viernes, 6 de junio de 2014

LAS EXCUSAS, ¿SE PIDEN O SE OTORGAN?



 Por: Domingo Caba Ramos.

 « Yo te pido excusa, Robert – dije al director del Archivo Histórico de Santiago, Lic. Robert Espinal - por no haber podido asistir a la puesta en circulación del libro “Minicosas de un latidesorden” (mayo, 2009), de don Román Franco Fondeur»

 Un señor, que en la oficina de aquel se encontraba presente, al escucharme, corrigió de inmediato:

 « Las excusas no se piden, se otorgan…»

 Convencido de la validez de su sabia corrección, no tuve más que responderle:

« Gracias caballero, tiene usted toda la razón, las excusas no se piden, se otorgan…»

 El protagonista de nuestra historia, no es lingüista, profesor de lengua española, ni nada que se parezca. Se trata simplemente de un humilde hombre del pueblo, muy leído talvez, que tuvo la osadía de corregir con inigualable deferencia, cortesía y sabiduría el error conceptual que en el uso de la lengua cometió el lingüista y profesor que tenía a su lado.

 ¡Cómo disfruto la sabiduría del ignorante aparente!

 Una excusa no es más que el «Motivo o pretexto que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisión»

 El motivo o pretexto invocado tiene como propósito justificar una falta cometida o sacar libre a alguien de la culpa que se le imputa. Siendo así, quien está obligado a conceder la excusa no es la persona a la cual se le ha faltado, sino aquella que ha incurrido en la falta.

 Y siendo así, lo válido o aceptable sería decir: “Yo quiero o debo presentarte mi excusa…” o “Yo quiero que tú me excuses…” Afirmar esto último, sería lo mismo que solicitar: “Yo quiero que tú me perdones…”. Porque como bien aclaró mi oportuno corrector:

“LA EXCUSAS NO SE PIDEN, SE OTORGAN”

viernes, 30 de mayo de 2014

EL HIMNO NACIONAL : UNO DE LOS POCOS VALORES NUESTROS QUE TRUJILLO RESPETÓ.



 Por: Domingo Caba Ramos.


 Un día como hoy, 30 de mayo de 1934, hace exactamente ochenta años, el entonces presidente de la República Dominicana, Generalísimo Rafael Leónidas Trujillo Molina, promulgó la ley que declaró oficial el himno que treinta y siete años antes (1883) habían compuesto el laureado músico José Reyes ( 1835-1905 ) y el poeta y maestro puertoplateño Emilio Prud - Homme (1856 - 1932). Según lo establece nuestra Constitución, el Himno Nacional “es único e invariable” (Art.33).

 Del Himno Nacional es muy poco lo que sabe el dominicano promedio. Pero como toda manifestación humana, nuestro canto a la Patria también tiene su historia.

 Compuesto en el primer semestre de 1883, se tocó y cantó por primera vez el día 17 de agosto de ese mismo año en una de las veladas patrióticas celebradas por la prensa nacional en los salones de la Logia Esperanza (Santo Domingo), para conmemorar el vigésimo aniversario de la Restauración política de la República.

 Conviene aclarar, sin embargo, que este no fue el primer himno patriótico que se compuso en el país. Treinta y nueve años antes (1844), el poeta y patriota Félix María del Monte (1819 -1899), y el coronel músico Juan Bautista Alfonseca (1810 - 1875), compusieron la misma noche en que se proclamó la independencia nacional, el himno que nuestra historia literaria registra con el nombre de Canción dominicana.

El himno de Félix María del Monte, contrario a lo sucedido con el de Reyes y Prud - Homme, no caló en el gusto del pueblo, y nunca logró el reconocimiento oficial, y ello se debió, posiblemente, a que la referida pieza poética, más que dominicana, mejor puede considerársele como un canto antihaitiano y prohispánico, carente por completo de un genuino sentimiento dominicanita.

En los primeros años de su creación, el Himno Nacional tuvo poca difusión. Apenas se escuchaba en la ciudad capital y sólo los días 27 de febrero y 16 de agosto de cada año. Al decir del maestro José de Jesús Ravelo, es en 1894, año en que se celebró el cincuentenario de la Independencia Nacional, cuando realmente se inicia la popularidad del Himno, debido a las muchas veces que hubo que ejecutarlo para solemnizar los diferentes actos que se desarrollaron como parte de dicha celebración.

Luego se oye en Azua, después en Puerto Plata y en el Cibao se difunde con motivo de inauguración el Ferrocarril Santiago - Puerto Plata, celebrada el 16 de agosto del 1897. En este mismo año, el Congreso Nacional resolvió declararlo oficialmente mediante ley, Himno Nacional de la República Dominicana. Para entonces gobernaba el país el general Ulises Heureaux (Lilís), el cual engavetó, en lugar de promulgar la ley, dándole así oportunidad al dictador Trujillo de consumar la oficialización definitiva del Himno el día 30 de mayo de 1934.

 “Trujillo - apunta Arístides Incháustegui - oficializó el Himno, lo que no pudo conseguir fue formar parte de sus versos”. Extraño comportamiento este, asumido por un gobernante que aprovechó su mandato presidencial para “trujillizar” al país, identificando con su nombre o el de algún pariente cercano, a pueblos, calles, parques, instituciones, etc. y que incluso fue capaz de modificar nuestra Constitución para cambiar el nombre de Santo Domingo, capital de la República, por el de Ciudad Trujillo.

 No faltaron, naturalmente, poetas serviles que animados por el solo propósito de conseguir o mantener intacto el favor del jefe propusieron insertar el nombre de este en una de las estrofas del Himno. A tono con esa idea, el ya citado tenor e historiador dominicano afirma que:

“En vez, cuando algún poeta llegó tan lejos como a ofrecer, para su inclusión en el Himno Nacional: 'Trujillo creador de la paz', el pueblo que sabía que Trujillo no había creado nada (y mucho menos la paz), guardó silencio, y hasta los incondicionales de siempre prefirieron respetar ese silencio” (Eme, Eme, No. 17, Pág. 95).

Con ese silencio, el Himno Nacional, composición musical consagrada por la ley No. 700, de fecha 30 de mayo del 1934, se convirtió en uno de los pocos valores nuestros que Trujillo respetó.

sábado, 24 de mayo de 2014

¿QUÉ ES LA MADRE?


Por : Domingo Caba Ramos
(A mi fenecida madre, doña Librada Ramos Vda. Caba)
                                                          Doña Librada Ramos Vda. Caba ( Q.E.P.D.)

Desde el punto de vista semántico madre es un término que entraña múltiples connotaciones o valores significativos. Se trata de una voz que hasta cierto grado se torna un tanto indefinible. Y es que madre no es simplemente la “hembra que ha parido”, como apunta el diccionario académico. Ni tampoco, la mujer que nos ha dado el ser, como diría el hombre del pueblo.

La madre es mucho más que eso:

Es la luz en medio de la tiniebla.
El alivio en medio del dolor.
La calma en medio de la tormenta.
La paz en medio de la guerra.
La esperanza en medio de la angustia.
La alegría en medio de la tristeza
La sonrisa en medio del llanto.
La seguridad en medio del peligro.
La fe en medio de la incertidumbre.
El agua en medio de la sequía.

Madre es la brújula que orienta el norte al capitán del barco que ha perdido el rumbo.
La madre es un ser que en lugar de “Día” debería tener “días”.
 Un ser a quien le pertenecen todos los domingos del mes y todos los días del año.
La madre es, en fin, amor, ternura, entrega y sacrificio.

(Artículo publicado en el Listín Diario, el 30 de mayo de 1991, seis años antes de la muerte del noble ser a quien en esa fecha fue dedicado)

martes, 20 de mayo de 2014

EN TORNO AL TÉRMINO PRORRUSO.


 En torno al término "prorruso"
 (A mi dilecto amigo y experimentado narrador deportivo Luis Ramón Polanco)

 Por: Domingo Caba Ramos.

 La palabra prorruso, contrario a lo que se pueda pensar, está correctamente empleada.

 ¿Por qué razón?

 Según la Ortografía de la lengua española (2010), « En español, el fonema /rr/ puede aparecer gráficamente representado de dos formas: con la letra r o con el dígrafo* o secuencia de letras rr…» (Pág. 118).

 ¿Cuándo se emplea una y otro según el texto académico?

 Todo dependerá del contexto o de la posición que ocupe dicho fonema, /rr/, dentro de la palabra. Se empleará la letra r, en representación del fonema /rr/, siempre que aparezca en posición inicial de palabra: Rusia, rector, remolacha, rueda, Ramón, etc.

El dígrafo rr, en representación del fonema/rr/, deberá utilizarse en posición intervocálica, vale decir, en medio de vocales: arruga, barrio, terrible, etc. De ahí que en las voces prefijadas o compuestas, formadas por un prefijo más la palabra base, debe escribirse rr si el fonema /rr/ está colocado en medio de vocales, aunque en la palabra simple ese mismo fonema esté representado con r por ir en posición inicial. Así deberá escribirse antirrobo (de anti + robo), vicerrector (de vice + rector), prerromántico (de pre + romántico), guardarropa (de guarda + ropa) y, por supuesto, prorruso (de pro + ruso).

 Vale aclarar que el prefijo pro significa en favor de… o en beneficio de alguien o algo. En virtud de este valor semántico, prorruso significa en favor o en beneficio del pueblo ruso.

 ( *) - Dígrafo: unión de dos letras o grafemas que representan un solo fonema.

LOS ATARDECERES NOSTALGICOS DE HUGO MATA.



 Por: Domingo Caba Ramos.


“La tarde se diluye en el ocaso, envuelta entre girones de púrpura y anaranjados, mientras en cirros de airosos y ocre, el horizonte se envuelve en sombra rojiza dejando pasar los tibios rayos del sol que ya sólo iluminan el sendero de vuelta a casa del hombre laborioso que en el lomo de su fiel compañero de trabajo han puesto fin a la jornada del día....” 

(Del texto “Memoria del paisaje dominicano”, pág. 11) .

Es notoria su emoción cuando lo escuchamos hablar acerca del mundo natural (la flora y la fauna). Pienso que más que pintor, su deseo fue ser biólogo, zoólogo, botánico o agrónomo, y que al no poder consumar dicha ilusión, optó por plasmar muchos de los elementos que conforman el paisaje dominicano en bellos e impresionantes cuadros que han recorrido el país y más allá de la frontera.

Sus primeras manifestaciones artísticas, consistentes en modelados de figuras de barro, datan de cuando apenas había cumplido cuatro años de edad. De ahí pasó a trabajar en las diferentes facetas de las manualidades. Luego empezó a pintar sobre bateítas, jícara de coco, cuchara de higüero, concha de carey e hicotea. Y en esa misma e inicial trayectoria pictórica terminó pintando sobre troncos de roble cortados transversalmente, los cuales generaron todo un comercio turístico, por cuanto eran vendidos en hoteles de Puerto Plata, La Romana, Santo Domingo y Samaná.

De los troncos de roble dio el salto triunfante a la pintura en lienzo, fase esta que indudablemente marcó el repunte de su proyección artística hasta convertirlo hasta el día de hoy en uno los más afamados y cotizados paisajistas de la República Dominicana.

Nos referimos, obviamente, al destacado pintor dominicano, nativo de San Víctor, Moca, Hugo Antonio Mata Ureña.




 Como todo buen autodidacta que se destaca en su área, nunca asistió a una escuela de pintura ni tampoco contó con la orientación de un maestro en esta rama del arte.

“Como no conocí materiales – afirma con sincera humildad – los pinceles los fabricaba yo mismo con fibras de cabuya y crin de caballo, y en lugar de pinceles los llamaba escobillas”.

 Acerca de su incansable trabajo pictórico, el conocido poeta, ensayista y escritor criollo, Cándido Gerón, afirma el siguiente:

“En ese aspecto, el artista costumbrista, nacido en San Víctor, Moca, imprime a sus paisajes un auténtico sentimiento de acrisolada humanidad poética... La reputación y el buen nombre de Hugo Mata se deben a su extraordinaria capacidad artística. Pintor que honra el oficio con su dignidad elevada, su anhelo únicamente es servir a su arte y a su país. Hugo Mata, desde muy joven, mostró una excepcional afición por la pintura. Esta innata pasión por el gusto artístico, a lo largo de su carrera, ha recibido el mayor estímulo de la crítica de arte dominicana. En sus paisajes – continúa Gerón – podemos apreciar las sutilezas y los ritmos de sus imágenes y el público celebra con entusiasmo la novedad y frescura de los mismos; al mismo tiempo, el grado de seducción de sus estampas penetradas de una poesía rica en agudeza y pulcritud. Artista de la expresión y la imagen claras y cuya vida rezuma un espíritu allegado a la alegría y el gusto por la vida. En ese contexto, Hugo Mata ha rebasado su época, y como pintor agudísimo nos ofrece en sus pinturas una fervorosa vocación que pone de relieve sus admirables metáforas visuales…” (Del prólogo al texto “Memoria del paisaje dominicano “Editora de Colores, 2003 ) .


Del paisaje local, su pasión se inclina por esa parte del día en que los rayos del sol comienzan a declinar: los atardeceres. “Los atardeceres me embriagan, me emocionan, me impactan. No sé qué me pasa con los atardeceres” – ha dicho el pintor.

Y sobre los atardeceres escribió el poeta tamborileño Tomás Hernández Franco:

 “El crepúsculo vierte su divina tristeza
 en el bello paisaje. Una franja grisácea
 es un río que canta, con su eterna pereza, 
arrullando la muerte de la tarde violácea”.

 (“La paz del crepúsculo” de su libro “Rezos bohemios”).

 Todo atardecer es por naturaleza nostálgico y por nostálgico, siempre romántico. Y si del mundo rural se trata, mayor es ese sentimiento: las ramas de los árboles apenas se mueven, el sol, dejando a su paso una impresionante luz anaranjada entierra su rostro de fuego en el horizonte sombrío, las garzas, con su acérica puntualidad, emprenden su acostumbrado viaje de regreso. Las aves silvestres se refugian en sus nidos, las gallinas saltan desesperadas a la rama que les sirve de lecho, el labriego abandona los sembrados y se dirige a la casa a reencontrarse con su familia, las amapolas, los robles, los flamboyanes y los grandes árboles, imponentes y silenciosos, se erigen, cual celoso centinela, como los guardianes nocturnos de la pradera. En toda la aldea se percibe un ambiente general de paz, quietud o tranquilidad, y desde un lugar no definido, una banda de grillos cantores comienza a esparcir las muy armónicas y melancólicas notas de sus nocturnos conciertos por todos los senderos del paisaje campestre.


 Se trata de una realidad que muchas sensaciones y sentimientos despierta en las almas con fina sensibilidad artística, y que Hugo Mata, entre otros temas, ha sabido plasmar en unos cuadros que bien han sido enjuiciados y que tantas demandas tienen dentro y fuera del país.

 De ahí que el historiador y profesor universitario, doctor Carlos Dobal lo haya calificado con sobradas razones, como “EL POETA DE LOS ATARDECERES”


sábado, 10 de mayo de 2014

DEL PARTO BIOLÓGICO AL ALUMBRAMIENTO POÉTICO


DEL PARTO BIOLÓGICO AL ALUMBRAMIENTO POÉTICO

 Por: Domingo Caba Ramos.

«Ella es carne de mi vida, flor de mi pensamiento, cemento de mi alma.».

( Domingo Moreno Jimenes. De su "Poema a la hija reintegrada" )

 Agosto 1 del 2013. El octavo mes del año arrancó o inauguró su recorrido como cualquier otro agosto veraniego: seco, ardiente, ciclónico y caluroso. Y en la medida en que el día avanzaba, los rayos de un sol de bronce, como llamas azuzadas por el viento, ardían, quemando la piel de cuantos transeúntes se desplazaban por las calles encendidas de la Ciudad Corazón. Sol de fuego. Sol de verano. Sol de agosto.

Ese día, para mí, pudo haber trascurrido de lo más normal y sin importancia, de no ser porque en tal fecha habría de nacer mi pequeña Nicol o el ser que días después se convertiría en “mi pequeño manojito de ternura”.

Desde las primeras horas de la mañana se iniciaron en la clínica Unión Médica del Norte los ajetreos prepartos. En ese “pallí pacá” yo me comportaba, aparentemente, con una calma o naturalidad que de ninguna manera ponía al descubierto la ansiedad y el nerviosismo que internamente aceleraban los latidos de mi corazón.

 Aproximadamente a las diez (A.M.) comenzó el médico su proceso ginecológico. Mientras mi tensión aumentaba, el personal de enfermería que lo asistía, como si nada estuviera ocurriendo y ya acostumbrado a esos menesteres, reía, charlaba y emitía una que otra ocurrencia , muchas de ellas preñadas de la más inigualable picardía. El pediatra, callado y atento, esperaba tranquilo a que en sus manos depositaran a su futura pacientica.

 En la sala de cirugía, otros médicos ejecutaban la misma tarea para arrojar como resultados alumbramientos diferentes. Por esa razón, en la sala de estar, separada de la de cirugía por un cristal transparente, cada quien esperaba impaciente a que le enseñaran a su recién nacido retoño. Por eso, desde que los aplausos tronaban en el ambiente, los padres allí presentes abandonábamos rápidamente nuestros asientos para ver “si ese el mío”.

Así me mantuve, parándome y sentándome hasta minutos antes de las once. En este momento nuevamente los aplausos volvieron a escucharse. Cuando me levanté y observé a través del cristal, esta vez el impacto emocional fue indescriptible. Del otro lado, rebosante de alegría, la coordinadora de la referida sala y cuñada nuestra  alzó la niña semidormida que yacía en sus abrazos, y dirigiéndose a mí realizó una señal con su mano derecha para informarme aquello de que “ Ya nació, esta es la tuya…” .


 No supe qué hacer. Por un momento quedé en el limbo. Una gruesa lágrima rodó por mi cuerpo, las piernas me temblaron y, sin pensarlo dos veces, tuve que sentarme. Fue entonces cuando recordé los versos de Moreno Jimenes, y con estos ordené, con fuerza, pero en silencio:

 «Tibien la leche terciada con agua
 para si mi chiquitina despierta. 
Cuídenmela, hasta que se vuelva esperma como capullo inmortal el cuidado. 
Ella es carne de mi vida, flor de mi pensamiento, cemento de mi alma.».

 Y fue entonces cuando me pareció escuchar el mandato de una voz interior que me decía: « Al igual que tu esposa y madre de tu niña, tú también tienes que parir…”.

 Y fue entonces cuando terminé los versos o se consumó el alumbramiento del poema que más abajo se trascribe, cuya escritura inicié a las 9:45 A.M. en la sala de espera, justamente en el preciso instante en que se inició la ejecución del parto biológico en la sala de cirugía.


¡SALVE! MI BELLA NICOL
 ( A tu abuelita Librada, quien hubiera dado la vida por conocerte)

  ¡Hosanna! Nicol María, 
¡Salve! mi niña adorada, 
con pétalos de guirnalda,
 yo te espero este gran día!.

 ¡Salve! mi bello tesoro,
 lucero de mi existencia, 
hoy proclamo con potencia, 
¡yo te adoro! ¡Yo te adoro!.

 Las rutas de mi existencia, 
tu presencia alumbrará, 
la espina de mis tormentos, 
tu sonrisa extirpará. 

¡Salve! mi lindo angelito, 
mi bella estrella, mi sol, 
¡Salve! mi tierno cielito 
¡Salve! mi bella Nicol.

 Tu padre. 

Unión Médica,Stgo.
1/8/2013
 9:45a.m.

miércoles, 7 de mayo de 2014

LA MÁS AUTÉNTICA EXPRESIÓN DE MI OTRO YO

 Por: Domingo Caba Ramos.




                                       
  Cuando duerme, mi chiquita parece un ángel, y la ternura que irradia su rostro infantil alcanza su máxima expresión.
                                        

Cuando sonríe, de su angelical carita parece emanar una luz que ilumina cada uno de los espacios insondables de mi mundo mental.


                                        


                                        

Cuando ríe, el eco jubiloso y cuasi sinfónico de su risa embriagante impacta todo mi cuerpo, esparciendo mi mente y fortificando mi espíritu.

                                        
 Cuando postrada en su cuna, risueñamente abre y blande sus frágiles bracitos pidiéndome que la cargue o arrulle en mis brazos, una emoción incontenible, casi volcánica, invade todo mi ser.


Cuando para dormirse se acurruca o recuesta su cabecita en mi pecho, todos los órganos de mi cuerpo tiemblan de emoción.
                                     

Cuando me mira, alza los brazos y sonríe jubilosamente en el instante en que me ve llegar  a la casa, o acaricia mi rostro con sus manitas de seda, una extraña sensación de placer se aposenta en mi cerebro.

                                                  

Cuando escucho sus tenues gorjeos, sus melódicos balbuceos, sus sonoros y muy recreativos “aaaaaaaaaaaa”, sus tiernos “tatatata”, “papapapa” y otros jugueteos prelinguísticos, confieso que me resulta imposible describir la emoción que siento en ese momento.

                                      

El día 1 del mes que transcurre, ella cumplió nueve meses de haber llegado a este mundo a saturar de amor y de alegría cada rincón de nuestra casa, y a alumbrar los senderos que bordean mi existencia.

Ella es Nicol María :  la ternura encarnada en un frágil y pequeño cuerpo de niña.


 Ella es Nicol : “Mi pequeño manojito de ternura”.

                              


  Ella es Nicol : la más auténtica expresión de mi otro yo.
 Ella es Nicol : una flor que llora y un diamante que respira.