educación continental, sino también como uno de los más respetados escritores de la literatura hispanoamericana. Se trata del más notable y universal de los humanistas dominicanos. Ejerció como educador en las famosas universidades norteamericanas de Minnesota, Chicago, California y Harvard; pero fue en México y Argentina donde su labor docente se llevó a cabo por más años y de manera permanente. Entre sus más importantes libros se destacan: " Es español en Santo Domingo", " Gramática Castellana", " Seis ensayo en busca de nuestra expresión ", "Santo Domingo y las letras coloniales", " Corrientes literarias en Hispanoamérica" y " Apuntaciones de la novela en América"

 Todos estos ilustres hijos emanaron del vientre bendito de doña Salomé, así como emanaron de su fértil vientre poético los más ingeniosos versos, y de su mente productiva, los más edificantes proyectos educativos.

 Maestra que contribuyó con sus valiosos aportes en el proceso de reforma y desarrollo de la escuela dominicana; madre que trajo al mundo a tres preclaros representantes de la educación y las letras hispanoamericanas y poetisa que nos dejó los primeros poemas de mayor relieve de la literatura dominicana, en eso consiste la triple corona de esa inmensa mujer dominicana llamada Salomé Ureña de Henríquez.

sábado, 15 de octubre de 2016

FRANCISCO GRULLÓN Y DOMINGO RODRÍGUEZ

Por: Domingo Caba Ramos

 Así como existen nombramientos en la administración pública que en el seno del pueblo se reciben con desagrado, hay otros que ese mismo pueblo los celebra con inigualable regocijo. Es el caso de las recientes designaciones del doctor Francisco Grullón (Pepe) y el ingeniero Domingo Rodríguez, nombrado director del Centro de la Cultura de Santiago, el primero, y coordinador nacional de las direcciones provinciales del Ministerio de Medio Ambiente, el segundo.

                                                                                Ing. Domingo Rodríguez


Domingo es un técnico ambientalista a pruebas de hechos. Profesor universitario y experimentado ecologista, de él bien puede afirmarse que conoce como el que más a nuestro país, así como los misterios de la naturaleza dominicana. Sus profundos conocimientos en materia de Ecología, sus enseñanzas, así como su pasión y lucha por la preservación y defensa del medio ambiente, unidas todas estas cualidades a su honestidad y responsabilidad, hacen de él la persona ideal para desempeñar un puesto de esa magnitud. Y porque así pensamos, ha de esperarse que su gestión será exitosa, para bien del país en general, y de nuestro medio ambiente en particular.

Francisco Grullón, el más pintor de todos los médicos dominicanos, es una especie de “Quijote sin Mancha” que, en el poco incentivado o escasamente patrocinado mundo del arte y la cultura dominicanos, no para de crear, enseñar y organizar actividades independientemente de que los recursos brillen por su ausencia.

                                                                                    Dr. Francisco Grullón

 Hijo de uno de los maestros de la pintura dominicana, don Mario Grullón, aparte de su labor como médico y facilitador pictórico, la vida de Pepe, como se le conoce popularmente, se ha desenvuelto entre exposiciones individuales y colectivas, no solo en Santiago y Santo Domingo, sino también en Tamboril, donde además de una clínica fundó una escuela de artes, y donde reside después que los moradores de este municipio decidieron un buen día robárselo a la Ciudad Corazón, de la que es oriundo.

 Expresivo, parlanchín, espontáneo y amigo de los amigos, Grullón es un apasionado gestor cultural que siempre ha estado vinculado a este ámbito. Por eso estamos seguros que, siempre que reciba el apoyo correspondiente, habrá de cosechar, igual que mi tocayo y amigo, Domingo Rodríguez, los éxitos esperados en el desempeño de sus funciones.

viernes, 14 de octubre de 2016

PABLO NERUDA, EL PADRE LAS CASAS Y EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

  Por: Domingo Caba Ramos
                                                                                  Pablo Neruda

 Pablo Neruda (1904 - 1973), chileno universal, Premio Nobel de Literatura, poeta de América y del mundo. En la primera etapa de su evolución poética compuso bellos y hermosos poemas que indudablemente lo convirtieron en un verdadero y genial cantor del amor y la mujer.

 La Guerra Civil Española, en cuyo estallido y desarrollo se vio inmerso, fue más que suficiente para que su lírica inicial se orientara hacia otros derroteros temáticos. A partir de este momento sus versos comienzan a aparecer henchidos de vivenciales referencias o connotaciones sociopolíticas que más tarde habrían de convertir al afamado vate chileno en uno de los más grandes exponentes de la poesía social de la literatura hispanoamericana.

 Los problemas del hombre americano eran sus problemas, y a tono con esta internacionalista concepción, asume, a través de sus versos, la voz o el eco de los diferentes pueblos latinoamericanos. 

De ahí que en febrero de 1966, y en solidaridad con la República Dominicana, la cual un año antes había sido víctima de la segunda intervención estadounidense, Neruda escribe “Versainograma a Santo Domingo”, un extenso poema de inconfundible tono épico y en cuyas primeras estrofas el autor de “Crepusculario” y “Canto general” plasma su concepción acerca del descubrimiento de América, presentándonos el trascendental acontecimiento como la cuna, germen o raíz de los males futuros del pueblo dominicano:

 “Perdonen si les digo unas locuras,
 en esta dulce tarde de febrero,
 y si se va mi corazón cantando,
 hacia Santo Domingo, Compañeros. 

Vamos a recordar lo que ha pasado,
 desde que Don Cristóbal marinero,
 puso los pies y descubrió la isla,
 Ay! mejor que no la hubiera descubierto,
 porque ha sufrido tanto desde entonces,
 que parece que el diablo y no Jesús,
 se entendió con Colón en ese aspecto. 

 Estos conquistadores españoles,
 que llegaron de España con lo puesto,
 buscaban oro, y lo buscaban tanto,
 como si les sirviese de alimento. 

 Enarbolando a Cristo con su cruz,
 los garrotazos fueron argumentos,
 tan poderosos que los indios vivos,
 se convirtieron en cristianos muertos. 

 Isla Negra (Chile) - Feb. 1966

                                                                                  Fray Bartolomé de Las Casas

 Acerca del mismo acontecimiento, Fray Bartolomé de Las Casas, protector de los indios, cronista y uno de los principales testigos del descubrimiento, conquista y colonización de América, en su obra «Brevísima relación de la destrucción de las Indias», nos presenta un espeluznante y dramático relato acerca de los atropellos y crueldades de los conquistadores españoles en contra de la indefensa población indígena. Relato cuya lectura nos obliga necesariamente a preguntarnos: el descubrimiento de América, ¿debe en este continente celebrarse o conmemorarse? Veamos parte de su contenido: 

«En la Isla Española, los cristianos (españoles) con sus caballos y espadas y lanzas comienzan a hacer matanzas y crueldades extrañas en ellos. Entraban en los pueblos, ni dejaban niños y viejos, ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaban y hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete o le descubría las entrañas. Tomaban las criaturas de las tetas de las madres, por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las peñas. Otros daban con ellas en ríos por las espaldas, riendo y burlando y cayendo en el agua decían: “bullís, cuerpo de tal”; otras criaturas metían en la espada con las madres juntamente y todos cuantos delante de sí hallaban.

 Hacían unas horcas largas que juntasen casi los pies a la tierra, y de trece en trece, a honor y reverencia de Nuestro Redentor y de los doce apóstoles, poniéndoles leña y fuego, los quemaban vivos. Otros ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca pegándoles fuego, así los quemaban. Otros, y todos los que querían tomar a vida, cortábanles ambas manos, y de ellas llevaban colgando y decíanles: “Andad con cartas: llevad las nuevas a las gentes que estaban huídas por los montes. Comúnmente mataban a los señores y nobles de esta manera: que hacían unas parrillas de varas sobre horquetas y atábanlos en ellas y poníanles por debajo fuego manso, para que poco a poco, dando alaridos en aquellos tormentos, desesperados, se les salían las ánimas. Una vez vide que, teniendo en las parrillas quemándose cuatro o cinco principales y señores, y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le impedían el sueño, mandó que los ahogasen, y el alguacil, que era peor que el verdugo que los quemaba, no quiso ahogarlos, antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen y atizóles el fuego hasta que se asaron de despacio como él quería. Yo vide todas las cosas arriba dichas y muchas otras infinitas»