domingo, 2 de noviembre de 2014
¿ES CORRECTO PRONUNCIAR LA Z EN HISPANOAMÉRICA?
Por: Domingo Caba Ramos.
La pregunta que sirve de título al presente artículo es muy común en los cursos de lengua española que se imparten en nuestras universidades. La respuesta a tan importante cuestionamiento lingüístico bien podría resumirse como sigue:
Una de las características del español de América es el seseo. Consiste este fenómeno lingüístico en pronunciar como s las letras z y c, esta última ante las vocales e, i, (ciguapa – ceguera). Tales letras representan el mismo sonido, vale decir, no debe establecerse entre ellas distinción fonética. De ahí que la sílaba za, en la palabra zapato, deba pronunciarse igual que sa, en sapo. O, lo que es lo mismo, en el mundo hispánico se escribirá “zapato”, pero se pronunciará siempre “sapato”.
No sucede igual en el centro, norte y este de España, en cuyas hablas se pronuncia como z la s y la c que precede a las vocales e, i, originándose así el fenómeno llamado ceceo. En tal virtud, un hablante ceceante dirá [zemana] por semana, [revizión] por revisión, [zemento] por cemento, [zine] por cine.
Aunque el ceceo es un fenómeno dialectal presente en algunas zonas del sur de España, su difusión en esa zona es de mucho menor extensión que el seseo.
“El seseo – se lee en el Diccionario panhispánico de dudas – es general en toda Hispanoamérica, lo es en Canarias y en parte de Andalucía, y se da en algunos puntos de Murcia y Bandajoz. También existe seseo entre las clases populares de Valencia, Cataluña, Mallorca y el País Vasco, cuando hablan castellano, y se da asimismo en algunas zonas rurales de Galicia. El seseo meridional español (andaluz y canario) y el hispanoamericano gozan de total aceptación en la norma culta” (2005: 598) .
De la cita e ideas preindicadas se infiere lo siguiente:
a) Todos los hispanoamericanos son seseantes, por tanto, en esta parte del mundo hispanohablante, la letra z carece por completo de esencia fonética o sonido propio, esto es, funciona no como fonema, sino como la expresión gráfica del fonema /s/. Lo mismo sucede con la c, la cual se pronuncia como s ( ante e,i ) y como k ( ante a,o, u ).
b) Conforme a lo expresado en el apartado anterior, en Hispanoamérica es inaceptable pronunciar la z con una articulación distinta de la que se da a la s, como lo enseñaba el maestro dominicano en la escuela antigua. Vale recordar al respecto lo que siempre nos decía un profesor y destacado lingüista en mis años de estudios en la UASD: “Quien en Hispanoamérica mete la z en la pronunciación, también mete la pata…”
c) Si bien el ceceo cubre un radio de acción que abarca la mayor parte de España, no es verdad que todos los españoles son ceceantes o “hablan con la zeta”, como se afirma popularmente. Este fenómeno, como ya se explicó, sólo se verifica en el centro, norte y este de España. Los canarios en su totalidad, así como una buena parte de andaluces, murcianos, catalanes y gallegos, son seseantes, vale decir, pronuncian las palabras “azul”, “cine”, “Saturno” y “corazón”, como las articula un dominicano, un colombiano o un cubano. Dirían, pues [ asul], [ sine] , [ Saturno] y [ corazón ]
jueves, 30 de octubre de 2014
EL VIAJE DE LA LENGUA ( 3 )
Por: Domingo Caba Ramos
(Consideraciones sobre el español de América)
Tercera parte
Desde los primeros informes remitidos a los Reyes Católicos, Colón insertó en su Diario de navegación la afirmación de que la raza aborigen “mejor se libraría y convertiría a Nuestra Santa Fe con amor y no por fuerza” Y al referirse a los indios de la Española, los describe y presenta a los Reyes afirmando que son «la mejor gente del mundo y más mansas; y sobre todo que tengo mucha esperanza en Nuestro Señor de que Vuestras Altezas los harán todos cristianos…» Con estas palabras, fácil resulta apreciarlo, el Almirante comenzaba a sentar las bases de la empresa que más tarde las páginas de la historia registrarían con el nombre de Evangelización de América.
«Al exponer tales conceptos – aclara al respecto Max Henríquez Ureña –Colón era el intérprete de un propósito que sabía grato a los Reyes Católicos: la conquista espiritual del Nuevo Mundo» (“Panorama histórico de la literatura dominicana” (1965, tomo 1, Pág. 14)
Para hacer posible ese ideal, la lengua jugaría un importante papel por cuanto la cristianización implicaba necesariamente un proceso previo de hispanización o castellanización. Como bien lo concibe Ángel Rosenblat cuando sostiene que « Las instrucciones Reales de toda la primera época involucraban la enseñanza del español» (La hispanización de América, Pág. 193) Y más adelante (Pág. 194) enfatiza la idea al considerar que « El castellano era el instrumento de la catequización…»
La enseñanza de la doctrina cristiana, y con ella la del español, estuvo a cargo de los frailes (fundamentalmente franciscanos y dominicos) que viajaban en las expediciones a cumplir dicha misión en cada uno de los territorios conquistados. Acudían, al decir de Rosenblat, a “hispanizar” o a “castellanizar” al Nuevo Mundo.
Pero la labor evangelizadora de los misioneros no resultó tan sencilla como pudo haberlo concebido Colón y sus gentes. Es cierto que la convivencia entre indios y españoles favoreció el intercambio de lenguas en uno y otro sentido. Es cierto que un grupo considerable de nativos aprendió la lengua de los conquistadores; pero también es cierto que la gran mayoría de la población indígena se resistió a abandonar sus hábitos lingüísticos, mostrando, en consecuencia, un abierto rechazo por la lengua española.
Ante este hecho, los predicadores muy pronto comprendieron que los objetivos hispanizadores trazados por la corona no se alcanzarían a través de la enseñanza del español a los aborígenes. Que era necesario invertir el método de acción seguido hasta ese momento, vale decir, en lugar de los indios dedicarse al aprendizaje de la lengua de los conquistadores, eran estos quienes debían aprender las lenguas de aquellos para filtrar por medio de ellas los patrones culturales del imperio español y destruir por efecto de esta filtración los modelos culturales nativos, o, como apunta Rosenblat, para « penetrar en ese mundo misterioso y temible de los indios, conocer sus costumbres, comprender su mentalidad, descifrar sus sentimientos y pensamientos, describir su historia, su vida» ( Ob. Cit.,Pág. 198 )
Podría pensarse que en virtud de este cambio de actitud, las lenguas aborígenes terminaron imponiéndose sobre el español, pero realmente no sucedió así. Los españoles, lo mismo que su religión y sus costumbres, lograron implantar su lengua en las nuevas tierras descubiertas. Y no podía ocurrir de otra forma, toda vez que el poder imperial que ellos representaban necesariamente tenía que ponerse de manifiesto en el plano de la lengua, y esta realidad, unida al maltrato que de ellos recibían los indios, dio origen a que muy pronto desaparecieran no sólo las lenguas de estos, sino también ellos mismos como raza. En este orden, y refiriéndose a los indios de las Antillas mayores, don Jacobo de Lara afirma que poco después del descubrimiento “Se había extinguido la lengua taína en dichas islas, sobre todo en La Española donde el puñado de indios que aún quedaba, hablaba el idioma de sus conquistadores, un castellano salpicado de taíno…” (“Sobre Pedro Henríquez Ureña y otros ensayos”, 1982, Pág. 275)
En términos parecidos se expresa Maximiliano Jiménez Sabater, al sostener que "por desigual, el enfrentamiento lingüístico entre taínos y españoles, estos no solamente lograron ir imponiendo su idioma al nuevo pueblo sojuzgado, sino que por espacio de sesenta años provocaron el exterminio de una población calculada entre 300,000 a más de un millón de habitantes” (“El español en República Dominicana” Suplemento Isla Abierta, No. 292, marzo, 1987)
De todos modos, lo que nadie osa negar es que como producto de ese enfrentamiento se operó un proceso de adopción recíproca en el que por un lado voces del español pasaron a las lenguas nativas de América y, por otro, palabras y conceptos aprendidos en los nuevos territorios fueron incorporados por los conquistadores en la lengua peninsular.
Desaparecidos los indios, la Corona apeló al recurso de introducir negros africanos al Nuevo Mundo en condición de esclavos para reemplazar la ya extinguida fuerza de trabajo indígena, generándose así, un nuevo conflicto idiomático que habría de incidir de manera significativa en la conformación del español de América, puesto que como resultado del mismo, el grupo étnico emergente logró asimilar en forma casi absoluta la lengua de sus amos, la cual, a su vez, se enriqueció bastante con el aporte lingüístico africano. Merced a esta realidad, el español de América se constituye en la expresión última, vale decir, la expresión lingüística resultante de la mezcla del español peninsular con las lenguas aborígenes americanas y algunas lenguas africanas.
Algunos estudiosos de la lengua han sido lo suficientemente específicos al proponer los períodos de conformación del español americano. Guillermo Guitarte, por ejemplo, propone tres etapas:
1) Período de origen.
2) Período de institucionalización.
3) Período de independencia.
El primero de esos períodos abarca la época más temprana de la colonización. El segundo comprende la segunda época, y el tercero cubre la época posterior a la independencia de los pueblos hispanoamericanos.
(Consideraciones sobre el español de América)
Tercera parte
Desde los primeros informes remitidos a los Reyes Católicos, Colón insertó en su Diario de navegación la afirmación de que la raza aborigen “mejor se libraría y convertiría a Nuestra Santa Fe con amor y no por fuerza” Y al referirse a los indios de la Española, los describe y presenta a los Reyes afirmando que son «la mejor gente del mundo y más mansas; y sobre todo que tengo mucha esperanza en Nuestro Señor de que Vuestras Altezas los harán todos cristianos…» Con estas palabras, fácil resulta apreciarlo, el Almirante comenzaba a sentar las bases de la empresa que más tarde las páginas de la historia registrarían con el nombre de Evangelización de América.
«Al exponer tales conceptos – aclara al respecto Max Henríquez Ureña –Colón era el intérprete de un propósito que sabía grato a los Reyes Católicos: la conquista espiritual del Nuevo Mundo» (“Panorama histórico de la literatura dominicana” (1965, tomo 1, Pág. 14)
Para hacer posible ese ideal, la lengua jugaría un importante papel por cuanto la cristianización implicaba necesariamente un proceso previo de hispanización o castellanización. Como bien lo concibe Ángel Rosenblat cuando sostiene que « Las instrucciones Reales de toda la primera época involucraban la enseñanza del español» (La hispanización de América, Pág. 193) Y más adelante (Pág. 194) enfatiza la idea al considerar que « El castellano era el instrumento de la catequización…»
La enseñanza de la doctrina cristiana, y con ella la del español, estuvo a cargo de los frailes (fundamentalmente franciscanos y dominicos) que viajaban en las expediciones a cumplir dicha misión en cada uno de los territorios conquistados. Acudían, al decir de Rosenblat, a “hispanizar” o a “castellanizar” al Nuevo Mundo.
Pero la labor evangelizadora de los misioneros no resultó tan sencilla como pudo haberlo concebido Colón y sus gentes. Es cierto que la convivencia entre indios y españoles favoreció el intercambio de lenguas en uno y otro sentido. Es cierto que un grupo considerable de nativos aprendió la lengua de los conquistadores; pero también es cierto que la gran mayoría de la población indígena se resistió a abandonar sus hábitos lingüísticos, mostrando, en consecuencia, un abierto rechazo por la lengua española.
Ante este hecho, los predicadores muy pronto comprendieron que los objetivos hispanizadores trazados por la corona no se alcanzarían a través de la enseñanza del español a los aborígenes. Que era necesario invertir el método de acción seguido hasta ese momento, vale decir, en lugar de los indios dedicarse al aprendizaje de la lengua de los conquistadores, eran estos quienes debían aprender las lenguas de aquellos para filtrar por medio de ellas los patrones culturales del imperio español y destruir por efecto de esta filtración los modelos culturales nativos, o, como apunta Rosenblat, para « penetrar en ese mundo misterioso y temible de los indios, conocer sus costumbres, comprender su mentalidad, descifrar sus sentimientos y pensamientos, describir su historia, su vida» ( Ob. Cit.,Pág. 198 )
Podría pensarse que en virtud de este cambio de actitud, las lenguas aborígenes terminaron imponiéndose sobre el español, pero realmente no sucedió así. Los españoles, lo mismo que su religión y sus costumbres, lograron implantar su lengua en las nuevas tierras descubiertas. Y no podía ocurrir de otra forma, toda vez que el poder imperial que ellos representaban necesariamente tenía que ponerse de manifiesto en el plano de la lengua, y esta realidad, unida al maltrato que de ellos recibían los indios, dio origen a que muy pronto desaparecieran no sólo las lenguas de estos, sino también ellos mismos como raza. En este orden, y refiriéndose a los indios de las Antillas mayores, don Jacobo de Lara afirma que poco después del descubrimiento “Se había extinguido la lengua taína en dichas islas, sobre todo en La Española donde el puñado de indios que aún quedaba, hablaba el idioma de sus conquistadores, un castellano salpicado de taíno…” (“Sobre Pedro Henríquez Ureña y otros ensayos”, 1982, Pág. 275)
En términos parecidos se expresa Maximiliano Jiménez Sabater, al sostener que "por desigual, el enfrentamiento lingüístico entre taínos y españoles, estos no solamente lograron ir imponiendo su idioma al nuevo pueblo sojuzgado, sino que por espacio de sesenta años provocaron el exterminio de una población calculada entre 300,000 a más de un millón de habitantes” (“El español en República Dominicana” Suplemento Isla Abierta, No. 292, marzo, 1987)
De todos modos, lo que nadie osa negar es que como producto de ese enfrentamiento se operó un proceso de adopción recíproca en el que por un lado voces del español pasaron a las lenguas nativas de América y, por otro, palabras y conceptos aprendidos en los nuevos territorios fueron incorporados por los conquistadores en la lengua peninsular.
Desaparecidos los indios, la Corona apeló al recurso de introducir negros africanos al Nuevo Mundo en condición de esclavos para reemplazar la ya extinguida fuerza de trabajo indígena, generándose así, un nuevo conflicto idiomático que habría de incidir de manera significativa en la conformación del español de América, puesto que como resultado del mismo, el grupo étnico emergente logró asimilar en forma casi absoluta la lengua de sus amos, la cual, a su vez, se enriqueció bastante con el aporte lingüístico africano. Merced a esta realidad, el español de América se constituye en la expresión última, vale decir, la expresión lingüística resultante de la mezcla del español peninsular con las lenguas aborígenes americanas y algunas lenguas africanas.
Algunos estudiosos de la lengua han sido lo suficientemente específicos al proponer los períodos de conformación del español americano. Guillermo Guitarte, por ejemplo, propone tres etapas:
1) Período de origen.
2) Período de institucionalización.
3) Período de independencia.
El primero de esos períodos abarca la época más temprana de la colonización. El segundo comprende la segunda época, y el tercero cubre la época posterior a la independencia de los pueblos hispanoamericanos.
viernes, 24 de octubre de 2014
EL VIAJE DE LA LENGUA ( 2 )
Por: Domingo Caba Ramos
(Consideraciones sobre el español de América)
- Segunda parte -
Quizás no exista otra variante dialectal que como el español de América haya sido objeto de tantos estudios dentro y fuera del mundo hispanohablante. Talvez no nos encontremos con otra modalidad lingüística acerca de la cual se hayan formulado tantas teorías y juicios contrapuestos. No obstante esta realidad, el destacado investigador, lingüista y dialectólogo español, nacionalizado mexicano, Juan Miguel Lope Blanch (1927/2002), considera que el español de América continúa siendo “un ilustre desconocido…”
Entre las diversas teorías que se han propuestos en su intento de explicar el desarrollo histórico del español de América, se destacan, por su importancia y relevancia, las que versan acerca de la base dialectal, delimitación en áreas lingüísticas y la influencia del sustrato indígena en su conformación.
En el presente trabajo, si bien serán abordados otros aspectos de vital interés relacionados con el tema tratado, se prestará especial atención a los tres problemas antes citados. Del español de América, serán objeto de enfoque y tratamiento, entre otros, los aspectos siguientes: origen, períodos de conformación, base lingüística, áreas dialectales, características, variedad y unidad. Tal enfoque habrá de realizarse, como es natural, a partir de la lectura de algunos de los trabajos que acerca de esta modalidad idiomática han sido escritos por famosos dialectólogos americanos y europeos, tales como Pedro H. Ureña, M.L. Wagner, L. Canfield, Amado Alonso, Juan Miguel Lope Blanch, Ángel Rosenblat, Guillermo Guitarte, Rodolfo Lenz y Germán de Granda Gutiérrez.
Las ideas y/o posturas teóricas de cada uno de estos autores serán sometidas a un proceso de dialéctica confrontación por entender que sólo así podemos formarnos una idea más objetiva de la compleja realidad dialectal del ámbito lingüístico hispanoamericano.
Como ya fue expresado en la primera parte de este ensayo, el español de América comenzó a formarse a partir del mismo día en que Cristóbal Colón pisó por primera vez tierras americanas (oct.12, 1492). En el curso del proceso formativo o largo camino recorrido por esta variante del español peninsular han debido mediar estadios o momentos decisivos para su nacimiento y posterior desarrollo. En ese sentido, hay quienes hablan, Amado Alonso, entre otros, de las sucesivas nivelaciones del idioma que tuvieron lugar antes y durante la conquista, así como de los enfrentamientos lingüísticos que de estos acontecimientos se derivaron.
Lo de las nivelaciones se explica si se toma en cuenta que los expedicionarios que acompañaron procedían de diferentes regiones de España y hablaban, en tal virtud, dialectos distintos. Este hecho creaba la necesidad de nivelar u homogenizar esos dialectos como única manera de poder entenderse en el proyecto común que llevarían a cabo. De aquí que se hayan señalado tres tipos de nivelaciones:
a) Nivelación originada en Sevilla. Lugar en cuyo puerto los expedicionarios de procedencias diversas debieron adoptar un código lingüístico común por las necesidades prácticas que tenían para poder intercomunicarse.
b) Nivelación en Canarias. Lugar en el que los expedicionarios solían hacer escala en su ruta hacia el Nuevo Mundo.
c) Nivelación en Santo Domingo. Una tercera nivelación del español de América se materializó en Santo Domingo o Isla Española por ser este el punto geográfico a dónde venían a parar los expedicionarios para ser distribuidos hacia los demás territorios americanos.
“Santo Domingo – apunta Pedro Henríquez Ureña – fue el primer centro de americanización del español”. Y citando al afamado lingüista colombiano Rufino José Cuervos señala que: “Puede decirse que La Española fue en América el campo de aclimatación donde empezó la lengua castellana a acomodarse a las nuevas necesidades. Como en esta isla ordinariamente hacían escala y se formaban o reforzaban las expediciones sucesivas, iban llevando a cada parte el caudal lingüístico acopiado, que después seguían aumentando o acomodando en los nuevos países conquistados” (El español en Santo Domingo, 1978, Pág. 43)
En La Española los conquistadores aprendían nuevos términos los cuales eran llevados a las regiones que poco a poco iban explorando.
Enfrentamientos linguísticos.
El encuentro y convivencia entre indios y españoles dio lugar al primer choque cultural y, por ende, al primer enfrentamiento lingüístico del Nuevo Mundo. Este enfrentamiento entre el español y las lenguas aborígenes americanas estuvo propiciado por las aspiraciones expansionistas del imperio español. En otras palabras, fue el resultado del proceso de conquista y colonización llevado a cabo por Cristóbal al servicio de la corona española.
El primer problema que confrontaron los españoles desde el mismo instante en que sentaron planta en América fue de naturaleza lingüística, toda vez que no poseían una terminología común que les permitiera entenderse con los indios y dominar sin grandes tropiezos la nueva realidad. Se trataba, pues, de infranqueables barreras idiomáticas que exploradores y colonizadores tenían que vencer como única manera de materializar las hegemónicas intenciones de la ambiciosa empresa colombina.
Tan pronto el descubridor entró en contacto con el llamado Nuevo Mundo, pudo darse cuenta que la conquista política de este solo podía ser posible a partir de la conquista espiritual de los indios que lo poblaban, de tal modo que estos aceptaran pacíficamente el nuevo orden que se le trataba de imponer. De ahí que registrara en su diario de navegación la famosa afirmación de que la raza aborigen “mejor se libraría y convertiría a nuestra Santa Fe con amor que por fuerza”. Merced a este empeño, y convencidos de que sin unidad lingüística no puede haber dominio político, los españoles optaron por aprender las lenguas de los aborígenes y al mismo tiempo la corona recomendó que se enseñara a estos el idioma de los conquistadores.
De esta manera se cumplió lo expresado por Antonio de Nebrija cuando en el prólogo de su Gramática Castellana (1492) escribió aquello de que “siempre la lengua fue compañera del imperio”
(Consideraciones sobre el español de América)
- Segunda parte -
Quizás no exista otra variante dialectal que como el español de América haya sido objeto de tantos estudios dentro y fuera del mundo hispanohablante. Talvez no nos encontremos con otra modalidad lingüística acerca de la cual se hayan formulado tantas teorías y juicios contrapuestos. No obstante esta realidad, el destacado investigador, lingüista y dialectólogo español, nacionalizado mexicano, Juan Miguel Lope Blanch (1927/2002), considera que el español de América continúa siendo “un ilustre desconocido…”
Entre las diversas teorías que se han propuestos en su intento de explicar el desarrollo histórico del español de América, se destacan, por su importancia y relevancia, las que versan acerca de la base dialectal, delimitación en áreas lingüísticas y la influencia del sustrato indígena en su conformación.
Las ideas y/o posturas teóricas de cada uno de estos autores serán sometidas a un proceso de dialéctica confrontación por entender que sólo así podemos formarnos una idea más objetiva de la compleja realidad dialectal del ámbito lingüístico hispanoamericano.
Como ya fue expresado en la primera parte de este ensayo, el español de América comenzó a formarse a partir del mismo día en que Cristóbal Colón pisó por primera vez tierras americanas (oct.12, 1492). En el curso del proceso formativo o largo camino recorrido por esta variante del español peninsular han debido mediar estadios o momentos decisivos para su nacimiento y posterior desarrollo. En ese sentido, hay quienes hablan, Amado Alonso, entre otros, de las sucesivas nivelaciones del idioma que tuvieron lugar antes y durante la conquista, así como de los enfrentamientos lingüísticos que de estos acontecimientos se derivaron.
Lo de las nivelaciones se explica si se toma en cuenta que los expedicionarios que acompañaron procedían de diferentes regiones de España y hablaban, en tal virtud, dialectos distintos. Este hecho creaba la necesidad de nivelar u homogenizar esos dialectos como única manera de poder entenderse en el proyecto común que llevarían a cabo. De aquí que se hayan señalado tres tipos de nivelaciones:
a) Nivelación originada en Sevilla. Lugar en cuyo puerto los expedicionarios de procedencias diversas debieron adoptar un código lingüístico común por las necesidades prácticas que tenían para poder intercomunicarse.
b) Nivelación en Canarias. Lugar en el que los expedicionarios solían hacer escala en su ruta hacia el Nuevo Mundo.
c) Nivelación en Santo Domingo. Una tercera nivelación del español de América se materializó en Santo Domingo o Isla Española por ser este el punto geográfico a dónde venían a parar los expedicionarios para ser distribuidos hacia los demás territorios americanos.
“Santo Domingo – apunta Pedro Henríquez Ureña – fue el primer centro de americanización del español”. Y citando al afamado lingüista colombiano Rufino José Cuervos señala que: “Puede decirse que La Española fue en América el campo de aclimatación donde empezó la lengua castellana a acomodarse a las nuevas necesidades. Como en esta isla ordinariamente hacían escala y se formaban o reforzaban las expediciones sucesivas, iban llevando a cada parte el caudal lingüístico acopiado, que después seguían aumentando o acomodando en los nuevos países conquistados” (El español en Santo Domingo, 1978, Pág. 43)
En La Española los conquistadores aprendían nuevos términos los cuales eran llevados a las regiones que poco a poco iban explorando.
Enfrentamientos linguísticos.
El encuentro y convivencia entre indios y españoles dio lugar al primer choque cultural y, por ende, al primer enfrentamiento lingüístico del Nuevo Mundo. Este enfrentamiento entre el español y las lenguas aborígenes americanas estuvo propiciado por las aspiraciones expansionistas del imperio español. En otras palabras, fue el resultado del proceso de conquista y colonización llevado a cabo por Cristóbal al servicio de la corona española.
El primer problema que confrontaron los españoles desde el mismo instante en que sentaron planta en América fue de naturaleza lingüística, toda vez que no poseían una terminología común que les permitiera entenderse con los indios y dominar sin grandes tropiezos la nueva realidad. Se trataba, pues, de infranqueables barreras idiomáticas que exploradores y colonizadores tenían que vencer como única manera de materializar las hegemónicas intenciones de la ambiciosa empresa colombina.
Tan pronto el descubridor entró en contacto con el llamado Nuevo Mundo, pudo darse cuenta que la conquista política de este solo podía ser posible a partir de la conquista espiritual de los indios que lo poblaban, de tal modo que estos aceptaran pacíficamente el nuevo orden que se le trataba de imponer. De ahí que registrara en su diario de navegación la famosa afirmación de que la raza aborigen “mejor se libraría y convertiría a nuestra Santa Fe con amor que por fuerza”. Merced a este empeño, y convencidos de que sin unidad lingüística no puede haber dominio político, los españoles optaron por aprender las lenguas de los aborígenes y al mismo tiempo la corona recomendó que se enseñara a estos el idioma de los conquistadores.
De esta manera se cumplió lo expresado por Antonio de Nebrija cuando en el prólogo de su Gramática Castellana (1492) escribió aquello de que “siempre la lengua fue compañera del imperio”
sábado, 18 de octubre de 2014
TÍTULO NO ES LO MISMO QUE OCUPACIÓN
Por: Domingo Caba Ramos.
El autor cuando recibió su título de Maestría de la Universidad Autónoma de Santo Domingo ( UASD )
Acerca de las voces “Ocupación” y “Título”, apunta el diccionario académico lo siguiente:
OCUPACIÓN:
1. Trabajo o cuidado que impide emplear el tiempo en otra cosa. 2. Trabajo, empleo, oficio. 3. Actividad, entretenimiento.
TÍTULO:
“Testimonio o instrumento dado para ejercer un empleo, dignidad o profesión”
De los conceptos precedentes, claramente se infiere que un título es una especie de facultad o poder que se le otorga a alguien para ejercer un trabajo, oficio u ocupación. Esto parece no entenderlo la Junta Central Electoral cuando en el proceso de expedición de la nueva cédula de identidad y electoral acepta que en el reglón OCUPACIÓN, se coloque el título que obtuvo la persona (Lic., Dr., Ing.) en vez del oficio que esta realiza para captar los ingresos que le permitan resolver los múltiples problemas que la vida le plantea.
Una ocupación es una actividad, un oficio, una profesión, un quehacer. Un título generalmente es un documento que faculta para ejercer esa ocupación, oficio o profesión. Por ejemplo, si usted es licenciado o doctor en Derecho y “ejerce profesionalmente la dirección y defensa de las partes en toda clase de procesos o el asesoramiento y consejo jurídico” (DRAE), lo lógico es que consigne ABOGADO en la ocupación y no Lic. o Dr., títulos que también se otorgan a quienes han cursado otras carreras, tales como Educación, Sicología, Administración, Comunicación Social, Medicina etc.
Igualmente quien se haya graduado de doctor en Medicina, en lugar de DOCTOR, lo que debería consignarse como verdadera ocupación es MÉDICO por aquello de que es la persona que habitualmente profesa o ejerce la medicina. Por esa razón, cuando en mi nueva cédula el empleado que me asistió (uno de mis exalumnos universitarios) se adelantó y escribió que mi ocupación era LICENCIADO, le dije con el más cortés pero imperativo y firme acento: « Favor corregir eso y donde dice LICENCIADO escriba MAESTRO, por la sencilla razón de que en mi trabajo universitario yo desempeño el puesto de MAESTRO, no de LICENCIADO»
Más por respeto que por convencimiento, el susodicho empleado procedió a realizar la corrección.
Ahora bien, si por vanidad, arrogancia o presunción el ciudadano insiste en que se le coloque el título y no la profesión u oficio específico, es papel de la Junta Central Electoral no aceptar ese caprichoso, ilógico y artificioso juego. Desafortunadamente, en nuestro país no existe tradición de solicitar asesoría lingüística antes de ejecutar medidas que impliquen el uso de términos que puedan generar dudas, contradicción o confusión. Por esa razón, en la nueva cédula de identidad y electoral para indicar la ocupación se está colocando el título recibido en lugar del oficio que ejerce la persona.
El autor cuando recibió su título de Maestría de la Universidad Autónoma de Santo Domingo ( UASD )
Acerca de las voces “Ocupación” y “Título”, apunta el diccionario académico lo siguiente:
OCUPACIÓN:
1. Trabajo o cuidado que impide emplear el tiempo en otra cosa. 2. Trabajo, empleo, oficio. 3. Actividad, entretenimiento.
TÍTULO:
“Testimonio o instrumento dado para ejercer un empleo, dignidad o profesión”
De los conceptos precedentes, claramente se infiere que un título es una especie de facultad o poder que se le otorga a alguien para ejercer un trabajo, oficio u ocupación. Esto parece no entenderlo la Junta Central Electoral cuando en el proceso de expedición de la nueva cédula de identidad y electoral acepta que en el reglón OCUPACIÓN, se coloque el título que obtuvo la persona (Lic., Dr., Ing.) en vez del oficio que esta realiza para captar los ingresos que le permitan resolver los múltiples problemas que la vida le plantea.
Una ocupación es una actividad, un oficio, una profesión, un quehacer. Un título generalmente es un documento que faculta para ejercer esa ocupación, oficio o profesión. Por ejemplo, si usted es licenciado o doctor en Derecho y “ejerce profesionalmente la dirección y defensa de las partes en toda clase de procesos o el asesoramiento y consejo jurídico” (DRAE), lo lógico es que consigne ABOGADO en la ocupación y no Lic. o Dr., títulos que también se otorgan a quienes han cursado otras carreras, tales como Educación, Sicología, Administración, Comunicación Social, Medicina etc.
Igualmente quien se haya graduado de doctor en Medicina, en lugar de DOCTOR, lo que debería consignarse como verdadera ocupación es MÉDICO por aquello de que es la persona que habitualmente profesa o ejerce la medicina. Por esa razón, cuando en mi nueva cédula el empleado que me asistió (uno de mis exalumnos universitarios) se adelantó y escribió que mi ocupación era LICENCIADO, le dije con el más cortés pero imperativo y firme acento: « Favor corregir eso y donde dice LICENCIADO escriba MAESTRO, por la sencilla razón de que en mi trabajo universitario yo desempeño el puesto de MAESTRO, no de LICENCIADO»
Más por respeto que por convencimiento, el susodicho empleado procedió a realizar la corrección.
Ahora bien, si por vanidad, arrogancia o presunción el ciudadano insiste en que se le coloque el título y no la profesión u oficio específico, es papel de la Junta Central Electoral no aceptar ese caprichoso, ilógico y artificioso juego. Desafortunadamente, en nuestro país no existe tradición de solicitar asesoría lingüística antes de ejecutar medidas que impliquen el uso de términos que puedan generar dudas, contradicción o confusión. Por esa razón, en la nueva cédula de identidad y electoral para indicar la ocupación se está colocando el título recibido en lugar del oficio que ejerce la persona.
viernes, 17 de octubre de 2014
EL VIAJE DE LA LENGUA
(Consideraciones sobre el español de América)
Por: Domingo Caba Ramos.
Don Miguel Cervantes Saavedra
“Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”
(PABLO NERUDA)
El 3 de agosto de 1492, un grupo de expedicionarios españoles, representando a los Reyes Católicos y comandados por Cristóbal Colón ( 1451 – 1506 ) partieron del puerto Palos de Moguer, iniciando así un largo viaje cuyos propósitos originales nada tenían que ver con el descubrimiento, conquista y colonización de un nuevo mundo. La expedición, llevada a cabo en tres naves, llegó a una isla del Mar Caribe llamada Guanahaní, el 12 de octubre de 1492, materializándose de esa manera uno de los acontecimientos de mayor trascendencia en la historia de la humanidad: el descubrimiento de América, considerado por Francisco López de Gómera, como “La mayor cosa después de la criación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo crio…”
Pero aparte de ese extraordinario acontecimiento histórico, Colón, sin proponérselo, paralelamente llevó a cabo otra empresa de no menos importancia, considerada por José Juan Arom (Cuba, 1910 – 2007), como “La otra hazaña de Colón” .
Esa “otra hazaña …”, al decir del ya citado investigador, profesor, ensayista y laureado escritor cubano, consistió en llevar la lengua española a las nuevas tierras descubiertas. De ahí que considere, con sobradas razones, que la travesía del veterano y aventurero marinero de origen italiano, más que el viaje del descubrimiento fue “el viaje de la lengua”. La famosa gesta colombina no sólo nos puso en contacto con un nuevo espacio geográfico, sino que dio lugar al nacimiento de una nueva lengua: el español de América.
Esta variante dialectal, según el respetado maestro y brillante lingüista dominicano, doctor Celso Benavides, «comenzó a formarse a partir de 1492 en que se produjo el descubrimiento. Es el resultado de la colonización; una mezcla del español con las lenguas aborígenes del continente y en algunos casos con algunas lenguas africanas. Coincide con aquel – aclara Benavides – en todos los rasgos centrales del castellano, pero se aparta de él, en cada pueblo, en los rasgos marginales y no pertinentes para la uniformidad…» (Fundamentos de historia de la lengua española, 1986, Pág.272).
Para un mejor estudio del desarrollo histórico del español de América conviene insertar esta modalidad dialectal en el contexto lingüístico general en la que se inscribe: el español peninsular. En virtud de este criterio, el español de América, más que una lengua general, se nos presenta como un dialecto; o, en términos más específicos, como la variante dialectal con que se intercomunican y comprenden los pueblos hispanoamericanos.
Su origen histórico, como ya hemos señalado, se remonta al mismo instante en que Colón descubre el continente americano, vale decir, se inicia con la conquista y colonización del Nuevo Mundo. En sintonía con esta idea, el profesor Arrom, en su ensayo “La otra hazaña de Colón” (1979), apunta lo siguiente:
« Pero vista desde una perspectiva americana, la gesta de Colón cobra un sentido distinto e invita a otro género de esclarecimientos y revelaciones. Por de pronto, para quienes hemos nacido y crecido en estas tierras por él descubiertas, su viaje, es el viaje de la lengua…» (Pág. 7)
Y continúa señalando más adelante:
« Las impresiones que le causan el paisaje y los hombres que súbitamente aparecen ante sus sorprendidas pupilas las fue asentando en su Diario de a bordo, no en el dialecto el genovés que habló en su infancia, ni en el idioma portugués que aprendió en su juventud, sino en la lengua española que adquirió durante su larga espera en Castilla y Andalucía. En lengua española hablaban los tripulantes de las tres carabelas. Y es una palabra española la primera que hiende el aire dormido de la madrugada del 12 de octubre: ¡Tierra!» (Pág. 8)
Y en cuanto al código empleado por el autor del “Diario de navegación” para describir el paisaje americano, el lingüista y antropólogo antillano enfatiza que:
«De ese modo, entendiendo cada vez más el habla dulce ‘y mansa y siempre con risa’ de los taínos, Colón resuelve el problema de expresar en una lengua europea los rasgos de la realidad americana. Mediante esos procedimientos sienta las bases de un idioma más extenso y preciso con sonoridades autóctonas, con algo de perfume a flor, el sabor a fruta y el frescor de los árboles cuyos nombres tanto había deseado conocer. Y esa lengua – puntualiza Arrom – enriquecida y elaborada artísticamente a lo largo de casi cinco siglos, es a la que hoy llamamos el español de América…» (Págs. 24/26)
Por: Domingo Caba Ramos.
Don Miguel Cervantes Saavedra
“Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”
(PABLO NERUDA)
El 3 de agosto de 1492, un grupo de expedicionarios españoles, representando a los Reyes Católicos y comandados por Cristóbal Colón ( 1451 – 1506 ) partieron del puerto Palos de Moguer, iniciando así un largo viaje cuyos propósitos originales nada tenían que ver con el descubrimiento, conquista y colonización de un nuevo mundo. La expedición, llevada a cabo en tres naves, llegó a una isla del Mar Caribe llamada Guanahaní, el 12 de octubre de 1492, materializándose de esa manera uno de los acontecimientos de mayor trascendencia en la historia de la humanidad: el descubrimiento de América, considerado por Francisco López de Gómera, como “La mayor cosa después de la criación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo crio…”
Pero aparte de ese extraordinario acontecimiento histórico, Colón, sin proponérselo, paralelamente llevó a cabo otra empresa de no menos importancia, considerada por José Juan Arom (Cuba, 1910 – 2007), como “La otra hazaña de Colón” .
Esa “otra hazaña …”, al decir del ya citado investigador, profesor, ensayista y laureado escritor cubano, consistió en llevar la lengua española a las nuevas tierras descubiertas. De ahí que considere, con sobradas razones, que la travesía del veterano y aventurero marinero de origen italiano, más que el viaje del descubrimiento fue “el viaje de la lengua”. La famosa gesta colombina no sólo nos puso en contacto con un nuevo espacio geográfico, sino que dio lugar al nacimiento de una nueva lengua: el español de América.
Esta variante dialectal, según el respetado maestro y brillante lingüista dominicano, doctor Celso Benavides, «comenzó a formarse a partir de 1492 en que se produjo el descubrimiento. Es el resultado de la colonización; una mezcla del español con las lenguas aborígenes del continente y en algunos casos con algunas lenguas africanas. Coincide con aquel – aclara Benavides – en todos los rasgos centrales del castellano, pero se aparta de él, en cada pueblo, en los rasgos marginales y no pertinentes para la uniformidad…» (Fundamentos de historia de la lengua española, 1986, Pág.272).
Para un mejor estudio del desarrollo histórico del español de América conviene insertar esta modalidad dialectal en el contexto lingüístico general en la que se inscribe: el español peninsular. En virtud de este criterio, el español de América, más que una lengua general, se nos presenta como un dialecto; o, en términos más específicos, como la variante dialectal con que se intercomunican y comprenden los pueblos hispanoamericanos.
Su origen histórico, como ya hemos señalado, se remonta al mismo instante en que Colón descubre el continente americano, vale decir, se inicia con la conquista y colonización del Nuevo Mundo. En sintonía con esta idea, el profesor Arrom, en su ensayo “La otra hazaña de Colón” (1979), apunta lo siguiente:
« Pero vista desde una perspectiva americana, la gesta de Colón cobra un sentido distinto e invita a otro género de esclarecimientos y revelaciones. Por de pronto, para quienes hemos nacido y crecido en estas tierras por él descubiertas, su viaje, es el viaje de la lengua…» (Pág. 7)
Y continúa señalando más adelante:
« Las impresiones que le causan el paisaje y los hombres que súbitamente aparecen ante sus sorprendidas pupilas las fue asentando en su Diario de a bordo, no en el dialecto el genovés que habló en su infancia, ni en el idioma portugués que aprendió en su juventud, sino en la lengua española que adquirió durante su larga espera en Castilla y Andalucía. En lengua española hablaban los tripulantes de las tres carabelas. Y es una palabra española la primera que hiende el aire dormido de la madrugada del 12 de octubre: ¡Tierra!» (Pág. 8)
Y en cuanto al código empleado por el autor del “Diario de navegación” para describir el paisaje americano, el lingüista y antropólogo antillano enfatiza que:
«De ese modo, entendiendo cada vez más el habla dulce ‘y mansa y siempre con risa’ de los taínos, Colón resuelve el problema de expresar en una lengua europea los rasgos de la realidad americana. Mediante esos procedimientos sienta las bases de un idioma más extenso y preciso con sonoridades autóctonas, con algo de perfume a flor, el sabor a fruta y el frescor de los árboles cuyos nombres tanto había deseado conocer. Y esa lengua – puntualiza Arrom – enriquecida y elaborada artísticamente a lo largo de casi cinco siglos, es a la que hoy llamamos el español de América…» (Págs. 24/26)
martes, 7 de octubre de 2014
DE COMO TRUJILLO RECIBIÓ A BABY DOC
Por: Domingo Caba Ramos.
El pasado sábado (4/10/2014), las llamas del infierno estaban más ardientes que de costumbre. En un rincón de este diabólico y caluroso lugar, Trujillo sudaba copiosamente, casi al borde del desmayo. Así lucía el exsanguinario dictador dominicano cuando de repente vio que por el ancho portón de entrada a la morada infernal entraba un nuevo inquilino acompañado de Satanás: el exmandatario haitiano Jean-Claude Duvalier (Baby Doc)
- ¿Y que tú haces por aquí, muchacho? – preguntó irónicamente Trujillo al no menos sanguinario dictador, hijo del también megadictador François Duvalier.
- No te hagas el tonto coño – respondió Jean-Claude, sin poder esconder su molestia. Tú sabes muy bien que yo fallecí hoy, víctima de un infarto. Mi alma abandonó la tierra esperanzada en que, aunque fuera en el purgatorio, me permitirían residir durante dos o tres meses. De esa manera mantuve mis esperanzas hasta que un emisario de Lucifer fue a buscarme para comunicarme que este, el infierno, era el lugar que me correspondía disque por los diversos crímenes, arrestos ilegales, torturas, encarcelamientos y el exilio forzado a que sometí a mis adversarios, así como por los actos de corrupción en que, según dicen, incurrí durante los quince años que fui presidente de Haití.
- Cuanto lo lamento, mi hermano; pero no te preocupes. La vida aquí es muy difícil. Satanás administra todo esto con manos de hierro y sus azotes no hay quien los soporte; pero ya te acostumbrarás. Mientras tanto, puedes contar conmigo. Viviendo en este infierno ya yo soy un veterano y además gozo del gran privilegio de que el Diablo me tiene mucho aprecio debido, según él, a que nos parecemos mucho. Por eso, casi todo lo que le pido me lo concede. En ese orden haré todo lo posible para que te ubiquen donde las llamas azoten con menos intensidad.
Al oír eso, el Baby Doc, aterrorizado y temblando, bajó la cabeza al mismo tiempo que dos intensos lagrimones se desprendrían de sus otroras ojos de fiera enjaulada.
El pasado sábado (4/10/2014), las llamas del infierno estaban más ardientes que de costumbre. En un rincón de este diabólico y caluroso lugar, Trujillo sudaba copiosamente, casi al borde del desmayo. Así lucía el exsanguinario dictador dominicano cuando de repente vio que por el ancho portón de entrada a la morada infernal entraba un nuevo inquilino acompañado de Satanás: el exmandatario haitiano Jean-Claude Duvalier (Baby Doc)
- ¿Y que tú haces por aquí, muchacho? – preguntó irónicamente Trujillo al no menos sanguinario dictador, hijo del también megadictador François Duvalier.
- No te hagas el tonto coño – respondió Jean-Claude, sin poder esconder su molestia. Tú sabes muy bien que yo fallecí hoy, víctima de un infarto. Mi alma abandonó la tierra esperanzada en que, aunque fuera en el purgatorio, me permitirían residir durante dos o tres meses. De esa manera mantuve mis esperanzas hasta que un emisario de Lucifer fue a buscarme para comunicarme que este, el infierno, era el lugar que me correspondía disque por los diversos crímenes, arrestos ilegales, torturas, encarcelamientos y el exilio forzado a que sometí a mis adversarios, así como por los actos de corrupción en que, según dicen, incurrí durante los quince años que fui presidente de Haití.
- Cuanto lo lamento, mi hermano; pero no te preocupes. La vida aquí es muy difícil. Satanás administra todo esto con manos de hierro y sus azotes no hay quien los soporte; pero ya te acostumbrarás. Mientras tanto, puedes contar conmigo. Viviendo en este infierno ya yo soy un veterano y además gozo del gran privilegio de que el Diablo me tiene mucho aprecio debido, según él, a que nos parecemos mucho. Por eso, casi todo lo que le pido me lo concede. En ese orden haré todo lo posible para que te ubiquen donde las llamas azoten con menos intensidad.
Al oír eso, el Baby Doc, aterrorizado y temblando, bajó la cabeza al mismo tiempo que dos intensos lagrimones se desprendrían de sus otroras ojos de fiera enjaulada.
viernes, 3 de octubre de 2014
EL RUISEÑOR : EL MÁS POPULAR Y BOHEMIO CANTOR DEL BOSQUE
Por: Domingo Caba Ramos
“… grandes embarcaciones podían navegar bajo las ramas, y en ellas vivía un ruiseñor que cantaba como los ángeles, tan bien lo hacía que, incluso el pobre pescador, a pesar de sus muchas preocupaciones, cuando salía por la noche a recoger las redes, se detenía a escuchar su alegre canto”
(Hans Christian Andersen)
¿Quién no se ha dormido alguna vez arrullado por el canto alegre de un bohemio ruiseñor? ¿Quién al despertarse una mañana cualquiera no intentó dormirse de nuevo arrullado por la melodía de tenórico y polifónico acento interpretada por este enamorado cantor de la pradera?
El canto del ruiseñor, el más sublime y bello entre los pájaros cantores, esparce o embriaga nuestro espíritu y preña nuestro universo mental de un regocijo inconfundible.
¿Cuándo y por qué canta el ruiseñor?
Normalmente es el macho el que canta. Y canta, casi siempre solitario, cuando no tiene pareja o cuando los machos compiten para atraer a las hembras. En abril canta solo en el día. En mayo lo hace tanto en el día como en la en la noche. De ahí que se haya dicho que este tierno animalito anuncia la primavera y es el pájaro del mes de mayo. Para ilustrar esto, vale citar los populares versos del no menos popular ROMANCE DEL PRISIONERO, poema castellano de origen medieval:
“Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan,
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria,
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados,
van a servir al amor”
Aparte de esta composición perteneciente a la poesía tradicional española, son muchos los poetas y escritores consagrados que han creado sus obras inspiradas en el melodioso y firme canto del ruiseñor. Son reconocidas, por citar solo algunos ejemplos, la genial "Oda a un Ruiseñor" del escritor John Keats , el cuento infantil "El ruiseñor y la rosa", de Oscar Wilde, así como algunos de los cuentos infantiles del escritor y poeta danés Hans Christian Andersen .
Pero no solo a las grandes glorias de la literatura ha impactado el siempre melodioso y potente canto del ruiseñor. Cuenta mi hermano Basilio que “había un ruiseñor que todos los días, sin fallar, se subía en un arbusto situado frente a mi oficina. Me ofrecía su concierto el cual podía ser de seis, siete, ocho minutos o quién sabe. Dependía de su estado de ánimo. Un día de mi cumpleaños (2006), después de su concierto, me conmoví enormemente y le dije lo siguiente a mi amada avecilla”:
MI RUISEÑOR
Por : Basilio Caba Ramos.
Yo tengo aquí un ruiseñor,
que me canta cada día,
su preciosa melodía,
con un mensaje de amor.
Se sube sobre una rama,
tan frágil como su canto,
y nada le importa tanto,
que su dulce pentagrama.
Es un arbusto de aroma,
que verdea su follaje,
y luce su bello traje,
cuando el ruiseñor asoma.
De su pico de violín,
brotan hermosas canciones,
que conmueven corazones,
hasta el más lejos confín”
“… grandes embarcaciones podían navegar bajo las ramas, y en ellas vivía un ruiseñor que cantaba como los ángeles, tan bien lo hacía que, incluso el pobre pescador, a pesar de sus muchas preocupaciones, cuando salía por la noche a recoger las redes, se detenía a escuchar su alegre canto”
(Hans Christian Andersen)
¿Quién no se ha dormido alguna vez arrullado por el canto alegre de un bohemio ruiseñor? ¿Quién al despertarse una mañana cualquiera no intentó dormirse de nuevo arrullado por la melodía de tenórico y polifónico acento interpretada por este enamorado cantor de la pradera?
El canto del ruiseñor, el más sublime y bello entre los pájaros cantores, esparce o embriaga nuestro espíritu y preña nuestro universo mental de un regocijo inconfundible.
¿Cuándo y por qué canta el ruiseñor?
Normalmente es el macho el que canta. Y canta, casi siempre solitario, cuando no tiene pareja o cuando los machos compiten para atraer a las hembras. En abril canta solo en el día. En mayo lo hace tanto en el día como en la en la noche. De ahí que se haya dicho que este tierno animalito anuncia la primavera y es el pájaro del mes de mayo. Para ilustrar esto, vale citar los populares versos del no menos popular ROMANCE DEL PRISIONERO, poema castellano de origen medieval:
“Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan,
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria,
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados,
van a servir al amor”
Aparte de esta composición perteneciente a la poesía tradicional española, son muchos los poetas y escritores consagrados que han creado sus obras inspiradas en el melodioso y firme canto del ruiseñor. Son reconocidas, por citar solo algunos ejemplos, la genial "Oda a un Ruiseñor" del escritor John Keats , el cuento infantil "El ruiseñor y la rosa", de Oscar Wilde, así como algunos de los cuentos infantiles del escritor y poeta danés Hans Christian Andersen .
Pero no solo a las grandes glorias de la literatura ha impactado el siempre melodioso y potente canto del ruiseñor. Cuenta mi hermano Basilio que “había un ruiseñor que todos los días, sin fallar, se subía en un arbusto situado frente a mi oficina. Me ofrecía su concierto el cual podía ser de seis, siete, ocho minutos o quién sabe. Dependía de su estado de ánimo. Un día de mi cumpleaños (2006), después de su concierto, me conmoví enormemente y le dije lo siguiente a mi amada avecilla”:
MI RUISEÑOR
Por : Basilio Caba Ramos.
Yo tengo aquí un ruiseñor,
que me canta cada día,
su preciosa melodía,
con un mensaje de amor.
Se sube sobre una rama,
tan frágil como su canto,
y nada le importa tanto,
que su dulce pentagrama.
Es un arbusto de aroma,
que verdea su follaje,
y luce su bello traje,
cuando el ruiseñor asoma.
De su pico de violín,
brotan hermosas canciones,
que conmueven corazones,
hasta el más lejos confín”
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