jueves, 4 de junio de 2015

¿TÚ SABES QUIÉN SOY YO …?

 Por: Domingo Caba Ramos

  « ¿Tú sabes quién soy yo…?»

 Posiblemente sea la más repudiable, necia y repugnante de las preguntas que un hablante tenga que escuchar.

« ¿Tú sabes quién soy yo…?»

Se trata de una pregunta que suelen formular los seres mediocres y acomplejados cuando tienen como propósito intimidar, humillar, imponer, amenazar, aplastar, avasallar…

« ¿Tú sabes quién soy yo…?»

 Es la pregunta clásica y habitual de los seres presumidos, arrogantes, prepotentes… y para los cuales la humildad no es ni siquiera un sueño.

« ¿Tú sabes quién soy yo… ?»

Así preguntan los seres carentes de grandeza mental y espiritual cuando en la estructura social entienden que poseen poder político y económico o cuando están vinculados familiarmente a quienes detentan ese poder.

 « ¿Tú sabes quién soy yo… ?»

 Se trata de una interrogación de maldito acento, vigente o de moda solo en sociedades de inconfundibles tintes aldeanos, atrasadas, carentes de institucionalidad, donde impera el tráfico de influencias y en la que el poder de los hombres parece estar por encima del mandato de la ley.

 « ¿Tú sabes quién soy yo… ?»

Pregunta que aquel que se autoconcibe como una especie de semidiós en la tierra, solo la formula cuando entiende que su interlocutor es un indigno representante de la chusma, algo así como un “mojón”, según fue calificado recientemente un agente de la AMET, una basura, esto es, una persona sin clase, abolengo o prestigio social.

 « ¿Tú sabes quién soy yo… ?»

Es la pregunta clásica y habitual que los mediocres o individuos de mentes estrechas emplean como arma intimidante cuando amparados en el poder que tienen o creen poseer intentan generar privilegios o todos tipos de favoritismos; aunque para tal fin haya que trasngredir el ordenamiento legal establecido.

« ¿Tú sabes quién soy yo… ?»

Más que interrogativo, la odiosa pregunta entraña un profundo sentido imperativo, una advertencia, por cuanto se trata de que el otro sepa aquello de que: « Yo soy un ser mesiánico, poderoso, especie de Jesucristo resucitado, razón por la cual tú debes escucharme, obedecerme y respetarme»

 « ¿Tú sabes quién soy yo… ?»

 Es la pregunta que aún se les escucha a quienes al parecer olvidan que la autoridad, cuando se ejerce basada en la humildad, la justicia y la prudencia, además de fortalecerse cada día más, genera respeto, identidad y simpatía. A los que al parecer también olvidaron que la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Art.7) establece que todos los seres humanos son iguales ante la ley.

viernes, 29 de mayo de 2015

LA MARCHA DE LOS PENDEJOS

 Por: Domingo Caba Ramos
  En la Venezuela pre - Chávez, sacudida por la corrupción en todos los órdenes, uno de sus más brillantes hijos, el escritor Arturo Uslar Pietri, convocó a una marcha nacional de todos los pendejos. Fue como si el reivindicativo y famoso grito « ¡Proletarios del mundo uníos!», se trocara de repente por ¡Pendejos del mundo uníos!

 Pienso que igual llamado es necesario hacerlo en la República Dominicana, país en donde bien podríamos hablar de la existencia de dos clases sociales antagónicas no identificadas aún por los cientistas sociales: los pendejos y los “otros”

¿Y quiénes son los pendejos?

 « Los pendejos – apunta el narrador, ensayista y filólogo, Andrés L Mateo – son, históricamente, quienes nunca se han aprovechado de la riqueza pública. Son seres de buena fe descendidos de otro universo que alimentaron la manía sacrosanta de recordar el catecismo cuando las briznas de la tentación les nubló el pensamiento…» (Al filo de la dominicanidad, p.65, 1966)

 Los pendejos – amplío yo – son la mayoría: los marginados, sufridos y sacrificados. Los que todavía creen que se existen principios éticos y morales que rigen la conducta humana.

 Pendejos son los que pagan impuestos, la luz, agua y demás servicios públicos. Los que aplauden y vibran de emoción al escuchar las promesas casi divinas emanadas de las bocas “sacrosantas” del líder que se eleva en la tribuna. Los que después de cuatro o cinco años de estudio en la universidad, si es que encuentran trabajo, tienen que conformarse con pírricos salarios, mientras el “compañero” del partido recibe sin trabajar jugosos ingresos.

 Pendejos son los que llegan pobres a un cargo, y pobres salen del mismo. Los que por fanatismos políticos son capaces de quebrantar la armonía familiar, “echándose de enemigos” a hermanos, padres, parientes y relacionados.

Pendejos, en fin, son los que cada cuatro años se levantan bien temprano, interesados en ser los primeros en depositar el voto redentor.

¿Y los “otros”, quiénes son?

 Sencillamente, la minoría: los privilegiados, los que se encaraman en el abatimiento, la marginalidad y maltratado lomo de los pendejos para ascender al cielo del progreso y la prosperidad. Los que llegan en chancletas y bicicletas a los puestos y salen en yipetas de los mismos.

Los “otros” son los que un día organizan largas filas para regalar funditas, “juguetes y bicicletas” a las mismas familias que durante el resto del año, por faltas de recursos y trabajo, no pueden comer, vestir, enfrentar sus problemas de salud ni enviar sus hijos a la escuela. Los que en un sala capitular reciben mensualmente entre la suma de cuarenta y doscientos mil pesos por ejercer el cargo “honorífico” (regidor) que la sociedad puso en sus manos.

 Los “otros” son los que critican en la oposición lo mismo que hacían cuando estaban en el poder. Los que tratan de embullar a las masas o crear en sus mentes realidades encantadas con frases tales como “Todavía falta mucho por hacer…”, “E’pa lante que vamos…”, “Ni injusticias ni privilegios…”, “A todos los llevo en el corazón…”, etc. 

Los otros, en fin, son los que te besan en campaña, pero te ignoran en el gobierno. Los que piensan que los pendejos son más pendejos de la cuenta, vale decir, los que entienden que los pendejos no piensan o carecen por completo de memoria e inteligencia.

viernes, 22 de mayo de 2015

LA TANATOFOBIA Y GERASCOFOBIA DEL MI TÍO BURO

Por: Domingo Caba Ramos
  Posiblemente no exista otro miedo más natural y generalizado en el mundo, que el miedo a la muerte. Pensar en el fin de nuestra existencia o de que un día abandonaremos para siempre el mundo de los vivos y a nuestros seres queridos es algo normal, natural e inevitable. Negar la angustia que genera la proximidad de la muerte sería lo mismo que rechazar nuestra condición de ser humano.

Lo que no es normal es el miedo exagerado, el pánico irracional y la crisis de ansiedad, con evidentes signos depresivos, que nos produce la idea de la muerte. En tal caso el individuo estaría afectado por la fobia mejor conocida con el nombre de tanatofobia, término que en su más amplia acepción se define como un persistente, anormal, obsesivo e injustificado miedo a la muerte o a morir.

 En el ser tanatofóbico, la idea de la muerte yace viva o fija en su cerebro. Tal idea lo persigue, lo acorrala, lo atrapa en todo momento y no lo deja vivir. Mas que disfrutar un presente vital, los tanatofóbicos viven para pensar en un futuro mortal. Semejante postura existencial, al mismo tiempo que le genera disturbios orgánicos y mentales, lo transforma en entes angustiados, ansiosos y depresivos.

 “En general, nadie quiere morir, pero eso es algo natural- señala Antonio Cano, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS). Todos tenemos que afrontar la muerte. El problema es que algunas personas se obsesionan con la idea de que van a morir, tienen una existencia muy desgraciada y desarrollan un trastorno mental”.

 Asociada a la tanatofobia se encuentra otra fobia no menos perturbadora: la gerascofobia o el miedo extremo e irracional a envejecer. Quienes la padecen, viven en crisis permanente. Entienden que en la medida en que los años pasan, más se acercan al fin de su existencia. Siempre viven preguntando la edad del otro y si pudieran detener el tiempo lo detuvieran con tal de preservar la “eterna juventud”. Su fecha natalicia, más que de regocijo por haber cumplido un año más de vida, se traduce en una fecha maldita, de tormento y amargura.

 Esa es la situación de mi tío Buro.

Desde que cumplió los sesenta años de vida, la idea de la muerte se ha congelado en su mente y no desperdicia oportunidades para hablar con amargura, dolor, impotencia y hasta con rabia acerca de esta y de todo lo relacionado a la edad, pero muy especialmente acerca de la vejez y la ancianidad.

Para mi afligido tío, la vida promedio de los dominicanos termina a los setenta años, y cuando más, a los setenta y cinco. Como él ya cumplió sesenta y seis, entonces entiende o está seguro que apenas le restan cuatro o nueve años de vida, o que muy pronto su cuerpo estará postrado al pie del sepulcro. Este pensamiento latente origina en él un dolor recurrente que le oprime la conciencia y origina que la vejez y la muerte sean temas obligados de su conversación, muy especialmente cuando se encuentra bajo los efectos del alcohol, momento en que las ideas reprimidas en el subconsciente fluyen con libertad y vuelan como alegres mariposas.

 Cuando un amigo o relacionado fallece, lo primero que hace es preguntar cuántos años tenía. Si le contestan que más de setenta y menos de setenta y cinco, su lamento de doloroso y execrable acento no se hará esperar: « Malditos setentas…» 

Y cuando de repente se encuentra con el amigo que hacía años no veía, si este es ya un setentón, a ese amigo, no importa quien sea, siempre lo encontrará «feo y acabado»

 No sabemos qué será de mi tío Buro cuando apenas le falten meses para cumplir los setenta años de edad. Quizás convenga entonces recomendarle buscar ayuda sicológica o hacer suyo el ideal de la felicidad planteado por los filósofos epicureístas, quienes afirman que: «No hay motivo para temer a la muerte, porque ella no nos pertenece: mientras vivimos, la muerte no está presente, y cuando está presente nosotros ya no estamos»

jueves, 7 de mayo de 2015

¡HASTA LUEGO, DOCTOR!

(In Memoriam)

 Por Domingo Caba Ramos.
                                                                               Dr. Víctor Estrella Rodríguez

 Médico, pintor, poeta, escritor, narrador, articulista, filántropo y uno de los más consagrados gestores culturales de la ciudad de Santiago, el doctor Víctor Estrella (1942-2015) falleció en el mediodía de ayer, víctima de un fulminante paro cardíaco.

Aparte de sus prendas artísticas e intelectuales, en el plano humano, del doctor Estrella hay que decir que fue un ser humano sumamente noble, íntegro, sensible, humilde y solidario. En su columna GOTA CEREBRAL, publicada todos los jueves en este periódico, abordaba los más diversos temas relacionados con la literatura, la ciencia, el arte y la cultura.

Fue miembro directivo de las principales instituciones culturales de Santiago (Casa de Arte, Alianza Cibaeña, Ateneo Amantes de la Luz) y miembro fundador de diversos talleres literarios. En el pasado reciente fue reconocido por el Ministerio de Cultura como Valor Cultural Dominicano.

 La muerte lo sorprendió cuando todavía era mucho lo que podía aportar a nuestra sociedad, y el tema de la muerte no le fue indiferente o estuvo muy presente en sus versos, como bien se aprecia en los poemas que se trascriben a continuación. En el primero de ellos, VOY DE PRISA, el poeta parece presagiar o anunciar la muerte que de repente lo expulsaría para siempre del mundo de los vivos:

VOY DE PRISA

 Voy de prisa,
 no me detengas, 
la vida se agota;
 aunque escriba poemas
 y cante desentonado 
una canción, 
estoy vestido
 de muerte. 

Voy de prisa, 
tengo que repartir mis sentimientos;
 cada palabra 
es un capítulo
 y aunque escriba
 poemas y ría a la vida,
 voy vestido
 de muerte.

 Voy de prisa,
 no me entretengas;
 no tengo tiempo
 para perder la vida
 y aunque hable tonterías
 no puedo detenerme. 

Voy de prisa,
 se me agota la existencia
 y tengo que hacer mucho más, 
porque sin vida 
no puedo escribir
 acerca de la muerte. 

Voy de prisa,
 no me llames, 
que la vida 
se me deshace 
en una rutina
 y voy vestido de muerte
 a escribir un poema 
que llevo latente 
en el corazón.

 Voy de prisa, 
no me demores, 
que la vida se me escapa
 y voy vestido de muerte
 a escribirle al amor.

DESNUDO

 La suerte fue que nací desnudo,
 vine al mundo sin mochila, 
sin maleta ni cartera.

 Anduve vestido y calzado
 desde niño
 y salté en un grito 
tomando leche Klim
 y espero no sé qué
 en la contingencia 
de infantiles olvidos.

La suerte fue que no caminé
 con los pies torcidos,
 me salvé de una terrible
 enteritis, 
cuando apenas respiraba lento
 y parecía muerto o dormido.

 Crecí, me hice joven, adulto, 
maduro, envejecido... 
y ya voy para muerto, 
pero estoy conforme, 
porque tuve la suerte de nacer desnudo
 y no soy presumido. 

Escuché las marchantas,
 los cascos de los caballos del “coche”, 
el botellero, la carretilla, 
la campana del camión de la basura 
la voz de “Pan de Gente”, 
uno más del folklore
 de mi pueblo, mi barrio, 
y mis sueños que no olvido.

 La suerte fue que nací desnudo, 
sin camisa y sin dientes 
y voy a morir no sé cuándo;
 pero es posible que cuando muera 
me lleven vestido a la tumba
 y me lleve conmigo
 la historia de un niño 
que se hizo joven, adulto
 y maduro...
 y cursó la existencia 
 como otro sueño perdido.

 La suerte fue que nací desnudo
 y desnudo quiero irme de este mundo.

martes, 28 de abril de 2015

PABLO NERUDA Y SU «VERSAINOGRAMA A SANTO DOMINGO»

Por : Domingo Caba Ramos.
                                                            El coronel Caamaño en plena acción gerrera : abril  1965

 Pablo Neruda o Pablo de América (1904-1973) fue un poeta universal, Premio Nobel de Literatura y uno de los más grandes poetas de las letras hispanoamericanas.

 Inició su producción poética cantándole al amor, a la mujer, a las lilas, a la “metafísica cubierta de amapolas”, a la lluvia, a la naturaleza, sueños y grandes volcanes de su Chile natal. Corresponden a esta etapa, entre otros, su libro “Crepusculario” (1923) y sus muy famosos” Veinte poemas de amor y una canción desesperada” (1924).

 Pero el estallido de la Guerra Civil Española ( 18 de junio de 1936 ) le sacudió tan profundamente su conciencia que el poeta no sólo cambió el rumbo temático de su poesía, la cual se transforma en un testimonio directo, sino también su visión del mundo ante los problemas sociales y políticos. Asume una actitud de abierto compromiso con la causa republicana o antifranquista, abandona el tono intimista presente en sus versos de iniciación, su voz se convierte en la voz de los pueblos latinoamericanos, y es entonces cuando escribe sus libros “España en el corazón” (1937), “ Canto general a Chile” ( 1942), “ Canto de amor a Stalingrado” ( 1942 ) y su obra de mayor relieve poético, “ Canto General” ( 1950 )

 En febrero de 1966, publica en Isla Negra (Chile) uno de los más solidarios y contundentes cantos de protesta que se haya escrito para condenar la segunda y brutal intervención que soldados de la armada estadounidense llevaron en República Dominicana en abril de 1965:

 VERSAINOGRAMA A SANTO DOMINGO

 Perdonen si les digo unas locuras,
en esta dulce tarde de febrero,
y si se va mi corazón cantando,
hacia Santo Domingo, compañeros.

Vamos a recordar lo que ha pasado allí,
desde que don Cristóbal, el marinero,
puso los pies y descubrió la isla,
¡ay mejor no la hubiera descubierto!
porque ha sufrido tanto desde entonces,
que parece que el diablo y no Jesús,
se entendió con Colón en ese aspecto.

 Esos conquistadores españoles,
que llegaron desde España, por supuesto,
buscaban oro y lo buscaron tanto,
como si les sirviese de alimento.

Enarbolando a Cristo con su cruz,
los garrotazos fueron argumentos,
 tan poderosos que los indios vivos,
se convirtieron en cristianos muertos.

 Aunque hace siglos de esta historia amarga,
por amarga y por vieja se la cuento,
porque las cosas no se aclaran nunca,
con el olvido ni con el silencio.

Y hay tanta inquietud sin comentario,
en la América hirsuta que me dieron,
que si hasta los poetas nos callamos,
 no hablan los otros porque tienen miedo.

 Ya se sabe en un día declaramos,
la independencia azul de nuestros pueblos,
 una por una, América Latina,
se desgranó como un racimo negro,
 de nacionalidades diminutas,
 con mucha facha y con poco dinero.

 ( Andamos con orgullo y sin zapatos,
y nos creemos todos caballeros)

 Cuando tuvimos pantalones largos,
nos escogimos pésimos gobiernos,
(rivalizamos mucho en este asunto,
Santo Domingo se sacó los premios)

En esta variedad un tanto triste,
tuvieron a Trujillo sempiterno,
que gracias a un balazo se enfermó,
después de cuarenta años de gobierno.

 Podríamos decir de este Trujillo,
(a juzgar por las cosas que sabemos),
que fue el hombre más malo de este mundo,
 (si no existiese Jhonson, por supuesto),
se sabrá quién ha sido más malvado),
cuando los dos estén en el infierno).

 Cuando murió Trujillo respiró,
aquella pobre patria de tormentos,
y en un escalofrío de esperanzas,
subió la luna sobre el sufrimiento.

 Corre por los caminos la noticia:
Santo Domingo sale del infierno,
por fin elige un presidente puro:
es Juan Bosch que regresa del destierro,
pero no les conviene un hombre honrado,
 ni a los gorilas ni a los usureros.

Decretaron un golpe en Nueva York,
 le echan abajo con cualquier pretexto,
lo destierran con su constitución,
 instalan a cualquier sepulturero,
 en el tronco del mando y del castigo,
y los verdugos vuelven a sus puestos .

 "La democracia representativa,
ha sido restaurada en este pueblo"
dijo El Mercurio en su "editorial" escrito,
en la Embajada que sabemos.

 Pero esta vez las cosas no marcharon,
de un modo interesado aunque severo,
 a norteamericanos y gorilas,
 les salieron los tornillos en el queso,
y con voz de fusibles en la calle,
salió a cantar el corazón del pueblo.

 Santo Domingo con su pueblo armado ,
borró la imposición de los violentos:
tomó ciudades, campos y en el puente,
con el pecho desnudo y descubierto,
 aplastó tanques, desafió cañones.

Y corría impetuoso como el viento,
hacia la libertad y la victoria,
cuando el tejano Jhonson, el funesto,
con la sangre de muchos en las manos,
 hizo desembarcar los marineros.

 Cuarenta y cinco mil hijos de perra,
bajaron con sus armas y sus cuentos,
con ametralladoras y napalm,
con objetivos claros y concretos:
"Poner en libertad a los ladrones,
 y a los demás hay que meterlos presos".

 Y allí están disparando cada día,
 contra dominicanos indefensos.

Como en Vietnam el asesino es fuerte,
pero a la larga vencerán los pueblos.

La moraleja de este cuento amargo,
se las voy a decir en un momento,
(no se lo vayan a contar a nadie:
soy pacifista por fuera y por dentro!) :

 Ahí va:

Me gusta en Nueva York el yanqui vivo,
 y sus lindas muchachas, por supuesto,
  pero en Santo Domingo y en Vietnam,
 prefiero norteamericanos muertos.

 (“Versainas de protesta por el desembarco de marines en Santo Domingo, publicadas en hojas sueltas en Valparaíso y en Santiago de Chile, 1966”)

viernes, 17 de abril de 2015

LA MUERTE DEL PADRE CANALES, JUAN RINCÓN Y LA JUSTICIA DE SANTO DOMINGO

Por: Domingo Caba Ramos-

 El relato “La muerte del padre Canales”, del eximio narrador y tradicionalista dominicano, César Nicolás Penson (1855 – 1901), y contenido en su obra cumbre, Cosa añejas (1891), constituye el más fiel retrato de las debilidades y podredumbre moral que históricamente ha afectado al sistema judicial de la República Dominicana.

Demuestra la brillante narración que la justicia dominicana siempre ha sido la misma y que, por esa razón, nada tienen de extraño las sentencias o autos de No Ha lugar emitidos recientemente por la Suprema Corte de Justicia y la Corte de Apelación Santo Domingo Este a favor del senador Félix Bautista y del alcalde de San Francisco de Macorís, Félix Rodríguez.

 El protagonista de la historia que nos ocupa es Juan Rincón, un matón compulsivo, especialista en asesinar mujeres; pero que debido al peso social de un tío influyente casi siempre lograba evadir la justicia o quedar libre del castigo de la ley.

 Al decir del narrador, Rincón “padeció lo que se llama la manía de sangre” (1979: 58)

 Asesinó a su primera esposa encinta, pero tan horrendo crimen quedó impune, « merced acaso a lo distinguido de su familia y a las influencias que hizo o no hizo valer en su favor su tío el Deán. Ya antes dizque había metido a una hija suya en un sótano» (Ídem)

Después de cometidos estos hechos pudo libremente huir hacia Puerto Rico, donde no tardó en contraer nupcias por segunda vez. A esta nueva esposa, muy pronto la amenazó con hacerle lo mismo que a la primera. La mujer lo denunció y, en tal virtud, la justicia borinqueña procedió a deportarlo y «Entonces aquí lo dejaron libre, ¿Cómo no? Por respeto de su tío el Deán» (Ídem, 59)

 Su insaciable sed de sangre lo impulsó a elaborar una larga lista de nuevas víctimas encabezada por el sacerdote Francisco José Canales.

 El crimen del cura se perpetró y Juan Rincón, por primera vez, fue sometido a la justicia. Cuando el juez del crimen le preguntó: « ¿Quién mató al padre Canales?», acto seguido el monstruo asesino, impasible y con tono fiero respondió: « -¡La justicia de Santo Domingo!»

 Sorprendido el magistrado, procedió, esta vez con voz severa, a preguntarle de nuevo al prevenido:           

«¿Quién mató al padre Canales?»

 «- He dicho, insistió el asesino, que la justicia de Santo Domingo, porque si cuando yo, agregó con tono sentencioso e insolente, maté a mi primera mujer embarazada, me hubieran quitado la vida, no habría podido matar al padre Canales» (Pág.66)

Merced a tan contundente respuesta, el narrador introduce una crítica reflexión que no podía ser más aleccionadora en un momento, como ahora, en el que la justicia dominicana adolece de las mismas fallas y debilidades que la justicia de los tiempos de Juan Rincón:

 « Jamás inculpación más grave ni más sangrienta se arrojó a la faz de los hombres de la ley. Era un cargo que contra sí Rincón hacía, pero con el fin de apostrofar a la justicia humana por su culpable lenidad dejando impune un crimen atroz por atender a mezquinas consideraciones sociales y a influencias malsanas de valedores poderosos, que lograron hacer irrisoriamente nula la acción de la ley. ¡Lección tremenda para quienes pierden el respeto a esta y a la sociedad, vulnerando los fueros de la una y burlando a la otra para burlar a entrambas, haciéndose realmente con semejante lenidad más criminales que el criminal que pretenden sustraer a la acción reparadora de la justicia!» ( Ídem )

 Así, magistralmente, describe César Nicolás Penson la justicia dominicana del siglo XIX. Compárela, amigo lector, con el sistema judicial dominicano de pleno siglo XXI, y estoy seguro que usted, al igual que yo, habrá de concluir afirmando con las palabras de Gabriel García Márquez:

 « ES LA MISMA VAINA…»

jueves, 26 de marzo de 2015

A QUIEN PUEDA INTERESAR

Por: Domingo Caba Ramos.

 «Una de las artes más difíciles es saber escuchar. Cuesta mucho hablar bien; pero cuesta tanto el escuchar con discreción»

 (Azorín)

  A usted, mi apreciado “telefomaníaco”, quizás nadie se lo ha dicho; pero sepa que es desagradable conversar con alguien que no te mira de frente por estar chateando, leyendo mensajes, realizando y recibiendo llamadas o manipulando eternamente un “bendito” aparato celular.

 En mi humilde léxico, a eso yo le llamo imprudencia, irrespeto, descortesía y mala educación.

 Yo sé que usted es adicto o enfermo tecnológico y que, merced a esa adicción o patología, se le hace mucho más que difícil desprenderse del “bendito” aparato en el momento que el otro espera que se le escuche con atención.

 Y por esa razón, es posible que olvide que cuando usted le presta atención a quien le habla, su interlocutor se siente honrado, prestigiado, reconocido y respetado.

 Olvida, talvez, que los grandes líderes son muy buenos y grandes escuchadores. Olvida que solo los seres indeseables, con alto nivel de deformación, mala educación, egocentrismo o desinterés por el prójimo son capaces de no parar de accionar un teléfono celular, ni levantar la cabeza mientras otros conversan con ellos.

Y olvida, por último, que desde el momento en que usted empieza a chatear, leer mensajes, realizar y recibir llamadas mientras el otro le habla, sencilla y mudamente le está diciendo a su interlocutor : cállate,¡por Dios!, pues lo que dices no me interesa.

 Azorín, el célebre escritor español, miembro de la Generación del 98, describió tres mañas en el arte de escuchar:

 1) Hablar sin parar y no permitir que el otro haga uso de la palabra.

 2) Callar solo por breves segundos, procediendo acto seguido a interrumpir al otro en el mismo momento en que este comienza a hablar.

 3) Mostrase inquieto y nervioso mientras el otro habla, estado revelador de que solo importa lo que se pretende decir y no lo que se debe escuchar.

“Chatear” o leer mensajes en la pantalla de un equipo celular en el momento de la conversación, parece ser la última maña en el difícil arte de escuchar. A quienes así se comportan, talvez convenga recordarle el consejo de Azorín:

«Cuando se hable en corro o frente a frente, a solas con un amigo, dejemos que nuestro interlocutor exponga su pensamiento; estemos atento a todas las particularidades; no hagamos con nuestros gestos que apresure o compendie la narración. Luego, cuando calle, contestemos acorde a lo manifestado, sin los saltos e incongruencia de los que no han escuchado bien. Si es persona de calidad a quien nosotros queremos agradar aquella con quien hablamos, demostrémosle que tomamos grande gusto en lo que ella nos va diciendo»