Por : Domingo Caba Ramos
El caso resulta un tanto curioso. Para designar el primer día del mes, en América tradicionalmente se ha empleado el adjetivo ordinal “primero” (primero de enero, primero de mayo…) ; mas cuando se trata de los demás días, se usa entonces un cardinal (dos de enero, tres de mayo, cinco de junio…)
En España, por el contrario, es más común el uso del cardinal ‘uno’ para denominar el día que inicia cada mes (uno de enero, uno de mayo, uno de junio…)
Asumiendo incorrecta la forma americana (primero de enero, primero de febrero, etc.) es cada vez más frecuente, en el mundo hispanoamericano, emplear la forma española (uno de enero, uno de febrero, etc.) para referirse al primer día del mes, por entender que si se utiliza un ordinal para referirse a este día, lo mismo debería hacerse con los días restantes, hecho que en el uso cotidiano de la lengua no sucede. Pero independientemente de esta y otras interpretaciones, lo cierto es que según el criterio académico, una y otra forma (uno y primero) son válidas. La simple diferencia radica en que la primera (uno de enero, uno de febrero, etc.) es más frecuente en España, mientras que la segunda (primero de enero, primero de febrero, etc.) es una forma característica del español de América.
sábado, 2 de enero de 2016
jueves, 17 de diciembre de 2015
DOÑA ELSA BRITO, SUS OCHENTA AÑOS Y SU "VELADA A LA VIDA"
Por: Domingo Caba Ramos
Profesora Elsa Brito de Domínguez
« ¡Líbrame de creerme que siempre estamos en descanso y que somos estatuas! Tengo energía y vida interior. ¡Hay que batallar, la lucha es diaria…! »
Elsa Brito de Domínguez (Del libro “Velada a la vida” )
El jueves de la semana pasada (10/12/2015), doña Elsa Brito de Domínguez cumplió ochenta años de productiva existencia. Con motivo de tan significativo acontecimiento, la destacada maestra y poetisa tamborileña puso en circulación el libro “Velada a la vida”, en un concurrido acto que se realizó en el teatro de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Se trata de un texto de intimista esencia o en el que aparecen plasmados aspectos importantes relativos a la vida y pensamiento de la autora, vale decir, un libro que recoge sus vivencias y las experiencias que en su dilatada trayectoria vital ha cosechado como ciudadana, madre, maestra y escritora.
Así se pone de manifiesto en las palabras de su hijo Pedro Domínguez Brito, afamado abogado y articulista de varios medios, cuando al referirse al libro de su progenitora apunta lo siguiente:
«Esta obra contiene reflexiones de alto calibre místico, humano y literario. Su prosa nos envuelve y anima, abrazada de versos que le cantan a coro a la promotora incansable de la fe, a la esposa que ama y comprende, a la educadora de mil generaciones de estudiantes que la valoran, a la viajera del mundo de ilimitados pasos, a la que arriesga sus latidos por su fe, a la amiga que ríe y sufre con el sentir de su entorno, a la que no olvida de dónde viene… »
Y así se pone de manifiesto también en las palabras de su autora, al expresar que:
"Este libro tiene la belleza de la imaginación, y ustedes lo van a ver; pero, sobre todo, la fuerza viviente de la verdad, extasiada en la vida interior, una vida de fe, de maestra caminante y de entrega. No hay desdoblamiento de la personalidad, eso nunca, hay coherencia en todo, hay un Dios unificado expresado en muchas simbologías, mis vivencias, mi vida diaria, todo lo cotidiano y lo divino"
La autora, en compañía de sus hijos, lee la dedicatoria de un ejemplar del libro obsequiado al Lic. Rafael Emilio Yunén.
La potencia vital de doña Elsa constituye un caso fuera de serie. Jamás había conocido a un ser de su edad con tanta vitalidad, con tanta fuerza y energía, con tanta lucidez mental. En lugar de enclaustrarse o apartarse de todo activismo social, el cerebro inmenso de esta mujer de diminuta anatomía siempre está gestando ideas y nuevos proyectos. Su actividad es imparable. Su memoria es tan lúcida que ella misma la ha bautizado con el nombre de “Santa Memoria” Y es que así como hay jóvenes mentalmente octogenarios, existente octogenarios mentalmente jóvenes, y uno de estos es doña Elsa. De ella, con mucha autoridad, se puede decir con las palabras de José Ingenieros que "La vejez inequívoca no es aquella que está determinada por las arrugas de la cara, sino por las arrugas del espíritu".
Por esa razón ella puede pregonar con autoridad : "Tengo energía y vida interior..." Y por esa razón siempre he admirado, apreciado y respetado a este ser ejemplar definido por mí como la "Grandeza encarnada en un diminuto cuerpo de mujer"
Maestra y poetisa, constructora de versos y forjadora de cultura, doña Elsa nació en Tamboril, el 10 de diciembre de 1935, comunidad donde cursó sus estudios primarios y a cuyo desarrollo social y cultural siempre ha estado ligada. Sus estudios secundarios los realizó en los liceos “Ulises Francisco Espaillat” (Santiago) y “Domingo Faustino Sarmiento”, de la ciudad de Moca.
En la Escuela Normal Superior “Emilio Prud Homme” cursó estudios de formación docente y en esa prestigiosa institución, en 1957, obtuvo el título de Maestra Normal de Segunda Enseñanza, sección Letras. Siete años más tarde, en 1963, se matriculó en la carrera de Derecho de la Universidad Católica Madre y Maestra, mas su vocación pedagógica muy pronto la llevaría no sólo a cambiar de carrera, sino también de universidad, y es así como en los años 1971 y 1972 se gradúa de Licenciada en Educación : Mención Orientación, en la Universidad Nacional “Pedro Henríquez Ureña”
LABOR DOCENTE
Su labor docente se inició en 1957 como profesora del Liceo Secundario Ulises Francisco Espaillat, de Santiago, donde ejerció hasta 1975, año en que pasó a impartir clases a la Universidad Católica Madre y Maestra, centro en el que se mantuvo activa durante casi treinta años como Profesora Asociada. También impartió docencia en los colegios Sagrado Corazón de Jesús y La Esperanza, así como en las escuelas de formación de maestros “Emilio Prud Homme”, Santiago, y “Luis Núñez Molina”, en Licey al Medio.
Pero paralela a este quehacer sistemático y formal, vale destacarlo, está inquieta y fecunda educadora ha educado igualmente con su producción literaria, múltiples conferencias y conducta de madre y ciudadana ejemplar. Como ya lo postuló la también maestra y poetisa chilena Gabriela Mistral, de doña Elsa bien puede afirmarse que ha enseñado “con la acción, el gesto y la palabra”
LABOR LITERARIA
Aunque se ha destacado en el género poético, la profesora Elsa Brito ha escrito obras de ensayo y teatro. En 1976 publicó su primer libro de versos titulado “Al pie de mi escalera” y en enero del 2002 dio a la luz su más reciente obra: “La muralla de los siglos”, cuya puesta en circulación, un año después en la Casa de la Cultura Latina, en Bruselas, Bélgica, constituyó todo un acontecimiento internacional para orgullo no sólo de la autora y su familia, sino también del país y de su pueblo. Y todo un acontecimiento fue también la conferencia que sobre el insigne poeta tamborileño, Tomás H. Franco leyó en 1997 en la sede de la UNESCO, en París. Ha colaborado en diferentes periódicos y revistas nacionales y representado al país en varias ocasiones en eventos culturales. Por su gran labor educativa y promotora cultural ha sido objeto de innúmeras distinciones.
Casó con el señor Pedro Domínguez (fallecido) de cuyo matrimonio nacieron cinco hijos: Pedro, Alejandro, José Luis, Elsa María y Francisco Domínguez Brito.
Para doña Elsa, vayan nuestras más fraternas y sinceras felicitaciones, que su salud brille por su sanidad para de esa manera tenerla durante muchos años siempre activa y productiva en este complejo, pero apetecido mundo de los mortales.
« ¡Líbrame de creerme que siempre estamos en descanso y que somos estatuas! Tengo energía y vida interior. ¡Hay que batallar, la lucha es diaria…! »
Elsa Brito de Domínguez (Del libro “Velada a la vida” )
El jueves de la semana pasada (10/12/2015), doña Elsa Brito de Domínguez cumplió ochenta años de productiva existencia. Con motivo de tan significativo acontecimiento, la destacada maestra y poetisa tamborileña puso en circulación el libro “Velada a la vida”, en un concurrido acto que se realizó en el teatro de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Se trata de un texto de intimista esencia o en el que aparecen plasmados aspectos importantes relativos a la vida y pensamiento de la autora, vale decir, un libro que recoge sus vivencias y las experiencias que en su dilatada trayectoria vital ha cosechado como ciudadana, madre, maestra y escritora.
Así se pone de manifiesto en las palabras de su hijo Pedro Domínguez Brito, afamado abogado y articulista de varios medios, cuando al referirse al libro de su progenitora apunta lo siguiente:
«Esta obra contiene reflexiones de alto calibre místico, humano y literario. Su prosa nos envuelve y anima, abrazada de versos que le cantan a coro a la promotora incansable de la fe, a la esposa que ama y comprende, a la educadora de mil generaciones de estudiantes que la valoran, a la viajera del mundo de ilimitados pasos, a la que arriesga sus latidos por su fe, a la amiga que ríe y sufre con el sentir de su entorno, a la que no olvida de dónde viene… »
Y así se pone de manifiesto también en las palabras de su autora, al expresar que:
"Este libro tiene la belleza de la imaginación, y ustedes lo van a ver; pero, sobre todo, la fuerza viviente de la verdad, extasiada en la vida interior, una vida de fe, de maestra caminante y de entrega. No hay desdoblamiento de la personalidad, eso nunca, hay coherencia en todo, hay un Dios unificado expresado en muchas simbologías, mis vivencias, mi vida diaria, todo lo cotidiano y lo divino"
La autora, en compañía de sus hijos, lee la dedicatoria de un ejemplar del libro obsequiado al Lic. Rafael Emilio Yunén.
La potencia vital de doña Elsa constituye un caso fuera de serie. Jamás había conocido a un ser de su edad con tanta vitalidad, con tanta fuerza y energía, con tanta lucidez mental. En lugar de enclaustrarse o apartarse de todo activismo social, el cerebro inmenso de esta mujer de diminuta anatomía siempre está gestando ideas y nuevos proyectos. Su actividad es imparable. Su memoria es tan lúcida que ella misma la ha bautizado con el nombre de “Santa Memoria” Y es que así como hay jóvenes mentalmente octogenarios, existente octogenarios mentalmente jóvenes, y uno de estos es doña Elsa. De ella, con mucha autoridad, se puede decir con las palabras de José Ingenieros que "La vejez inequívoca no es aquella que está determinada por las arrugas de la cara, sino por las arrugas del espíritu".
Por esa razón ella puede pregonar con autoridad : "Tengo energía y vida interior..." Y por esa razón siempre he admirado, apreciado y respetado a este ser ejemplar definido por mí como la "Grandeza encarnada en un diminuto cuerpo de mujer"
Maestra y poetisa, constructora de versos y forjadora de cultura, doña Elsa nació en Tamboril, el 10 de diciembre de 1935, comunidad donde cursó sus estudios primarios y a cuyo desarrollo social y cultural siempre ha estado ligada. Sus estudios secundarios los realizó en los liceos “Ulises Francisco Espaillat” (Santiago) y “Domingo Faustino Sarmiento”, de la ciudad de Moca.
En la Escuela Normal Superior “Emilio Prud Homme” cursó estudios de formación docente y en esa prestigiosa institución, en 1957, obtuvo el título de Maestra Normal de Segunda Enseñanza, sección Letras. Siete años más tarde, en 1963, se matriculó en la carrera de Derecho de la Universidad Católica Madre y Maestra, mas su vocación pedagógica muy pronto la llevaría no sólo a cambiar de carrera, sino también de universidad, y es así como en los años 1971 y 1972 se gradúa de Licenciada en Educación : Mención Orientación, en la Universidad Nacional “Pedro Henríquez Ureña”
LABOR DOCENTE
Su labor docente se inició en 1957 como profesora del Liceo Secundario Ulises Francisco Espaillat, de Santiago, donde ejerció hasta 1975, año en que pasó a impartir clases a la Universidad Católica Madre y Maestra, centro en el que se mantuvo activa durante casi treinta años como Profesora Asociada. También impartió docencia en los colegios Sagrado Corazón de Jesús y La Esperanza, así como en las escuelas de formación de maestros “Emilio Prud Homme”, Santiago, y “Luis Núñez Molina”, en Licey al Medio.
Pero paralela a este quehacer sistemático y formal, vale destacarlo, está inquieta y fecunda educadora ha educado igualmente con su producción literaria, múltiples conferencias y conducta de madre y ciudadana ejemplar. Como ya lo postuló la también maestra y poetisa chilena Gabriela Mistral, de doña Elsa bien puede afirmarse que ha enseñado “con la acción, el gesto y la palabra”
LABOR LITERARIA
Aunque se ha destacado en el género poético, la profesora Elsa Brito ha escrito obras de ensayo y teatro. En 1976 publicó su primer libro de versos titulado “Al pie de mi escalera” y en enero del 2002 dio a la luz su más reciente obra: “La muralla de los siglos”, cuya puesta en circulación, un año después en la Casa de la Cultura Latina, en Bruselas, Bélgica, constituyó todo un acontecimiento internacional para orgullo no sólo de la autora y su familia, sino también del país y de su pueblo. Y todo un acontecimiento fue también la conferencia que sobre el insigne poeta tamborileño, Tomás H. Franco leyó en 1997 en la sede de la UNESCO, en París. Ha colaborado en diferentes periódicos y revistas nacionales y representado al país en varias ocasiones en eventos culturales. Por su gran labor educativa y promotora cultural ha sido objeto de innúmeras distinciones.
Casó con el señor Pedro Domínguez (fallecido) de cuyo matrimonio nacieron cinco hijos: Pedro, Alejandro, José Luis, Elsa María y Francisco Domínguez Brito.
Para doña Elsa, vayan nuestras más fraternas y sinceras felicitaciones, que su salud brille por su sanidad para de esa manera tenerla durante muchos años siempre activa y productiva en este complejo, pero apetecido mundo de los mortales.
martes, 24 de noviembre de 2015
¡ADIÓS, AMIGO MÍO!
Por : Domingo Caba Ramos
(Texto del panegírico leído por el autor en el cementerio muncipal de Licey al Medio, el 23 de noviembre del 2000, con motivo del sentido y repentino fallecimiento del profesor Élido Rodríguez, ocurrido siete días antes ( 16/11/2000 ) de esta fecha, en Nueva York )
“Cuando un amigo se va,
queda un espacio vacío,
que no lo puede llenar,
la llegada de otro amigo…”
(Alberto Cortés )
Profesor Élido Rodríguez
La infausta noticia llegó y como río desbordado se expandió por toda la comarca:
“¡Ha muerto Elido Rodríguez!”
La noticia llegó: desconcertante, avasallante, lacerante, como la espina inesperada que penetra al cuerpo sembrando el dolor en cada uno de sus órganos vitales:
“¡Ha muerto Elido Rodríguez!”
Y sumamente compungido por los efectos sicológicos de tan angustiante informe, afirmé, casi de manera inconsciente:
« ¡Ha muerto un amigo!». «¡Ha dejado de latir – proclamé, con las palabras del poeta – el corazón más puro, el corazón de quien en vida nos dio una lección diaria de fraternidad, de amor y de amistad. Ha dejado de latir el corazón de un fiel, leal y verdadero amigo»
De Elido oí hablar mucho antes de conocerlo en persona. Había sido uno de los profesores dirigentes de la A.D.P. cancelados en 1978 por el entonces Secretario de Estado de Educación, Ing. Pedro Porrello Reinoso, y su nombre se repetía a diario en la prensa nacional.
Años después lo conocí en Santiago en una de las numerosas jornadas desarrolladas por el otrora fogoso y combativo gremio magisterial. Y años más tarde me correspondió el honor de tenerlo como compañero de trabajo en el Liceo Nocturno "Tamboril".
Establecimos, a partir de ese instante, unas cordiales, fraternas y permanentes relaciones de amistad que rayaban casi en la hermandad, y que, en mayor o menor grado, lograron envolver a miembros de una y otra familia, vale decir, la suya y la mía. Mi madre lo quería como un hijo, en tanto que él a ella le tenía un afecto entrañable, el mismo que se siente por una madre. Merced a ese acercamiento, pude percibir las extraordinarias virtudes que adornaban la personalidad de este ser excepcional y las luces nobilísimas que bordeaban su existencia.
Jamás había conocido a un ser más desprendido y solidario que el amigo que hoy dejamos aposentado para siempre en el lecho sombrío de este solitario camposantos. Jamás había conocido a un ser provisto de tan elevado espíritu de servicio. Jamás había conocido a un ser tan entregado a los demás.
En una sociedad donde el yo siempre está primero, Elido siempre supo invertir los papeles y, en tal virtud, para él el yo sólo importaba si el tú estaba libre de problemas. Semejante comportamiento no siempre suele aceptarse, entenderse y compartirse en una sociedad en donde impera el materialismo patológico, el individualismo rapaz y el egoísmo morboso. De ahí los sarcásticos calificativos de “tonto”, “pariguayo”, “pendejo” y “loquito viejo”, endilgados a todo aquel que actúa desinteresadamente en favor de los demás. Pero semejante conducta y las nobles acciones siempre se imponen Y en tal sentido, valdría preguntarse:
¿Qué mortal, qué amigo, qué maestro, qué pariente, qué alumno y qué hombre del pueblo no recordará siempre con admiración y respeto a este inquieto profesor?
Elido, como confesara Pablo Neruda ante la muerte de su amigo, el poeta francés Paúl Eluard, “fue mi amigo de cada día, y pierdo su ternura que era parte de mi pan. Nadie podrá darme ya lo que él se lleva porque su fraternidad activa era uno de los preciados lujos de mi vida”
Y merced a tan fraternal afecto, hoy, frente a su cadáver, yo debo finalizar diciendo también con las palabras del poeta:
Adiós, amigo mío. “Me inclino sobre tus ojos cerrados que continuarán dándome la luz y la grandeza, la simplicidad y la rectitud, la bondad y la sencillez que implantaste sobre la tierra”
(Texto del panegírico leído por el autor en el cementerio muncipal de Licey al Medio, el 23 de noviembre del 2000, con motivo del sentido y repentino fallecimiento del profesor Élido Rodríguez, ocurrido siete días antes ( 16/11/2000 ) de esta fecha, en Nueva York )
“Cuando un amigo se va,
queda un espacio vacío,
que no lo puede llenar,
la llegada de otro amigo…”
(Alberto Cortés )
Profesor Élido Rodríguez
La infausta noticia llegó y como río desbordado se expandió por toda la comarca:
“¡Ha muerto Elido Rodríguez!”
La noticia llegó: desconcertante, avasallante, lacerante, como la espina inesperada que penetra al cuerpo sembrando el dolor en cada uno de sus órganos vitales:
“¡Ha muerto Elido Rodríguez!”
Y sumamente compungido por los efectos sicológicos de tan angustiante informe, afirmé, casi de manera inconsciente:
« ¡Ha muerto un amigo!». «¡Ha dejado de latir – proclamé, con las palabras del poeta – el corazón más puro, el corazón de quien en vida nos dio una lección diaria de fraternidad, de amor y de amistad. Ha dejado de latir el corazón de un fiel, leal y verdadero amigo»
De Elido oí hablar mucho antes de conocerlo en persona. Había sido uno de los profesores dirigentes de la A.D.P. cancelados en 1978 por el entonces Secretario de Estado de Educación, Ing. Pedro Porrello Reinoso, y su nombre se repetía a diario en la prensa nacional.
Años después lo conocí en Santiago en una de las numerosas jornadas desarrolladas por el otrora fogoso y combativo gremio magisterial. Y años más tarde me correspondió el honor de tenerlo como compañero de trabajo en el Liceo Nocturno "Tamboril".
Establecimos, a partir de ese instante, unas cordiales, fraternas y permanentes relaciones de amistad que rayaban casi en la hermandad, y que, en mayor o menor grado, lograron envolver a miembros de una y otra familia, vale decir, la suya y la mía. Mi madre lo quería como un hijo, en tanto que él a ella le tenía un afecto entrañable, el mismo que se siente por una madre. Merced a ese acercamiento, pude percibir las extraordinarias virtudes que adornaban la personalidad de este ser excepcional y las luces nobilísimas que bordeaban su existencia.
Jamás había conocido a un ser más desprendido y solidario que el amigo que hoy dejamos aposentado para siempre en el lecho sombrío de este solitario camposantos. Jamás había conocido a un ser provisto de tan elevado espíritu de servicio. Jamás había conocido a un ser tan entregado a los demás.
En una sociedad donde el yo siempre está primero, Elido siempre supo invertir los papeles y, en tal virtud, para él el yo sólo importaba si el tú estaba libre de problemas. Semejante comportamiento no siempre suele aceptarse, entenderse y compartirse en una sociedad en donde impera el materialismo patológico, el individualismo rapaz y el egoísmo morboso. De ahí los sarcásticos calificativos de “tonto”, “pariguayo”, “pendejo” y “loquito viejo”, endilgados a todo aquel que actúa desinteresadamente en favor de los demás. Pero semejante conducta y las nobles acciones siempre se imponen Y en tal sentido, valdría preguntarse:
¿Qué mortal, qué amigo, qué maestro, qué pariente, qué alumno y qué hombre del pueblo no recordará siempre con admiración y respeto a este inquieto profesor?
Elido, como confesara Pablo Neruda ante la muerte de su amigo, el poeta francés Paúl Eluard, “fue mi amigo de cada día, y pierdo su ternura que era parte de mi pan. Nadie podrá darme ya lo que él se lleva porque su fraternidad activa era uno de los preciados lujos de mi vida”
Y merced a tan fraternal afecto, hoy, frente a su cadáver, yo debo finalizar diciendo también con las palabras del poeta:
Adiós, amigo mío. “Me inclino sobre tus ojos cerrados que continuarán dándome la luz y la grandeza, la simplicidad y la rectitud, la bondad y la sencillez que implantaste sobre la tierra”
viernes, 20 de noviembre de 2015
LOS DOBLETES GENÉRICOS Y EL PRINCIPIO DE ECONOMÍA LINGUÍSTICA
Por: Domingo Caba Ramos
«En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos [...] En la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva»
(Diccionario panhispánico de dudas – RAE, 2005, p.311)
La economía lingüística se define como el «Principio de la lengua que permite obtener el mayor efecto comunicativo con el mínimo de esfuerzo lingüístico» (Diccionario básico de lingüística, México, 2005: 85)
Llamado también ley del menor esfuerzo, el principio de economía lingüística se aplica en el acto comunicativo con el propósito de ofrecer la mayor cantidad de información con el mínimo de esfuerzo; vale decir, para expresar el mayor número de ideas con el menor número de palabras posible. O como bien lo define Fernando Lázaro Carreter en su Diccionario de términos filológicos (1987: 135), la economía lingüística es el “Término que designa la tendencia, normal en los hablantes, a ahorrar esfuerzo en la articulación de palabras corrientes y de empleo abundante...”
Merced a ese principio es que el hablante apela, por ejemplos, al uso de la elipsis y la frase apocopada. Y basado en ese mismo principio es que en el uso de la lengua, tanto en su expresión oral como escrita, se recomienda evitar los circunloquios, las frases redundantes o pleonásticas, así como los dobletes genéricos (todos y todas; bienvenidos y bienvenidas; los maestros y las maestras…), propios de la llamada lengua no sexista, que ha intentado imponer la línea ortodoxa o radical del movimiento feminista.
La economía expresiva, conviene aclarar, de ningún modo debe confundirse con laconismo y pereza léxica, ni mucho menos entenderla solo como una cuota reducida de palabras, sino como la adecuación exacta de estas con lo que el hablante pretende comunicar. Con su aplicación, el discurso se torna mucho más claro, preciso, conciso y elegante .
Todo lo contrario sucede con los desdoblamientos genéricos: por superabultados, empalagosos y antieconómicos, resultan engorrosos, y a la expresión lingüística le restan precisión, concisión, claridad y elegancia. Para entender esto, basta con determinar las palabras que sobran, lo tormentoso que resulta leer o escuchar y la ausencia de belleza que se percibe en innecesarios circunloquios del tipo:
1. « A todos y todas los dueños y dueñas de perros y perras…»
2. “Los empleados y las empleadas gallegos y gallegas están descontentos y descontentas por haber sido instados e instadas, e incluso obligados y obligadas, a declararse católicos y católicas”.
Pero en ningún otro texto la galante fluidez del discurso se ve más afectada y la sintaxis se nos presenta más engorrosa, cursi, pesada o carente por completo de gracia estética, que el contenido del Art. 41 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y el cual establece lo siguiente:
«Solo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y de aquellos contemplados en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional. Para ejercer los cargos de diputados o diputadas a la Asamblea Nacional, Ministros o Ministras; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de Estados y Municipios no fronterizos, los venezolanos y venezolanas por naturalización deben tener domicilio con residencia ininterrumpida en Venezuela no menor de quince años y cumplir los requisitos de aptitud previstos en la ley»
La función fundamental de la lengua es la comunicación. Esto significa que la lengua tiene que estar al servicio de la comunicación; pero la verdadera esencia de esta resulta sumamente afectada cuando se producen mensajes, discursos o textos como los más arriba transcritos.
Comunicar es aportar y compartir sentidos. Cuando las palabras y demás estructuras de la lengua no se adecúan a esos sentidos que se desean expresar, el acto comunicativo entonces resulta fallido. Bastante gráficas, al respecto, son las palabras de André Martinet, afamado lingüista francés, cuando en su libro Elementos de lingüística general plantea que:
«… no puede subsistir en una lengua nada que no aporte una contribución determinada a la comunicación y también que cada elemento del enunciado exige un esfuerzo de producción estrictamente proporcional a la función que cumple…» (1984: 223)
«En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos [...] En la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva»
(Diccionario panhispánico de dudas – RAE, 2005, p.311)
La economía lingüística se define como el «Principio de la lengua que permite obtener el mayor efecto comunicativo con el mínimo de esfuerzo lingüístico» (Diccionario básico de lingüística, México, 2005: 85)
Llamado también ley del menor esfuerzo, el principio de economía lingüística se aplica en el acto comunicativo con el propósito de ofrecer la mayor cantidad de información con el mínimo de esfuerzo; vale decir, para expresar el mayor número de ideas con el menor número de palabras posible. O como bien lo define Fernando Lázaro Carreter en su Diccionario de términos filológicos (1987: 135), la economía lingüística es el “Término que designa la tendencia, normal en los hablantes, a ahorrar esfuerzo en la articulación de palabras corrientes y de empleo abundante...”
Merced a ese principio es que el hablante apela, por ejemplos, al uso de la elipsis y la frase apocopada. Y basado en ese mismo principio es que en el uso de la lengua, tanto en su expresión oral como escrita, se recomienda evitar los circunloquios, las frases redundantes o pleonásticas, así como los dobletes genéricos (todos y todas; bienvenidos y bienvenidas; los maestros y las maestras…), propios de la llamada lengua no sexista, que ha intentado imponer la línea ortodoxa o radical del movimiento feminista.
La economía expresiva, conviene aclarar, de ningún modo debe confundirse con laconismo y pereza léxica, ni mucho menos entenderla solo como una cuota reducida de palabras, sino como la adecuación exacta de estas con lo que el hablante pretende comunicar. Con su aplicación, el discurso se torna mucho más claro, preciso, conciso y elegante .
Todo lo contrario sucede con los desdoblamientos genéricos: por superabultados, empalagosos y antieconómicos, resultan engorrosos, y a la expresión lingüística le restan precisión, concisión, claridad y elegancia. Para entender esto, basta con determinar las palabras que sobran, lo tormentoso que resulta leer o escuchar y la ausencia de belleza que se percibe en innecesarios circunloquios del tipo:
1. « A todos y todas los dueños y dueñas de perros y perras…»
2. “Los empleados y las empleadas gallegos y gallegas están descontentos y descontentas por haber sido instados e instadas, e incluso obligados y obligadas, a declararse católicos y católicas”.
Pero en ningún otro texto la galante fluidez del discurso se ve más afectada y la sintaxis se nos presenta más engorrosa, cursi, pesada o carente por completo de gracia estética, que el contenido del Art. 41 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y el cual establece lo siguiente:
«Solo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y de aquellos contemplados en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional. Para ejercer los cargos de diputados o diputadas a la Asamblea Nacional, Ministros o Ministras; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de Estados y Municipios no fronterizos, los venezolanos y venezolanas por naturalización deben tener domicilio con residencia ininterrumpida en Venezuela no menor de quince años y cumplir los requisitos de aptitud previstos en la ley»
La función fundamental de la lengua es la comunicación. Esto significa que la lengua tiene que estar al servicio de la comunicación; pero la verdadera esencia de esta resulta sumamente afectada cuando se producen mensajes, discursos o textos como los más arriba transcritos.
Comunicar es aportar y compartir sentidos. Cuando las palabras y demás estructuras de la lengua no se adecúan a esos sentidos que se desean expresar, el acto comunicativo entonces resulta fallido. Bastante gráficas, al respecto, son las palabras de André Martinet, afamado lingüista francés, cuando en su libro Elementos de lingüística general plantea que:
«… no puede subsistir en una lengua nada que no aporte una contribución determinada a la comunicación y también que cada elemento del enunciado exige un esfuerzo de producción estrictamente proporcional a la función que cumple…» (1984: 223)
lunes, 16 de noviembre de 2015
EL PERIÓDICO “LA INFORMACION” Y YO
Por: Domingo Caba Ramos
Hoy el periódico La Información cumplirá nada más y nada menos que cien años de fundado. Salió a la luz pública por primera vez el 16 de noviembre de 1915, en el preciso momento en que botas extranjeras (primera ocupación norteamericana) pisoteaban nuestra soberanía. De esta fecha en adelante, y a pesar de tener circulación nacional, La Información se convirtió no solo en el diario de Santiago, sino también en el único y verdadero vocero de la región del Cibao.
En el curso de su dilatada trayectoria histórica, este medio ha estado siempre al servicio de los mejores intereses del país; pero muy especialmente al servicio de Santiago y la región cibaeña. Esto, indudablemente, ha contribuido a que el centenario diario santiagués se haya convertido igualmente en una especie de símbolo o adquirido valor iconográfico, por cuanto se percibe que Santiago es La Información y La Información es Santiago. O, lo que es lo mismo, no es posible hablar del municipio de Santiago de los Caballeros, sin aludir a los símbolos que lo representan, entre otros: el monumento, las marchantas, los coches, el río Yaque, el equipo Águilas Cibaeñas, y, por supuesto, el periódico La Información.
Desde su fundación, este órgano informativo siempre ha mostrado interés por la solución de los problemas capitales que afectan a esta zona del país, y ha fungido como el más activo medio de difusión cultural de la región cibaeña, así como de las inquietudes económicas, políticas y sociales de esta demarcación. Ha desarrollado campañas mediáticas encaminadas al logro de obras que han incidido de manera positiva en el desarrollo económico, material y cultural de Santiago, del Cibao y de la República Dominicana.
Comprometido en ejercer un periodismo responsable, objetivo, independiente y veraz, La Información ha desarrollado su línea informativa apegada a los más nobles principios éticos y al más estricto respeto a la libertad de expresión y difusión del pensamiento. Testigo de esto último he sido yo, en mi condición de articulista o colaborador por más de veinte años del antes citado medio de comunicación. Nunca se me ha coactado el derecho a publicar tal o cual artículo. Nunca un artículo mío ha dejado de publicarse por no coincidir este con la línea de pensamientos de la empresa periodística y/o de uno de los directores ( Miguel Franjul, Adriano Miguel Tejada, Apolinar Núñez, Fernando Pérez Memén y Emmanuel Castillo ) que han estado al frente de dicho periódico en el tiempo que en él llevo escribiendo , es decir, desde 1987 hasta la fecha.
MI PRIMER ARTÍCULO
A pesar de que he publicado artículos en casi todos los periódicos tradicionales dominicanos (Listín Diario, Hoy, El Nacional, Nuevo Diario, El Siglo…), así como en algunos diarios digitales (Al momento, Acento y diario55), fue en La Información donde me inicié como articulista. Ocurrió en 1988, durante la gestión del periodista Miguel Franjul. Ese primer artículo lo titulé “En torno a la primera novela dominicana”. Un hecho fortuito motivó su publicación:
En el centro de educación media donde impartía Literatura y Lengua Española (Liceo Nocturno “Tamboril”), yo había dicho en clases que la primera novela dominicana era “El montero” (Santo Domingo, 1856), de Pedro Francisco Bonó, razón por la cual a su autor había que considerarlo como el primer novelista dominicano. Días después, uno de esos inquietos alumnos que aparecen, (hoy en vía de extinción) me entregó un artículo impecablemente recortado, en cuyo texto, el destacado periodista Santiago Estrella Veloz afirmaba que la primera novela dominicana era “La joven Carmela” (Cuba, 1843), escrita por Alejandro Angulo Guridi.
-“Ahora estoy confundido”, profesor - me dijo el estudiante, con mucho respeto; pero mostrando clara su intención de que se le ofreciera una aclaración al respecto.
-“Yo reafirmo lo dicho, pero prefiero abundar acerca del contenido de ese artículo en uno mío que ya trataré de que me lo publiquen en uno de nuestros diarios. Cuando lo publique, te entregaré una copia – le dije – no sin antes felicitarlo por su inquietud y amor por la lectura.
Una semana después publiqué en La Información el texto prometido, en el que, entre otras ideas, reafirmaba que la primera novela de ambiente auténticamente dominicano era “El montero”. Que con esta se inicia la historia de la novela en la República Dominicana. Que La joven Carmela, trataba sobre la realidad cubana, no dominicana, razón por la cual, si bien debía ser considerada como la primera novela escrita por un dominicano, no calificaba como la primera novela dominicana.
De esa manera escribí mi primer artículo en la prensa dominicana, y así dejé complacido a mi curioso y siempre recordado alumno. Pienso, como también piensan muchos de mis lectores permanentes, que soy el más antiguo colaborador de este medio que hoy felizmente arriba a sus cien años de vida periodística, y al que con motivo de tan magno acontecimiento no tengo más que felicitar a la empresa que lo sustenta y a cada uno de los empleados que hacen posible su periódica edición.
Hoy el periódico La Información cumplirá nada más y nada menos que cien años de fundado. Salió a la luz pública por primera vez el 16 de noviembre de 1915, en el preciso momento en que botas extranjeras (primera ocupación norteamericana) pisoteaban nuestra soberanía. De esta fecha en adelante, y a pesar de tener circulación nacional, La Información se convirtió no solo en el diario de Santiago, sino también en el único y verdadero vocero de la región del Cibao.
En el curso de su dilatada trayectoria histórica, este medio ha estado siempre al servicio de los mejores intereses del país; pero muy especialmente al servicio de Santiago y la región cibaeña. Esto, indudablemente, ha contribuido a que el centenario diario santiagués se haya convertido igualmente en una especie de símbolo o adquirido valor iconográfico, por cuanto se percibe que Santiago es La Información y La Información es Santiago. O, lo que es lo mismo, no es posible hablar del municipio de Santiago de los Caballeros, sin aludir a los símbolos que lo representan, entre otros: el monumento, las marchantas, los coches, el río Yaque, el equipo Águilas Cibaeñas, y, por supuesto, el periódico La Información.
Desde su fundación, este órgano informativo siempre ha mostrado interés por la solución de los problemas capitales que afectan a esta zona del país, y ha fungido como el más activo medio de difusión cultural de la región cibaeña, así como de las inquietudes económicas, políticas y sociales de esta demarcación. Ha desarrollado campañas mediáticas encaminadas al logro de obras que han incidido de manera positiva en el desarrollo económico, material y cultural de Santiago, del Cibao y de la República Dominicana.
Comprometido en ejercer un periodismo responsable, objetivo, independiente y veraz, La Información ha desarrollado su línea informativa apegada a los más nobles principios éticos y al más estricto respeto a la libertad de expresión y difusión del pensamiento. Testigo de esto último he sido yo, en mi condición de articulista o colaborador por más de veinte años del antes citado medio de comunicación. Nunca se me ha coactado el derecho a publicar tal o cual artículo. Nunca un artículo mío ha dejado de publicarse por no coincidir este con la línea de pensamientos de la empresa periodística y/o de uno de los directores ( Miguel Franjul, Adriano Miguel Tejada, Apolinar Núñez, Fernando Pérez Memén y Emmanuel Castillo ) que han estado al frente de dicho periódico en el tiempo que en él llevo escribiendo , es decir, desde 1987 hasta la fecha.
MI PRIMER ARTÍCULO
A pesar de que he publicado artículos en casi todos los periódicos tradicionales dominicanos (Listín Diario, Hoy, El Nacional, Nuevo Diario, El Siglo…), así como en algunos diarios digitales (Al momento, Acento y diario55), fue en La Información donde me inicié como articulista. Ocurrió en 1988, durante la gestión del periodista Miguel Franjul. Ese primer artículo lo titulé “En torno a la primera novela dominicana”. Un hecho fortuito motivó su publicación:
En el centro de educación media donde impartía Literatura y Lengua Española (Liceo Nocturno “Tamboril”), yo había dicho en clases que la primera novela dominicana era “El montero” (Santo Domingo, 1856), de Pedro Francisco Bonó, razón por la cual a su autor había que considerarlo como el primer novelista dominicano. Días después, uno de esos inquietos alumnos que aparecen, (hoy en vía de extinción) me entregó un artículo impecablemente recortado, en cuyo texto, el destacado periodista Santiago Estrella Veloz afirmaba que la primera novela dominicana era “La joven Carmela” (Cuba, 1843), escrita por Alejandro Angulo Guridi.
-“Ahora estoy confundido”, profesor - me dijo el estudiante, con mucho respeto; pero mostrando clara su intención de que se le ofreciera una aclaración al respecto.
-“Yo reafirmo lo dicho, pero prefiero abundar acerca del contenido de ese artículo en uno mío que ya trataré de que me lo publiquen en uno de nuestros diarios. Cuando lo publique, te entregaré una copia – le dije – no sin antes felicitarlo por su inquietud y amor por la lectura.
Una semana después publiqué en La Información el texto prometido, en el que, entre otras ideas, reafirmaba que la primera novela de ambiente auténticamente dominicano era “El montero”. Que con esta se inicia la historia de la novela en la República Dominicana. Que La joven Carmela, trataba sobre la realidad cubana, no dominicana, razón por la cual, si bien debía ser considerada como la primera novela escrita por un dominicano, no calificaba como la primera novela dominicana.
De esa manera escribí mi primer artículo en la prensa dominicana, y así dejé complacido a mi curioso y siempre recordado alumno. Pienso, como también piensan muchos de mis lectores permanentes, que soy el más antiguo colaborador de este medio que hoy felizmente arriba a sus cien años de vida periodística, y al que con motivo de tan magno acontecimiento no tengo más que felicitar a la empresa que lo sustenta y a cada uno de los empleados que hacen posible su periódica edición.
jueves, 12 de noviembre de 2015
DE LA ACCIÓN SUICIDA A LA DESPECTIVA Y/O CONDENATORIA CALIFICACIÓN
Por : Domingo Caba Ramos
La frecuencia de los suicidios aumenta en nuestro país cada día más.
¿Por qué se suicida la gente?
El mundo mental de quienes deciden "quitarse la vida" está poblado de tormentos y preocupaciones cuya dimensión solo ellos conocen. Por esa razón, para quien ignora lo que está pasando en ese mundo, es muy fácil, desde su tranquilidad existencial, condenar con irrespetuosos calificativos a todo aquel que decide suicidarse. En lugar de calificar y condenar al suicida, tal vez lo más sensato sería lamentar el hecho y desentrañar las causas profundas que lo llevaron a optar por tan trágico desenlace.
¿Por qué se suicida la gente?
El mundo mental de quienes deciden "quitarse la vida" está poblado de tormentos y preocupaciones cuya dimensión solo ellos conocen. Por esa razón, para quien ignora lo que está pasando en ese mundo, es muy fácil, desde su tranquilidad existencial, condenar con irrespetuosos calificativos a todo aquel que decide suicidarse. En lugar de calificar y condenar al suicida, tal vez lo más sensato sería lamentar el hecho y desentrañar las causas profundas que lo llevaron a optar por tan trágico desenlace.
Quien no ha padecido una enfermedad terminal, por ejemplo, ¿podrá imaginarse los pensamientos que invaden la mente del paciente después que su médico le ha dicho que padece de cáncer? En lo que a la República Dominicana respecta, no debemos olvidar, igualmente, que la nuestra es aún una sociedad tradicional matizada por evidentes rasgos aldeanos o en la que priman valores generadores de sentimientos de culpa y vergüenza no siempre racionalmente soportables, y de los cuales muchas mentes tratan de liberarse por la vía del suicidio.
En sociedades así, pesa mucho el parecer o “el qué dirán” de los demás, razón por la cual atormenta o perturba la mente cualquier acto que manche el honor individual y familiar, por considerarlo violatorio a las normas de la moral y de las buenas costumbres. En ese tipo de sociedades, en las que late el alma del suburbio y la cultura del vecindario, es muy común juzgar, criticar, descalificar y emitir juicios de valor acerca de situaciones y comportamientos humanos cuya verdadera esencia el crítico ignora por completo.
Es en ese contexto en el que suelen externarse las críticas más despiadadas en contra de quienes abrumados por la angustia y la impotencia deciden ponerles fin a sus vidas. Quienes adoptan tan desaconsejable conducta lingüística quizás olvidaron, y sería importante que en todo momento recuerden, la sabia lección contenida en uno de nuestros más famosos y populares refranes: "El corazón de la auyama, solo lo sabe el cullillo"
En sociedades así, pesa mucho el parecer o “el qué dirán” de los demás, razón por la cual atormenta o perturba la mente cualquier acto que manche el honor individual y familiar, por considerarlo violatorio a las normas de la moral y de las buenas costumbres. En ese tipo de sociedades, en las que late el alma del suburbio y la cultura del vecindario, es muy común juzgar, criticar, descalificar y emitir juicios de valor acerca de situaciones y comportamientos humanos cuya verdadera esencia el crítico ignora por completo.
Es en ese contexto en el que suelen externarse las críticas más despiadadas en contra de quienes abrumados por la angustia y la impotencia deciden ponerles fin a sus vidas. Quienes adoptan tan desaconsejable conducta lingüística quizás olvidaron, y sería importante que en todo momento recuerden, la sabia lección contenida en uno de nuestros más famosos y populares refranes: "El corazón de la auyama, solo lo sabe el cullillo"
jueves, 22 de octubre de 2015
LA TRIPLE CORONA DE SALOME UREÑA.
Por : Domingo Caba Ramos.
Salomé Ureña de Henríquez
Ayer, 21 de octubre , el mundo literario dominicano recordó con diversos actos el nacimiento de una de las más insignes mujeres nacidas en tierra dominicana: doña Salomé Ureña de Henríquez (1850-1897) Y es que a Salomé los dominicanos, necesariamente, tenemos que recordarla siempre, porque fue mucho lo que esta noble educadora y brillante poetisa realizó en beneficio del pueblo dominicano. En otras palabras, fue mucho lo que esta honorable mujer le brindó a la patria de sus amores.
Hija del educador, poeta y escritor, Nicolás Ureña de Mendoza, Salomé Ureña de Henríquez es una de las figuras estelares de la poesía dominicana del siglo x1x y pionera de la educación femenina de carácter formal en nuestro país. Fue ella quien fundó el centro académico, Instituto de Señoritas, donde se graduaron las primeras maestras del país, y fue ella la que compuso los más bellos y significativos versos de carácter patriótico hasta ahora conocidos en la historia de la literatura dominicana.
Esposa del también poeta y escritor don Francisco Henríquez y Carvajal, a Salomé Ureña no le bastó con ofrecerle al país su ingente obra poética y educativa. Además de eso, le brindó a su patria y al mundo americano tres glorias de la educación y las letras hispanoamericanas: Max, Camila y Pedro Henríquez Ureña.
Maximiliano ( Max ) Henríquez Ureña (1885-1969) – Escritor, ensayista, novelista, cuentista, crítico literario, poeta, profesor de Literatura en Cuba, diplomático y doctor en Filosofía y Letras. En nuestro país fue Superintendente General de Enseñanza, Secretario de Interior y Policía y miembro de la Academia Dominicana de la Lengua. Entre sus estudios acerca de la cutura hispanoamericana figuran : " Panorama histórico de la literatura dominicana" ( Tomos 1 y 2 , Río de Janeiro, 1945), " Panorama histórico de la literatura cubana" ( Puerto Rico, 1963 ) y " Breve historia del Modernismo" ( México, 1964 ). En Cuba residió durante muchos años. Por esa razón,la mayor parte de escritos versan acerca de la cultura y la literatura de esta patria antillana.
Camila Henríquez Ureña (1894-1973) – Ensayista, educadora y crítica literaria. Graduada de Doctora en Filosofía y Letras en Cuba, también cursó estudios en las universidades de Minesota y Columbia, en los Estados Unidos. Ejerció como maestra de Lenguas y Literatura tanto en La Habana como en universidades norteamericanas. Vivió en La Habana, Cuba, desde niña hasta días antes de su muerte, acaecida en República Dominicana de manera repentina el 12 de septiembre de 1973, cuando se encontraba de visita en la tierra que la vio nacer. Publicó, entre otros, los libros : "Ideas pedagógicas de Eugenio María de Hostos" ( Santo Domingo, 1932 ), "Invitación a la lectura" ( La Habana, 1954 ), " Apreciación literaria" ( La Habana, 1964 ), " Feminismo y otros temas sobre la mujer en sociedad" ( Santo Domingo, 1985 )
Pedro Henríquez Ureña ( 1884-1946 ) – Ensayista, educador, poeta, dramaturgo, narrador, lingüista, filólogo , humanista, abogado y doctor en Filosofía y Letras, está considerado no sólo como una de las grandes glorias de la educación continental, sino también como uno de los más respetados escritores de la literatura hispanoamericana. Se trata del más notable y universal de los humanistas dominicanos. Ejerció como educador en las famosas universidades norteamericanas de Minesota, Chicago, California y Harvard ; pero fue en México y Argentina donde su labor docente se llevó a cabo por más años y de manera permanente. Entre sus más importantes libros se destacan : " Es español en Santo Domingo", " Gramática Castellana", " Seis ensayo en busca de nuestra expresión ", "Santo Domingo y las letras coloniales", " Corrientes literarias en Hispanoamérica" y " Apuntaciones de la novela en América"
Todos estos ilustres hijos emanaron del vientre bendito de doña Salomé, así como emanaron de su fértil vientre poético los más ingeniosos versos, y de su mente productiva, los más edificantes proyectos educativos.
Maestra que contribuyó con sus valiosos aportes en el proceso de reforma y desarrollo de la escuela dominicana; madre que trajo al mundo a tres preclaros representantes de la educación y las letras hispanoamericanas y poetisa que nos dejó los primeros poemas de mayor relieve de la literatura dominicana, en eso consiste la triple corona de esa inmensa mujer dominicana llamada Salomé Ureña de Henríquez.
Salomé Ureña de Henríquez
Ayer, 21 de octubre , el mundo literario dominicano recordó con diversos actos el nacimiento de una de las más insignes mujeres nacidas en tierra dominicana: doña Salomé Ureña de Henríquez (1850-1897) Y es que a Salomé los dominicanos, necesariamente, tenemos que recordarla siempre, porque fue mucho lo que esta noble educadora y brillante poetisa realizó en beneficio del pueblo dominicano. En otras palabras, fue mucho lo que esta honorable mujer le brindó a la patria de sus amores.
Hija del educador, poeta y escritor, Nicolás Ureña de Mendoza, Salomé Ureña de Henríquez es una de las figuras estelares de la poesía dominicana del siglo x1x y pionera de la educación femenina de carácter formal en nuestro país. Fue ella quien fundó el centro académico, Instituto de Señoritas, donde se graduaron las primeras maestras del país, y fue ella la que compuso los más bellos y significativos versos de carácter patriótico hasta ahora conocidos en la historia de la literatura dominicana.
Esposa del también poeta y escritor don Francisco Henríquez y Carvajal, a Salomé Ureña no le bastó con ofrecerle al país su ingente obra poética y educativa. Además de eso, le brindó a su patria y al mundo americano tres glorias de la educación y las letras hispanoamericanas: Max, Camila y Pedro Henríquez Ureña.
Maximiliano ( Max ) Henríquez Ureña (1885-1969) – Escritor, ensayista, novelista, cuentista, crítico literario, poeta, profesor de Literatura en Cuba, diplomático y doctor en Filosofía y Letras. En nuestro país fue Superintendente General de Enseñanza, Secretario de Interior y Policía y miembro de la Academia Dominicana de la Lengua. Entre sus estudios acerca de la cutura hispanoamericana figuran : " Panorama histórico de la literatura dominicana" ( Tomos 1 y 2 , Río de Janeiro, 1945), " Panorama histórico de la literatura cubana" ( Puerto Rico, 1963 ) y " Breve historia del Modernismo" ( México, 1964 ). En Cuba residió durante muchos años. Por esa razón,la mayor parte de escritos versan acerca de la cultura y la literatura de esta patria antillana.
Camila Henríquez Ureña (1894-1973) – Ensayista, educadora y crítica literaria. Graduada de Doctora en Filosofía y Letras en Cuba, también cursó estudios en las universidades de Minesota y Columbia, en los Estados Unidos. Ejerció como maestra de Lenguas y Literatura tanto en La Habana como en universidades norteamericanas. Vivió en La Habana, Cuba, desde niña hasta días antes de su muerte, acaecida en República Dominicana de manera repentina el 12 de septiembre de 1973, cuando se encontraba de visita en la tierra que la vio nacer. Publicó, entre otros, los libros : "Ideas pedagógicas de Eugenio María de Hostos" ( Santo Domingo, 1932 ), "Invitación a la lectura" ( La Habana, 1954 ), " Apreciación literaria" ( La Habana, 1964 ), " Feminismo y otros temas sobre la mujer en sociedad" ( Santo Domingo, 1985 )
Pedro Henríquez Ureña ( 1884-1946 ) – Ensayista, educador, poeta, dramaturgo, narrador, lingüista, filólogo , humanista, abogado y doctor en Filosofía y Letras, está considerado no sólo como una de las grandes glorias de la educación continental, sino también como uno de los más respetados escritores de la literatura hispanoamericana. Se trata del más notable y universal de los humanistas dominicanos. Ejerció como educador en las famosas universidades norteamericanas de Minesota, Chicago, California y Harvard ; pero fue en México y Argentina donde su labor docente se llevó a cabo por más años y de manera permanente. Entre sus más importantes libros se destacan : " Es español en Santo Domingo", " Gramática Castellana", " Seis ensayo en busca de nuestra expresión ", "Santo Domingo y las letras coloniales", " Corrientes literarias en Hispanoamérica" y " Apuntaciones de la novela en América"
Todos estos ilustres hijos emanaron del vientre bendito de doña Salomé, así como emanaron de su fértil vientre poético los más ingeniosos versos, y de su mente productiva, los más edificantes proyectos educativos.
Maestra que contribuyó con sus valiosos aportes en el proceso de reforma y desarrollo de la escuela dominicana; madre que trajo al mundo a tres preclaros representantes de la educación y las letras hispanoamericanas y poetisa que nos dejó los primeros poemas de mayor relieve de la literatura dominicana, en eso consiste la triple corona de esa inmensa mujer dominicana llamada Salomé Ureña de Henríquez.
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