martes, 3 de febrero de 2015

LOS CRONISTAS DEPORTIVOS Y EL NOMBRE DE NUESTRO PAÍS

 Por: Domingo Caba Ramos.

El fundador de la nacionalidad dominicana, Juan Pablo Duarte, en su muy famoso e histórico Juramento Trinitario, apunta lo siguiente:

«En nombre de la Santísima, augustísima e indivisible Trinidad de Dios Omnipotente, juro y prometo, por mi honor y mi conciencia, en nombre de nuestro presidente, Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes a la separación definitiva del gobierno haitiano, y a implantar una república libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera, que se denominará República Dominicana…»

 Mientras que la Constitución de la República Dominicana, en su Art. 1, establece que:

 « El pueblo dominicano constituye una Nación organizada en Estado libre e independiente, con el nombre de República Dominicana…»

 Eso quiere decir que, según lo ideó el patricio y lo consignó luego el legislador en nuestra Carta Magna, el nombre de nuestro país es República Dominicana y no Dominicana, como se lee en las páginas deportivas y se escucha en la cadena de radio y televisión que todos los años transmite los juegos de beisbol correspondientes a la Serie del Caribe. En otras palabras, aunque no existe en el mundo ningún país llamado Dominicana, nuestros cronistas deportivos persisten en llamar así a una nación cuyo verdadero nombre es República Dominicana, incurriendo de esa manera en una innecesaria distorsión de la esencia de la auténtica denominación.

Pero no solo los cronistas. En el mismo error incurre la Liga de Beisbol Profesional de la República Dominicana (LIDOM), cuando decide identificar el uniforme del equipo representativo de este país en la Serie del Caribe con el nombre de Dominicana. Es posible que se alegue que el nombre que identifica a nuestra patria es muy largo y que por esa razón resulta difícil inscribirlo completo en un uniforme. De ser así, ¿por que entonces no se escribe en este REP. DOM., o, simplemente, R.D., sigla esta última  que históricamente ha sido utilizada para representar el nombre de República Dominicana.

 Al decir simplemente Dominicana, ¿qué mensaje les transmiten nuestros cronistas deportivos y  la LIDOM a los demás países que participan en esa caribeña competencia?

 Sencillamente, que nuestro país se llama Dominicana. Por eso hoy no me extrañó que estando hace ya varios años en México, un nativo de esta nación me preguntó que si yo era de Dominicana. Acto seguido le respondí:

 «No, de la República Dominicana».

 El que el amigo mexicano creyera que así se llamaba mi patria, no me sorprendió, por cuanto es bien sabido que los medios de comunicación, conscientes o inconscientemente, y debido a la gran influencia que ejercen, trazan las pautas en el uso de la lengua. De tanto leer y escuchar el término Dominicana, es lógico, pues, que todo extranjero piense que así se llama la patria que hace casi dos siglos independizó Juan Pablo Duarte. Y, peor aún, hasta los niños dominicanos podrían pensar lo mismo.

Conviene tener siempre presente que la palabra República forma parte del nombre de nuestro país, razón por la cual nunca deberá omitirse cuando este se exprese, ya sea en forma oral como escrita. Con el nombre de la República Dominicana, vale aclarar, sucede lo mismo que con el  de La Romana, cuyo artículo antepuesto ( La ) suele omitirse, a pesar de ser parte de dicho nombre. Cuando se refieren a esta ciudad, muchos cronistas deportivos prefieren decir simplemente Romana, como se aprecia en frases del tipo:

a) « Hoy no habrá juego en Romana…»  b) «En Romana Escogido vence a Toros»

 En el uso de la lengua, vale siempre recordarlo, no debemos distorsionar la realidad. En tal virtud, los nombres que designan esa realidad, hay que emplearlos en su justa, auténtica y completa denominación.

miércoles, 28 de enero de 2015

DUARTE, MARTÍ Y LA “EDAD DE ORO”: UN LIBRO QUE PADRES Y MAESTROS DEBERÍAN LEER CON SUS NIÑOS

 Por: Domingo Caba Ramos




 Juan Pablo Duarte nació en Santo Domingo el 26 de enero de 1813. José Martí nació en otra isla del Caribe, Cuba, el 28 de enero de 1853. Duarte es el padre de independencia dominicana. Martí lo es de la independencia de Cuba. La dignidad, el sacrificio, el desprendimiento de los bienes materiales, su demostrado patriotismo y su lucha constante por la liberación de sus respectivos pueblos fueron rasgos comunes a estos dos héroes antillanos. Uno y otro fueron patriotas de verdad o héroes auténticos, en cuyas mentes solo un pensamiento latía: ver libre y transitando por las sendas del progreso a sus adoradas patrias.

Martí fue también poeta, precursor del Modernismo y uno de los escritores representativos de la literatura hispanoamericana. De una de sus obras, “La Edad de oro”, transcribo dos fragmentos, el segundo de ellos bastante aleccionador, en un momento en que la conducta indecorosa parece corroer los cimientos morales de la sociedad dominicana.

 “La Edad de oro”, fue una revista mensual publicada por Martí para los niños de América. Se trató de una publicación contentiva de mensajes pletóricos de humanos y constructivos mensajes, incluidos en textos tales como cuentos, ensayos y poesías. Solo circularon cuatro números, más tarde recogidos y publicados como libro con el mismo título de la revista. Se trata de un libro que todos los maestros en la escuela, y todos los padres en el hogar deberían leer y comentar con sus niños. Entre otras ideas, afirma Martí lo siguiente:

 1. «Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto. Sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz. El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la ofenda: el niño crece entonces, y parece un gigante… »


 2. «Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor. En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados. Estos tres hombres son sagrados: Bolívar, de Venezuela; San Martín, del Río de la Plata; Hidalgo, de México. Se les deben perdonar sus errores, porque el bien que hicieron fue más que sus faltas. Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz»  


  3. «Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía.  Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado. Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado. Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permite que pisen el país en que nació  no es un hombre honrado. El niño, desde que puede pensar, debe pensar en todo lo que ve, debe padecer por todos los que no pueden vivir con honradez, debe trabajar porque puedan ser honrados todos los hombres, y debe ser un hombre honrado. El niño que no piensa en lo que sucede a su alrededor, y se contenta con vivir, sin saber si vive honradamente, es como un hombre que vive del trabajo de un bribón, y está en camino de ser bribon.Hay hombres que son peores que las bestias, porque las bestias necesitan ser libres para vivir dichosas: el elefante no quiere tener hijos cuando vive preso: la llama del Perú se echa en la tierra y se muere, cuando el indio le habla con rudeza, o le pone más carga de la que puede soportar. El hombre debe ser, por lo menos, tan decoroso como el elefante y como la llama»

viernes, 16 de enero de 2015

EL CASO DICAN, FELIX BAUTISTA Y LA CULTURA DEL TIGUERAJE


 Por: Domingo Caba Ramos.


 “Cultura del tigueraje” es el  título del libro que en abril del año 2011 puso en circulación el reconocido terapeuta y siquiatra dominicano, Dr. José Dúnker.

En dicho texto, el autor nos presenta un enjundioso análisis y detallado perfil descriptivo acerca del estilo de vida del dominicano, manera de ser que él resume con el nombre de “tigueraje”. Este concepto debe entenderse como la cultura, mentalidad o proceder  propios de los tígueres.

 Según Dúnker, (p.26) «En la República Dominicana se utiliza la palabra tíguere- en lugar de tigre – para referirse a algunos individuos cuya manera de hablar, de vestir y comportarse rompe con los esquemas usuales» Aclara que originalmente el tíguere era un muchacho de clase baja, residente en los barrios, que penetraba a la casa de los “riquitos” y nada le sucedía, esto es tenía la habilidad de salir en todo momento bien. Puede afirmarse que esta era su característica principal : su habilidad de quedar bien, especialmente el “tíguere gallo”, el cual se “salía siempre con la suya”, sin que nada pasara.

Con el paso de los años, afirma Dúnker, el tigueraje ha invadido o se fue infiltrando en la vida domicanana, pública y privada , penetrando así en  todos los estratos sociales, sin excepción, de modo que hoy tenemos tígueres en los negocios, en la política, en la iglesia ( católica y protestante ) , en la administración pública ( civil, militar y policial ) , así como también en las relaciones familiares. Se ha producido, pues, un tránsito del original tigueraje barrial o marginal al tigueraje en todos los ámbitos de la sociedad dominicana.

 En lo que  que respecta a la política dominicana, precisa el profesional de la conducta, lo que la rige hoy, es el tigueraje.

Es en ese contexto en en cual se inscribe el bochornoso caso protagonizado por unos oficiales policiales pertenecientes a la Dirección Central Antinarcóticos (DICAN) y unos procuradores fiscales a quienes a pesar de que el pueblo les pagaba para combatir el narcotráfico, aprovechaban el poder que el puesto le confería para promover este grave flagelo y comportarse como verdaderos narcotraficantes.

Y es en ese mismo contexto en el que necesariamente debemos situar el accionar de un humilde sastre de provincia, quien en el más breve tiempo que conozca la historia dominicana, salta de la pobreza extrema y se convierte en uno de los seres con mayor riqueza económica con que cuenta nuestro país. Ha sabido salirse con las suyas. Porque como bien lo describe el médico y escritor que nos ocupa (p.18):

 « El tigueraje tiene que verse como cultura, un modo de ser, en el mismo sentido en que se habla de actitudes o mentalidad de la gente. El tíguere es una persona pícara, que engaña a cualquiera, y que hace lo que sea con tal de quedar bien parado, en lo cual incluye la habilidad para mostrarse al final como "un angelito caído del cielo". En otras palabras "tira la piedra y esconde la mano...»


« El tíguere - amplía Dúnker ( p.27 ) -  tiene que salirse con las suyas y sacar beneficio en todo lo que hace, lo cual se expresa en la actitud de “dame lo mío”. Al mismo tiempo, el tíguere hace su juego al margen de las normas establecidas, pues de lo contrario sería simplemente una persona exitosa y noble. El toque final consiste en hacer lo que sea, incluso “partirle el pescuezo a cualquiera”, aparentando ser un “angelito caído del cielo”»

Como una gran masa del pueblo ve que el tíguere viola sistemáticamente las reglas, incurre en actos dolosos, "se sale con las suyas" y le va  bien, es normal entonces que sean muchos los que deseen montarse en el carro del tigueraje,  en espera de que a ellos también les "salga los suyos" o poder así, como el tíguere,  ascender social y enonómicamente.

 Allí en donde el desorden institucional impera y la ley no se cumple, es donde el tigueraje opera con mayor fuerza. En fin, todo lo que signifique corrupción, engaño, robo, simulación, violación de la ley, delito y falsedad conforma esa enfermedad social que al doctor José Dúnker le ha dado con llamarle “Cultura del tigueraje”

jueves, 8 de enero de 2015

ACERCA DE LOS NOMBRES DE CALLES, ESCUELAS Y OTRAS INSTITUCIONES PÚBLICAS

Por: Domingo Caba Ramos.

La muerte impacta fuertemente el alma, mucho más si esta ocurre de manera trágica o súbita. Es entonces cuando se abren las ventanas de la emoción y se cierran las puertas del razonamiento. La imagen del que fallece se eleva hasta lo más alto del honor, independientemente de lo intrascendentes y hasta nocivas que hayan sido sus acciones en vida.

 Es entonces cuando en la República Dominicana, al recién fallecido se le rinde un no siempre merecido homenaje póstumo consistente en inmortalizar su nombre, asignándoselo a una calle, a una escuela o cualquier otra institución perteneciente a la administración pública.

 Luego, en el futuro, vendrán las preguntas sin respuestas:

¿Por qué se le asignó ese nombre? ¿Quién fue esa persona? ¿Qué hizo? ¿Cuáles fueron sus extraordinarios aportes en bien del desarrollo educativo, social y cultural del país o de la comunidad en la que su nombre se exhibe de manera eterna?

 En Moca, por ejemplo, hay un liceo que se llama “Eladio Peña de la Rosa”. ¿Quién fue este señor? ¿Qué vínculos tenía con el pueblo mocano? Absolutamente ningún tipo de relación.

 Eladio Peña de la Rosa fue un profesor, nacido y residente en la capital de nuestro país, que el 27 de octubre de 1969 murió herido de bala en un incidente ocurrido en horas de la noche en el liceo Eugenio María de Hostos, en el momento en que aquí se celebraba una reunión de estudiantes. La muerte violenta del educador conmovió la conciencia nacional y motivó protesta en todo el país. Eso fue más que suficiente para que hoy tres liceos : uno en Moca , otro en Barahona y un tercero en Santo Domingo, lleven su nombre, esto es, se honró la memoria de alguien , no necesariamente por la magnitud de sus hechos en vida , sino por el impacto que generó su muerte.

 En Licey al Medio, entrada la Reyna, existe otra escuela que lleva el nombre de un dirigente estudiantil nativo de este municipio, asesinado en 1970 por la policía en Moca, en cuyo liceo vespertino recién fundado, “Eladio Peña de la Rosa”, estudiaba. En su entierro, los agentes del orden (policía balaguerista) mataron a otros dos estudiantes.

 ¿Por qué le asignaron este nombre al precitado centro docente?

 Sencillamente por la forma trágica en que se produjo la muerte del susodicho estudiante, así como por el malestar general, la ira popular y el impacto emocional que este hecho originó a nivel nacional; pero especialmente en los pueblos del Cibao.

Independientemente de los méritos que tanto el educador como el estudiante antes referidos pudieran tener, la medida de inmortalizar sus nombres es susceptible de cuestionamiento por cuanto en las respectivas comunidades existían, y aún existen, educadores con méritos más que suficientes para recibir este homenaje. Porque, ¿cómo es posible que a un liceo mocano le llamaran “Eladio Peña de la Rosa”, marginando el nombre de esa brillante maestra y autora de textos escolares llamada Aurora Tavares Belliard? ¿Existe en Moca una escuela pública que lleve el nombre de esta insigne educadora e hija distinguida de la Villa Heroica?

 Debe quedar claro: no por haber trabajado en una escuela durante muchos años, un maestro merece que esta lleve su nombre. Para merecer tal distinción, ese maestro, además de un ejemplar comportamiento, tuvo que haber hecho aportes trascendentes o extraordinarios que hayan contribuido al desarrollo social, educativo, científico y cultural del país o de la comunidad donde ejerció  su labor docente. A nadie se le debe otorgar distinciones extraordinarias por ejecutar acciones ordinarias. Pedro Martínez, nuestro héroe deportivo, fue exaltado este martes al Salón de la Fama del beisbol grande, no simplemente por jugar en las grandes ligas, sino porque sus números, su quehacer atlético y su comportamiento dentro y fuera del terreno de juego fueron extraordinarios.

Con los nombres de las calles sucede lo mismo.

 En nuestro país sobran los ilustres héroes, patriotas, escritores, filántropos, investigadores, líderes religiosos, sindicales, etc., pero a pesar de eso, las principales calles y avenidas de la capital llevan los nombres de Abrahán Lincoln, John F. Kennedy, Winston Churchill, Charles Summer, Ortega y Gasset, Charles de Gaulle y otros extranjeros que honestamente no sé que hicieron  en bien de la nación dominicana.

 Específicamente sobre John Kennedy, el acucioso historiador Bernardo Vega ha objetado el hecho de que el exmandatario extranjero ostente la denominación de la transitada vía, por cuanto en archivos oficiales de Washington descubrió negociaciones y actitudes perjudiciales al pueblo dominicano que en determinados momentos de su gestión observó el gobernante estadounidense.

 En Santiago existe un sector llamado Urbanización Real. La mayoría de sus calles llevan nombres de la realeza inglesa o española. Entre estas merecen citarse las calles Princesa Margarita, Príncipe Carlos, Príncipe Alberto, Princesa Diana, Reina Sofía…

 Merced a estas denominaciones, valdría preguntarse : ¿Existe una sola causa que justifique tan risible y cómica medida? ¿Cómo es posible que un ayuntamiento apruebe semejante desatino, fiel ejemplo de esa aldeana alcahuetería que tanto nos caracteriza?

Los nombres de calles y escuelas deben asignarse atendiendo a los mandatos del cerebro, no del corazón. Las autoridades municipales y el Congreso Nacional deberían tomar este asunto más en serio y extremar las exigencias en el momento en que se les someta inmortalizar un determinado nombre.

viernes, 12 de diciembre de 2014

EL USO DE LA LENGUA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN


 Por: Domingo Caba Ramos.

“Colocar al frente de un programa de radio o de televisión a un discapacitado lingüístico es como poner de inspector de semáforos a un daltónico…” 

(Pedro Luis Barcia)

 Contrario a lo que debería ser su verdadera función, en el uso cotidiano de la lengua en nuestros medios de comunicación se leen y escuchan las más sorprendentes y hasta jocosas irregularidades léxicas, ortológicas, semánticas, sintácticas y morfológicas. Imperan en ellos los vulgarismos, novismos, el estilo coloquial y frases que se apartan por completo del registro estándar de la lengua. Medios en los que a la hora de informar se prestigia el contenido y descuida la forma, creando así las condiciones para que los hablantes copien e integren a su caudal lingüístico los frecuentes desatinos que a través de ellos leemos y escuchamos.

 La radio, la prensa y la televisión, más que formar prefieren adaptarse lingüísticamente al lector, y, merced a este proceder, en los comunicadores nuestros prima la idea de que se debe hablar y escribir para los iletrados, imitar su lengua, emplear su sociolecto, esto es , utilizar siempre la norma popular o las formas expresivas de los sectores menos instruidos. Para llevar a cabo su “función orientadora”, los usos lingüísticos que se prestigian son, extrañamente, los correspondientes a los hablantes que poseen más bajo nivel de escolaridad.

 De ahí que en la cabina de radio y televisión se hable como si se estuviera en el banco del parque o en la esquina del barrio. Tan preocupante realidad se pone de manifiesto tanto en la comunicación oral como escrita.

Para comprobar los desajustes expresivos de la lengua oral basta escuchar uno que otro de los tantos programas de opinión que se transmiten en nuestro país. En estos espacios se oye de todo: gritos, amenazas, insultos, injurias, pronunciación desastrosa, vulgaridades. Quien así lo desee confirmar solo tiene que escuchar, por ejemplo, las inconductas verbales del principal actor del programa de radio “El gobierno de la mañana”, que se difunde de lunes a viernes por la emisora Z -101. Un ejemplo basta para ilustrar:

«No joda ombe, coño… Se va a joder el programa por la politiquería de estos dos intolerantes, soberbios y engreídos… En Martínez Pozo y José Laluz yo me cago en ellos, coño… Espérenme en el parqueo, jijos e putas…»

En parecidos términos se expresa la regidora y periodista que en la misma estación radial labora en un programa que se transmite en horas de la tarde .

 Un popular comunicador de Santiago, apelando a un código de expresión muy particular, pintoresco y, en cierto modo conceptualmente distorsionador, en su muy escuchado programa de radio, en lugar de “mataron a un ladrón”, prefiere informar que: “Calimbaron a un ladrón …”. En vez de “la camioneta iba llena de personas”, se le escuchará decir que « la camioneta iba "timbí” de personas» Y en vez de informar que a un ciudadano le robaron, dirá que a esa persona “le cantaron bingo”

 Pero no solo los productores de programas de radio y televisión hieren nuestros tímpanos con sus insultos y términos descalificadores.

 Hasta los líderes religiosos también se desplazan por esos escabrosos senderos de la lengua. Como desafortunadamente procedió recientemente el máximo representante de la Iglesia católica dominicana al calificar a uno de sus pastores de “sinvergüenza”, “chusma”, “estúpido”, “perverso”, “lacra”, “cretino”, “pelafustán”, “vil”, “bestia” e “inescrupuloso”.

 Debido al fuerte influjo que ejercen en la sociedad, los profesionales de la información deberían manejar con mayor prudencia y cuidado el idioma. Deberían tener presente que su conducta lingüística se constituye en un marco de referencia, susceptible de ser imitada. Tal y como señala Salvador Gutiérrez, miembro de la Real Academia Española:

 “Existe una tendencia a tomar como referencia a quienes nos hablan a través de un periódico, de una radio o de un libro. Los periodistas tienen una mayor responsabilidad sobre el uso del lenguaje porque sus palabras tienen también una mayor repercusión social”.

 En la comunicación escrita el problema es tan grave como en la oral. Si leemos con detenimiento los diferentes diarios que circulan en nuestro país, fácilmente descubriremos los gazapos o errores gramaticales que en esos medios se publican.

 Discordancias, faltas ortográficas, errores conceptuales, uso inadecuado de los signos de puntuación, corte indebido de palabras al final del renglón y la presencia de frases ambiguas o pleonásticas, se destacan entre las más frecuentes de esas irregularidades

viernes, 5 de diciembre de 2014

EL NIÑO QUE VIVIÓ EN LA CÁRCEL (*)



Por: Domingo Caba Ramos

 “El novelista crea caracteres y a menudo sucede que esos caracteres se le rebelan al autor y actúan conforme a sus propias naturalezas, de manera que con frecuencia una novela no termina como el novelista lo había planeado, sino como los personajes de la obra lo determinan con sus hechos”

 (Juan Boch)
                                                           Dr Frank Espino

 «El día empezó brisoso.Joel se levantó como siempre a las 6:00 de la mañana. Abrió la ventana de madera reforzada con material de zinc, que miraba al este, y se dijo para sí: “A pesar del vientaso, el cielo luce despejado…"» (Cap. 1)

Así comienza la trama en “El niño que vivió en la cárcel”, la singular novela de dramática esencia escrita por el destacado médico ginecólogo, Francisco Espino Torres.

Toda trama supone necesariamente el planteamiento de una historia, de un problema que se complica en la medida en que esa historia se desarrolla, desarrollo este que a la vez contribuye a crear la tensión narrativa que aumenta a la par con la progresión de la historia contada.

 Y eso, en realidad, es lo que sucede en “El niño que vivió en la cárcel”. El narrador atrapa al lector en el mismo primer párrafo y lo suelta al final del relato, en el preciso momento en que Joel, ¡por fin!, logró desvelar el misterio que durante cuarenta y cinco años mantuvo envuelto el secreto relativo a su verdadera paternidad.

 Todo sucedió en tiempos del “corte” o matanza de haitianos llevada a cabo en la República Dominicana durante la dictadura de Trujillo. Juana, una negra que parecía haitiana sale a comprar leche para mitigar el hambre del negrito hijo que lleva en los brazos. Unos guardias la apresan por ser negra y no portar la declaración de nacimiento del niño (Joel) y es conducida a la cárcel junto a este.

 Para evitar que el pequeño muriera de hambre y frío, la madre se lo concede en adopción a un soldado del régimen (Niple). Joel es ya un hombre y cree que Niple es su padre biológico. Esta creencia se mantuvo hasta que doña Carmen, cuñada suya, levanta el velo que descubre la verdad.

La obra está inspirada en un hecho real, recreado, naturalmente, por la fantástica imaginación del narrador. Se trata de una dramática y desgarrante historia en la que el elemento humano aparece en primer plano.

 La novela como subgénero narrativo, ¿para qué sirve?, ¿Cuál es su función?

 En virtud de su naturaleza eminentemente estética, la novela, como expresión del arte literario, cumple una función lúdica, por cuanto su intención primaria consiste en recrear la realidad a través de la palabra. Pretende conmover la sensibilidad del lector o despertar en este sensaciones y sentimientos. Significa esto, que más que reproducir la realidad, el novelista lo que hace es recrearla o inventar un mundo imaginario semejante o parecido al mundo de la experiencia.

Pero aparte de esta función, la novela tiene como propósito crear conciencia y producir cambios en el seno de la estructura social. George Lukács (1885 - 1971), brillante pensador marxista de origen húngaro, establece al respecto que “la novela debe ocuparse de la vida del hombre que vive, cargado de problemas, convertido él mismo en problema, en este nuestro mundo absurdo”

 En parecidos términos escriben los profesores y ensayistas españoles Martín Duque y Marino Fernández Cuesta, cuando, citando a Ortega y Gasset, afirman que:

«La función esencial de la novela moderna es describir una atmósfera, a diferencia de otras formas épicas, cuya misión es referir una acción concreta» (1973:99)

Merced al planteo precitado, vale resaltar que el Dr. Espino describe una realidad en la que la atmósfera de la tiranía trujillista se percibe en cada uno de los nueve capítulos que conforman la obra. El sabe muy bien lo que es el drama, por la condición del actor teatral que fue durante sus años juveniles cuando cursaba estudios de medicina en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). No debe extrañar, pues, el intenso tono dramático que a todas luces se aprecia en el entramado narrativo de “El niño que vivió en la cárcel”

En la historia de la literatura dominicana no abundan los médicos que se hayan destacados como creadores literarios, y en el género de la novela, mucho menos. El doctor Espino, sin embargo, nos sorprende con esta su primera novela. A él, que, en su condición de médico ginecólogo, ha contribuido con sus conocimientos científicos a que tantas madres paran a sus tiernas criaturas humanas, esta vez le ha correspondido dar a luz una criatura literaria emanada de su fértil imaginación creadora.

 ¡Enhorabuena!, Dr. Espino.

(*) -Palabras leídas por el autor en  el acto de puesta en circulación , el 3 de diciembre del 2014, en el salón de actos de la Clínica  Unión Médica ( Santiago de los Cablleros )



martes, 2 de diciembre de 2014

LA MONA CURIOSA Y DOÑA ASUNCION.


  Por : Domingo Caba Ramos.

  La historia de “La mona curiosa” es tan curiosa como el curioso personaje que le sirve de protagonista. La leí hace ya varios años en uno de los textos narrativos que conforman la rica y siempre aleccionadora literatura infantil de la hermana república de Cuba.

Por curiosa, la mona de nuestra historia era sumamente intrigante y conflictiva. Y todo por su odiosa práctica de emitir opiniones, ofrecer informaciones y formular preguntas que bordeaban el mundo íntimo de los otros animales. Preguntas e informaciones que casi siempre molestaban y desencadenaban la ira de todos los habitantes del bosque.

Al sapo, por ejemplo, un buen día le pregunta que por qué sus ojos eran tan grandes y feos; al camello que a qué se debía esa joroba que ningún otro animal poseía; con el elefante insiste en que le explique el porqué de su extraño moco y grandes patas. Y no arrepentida por la carrera que con el fin de agredirla le dieron los tres animales antes citados, molestos por los cuestionamientos, se encuentra con la jirafa, a la que sin mediar palabras, luego de secarse el sudor, le pregunta : “ ¿ Por qué tú usas piyama…? ¿A qué se debe ese pescuezo tan largo?

 Repuesta de la agresiva persecución que en su contra también emprendió la jirafa, la mona, triste y cabizbaja, se sentó en una piedra a meditar. Su entrañable amiga, la chiva, al observarla en semejante estado anímico, le pregunta:

-“¿Qué le pasa doña mona que tan angustiada la veo?”

 _ “Soy una desgraciada, nadie me quiere, todos quieren golpearme o matarme…” – contestó. Y acto seguido procedió a contarle a su amiga lo que le había sucedido. Al oír el relato, la respuesta de la chiva no se hizo esperar:

“_ No, mi amiga mona, usted no es tan fatal como piensa. La fatalidad se la está creando usted por decir lo que no debe decir y preguntar lo que no debe preguntar. Respete el mundo íntimo de los demás y elimine la costumbre de hacer preguntas necias y emitir juicios que rocen ese mundo, y le aseguro que todos los animales la apreciarán y nadie la rechazará ni intentará nunca matarla o agredirla”

 "COSAS DE DOÑA ASUNCIÓN"

 Doña Asunción, concebida, al parecer, a imagen y semejanza de la mona curiosa, también tiene su historia. Una historia fantástico - realista relatada por José Luis Perales en una de sus populares canciones, “ Cosas de doña Asunción”, en la que nos cuenta cómo esta dama solía reunirse todas las tardes, a las cinco, junto al maestro, el boticario y el cura del lugar para desarrollar así placenteras jornadas de cálidas y chismográficas murmuraciones.Así describe Perales a doña Asunción :

 "Son las cinco de la tarde, 
comienza la reunión,
 la partida de canasta, 
la carla de religión. 

La maestra, el boticario, 
el cura y doña asunción; 
el café de media tarde,
 y algo de conversación.

 Y hablarán... del hijo de don Ramón,
 tan listo que parecía, 
y se ha convertido en pastor .

No se si me engañaré, 
comenta doña asunción, 
pero anoche vi a fulano, 
que rondaba el callejón..."

 Y una tercera   historia, referida por mí, inspirada en una doña Asunción de carne y huesos, como la que a continuación me permito describir:

 A pesar de poseer formación universitaria y ejercer el más formativo de los oficios, su conducta verbal semeja la de aquellas comadres de barios que han convertido el chisme y la intriga en sus pasatiempos favoritos.

 En la institución donde trabaja o ha trabajado y, posiblemente, en el vecindario urbano donde reside, ella todo lo sabe o procura saberlo, todo lo indaga, todo lo pregunta, todo lo comenta, todo lo informa. Y cuando por alguna razón no logra conseguir la respuesta deseada, entonces se la inventa, la presume, la infiere y la comunica como si se tratara de la más incontrovertible de las verdades.

No importa lo mucho que sus viperinas palabras contribuyan a empañar la imagen moral de quienes la rodean. Su lengua, mortal como el veneno de la víbora y destructora como la furia del huracán, no conoce descanso, nunca calla, nunca disfruta vacaciones, siempre está en constante movimiento: preguntando, informando, enjuiciando, opinado, murmurando y lacerando o enturbiando ajenas reputaciones. Y merced a tan intrigante y cloacal actitud, es muy común que de su boca emanen consideraciones del tipo:

“¿Supiste lo que le que ocurrió a Doroteo…?” 
“¿Y tú no sabes que Susa es amante o se entiende con Yeyo…!” 
“¡Señores!, ¿y ustedes saben la última…? 

Por eso, y sin que ella siquiera se lo imagine, todos la llaman “lengua de jabón”.

El secreto para ella no existe, no es más que una ilusión o una simple palabra formada por siete letras, y la discreción, un don o cualidad carente por completo de sentido. Por eso en ella nadie confía. Por eso a ella todos le temen. Todos toman frente a ella las previsiones de lugar para no verse envuelto en las redes venenosas de su lengua ponzoñosa.

Ella, vale reiterarlo, es un ser con existencia real, no un personaje fantástico de esos a que no tiene acostumbrado García Márquez en sus geniales y mágicas narraciones. Un ser que si bien posee nombre propio, he preferido ocultar su identidad , por ética y delicadeza,  tras el nombre imaginario de doña Asunción.

Cada vecindario, centro de trabajo y grupo social cuenta con su doña Asunción o con su mona curiosa o mono curioso. Descubrir a este tipo de espécimen humano siempre será importante como una forma de bloquear o reducir los dañinos afectos de su nociva conducta lingüística.