martes, 15 de julio de 2014

EL DOCTOR BALAGUER VISTO A TRAVÉS DE UN PRÓLOGO

 Por: Domingo Caba Ramos.




Siempre lo he dicho: para desmadejar los hilos causales que siempre movieron el comportamiento político del expresidente de la República Dominicana, Joaquín Antonio Balaguer Ricardo (Navarrete, 1 de septiembre de 1906 – Santo Domingo, 14 de julio de 2002), es necesario leer las ideas o concepciones plasmadas en sus escritos.


En otras palabras, para conocer al auténtico Joaquín Balaguer tenemos, necesariamente, que estar en contacto y desentrañar el contenido profundo de su producción bibliográfica.

Entre todos sus textos, existe uno que a nuestro juicio, y coincidiendo así con el fenecido y otrora polémico escritor Juan Isidro Jiménez Grullón, retrata mejor que ningún otro la verdadera personalidad del autor de “Los carpinteros” y de “El cristo de la libertad”. Nos referimos al prólogo de su “Tebaida lírica”.

 En 1922, cuando apenas tenía quince años de edad, el Dr. Balaguer publicó su primer libro de versos: “Claros de luna”, obra cuyo valor literario, al parecer, fue bastante vapuleado por la crítica literaria de entonces.

Balaguer, que nunca aceptó ni muchos menos perdonó las críticas de sus adversarios, aprovechó el prólogo del siguiente libro publicado, “Tebaida lírica” (1924), para responder en forma rabiosa a quienes osaron cuestionar las credenciales estéticas de los primeros “partos de su fantasía”. He aquí una especie de breve informe descriptivo acerca del contenido del prólogo en cuestión. Una sola oración le basta al autor para anunciar su ardiente ensañamiento:

 “Abro este paréntesis para llenarlo de odio y de gratitud”.

 ¿A quién dice odiar quien fuera uno de los más brillantes oradores dominicanos?. Estas son sus palabras al respecto:

“Odio a los que en plazas y corrillos me combatieron acerbamente: odio a los poetas afeminados que envidian la virilidad de mi arte: odio a los consagrados que no han querido tenderle la mano al jovenzuelo imberbe que los abruma con su orgullo, y odio, finalmente, a todos los pachecos que, no atreviéndose a combatirme con la pluma, se encogieron de hombros cuando vieron al mozuelo audaz cruzar tras la apolínea caravana”.

 Mientras su expresión de odio engloba a lo que él llama “rebaño de intelectuales imbéciles”, la nota de gratitud se reserva de manera exclusiva para César Tolentino quien “al aparecer mis Claros de Luna”, afirma Balaguer, “fue el primero que me saludó como a un compañero novel acogiendo en las columnas de La Información los partos de mi fantasía”.

Al tiempo de manifestar su único agradecimiento al entonces director del diario La Información, Balaguer confiesa que no precisa del concurso de los demás para desenvolverse como ente social. En tal sentido apunta lo siguiente:

 “... Y a él es el primero y quizás al último que puedo agradecer algo, porque aún tengo el orgullo de ser, en nuestro medio árido, como una planta rara que sólo necesita vivir de la savia de su arte y del aire que respira en la atmósfera de sus sueños. Por eso pongo entre este zarzal de odios una sola flor de gratitud” 

Pero ese “zarzal de odios” parece desbordar los límites del “rebaño de intelectuales imbéciles” de nuestro país, para volcarse en contra del medio geográfico en que nació y creció el eterno inquilino del Palacio Nacional. De ahí que más adelante exprese con furia incontenible:

“Yo aborrezco el ambiente en que me ha tocado nacer, pero aborrezco más a los intelectuales (con muy pocas excepciones) con quienes he tenido la mala suerte de codearme”. 

En el párrafo que sigue, el Dr. Balaguer manifiesta en forma clara y precisa el alto placer que experimenta frente al encono, quejas o protestas de quienes lo enfrentan:

“Mi Tebaida Lírica - declara de manera enfática - molestará a muchos (yo gozo molestando) y algunos rebuznarán como borricos (yo gozo oyendo rebuznar) en la estéril sabana de las letras”. 

Y concluye su famoso prólogo con un reto que no podía ser más sugerente o sintomático:

 “Pero yo, como el poeta Adán Aguilar, a todos los espero para combatirlos, uno a uno como caballeros, a todos juntos como malandrines”. 


Vistas las citas precedentes, considero que Balaguer fue bastante coherente con su pensamiento , vale decir, existió una estrecha vinculación entre las ideas  y la praxis política de quien fuera uno de los principales colaboradores del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina (1891 – 1961); pues se necesita aborrecer "el ambiente en que me ha tocado nacer..." para convertirse en títere o mano derecha de un dictador como el presidente Trujillo, y haber encabezado él mismo ( Balaguer) un período (1966 – 1978 ) de terror, corrupción y violación a los derechos humanos como fueron sus tristemente célebres doce años de gobiernos. Sin embargo, talvez resultaría más importante  que sean los lectores quienes extraigan sus propias conclusiones.

Principio del formulario

viernes, 11 de julio de 2014

EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD LINGUISTICA DE LOS DOMINICANOS.

 Por: Domingo Caba Ramos.

 “… no hay un español mejor, sino un español de cada sitio para las exigencias de cada sitio. Al margen queda lo que la comunidad considera correcto y eso lo es en cada sitio de manera diferente. El español mejor es el que hablan las gentes instruidas de cada país: espontáneo sin afectación, correcto sin pedantería, asequible por todos los oyentes"

 (Manuel Alvar)

El tema que hoy ocupa nuestra atención atañe a uno de los conceptos con que opera la sociolingüística: al de actitudes lingüísticas, que no son más que todas aquellas reacciones subjetivas a partir de las cuales el sujeto hablante rechaza o asume determinadas estructuras de su lengua materna.

 Si toda actitud emana de una creencia, valdría entonces preguntarse:

 ¿Qué piensan los dominicanos acerca de su lengua?

 Tan pronto como intentamos dar respuesta a esa interrogante, otro cuestionamiento aflora necesariamente a nuestra mente:

¿Qué piensan los dominicanos acerca de su país?

 Sencillamente que somos inferiores al resto de las demás naciones. Y conforme a esta concepción, el dominicano no cree ni confía en lo dominicano. Sufrimos, pues, de "dominicanofobia".

Para el dominicano promedio nada de lo nuestro sirve. El plátano embrutece. El merengue despierta las bajas pasiones. Bailar o escuchar ritmos extraños prestigia. El paisaje nativo nos produce náusea. El cielo extranjero nos deslumbra. La inscripción “Made In” nos embriaga y pletóricos de satisfacción compramos en Estados Unidos el pantalón que se fabrica en una de nuestras zonas francas.

 Para florecer y crecer necesitamos de otros aires y de otros soles. “La atmósfera de este país, sentenció uno de nuestros escritores, no es propicia al desarrollo superior de los espíritus”.

 Acostumbramos a autodescribirnos con los más despectivos e hirientes calificativos. Somos holgazanes, viciosos, lambones, turbulentos, ladrones, jugadores, primitivos y borrachones.

Imbuidos por ese “dominicanofóbico” sentimiento, el célebre Tomás Babadillas jamás confió en que los dominicanos por sí solos lograrían la Independencia Nacional. Por eso llamó locos e ilusos a Duarte y demás trinitarios.

Pedro Santana, por la misma razón, anexó la República a España. De igual manera, procedió Buenaventura Báez. Y hasta un patriota del calibre de Félix María del Monte prefirió, en su famoso “Himno a la Independencia”, para invocar o referirse a los dominicanos, prefirió emplear el gentilicio “españoles”:

“Al arma españoles,
 volad a la lid, 
tomad por divisa, 
vencer o morir”. 

El 14 de julio del 2002 falleció un veterano escritor y político dominicano, Joaquín Balaguer, quien en uno de sus primeros libros, Tebaida Lírica, dice aborrecer el suelo patrio que lo vio nacer:

 “Yo - confiesa Balaguer con rabioso y molesto acento - aborrezco el ambiente en que me ha tocado nacer, pero aborrezco más a los intelectuales (con muy pocas excepciones) con quienes he tenido la mala suerte de codearme...” 

Esa es la creencia que muchos  dominicanos tienen acerca de la patria en que nacieron. Y ese es el mismo criterio que poseen en torno a su lengua.

Perciben el español que hablan y escriben como el más inferior de los dialectos que forman parte del mundo hispánico. De ahí que suelan afirmar con inusitada insistencia que los colombianos, argentinos, chilenos, mexicanos, etc., hablan mejor que nosotros; juicio que por partir de una visión preceptista o normativista de la lengua carece por completo de soporte lingüístico o fundamentación teórica. Y es que desde el punto de vista científico no existen lenguas superiores a otras, ni sociedades cuyos hablantes hablen mejor que otros.

La lengua cumple una función fundamental : establecer la comunicación entre las personas. Lo de bien o mal son simples valores, conceptos axiológicos cuyo tratamiento escapa al interés de la ciencia. Son apreciaciones que se estructuran en función de una norma gramatical impuesta por una comunidad lingüística determinada.

“Desde una perspectiva teórica, científica y lingüística - apunta Orlando Alba al respecto - de ninguna manera se justifica afirmar que una variedad geográfica de la lengua es mejor que otra" (La identidad lingüística de los dominicanos, 2009: 14)

Tal razonamiento conduce al afamado investigador y lingüista nativo de Santiago, a afirmar con indiscutible acierto:

 “Cuando un hablante asume una actitud negativa con respecto a su lengua, pensando que es inferior a otra, simplemente revela una opinión subjetiva que no se fundamenta necesariamente en razones lingüísticas, sino en hechos de carácter extralingüístico" (ob. cit., págs. 18-19)

 Para los nacidos en esta tierra de Quisqueya, la norma lingüística parece imponerla siempre el extranjero. Hablar a lo dominicano desprestigia o resta distinción. De ahí nuestra tendencia a imitar el habla de otras naciones o a identificar con nombres en inglés a establecimientos comerciales.

Y a saludar, cuando nos llaman por teléfono, no con nuestro criollo “buenos días” o “buenas tardes”, sino con un afamado y cantarín: ¡“Jelou”!

domingo, 15 de junio de 2014

LOS ACORTAMIENTOS DE PALABRAS EN EL ESPAÑOL DOMINICANO.


  Por : Domingo Caba Ramos.

Los acortamientos de palabras están muy, pero muy moda. Los jóvenes los han creado e integrado a sus cotidianas formas de expresión. Y es tal la magnitud de su empleo, que no obstante carecer tales acortamientos de pertinencia léxica y aprobación académica, los adultos, mediante el proceso de arrastre e irracional imitación, también los han incorporado a sus habituales usos lingüísticos. No extraña, pues, leer en las redes sociales y otras fuentes escritas, irregulares enunciados como los siguientes:

 1.« Aquí estamos en el "cumple" de mi amiga…»
 2. «A mi niño le fue muy bien en el "cole"…»
 3. «En la semana próxima comenzaré mis estudios de medicina en la "uni" » 
4. «Yo estoy "tranqui", aquí en casita»

 ¿Por qué los no jóvenes y hasta profesores de lengua española utilizan estos cortes indebidos de palabras, así como el llamado sociolecto de la juventud?

Sencillamente porque de manera impensable resultan atrapados por la moda léxica o en las redes del proceso de masificación lingüística. Esta masificación conduce al usuario de la lengua a hablar irracionalmente como hablan los demás y a escribir como escriben los demás.

Conviene aclarar que en el contexto linguístico en que se usan, voces como las susodichas : "uni", "cole", "cumple" y "tranqui", carecen por completo de fundamentacion lexical . En el caso específico de "cumple", el único significado que desde el punto de vista semántico soporta es el de ser voz correspondiente a la tercera persona del singular del verbo cumplir; pero nunca el de ser sinónimo de cumpleaños.

El Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, afirmó en una entrevista publicada no hace mucho que los jóvenes que acortan las palabras y vulneran las reglas gramaticales en los chats de internet, Twitter y Facebook piensan "como un mono".

Merced a ese juicio, yo agrego que no solo los jóvenes. También muchos adultos incurren en el desatino léxico de escribir, como los jóvenes, “uni”, por universidad; “cole”, por colegio; “tranqui”, por tranquilo; “cumple”, por cumpleaños; “bn”, por bien; “klk”, por qué lo qué; “vien2”, por viendo; “llovien2”, por lloviendo; “xq”, en vez de por qué; “100pre", en vez de siempre.

viernes, 6 de junio de 2014

LAS EXCUSAS, ¿SE PIDEN O SE OTORGAN?



 Por: Domingo Caba Ramos.

 « Yo te pido excusa, Robert – dije al director del Archivo Histórico de Santiago, Lic. Robert Espinal - por no haber podido asistir a la puesta en circulación del libro “Minicosas de un latidesorden” (mayo, 2009), de don Román Franco Fondeur»

 Un señor, que en la oficina de aquel se encontraba presente, al escucharme, corrigió de inmediato:

 « Las excusas no se piden, se otorgan…»

 Convencido de la validez de su sabia corrección, no tuve más que responderle:

« Gracias caballero, tiene usted toda la razón, las excusas no se piden, se otorgan…»

 El protagonista de nuestra historia, no es lingüista, profesor de lengua española, ni nada que se parezca. Se trata simplemente de un humilde hombre del pueblo, muy leído talvez, que tuvo la osadía de corregir con inigualable deferencia, cortesía y sabiduría el error conceptual que en el uso de la lengua cometió el lingüista y profesor que tenía a su lado.

 ¡Cómo disfruto la sabiduría del ignorante aparente!

 Una excusa no es más que el «Motivo o pretexto que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisión»

 El motivo o pretexto invocado tiene como propósito justificar una falta cometida o sacar libre a alguien de la culpa que se le imputa. Siendo así, quien está obligado a conceder la excusa no es la persona a la cual se le ha faltado, sino aquella que ha incurrido en la falta.

 Y siendo así, lo válido o aceptable sería decir: “Yo quiero o debo presentarte mi excusa…” o “Yo quiero que tú me excuses…” Afirmar esto último, sería lo mismo que solicitar: “Yo quiero que tú me perdones…”. Porque como bien aclaró mi oportuno corrector:

“LA EXCUSAS NO SE PIDEN, SE OTORGAN”

viernes, 30 de mayo de 2014

EL HIMNO NACIONAL : UNO DE LOS POCOS VALORES NUESTROS QUE TRUJILLO RESPETÓ.



 Por: Domingo Caba Ramos.


 Un día como hoy, 30 de mayo de 1934, hace exactamente ochenta años, el entonces presidente de la República Dominicana, Generalísimo Rafael Leónidas Trujillo Molina, promulgó la ley que declaró oficial el himno que treinta y siete años antes (1883) habían compuesto el laureado músico José Reyes ( 1835-1905 ) y el poeta y maestro puertoplateño Emilio Prud - Homme (1856 - 1932). Según lo establece nuestra Constitución, el Himno Nacional “es único e invariable” (Art.33).

 Del Himno Nacional es muy poco lo que sabe el dominicano promedio. Pero como toda manifestación humana, nuestro canto a la Patria también tiene su historia.

 Compuesto en el primer semestre de 1883, se tocó y cantó por primera vez el día 17 de agosto de ese mismo año en una de las veladas patrióticas celebradas por la prensa nacional en los salones de la Logia Esperanza (Santo Domingo), para conmemorar el vigésimo aniversario de la Restauración política de la República.

 Conviene aclarar, sin embargo, que este no fue el primer himno patriótico que se compuso en el país. Treinta y nueve años antes (1844), el poeta y patriota Félix María del Monte (1819 -1899), y el coronel músico Juan Bautista Alfonseca (1810 - 1875), compusieron la misma noche en que se proclamó la independencia nacional, el himno que nuestra historia literaria registra con el nombre de Canción dominicana.

El himno de Félix María del Monte, contrario a lo sucedido con el de Reyes y Prud - Homme, no caló en el gusto del pueblo, y nunca logró el reconocimiento oficial, y ello se debió, posiblemente, a que la referida pieza poética, más que dominicana, mejor puede considerársele como un canto antihaitiano y prohispánico, carente por completo de un genuino sentimiento dominicanita.

En los primeros años de su creación, el Himno Nacional tuvo poca difusión. Apenas se escuchaba en la ciudad capital y sólo los días 27 de febrero y 16 de agosto de cada año. Al decir del maestro José de Jesús Ravelo, es en 1894, año en que se celebró el cincuentenario de la Independencia Nacional, cuando realmente se inicia la popularidad del Himno, debido a las muchas veces que hubo que ejecutarlo para solemnizar los diferentes actos que se desarrollaron como parte de dicha celebración.

Luego se oye en Azua, después en Puerto Plata y en el Cibao se difunde con motivo de inauguración el Ferrocarril Santiago - Puerto Plata, celebrada el 16 de agosto del 1897. En este mismo año, el Congreso Nacional resolvió declararlo oficialmente mediante ley, Himno Nacional de la República Dominicana. Para entonces gobernaba el país el general Ulises Heureaux (Lilís), el cual engavetó, en lugar de promulgar la ley, dándole así oportunidad al dictador Trujillo de consumar la oficialización definitiva del Himno el día 30 de mayo de 1934.

 “Trujillo - apunta Arístides Incháustegui - oficializó el Himno, lo que no pudo conseguir fue formar parte de sus versos”. Extraño comportamiento este, asumido por un gobernante que aprovechó su mandato presidencial para “trujillizar” al país, identificando con su nombre o el de algún pariente cercano, a pueblos, calles, parques, instituciones, etc. y que incluso fue capaz de modificar nuestra Constitución para cambiar el nombre de Santo Domingo, capital de la República, por el de Ciudad Trujillo.

 No faltaron, naturalmente, poetas serviles que animados por el solo propósito de conseguir o mantener intacto el favor del jefe propusieron insertar el nombre de este en una de las estrofas del Himno. A tono con esa idea, el ya citado tenor e historiador dominicano afirma que:

“En vez, cuando algún poeta llegó tan lejos como a ofrecer, para su inclusión en el Himno Nacional: 'Trujillo creador de la paz', el pueblo que sabía que Trujillo no había creado nada (y mucho menos la paz), guardó silencio, y hasta los incondicionales de siempre prefirieron respetar ese silencio” (Eme, Eme, No. 17, Pág. 95).

Con ese silencio, el Himno Nacional, composición musical consagrada por la ley No. 700, de fecha 30 de mayo del 1934, se convirtió en uno de los pocos valores nuestros que Trujillo respetó.

sábado, 24 de mayo de 2014

¿QUÉ ES LA MADRE?


Por : Domingo Caba Ramos
(A mi fenecida madre, doña Librada Ramos Vda. Caba)
                                                          Doña Librada Ramos Vda. Caba ( Q.E.P.D.)

Desde el punto de vista semántico madre es un término que entraña múltiples connotaciones o valores significativos. Se trata de una voz que hasta cierto grado se torna un tanto indefinible. Y es que madre no es simplemente la “hembra que ha parido”, como apunta el diccionario académico. Ni tampoco, la mujer que nos ha dado el ser, como diría el hombre del pueblo.

La madre es mucho más que eso:

Es la luz en medio de la tiniebla.
El alivio en medio del dolor.
La calma en medio de la tormenta.
La paz en medio de la guerra.
La esperanza en medio de la angustia.
La alegría en medio de la tristeza
La sonrisa en medio del llanto.
La seguridad en medio del peligro.
La fe en medio de la incertidumbre.
El agua en medio de la sequía.

Madre es la brújula que orienta el norte al capitán del barco que ha perdido el rumbo.
La madre es un ser que en lugar de “Día” debería tener “días”.
 Un ser a quien le pertenecen todos los domingos del mes y todos los días del año.
La madre es, en fin, amor, ternura, entrega y sacrificio.

(Artículo publicado en el Listín Diario, el 30 de mayo de 1991, seis años antes de la muerte del noble ser a quien en esa fecha fue dedicado)

martes, 20 de mayo de 2014

EN TORNO AL TÉRMINO PRORRUSO.


 En torno al término "prorruso"
 (A mi dilecto amigo y experimentado narrador deportivo Luis Ramón Polanco)

 Por: Domingo Caba Ramos.

 La palabra prorruso, contrario a lo que se pueda pensar, está correctamente empleada.

 ¿Por qué razón?

 Según la Ortografía de la lengua española (2010), « En español, el fonema /rr/ puede aparecer gráficamente representado de dos formas: con la letra r o con el dígrafo* o secuencia de letras rr…» (Pág. 118).

 ¿Cuándo se emplea una y otro según el texto académico?

 Todo dependerá del contexto o de la posición que ocupe dicho fonema, /rr/, dentro de la palabra. Se empleará la letra r, en representación del fonema /rr/, siempre que aparezca en posición inicial de palabra: Rusia, rector, remolacha, rueda, Ramón, etc.

El dígrafo rr, en representación del fonema/rr/, deberá utilizarse en posición intervocálica, vale decir, en medio de vocales: arruga, barrio, terrible, etc. De ahí que en las voces prefijadas o compuestas, formadas por un prefijo más la palabra base, debe escribirse rr si el fonema /rr/ está colocado en medio de vocales, aunque en la palabra simple ese mismo fonema esté representado con r por ir en posición inicial. Así deberá escribirse antirrobo (de anti + robo), vicerrector (de vice + rector), prerromántico (de pre + romántico), guardarropa (de guarda + ropa) y, por supuesto, prorruso (de pro + ruso).

 Vale aclarar que el prefijo pro significa en favor de… o en beneficio de alguien o algo. En virtud de este valor semántico, prorruso significa en favor o en beneficio del pueblo ruso.

 ( *) - Dígrafo: unión de dos letras o grafemas que representan un solo fonema.