viernes, 17 de abril de 2015

LA MUERTE DEL PADRE CANALES, JUAN RINCÓN Y LA JUSTICIA DE SANTO DOMINGO

Por: Domingo Caba Ramos-

 El relato “La muerte del padre Canales”, del eximio narrador y tradicionalista dominicano, César Nicolás Penson (1855 – 1901), y contenido en su obra cumbre, Cosa añejas (1891), constituye el más fiel retrato de las debilidades y podredumbre moral que históricamente ha afectado al sistema judicial de la República Dominicana.

Demuestra la brillante narración que la justicia dominicana siempre ha sido la misma y que, por esa razón, nada tienen de extraño las sentencias o autos de No Ha lugar emitidos recientemente por la Suprema Corte de Justicia y la Corte de Apelación Santo Domingo Este a favor del senador Félix Bautista y del alcalde de San Francisco de Macorís, Félix Rodríguez.

 El protagonista de la historia que nos ocupa es Juan Rincón, un matón compulsivo, especialista en asesinar mujeres; pero que debido al peso social de un tío influyente casi siempre lograba evadir la justicia o quedar libre del castigo de la ley.

 Al decir del narrador, Rincón “padeció lo que se llama la manía de sangre” (1979: 58)

 Asesinó a su primera esposa encinta, pero tan horrendo crimen quedó impune, « merced acaso a lo distinguido de su familia y a las influencias que hizo o no hizo valer en su favor su tío el Deán. Ya antes dizque había metido a una hija suya en un sótano» (Ídem)

Después de cometidos estos hechos pudo libremente huir hacia Puerto Rico, donde no tardó en contraer nupcias por segunda vez. A esta nueva esposa, muy pronto la amenazó con hacerle lo mismo que a la primera. La mujer lo denunció y, en tal virtud, la justicia borinqueña procedió a deportarlo y «Entonces aquí lo dejaron libre, ¿Cómo no? Por respeto de su tío el Deán» (Ídem, 59)

 Su insaciable sed de sangre lo impulsó a elaborar una larga lista de nuevas víctimas encabezada por el sacerdote Francisco José Canales.

 El crimen del cura se perpetró y Juan Rincón, por primera vez, fue sometido a la justicia. Cuando el juez del crimen le preguntó: « ¿Quién mató al padre Canales?», acto seguido el monstruo asesino, impasible y con tono fiero respondió: « -¡La justicia de Santo Domingo!»

 Sorprendido el magistrado, procedió, esta vez con voz severa, a preguntarle de nuevo al prevenido:           

«¿Quién mató al padre Canales?»

 «- He dicho, insistió el asesino, que la justicia de Santo Domingo, porque si cuando yo, agregó con tono sentencioso e insolente, maté a mi primera mujer embarazada, me hubieran quitado la vida, no habría podido matar al padre Canales» (Pág.66)

Merced a tan contundente respuesta, el narrador introduce una crítica reflexión que no podía ser más aleccionadora en un momento, como ahora, en el que la justicia dominicana adolece de las mismas fallas y debilidades que la justicia de los tiempos de Juan Rincón:

 « Jamás inculpación más grave ni más sangrienta se arrojó a la faz de los hombres de la ley. Era un cargo que contra sí Rincón hacía, pero con el fin de apostrofar a la justicia humana por su culpable lenidad dejando impune un crimen atroz por atender a mezquinas consideraciones sociales y a influencias malsanas de valedores poderosos, que lograron hacer irrisoriamente nula la acción de la ley. ¡Lección tremenda para quienes pierden el respeto a esta y a la sociedad, vulnerando los fueros de la una y burlando a la otra para burlar a entrambas, haciéndose realmente con semejante lenidad más criminales que el criminal que pretenden sustraer a la acción reparadora de la justicia!» ( Ídem )

 Así, magistralmente, describe César Nicolás Penson la justicia dominicana del siglo XIX. Compárela, amigo lector, con el sistema judicial dominicano de pleno siglo XXI, y estoy seguro que usted, al igual que yo, habrá de concluir afirmando con las palabras de Gabriel García Márquez:

 « ES LA MISMA VAINA…»

jueves, 26 de marzo de 2015

A QUIEN PUEDA INTERESAR

Por: Domingo Caba Ramos.

 «Una de las artes más difíciles es saber escuchar. Cuesta mucho hablar bien; pero cuesta tanto el escuchar con discreción»

 (Azorín)

  A usted, mi apreciado “telefomaníaco”, quizás nadie se lo ha dicho; pero sepa que es desagradable conversar con alguien que no te mira de frente por estar chateando, leyendo mensajes, realizando y recibiendo llamadas o manipulando eternamente un “bendito” aparato celular.

 En mi humilde léxico, a eso yo le llamo imprudencia, irrespeto, descortesía y mala educación.

 Yo sé que usted es adicto o enfermo tecnológico y que, merced a esa adicción o patología, se le hace mucho más que difícil desprenderse del “bendito” aparato en el momento que el otro espera que se le escuche con atención.

 Y por esa razón, es posible que olvide que cuando usted le presta atención a quien le habla, su interlocutor se siente honrado, prestigiado, reconocido y respetado.

 Olvida, talvez, que los grandes líderes son muy buenos y grandes escuchadores. Olvida que solo los seres indeseables, con alto nivel de deformación, mala educación, egocentrismo o desinterés por el prójimo son capaces de no parar de accionar un teléfono celular, ni levantar la cabeza mientras otros conversan con ellos.

Y olvida, por último, que desde el momento en que usted empieza a chatear, leer mensajes, realizar y recibir llamadas mientras el otro le habla, sencilla y mudamente le está diciendo a su interlocutor : cállate,¡por Dios!, pues lo que dices no me interesa.

 Azorín, el célebre escritor español, miembro de la Generación del 98, describió tres mañas en el arte de escuchar:

 1) Hablar sin parar y no permitir que el otro haga uso de la palabra.

 2) Callar solo por breves segundos, procediendo acto seguido a interrumpir al otro en el mismo momento en que este comienza a hablar.

 3) Mostrase inquieto y nervioso mientras el otro habla, estado revelador de que solo importa lo que se pretende decir y no lo que se debe escuchar.

“Chatear” o leer mensajes en la pantalla de un equipo celular en el momento de la conversación, parece ser la última maña en el difícil arte de escuchar. A quienes así se comportan, talvez convenga recordarle el consejo de Azorín:

«Cuando se hable en corro o frente a frente, a solas con un amigo, dejemos que nuestro interlocutor exponga su pensamiento; estemos atento a todas las particularidades; no hagamos con nuestros gestos que apresure o compendie la narración. Luego, cuando calle, contestemos acorde a lo manifestado, sin los saltos e incongruencia de los que no han escuchado bien. Si es persona de calidad a quien nosotros queremos agradar aquella con quien hablamos, demostrémosle que tomamos grande gusto en lo que ella nos va diciendo»

viernes, 20 de marzo de 2015

ORTOGRAFÍA DE LA VOCES PREFIJADAS

Por: Domingo Caba Ramos .

 En la Ortografía de la lengua española (2010), por primera vez, se ofrecen normas explícitas sobre la escritura de las voces o expresiones prefijadas.

 Los prefijos son elementos afijos carentes de autonomía que se unen por delante a una palabra o base léxica, a la que agregan diversos valores significativos, originándose así una nueva palabra. Esas nuevas palabras que se forman reciben el nombre de voces prefijadas: superdotado, reconectar, internacional, exnovio, desapartar... Son prefijos en estos ejemplos: súper, re, inter, ex y des.

Las normas que reglamentan el uso correcto de las voces prefijadas, según la nueva Ortografía de la lengua española, son las siguientes:

 1. Sin guion ni espacio separador.

 Constituyen los prefijos, unidades morfológicas y prosódicas y, por ello, salvo casos excepcionales, incluyendo el prefijo ex, deben escribirse unidos a la palabra o base léxica que acompañan cuando esta es univerbal, es decir, cuando está constituida por una sola palabra (‘ultramar’, ‘submarino’, ‘vicepresidente’, ‘antinarcóticos’, ‘exoficial’, ‘exmarido’, ‘antiposmodernista’, ‘antireeleccionista’.)

 En virtud de la antes expresado, se consideran inapropiadas las palabras en las que el prefijo aparece unido con un guion (vice-presidente, sub - marino) o separado por un espacio en blanco (vice presidente, ex oficial).

 En el caso de los prefijos que se unen a la palabra sin guion separador, existe la posibilidad ,y se recomienda, reducir a una sola las dos vocales iguales contiguas que resultan de unir un prefijo terminado en vocal a una palabra que empieza también por esa misma vocal. Al respecto, la nueva Ortografía establece que: “En aquellos casos en que de forma generalizada y en todos los niveles del habla, se articula una vocal simple, es frecuente y admisible la reducción gráfica de las dos vocales a una sola” (OLE,p. 164) Para que esta simplificación vocálica se considere adecuada o admisible, es necesario que se cumplan las siguientes condiciones:

 a) Que se haya generalizado en la expresión oral, es decir, que al hablar, de las dos vocales, solo una se pronuncie: contraatacar > contratacar; portaaviones > portaviones; antiimperialista > antimperialista; microorganismo > microrganismo, etc. En estos ejemplos, las formas en negritas y subrayadas se consideran correctas.

 b) Que el nuevo término no coincida con otro ya existente de distinto significado. En el verbo ‘reemitir’ (‘volver a emitir’), por ejemplo, la doble vocal debe mantenerse, pues simplificarla equivaldría a formar un verbo diferente: ‘remitir’ (‘enviar’)

c) Que la vocal por la que comienza la palabra base no sea en sí misma un prefijo. Por eso deben conservarse las dos vocales o no se admite su reducción en voces como ‘semiilegal’ y ‘ultraamoral’ ,puesto que en ellas las palabras base , ilegal y amoral empiezan por las vocales i y a respectivamente.

 d) Las voces con el prefijo co- seguidas de o- suelen mantener las dos vocales: cooperativa, coordenada, coorganizar, coordinación, etc.; pero en aquellas en que la reducción vocálica es general en la pronunciación, no serían censurables las vocales o letras simplificadas, como bien se aprecia en las palabras que a continuación aparecen subrayadas y en negritas: cooperar > coperar; coordinación > cordinación (OLE, 2010, p. 171).

2. Unidos con guion.

 Los prefijos se unen con guion a la palabra base cuando la siguiente comience por mayúscula o sea un número (anti-ONU, anti-Fidel Catro, pro-Estados Unidos, sub-21, super-8

 3. Separados por un espacio en blanco.

Los prefijos se escriben necesariamente separados por un espacio en blanco de la base a la que afectan cuando esta es pluriverbal, es decir, cuando está constituida por varias palabras que tienen un significado unitario: a) “ex primera dama”, “vice primer ministro”, “anti pena de muerte”)

 En los medios de comunicación es frecuente el uso de enunciados del tipo:

 a) «Ex oficiales prometen trabajar para retorno de Leonel Fernández»
 b) « Muere hijo de vice- ministro asesinado»
c) «El ex-primer ministro de Israel declaró…»

En los ejemplos antes citado habría sido recomendable haber escrito:

 a) «Exoficiales prometen trabajar para retorno de Leonel Fernández»
 b) « Muere hijo de viceministro asesinado»
 c)«El ex primer ministro de Israel declaró…»

viernes, 27 de febrero de 2015

DUARTE A TRAVÉS DE SUS VERSOS

Por: Domingo Caba Ramos
 

« Duarte no fue ajeno al quehacer poético. La Providencia le concedió el don profético de la inspiración…»  Julio Jaime Julia.

 En el sentido técnico y artístico del término, Duarte no fue poeta. La poesía no constituyó para él una actividad constante y permanente. No fue un quehacer habitual en su vida. Escribió impulsado por las circunstancias o los imperativos del momento, y muy particularmente, como una forma de desahogo sentimental, vale decir, como un instrumento de expresión de sus sentimientos patrióticos. De manera muy especial, la expresión de las penas, el dolor, la angustia y las emociones que el destierro o exilio en su alma desencadenaban.

 Sus poesías, al decir de Joaquín Balaguer, fueron “escritas sin pretensiones literarias, no estaban destinadas a la publicidad y en su mayor parte desaparecieron en el destierro con el resto de sus papeles íntimos…” A través de las mismas se puede determinar la dimensión de sus sentimientos patrióticos y conocer aspectos importantes de su personalidad. La casi totalidad de sus versos constituyen el más fiel retrato de la figura del patricio.

 En LA CARTERA DEL PROSCRITO expresa el pesar que se siente en la vida azarosa del exilio:

 “Cuan triste, largo y cansado,
cuan angustioso camino,
señala el Ente divino,
 al infeliz desterrado.

Llegar a tierra extranjera,
sin idea alguna ilusoria,
sin porvenir y sin gloria,
sin penates ni bandera…”

 En TRISTEZA DE LA NOCHE la soledad, las nostalgias, el dolor y la melancolía pueblan la mente atormentada del padre de la Patria:

"Triste es la noche, muy triste,
para el mísero mendigo,
que sin pan, tal vez, ni abrigo,
 maldice la soledad.

 Triste es la noche, muy triste,
para el bueno y leal patricio,
a quien aguarda el suplicio,
 que le alzó la iniquidad…”

 El 22 de agosto de 1844 el presidente de la República, dictador Pedro Santana, firma la sentencia mediante la cual se destierra a perpetuidad a Duarte junto a otros patriotas, acusados de “traidores de la Patria” El 10 de agoto los desterrados abandonan el país e inician la tortuosa ruta del destierro rumbo al puerto de Hamburgo, Alemania. La larga travesía es aprovechada por nuestro libertador para en la que se considera su mejor composición poética, ROMANCE, describir o dejar gravado en románticos y épicos versos el dolor que siente quien se ve obligado a abandonar su lar nativo e iniciar el recorrido que conduce al mundo pesaroso del exilio:

“Era la noche sombría, 
y de silencio y de calma, 
era una noche de oprobio,
 para la gente de Ozama, 
noche de mengua y quebranto,
 para la patria adorada,
 y el recordarla tan sólo, 
el corazón apesara.
 Ocho los míseros eran, 
que mano aviesa lanzaba,
 en pos de sus compañeros, 
hacia la extrajera playa. 

 La humildad característica del patricio no le permite referirse en primera persona a una gesta en la que él es su principal actor. Por eso siempre habla en tercera persona del plural:

“Ellos que al nombre de Dios,
 patria y libertad se alzaran, 
ellos que al pueblo le dieron, 
la independencia anhelada, 
lanzados fueron del suelo, 
por cuya dicha lucharan,
 proscritos sí, por traidores,
 los que de lealtad sobraban. 

Sólo para presentarse como un simple testigo o relator de las quejas y lamentos percibidos emplea Duarte esa primera persona que tanto les gusta a los políticos del momento:

 “Se les miró descender, 
a la ribera callada, s
e les oyó despedirse, 
y de su voz apagada, 
yo recogí los acentos, 
que por el aire vagaban”

jueves, 19 de febrero de 2015

LA BIBLIOTECA MUNICIPAL "TOMÁS HERNÁNDEZ FRANCO" ( Tamboril ) : VEINTICINCO AÑOS DESPUÉS.



Por: Domingo Caba Ramos.
  Hasta el año 1990, en el municipio de Tamboril no existía una biblioteca pública en la que estudiantes y demás ciudadanos se dieran cita a escuchar una charla, realizar una tertulia literaria, leer un periódico o consultar un libro. Solo en un estrecho espacio de la primera planta del ayuntamiento local había un tramo en el que descansaban no más de cincuenta libros desactualizados al que por no existir otro nombre todos le llamaban Biblioteca Pública.

No faltaron, sin embargo, los intentos de personas que constituidas en comités realizaron una que otra reunión con miras a discutir y trazar posibles planes encaminados a fundar tan importante institución; pero por una u otra razón tales intentos se quedaron en las buenas intenciones, esto es, no se materializaron.

Merced a esa realidad, al final de 1989 surgió un nuevo comité, esta vez con más definido el propósito y más firme la decisión, que acto seguido empezó a crear conciencia, coordinar voluntades y captar recursos materiales con el fin de convertir en hecho el tan educativo y cultural proyecto.

 Lo primero que se acordó fue que la biblioteca llevaría por nombre “Tomás Hernández Franco”, para de esa manera honrar la memoria del eximio poeta, nativo de Tamboril, autor del poema Yelidá y uno de los más brillantes exponentes de la literatura dominicana. En tal virtud, al recién fundado comité se le llamó Comité pro - Fundación Biblioteca Pública “Tomás Hernández Franco”.

Si bien en el momento de su formación casi una decena de personas participaron en los encuentros iniciales, el comité definitivo estuvo compuesto por el entonces director de la escuela urbana “Sergio Hernández”, profesor Basilio Caba, quien lo presidió, el arquitecto Eduardo Peña (tesorero), el periodista Nicolás Santos (secretario de actas y correspondencias), los profesores Alcides Ventura, Juan Guichardo, Domingo Caba y el comerciante José Luis Deschamps. Muy pocos grupos humanos habían trabajado con igual pasión, entusiasmo, responsabilidad y transparencia como lo hicieron los integrantes de este comité.

Como Tomás Hernández Franco Franco (1904 – 1952), era una pobremente conocido en el pueblo que lo vio nacer, para justificar el nombre del centro bibliotecario en proceso de formación, el comité desarrolló una intensa labor de difusión acerca de la vida y obra del destacado escritor, tanto mediante la publicación de artículos en la prensa nacional como a través de charlas dictadas en el mismo municipio, y en las que participaron expositores locales, de Santiago, Moca y Santo Domingo. En ese ciclo de conferencias titulado “Una semana con Tomás Hernández Franco”, magistrales y no menos memorables fueron las disertaciones de los afamados intelectuales mocanos, doctores Julio Jaime Julia (Q.E.P.D.) y Bruno Rosario Candelier, así como la leída por la profesora y poetisa tamborileña, Elsa Brito de Domínguez. A mí me correspondió disertar sobre el tema “Presencia de Tamboril en las obras de Tomás Hernández Franco”.

 Esta labor de educación sirvió para que Hernández Franco dejara de ser un ignorado en su tierra natal y para que los tamborileños comenzaran a citarlo con orgullo y conocieran la trayectoria literaria de su insigne compueblano.
                                                                         Tomás Hernández Franco ( 1904 - 1952 )

  El comité cada vez iba concitando la confianza y el apoyo del pueblo. Todos confiaban en el trabajo incondicional de cada uno de sus miembros. Cada munícipe aportaba lo que podía. Uno daba una silla, otro un libro, otro un escritorio, otro un anaquel, otro colaboraba con la mano de obra, etc. En cuanto al sector comercial, ninguno de sus miembros desoyó nuestro llamado. En este ámbito vale resaltar el papel asumido por el empresario Baby Caraballo a quien con justicia debemos reconocer como nuestro principal soporte. El supo colaborar antes y después de inaugurada la obra.

El Ayuntamiento, con Julio Rosario Comprés a la cabeza, le cedió al comité el antiguo local que había servido de estación al ferrocarril central, para que allí funcionara la biblioteca. Este funcionario, además de su apoyo decidido al proyecto de fundación del centro bibliotecario jamás se le ocurrió ejercer su autoridad para controlarlo, politizarlo e irrespetar su autonomía durante el tiempo en que el comité fundador lo dirigió. Lo mismo que Julio, también supieron respetar la autonomía de la biblioteca dos de los tres síndicos que llegaron luego.

El periódico LA INFORMACIÓN desempeñó un rol de primerísima importancia en la captación de recursos para nuestro proyecto. A su director en ese momento, periodista Miguel Franjul, lo designamos padrino del Comité. Un enjundioso y persuasivo editorial escrito por este conmovió la conciencia de los ejecutivos de las empresas Cemento Cibao, Casa Haché, SADOSA y la Asociación de Ferreteros del Cibao (ADEFECI), originando que estos aportaran todo el material requerido para acondicionar el local. De esta manera se logró que el sábado 26 de enero de 1990 (Día de Duarte), en un grandioso, masivo e inolvidable acto, quedaran, ¡por fin!, abiertas las puertas de la Biblioteca Municipal “Tomás Hernández Franco”, la biblioteca que tanto deseaba y necesitaba el pueblo de Tamboril.
                                                                  
Una vez fundada, nada satisfacía más que ver a decenas de ciudadanos leyendo la prensa diaria y a cientos de estudiantes consultando en los más de tres mil volúmenes que logramos recaudar. A partir de este acontecimiento, el comité fundador se trasformó en Comité de Apoyo. A uno de sus integrantes, el profesor Alcides Ventura, se le asignó la responsabilidad de dirigirlo de manera gratuita. Solo de Baby Caraballo, en los primeros años, recibía un pequeño aporte para fines dieta.

 Debido a nuevos compromisos contraídos y/o al desplazamiento a otros lugares de una parte representativa de sus miembros, el Comité de Apoyo se disolvió y, en tal virtud, la biblioteca pasó a ser dirigida por el ayuntamiento. Con este cambio de dirección, la vida de esta institución también cambió: una buena parte de los libros que dejamos desaparecieron, la sala de lectura casi siempre permanece vacía, se realizan en estas actividades de tintes políticos tales como reuniones, entrega de tarjetas de solidaridad y, en fin, se ejecutan acciones incompatibles por completo con un recinto bibliotecario.

 Es posible que mi amigo y exalumno, Lic. Anyolino Germosén, Alcalde de Tamboril, por estar concentrado en otros asuntos municipales considerados de mayor magnitud, haya olvidado corregir esta preocupante y decepcionante situación; sin embargo, estoy convencido de que él tomará las medidas de lugar con miras a devolverle a la biblioteca la imagen educativa y cultural que le dieron origen y que sus fundadores le imprimieron. Y estoy convencido porque es lógico que en su condición de primer ejecutivo municipal desee lo mejor para su pueblo y porque sé que él, al igual que yo, está más que consciente de que un recinto bibliotecario, por el alto grado de silencio y concentración que demanda, no debe ser compartido con otras dependencias municipales ni realizarse en su sala ninguna actividad al margen de la lectura o que no sea de naturaleza estrictamente cultural.

                                                             Plano general de la Biblioteca "Tomás Hernnádez Franco"

 Sé que el alcalde, como yo, sabe que la mejor manera de celebrar los veinticinco años de fundación de la Biblioteca Municipal “Tomás Hernández Franco”, y rendirle homenaje eterno al laureado poeta que lleva su nombre, es tecnificando y modernizando sus procesos, reforzando periódicamente la estantería con nuevos y más actualizados libros y, lo que es más importante, despolitizando o recatando la esencia cultural que le dio origen a esta cuasi treintañera y formativa institución. Y es que el proselitismo político es incompatible con el quehacer cultural. Donde llega el primero, desaparece el segundo.

Para el logro de tales propósitos, me permito recomendar, asido de la más educativa, cultural y noble de las intenciones, lo siguiente:

 1. Nombramiento de un director de la biblioteca.

 2. Este director, que de ninguna manera puede ser el mismo Encargado de Cultura del Ayuntamiento, como sucede en la actualidad, deberá diseñar planes de trabajo encaminados a dinamizar e inyectarle la vida que antes esta institución tenía, así como organizar charlas y crear áreas digitales de manera que el libro físico interactúe con el texto virtual. 

3. Proporcionar, mediante asistencia a cursos, conocimientos básicos de Bibliotecología al personal que labora en la biblioteca. 

 4. Descentralizar o rescatar la autonomía perdida de la biblioteca, de manera que esta comience a funcionar bajo el control absoluto de un organismo autónomo de gestión municipal, que bien podría ser el Club Rotario Tamboril. 

Hasta aquí el recuento histórico y mis propuestas con motivo del veinticinco aniversario de la fundación de la Biblioteca Municipal “Tomás Hernández Franco”. Mi apreciado amigo Anyolino, el ayuntamiento y el pueblo de Tamboril tienen la última palabra.

lunes, 16 de febrero de 2015

CARTA A LA MADRE MUERTA

 Por : Domingo Caba Ramos.

 “Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja...” 

( Manuel del Cabral )

  INOLVIDABLE MADRE: 

 Perdóname si violento el eterno silencio de tu último refugio. Pero tenía que decirte algunas palabras. Las palabras finales que tu muerte repentina impidió expresarte antes de que se produjera tu partida dolorosa.

Naciste, madre mía, con el nacimiento de la segunda década del presente siglo. Creciste, te desarrollaste y un buen día decidiste contraer matrimonio. Muy pronto comenzaron a llegar los hijos: llegó el primero, llegó el segundo y llegó el tercero. Llegó el cuarto y luego el quinto. Y cuando el sexto (yo) descansaba tranquilamente en tu vientre venerado, falleció tu esposo, murió mi padre. De esa manera quedaste viuda en la flor de la juventud o cuando tu vida de madre - mujer apenas empezaba a echar raíces.

Conforme a tan amarga realidad, bien pudiste haber pensado en rehacer tu vida y salir tras la búsqueda de un nuevo casamiento; pero tus nobles sentimientos maternales no permitieron que adoptara semejante comportamiento. Por eso, en lugar de recorrer las dulces sendas del placer optaste por patrullar los tortuosos senderos del sacrificio, dedicándote con inigualable abnegación a la crianza y formación de tus seis hijos.

Tu única meta estaba orientada a convertir en realidad los deseos o sueños del padre: que todos o la mayoría de sus hijos alcanzaran una profesión y se transformaran en hombres dignos de esta sociedad. Y los sueños se cumplieron. Y para que así sucediera, fueron muchas las dificultades que tuviste que enfrentar. Fueron muchas las barreras que tuviste que vencer.

La felicidad de tus hijos era tu felicidad, y con tal de lograrla eras capaz de hacer lo indecible o incurrir en el más increíble de los sacrificios.

 Había que verte, madre mía, cuando uno de tus hijos o nietos obtenía un título académico . Había que verte, cuando uno de estos lograba alguna meta. La alegría te brotaba por los poros y se dibujaba como luz de luna llena en tu rostro moreno.

 Con nosotros fuiste firme como la superficie del bronce pero dulce y tierna como la sonrisa de un niño. Siempre fuiste positiva, emprendedora y nunca una sonrisa ni una palabra de aliento se apartó de tus labios.

Aunque vieja de edad, siempre fuiste joven de espíritu, y merced a este último rasgo aflora ese gran dinamismo que tanto te caracterizó.

Cual heroína sin nombre, supiste desempeñar con entrega inusitada el doble papel de padre y madre.

¡Cuánto te queríamos tus hijos, madre mía!
 ¡Cuánto te adoraban tus nietos!
¡Cuánto te apreciaban tus hermanos, vecinos, amigos, ahijados y demás relacionados!
¡Cuánto te quería Miguel ( nuestro tío - padre ), tu adorado  hermano veintiañero que ante la muerte de nuestro progenitor pasó a residir contigo para auxiliarte en la crianza de tus hijos.
¡Y cuánto te quería Mónica Antonia,  nuestra hermana menor , la hija que nunca pariste; pero que era uno de los centros principales de tus desvelos!

  El 16 de febrero del año que transcurre un infarto fulminante paralizó los latidos de tu noble corazón. Y falleciste, doña Librada, como un pajarito, sin martirio, sin amargura, sin manifestaciones de dolor, en paz. Como sólo saben morir las almas nobles.

 Tus hijos, madre mía, siempre nos sentiremos orgullosos de ti y eternamente te recordaremos como la más consagrada, tierna y honorable madre del universo.

Paz a tus restos.

 (La Información: 22 - 2 - 97)

martes, 3 de febrero de 2015

LOS CRONISTAS DEPORTIVOS Y EL NOMBRE DE NUESTRO PAÍS

 Por: Domingo Caba Ramos.

El fundador de la nacionalidad dominicana, Juan Pablo Duarte, en su muy famoso e histórico Juramento Trinitario, apunta lo siguiente:

«En nombre de la Santísima, augustísima e indivisible Trinidad de Dios Omnipotente, juro y prometo, por mi honor y mi conciencia, en nombre de nuestro presidente, Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes a la separación definitiva del gobierno haitiano, y a implantar una república libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera, que se denominará República Dominicana…»

 Mientras que la Constitución de la República Dominicana, en su Art. 1, establece que:

 « El pueblo dominicano constituye una Nación organizada en Estado libre e independiente, con el nombre de República Dominicana…»

 Eso quiere decir que, según lo ideó el patricio y lo consignó luego el legislador en nuestra Carta Magna, el nombre de nuestro país es República Dominicana y no Dominicana, como se lee en las páginas deportivas y se escucha en la cadena de radio y televisión que todos los años transmite los juegos de beisbol correspondientes a la Serie del Caribe. En otras palabras, aunque no existe en el mundo ningún país llamado Dominicana, nuestros cronistas deportivos persisten en llamar así a una nación cuyo verdadero nombre es República Dominicana, incurriendo de esa manera en una innecesaria distorsión de la esencia de la auténtica denominación.

Pero no solo los cronistas. En el mismo error incurre la Liga de Beisbol Profesional de la República Dominicana (LIDOM), cuando decide identificar el uniforme del equipo representativo de este país en la Serie del Caribe con el nombre de Dominicana. Es posible que se alegue que el nombre que identifica a nuestra patria es muy largo y que por esa razón resulta difícil inscribirlo completo en un uniforme. De ser así, ¿por que entonces no se escribe en este REP. DOM., o, simplemente, R.D., sigla esta última  que históricamente ha sido utilizada para representar el nombre de República Dominicana.

 Al decir simplemente Dominicana, ¿qué mensaje les transmiten nuestros cronistas deportivos y  la LIDOM a los demás países que participan en esa caribeña competencia?

 Sencillamente, que nuestro país se llama Dominicana. Por eso hoy no me extrañó que estando hace ya varios años en México, un nativo de esta nación me preguntó que si yo era de Dominicana. Acto seguido le respondí:

 «No, de la República Dominicana».

 El que el amigo mexicano creyera que así se llamaba mi patria, no me sorprendió, por cuanto es bien sabido que los medios de comunicación, conscientes o inconscientemente, y debido a la gran influencia que ejercen, trazan las pautas en el uso de la lengua. De tanto leer y escuchar el término Dominicana, es lógico, pues, que todo extranjero piense que así se llama la patria que hace casi dos siglos independizó Juan Pablo Duarte. Y, peor aún, hasta los niños dominicanos podrían pensar lo mismo.

Conviene tener siempre presente que la palabra República forma parte del nombre de nuestro país, razón por la cual nunca deberá omitirse cuando este se exprese, ya sea en forma oral como escrita. Con el nombre de la República Dominicana, vale aclarar, sucede lo mismo que con el  de La Romana, cuyo artículo antepuesto ( La ) suele omitirse, a pesar de ser parte de dicho nombre. Cuando se refieren a esta ciudad, muchos cronistas deportivos prefieren decir simplemente Romana, como se aprecia en frases del tipo:

a) « Hoy no habrá juego en Romana…»  b) «En Romana Escogido vence a Toros»

 En el uso de la lengua, vale siempre recordarlo, no debemos distorsionar la realidad. En tal virtud, los nombres que designan esa realidad, hay que emplearlos en su justa, auténtica y completa denominación.