Por: Domingo Caba Ramos
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La vacilación lingüística en que se incurre cuando se utilizan los dobletes genéricos se pone de manifiesto tanto en la lengua oral como escrita. En el caso específico de la escritura, en la República Dominicana abundan los textos en los que tal inconsistencia brilla por su recurrente presencia. Dos de estos textos, ambos de carácter legislativo, permiten validar el juicio precedente: El Código del menor y la Constitución de la República.
En uno y otro, los desdoblamientos son cuantiosos. En uno y otro texto se percibe una clara vocación de usar la lengua con visión o perspectiva de género. En uno y otro es posible apreciar cómo en un mismo párrafo y hasta en un mismo enunciado se pasa de la doble expresión genérica a la sola mención del masculino. Veamos:
1. En el Código para el sistema de protección y los derechos fundamentales de niños, niñas y adolescentes, mejor conocido como Código del menor (CM), en el PRINCIPIO VIII, se lee lo siguiente:
« El padre y la madre tienen responsabilidades y obligaciones comunes e iguales en lo que respecta al cuidado, desarrollo, educación y protección integral de sus hijos e hijas.»
Más adelante, en el Art. 4, se establece que:
«A tal efecto, el médico o el personal de salud que atienda el nacimiento está obligado, en un plazo no mayor de doce (12) horas, después que se produzca éste, a entregar una constancia del mismo a sus padres o responsables, previamente identificados, remitiendo otra constancia a las autoridades
Responsables de su registro oficial»
¿Por qué en el Principio VIII del antes citado Código se habla de “El padre y la madre”, mientras que en el Art. 4 el legislador se refiere solo “a sus padres”?
2. «Art. 9.- (CM) - El padre y la madre, el tutor o responsable, no pueden, salvo motivos graves, oponerse a las relaciones personales del niño, niña o adolescente con sus abuelos»
¿Por qué en el anterior artículo solo se menciona el tutor, y no la tutora, “sus abuelos”, y no sus abuelas?
3. « Art. 14.- (CM) - Los profesionales y funcionarios de las áreas de la salud, pedagogía, sicología, trabajo social y agentes del orden público, directores y funcionarios, tanto públicos como privados…»
¿Por qué en este artículo se emplean solo las formas del tan combatido masculino genérico: “Los profesionales”, “funcionarios”, “directores…” y no se alude a las inclusivas y reivindicativas formas del femenino: las profesionales, funcionarias, directoras…?
4. « Art. 16.- (CM) - Todos los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a expresar libremente su opinión, ser escuchados y tomados en cuenta, de acuerdo a su etapa progresiva de desarrollo»
Si se trata también de “niñas”, ¿no se incurre en discordancia al decir que estas deben ser “escuchados y tomados en cuenta”, cuando en virtud de la lógica antisexista e ideología feminista lo adecuado hubiera sido que se escribiera “escuchados o escuchadas y tomados o tomadas en cuenta…”?
5. «Art. 23.- Queda absolutamente prohibida la entrada a niños, niñas y adolescentes en establecimientos comerciales donde se consuman bebidas alcohólicas, casas de juegos y de apuestas. Los propietarios de dichos
establecimientos estarán obligados a colocar en un lugar visible a la entrada del local la advertencia de prohibición de admisión de niños, niñas y adolescentes»
¿Por qué si se dobla el género, expresando de esa manera “niños y niñas”, no se procedió de igual informa escribiendo « Los propietarios y propietarias de dichos establecimientos estarán obligados y obligadas…»?
6. El Art. 18, numeral 3 de nuestra Carta Magna, establece que «Son dominicanas y dominicanos»:
a) NUMERAL3 - «Las personas nacidas en territorio nacional, con excepción de los hijos e hijas de extranjeros miembros de legaciones diplomáticas y consulares, de extranjeros que se hallen en tránsito o residan ilegalmente en territorio dominicano. Se considera persona en tránsito a toda extranjera o extranjero definido como tal en las leyes dominicanas»
Nótese cómo en el primer enunciado del preindicado artículo se habla solo de “extranjeros”, así, en el satanizado masculino genérico; mientras que en el segundo aparece la doble mención genérica “extranjera o extranjero…”
b) NUMERAL 4- «Los nacidos en el extranjero, de padre o madre dominicanos, no obstante haber adquirido, por el lugar de nacimiento, una nacionalidad distinta a la de sus padres…»
¿Por qué se emplea de manera exclusiva la forma masculina “nacidos” y no la femenina “nacidas”? ¿Por qué al inicio de la frase se alude doblemente a “padre o madre dominicanos”, mientras que al final se refiere solo al sintagma masculino “sus padres”?
NUMERAL 6 - «Los descendientes directos de dominicanos residentes en el exterior»
¿Por qué el redactor olvidó doblar los géneros en el precitado contenido de nuestro texto constitucional? En otras palabras, ¿por qué no escribió, “Los y las descendientes directos de dominicanos y dominicanos residentes en el exterior”, evitando así el “sexismo discursivo” que se le atribuye al masculino genérico? ¿Por qué ocurren estas y otras vacilaciones al utilizar los desdoblamientos genéricos?¿Por qué a los cultores, defensores y promotores de la llamada lengua no sexista se le hace tan difícil mantener el discurso incluyente o antimasculino?
Posiblemente se deba al carácter artificial o poco natural de esa forma de hablar. O, como ya expresé en otro ensayo de esta naturaleza, la inconsistencia en el uso de los dobletes genéricos se origina, «Sencillamente, porque el hablante que así procede no tiene internalizada en su cerebro esa estructura sintáctica, esto es, los desdoblamientos; porque actúa movido por la moda, por la imitación, sin conciencia lingüística, por presión, para evitar la etiqueta de machista, o quizás, para estar bien o no entrar en contradicción con el movimiento feminista»
viernes, 9 de octubre de 2015
domingo, 4 de octubre de 2015
FAUSTO GERMOSÉN : MAESTRO Y MUNÍCIPE EJEMPLAR
Por : Domingo Caba Ramos
Profesor Fausto Germosén ( 1928 - 1995 )
(Texto del panegírico leído por el autor en la misa de cuerpo presente celebrada en la iglesia San Rafael, de Tamboril, el 22 de mayo de 1995, con motivo de la muerte del profesor Fausto Germosén. Al cumplirse recientemente el vigésimo aniversario de tan sentido fallecimiento, nos permitimos reproducir y compartir el contenido de dicho texto con los amables lectores )
«¡HASTA LUEGO MAESTRO!»
“La muerte no viene más de una vez, pero se deja sentir en todos los momentos de la vida”
(La Bruyere)
«Esta tarde nos hemos reunido en este apacible y sagrado templo, para despedir o dar el último adiós al amigo, al compañero de trabajo, al munícipe, al servidor de la iglesia y al profesor del municipio de Tamboril. Aquí estamos para despedir al maestro Fausto Germosén.
En el mismo corazón de su patria chica, Tamboril, nació Fausto Guarionex Germosén, el día 20 de septiembre de 1928, en el seno de una familia que en el plano artístico siempre se ha distinguido por su natural y tradicional afición al arte musical.
Cursó los estudios primarios e intermedios en la Escuela “Sergio Hernández” de su pueblo natal, en tanto que los secundarios los realizó en el Liceo Secundario “Ulises Francisco Espaillat” (UFE), de la ciudad de Santiago.
El 30 de septiembre de 1950 obtuvo el título de bachiller en Ciencias Físicas y Matemáticas, y en 1966 se gradúa de Maestro de Primera Enseñanza en la Escuela Superior “Emilio Prud - Homme”, de Santiago.
Becado por la Agencia para el Desarrollo (AID), viajó en 1963 a la isla hermana de Puerto Rico para participar de un curso de formación docente impartido en la Universidad de Río Piedras.
Además del español, hablaba y escribía inglés, un idioma que logró aprender en el Instituto Cultural Domínico Americano y perfeccionar mediante la práctica y lectura constante.
Su ingreso al servicio educativo se llevó a cabo el día 10 de marzo de 1952, fecha en que se le designó profesor de la Escuela “Sergio Hernández”, institución en la que se mantuvo activo por espacio de casi cuarenta años.
Contribuyó de manera decidida en el proceso de fundación del Liceo Nocturno “Tamboril” (1972), de cuyo equipo docente formó parte hasta el mismo instante de su muerte, y también fue uno de los fundadores del Colegio “Adán Aguilar”, centro hacia el cual se disponía presentarse a impartir clases minutos antes de su fallecimiento.
Su indiscutible capacidad, competencia y alto sentido de la responsabilidad fueron las cualidades que conformaron el sello característico de su fructífero y dilatado ejercicio magisterial.
Casi nunca faltaba al trabajo. Casi nunca llegaba tarde. Nadie como él era tan puntual. Nadie como él era tan positivo y colaborador, no sólo con quienes fuimos sus compañeros de trabajo, sino también con sus alumnos a quienes fuera del horario oficial de clases solía ofrecer sus sabias orientaciones o sus oportunas explicaciones, siempre en forma gratuita.
En lo personal fue un ser fuera de lo común.
Jamás le escuché murmurar o pronunciar un solo calificativo en contra de persona alguna. Parece que las palabras labradoras o destructoras de imágenes ajenas, jamás pudieron encontrar espacio en el repertorio lingüístico del veterano educador tamborileño.
Así, señoras y señores, era Fausto Germosén.
Así, señoras y señores, tenemos que darlo a conocer en un medio en que se acostumbra a opacar las virtudes de los hombres para sólo ver fallas, errores y sombras en el comportamiento humano.
Ya lo dijo el gran poeta y patriota cubano José Martí:
“Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz.”
Nosotros, Fausto, no queremos ser ingratos contigo. Y en tal virtud, preferimos ignorar las escasas sombras que talvez giraron alrededor de tu ser y en cambio destacar los rayos luminosos que bordearon tu existencia.
Cuando supe de tu muerte, Fausto, a mis labios afloró la misma interrogante que pronunciara el brillante bardo nicaragüense Rubén Darío, cuando al enterarse de que José Martí, uno de los precursores del movimiento literario por aquel fundado había muerto en combate, preguntó casi en forma automática: “¿Maestro, que has hecho?”
Cuando me enteré de tu muerte, Fausto, igualmente se me ocurrió preguntar: ¿Por qué, maestro, decidiste abandonar tan de repente este complejo pero agradable mundo de los mortales?
Hasta ese momento estuve convencido de que en verdad existían muertes repentinas, quizás porque había olvidado las sentenciosas palabras de ese genio del verso español llamado Francisco Quevedo y Villegas y las cuales yacen resumidas en el siguiente cuestionamiento:
“¿Cómo puede morirse de repente quien desde que nace ve que va corriendo la vida, y lleva consigo la muerte?”
En este doloroso y triste momento, Fausto Germosén, nos encontramos aquí, no para decirte adiós, sino para expresar con solemne y esperanzador acento:
Hasta Luego Maestro. Hasta luego Maestro, te dicen tus amigos, parientes y relacionados.
Hasta luego Maestro, te dicen los profesores y alumnos del Liceo Nocturno “Tamboril”, de la Escuela “Sergio Hernández” y del Colegio “Adán Aguilar”.
Hasta luego Maestro, te dice ese ejército de estudiantes que lograste formar durante tu larga carrera docente.
Hasta luego Maestro, te dice el personal de la iglesia San Rafael, a la cual de manera desinteresada serviste por muchos años.
Hasta luego Maestro, te dice el pueblo de Tamboril.
Que tus restos gocen del descanso eterno y sean siempre iluminados por las mismas luces con las que tú supiste alumbrar las mentes oscuras de tantas generaciones de niños, adolescentes, jóvenes y adultos.
Inclinados reverentemente frente a tu cadáver, nos despedimos de ti con las mismas palabras utilizadas por Salomé Ureña para honrar la memoria del eximio pensador y educador puertorriqueño, Eugenio María de Hostos:
“Te vas, pero germinará la simiente que dejas en el surco y los frutos del porvenir se fecundarán con las sabias de tus doctrinas pedagógicas. Adiós! Cuando en las horas tranquilas que te esperan bajo otro cielo, acuda a tu memoria un pensamiento de amargura en el cual palpite el nombre de mi patria, piensa también que hay en ella corazones amigos que te recuerdan y almas agradecidas que te bendicen”»
DOMINGO CABA RAMOS
Tamboril,Stgo
22/5/1995
(Publicado en el diario La Información el 4 de junio del 1995)
Profesor Fausto Germosén ( 1928 - 1995 )
(Texto del panegírico leído por el autor en la misa de cuerpo presente celebrada en la iglesia San Rafael, de Tamboril, el 22 de mayo de 1995, con motivo de la muerte del profesor Fausto Germosén. Al cumplirse recientemente el vigésimo aniversario de tan sentido fallecimiento, nos permitimos reproducir y compartir el contenido de dicho texto con los amables lectores )
«¡HASTA LUEGO MAESTRO!»
“La muerte no viene más de una vez, pero se deja sentir en todos los momentos de la vida”
(La Bruyere)
«Esta tarde nos hemos reunido en este apacible y sagrado templo, para despedir o dar el último adiós al amigo, al compañero de trabajo, al munícipe, al servidor de la iglesia y al profesor del municipio de Tamboril. Aquí estamos para despedir al maestro Fausto Germosén.
En el mismo corazón de su patria chica, Tamboril, nació Fausto Guarionex Germosén, el día 20 de septiembre de 1928, en el seno de una familia que en el plano artístico siempre se ha distinguido por su natural y tradicional afición al arte musical.
Cursó los estudios primarios e intermedios en la Escuela “Sergio Hernández” de su pueblo natal, en tanto que los secundarios los realizó en el Liceo Secundario “Ulises Francisco Espaillat” (UFE), de la ciudad de Santiago.
El 30 de septiembre de 1950 obtuvo el título de bachiller en Ciencias Físicas y Matemáticas, y en 1966 se gradúa de Maestro de Primera Enseñanza en la Escuela Superior “Emilio Prud - Homme”, de Santiago.
Becado por la Agencia para el Desarrollo (AID), viajó en 1963 a la isla hermana de Puerto Rico para participar de un curso de formación docente impartido en la Universidad de Río Piedras.
Además del español, hablaba y escribía inglés, un idioma que logró aprender en el Instituto Cultural Domínico Americano y perfeccionar mediante la práctica y lectura constante.
Su ingreso al servicio educativo se llevó a cabo el día 10 de marzo de 1952, fecha en que se le designó profesor de la Escuela “Sergio Hernández”, institución en la que se mantuvo activo por espacio de casi cuarenta años.
Contribuyó de manera decidida en el proceso de fundación del Liceo Nocturno “Tamboril” (1972), de cuyo equipo docente formó parte hasta el mismo instante de su muerte, y también fue uno de los fundadores del Colegio “Adán Aguilar”, centro hacia el cual se disponía presentarse a impartir clases minutos antes de su fallecimiento.
Su indiscutible capacidad, competencia y alto sentido de la responsabilidad fueron las cualidades que conformaron el sello característico de su fructífero y dilatado ejercicio magisterial.
Casi nunca faltaba al trabajo. Casi nunca llegaba tarde. Nadie como él era tan puntual. Nadie como él era tan positivo y colaborador, no sólo con quienes fuimos sus compañeros de trabajo, sino también con sus alumnos a quienes fuera del horario oficial de clases solía ofrecer sus sabias orientaciones o sus oportunas explicaciones, siempre en forma gratuita.
En lo personal fue un ser fuera de lo común.
Jamás le escuché murmurar o pronunciar un solo calificativo en contra de persona alguna. Parece que las palabras labradoras o destructoras de imágenes ajenas, jamás pudieron encontrar espacio en el repertorio lingüístico del veterano educador tamborileño.
Así, señoras y señores, era Fausto Germosén.
Así, señoras y señores, tenemos que darlo a conocer en un medio en que se acostumbra a opacar las virtudes de los hombres para sólo ver fallas, errores y sombras en el comportamiento humano.
Ya lo dijo el gran poeta y patriota cubano José Martí:
“Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz.”
Nosotros, Fausto, no queremos ser ingratos contigo. Y en tal virtud, preferimos ignorar las escasas sombras que talvez giraron alrededor de tu ser y en cambio destacar los rayos luminosos que bordearon tu existencia.
Cuando supe de tu muerte, Fausto, a mis labios afloró la misma interrogante que pronunciara el brillante bardo nicaragüense Rubén Darío, cuando al enterarse de que José Martí, uno de los precursores del movimiento literario por aquel fundado había muerto en combate, preguntó casi en forma automática: “¿Maestro, que has hecho?”
Cuando me enteré de tu muerte, Fausto, igualmente se me ocurrió preguntar: ¿Por qué, maestro, decidiste abandonar tan de repente este complejo pero agradable mundo de los mortales?
Hasta ese momento estuve convencido de que en verdad existían muertes repentinas, quizás porque había olvidado las sentenciosas palabras de ese genio del verso español llamado Francisco Quevedo y Villegas y las cuales yacen resumidas en el siguiente cuestionamiento:
“¿Cómo puede morirse de repente quien desde que nace ve que va corriendo la vida, y lleva consigo la muerte?”
En este doloroso y triste momento, Fausto Germosén, nos encontramos aquí, no para decirte adiós, sino para expresar con solemne y esperanzador acento:
Hasta Luego Maestro. Hasta luego Maestro, te dicen tus amigos, parientes y relacionados.
Hasta luego Maestro, te dicen los profesores y alumnos del Liceo Nocturno “Tamboril”, de la Escuela “Sergio Hernández” y del Colegio “Adán Aguilar”.
Hasta luego Maestro, te dice ese ejército de estudiantes que lograste formar durante tu larga carrera docente.
Hasta luego Maestro, te dice el personal de la iglesia San Rafael, a la cual de manera desinteresada serviste por muchos años.
Hasta luego Maestro, te dice el pueblo de Tamboril.
Que tus restos gocen del descanso eterno y sean siempre iluminados por las mismas luces con las que tú supiste alumbrar las mentes oscuras de tantas generaciones de niños, adolescentes, jóvenes y adultos.
Inclinados reverentemente frente a tu cadáver, nos despedimos de ti con las mismas palabras utilizadas por Salomé Ureña para honrar la memoria del eximio pensador y educador puertorriqueño, Eugenio María de Hostos:
“Te vas, pero germinará la simiente que dejas en el surco y los frutos del porvenir se fecundarán con las sabias de tus doctrinas pedagógicas. Adiós! Cuando en las horas tranquilas que te esperan bajo otro cielo, acuda a tu memoria un pensamiento de amargura en el cual palpite el nombre de mi patria, piensa también que hay en ella corazones amigos que te recuerdan y almas agradecidas que te bendicen”»
DOMINGO CABA RAMOS
Tamboril,Stgo
22/5/1995
(Publicado en el diario La Información el 4 de junio del 1995)
jueves, 1 de octubre de 2015
VACILACIÓN EN EL USO DE LA LENGUA NO SEXISTA
Por: Domingo Caba Ramos
( A mi excondiscípulo y hermano, Lic. Eddy Samuel Álvarez)
1 de 2
La lengua española, según el criterio feminista, es machista, sexista, discriminatoria y, por ser así, androcéntrica, porque a la vez que destaca el protagonismo masculino, infravalora, “invisibiliza”, excluye y oculta la presencia de la mujer. Porque a través de ella (la lengua) se incurre en sexismo lingüístico, toda vez que los hablantes utilizan expresiones que resultan discriminatorias por razones de sexo. De esa manera, al decir de las líderes feministas y demás defensores de la llamada “lengua con perspectiva de género” , se ha institucionalizado una forma de hablar y escribir que muy lejos de representar a las mujeres, las excluye del discurso y oculta sus aportaciones.
Consideran que se establece una relación de subordinación de la mujer al hombre o de lo femenino a lo masculino cuando este se emplea para referirse a los dos sexos ( masculino genérico ) Es lo que sucede en frases del tipo :
« El Estado dominicano presta poca atención a los maestros jubilados»
Ciertamente, el precedente enunciado , y en virtud del carácter no marcado del masculino, incluye también a las maestras jubiladas; pero las aguerridas representantes del ala ortodoxa y radical del movimiento feminista, posiblemente ripostarán alegando que no, que en él solo se alude a los maestros, no a las maestras. Y que por usos de esa naturaleza es que el masculino genérico le imprime al idioma español su sello de sexista y machista.
Se trata el anterior, vale precisar, de un planteamiento de cuyo contenido disentimos por considerarlo clasista , ideológico y carente por completo de fundamentación lingüística. Tampoco compartimos los diferentes postulados que sustentan el antisexismo o la campaña en pos del uso de una lengua española sexualmente igualitaria.
Para extinguir el valor genérico del masculino y liberar la lengua española de los usos sexistas o estereotipos discriminatorios que le atribuye el feminismo, este movimiento propone, entre otras recomendaciones, el uso de dobletes que se refieran a uno y otro sexo. Así, en lugar de « El Estado dominicano presta poca atención a los maestros jubilados», habría que escribir :
1. « El Estado dominicano presta poca atención a los maestros jubilados y a las maestras jubiladas»
2. « El Estado dominicano presta poca atención a los y las maestros y maestras jubilados y jubiladas»
¿Por qué razón?
Sencillamente porque si se dobla el género de los sustantivos núcleos de la frase, también hay que hacerlo con los artículos que a ellos se anteponen y con los adjetivos que los acompañan para calificar, limitar o precisar sus significados. De manera que si en “lengua sexista” se dice, por ejemplo:
1. «Esos ciudadanos dominicanos…»
2. « En el campamento había unos niños muy disciplinados…»
En legua no sexista o con perspectiva de género no solo bastaría escribir:
1. «Esos y esas ciudadanos y ciudadanas dominicanos…»
2. « En el campamento había unos y unas niños y niñas muy disciplinados…»
Para complacer a las persistentes defensoras del antisexismo y construir una frase despojada de todo ropaje machista, lo aceptable hubiera sido expresar:
1. «Esos y esas ciudadanos y ciudadanas dominicanos y dominicanas…»
2. « En el campamento había unos y unas niños y niñas muy disciplinados y disciplinadas…»
¿A qué conduce esa forma de hablar? ¿Cuáles son los resultados lingüísticos derivados de esa doble mención genérica?
Aludir a los dos sexos (todos y todas; bienvenidos y bienvenidas; ciudadanos y ciudadanas…) para sacar a la mujer de la supuesta “marginación discursiva”, constituye para la Real Academia Española (RAE) una “innecesaria costumbre” provocadora de “engorrosas” y, afirmo yo, tormentosas repeticiones que, indiscutiblemente, le restan fluidez y belleza a la expresión lingüística. Una práctica que conduce al uso de una construcción sintáctica pesada, monótona, oscura, farragosa, artificial y poco comunicativa.
Pero no solo eso.
El uso de la doble expresión genérica conduce a la violación de las reglas del idioma, especialmente de la concordancia, así como del principio de economía lingüística. Nótese, a propósito de esto último, lo antieconómica, cursi, ridícula y aburrida que resultaría cualquier construcción discursiva del tipo:
« Los banilejos y las banilejas son ciudadanos y ciudadanas emprendedores y emprendedoras»
Quizás por esa razón, el discurso antisexista, como intentaremos demostrar en la siguiente y última entrega , no se mantiene, se vacila en su empleo. Esa inconsistencia origina que en ocasiones se doblen los géneros solo en el sustantivo, pero no en el adjetivo que lo califica (“Compañeros y compañeras combativos”) o que el hablante utilice la misma palabra con distinción de género en un contexto, mientras que en otro solo emplea la forma masculina.
( A mi excondiscípulo y hermano, Lic. Eddy Samuel Álvarez)
1 de 2
La lengua española, según el criterio feminista, es machista, sexista, discriminatoria y, por ser así, androcéntrica, porque a la vez que destaca el protagonismo masculino, infravalora, “invisibiliza”, excluye y oculta la presencia de la mujer. Porque a través de ella (la lengua) se incurre en sexismo lingüístico, toda vez que los hablantes utilizan expresiones que resultan discriminatorias por razones de sexo. De esa manera, al decir de las líderes feministas y demás defensores de la llamada “lengua con perspectiva de género” , se ha institucionalizado una forma de hablar y escribir que muy lejos de representar a las mujeres, las excluye del discurso y oculta sus aportaciones.
Consideran que se establece una relación de subordinación de la mujer al hombre o de lo femenino a lo masculino cuando este se emplea para referirse a los dos sexos ( masculino genérico ) Es lo que sucede en frases del tipo :
« El Estado dominicano presta poca atención a los maestros jubilados»
Ciertamente, el precedente enunciado , y en virtud del carácter no marcado del masculino, incluye también a las maestras jubiladas; pero las aguerridas representantes del ala ortodoxa y radical del movimiento feminista, posiblemente ripostarán alegando que no, que en él solo se alude a los maestros, no a las maestras. Y que por usos de esa naturaleza es que el masculino genérico le imprime al idioma español su sello de sexista y machista.
Se trata el anterior, vale precisar, de un planteamiento de cuyo contenido disentimos por considerarlo clasista , ideológico y carente por completo de fundamentación lingüística. Tampoco compartimos los diferentes postulados que sustentan el antisexismo o la campaña en pos del uso de una lengua española sexualmente igualitaria.
Para extinguir el valor genérico del masculino y liberar la lengua española de los usos sexistas o estereotipos discriminatorios que le atribuye el feminismo, este movimiento propone, entre otras recomendaciones, el uso de dobletes que se refieran a uno y otro sexo. Así, en lugar de « El Estado dominicano presta poca atención a los maestros jubilados», habría que escribir :
1. « El Estado dominicano presta poca atención a los maestros jubilados y a las maestras jubiladas»
2. « El Estado dominicano presta poca atención a los y las maestros y maestras jubilados y jubiladas»
¿Por qué razón?
Sencillamente porque si se dobla el género de los sustantivos núcleos de la frase, también hay que hacerlo con los artículos que a ellos se anteponen y con los adjetivos que los acompañan para calificar, limitar o precisar sus significados. De manera que si en “lengua sexista” se dice, por ejemplo:
1. «Esos ciudadanos dominicanos…»
2. « En el campamento había unos niños muy disciplinados…»
En legua no sexista o con perspectiva de género no solo bastaría escribir:
1. «Esos y esas ciudadanos y ciudadanas dominicanos…»
2. « En el campamento había unos y unas niños y niñas muy disciplinados…»
Para complacer a las persistentes defensoras del antisexismo y construir una frase despojada de todo ropaje machista, lo aceptable hubiera sido expresar:
1. «Esos y esas ciudadanos y ciudadanas dominicanos y dominicanas…»
2. « En el campamento había unos y unas niños y niñas muy disciplinados y disciplinadas…»
¿A qué conduce esa forma de hablar? ¿Cuáles son los resultados lingüísticos derivados de esa doble mención genérica?
Aludir a los dos sexos (todos y todas; bienvenidos y bienvenidas; ciudadanos y ciudadanas…) para sacar a la mujer de la supuesta “marginación discursiva”, constituye para la Real Academia Española (RAE) una “innecesaria costumbre” provocadora de “engorrosas” y, afirmo yo, tormentosas repeticiones que, indiscutiblemente, le restan fluidez y belleza a la expresión lingüística. Una práctica que conduce al uso de una construcción sintáctica pesada, monótona, oscura, farragosa, artificial y poco comunicativa.
Pero no solo eso.
El uso de la doble expresión genérica conduce a la violación de las reglas del idioma, especialmente de la concordancia, así como del principio de economía lingüística. Nótese, a propósito de esto último, lo antieconómica, cursi, ridícula y aburrida que resultaría cualquier construcción discursiva del tipo:
« Los banilejos y las banilejas son ciudadanos y ciudadanas emprendedores y emprendedoras»
Quizás por esa razón, el discurso antisexista, como intentaremos demostrar en la siguiente y última entrega , no se mantiene, se vacila en su empleo. Esa inconsistencia origina que en ocasiones se doblen los géneros solo en el sustantivo, pero no en el adjetivo que lo califica (“Compañeros y compañeras combativos”) o que el hablante utilice la misma palabra con distinción de género en un contexto, mientras que en otro solo emplea la forma masculina.
lunes, 17 de agosto de 2015
LA ANEXIÓN A ESPAÑA Y EL 16 DE AGOSTO
Por : Domingo Caba Ramos
General Gregorio Luperón, héroe de la Restauración.
El 18 de marzo de 1861, al entonces presidente de la República Dominicana, el general y dictador Pedro Santana, se le ocurrió la malsana idea de anexar nuestro a país a España, como única forma, según él, de evitar que los haitianos nos invadieran de nuevo. De esa manera quedó sepultada la independencia que se había proclamado el 27 de febrero de 1844.
Pocos días después de proclamada la anexión, comenzaron las manifestaciones en su contra y la ejecución de acciones encaminadas a restaurar la independencia perdida. La más relevante de esas acciones, conocida con el nombre de Guerra de la Restauración, se inició un día como hoy, en el cerro de Capotillo, el 16 de agosto de 1863. El conflicto bélico finalizó dos años más tarde, en julio del año 1865, fecha en que las tropas españolas iniciaron el proceso de salida del país.
Con la Guerra de la Restauración, los dominicanos no solo reafirmaron su voluntad soberana de elegir su propio destino, sino que enviaron un fuerte mensaje libertario al resto de los pueblos subyugados aún por el poder colonial español. ( DCR )
General Gregorio Luperón, héroe de la Restauración.
El 18 de marzo de 1861, al entonces presidente de la República Dominicana, el general y dictador Pedro Santana, se le ocurrió la malsana idea de anexar nuestro a país a España, como única forma, según él, de evitar que los haitianos nos invadieran de nuevo. De esa manera quedó sepultada la independencia que se había proclamado el 27 de febrero de 1844.
Pocos días después de proclamada la anexión, comenzaron las manifestaciones en su contra y la ejecución de acciones encaminadas a restaurar la independencia perdida. La más relevante de esas acciones, conocida con el nombre de Guerra de la Restauración, se inició un día como hoy, en el cerro de Capotillo, el 16 de agosto de 1863. El conflicto bélico finalizó dos años más tarde, en julio del año 1865, fecha en que las tropas españolas iniciaron el proceso de salida del país.
Con la Guerra de la Restauración, los dominicanos no solo reafirmaron su voluntad soberana de elegir su propio destino, sino que enviaron un fuerte mensaje libertario al resto de los pueblos subyugados aún por el poder colonial español. ( DCR )
domingo, 16 de agosto de 2015
16 DE AGOSTO
Por: Salomé Ureña de Henríquez
Salomé Ureña de Henríquez
“Y el grito de Victoria,
se extendió por el valle y la montaña,
y en vano, en vano España,
sofocarlo intentó con su bravura:
que Quisqueya en los campos de la gloria,
a su orgullo cavó tumba segura.
Y cual ejemplo fiero,
y escarmiento talvez de otras naciones,
por tierra los pendones,
confusas, destrozadas y vencidas,
vuelta la faz al aterrado ibero,
devolviéndole sus huestes aguerridas.
¡Honor, eterna gloria,
de Agosto a los gigantes adalides,
que en desiguales lides,
luchando con la fe del patriotismo,
la grandeza volvieron a su historia,
dando ruda lección al patriotismo!
De lauros hoy ceñida,
hoy la Patria alza la frente,
y con afán ardiente,
bañada por el sol de la esperanza,
en pos de nueva luz, de nueva vida,
al porvenir intrépida se lanza”
(1874)
Salomé Ureña de Henríquez
“Y el grito de Victoria,
se extendió por el valle y la montaña,
y en vano, en vano España,
sofocarlo intentó con su bravura:
que Quisqueya en los campos de la gloria,
a su orgullo cavó tumba segura.
Y cual ejemplo fiero,
y escarmiento talvez de otras naciones,
por tierra los pendones,
confusas, destrozadas y vencidas,
vuelta la faz al aterrado ibero,
devolviéndole sus huestes aguerridas.
¡Honor, eterna gloria,
de Agosto a los gigantes adalides,
que en desiguales lides,
luchando con la fe del patriotismo,
la grandeza volvieron a su historia,
dando ruda lección al patriotismo!
De lauros hoy ceñida,
hoy la Patria alza la frente,
y con afán ardiente,
bañada por el sol de la esperanza,
en pos de nueva luz, de nueva vida,
al porvenir intrépida se lanza”
(1874)
jueves, 30 de julio de 2015
«DOS PESOS DE AGUA»
Por: Domingo Caba Ramos
La actual sequía en la República Dominicana parece no tener fin. El sol quema. El calor se torna insoportable. El agua escasea. Las lluvias se alejan cada día más. Las grietas en los terrenos ya comienzan a percibirse. Los embalses de agua se van secando de manera progresiva. El servicio de agua potable a la población disminuye y los productores agrícolas, como en Paso Hondo, comienzan a desesperarse.
La historia de la vieja Remigia y Paso Hondo parece repetirse en cada rincón del país.
Paso Hondo es el ambiente imaginario en donde se desarrolla el hecho (una sequía) que magistralmente relata Juan Bosch en uno de sus cuentos capitales: “Dos pesos de agua”, incluido en el volumen “Cuentos escritos antes del exilio”
En esta oportunidad solo falta que surja alguien que como la vieja Remigia empiece a prenderles velas a los santos o a las ánimas del purgatorio para que ¡por fin! llueva en la República Dominicana.
En términos generales el cuento “Dos pesos de agua” nos cuenta la historia de Remigia, la vieja campesina, y el extremo optimismo o fe inquebrantable de esta ante los peores desastres que en la vida puedan presentársele. Y el argumento es bastante sencillo:
Paso Hondo, lugar donde reside la vieja Remigia, es afectado por una gran sequía que genera la desesperación y la emigración en masa de los residentes de este lugar. La tragedia natural no solo afecta a la anciana campesina, sino también a sus vecinos, quienes forzados por las circunstancias deciden abandonar sus tierras y salir en busca de mejores condiciones de vida.
Al decir de los lugareños, la sequía, cual castigo divino, se presentó en el momento en que menos se esperaba. Así lo expresa el narrador:
« Todo iba bien. Pero sin saberse cuándo ni cómo se presentó aquella sequía. Pasó un mes sin llover, pasaron dos, pasaron tres. Los hombres que cruzaban por delante de su bohío la saludaban diciendo:
- Tiempo bravo, Remigia.
Ella aprobaba en silencio. Acaso comentaba :
Fue así como poco a poco, la angustia fue aposentándose en el cerebro de todos los residentes en Paso Hondo:
« Comenzó la desesperación. La gente estaba ya transida y la propia tierra quemaba como si despidiera llamas. Todos los arroyos cercanos habían desaparecidos; toda la vegetación de la loma había sido quemada…» (p. 20)
Antes de abandonar el lugar, los vecinos de la vieja pasaban a despedirse de ella y a externar el último lamento:
«-Yo no aguanto, Remigia; a este lugar le han echado mal de ojo...» (p.21)
Todos se marchan, menos Remigia, la cual se queda, confiando en que las Ánimas del Purgatorio, a las cuales ella ha estado prendiendo velas, un día se compadecerán de Paso Hondo y mandarán la lluvia.
«La vieja Remigia se resistía a salir. Algún día caería el agua; alguna tarde se cargaría el cielo de nubes; alguna noche rompería el canto del aguacero sobre el ardido techo de yaguas…» (p.18)
Después de que sus insistentes pedidos habían sido ignorados, las Ánimas descubren que Remigia ha gastado dos pesas en velas. Es entonces cuando de inmediato comienzan a dar respuestas a sus oraciones, enviando la tan esperada lluvia, causando, inconscientemente, una segunda tragedia: la inundación que destruye a Paso Hondo y que se lleva consigo a doña Remigia.
Remigia, que fue capaz de soportar estoicamente los embates de la primera tragedia (sequía) sucumbió ante la furia de la segunda (inundación):
“Cuando sintió el bohío torcerse por la tormenta, Remigia desistió de esperar y levantó al nieto. Se lo pegó al pecho; lo apretó, febril; luchó con el agua que le impedía caminar; empujó, como pudo, la puerta y se echó afuera. A la cintura llevaba el agua; y caminaba, caminaba. No sabía adónde iba. El terrible viento le destrenzaba el cabello, los relámpagos verdeaban en la distancia. El agua crecía, crecía. Levantó más al nieto. Después tropezó y tornó a pararse. Seguía sujetando al nieto y gritando: - ¡Virgen Santísima, Virgen Santísima!” (p. 18)
En tanto las Ánimas, allá en el cielo, gritaban enloquecidas:
«- ¡Ya va medio peso de agua! ¡Ya va medio peso de agua!» (p. 29)
«-¡Todavía falta; todavía falta! ¡Son dos pesos, dos pesos de agua! ¡Son dos pesos de agua! » (p. 30)
La actual sequía en la República Dominicana parece no tener fin. El sol quema. El calor se torna insoportable. El agua escasea. Las lluvias se alejan cada día más. Las grietas en los terrenos ya comienzan a percibirse. Los embalses de agua se van secando de manera progresiva. El servicio de agua potable a la población disminuye y los productores agrícolas, como en Paso Hondo, comienzan a desesperarse.
La historia de la vieja Remigia y Paso Hondo parece repetirse en cada rincón del país.
Paso Hondo es el ambiente imaginario en donde se desarrolla el hecho (una sequía) que magistralmente relata Juan Bosch en uno de sus cuentos capitales: “Dos pesos de agua”, incluido en el volumen “Cuentos escritos antes del exilio”
En esta oportunidad solo falta que surja alguien que como la vieja Remigia empiece a prenderles velas a los santos o a las ánimas del purgatorio para que ¡por fin! llueva en la República Dominicana.
En términos generales el cuento “Dos pesos de agua” nos cuenta la historia de Remigia, la vieja campesina, y el extremo optimismo o fe inquebrantable de esta ante los peores desastres que en la vida puedan presentársele. Y el argumento es bastante sencillo:
Paso Hondo, lugar donde reside la vieja Remigia, es afectado por una gran sequía que genera la desesperación y la emigración en masa de los residentes de este lugar. La tragedia natural no solo afecta a la anciana campesina, sino también a sus vecinos, quienes forzados por las circunstancias deciden abandonar sus tierras y salir en busca de mejores condiciones de vida.
Al decir de los lugareños, la sequía, cual castigo divino, se presentó en el momento en que menos se esperaba. Así lo expresa el narrador:
« Todo iba bien. Pero sin saberse cuándo ni cómo se presentó aquella sequía. Pasó un mes sin llover, pasaron dos, pasaron tres. Los hombres que cruzaban por delante de su bohío la saludaban diciendo:
- Tiempo bravo, Remigia.
Ella aprobaba en silencio. Acaso comentaba :
-Prendiendo velas a las Ánimas pasa
esto» (1982: 19)
Fue así como poco a poco, la angustia fue aposentándose en el cerebro de todos los residentes en Paso Hondo:
« Comenzó la desesperación. La gente estaba ya transida y la propia tierra quemaba como si despidiera llamas. Todos los arroyos cercanos habían desaparecidos; toda la vegetación de la loma había sido quemada…» (p. 20)
Antes de abandonar el lugar, los vecinos de la vieja pasaban a despedirse de ella y a externar el último lamento:
«-Yo no aguanto, Remigia; a este lugar le han echado mal de ojo...» (p.21)
Todos se marchan, menos Remigia, la cual se queda, confiando en que las Ánimas del Purgatorio, a las cuales ella ha estado prendiendo velas, un día se compadecerán de Paso Hondo y mandarán la lluvia.
«La vieja Remigia se resistía a salir. Algún día caería el agua; alguna tarde se cargaría el cielo de nubes; alguna noche rompería el canto del aguacero sobre el ardido techo de yaguas…» (p.18)
Después de que sus insistentes pedidos habían sido ignorados, las Ánimas descubren que Remigia ha gastado dos pesas en velas. Es entonces cuando de inmediato comienzan a dar respuestas a sus oraciones, enviando la tan esperada lluvia, causando, inconscientemente, una segunda tragedia: la inundación que destruye a Paso Hondo y que se lleva consigo a doña Remigia.
Remigia, que fue capaz de soportar estoicamente los embates de la primera tragedia (sequía) sucumbió ante la furia de la segunda (inundación):
“Cuando sintió el bohío torcerse por la tormenta, Remigia desistió de esperar y levantó al nieto. Se lo pegó al pecho; lo apretó, febril; luchó con el agua que le impedía caminar; empujó, como pudo, la puerta y se echó afuera. A la cintura llevaba el agua; y caminaba, caminaba. No sabía adónde iba. El terrible viento le destrenzaba el cabello, los relámpagos verdeaban en la distancia. El agua crecía, crecía. Levantó más al nieto. Después tropezó y tornó a pararse. Seguía sujetando al nieto y gritando: - ¡Virgen Santísima, Virgen Santísima!” (p. 18)
En tanto las Ánimas, allá en el cielo, gritaban enloquecidas:
«- ¡Ya va medio peso de agua! ¡Ya va medio peso de agua!» (p. 29)
«-¡Todavía falta; todavía falta! ¡Son dos pesos, dos pesos de agua! ¡Son dos pesos de agua! » (p. 30)
sábado, 25 de julio de 2015
LOS PADRES NO TIENEN QUIEN LES ESCRIBA
( A todos los padres en su "Día")
Por: Domingo Caba Ramos.
“Dime papá,
¿por qué se secan las flores?
¿De dónde vienen las lluvias?,
y ¿por qué sale la luna?,
cuando me voy a acostar…”
(Manuel Alejandro)
¿Conoce usted, amigo lector, un himno a los padres? ¿Conoce usted aunque sea un solo poema dedicado a los padres?
Aparte del ya clásico “Viejo, mi querido viejo”, popularizado por Piero, “Pregunta a pregunta”, compuesta por Manuel Alejandro e interpretada magistralmente por Rafael de España y “A mi padre”, de la autoría y voz de José Luis Perales, ¿conoce usted, amigo lector, otra canción inspirada en el padre?
Indiscutiblemente que en el ámbito de la creación literaria, el padre, contrario a los que ocurre con la madre, históricamente ha sido el gran olvidado, el gran excluido.
Quizás se deba tal marginación a la conducta irresponsable mostrada por muchos malos padres en el cumplimiento de sus deberes paternos. Probablemente tenga que ver con la imagen rígida, fuerte y correctiva como tradicionalmente ha sido concebido el padre, percepción que podría convertirlo en una figura poco inspirable. O talvez se deba a que su desempeño, por más eficiente que resulte, siempre será opacado por el amor, ternura, entrega y papel trascendental desempeñado por la madre.
Vale aclarar, sin embargo, que esa imagen patriarcal, represiva y autoritaria que antes teníamos del padre, ha cambiado sustancialmente en los nuevos tiempos. Hoy ya nos encontramos con un padre más amoroso, tierno y mucho más consciente de sus responsabilidades familiares. Padres que en ocasiones desempeñan también el papel de las madres. Esos padres merecen que exista alguien que les escriba.
Desafortunadamente tenemos que reconocer que en la acera opuesta están los otros: los padres charlatanes e irresponsables, especie de briosos sementales, varracos o machos cabríos destinados exclusivamente a engendrar, “pintar” o lanzar muchachos al mundo a sufrir o padecer todo tipos de calamidades. Esos no merecen que nadie les escriba.
Uno de los pocos poetas dominicanos que ha sabido recrear o expresar en versos el amor, nobleza y ternura del padre, fue nuestra gran Salomé Ureña. De ella trascribimos y dedicamos a los auténticos padres, su ternísimo y nostálgico poema “Tristezas” (1888), el cual refiere cómo sufría el entonces niño Pedro Henríquez Ureña ante la ausencia de su progenitor, el médico, poeta y escritor, Francisco Henríquez y Carvajal, en el momento en que este se encontraba en París cursando una especialidad relativa a su carrera :
TRISTEZAS.
"Nuestro dulce primogénito,
que sabe sentir y amar,
con tu recuerdo perenne,
viene mi pena a aumentar.
Fija en ti su pensamiento,
no te abandona jamás,
sueña contigo, y despierto,
habla de ti nada más. .
Anoche cuando de hinojos,
con su voz angelical,
dijo las santas palabras,
de su oración nocturnal.
Cuando allí junto a su lecho,
sentéme amante a velar,
esperando que sus ojos,
viniese el sueño a cerrar.
Incorporándose inquieto,
cual presa de intenso afán,
con ese acento que al labio,
las penas tan sólo dan.
Exclamó como inspirado:
“¿Tú no te acuerdas mamá?
El sol ¡que bonito era,
cuando estaba aquí papá!"
( Salomé Ureña de Henríquez)
Por: Domingo Caba Ramos.
“Dime papá,
¿por qué se secan las flores?
¿De dónde vienen las lluvias?,
y ¿por qué sale la luna?,
cuando me voy a acostar…”
(Manuel Alejandro)
¿Conoce usted, amigo lector, un himno a los padres? ¿Conoce usted aunque sea un solo poema dedicado a los padres?
Aparte del ya clásico “Viejo, mi querido viejo”, popularizado por Piero, “Pregunta a pregunta”, compuesta por Manuel Alejandro e interpretada magistralmente por Rafael de España y “A mi padre”, de la autoría y voz de José Luis Perales, ¿conoce usted, amigo lector, otra canción inspirada en el padre?
Indiscutiblemente que en el ámbito de la creación literaria, el padre, contrario a los que ocurre con la madre, históricamente ha sido el gran olvidado, el gran excluido.
Quizás se deba tal marginación a la conducta irresponsable mostrada por muchos malos padres en el cumplimiento de sus deberes paternos. Probablemente tenga que ver con la imagen rígida, fuerte y correctiva como tradicionalmente ha sido concebido el padre, percepción que podría convertirlo en una figura poco inspirable. O talvez se deba a que su desempeño, por más eficiente que resulte, siempre será opacado por el amor, ternura, entrega y papel trascendental desempeñado por la madre.
Vale aclarar, sin embargo, que esa imagen patriarcal, represiva y autoritaria que antes teníamos del padre, ha cambiado sustancialmente en los nuevos tiempos. Hoy ya nos encontramos con un padre más amoroso, tierno y mucho más consciente de sus responsabilidades familiares. Padres que en ocasiones desempeñan también el papel de las madres. Esos padres merecen que exista alguien que les escriba.
Desafortunadamente tenemos que reconocer que en la acera opuesta están los otros: los padres charlatanes e irresponsables, especie de briosos sementales, varracos o machos cabríos destinados exclusivamente a engendrar, “pintar” o lanzar muchachos al mundo a sufrir o padecer todo tipos de calamidades. Esos no merecen que nadie les escriba.
Uno de los pocos poetas dominicanos que ha sabido recrear o expresar en versos el amor, nobleza y ternura del padre, fue nuestra gran Salomé Ureña. De ella trascribimos y dedicamos a los auténticos padres, su ternísimo y nostálgico poema “Tristezas” (1888), el cual refiere cómo sufría el entonces niño Pedro Henríquez Ureña ante la ausencia de su progenitor, el médico, poeta y escritor, Francisco Henríquez y Carvajal, en el momento en que este se encontraba en París cursando una especialidad relativa a su carrera :
TRISTEZAS.
"Nuestro dulce primogénito,
que sabe sentir y amar,
con tu recuerdo perenne,
viene mi pena a aumentar.
Fija en ti su pensamiento,
no te abandona jamás,
sueña contigo, y despierto,
habla de ti nada más. .
Anoche cuando de hinojos,
con su voz angelical,
dijo las santas palabras,
de su oración nocturnal.
Cuando allí junto a su lecho,
sentéme amante a velar,
esperando que sus ojos,
viniese el sueño a cerrar.
Incorporándose inquieto,
cual presa de intenso afán,
con ese acento que al labio,
las penas tan sólo dan.
Exclamó como inspirado:
“¿Tú no te acuerdas mamá?
El sol ¡que bonito era,
cuando estaba aquí papá!"
( Salomé Ureña de Henríquez)
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