viernes, 24 de octubre de 2014

EL VIAJE DE LA LENGUA ( 2 )

 Por: Domingo Caba Ramos
 (Consideraciones sobre el español de América)

 - Segunda parte -

 Quizás no exista otra variante dialectal que como el español de América haya sido objeto de tantos estudios dentro y fuera del mundo hispanohablante. Talvez no nos encontremos con otra modalidad lingüística acerca de la cual se hayan formulado tantas teorías y juicios contrapuestos. No obstante esta realidad, el destacado investigador, lingüista y dialectólogo español, nacionalizado mexicano, Juan Miguel Lope Blanch (1927/2002), considera que el español de América continúa siendo “un ilustre desconocido…”


  Entre las diversas teorías que se han propuestos en su intento de explicar el desarrollo histórico del español de América, se destacan, por su importancia y relevancia, las que versan acerca de la base dialectal, delimitación en áreas lingüísticas y la influencia del sustrato indígena en su conformación.

  En el presente trabajo, si bien serán abordados otros aspectos de vital interés relacionados con el tema tratado, se prestará especial atención a los tres problemas antes citados. Del español de América, serán objeto de enfoque y tratamiento, entre otros, los aspectos siguientes: origen, períodos de conformación, base lingüística, áreas dialectales, características, variedad y unidad. Tal enfoque habrá de realizarse, como es natural, a partir de la lectura de algunos de los trabajos que acerca de esta modalidad idiomática han sido escritos por famosos dialectólogos americanos y europeos, tales como Pedro H. Ureña, M.L. Wagner, L. Canfield, Amado Alonso, Juan Miguel Lope Blanch, Ángel Rosenblat, Guillermo Guitarte, Rodolfo Lenz y Germán de Granda Gutiérrez.

 Las ideas y/o posturas teóricas de cada uno de estos autores serán sometidas a un proceso de dialéctica confrontación por entender que sólo así podemos formarnos una idea más objetiva de la compleja realidad dialectal del ámbito lingüístico hispanoamericano.

 Como ya fue expresado en la primera parte de este ensayo, el español de América comenzó a formarse a partir del mismo día en que Cristóbal Colón pisó por primera vez tierras americanas (oct.12, 1492). En el curso del proceso formativo o largo camino recorrido por esta variante del español peninsular han debido mediar estadios o momentos decisivos para su nacimiento y posterior desarrollo. En ese sentido, hay quienes hablan, Amado Alonso, entre otros, de las sucesivas nivelaciones del idioma que tuvieron lugar antes y durante la conquista, así como de los enfrentamientos lingüísticos que de estos acontecimientos se derivaron.

Lo de las nivelaciones se explica si se toma en cuenta que los expedicionarios que acompañaron procedían de diferentes regiones de España y hablaban, en tal virtud, dialectos distintos. Este hecho creaba la necesidad de nivelar u homogenizar esos dialectos como única manera de poder entenderse en el proyecto común que llevarían a cabo. De aquí que se hayan señalado tres tipos de nivelaciones:

a) Nivelación originada en Sevilla. Lugar en cuyo puerto los expedicionarios de procedencias diversas debieron adoptar un código lingüístico común por las necesidades prácticas que tenían para poder intercomunicarse.

 b) Nivelación en Canarias. Lugar en el que los expedicionarios solían hacer escala en su ruta hacia el Nuevo Mundo.

 c) Nivelación en Santo Domingo. Una tercera nivelación del español de América se materializó en Santo Domingo o Isla Española por ser este el punto geográfico a dónde venían a parar los expedicionarios para ser distribuidos hacia los demás territorios americanos.

“Santo Domingo – apunta Pedro Henríquez Ureña – fue el primer centro de americanización del español”. Y citando al afamado lingüista colombiano Rufino José Cuervos señala que: “Puede decirse que La Española fue en América el campo de aclimatación donde empezó la lengua castellana a acomodarse a las nuevas necesidades. Como en esta isla ordinariamente hacían escala y se formaban o reforzaban las expediciones sucesivas, iban llevando a cada parte el caudal lingüístico acopiado, que después seguían aumentando o acomodando en los nuevos países conquistados” (El español en Santo Domingo, 1978, Pág. 43)

 En La Española los conquistadores aprendían nuevos términos los cuales eran llevados a las regiones que poco a poco iban explorando.

Enfrentamientos linguísticos.

El encuentro y convivencia entre indios y españoles dio lugar al primer choque cultural y, por ende, al primer enfrentamiento lingüístico del Nuevo Mundo. Este enfrentamiento entre el español y las lenguas aborígenes americanas estuvo propiciado por las aspiraciones expansionistas del imperio español. En otras palabras, fue el resultado del proceso de conquista y colonización llevado a cabo por Cristóbal al servicio de la corona española.

 El primer problema que confrontaron los españoles desde el mismo instante en que sentaron planta en América  fue de naturaleza lingüística, toda vez que no poseían una terminología común que les permitiera entenderse con los indios y dominar sin grandes tropiezos la nueva realidad. Se trataba, pues, de infranqueables barreras idiomáticas que exploradores y colonizadores tenían que vencer como única manera de materializar las hegemónicas intenciones de la ambiciosa empresa colombina.

 Tan pronto el descubridor entró en contacto con el llamado Nuevo Mundo, pudo darse cuenta que la  conquista política de este  solo podía ser posible a partir de la conquista espiritual de los indios que lo poblaban, de tal modo que estos aceptaran pacíficamente el nuevo orden que se le trataba de imponer. De ahí que registrara en su diario de navegación la famosa afirmación de que la raza aborigen “mejor se libraría y convertiría a nuestra Santa Fe con amor que por fuerza”. Merced a este empeño, y convencidos de que sin unidad lingüística no puede haber dominio político, los españoles optaron por aprender las lenguas de los aborígenes y al mismo tiempo la corona recomendó que se enseñara a estos el idioma de los conquistadores.

De esta manera se cumplió lo expresado por Antonio de Nebrija cuando en el prólogo de su Gramática Castellana (1492) escribió aquello de que “siempre la lengua fue compañera del imperio”

sábado, 18 de octubre de 2014

TÍTULO NO ES LO MISMO QUE OCUPACIÓN

 Por: Domingo Caba Ramos.

                  El autor cuando recibió su título de Maestría  de la Universidad Autónoma de Santo Domingo ( UASD )


 Acerca de las voces “Ocupación” y “Título”, apunta el diccionario académico lo siguiente:

OCUPACIÓN:

1. Trabajo o cuidado que impide emplear el tiempo en otra cosa. 2. Trabajo, empleo, oficio. 3. Actividad, entretenimiento. 

TÍTULO:

“Testimonio o instrumento dado para ejercer un empleo, dignidad o profesión” 

De los conceptos precedentes, claramente se infiere que un título es una especie de facultad o poder que se le otorga a alguien para ejercer un trabajo, oficio u ocupación. Esto parece no entenderlo la Junta Central Electoral cuando en el proceso de expedición de la nueva cédula de identidad y electoral acepta que en el reglón OCUPACIÓN, se coloque el título que obtuvo la persona (Lic., Dr., Ing.) en vez del oficio que esta realiza para captar los ingresos que le permitan resolver los múltiples problemas que la vida le plantea.

Una ocupación es una actividad, un oficio, una profesión, un quehacer. Un título generalmente es un documento que faculta para ejercer esa ocupación, oficio o profesión. Por ejemplo, si usted es licenciado o doctor en Derecho y “ejerce profesionalmente la dirección y defensa de las partes en toda clase de procesos o el asesoramiento y consejo jurídico” (DRAE), lo lógico es que consigne ABOGADO en la ocupación y no Lic. o Dr., títulos que también se otorgan a quienes han cursado otras carreras, tales como Educación, Sicología, Administración, Comunicación Social, Medicina etc.

Igualmente quien se haya graduado de doctor en Medicina, en lugar de DOCTOR, lo que debería consignarse como verdadera ocupación es MÉDICO por aquello de que es la persona que habitualmente profesa o ejerce la medicina. Por esa razón, cuando en mi nueva cédula el empleado que me asistió (uno de mis exalumnos universitarios) se adelantó y escribió que mi ocupación era LICENCIADO, le dije con el más cortés pero imperativo y firme  acento: « Favor corregir eso y donde dice LICENCIADO escriba MAESTRO, por la sencilla razón de que en mi trabajo universitario yo desempeño el puesto de MAESTRO, no de LICENCIADO»

 Más por respeto que por convencimiento, el susodicho empleado procedió a realizar la corrección.

 Ahora bien, si por vanidad, arrogancia o presunción el ciudadano insiste en que se le coloque el título y no la profesión u oficio específico, es papel de la Junta Central Electoral no aceptar ese caprichoso, ilógico y artificioso juego. Desafortunadamente, en nuestro país no existe tradición de solicitar asesoría lingüística antes de ejecutar medidas que impliquen el uso de términos que puedan generar dudas, contradicción o confusión. Por esa razón, en la nueva cédula de identidad y electoral para indicar la ocupación se está colocando el título recibido en lugar del oficio que ejerce la persona.

viernes, 17 de octubre de 2014

EL VIAJE DE LA LENGUA

 (Consideraciones sobre el español de América)
 Por: Domingo Caba Ramos.

                                                                            Don Miguel Cervantes Saavedra

 “Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”

 (PABLO NERUDA)

El 3 de agosto de 1492, un grupo de expedicionarios españoles, representando a los Reyes Católicos y comandados por Cristóbal Colón ( 1451 – 1506 ) partieron del puerto Palos de Moguer, iniciando así un largo viaje cuyos propósitos originales nada tenían que ver con el descubrimiento, conquista y colonización de un nuevo mundo. La expedición, llevada a cabo en tres naves, llegó a una isla del Mar Caribe llamada Guanahaní, el 12 de octubre de 1492, materializándose de esa manera uno de los acontecimientos de mayor trascendencia en la historia de la humanidad: el descubrimiento de América, considerado por Francisco López de Gómera, como “La mayor cosa después de la criación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo crio…”

 Pero aparte de ese extraordinario acontecimiento histórico, Colón, sin proponérselo, paralelamente llevó a cabo otra empresa de no menos importancia, considerada por José Juan Arom (Cuba, 1910 – 2007), como “La otra hazaña de Colón” .

 Esa “otra hazaña …”, al decir del ya citado investigador, profesor, ensayista y laureado escritor cubano, consistió en llevar la lengua española a las nuevas tierras descubiertas. De ahí que considere, con sobradas razones, que la travesía del veterano y aventurero marinero de origen italiano, más que el viaje del descubrimiento fue “el viaje de la lengua”. La famosa gesta colombina no sólo nos puso en contacto con un nuevo espacio geográfico, sino que dio lugar al nacimiento de una nueva lengua: el español de América.

 Esta variante dialectal, según el respetado maestro y brillante lingüista dominicano, doctor Celso Benavides, «comenzó a formarse a partir de 1492 en que se produjo el descubrimiento. Es el resultado de la colonización; una mezcla del español con las lenguas aborígenes del continente y en algunos casos con algunas lenguas africanas. Coincide con aquel – aclara Benavides – en todos los rasgos centrales del castellano, pero se aparta de él, en cada pueblo, en los rasgos marginales y no pertinentes para la uniformidad…» (Fundamentos de historia de la lengua española, 1986, Pág.272).

 Para un mejor estudio del desarrollo histórico del español de América conviene insertar esta modalidad dialectal en el contexto lingüístico general en la que se inscribe: el español peninsular. En virtud de este criterio, el español de América, más que una lengua general, se nos presenta como un dialecto; o, en términos más específicos, como la variante dialectal con que se intercomunican y comprenden los pueblos hispanoamericanos.

 Su origen histórico, como ya hemos señalado, se remonta al mismo instante en que Colón descubre el continente americano, vale decir, se inicia con la conquista y colonización del Nuevo Mundo. En sintonía con esta idea, el profesor Arrom, en su ensayo “La otra hazaña de Colón” (1979), apunta lo siguiente:

 « Pero vista desde una perspectiva americana, la gesta de Colón cobra un sentido distinto e invita a otro género de esclarecimientos y revelaciones. Por de pronto, para quienes hemos nacido y crecido en estas tierras por él descubiertas, su viaje, es el viaje de la lengua…» (Pág. 7)

 Y continúa señalando más adelante:

 « Las impresiones que le causan el paisaje y los hombres que súbitamente aparecen ante sus sorprendidas pupilas las fue asentando en su Diario de a bordo, no en el dialecto el genovés que habló en su infancia, ni en el idioma portugués que aprendió en su juventud, sino en la lengua española que adquirió durante su larga espera en Castilla y Andalucía. En lengua española hablaban los tripulantes de las tres carabelas. Y es una palabra española la primera que hiende el aire dormido de la madrugada del 12 de octubre: ¡Tierra!» (Pág. 8)

 Y en cuanto al código empleado por el autor del “Diario de navegación” para describir el paisaje americano, el lingüista y antropólogo antillano enfatiza que:

 «De ese modo, entendiendo cada vez más el habla dulce ‘y mansa y siempre con risa’ de los taínos, Colón resuelve el problema de expresar en una lengua europea los rasgos de la realidad americana. Mediante esos procedimientos sienta las bases de un idioma más extenso y preciso con sonoridades autóctonas, con algo de perfume a flor, el sabor a fruta y el frescor de los árboles cuyos nombres tanto había deseado conocer. Y esa lengua – puntualiza Arrom – enriquecida y elaborada artísticamente a lo largo de casi cinco siglos, es a la que hoy llamamos el español de América…» (Págs. 24/26)

martes, 7 de octubre de 2014

DE COMO TRUJILLO RECIBIÓ A BABY DOC

Por: Domingo Caba Ramos.



 El pasado sábado (4/10/2014), las llamas del infierno estaban más ardientes que de costumbre. En un rincón de este diabólico y caluroso lugar, Trujillo sudaba copiosamente, casi al borde del desmayo. Así lucía el exsanguinario dictador dominicano cuando de repente vio que por el ancho portón de entrada a la morada infernal entraba un nuevo inquilino acompañado de Satanás: el exmandatario haitiano Jean-Claude Duvalier (Baby Doc)

 - ¿Y que tú haces por aquí, muchacho? – preguntó irónicamente Trujillo al no menos sanguinario dictador, hijo del también megadictador François Duvalier.

 - No te hagas el tonto coño – respondió Jean-Claude, sin poder esconder su molestia. Tú sabes muy bien que yo fallecí hoy, víctima de un infarto. Mi alma abandonó la tierra esperanzada en que, aunque fuera en el purgatorio, me permitirían residir durante dos o tres meses. De esa manera mantuve mis esperanzas hasta que un emisario de Lucifer fue a buscarme para comunicarme que este, el infierno, era el lugar que me correspondía disque por los diversos crímenes, arrestos ilegales, torturas, encarcelamientos y el exilio forzado a que sometí a mis adversarios, así como por los actos de corrupción en que, según dicen, incurrí durante los quince años que fui presidente de Haití.

- Cuanto lo lamento, mi hermano; pero no te preocupes. La vida aquí es muy difícil. Satanás administra todo esto con manos de hierro y sus azotes no hay quien los soporte; pero ya te acostumbrarás. Mientras tanto, puedes contar conmigo. Viviendo en este infierno ya yo soy un veterano y además gozo del gran privilegio de que el Diablo me tiene mucho aprecio debido, según él, a que nos parecemos mucho. Por eso, casi todo lo que le pido me lo concede. En ese orden haré todo lo posible para que te ubiquen donde las llamas azoten con menos intensidad.

Al oír eso, el Baby Doc, aterrorizado y temblando, bajó la cabeza al mismo tiempo que dos intensos lagrimones se desprendrían de sus otroras ojos de fiera enjaulada.

viernes, 3 de octubre de 2014

EL RUISEÑOR : EL MÁS POPULAR Y BOHEMIO CANTOR DEL BOSQUE

Por: Domingo Caba Ramos

 “… grandes embarcaciones podían navegar bajo las ramas, y en ellas vivía un ruiseñor que cantaba como los ángeles, tan bien lo hacía que, incluso el pobre pescador, a pesar de sus muchas preocupaciones, cuando salía por la noche a recoger las redes, se detenía a escuchar su alegre canto”

 (Hans Christian Andersen)

¿Quién no se ha dormido alguna vez arrullado por el canto alegre de un bohemio ruiseñor? ¿Quién al despertarse una mañana cualquiera no intentó dormirse de nuevo arrullado por la melodía de tenórico y polifónico acento interpretada por este enamorado cantor de la pradera?

El canto del ruiseñor, el más sublime y bello entre los pájaros cantores, esparce o embriaga nuestro espíritu y preña nuestro universo mental de un regocijo inconfundible.

 ¿Cuándo y por qué canta el ruiseñor?

 Normalmente es el macho el que canta. Y canta, casi siempre solitario, cuando no tiene pareja o cuando los machos compiten para atraer a las hembras. En abril canta solo en el día. En mayo lo hace tanto en el día como en la en la noche. De ahí que se haya dicho que este tierno animalito anuncia la primavera y es el pájaro del mes de mayo. Para ilustrar esto, vale citar los populares versos del no menos popular ROMANCE DEL PRISIONERO, poema castellano de origen medieval:

 “Que por mayo era, por mayo, 
cuando hace la calor, 
cuando los trigos encañan,
 y están los campos en flor, 
cuando canta la calandria,
 y responde el ruiseñor, 
cuando los enamorados,
 van a servir al amor” 

Aparte de esta composición perteneciente a la poesía tradicional española, son muchos los poetas y escritores consagrados que  han creado sus obras inspiradas en el  melodioso y firme canto del ruiseñor. Son reconocidas, por citar solo algunos ejemplos, la genial "Oda a un Ruiseñor" del escritor John Keats , el cuento infantil "El ruiseñor y la rosa", de Oscar Wilde, así como algunos de los cuentos infantiles del escritor y poeta danés Hans Christian Andersen .

 Pero no solo a las grandes glorias de la literatura ha impactado el  siempre melodioso y potente canto del ruiseñor. Cuenta mi hermano Basilio que “había un ruiseñor que todos los días, sin fallar, se subía en un arbusto situado frente a mi oficina. Me ofrecía su concierto el cual podía ser de seis, siete, ocho minutos o quién sabe. Dependía de su estado de ánimo. Un día de mi cumpleaños (2006), después de su concierto, me conmoví enormemente y le dije lo siguiente a mi amada avecilla”: 

 MI RUISEÑOR
Por : Basilio Caba Ramos.


 Yo tengo aquí un ruiseñor,
 que me canta cada día,
 su preciosa melodía,
 con un mensaje de amor.

 Se sube sobre una rama,
 tan frágil como su canto,
 y nada le importa tanto,
 que su dulce pentagrama.

 Es un arbusto de aroma,
 que verdea su follaje,
 y luce su bello traje,
 cuando el ruiseñor asoma.

 De su pico de violín,
 brotan hermosas canciones,
 que conmueven corazones,
 hasta el más lejos confín”

jueves, 11 de septiembre de 2014

ALGO MÁS QUE LA TANDA EXTENDIDA



Por: Domingo Caba Ramos

  En la versión digital del Listín Diario (11/9/2014) se lee lo siguiente:

“Unos 7,850 nuevos maestros ingresaron al sistema educativo en el mes de agosto para llenar las plazas vacantes del presente año escolar. La información la ofreció el viceministro de Educación, Luis Matos, quien señaló que el balance de la cantidad de nombramientos supera todas las cifras de los últimos 50 años del sistema educativo” 

Ese número forma parte de los ocho mil maestros que requiere el sistema educativo para llenar las vacantes surgidas como resultado de las miles de aulas que se han estado inaugurando para dar respuesta a la principal exigencia de la tanda extendida.

El establecimiento de la tanda o jornada extendida ha sido una feliz iniciativa del actual presidente de la República, Lic. Danilo Medina, cuyas reales intenciones por mejorar el sistema educativo están exentas de cualquier tipo de duda o discusión. Tal ha sido su empeño en bien de este sector, que bien podría afirmarse, con las palabras del pueblo, que para Medina, la educación pública constituye “su niña bonita”.

Esa iniciativa del gobierno debe contar con el respaldo o apoyo incondicional no solo de todos los actores que conforman la comunidad educativa: maestros, alumnos y padres, sino también de las diferentes organizaciones de la sociedad civil.

Esa jornada completa tiene como propósitos mejorar la calidad de la enseñanza y la búsqueda de una educación integral, por cuanto se persigue que aparte de las asignaturas tradicionales, la oferta curricular incluya otras disciplinas como Educación Cívica, Educación Sexual y talleres de actividades artísticas (pintura, teatro, música, danzas…) y todas las disciplinas de la Educación Física.

 La primera fase de ese magno proyecto educativo se ha concentrado en la construcción de las aulas requeridas para su ejecución y el nombramiento de los maestros que estos espacios demandan. En este proceso de nombramientos se incluyen a aquellos docentes que por años laboraban en una sola tanta. Al completar dos, su nivel de ingreso aumenta y esto ha contribuido a que por primera vez el entusiasmo y la esperanza hayan tenido cabida en el ánimo del maestro dominicano.

 A todo esto hay que agregar el hecho de que hoy a cada centro docente se le asigna un presupuesto mensual para cubrir los gastos de mantenimiento, una realidad que parecía un sueño en mis años de director, época en que para pintar una puerta y comprar una caja de tiza había que “hacer malabares”, casi pedir limosnas o lograr que “a regañadientes” los padres aportaran los recursos.

 Pero para mejorar la calidad de la enseñanza en las escuelas públicas de la República Dominicana, no basta con nuevos edificios, buenos presupuestos escolares y mejores salarios para el personal docente.

Para mejorar la calidad de la enseñanza , es necesario que además de las tandas, la responsabilidad, calidad y competencia o formación del maestro también sean extendidas ( segunda fase )

 Es necesario que el maestro lea, se actualice, incremente su cultura general, participe en actividades culturales extraescolares, que esté vinculado al mundo de la cultura, que abandone la improvisación y planifique bien las clases que imparte, que parte de su responsabilidad es asistir diariamente y puntualmente a cumplir con su trabajo, que al ejercer su labor debe pensar siempre en el alumno que la sociedad puso en sus manos y no solo en el día veinticinco de cada mes. En fin, debe pensar y actuar como maestro dentro y fuera de la escuela.

 Para mejorar la calidad de la enseñanza se requiere la puesta en marcha de un científico sistema de supervisión docente. Supervisar no es, como ocurre en la actualidad, presentarse a un liceo y ver si el maestro tiene al día el libro de asistencia. Quien más actualizado tenga dicho libro, aunque su quehacer en el aula sea de pésima calidad, mejor puntuación obtendrá para fines de incentivos. Eso no es supervisón.

Para mejorar la calidad de la enseñanza, es necesario que a los puestos directivos vaya quien mejor escalafón o curriculum haya demostrado poseer y no quien más haya levantado en campaña la bandera del partido en el poder. No es posible que un maestro carente por completo de prendas morales y /o profesionales usted se entere de que de repente, y por razones políticas, fue ascendido a un puesto superior.

Las buenas intenciones del presidente de la República debemos complementarlas con un cambio de actitud. No es posible una auténtica revolución de la educación dominicana, sino se produce una revolución en la mente del maestro. De lo contrario, continuaremos escuchando a muchos de nuestros docentes decir: " Si yo va sabío", “íbanos”, “estudiábanos”, “habemos””negoceo” y “hablábanos. 

O sentir estupor al enterarnos de que una encuesta realizada recientemente en  un centro educativo de la ciudad de Santiago de los Caballeros, reveló que siete de los profesores que allí imparten docencia, no sabían que el palo que sostiene la bandera se llama asta y la soga driza.

sábado, 6 de septiembre de 2014

AL SAMÁN DE TAMBORIL (*)

Por : Domingo Caba Ramos
 Con esta foto, los samanes históricos de Tamboril, aparece ilustrado el texto del poema. Fue tomada por Tomás H. Franco en 1944.


El Banco Central realizó en 1999 una loable labor de difusión cultural al reunir en siete tomos todos los números publicados de los “Cuadernos Dominicanos de Cultura”, revista literaria cuyo primer número vio la luz pública en septiembre de 1943, y en la cual publicaban sus trabajos (poemas, ensayos, cuentos y obras teatrales) los más destacados representantes de la intelectualidad dominicana de la época.

El consejo de dirección de esa prestigiosa publicación estaba compuesto por Pedro René Contín Aybar, Rafael Díaz Niese, Héctor Inchaustegui Cabral, Emilio Rodríguez Demorizi, Tomás Hernández Franco y Vicente Tolentino Rojas.

 En el tomo primero, cuaderno #7, pág. 529, aparece un singular poema titulado "Al samán de Tamboril”, de afectivo tono y telúrico aliento, en el cual su autor, Gabriel Silveira Leal, eleva un canto de amor al árbol tradicional del pueblo de Tamboril.

 Interesado en obtener información acerca del Gabriel Silveira Leal, consulté las más diversas fuentes; pero en ninguna logré encontrar el dato deseado. Como último recurso se me ocurrió consultar al doctor Mariano Lebrón Saviñón, poeta, médico, ensayista, humanista, y quien fuera uno de los colaboradores distinguidos de los referidos Cuadernos.

 ¿Quien fue Gabriel Silveira Leal?, pregunté a don Mariano, exdirector de la Academia Dominicana de la Lengua y miembro prominente de la Poesía Sorprendida.

 «Silveira Leal jamás existió como persona – me respondió de manera enfática . Su nombre – aclara el Premio Nacional de Literatura ( 1999) - más bien se trató de un seudónimo extrañamente utilizado por Tomás  para firmar algunas de sus composiciones poéticas» Y así,necesariamente, debió ser, por cuanto la foto que ilustra el texto del poema fue tomada por el propio Hernández Franco.

«Tomás - amplía don Mariano -  amaba entrañablemente a su pueblo y , en tal virtud, nos parece sumamente extraño que no identificara con su nombre la autoría de un poema de tan profunda raigambre tamborileña»

 En la explanada frontal de la casa del autor de “Yelidá” (1942), en Tamboril, estaba plantado el famoso árbol que tanto veneraron y que tan gratos recuerdos les trae a todos los habitantes de este pueblo  que hoy superan los setenta años de vida.

Y en cuanto al poema que nos ocupa, “Al samán de Tamboril”,  cuya versión completa aparece al pie de estas notas, Lebrón Saviñón apunta lo siguiente:

«Contín Aybar lo declamaba con mucha frecuencia, le gustaba mucho y fue quien lo presentó a la dirección de los Cuadernos para fines de publicación»

Veamos su contenido:

 «AL SAMAN DE TAMBORIL»
 Gabriel Silveira Leal
Marzo, 1944.

 «No es sino un gran árbol que ha perdido su follaje. Desde mi habitación lo contemplo y envío mis recuerdos a cantarle corros en redor. Este árbol es mi infancia. Este árbol es mi vida. A través de mis andanzas por el mundo ha sido punto de apoyo entre la realidad y el ensueño, entre la tristeza y la paz. Es mi hermano mayor, mi hermano de ambiente, diría, pues, hemos bebido juntos sol, viento y luna y lluvia.

Está en medio del poblado, en la explanada que aísla mi casa de las demás, y donde por el día vienen a jugar los niños al salir de la escuela, y en las noches es asilo de los sueños de los enamorados y bahía donde solitarios anclan meditaciones y esperanzas.

 Es un bello samán, de lucientes hojas, que de repente se han ido a volar, como mis pensamientos.

La vida del pueblo discurre a su vera. Es un patriarca, señero y grave, con austero silencio y ternura umbrosa, corazón de perfume y auras llenas de melodía.

De pequeño, una bala, en una de nuestras revueltas civiles, le hendió el entonces débil tronco. Mi padre, con tierra, grama y flejes, le hizo un vendaje. Ahora la herida no es sino esa gran cicatriz donde algunas veces hace nido un ave y otras, cuelgan su panal las abejas. Yo escondí en ella mis tesoros juveniles, fue mi alcancía, y hoy, ya cansado, con polvos de caminos rápida y largamente recorridos empañándome los ojos, vengo a sonarla en busca de mis haberes, porque ardido de fatigas terrenales, quiero un balance de olvido y de sombras para fabricarme un sueño.

 ¡Viejo samán de mi pueblo, amigo, hermano, yo te saludo! Los niños que te cercan ya pueden ser mis hijos y aún cantan los versos que aromaron mi infancia. Y aquel viejo, taciturno, que descansa el ala de tus pensamientos en tus desnudas ramas, antes de echarlos a andar mundo arriba, mundo abajo, puedo ser yo.

Esperaré al recrecer de tu follaje. Atisbaré la canción de tus venas. Creeré que me nacen, como a ti, renuevos primaverales. Sorprenderé en las pequeñas cosas el vibrar solemne de la vida. Partiré mi pan de esperanzas, y de mi mano comerán sus migajas las volanderas brisas. A otros viajes alimento darán y hasta la muerte, tu noble figura amable presidirá mi existencia.


¡Viejo samán amigo, mi hermano de ambiente, yo te saludo!»

(*) - Reproducido en mi columna "Arcoiris", del periódico La Información, el 8 de julio del 2000.