jueves, 3 de abril de 2014

LA ARCHIEXPRESIVIDAD DE LOS DOMINICANOS.


 Por: Domingo Caba Ramos.


 Es increíble la exagerada expresividad del dominicano. Pienso que talvez no existe en el mundo otro ser más parlanchín que los nacidos en esta tierra.

 Es sorprendente cuan imposible se le hace al dominicano promedio callar cuando no debe hablar. De ahí que muchos nunca callen, siempre están hablando, siempre están articulando palabras, nunca le dan “vacaciones a la lengua”. De ahí que muchos lo informen todo, lo pregunten todo, lo averigüen todo y lo comuniquen todo, no importa lo íntimo, personal o familiar que sea el mensaje transmitido.

Y por eso cuando se nos pregunta algo, nuestras respuestas generalmente trascienden el contenido de la interrogación, esto es, contestamos algo más de lo que se nos ha preguntado.

 - ¿Cuántos hijos tienes? – le pregunté a alguien en una ocasión, cuando yo ejercía como gerente de recursos humanos.

 La respuesta fue toda una verdadera autobiografía:

-“Tengo cinco hijos, tres varones y dos hembras. Las hembras ya se casaron, la más vieja tiene un niño y la otra está embarazada. Los varones no se han casado, están estudiando…” 

Yo tuve que "armarme de paciencia" para escuchar aparentemente tranquilo  semejante perorata.

 Es el dominicano, posiblemente, el único ser de la tierra para quien la confidencialidad constituye la más auténtica expresión de lealtad. Merced a esta visión del mundo, entendemos que si no le confesamos todo a ese amigo, hermano, compañero de trabajo o persona a quien queremos, estamos traicionando la amistad o el amor que por ese ser sentimos.

 La discreción, para la persona que así procede, no es más que un sueño, una ilusión, una conducta lingüística sin sentido o carente por completo de valor e importancia. Por eso el pueblo, apelando a su natural picardía, suele llamar a este tipo de hablante “lengua de jabón”

 Aunque no todos, así somos los dominicanos: sumamente expresivos, extremadamente parlanchines, y, en ocasiones, torpemente indiscretos.

jueves, 27 de marzo de 2014

CÁPSULAS LEXICOSEMÁNTICAS.

Por : Domingo Caba Ramos.

 1. ¿Por qué « Jons»?

 HOMS es la sigla correspondiente al nombre del Hospital Metropolitano de Santiago. La sigla de una palabra escrita en idioma español, pero que los dominicanos pronuncian como si se tratara de una voz propia de la lengua inglesa: “jons”, cuando en buena fonética española lo más apropiado sería pronunciarla “ons”.

 Quizás actúen por analogía quienes persisten en el uso de esa ánglica pronunciación, por cuanto se sabe que en inglés la letra h suele articularse como j cuando aparece en posición inicial de palabras seguida de vocal, como bien se puede apreciar y comprobar en voces como ‘home’, ‘how’ y ‘house’, entre otras. O talvez porque el sonido “jons” lo perciben mucho más prestigioso y eufónico, que el muy castellano “ons”.

 Pero importa la razón que se invoque. Desde el punto de vista lingüístico, no existen motivos que justifiquen el cambio de “jons” por “ons” en el momento de referirnos al Hospital Metropolitano de Santiago; pero como en materia de lengua el uso, en ocasiones, se traduce en norma, más que extraño resultará el que un hablante cualquiera ose llamarle “ons” a este prestigioso centro de salud.

2. «Medio ambiente y medioambiental»

 En la bases del concurso patrocinado por una prestigiosa empresa de Santiago, el periodista leyó el título del tema propuesto: “Periodismo y medioambiente”, y un tanto confundido, no tardó en llamarme para compartir conmigo su idiomática inquietud :

 - “Pensé que medio ambiente se escribía en dos palabras y no en una, como la veo escrita por aquí”.

 - Así es - le respondí. No sucede lo mismo, sin embargo – le amplié – cuando se trata de su adjetivo correspondiente: medioambiental, el cual sí debe escribirse en una sola palabra. Vale destacar que medio ambiente es una forma pleonástica o redundante de decir medio o ambiente, toda vez que medio, lo mismo que ambiente, se define como el “ conjunto de circunstancias o condiciones exteriores en que vive alguien o algo”

3.  «El interior del país»

 Esta frase se emplea comúnmente para designar cualquier lugar o pueblo de nuestro país, distante de la capital de la República. Pero sucede que según el criterio académico, interior es lo “Que está en la parte de adentro” o lo “Que está muy adentro”.

 Conforme a estos conceptos, sólo podríamos admitir como pueblos, sitios o lugares del interior del país aquellos situados geográficamente en el centro o “muy adentro del territorio nacional. Y por la misma razón quedarían excluidos de esa categoría los sectores alejados del centro o no ubicados “muy adentro”, como serían las comunidades fronterizas o las pertenecientes a nuestro litoral, tales como Miches, Samaná, Puerto Plata, Dajabón, etc. Y si por el contrario se persiste en considerar como del interior a esos pueblos costeros, entonces también tendríamos que admitir como tal todo lo que corresponda a la parte costera o litoral de la ciudad de Santo Domingo.

4.  «El Sur profundo» 

¿Existe en nuestro país un sur no profundo?

Honestamente no lo sé. Mas así parecen concebirlo quienes cada vez que se refieren a esa zona de la República Dominicana siempre hablan de sur profundo.

 El adjetivo profundo, además de “intenso o muy vivo” entraña la idea de hondura o gran penetración. En virtud de esto, inconcebible sería considerar como honda, intensa y penetrante a la ya referida, histórica y lejana región sureña. Talvez, en tales casos, en lugar de profundidad, al hablante lo que le interesa es subrayar la idea de lejanía. Y en lugar de profundo, quizás lata en su mente la idea que más se corresponde con el sentido estricto de lo expresado: la idea de sur lejano.

5. «A la altura del kilómetro… » 

 “El accidente se produjo a la altura del kilómetro cinco de la Autopista Duarte...”, se lee en una nota de prensa publicada recientemente en uno de nuestros diarios nacionales.

 Confieso sinceramente que ignoro, y me gustaría conocer, los instrumentos técnicos de que se valen muchos de los periodistas dominicanos para determinar la “altura” o “pendiente” de un determinado kilómetro.

 ¿ No será esa “ a la altura del ...” una de esas famosas “expresiones chatarra” que tanto vulneran la esencia del Principio de Economía Lingüística, principio que, en el caso que nos ocupa, bien pudo respetarse si el redactor hubiera escrito : “ El accidente se produjo en el kilómetro cinco de la Autopista Duarte ...”

 «Los añitos de Luisito».

 La madre, evidentemente alegre, llama al programa de radio y solicita que le toquen “un pianito para mi niño Luisito que hoy cumple dos añitos”.

 Sabido es que no existen años más grandes ni más pequeños que otros, no importa que los mismos, en el plano humano, se refieran tanto a niños como a adultos. En otras palabras, un año es siempre un año. Sin embargo, resulta altamente curioso cómo la tierna madre de Luisito, mediante el proceso de transferencia semántica, y apelando al valor afectivo que entraña todo diminutivo, intenta destacar la corta edad del hijo casi recién nacido, concentrando la idea de pequeñez , no en la estatura de su niño apreciado, sino en los años por este cumplidos.

 Pero “añito”, conviene destacarlo, en su sentido profundo no sólo envuelve la idea de corta edad y baja estatura, sino también de amor, ternura y afecto. Porque contrario a lo se pueda cree y se nos ha enseñado tradicionalmente en la escuela, los diminutivos, más que sentido de pequeñez, en su estructura semántica concentran un profundo contenido sentimental. Pueden entrañar también la idea de burla y desprecio.

sábado, 22 de marzo de 2014

JOSE COQUEA: EL BOHEMIO DE LA ALDEA.

JOSE COQUEA: EL BOHEMIO DE LA ALDEA.
Por : Domingo Caba Ramos

 « Pero, por fin, encontraba el recurso: ordeñaba con paciencia la gota de la última botella. Se la bebía y al instante decía: "La cerveza embrutece, el vino da talento, la leche da vergüenza…". No se sabe de qué murió Tomás, pero se dice que lo obligaron a tomar leche. Entonces… se murió de vergüenza »

 (Manuel del Cabral)

De izquierda a derecha, José Coquea,  con su clásica sonrisa y mano en rostro, en plena acción, cantando con el Cuarteto Bejarán.

José Vicente García Liz, mejor conocido con el nombre de “José Coquea” o simplemente “Coquea”, no sólo fue el padre de la popular cantante tamborileña Ana Victoria García (Vickiana). Coquea fue mucho más que eso: fue el fino ebanista, el músico, el cantante, el sonero, el bebedor sin treguas, el caballero de trato exquisito, el lector voraz y el conversador siempre alegre. Coquea fue, en fin, el último bohemio de la “Pajiza Aldea” (Tamboril).

 Todavía me parece escuchar el eco repetido de su risa estridente. Y todavía me parece ver en Tamboril su espigada, flaca y morena figura cantando y tocando las maracas en el Cuarteto“Bejarán” o sentado ante el mostrador de “La Carretilla”, el tradicional bar del pueblo, libando sin parar el espirituoso líquido poéticamente bautizado por José Martí como “La dulce maldición de las Antillas”.

 Como lo diría nuestro gran Manuel del Cabral, “Coquea bebía sin reloj”; pero no se crea que se trató de uno más de esos necios borrachones acostumbrados, con su indeseable conducta, a crear conflictos o quebrar la armonía que debe primar en todo grupo humano. No, nuestro personaje era un bebedor cuyo comportamiento social siempre se distinguió por la prudencia, moderación, respeto y fina cortesía.

 Falleció en su pueblo , Tamboril, el 5 de septiembre de 1987.

Mi hermano Basilio, que a veces “priva” en poeta, quiso rendirle homenaje póstumo a su entonces vecino y amigo entrañable, al escribir, horas después de la muerte de este, un conmovedor  poema, “Camino hacia la tumba”, de elegíaco acento e intimista esencia:

 “CAMINO HACIA LA TUMBA”
 (Homenaje póstumo a mi buen amigo José Coquea, personaje folklórico de Tamboril)
Por: Basilio Caba Ramos.

 « El ataúd se detuvo 
las campanas gimieron
 y se quebró el silencio. 

Desolado y triste estaba el mostrador
 sí, triste y desolado. 
Ni una cerveza
 ni una copa de aguardiente
 ni una canción desgarradora. 
todo está en silencio. 

Sólo el canto fúnebre del llanto
 y el grito sutil de las campanas
 y el suave trepidar de los paraguas
 y la ingenua sonrisa de los árboles. 

Fue un minuto. Sólo un minuto
 una parada como un discurrir
 en el lento camino hacia la tumba.

 Y el escenario quedó atrás 
el escenario
 donde aún se percibía su voz aguardentosa
 invitando al trago
 o una chanza
 con sus gestos expresivos
 con sus finos modales. 

 Ahí parecía vérsele dormitando
 ¡Soñoliento! Casi rendido.
 Por el influjo de una copa traicionera
 y en frente estaba el cadáver 
en inexorable ruta hacia la tumba. 

Y las trompetas lloraban
 y conmovida por el lamento de los cornetines
 y las calles
 y sus tarvias de fuego
 se inundaron de música.

 Fue un entierro alegre. 

 Ya en el cementerio
 donde no hay tiempo para la vanidad y el orgullo
 porque todo se deshace en el polvo las guitarras del Conjunto Bejarán 
dejaron caer una canción de despedida 
entonces se rompió la solemnidad del camposantos
 pero los muertos siguieron durmiendo…» 

Tamboril, Stgo.
 5 de septiembre de 1987.

sábado, 15 de marzo de 2014

Chofei me deja ai doblai


  Por: Domingo Caba Ramos.

 Aquella mañana, la vieja " voladora " se desplazaba como víbora endiablada por las “tarvias” encendidas de la ciudad capital. Al llegar a la Kennedy con Tiradentes, el eco imperativo de una voz salida desde lo más profundo de la " cocina " o asientos traseros del chatárrico vehículo, se dejó escuchar con toda la fuerza de un grito desesperado:

 - " Chofei, me deja ai doblai…”.

 Una irónica sonrisa se dibujó en los labios del sudoroso conductor. Y como si hubiera marcado el compás de inicio, un coro de incontenible y burlona carcajada quebró el silencio momentáneo que se produjo en el interior del recinto vehicular, al mismo tiempo que sus ocupantes repetían con el más sarcástico y mortificante de los acentos:

 - “Chofei, me deja ai doblai… "

 Muy pronto la paciencia del viajante cibaeño llegó a su fin. Cuando se proponía descender para quedarse en el punto anunciado, se emburujó con el primer pasajero capitaleño que encontró a su paso y allí, dentro de la guagua, se originó un intercambio de puñetazos los cuales, al rebotar entre cuerpo y cuerpo, producían un seco sonido igual al emanado del toque repiqueteado de la alegre tambora quisqueyana.

 El caso antes relatado ocurrió hace ya trece años. Se trata de uno más de los tantos enfrentamientos lingüísticos que suceden entre habitantes de una misma comunidad parlante en la que interactúan diversas variantes regionales, y en la que una de ellas, en términos normativos, se abroga el prestigio y la supremacía, adoptando, en consecuencia, una actitud de sanción y censura a cuantas prácticas de la lengua se aparten de sus habituales usos idiomáticos.

 Por esa razón los hablantes nacidos y /o residentes en el Distrito Nacional, especialmente los de más bajo nivel de instrucción, se burlan y gozan un mundo cuando escuchan a un cibaeño pronunciar la i en lugar de la r y la l , porque desde su punto de vista o percepción metropolitana de la lengua, y tomando como ejemplo la frase que nos ocupa, lo correcto sería decir: " chofel me deja al doblá “, pero nunca: " chofei, me deja ai doblai "

 Obviamente que un hablante del Cibao y de la capital que posea un mediano o elevado nivel de escolaridad jamás empleará una y otra formas dialectales, porque una y otra se apartan por completo de la norma gramatical fijada académicamente. Y, por ende, al establecer relación entre una y otra variante, no es posible hablar de mayor o menor prestigio, por cuanto desde el punto de vista lingüístico nadie habla mejor ni peor, ni tampoco existen lenguas más prestigiosas que otras. Se trata, simplemente, de las diferentes posibilidades que ofrece la lengua a los usuarios, en esta oportunidad, de dos comunidades dialectales diferentes. Lo de bien y mal son simples valores o conceptos axiológicos carentes por completo de fundamentación científica.

Los dominicanos se comunican e intercomprenden a través de una de las modalidades del español de América llamada español dominicano, modalidad conformada por un conjunto de rasgos o variantes que se distribuyen y practican en diferentes áreas dialectales, entre las que merecen citarse: el Cibao interior y el Sureste.

El Cibao interior tiene como centro a Santiago, Moca, La Vega, Salcedo y San Francisco de Macorís, y el fenómeno lingüístico que lo caracteriza se llama vocalización. Se define esta como la pronunciación de la r y la l como i, en posición final de sílaba o de palabra: “cueipo”, “caima”, “pueita”, “aigo”, “mujei”.

 El sureste, cuyo centro se sitúa en el Distrito Nacional, se distingue por la realización de la r como l , así como la elisión de la r final de los verbos en su forma infinitiva: “coltá”, “trabajá” “escondel”, “amol…”. Pero al considerar muchos hablantes capitaleños, como los de casi todas las capitales del mundo, que su norma es la valedera o la que goza de tanta aceptación social como la académica, no resulta extraño que rechacen, estigmaticen y califiquen de incorrecta la vocalización cibaeña y expresiones como : “chofei de me deja ai doblai…”, la sustituyan por otra no menos inaceptable desde el punto de vista preceptivo:

“chofel de me deja al doblá…”. 

Y debido a lo fuertemente estigmatizado que se encuentra el fenómeno de la vocalización , tampoco constituye una sorpresa que muchos nativos del Cibao, incurran en casos de ultracorrección, evitando así pronunciar las íes hasta en las sílabas en que realmente deben articularse, diciendo, por ejemplo, “acelte”, por aceite y “Licer”, por Licey.

 Esa conducta ultracorrecta puede apreciarse igualmente en la pintoresca y no menos graciosa descripción realizada en una ocasión por un preocupado hablante cibaeño:

 “Había gente de to lo lao, de la capitar, de Azua, de Jarna y der serbo” 

 O, para evitar comportamientos burlescos, terminen adoptando las formas correspondientes al dialecto capitaleño. De ahí que no dudamos que en una nueva experiencia, el cibaeño protagonista de nuestra historia, en lugar de su natural “chofei me deja ai doblai”, se pare en medio de minibús que lo transporta, para ordenar, a mandíbulas batientes:

“Chofel me deja al doblá”

viernes, 21 de febrero de 2014

EL PODER EDUCATIVO DE NUESTROS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL.

 Por : Domingo Caba Ramos.

 “Colocar al frente de un programa de radio o de televisión a un discapacitado lingüístico es como poner de inspector de semáforos a un daltónico…”

 ( Pedro Luis Barcia )

 La teoría pedagógica sitúa los medios de comunicación social, “mas media” o medios de información, como sería lo más aceptado denominarlos, dentro de los llamados poderes educativos, entendiéndose como tales, todas aquellas instituciones u organismos que ejercen influencia educativa en el individuo. Son, al decir de Francisco Larroyo, las “Agencias que más activamente influyen en la formación de las nuevas generaciones”.

 Los demás poderes educativos son la escuela, la familia, la Iglesia y el Estado. A la luz de lo que es y ha sido la práctica cotidiana de los diferentes medios de información que operan en República Dominicana, valdría la pena preguntarse, ¿cumplen los medios precitados con la noble misión de ejercer influjos positivos en las jóvenes generaciones de nuestro país?, ¿educan realmente tales medios?

 En otras palabras, la prensa, la radio, la televisión, etc., ¿forman o deforman; fomentan ellos verdaderos valores, o, por el contrario, incentivan los contravalores en las frágiles mentes de nuestros niños y jóvenes? Todos estos cuestionamientos afloran casi de manera automática a mi pensamiento:

a) Cuando aprecio la débil presencia de programas educativos en la radio y la televisión.

 b) Cuando percibo la elevadísima proporción de imágenes agresivas que se proyectan diariamente por nuestra pantalla chica.

c) Cuando leo en la prensa los calificativos peyorativos o epítetos martillantes, insultantes y denigrantes que suelen utilizar nuestros líderes políticos, religiosos y sindicales para combatir las ideas de sus oponentes.

 d) Cuando en lugar del argumento razonado y fundamentado teóricamente, en el debate político se apela al insulto y a la ofensa de tipo personal.

 e) Cuando observo o escucho aquellos programas de radio y televisión en los que la chercha insustancial y los comentarios insípidos, chabacanos o carentes de peso social constituyen sus principales soportes.

 f) Cuando aprecio el bajo nivel académico que muestran la mayoría de los locutores que laboran en las estaciones de radio, muchos de los cuales, en lugar de hablar, más bien lo que hacen es vocear frente a un micrófono.

 g) Cuando escucho a un locutor o productor de televisión emitir argumentos baladíes, baladronadas o blasonadas intrascendentes de inconfundible carácter pedantesco, carentes por completo de la más mínima importancia para el interés colectivo y bastante distorsionadores del comportamiento de la gran masa de tele-espectadores.

 h) Cuando leo los reportes noticiosos plagados de errores ortográficos, sintácticos y semánticos.

 i) Cuando escucho la desastrosa pronunciación, vulgaridades, exabruptos, procacidades, “malas palabras” o inmundicias verbales emitidos por muchos de los que se dedican a comentar las noticias a través de la radio y la televisión, expresándose como si estuvieran en el banco del parque o en la gradería del estadio.

 j) Cuando leo o escucho a muchos de nuestros cronistas de farándula en cuyos comentarios se hace más hincapié en la vida personal del artista que en el trabajo profesional por este realizado.

 k) Cuando escucho la desastrosa pronunciación, vulgaridades, exabruptos, procacidades, “malas palabras” o inmundicias verbales emitidos por muchos de los que se dedican a comentar las noticias a través de la radio y la televisión, expresándose como si estuvieran en el banco del parque o en la gradería del estadio. 

 l) En fin, cuando todas las mañanas escuchamos a un anciano comunicador, con ínfulas de "humano enciclopédico", emitir sus inmundicias verbales a través de un programa de radio. 

 Me pregunto, finalmente, si los medios de comunicación social de República Dominicana cumplen cabalmente con su papel educativo, cada vez que observo a muchas de las personas que a ellos tienen acceso, maltratar o irrespetar los más elementales principios de la lengua de Cervantes.

jueves, 13 de febrero de 2014

LA IRA Y AGRESIVIDAD VERBAL DEL CARDENAL LOPEZ RODRÍGUEZ


Por: Domingo Caba Ramos.



  El cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez Rodríguez es el jefe o máximo representante de la iglesia católica dominicana. Un rango de esa naturaleza, y la condición de sacerdote de quien lo ostenta, hace que todos conciban la falsa idea de que se trata de una persona mansa, tranquila y moderada. De un ser que con sus gestos y palabras proyecta siempre paz, humildad, santidad y espiritualidad.

 Con el señor López Rodríguez sucede todo lo contrario: se trata de un ser altamente soberbio, agresivo, arrogante e iracundo, rasgos estos que se apartan por completo de aquellos que se supone debe poseer un auténtico “representante de Cristo” en la Tierra. Basta con no estar de acuerdo con la forma de pensar de los demás o que alguien disienta de sus puntos de vista para que explote como un torpedo. De inmediato empleará el látigo de su verbo volcánico para descalificarlos con los más martillantes y despreciables calificativos. Quien no piense como él, en tal virtud, será calificado de “sinvergüenza”, “chusma”, “estúpido”, “perverso”, “lacra”, “cretino”, “pelafustán”, “vil”, “bestia” e “inescrupuloso”.

 Por eso cuando observo su rostro y escucho sus palabras no me parece estar frente a un pastor de la Iglesia, sino frente a frente a un impulsivo militante de un partido político. Muy diferente es la idea que tengo acerca de los demás miembros que forman parte del episcopado dominicano.

 La agresividad o desenfreno verbal constituye pues, el rasgo característico del presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano. Veamos:

 1. Al inicio de los últimos diez años de gobierno de Joaquín Balaguer (período en el cual dicho gobernante le construyó la impresionante masión cardenalicia), el cardenal llamó "chusmas", "vagos" y "sinvergüenzas" a los organizadores de un paro en demanda de mejores condiciones de vida.

 2. Al presidir la homilía (septiembre 2013) celebrada en la Catedral Primada de América, el cardenal calificó de "perversos" a los comunicadores que critican los errores cometidos por la Iglesia Católica. Esos comunicadores, al decir de don Nicolás, «son personas “viles” que tienen clavada una espina en su corazón…»”, «… dos o tres “pelafustanes”, porque usan un micrófono se creen que son dueños del mundo. Son “bestias”,” “estúpidos”, “cretinos” que se “creen que son gente” porque tienen un micrófono en la mano».

 3.Al doctor José Francisco Peña Gómez, en una oportunidad, lo enfrentó endilgándole veintiocho calificativos contundentes o nada apreciables.

 4. Recientemente ,arremetió contra el sacerdote Mario Serrano, a quien calificó como un “sinvergüenza” que hace lo que le da la gana , y exigió a la orden religiosa Compañía de Jesús que le ordene callar y “no hablar tonterías”. “Aquí está el superior jesuita. Dígale: cállese y punto. ¿Quién es usted para andar hablando tonterías" – ordenó el señor López Rodríguez? “Tonterías” llamó el jerarca católico a la defensa que hace el sacerdote de los hijos de indocumentados haitianos que viven en el país.

 5. Recientemente también llamó “bobo” al pastor de la iglesia evangélica Ezequiel Molina Rosario. Estas fueron sus palabras al respecto: “De igual modo – afirmó - recomiendo al pastor Ezequiel Molina dejarse de “boberías”, y hablar directamente con el presidente Danilo Medina, sobre la eliminación del Concordato”. Tal pronunciamiento fue en reacción al mensaje predicado por Molina en la concentración del 1 de enero en el estadio olímpico.

 6. Muy, pero muy incómodo reaccionó el cardenal ante la decisión de la jueza Eunice Minaya Pérez de rechazar el recurso de amparo contra Profamilia. Con inocultable ironía, pero hirviendo por dentro, López Rodríguez felicitó a "la ilustrísima jueza por la sapientísima sentencia" e hizo extensiva la felicitación a los comunicadores que "se benefician de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que reparten dinero". "Que siga la fiesta, entonces", exclamó.

 7. Cuando el debate llevado a cabo acerca de la realización o no del aborto terapéutico, el verbo martillante del señor cardenal no se hizo esperar. Llamó “carniceros” a quienes estaban de acuerdo o defendían esta práctica médica.

Así es la conducta lingüística de nuestro archipoderoso cardenal, un ser que constituye un grave peligro contradecirlo o no coincidir con sus ideas y pensamientos, pues de lo contrario se corre el riesgo de engrosar la lista de los “sinvergüenzas”, “chusmas”, “estúpidos”, “perversos”, “lacras”, “cretinos”, “pelafustanes”, “viles”, “bestias” e “inescrupulosos”.

viernes, 7 de febrero de 2014

¿ES EL TRES EL NUMERO MAGICO DE LOS DOMINICANOS?


Por : Domingo Caba Ramos.


 « El dominicano, desde su niñez, comienza a familiarizarse, entre otras originales costumbres, con la tradicional doctrina del número tres. Así en el hogar aprende la existencia de los "tres Reyes Magos": Gaspar, Melchor y Baltasar; en la iglesia, "las tres divinas personas": Padre, Hijo y Espíritu Santo; en la escuela, "los tres Padres de la Patria": Duarte; Sánchez y Mella. Luego seguirá conociendo: las tres regiones naturales que componen el país: Cibao, Sur y Este; las tres grandes cordilleras: Septentrional, Central y Meridional; los tres grandes dominios fluviales: Yaque del Norte, Yuna y Yaque del Sur; y muchísimos otros »

 (DR. JULIO GENARO CAMPILLO PEREZ)


 ¿Es el tres el número mágico, sagrado o típico de los dominicanos? Además de un baile típico: el merengue; unos platos típicos: el mangú y el sancocho, ¿tenemos los dominicanos un número típico: el tres?

Lo cierto es que en la escala numérica no existe otro cardinal que como el tres esté tan conectado al desarrollo histórico – social del pueblo dominicano, ni tan arraigado en el subconsciente de los nacidos en esta tierra. Su frecuente empleo en la lengua coloquial así parece confirmarlo.

La recurrente presencia de este número en nuestras cotidianas prácticas comunicativas, vale aclararlo, no siempre obedece a un acto de racional carácter selectivo. En diversas ocasiones, como veremos más adelante, se nos presenta por pura coincidencia. Su protagonismo comienza a ponerse de manifiesto  no solo en la parte este u oriental  de isla de Santo Domingo , sino en todo el ámbito continental, en el mismo instante en que Cristóbal Colón descubre el Nuevo Mundo, el 12 de octubre de 1492 .  Los hombres que lo acompañaban arribaron  en tres carabelas: La Santa María, La Pinta y La Niña.

En lo que atañe a la directa viculación del nùmero tres con la cultura dominicana, son diversos los hechos que así lo evidencian :

 a) El fundador de la República, Juan Pablo Duarte, utilizó el cardinal que nos ocupa como la base numérica que sirvió de soporte en el proceso de conformación de la sociedad secreta La Trinitaria. Este organismo estuvo constituido originalmente por nueve miembros, los que divididos en grupos de tres, cada uno tenía la misión de reclutar a tres personas más. Por estar estructurada a partir del número tres fue que se le llamó Trinitaria a esta histórica organización política.

b) Con la proclamación de la Independencia Nacional surge el Estado Dominicano y con él, los símbolos que lo representan y los poderes que lo conforman. Los símbolos patrios son tres: la bandera, el himno y el escudo. Y tres son también los poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

 c) Los colores de nuestra bandera son tres: rojo, azul y blanco; y tres son las palabras que conforman el lema de la Patria: Dios, Patria y Libertad. Y, lo que es más curioso, República Dominicana es el único país del mundo que cuenta con tres padres de la Patria: Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella.

d) En lo que a las luchas anitrujillistas respecta, tres fueron los dominicanos que en el exilio encabezaron la llamada Invasión de Luperón, en 1948: los generales Juancito Rodríguez, Miguel Ángel Ramírez y Horacio Julio Ornes Coiscou.

e) Tres fueron los únicos sobrevivientes de la gesta heroica del 14 de junio de 1959: Mayobanex Vargas, Medardo Germán y Poncio Pou Saleta. Y tres fueron las heroínas que nos legó esa patriótica y sangrienta lucha: Patria, Minerva y María Teresa Mirabal.

f)  En 1973 el coronel Francisco Alberto Caamaño sale de Cuba, rumbo a la República Dominicana, por la Bahía de Ocoa, al frente de un grupo de guerrilleros que venía con la intención de iniciar acciones bélicas en contra del gobierno encabezado por el doctor Joaquín Balaguer. De esos rebeldes sólo tres lograron sobrevivir: Hamlet Herman, Claudio Caamaño Grullón y Toribio Peña Jácquez.

g)  Pero no sólo eso: “A las tres es la vencida…”, reza nuestra muy conocida frase popular.

 h) Tres y no cuatro fueron los que echaron a Pedro en el pozo. Tres son los instrumentos típicos originales empleados para ejecutar nuestro baile nacional o merengue de “tierra adentro”: la tambora, la guira y el acordeón.

i) Tres son los componentes de nuestro plato criollo por excelencia, mejor conocido con el nombre de “Bandera Nacional”: el arroz, la habichuela y carne. Hasta tres se cuenta para anunciar el inicio de una competencia. De ahí el muy famoso: “A la una, a las dos y a las tres…”, y hasta tres cuentan nuestros directores de orquestas para iniciar la interpretación de una pieza musical.

j) Tres eran las canciones que en otrora época de desaparecido romanticismo solían interpretarse en las nocturnas serenatas que se le dedicaban al ser querido. Tres son los ensalmos que las mentes mágicas y cabalosas aplican o reciben para curar determinadas enfermedades, y siempre será “tres gatos” la expresión, de pura “cepa criolla”, empleada por los domínicoparlantes para indicar la escasez de personas en un lugar determinado.

 “En las prácticas curativas y cábalas añejas – apunta nuestro poeta y mejor costumbrista Ramón Emilio Jiménez – el tres suele ser explotado por la ingenua credulidad de nuestro vulgo… Una ponzoña descarga su ira en un semblante y precisa evitar la hinchazón de la parte adolorida. El paciente se apodera entonces de una rama. Toma de ella una hoja; con otra hace lo mismo y lo repite con una tercera hasta reunir tres hojas de diversa clase. Han de ser tres necesariamente, que se llevan a la boca mascándolas al punto y aplicándolas a la parte afectada, en la cual la mancha roja de la picadura muestra en el centro, el relieve amarillo, la cruel ponzoña…" (Al amor del bohío, 2001, pgs. 349-350)

Y en cuantos a la práctica llevada a cabo para curar los llamados ‘ojos de pecao”, el autor de los himnos escolares dominicanos apunta que “la gente del campo suele echar al fuego tres granitos de sal, escapándose a toda prisa para no ir la explosión…” (p. 350)

No conocí a mi padre. Falleció tres meses antes de yo nacer. En la comunidad mocana donde nací reinaba la creencia de que el hijo que no conoció a su progenitor por haber muerto este antes de que aquel naciera, poseía el “don” de curarles el “mal de boca” a los niños. El proceso curativo consistía en aplicar tres soplones a la infectada boquita del infante. La práctica debía repetirse durante tres días consecutivos, esto es, tres soplones diario.

 Debo confesar que el malestar que yo sentía cuando veía que una madre se acercaba a mi casa con un niño entre los brazos, era indescriptible. Me resistía a ejercer mi despreciable “trabajo médico”, pero la autoridad y firmeza de mi tierna, amorosa y siempre recordada madre se imponía, por lo que a regañadientes, y para evitar que mis piernas fueran “acariciadas” por tres maternales y seguros correazos yo, un niño todavía, no tenía más que aplicar mis “curativos” tres soplones en la boca enferma de mi inocente pacientico.

Antes tanto culto y reverencia, extraño tampoco resultaría que el referido número se encuentre presente en los versos del folklor poético dominicano:

«Mi padre me dio una pela,
y mi madre un coscorrón,
porque estaba enamorando,
las tres piedras del fogón...»

(Anónimo)

Vistos los ejemplos anteriores, valdría nuevamente preguntarse:

¿Es el tres el número mágico de los dominicanos?