Por: Domingo Caba Ramos
( A mi excondiscípulo y hermano, Lic. Eddy Samuel Álvarez)
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La lengua española, según el criterio feminista, es machista, sexista, discriminatoria y, por ser así, androcéntrica, porque a la vez que destaca el protagonismo masculino, infravalora, “invisibiliza”, excluye y oculta la presencia de la mujer. Porque a través de ella (la lengua) se incurre en sexismo lingüístico, toda vez que los hablantes utilizan expresiones que resultan discriminatorias por razones de sexo. De esa manera, al decir de las líderes feministas y demás defensores de la llamada “lengua con perspectiva de género” , se ha institucionalizado una forma de hablar y escribir que muy lejos de representar a las mujeres, las excluye del discurso y oculta sus aportaciones.
Consideran que se establece una relación de subordinación de la mujer al hombre o de lo femenino a lo masculino cuando este se emplea para referirse a los dos sexos ( masculino genérico ) Es lo que sucede en frases del tipo :
« El Estado dominicano presta poca atención a los maestros jubilados»
Ciertamente, el precedente enunciado , y en virtud del carácter no marcado del masculino, incluye también a las maestras jubiladas; pero las aguerridas representantes del ala ortodoxa y radical del movimiento feminista, posiblemente ripostarán alegando que no, que en él solo se alude a los maestros, no a las maestras. Y que por usos de esa naturaleza es que el masculino genérico le imprime al idioma español su sello de sexista y machista.
Se trata el anterior, vale precisar, de un planteamiento de cuyo contenido disentimos por considerarlo clasista , ideológico y carente por completo de fundamentación lingüística. Tampoco compartimos los diferentes postulados que sustentan el antisexismo o la campaña en pos del uso de una lengua española sexualmente igualitaria.
Para extinguir el valor genérico del masculino y liberar la lengua española de los usos sexistas o estereotipos discriminatorios que le atribuye el feminismo, este movimiento propone, entre otras recomendaciones, el uso de dobletes que se refieran a uno y otro sexo. Así, en lugar de « El Estado dominicano presta poca atención a los maestros jubilados», habría que escribir :
1. « El Estado dominicano presta poca atención a los maestros jubilados y a las maestras jubiladas»
2. « El Estado dominicano presta poca atención a los y las maestros y maestras jubilados y jubiladas»
¿Por qué razón?
Sencillamente porque si se dobla el género de los sustantivos núcleos de la frase, también hay que hacerlo con los artículos que a ellos se anteponen y con los adjetivos que los acompañan para calificar, limitar o precisar sus significados. De manera que si en “lengua sexista” se dice, por ejemplo:
1. «Esos ciudadanos dominicanos…»
2. « En el campamento había unos niños muy disciplinados…»
En legua no sexista o con perspectiva de género no solo bastaría escribir:
1. «Esos y esas ciudadanos y ciudadanas dominicanos…»
2. « En el campamento había unos y unas niños y niñas muy disciplinados…»
Para complacer a las persistentes defensoras del antisexismo y construir una frase despojada de todo ropaje machista, lo aceptable hubiera sido expresar:
1. «Esos y esas ciudadanos y ciudadanas dominicanos y dominicanas…»
2. « En el campamento había unos y unas niños y niñas muy disciplinados y disciplinadas…»
¿A qué conduce esa forma de hablar? ¿Cuáles son los resultados lingüísticos derivados de esa doble mención genérica?
Aludir a los dos sexos (todos y todas; bienvenidos y bienvenidas; ciudadanos y ciudadanas…) para sacar a la mujer de la supuesta “marginación discursiva”, constituye para la Real Academia Española (RAE) una “innecesaria costumbre” provocadora de “engorrosas” y, afirmo yo, tormentosas repeticiones que, indiscutiblemente, le restan fluidez y belleza a la expresión lingüística. Una práctica que conduce al uso de una construcción sintáctica pesada, monótona, oscura, farragosa, artificial y poco comunicativa.
Pero no solo eso.
El uso de la doble expresión genérica conduce a la violación de las reglas del idioma, especialmente de la concordancia, así como del principio de economía lingüística. Nótese, a propósito de esto último, lo antieconómica, cursi, ridícula y aburrida que resultaría cualquier construcción discursiva del tipo:
« Los banilejos y las banilejas son ciudadanos y ciudadanas emprendedores y emprendedoras»
Quizás por esa razón, el discurso antisexista, como intentaremos demostrar en la siguiente y última entrega , no se mantiene, se vacila en su empleo. Esa inconsistencia origina que en ocasiones se doblen los géneros solo en el sustantivo, pero no en el adjetivo que lo califica (“Compañeros y compañeras combativos”) o que el hablante utilice la misma palabra con distinción de género en un contexto, mientras que en otro solo emplea la forma masculina.
jueves, 1 de octubre de 2015
lunes, 17 de agosto de 2015
LA ANEXIÓN A ESPAÑA Y EL 16 DE AGOSTO
Por : Domingo Caba Ramos
General Gregorio Luperón, héroe de la Restauración.
El 18 de marzo de 1861, al entonces presidente de la República Dominicana, el general y dictador Pedro Santana, se le ocurrió la malsana idea de anexar nuestro a país a España, como única forma, según él, de evitar que los haitianos nos invadieran de nuevo. De esa manera quedó sepultada la independencia que se había proclamado el 27 de febrero de 1844.
Pocos días después de proclamada la anexión, comenzaron las manifestaciones en su contra y la ejecución de acciones encaminadas a restaurar la independencia perdida. La más relevante de esas acciones, conocida con el nombre de Guerra de la Restauración, se inició un día como hoy, en el cerro de Capotillo, el 16 de agosto de 1863. El conflicto bélico finalizó dos años más tarde, en julio del año 1865, fecha en que las tropas españolas iniciaron el proceso de salida del país.
Con la Guerra de la Restauración, los dominicanos no solo reafirmaron su voluntad soberana de elegir su propio destino, sino que enviaron un fuerte mensaje libertario al resto de los pueblos subyugados aún por el poder colonial español. ( DCR )
General Gregorio Luperón, héroe de la Restauración.
El 18 de marzo de 1861, al entonces presidente de la República Dominicana, el general y dictador Pedro Santana, se le ocurrió la malsana idea de anexar nuestro a país a España, como única forma, según él, de evitar que los haitianos nos invadieran de nuevo. De esa manera quedó sepultada la independencia que se había proclamado el 27 de febrero de 1844.
Pocos días después de proclamada la anexión, comenzaron las manifestaciones en su contra y la ejecución de acciones encaminadas a restaurar la independencia perdida. La más relevante de esas acciones, conocida con el nombre de Guerra de la Restauración, se inició un día como hoy, en el cerro de Capotillo, el 16 de agosto de 1863. El conflicto bélico finalizó dos años más tarde, en julio del año 1865, fecha en que las tropas españolas iniciaron el proceso de salida del país.
Con la Guerra de la Restauración, los dominicanos no solo reafirmaron su voluntad soberana de elegir su propio destino, sino que enviaron un fuerte mensaje libertario al resto de los pueblos subyugados aún por el poder colonial español. ( DCR )
domingo, 16 de agosto de 2015
16 DE AGOSTO
Por: Salomé Ureña de Henríquez
Salomé Ureña de Henríquez
“Y el grito de Victoria,
se extendió por el valle y la montaña,
y en vano, en vano España,
sofocarlo intentó con su bravura:
que Quisqueya en los campos de la gloria,
a su orgullo cavó tumba segura.
Y cual ejemplo fiero,
y escarmiento talvez de otras naciones,
por tierra los pendones,
confusas, destrozadas y vencidas,
vuelta la faz al aterrado ibero,
devolviéndole sus huestes aguerridas.
¡Honor, eterna gloria,
de Agosto a los gigantes adalides,
que en desiguales lides,
luchando con la fe del patriotismo,
la grandeza volvieron a su historia,
dando ruda lección al patriotismo!
De lauros hoy ceñida,
hoy la Patria alza la frente,
y con afán ardiente,
bañada por el sol de la esperanza,
en pos de nueva luz, de nueva vida,
al porvenir intrépida se lanza”
(1874)
Salomé Ureña de Henríquez
“Y el grito de Victoria,
se extendió por el valle y la montaña,
y en vano, en vano España,
sofocarlo intentó con su bravura:
que Quisqueya en los campos de la gloria,
a su orgullo cavó tumba segura.
Y cual ejemplo fiero,
y escarmiento talvez de otras naciones,
por tierra los pendones,
confusas, destrozadas y vencidas,
vuelta la faz al aterrado ibero,
devolviéndole sus huestes aguerridas.
¡Honor, eterna gloria,
de Agosto a los gigantes adalides,
que en desiguales lides,
luchando con la fe del patriotismo,
la grandeza volvieron a su historia,
dando ruda lección al patriotismo!
De lauros hoy ceñida,
hoy la Patria alza la frente,
y con afán ardiente,
bañada por el sol de la esperanza,
en pos de nueva luz, de nueva vida,
al porvenir intrépida se lanza”
(1874)
jueves, 30 de julio de 2015
«DOS PESOS DE AGUA»
Por: Domingo Caba Ramos
La actual sequía en la República Dominicana parece no tener fin. El sol quema. El calor se torna insoportable. El agua escasea. Las lluvias se alejan cada día más. Las grietas en los terrenos ya comienzan a percibirse. Los embalses de agua se van secando de manera progresiva. El servicio de agua potable a la población disminuye y los productores agrícolas, como en Paso Hondo, comienzan a desesperarse.
La historia de la vieja Remigia y Paso Hondo parece repetirse en cada rincón del país.
Paso Hondo es el ambiente imaginario en donde se desarrolla el hecho (una sequía) que magistralmente relata Juan Bosch en uno de sus cuentos capitales: “Dos pesos de agua”, incluido en el volumen “Cuentos escritos antes del exilio”
En esta oportunidad solo falta que surja alguien que como la vieja Remigia empiece a prenderles velas a los santos o a las ánimas del purgatorio para que ¡por fin! llueva en la República Dominicana.
En términos generales el cuento “Dos pesos de agua” nos cuenta la historia de Remigia, la vieja campesina, y el extremo optimismo o fe inquebrantable de esta ante los peores desastres que en la vida puedan presentársele. Y el argumento es bastante sencillo:
Paso Hondo, lugar donde reside la vieja Remigia, es afectado por una gran sequía que genera la desesperación y la emigración en masa de los residentes de este lugar. La tragedia natural no solo afecta a la anciana campesina, sino también a sus vecinos, quienes forzados por las circunstancias deciden abandonar sus tierras y salir en busca de mejores condiciones de vida.
Al decir de los lugareños, la sequía, cual castigo divino, se presentó en el momento en que menos se esperaba. Así lo expresa el narrador:
« Todo iba bien. Pero sin saberse cuándo ni cómo se presentó aquella sequía. Pasó un mes sin llover, pasaron dos, pasaron tres. Los hombres que cruzaban por delante de su bohío la saludaban diciendo:
- Tiempo bravo, Remigia.
Ella aprobaba en silencio. Acaso comentaba :
Fue así como poco a poco, la angustia fue aposentándose en el cerebro de todos los residentes en Paso Hondo:
« Comenzó la desesperación. La gente estaba ya transida y la propia tierra quemaba como si despidiera llamas. Todos los arroyos cercanos habían desaparecidos; toda la vegetación de la loma había sido quemada…» (p. 20)
Antes de abandonar el lugar, los vecinos de la vieja pasaban a despedirse de ella y a externar el último lamento:
«-Yo no aguanto, Remigia; a este lugar le han echado mal de ojo...» (p.21)
Todos se marchan, menos Remigia, la cual se queda, confiando en que las Ánimas del Purgatorio, a las cuales ella ha estado prendiendo velas, un día se compadecerán de Paso Hondo y mandarán la lluvia.
«La vieja Remigia se resistía a salir. Algún día caería el agua; alguna tarde se cargaría el cielo de nubes; alguna noche rompería el canto del aguacero sobre el ardido techo de yaguas…» (p.18)
Después de que sus insistentes pedidos habían sido ignorados, las Ánimas descubren que Remigia ha gastado dos pesas en velas. Es entonces cuando de inmediato comienzan a dar respuestas a sus oraciones, enviando la tan esperada lluvia, causando, inconscientemente, una segunda tragedia: la inundación que destruye a Paso Hondo y que se lleva consigo a doña Remigia.
Remigia, que fue capaz de soportar estoicamente los embates de la primera tragedia (sequía) sucumbió ante la furia de la segunda (inundación):
“Cuando sintió el bohío torcerse por la tormenta, Remigia desistió de esperar y levantó al nieto. Se lo pegó al pecho; lo apretó, febril; luchó con el agua que le impedía caminar; empujó, como pudo, la puerta y se echó afuera. A la cintura llevaba el agua; y caminaba, caminaba. No sabía adónde iba. El terrible viento le destrenzaba el cabello, los relámpagos verdeaban en la distancia. El agua crecía, crecía. Levantó más al nieto. Después tropezó y tornó a pararse. Seguía sujetando al nieto y gritando: - ¡Virgen Santísima, Virgen Santísima!” (p. 18)
En tanto las Ánimas, allá en el cielo, gritaban enloquecidas:
«- ¡Ya va medio peso de agua! ¡Ya va medio peso de agua!» (p. 29)
«-¡Todavía falta; todavía falta! ¡Son dos pesos, dos pesos de agua! ¡Son dos pesos de agua! » (p. 30)
La actual sequía en la República Dominicana parece no tener fin. El sol quema. El calor se torna insoportable. El agua escasea. Las lluvias se alejan cada día más. Las grietas en los terrenos ya comienzan a percibirse. Los embalses de agua se van secando de manera progresiva. El servicio de agua potable a la población disminuye y los productores agrícolas, como en Paso Hondo, comienzan a desesperarse.
La historia de la vieja Remigia y Paso Hondo parece repetirse en cada rincón del país.
Paso Hondo es el ambiente imaginario en donde se desarrolla el hecho (una sequía) que magistralmente relata Juan Bosch en uno de sus cuentos capitales: “Dos pesos de agua”, incluido en el volumen “Cuentos escritos antes del exilio”
En esta oportunidad solo falta que surja alguien que como la vieja Remigia empiece a prenderles velas a los santos o a las ánimas del purgatorio para que ¡por fin! llueva en la República Dominicana.
En términos generales el cuento “Dos pesos de agua” nos cuenta la historia de Remigia, la vieja campesina, y el extremo optimismo o fe inquebrantable de esta ante los peores desastres que en la vida puedan presentársele. Y el argumento es bastante sencillo:
Paso Hondo, lugar donde reside la vieja Remigia, es afectado por una gran sequía que genera la desesperación y la emigración en masa de los residentes de este lugar. La tragedia natural no solo afecta a la anciana campesina, sino también a sus vecinos, quienes forzados por las circunstancias deciden abandonar sus tierras y salir en busca de mejores condiciones de vida.
Al decir de los lugareños, la sequía, cual castigo divino, se presentó en el momento en que menos se esperaba. Así lo expresa el narrador:
« Todo iba bien. Pero sin saberse cuándo ni cómo se presentó aquella sequía. Pasó un mes sin llover, pasaron dos, pasaron tres. Los hombres que cruzaban por delante de su bohío la saludaban diciendo:
- Tiempo bravo, Remigia.
Ella aprobaba en silencio. Acaso comentaba :
-Prendiendo velas a las Ánimas pasa
esto» (1982: 19)
Fue así como poco a poco, la angustia fue aposentándose en el cerebro de todos los residentes en Paso Hondo:
« Comenzó la desesperación. La gente estaba ya transida y la propia tierra quemaba como si despidiera llamas. Todos los arroyos cercanos habían desaparecidos; toda la vegetación de la loma había sido quemada…» (p. 20)
Antes de abandonar el lugar, los vecinos de la vieja pasaban a despedirse de ella y a externar el último lamento:
«-Yo no aguanto, Remigia; a este lugar le han echado mal de ojo...» (p.21)
Todos se marchan, menos Remigia, la cual se queda, confiando en que las Ánimas del Purgatorio, a las cuales ella ha estado prendiendo velas, un día se compadecerán de Paso Hondo y mandarán la lluvia.
«La vieja Remigia se resistía a salir. Algún día caería el agua; alguna tarde se cargaría el cielo de nubes; alguna noche rompería el canto del aguacero sobre el ardido techo de yaguas…» (p.18)
Después de que sus insistentes pedidos habían sido ignorados, las Ánimas descubren que Remigia ha gastado dos pesas en velas. Es entonces cuando de inmediato comienzan a dar respuestas a sus oraciones, enviando la tan esperada lluvia, causando, inconscientemente, una segunda tragedia: la inundación que destruye a Paso Hondo y que se lleva consigo a doña Remigia.
Remigia, que fue capaz de soportar estoicamente los embates de la primera tragedia (sequía) sucumbió ante la furia de la segunda (inundación):
“Cuando sintió el bohío torcerse por la tormenta, Remigia desistió de esperar y levantó al nieto. Se lo pegó al pecho; lo apretó, febril; luchó con el agua que le impedía caminar; empujó, como pudo, la puerta y se echó afuera. A la cintura llevaba el agua; y caminaba, caminaba. No sabía adónde iba. El terrible viento le destrenzaba el cabello, los relámpagos verdeaban en la distancia. El agua crecía, crecía. Levantó más al nieto. Después tropezó y tornó a pararse. Seguía sujetando al nieto y gritando: - ¡Virgen Santísima, Virgen Santísima!” (p. 18)
En tanto las Ánimas, allá en el cielo, gritaban enloquecidas:
«- ¡Ya va medio peso de agua! ¡Ya va medio peso de agua!» (p. 29)
«-¡Todavía falta; todavía falta! ¡Son dos pesos, dos pesos de agua! ¡Son dos pesos de agua! » (p. 30)
sábado, 25 de julio de 2015
LOS PADRES NO TIENEN QUIEN LES ESCRIBA
( A todos los padres en su "Día")
Por: Domingo Caba Ramos.
“Dime papá,
¿por qué se secan las flores?
¿De dónde vienen las lluvias?,
y ¿por qué sale la luna?,
cuando me voy a acostar…”
(Manuel Alejandro)
¿Conoce usted, amigo lector, un himno a los padres? ¿Conoce usted aunque sea un solo poema dedicado a los padres?
Aparte del ya clásico “Viejo, mi querido viejo”, popularizado por Piero, “Pregunta a pregunta”, compuesta por Manuel Alejandro e interpretada magistralmente por Rafael de España y “A mi padre”, de la autoría y voz de José Luis Perales, ¿conoce usted, amigo lector, otra canción inspirada en el padre?
Indiscutiblemente que en el ámbito de la creación literaria, el padre, contrario a los que ocurre con la madre, históricamente ha sido el gran olvidado, el gran excluido.
Quizás se deba tal marginación a la conducta irresponsable mostrada por muchos malos padres en el cumplimiento de sus deberes paternos. Probablemente tenga que ver con la imagen rígida, fuerte y correctiva como tradicionalmente ha sido concebido el padre, percepción que podría convertirlo en una figura poco inspirable. O talvez se deba a que su desempeño, por más eficiente que resulte, siempre será opacado por el amor, ternura, entrega y papel trascendental desempeñado por la madre.
Vale aclarar, sin embargo, que esa imagen patriarcal, represiva y autoritaria que antes teníamos del padre, ha cambiado sustancialmente en los nuevos tiempos. Hoy ya nos encontramos con un padre más amoroso, tierno y mucho más consciente de sus responsabilidades familiares. Padres que en ocasiones desempeñan también el papel de las madres. Esos padres merecen que exista alguien que les escriba.
Desafortunadamente tenemos que reconocer que en la acera opuesta están los otros: los padres charlatanes e irresponsables, especie de briosos sementales, varracos o machos cabríos destinados exclusivamente a engendrar, “pintar” o lanzar muchachos al mundo a sufrir o padecer todo tipos de calamidades. Esos no merecen que nadie les escriba.
Uno de los pocos poetas dominicanos que ha sabido recrear o expresar en versos el amor, nobleza y ternura del padre, fue nuestra gran Salomé Ureña. De ella trascribimos y dedicamos a los auténticos padres, su ternísimo y nostálgico poema “Tristezas” (1888), el cual refiere cómo sufría el entonces niño Pedro Henríquez Ureña ante la ausencia de su progenitor, el médico, poeta y escritor, Francisco Henríquez y Carvajal, en el momento en que este se encontraba en París cursando una especialidad relativa a su carrera :
TRISTEZAS.
"Nuestro dulce primogénito,
que sabe sentir y amar,
con tu recuerdo perenne,
viene mi pena a aumentar.
Fija en ti su pensamiento,
no te abandona jamás,
sueña contigo, y despierto,
habla de ti nada más. .
Anoche cuando de hinojos,
con su voz angelical,
dijo las santas palabras,
de su oración nocturnal.
Cuando allí junto a su lecho,
sentéme amante a velar,
esperando que sus ojos,
viniese el sueño a cerrar.
Incorporándose inquieto,
cual presa de intenso afán,
con ese acento que al labio,
las penas tan sólo dan.
Exclamó como inspirado:
“¿Tú no te acuerdas mamá?
El sol ¡que bonito era,
cuando estaba aquí papá!"
( Salomé Ureña de Henríquez)
Por: Domingo Caba Ramos.
“Dime papá,
¿por qué se secan las flores?
¿De dónde vienen las lluvias?,
y ¿por qué sale la luna?,
cuando me voy a acostar…”
(Manuel Alejandro)
¿Conoce usted, amigo lector, un himno a los padres? ¿Conoce usted aunque sea un solo poema dedicado a los padres?
Aparte del ya clásico “Viejo, mi querido viejo”, popularizado por Piero, “Pregunta a pregunta”, compuesta por Manuel Alejandro e interpretada magistralmente por Rafael de España y “A mi padre”, de la autoría y voz de José Luis Perales, ¿conoce usted, amigo lector, otra canción inspirada en el padre?
Indiscutiblemente que en el ámbito de la creación literaria, el padre, contrario a los que ocurre con la madre, históricamente ha sido el gran olvidado, el gran excluido.
Quizás se deba tal marginación a la conducta irresponsable mostrada por muchos malos padres en el cumplimiento de sus deberes paternos. Probablemente tenga que ver con la imagen rígida, fuerte y correctiva como tradicionalmente ha sido concebido el padre, percepción que podría convertirlo en una figura poco inspirable. O talvez se deba a que su desempeño, por más eficiente que resulte, siempre será opacado por el amor, ternura, entrega y papel trascendental desempeñado por la madre.
Vale aclarar, sin embargo, que esa imagen patriarcal, represiva y autoritaria que antes teníamos del padre, ha cambiado sustancialmente en los nuevos tiempos. Hoy ya nos encontramos con un padre más amoroso, tierno y mucho más consciente de sus responsabilidades familiares. Padres que en ocasiones desempeñan también el papel de las madres. Esos padres merecen que exista alguien que les escriba.
Desafortunadamente tenemos que reconocer que en la acera opuesta están los otros: los padres charlatanes e irresponsables, especie de briosos sementales, varracos o machos cabríos destinados exclusivamente a engendrar, “pintar” o lanzar muchachos al mundo a sufrir o padecer todo tipos de calamidades. Esos no merecen que nadie les escriba.
Uno de los pocos poetas dominicanos que ha sabido recrear o expresar en versos el amor, nobleza y ternura del padre, fue nuestra gran Salomé Ureña. De ella trascribimos y dedicamos a los auténticos padres, su ternísimo y nostálgico poema “Tristezas” (1888), el cual refiere cómo sufría el entonces niño Pedro Henríquez Ureña ante la ausencia de su progenitor, el médico, poeta y escritor, Francisco Henríquez y Carvajal, en el momento en que este se encontraba en París cursando una especialidad relativa a su carrera :
TRISTEZAS.
"Nuestro dulce primogénito,
que sabe sentir y amar,
con tu recuerdo perenne,
viene mi pena a aumentar.
Fija en ti su pensamiento,
no te abandona jamás,
sueña contigo, y despierto,
habla de ti nada más. .
Anoche cuando de hinojos,
con su voz angelical,
dijo las santas palabras,
de su oración nocturnal.
Cuando allí junto a su lecho,
sentéme amante a velar,
esperando que sus ojos,
viniese el sueño a cerrar.
Incorporándose inquieto,
cual presa de intenso afán,
con ese acento que al labio,
las penas tan sólo dan.
Exclamó como inspirado:
“¿Tú no te acuerdas mamá?
El sol ¡que bonito era,
cuando estaba aquí papá!"
( Salomé Ureña de Henríquez)
viernes, 24 de julio de 2015
LA PREMIACIÓN “PEÑA Y REINOSO”, DEL ATENEO “AMANTES DE LA LUZ”
Por: Domingo Caba Ramos.
Manuel de Js. Peña y Reinoso.
El Ateneo “ Amantes de la Luz” fue fundado el 4 de junio de 1874 por iniciativa del insigne maestro, humanista, crítico y periodista Manuel de Jesús Peña y Reinoso ( 1834 – 1915 ) Como podrá apreciarse, nació esta centenaria y prestigiosa institución en un momento en que las guerras civiles y los conflictos políticos entre bandos opuestos eran más que comunes , o en el que al decir de Salomé Ureña, a cada dominicano lo cercaban “por doquier sombras de muerte”, esto es, en el que según la ilustre maestra y poetisa, en el cielo de la Patria avanzaban siniestras nubes de tempestad que a su paso oscurecían “ los reflejos del espléndido sol de la esperanza”
Peña y Reinoso entendía, y como él las mentes ilustradas de la época, que sólo mediante la educación podían eliminarse esas sombras que opacaban la luz de la esperanza e impedían el progreso o desarrollo de la Patria. De ahí que en su discurso de apertura de la Sociedad Cultural por él fundada afirmara lo siguiente:
“¿Qué hacer empero, señores, para no envejecer en medio de la opresión, de la guerra civil, de la miseria, de la vergüenza?… Iluminar la tarde de nuestra vida. Procurar ilustrarnos y, sobre todo, procurar que se ilustren los más jóvenes de nuestra generación, llamados a regir los destinos de la Patria en nuestros últimos días”.
Mediante el decreto No. 1510, de fecha 15 de febrero de 1936, el Ateneo fue convertido en una Institución con personalidad jurídica de carácter autónomo, destinada a difundir la cultura, las ciencias, las letras y las Bellas Artes en todas sus manifestaciones y, especialmente, servir como Biblioteca Pública.
Entre las actividades desarrolladas por esta entidad para el logro de los propósitos que le dieron origen, vale destacar la premiación “Manuel de Jesús Peña y Reinoso”, instituida con el fin de reconocer la labor desarrollada por todas aquellas personas e instituciones que han brillado por sus valiosos aportes en el campo de la educación, periodismo, cultura, arte y servicio comunitario.
El autor del presente artículo en el momento de recibir su galardón.
Se trata de una premiación auténtica, seria, razonada y que de verdad honra y distingue, no sólo por el prestigio de la institución que la concede, sino porque la misma se fundamenta exclusivamente en los méritos de la persona reconocida. No importa a qué clase social, religión o partido político esta pertenezca. Los reconocimientos allí se proponen, se ponderan desapasionadamente y se otorgan de acuerdo a los méritos que registre la hoja de vida de cada quien. Contrasta tal distinción con otras en las que el amiguismo, cabildeo, las creencias políticas y demás aspectos subjetivos se constituyen en los requisitos requeridos para ser galardonados.
Este año, específicamente el miércoles 20 de mayo, recibieron el premio “ Manuel de Jesús Peña y Reinoso”, las siguientes personas : el educador, escritor, novelista y filólogo Andrés L. Mateo ( Medalla al mérito cultural ) Petruzca Sméster, historiadora y profesora universitaria por más de cinco décadas , la maestra Lidalberta Josefina Germosén Fondeur , el periodista Ricardo Rodríguez Rosa ( Premio al periodismo del Cibao “Darío Flores” ) , la destacada cantante Patricia Pereyra ( Medalla “Pro arte nacional”), el periódico La Información ( Reconocimiento especial ) , el folklorista y tradicionalista, Manuel Ulises Bonelly ( Premio “Servicio a la comunidad” ) y el maestro, profesor universitario y articulista de este y otros diarios nacionales, Domingo Caba Ramos.
La premiación contó con los auspicios de la Fundación “Eduardo León Jimenes” y el Banco Popular. El patrocinio e involucramiento de estas dos instituciones le augura larga vida a los premios “Peña y Reinoso”, por cuanto tanto una como la otra se han caracterizado históricamente por promover y sustentar proyectos que contribuyan al desarrollo del arte y la cultura.
Felicitamos a todos esos dignos ciudadanos. Y felicitamos igualmente a los ilustres ateneístas que actualmente conforman la directiva de una institución que como el Ateneo Amantes de la Luz, ha sabido irradiar, como su nombre lo indica, la luz capaz de borrar todas aquellas sombras que puedan oscurecer“los reflejos del espléndido sol de la esperanza”
Manuel de Js. Peña y Reinoso.
El Ateneo “ Amantes de la Luz” fue fundado el 4 de junio de 1874 por iniciativa del insigne maestro, humanista, crítico y periodista Manuel de Jesús Peña y Reinoso ( 1834 – 1915 ) Como podrá apreciarse, nació esta centenaria y prestigiosa institución en un momento en que las guerras civiles y los conflictos políticos entre bandos opuestos eran más que comunes , o en el que al decir de Salomé Ureña, a cada dominicano lo cercaban “por doquier sombras de muerte”, esto es, en el que según la ilustre maestra y poetisa, en el cielo de la Patria avanzaban siniestras nubes de tempestad que a su paso oscurecían “ los reflejos del espléndido sol de la esperanza”
Peña y Reinoso entendía, y como él las mentes ilustradas de la época, que sólo mediante la educación podían eliminarse esas sombras que opacaban la luz de la esperanza e impedían el progreso o desarrollo de la Patria. De ahí que en su discurso de apertura de la Sociedad Cultural por él fundada afirmara lo siguiente:
“¿Qué hacer empero, señores, para no envejecer en medio de la opresión, de la guerra civil, de la miseria, de la vergüenza?… Iluminar la tarde de nuestra vida. Procurar ilustrarnos y, sobre todo, procurar que se ilustren los más jóvenes de nuestra generación, llamados a regir los destinos de la Patria en nuestros últimos días”.
Mediante el decreto No. 1510, de fecha 15 de febrero de 1936, el Ateneo fue convertido en una Institución con personalidad jurídica de carácter autónomo, destinada a difundir la cultura, las ciencias, las letras y las Bellas Artes en todas sus manifestaciones y, especialmente, servir como Biblioteca Pública.
Entre las actividades desarrolladas por esta entidad para el logro de los propósitos que le dieron origen, vale destacar la premiación “Manuel de Jesús Peña y Reinoso”, instituida con el fin de reconocer la labor desarrollada por todas aquellas personas e instituciones que han brillado por sus valiosos aportes en el campo de la educación, periodismo, cultura, arte y servicio comunitario.
El autor del presente artículo en el momento de recibir su galardón.
Se trata de una premiación auténtica, seria, razonada y que de verdad honra y distingue, no sólo por el prestigio de la institución que la concede, sino porque la misma se fundamenta exclusivamente en los méritos de la persona reconocida. No importa a qué clase social, religión o partido político esta pertenezca. Los reconocimientos allí se proponen, se ponderan desapasionadamente y se otorgan de acuerdo a los méritos que registre la hoja de vida de cada quien. Contrasta tal distinción con otras en las que el amiguismo, cabildeo, las creencias políticas y demás aspectos subjetivos se constituyen en los requisitos requeridos para ser galardonados.
Este año, específicamente el miércoles 20 de mayo, recibieron el premio “ Manuel de Jesús Peña y Reinoso”, las siguientes personas : el educador, escritor, novelista y filólogo Andrés L. Mateo ( Medalla al mérito cultural ) Petruzca Sméster, historiadora y profesora universitaria por más de cinco décadas , la maestra Lidalberta Josefina Germosén Fondeur , el periodista Ricardo Rodríguez Rosa ( Premio al periodismo del Cibao “Darío Flores” ) , la destacada cantante Patricia Pereyra ( Medalla “Pro arte nacional”), el periódico La Información ( Reconocimiento especial ) , el folklorista y tradicionalista, Manuel Ulises Bonelly ( Premio “Servicio a la comunidad” ) y el maestro, profesor universitario y articulista de este y otros diarios nacionales, Domingo Caba Ramos.
La premiación contó con los auspicios de la Fundación “Eduardo León Jimenes” y el Banco Popular. El patrocinio e involucramiento de estas dos instituciones le augura larga vida a los premios “Peña y Reinoso”, por cuanto tanto una como la otra se han caracterizado históricamente por promover y sustentar proyectos que contribuyan al desarrollo del arte y la cultura.
Felicitamos a todos esos dignos ciudadanos. Y felicitamos igualmente a los ilustres ateneístas que actualmente conforman la directiva de una institución que como el Ateneo Amantes de la Luz, ha sabido irradiar, como su nombre lo indica, la luz capaz de borrar todas aquellas sombras que puedan oscurecer“los reflejos del espléndido sol de la esperanza”
domingo, 5 de julio de 2015
UN POEMA DE RUBÉN DARÍO
Por : Domingo Caba Ramos
Rubén Darío ( 1867/1916)
Calumniar, difamar, empañar imágenes y enlodar reputaciones parece ser una práctica lingüística muy antigua y propia de las mentes perversas, mediocres y acomplejadas. ¿Quién no ha sido víctima alguna vez de semejante práctica? Con los que en un determinado momento fueron calumniados, y su honor manchado, me permito compartir un sugerente poema del destacado bardo nicaragüense Rubén Darío, titulado “La calumnia”, el que sin proponérmelo encontré un día de estos en mi archivo literario. El tema de la composición es bastante sencillo: por más que se difame o calumnie a una persona, su pureza y valor siempre se mantendrán intactos; la verdad, tarde o temprano, saldrá a flote.
LA CALUMNIA
«Puede una gota de lodo,
sobre un diamante caer,
puede también de este modo,
su fulgor oscurecer,
pero aunque el diamante todo,
se encuentre de fango lleno,
el valor que lo hace bueno,
no perderá ni un instante,
y ha de ser siempre diamante,
por más que lo manche el cieno»
(Rubén Darío)
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