Por : Domingo Caba Ramos.
“Colocar al frente de un programa de radio o de televisión a un discapacitado lingüístico es como poner de inspector de semáforos a un daltónico…”
( Pedro Luis Barcia )
La teoría pedagógica sitúa los medios de comunicación social, “mas media” o medios de información, como sería lo más aceptado denominarlos, dentro de los llamados poderes educativos, entendiéndose como tales, todas aquellas instituciones u organismos que ejercen influencia educativa en el individuo. Son, al decir de Francisco Larroyo, las “Agencias que más activamente influyen en la formación de las nuevas generaciones”.
Los demás poderes educativos son la escuela, la familia, la Iglesia y el Estado. A la luz de lo que es y ha sido la práctica cotidiana de los diferentes medios de información que operan en República Dominicana, valdría la pena preguntarse, ¿cumplen los medios precitados con la noble misión de ejercer influjos positivos en las jóvenes generaciones de nuestro país?, ¿educan realmente tales medios?
En otras palabras, la prensa, la radio, la televisión, etc., ¿forman o deforman; fomentan ellos verdaderos valores, o, por el contrario, incentivan los contravalores en las frágiles mentes de nuestros niños y jóvenes? Todos estos cuestionamientos afloran casi de manera automática a mi pensamiento:
a) Cuando aprecio la débil presencia de programas educativos en la radio y la televisión.
b) Cuando percibo la elevadísima proporción de imágenes agresivas que se proyectan diariamente por nuestra pantalla chica.
c) Cuando leo en la prensa los calificativos peyorativos o epítetos martillantes, insultantes y denigrantes que suelen utilizar nuestros líderes políticos, religiosos y sindicales para combatir las ideas de sus oponentes.
d) Cuando en lugar del argumento razonado y fundamentado teóricamente, en el debate político se apela al insulto y a la ofensa de tipo personal.
e) Cuando observo o escucho aquellos programas de radio y televisión en los que la chercha insustancial y los comentarios insípidos, chabacanos o carentes de peso social constituyen sus principales soportes.
f) Cuando aprecio el bajo nivel académico que muestran la mayoría de los locutores que laboran en las estaciones de radio, muchos de los cuales, en lugar de hablar, más bien lo que hacen es vocear frente a un micrófono.
g) Cuando escucho a un locutor o productor de televisión emitir argumentos baladíes, baladronadas o blasonadas intrascendentes de inconfundible carácter pedantesco, carentes por completo de la más mínima importancia para el interés colectivo y bastante distorsionadores del comportamiento de la gran masa de tele-espectadores.
h) Cuando leo los reportes noticiosos plagados de errores ortográficos, sintácticos y semánticos.
i) Cuando escucho la desastrosa pronunciación, vulgaridades, exabruptos, procacidades, “malas palabras” o inmundicias verbales emitidos por muchos de los que se dedican a comentar las noticias a través de la radio y la televisión, expresándose como si estuvieran en el banco del parque o en la gradería del estadio.
j) Cuando leo o escucho a muchos de nuestros cronistas de farándula en cuyos comentarios se hace más hincapié en la vida personal del artista que en el trabajo profesional por este realizado.
k) Cuando escucho la desastrosa pronunciación, vulgaridades, exabruptos, procacidades, “malas palabras” o inmundicias verbales emitidos por muchos de los que se dedican a comentar las noticias a través de la radio y la televisión, expresándose como si estuvieran en el banco del parque o en la gradería del estadio.
l) En fin, cuando todas las mañanas escuchamos a un anciano comunicador, con ínfulas de "humano enciclopédico", emitir sus inmundicias verbales a través de un programa de radio.
Me pregunto, finalmente, si los medios de comunicación social de República Dominicana cumplen cabalmente con su papel educativo, cada vez que observo a muchas de las personas que a ellos tienen acceso, maltratar o irrespetar los más elementales principios de la lengua de Cervantes.
viernes, 21 de febrero de 2014
jueves, 13 de febrero de 2014
LA IRA Y AGRESIVIDAD VERBAL DEL CARDENAL LOPEZ RODRÍGUEZ
Por: Domingo Caba Ramos.
El cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez Rodríguez es el jefe o máximo representante de la iglesia católica dominicana. Un rango de esa naturaleza, y la condición de sacerdote de quien lo ostenta, hace que todos conciban la falsa idea de que se trata de una persona mansa, tranquila y moderada. De un ser que con sus gestos y palabras proyecta siempre paz, humildad, santidad y espiritualidad.
Con el señor López Rodríguez sucede todo lo contrario: se trata de un ser altamente soberbio, agresivo, arrogante e iracundo, rasgos estos que se apartan por completo de aquellos que se supone debe poseer un auténtico “representante de Cristo” en la Tierra. Basta con no estar de acuerdo con la forma de pensar de los demás o que alguien disienta de sus puntos de vista para que explote como un torpedo. De inmediato empleará el látigo de su verbo volcánico para descalificarlos con los más martillantes y despreciables calificativos. Quien no piense como él, en tal virtud, será calificado de “sinvergüenza”, “chusma”, “estúpido”, “perverso”, “lacra”, “cretino”, “pelafustán”, “vil”, “bestia” e “inescrupuloso”.
Por eso cuando observo su rostro y escucho sus palabras no me parece estar frente a un pastor de la Iglesia, sino frente a frente a un impulsivo militante de un partido político. Muy diferente es la idea que tengo acerca de los demás miembros que forman parte del episcopado dominicano.
La agresividad o desenfreno verbal constituye pues, el rasgo característico del presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano. Veamos:
1. Al inicio de los últimos diez años de gobierno de Joaquín Balaguer (período en el cual dicho gobernante le construyó la impresionante masión cardenalicia), el cardenal llamó "chusmas", "vagos" y "sinvergüenzas" a los organizadores de un paro en demanda de mejores condiciones de vida.
2. Al presidir la homilía (septiembre 2013) celebrada en la Catedral Primada de América, el cardenal calificó de "perversos" a los comunicadores que critican los errores cometidos por la Iglesia Católica. Esos comunicadores, al decir de don Nicolás, «son personas “viles” que tienen clavada una espina en su corazón…»”, «… dos o tres “pelafustanes”, porque usan un micrófono se creen que son dueños del mundo. Son “bestias”,” “estúpidos”, “cretinos” que se “creen que son gente” porque tienen un micrófono en la mano».
3.Al doctor José Francisco Peña Gómez, en una oportunidad, lo enfrentó endilgándole veintiocho calificativos contundentes o nada apreciables.
4. Recientemente ,arremetió contra el sacerdote Mario Serrano, a quien calificó como un “sinvergüenza” que hace lo que le da la gana , y exigió a la orden religiosa Compañía de Jesús que le ordene callar y “no hablar tonterías”. “Aquí está el superior jesuita. Dígale: cállese y punto. ¿Quién es usted para andar hablando tonterías" – ordenó el señor López Rodríguez? “Tonterías” llamó el jerarca católico a la defensa que hace el sacerdote de los hijos de indocumentados haitianos que viven en el país.
5. Recientemente también llamó “bobo” al pastor de la iglesia evangélica Ezequiel Molina Rosario. Estas fueron sus palabras al respecto: “De igual modo – afirmó - recomiendo al pastor Ezequiel Molina dejarse de “boberías”, y hablar directamente con el presidente Danilo Medina, sobre la eliminación del Concordato”. Tal pronunciamiento fue en reacción al mensaje predicado por Molina en la concentración del 1 de enero en el estadio olímpico.
6. Muy, pero muy incómodo reaccionó el cardenal ante la decisión de la jueza Eunice Minaya Pérez de rechazar el recurso de amparo contra Profamilia. Con inocultable ironía, pero hirviendo por dentro, López Rodríguez felicitó a "la ilustrísima jueza por la sapientísima sentencia" e hizo extensiva la felicitación a los comunicadores que "se benefician de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que reparten dinero". "Que siga la fiesta, entonces", exclamó.
7. Cuando el debate llevado a cabo acerca de la realización o no del aborto terapéutico, el verbo martillante del señor cardenal no se hizo esperar. Llamó “carniceros” a quienes estaban de acuerdo o defendían esta práctica médica.
Así es la conducta lingüística de nuestro archipoderoso cardenal, un ser que constituye un grave peligro contradecirlo o no coincidir con sus ideas y pensamientos, pues de lo contrario se corre el riesgo de engrosar la lista de los “sinvergüenzas”, “chusmas”, “estúpidos”, “perversos”, “lacras”, “cretinos”, “pelafustanes”, “viles”, “bestias” e “inescrupulosos”.
viernes, 7 de febrero de 2014
¿ES EL TRES EL NUMERO MAGICO DE LOS DOMINICANOS?
Por : Domingo Caba Ramos.
« El dominicano, desde su niñez, comienza a familiarizarse, entre otras originales costumbres, con la tradicional doctrina del número tres. Así en el hogar aprende la existencia de los "tres Reyes Magos": Gaspar, Melchor y Baltasar; en la iglesia, "las tres divinas personas": Padre, Hijo y Espíritu Santo; en la escuela, "los tres Padres de la Patria": Duarte; Sánchez y Mella. Luego seguirá conociendo: las tres regiones naturales que componen el país: Cibao, Sur y Este; las tres grandes cordilleras: Septentrional, Central y Meridional; los tres grandes dominios fluviales: Yaque del Norte, Yuna y Yaque del Sur; y muchísimos otros »
(DR. JULIO GENARO CAMPILLO PEREZ)
¿Es el tres el número mágico, sagrado o típico de los dominicanos? Además de un baile típico: el merengue; unos platos típicos: el mangú y el sancocho, ¿tenemos los dominicanos un número típico: el tres?
Lo cierto es que en la escala numérica no existe otro cardinal que como el tres esté tan conectado al desarrollo histórico – social del pueblo dominicano, ni tan arraigado en el subconsciente de los nacidos en esta tierra. Su frecuente empleo en la lengua coloquial así parece confirmarlo.
La recurrente presencia de este número en nuestras cotidianas prácticas comunicativas, vale aclararlo, no siempre obedece a un acto de racional carácter selectivo. En diversas ocasiones, como veremos más adelante, se nos presenta por pura coincidencia. Su protagonismo comienza a ponerse de manifiesto no solo en la parte este u oriental de isla de Santo Domingo , sino en todo el ámbito continental, en el mismo instante en que Cristóbal Colón descubre el Nuevo Mundo, el 12 de octubre de 1492 . Los hombres que lo acompañaban arribaron en tres carabelas: La Santa María, La Pinta y La Niña.
En lo que atañe a la directa viculación del nùmero tres con la cultura dominicana, son diversos los hechos que así lo evidencian :
a) El fundador de la República, Juan Pablo Duarte, utilizó el cardinal que nos ocupa como la base numérica que sirvió de soporte en el proceso de conformación de la sociedad secreta La Trinitaria. Este organismo estuvo constituido originalmente por nueve miembros, los que divididos en grupos de tres, cada uno tenía la misión de reclutar a tres personas más. Por estar estructurada a partir del número tres fue que se le llamó Trinitaria a esta histórica organización política.
b) Con la proclamación de la Independencia Nacional surge el Estado Dominicano y con él, los símbolos que lo representan y los poderes que lo conforman. Los símbolos patrios son tres: la bandera, el himno y el escudo. Y tres son también los poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
c) Los colores de nuestra bandera son tres: rojo, azul y blanco; y tres son las palabras que conforman el lema de la Patria: Dios, Patria y Libertad. Y, lo que es más curioso, República Dominicana es el único país del mundo que cuenta con tres padres de la Patria: Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella.
d) En lo que a las luchas anitrujillistas respecta, tres fueron los dominicanos que en el exilio encabezaron la llamada Invasión de Luperón, en 1948: los generales Juancito Rodríguez, Miguel Ángel Ramírez y Horacio Julio Ornes Coiscou.
e) Tres fueron los únicos sobrevivientes de la gesta heroica del 14 de junio de 1959: Mayobanex Vargas, Medardo Germán y Poncio Pou Saleta. Y tres fueron las heroínas que nos legó esa patriótica y sangrienta lucha: Patria, Minerva y María Teresa Mirabal.
f) En 1973 el coronel Francisco Alberto Caamaño sale de Cuba, rumbo a la República Dominicana, por la Bahía de Ocoa, al frente de un grupo de guerrilleros que venía con la intención de iniciar acciones bélicas en contra del gobierno encabezado por el doctor Joaquín Balaguer. De esos rebeldes sólo tres lograron sobrevivir: Hamlet Herman, Claudio Caamaño Grullón y Toribio Peña Jácquez.
g) Pero no sólo eso: “A las tres es la vencida…”, reza nuestra muy conocida frase popular.
h) Tres y no cuatro fueron los que echaron a Pedro en el pozo. Tres son los instrumentos típicos originales empleados para ejecutar nuestro baile nacional o merengue de “tierra adentro”: la tambora, la guira y el acordeón.
i) Tres son los componentes de nuestro plato criollo por excelencia, mejor conocido con el nombre de “Bandera Nacional”: el arroz, la habichuela y carne. Hasta tres se cuenta para anunciar el inicio de una competencia. De ahí el muy famoso: “A la una, a las dos y a las tres…”, y hasta tres cuentan nuestros directores de orquestas para iniciar la interpretación de una pieza musical.
j) Tres eran las canciones que en otrora época de desaparecido romanticismo solían interpretarse en las nocturnas serenatas que se le dedicaban al ser querido. Tres son los ensalmos que las mentes mágicas y cabalosas aplican o reciben para curar determinadas enfermedades, y siempre será “tres gatos” la expresión, de pura “cepa criolla”, empleada por los domínicoparlantes para indicar la escasez de personas en un lugar determinado.
“En las prácticas curativas y cábalas añejas – apunta nuestro poeta y mejor costumbrista Ramón Emilio Jiménez – el tres suele ser explotado por la ingenua credulidad de nuestro vulgo… Una ponzoña descarga su ira en un semblante y precisa evitar la hinchazón de la parte adolorida. El paciente se apodera entonces de una rama. Toma de ella una hoja; con otra hace lo mismo y lo repite con una tercera hasta reunir tres hojas de diversa clase. Han de ser tres necesariamente, que se llevan a la boca mascándolas al punto y aplicándolas a la parte afectada, en la cual la mancha roja de la picadura muestra en el centro, el relieve amarillo, la cruel ponzoña…" (Al amor del bohío, 2001, pgs. 349-350)
Y en cuantos a la práctica llevada a cabo para curar los llamados ‘ojos de pecao”, el autor de los himnos escolares dominicanos apunta que “la gente del campo suele echar al fuego tres granitos de sal, escapándose a toda prisa para no ir la explosión…” (p. 350)
No conocí a mi padre. Falleció tres meses antes de yo nacer. En la comunidad mocana donde nací reinaba la creencia de que el hijo que no conoció a su progenitor por haber muerto este antes de que aquel naciera, poseía el “don” de curarles el “mal de boca” a los niños. El proceso curativo consistía en aplicar tres soplones a la infectada boquita del infante. La práctica debía repetirse durante tres días consecutivos, esto es, tres soplones diario.
Debo confesar que el malestar que yo sentía cuando veía que una madre se acercaba a mi casa con un niño entre los brazos, era indescriptible. Me resistía a ejercer mi despreciable “trabajo médico”, pero la autoridad y firmeza de mi tierna, amorosa y siempre recordada madre se imponía, por lo que a regañadientes, y para evitar que mis piernas fueran “acariciadas” por tres maternales y seguros correazos yo, un niño todavía, no tenía más que aplicar mis “curativos” tres soplones en la boca enferma de mi inocente pacientico.
Antes tanto culto y reverencia, extraño tampoco resultaría que el referido número se encuentre presente en los versos del folklor poético dominicano:
«Mi padre me dio una pela,
y mi madre un coscorrón,
porque estaba enamorando,
las tres piedras del fogón...»
(Anónimo)
Vistos los
ejemplos anteriores, valdría nuevamente preguntarse:
¿Es el tres
el número mágico de los dominicanos?
jueves, 30 de enero de 2014
¡ADIÓS, DOCTOR OZORIA!
Por: Domingo Caba Ramos.
La primera noticia que acerca de su estado de salud recibí, fue sumamente dolorosa: « El doctor Ozoria está grave de muerte…»; pero mucho más dolorosa y desgarrante fue la información que la misma fuente me proporcionó días después: « El doctor Ozoria falleció y lo están velando en la Funeraria Blandino…».
En principio me resultó difícil creerlo, pero al ver, horas más tarde, su cuerpo inerte tendido en un ataúd, no tuve más que aceptar la triste realidad.
Al doctor Rufino Ozoria yo le tenía mucho afecto, y por esa razón la noticia de su fallecimiento me impactó de manera considerable. Él, igualmente, supo siempre distinguirme con su cariño y amistad, razón por la cual, desde que me veía en las calles detenía su jeepeta para brindarme su muy afectuoso saludo.
Afamado médico anestesiólogo, socio accionista, miembro fundador y coordinador de la Unidad de Anestesiología de la Clínica Unión Médica, al “Compañero”, como él llamaba y lo llamaban, lo conocí por vía de mi cuñada, Josefina Rubio (Gina), coordinadora de una de las salas de cirugía del antes citado centro de salud y, más que compañera de trabajo, hermana del galeno extinto. A partir de nuestro primer encuentro, el doctor Ozoria se convirtió no solo en el amigo, sino en el médico anestesiólogo de mi familia. Tanto a mí como a tres de mis hermanos nos ofreció sus servicios profesionales en momentos en que fuimos a parar a la siempre indeseada sala de un quirófano.
En mi caso particular, fue el doctor Ozoria quien me practicó el primer bloqueo epidural para calmar el dolor lumbar generado por mi eterna y fastidiosa hernia discal. Y fue él quien en enero del pasado año participó en la primera cirugía de importancia que hasta la fecha se me ha realizado.
En su condición de ferviente y convencido “peralista”, su muerte provocó que mi pensamiento se conectara con el año 1995. En este año, el destacado cantante y compositor español, José Luis Perales, se presentó por primera vez en la República Dominicana, específicamente en la sala principal del Teatro Nacional. Hacia este lugar partimos en la primeras horas de la tarde de un viernes cualquiera, mi hermano Basilio y su esposa Josefina, así como el doctor Ozoria y su esposa.
Desde las primeras horas de la mañana de ese día, un tormentoso y musical hipo no me dejaba en paz. Tal fue la gravedad del caso, que antes de partir a disfrutar el concierto de mi muy esperado artista preferido, fue necesario consultar a un médico. Para la capital nos fuimos en el vehículo del “compañero”. Al negarme a tomarme un trago de wisky que me brindó, por la razón de que el médico a quien consulté me había inyectado un medicamento, el doctor Ozoria, con su singular estilo me respondió:
-« Compañero, ¿y usted cree en los médicos? Los médicos son todos locos. Tómese su trago y olvídese del mundo»
En otra oportunidad tuve el placer de compartir con él en su casa. Ningún otro anfitrión lo superaba en atenciones y cortesía.
Yo disfrutaba las ocurrencias preñadas de humor y picardía que emanaban de su espíritu contradictorio. En mi condición de paciente quirúrgico percibía que en la sala de cirugía la calma y la solemnidad se mantenían hasta que llegaba el doctor Ozoria. Desde que este hacía acto de presencia, “la pista se calentaba” y hasta la más paciente enfermera tenía que reaccionar con las pintorescas “ozoriadas” de este médico y amigo inolvidable.
Así era el doctor Rufino Ozoria: un gran amigo, un excelente padre, un brillante médico, un extraordinario ser humano.
¡Adiós, doctor Ozoria!
¡Adiós, amigo mío!
¡Hasta siempre, Compañero!
jueves, 16 de enero de 2014
LENGUA Y BÉISBOL EN LA REPÚBLICA DOMINICANA.
Lengua y beisbol en la República Dominicana.
Por: Domingo Caba Ramos.
“Una prueba más de que el juego de pelota es un deporte íntimamente integrado a la tradición y que constituye un elemento distintivo de la identidad dominicana es que parte de su terminología ha dado lugar a la creación de expresiones metafóricas que trascienden el ámbito del deporte y pertenecen ya al lenguaje corriente usado por la población"
(Orlando Alba: lingüista dominicano) .
Verdaderamente no sabemos si la caña de azúcar continúa siendo el producto principal de la República Dominicana ; pero lo que sí sabemos es que en ningún otro país de América produce más políticos y peloteros que el nuestro. Merced a este último producto, no resulta extraño que en el habla popular dominicana todo se compare con el béisbol. En otras palabras, el juego de pelota yace permanentemente presente en nuestra diaria conversación.
Los ejemplos sobran. Veamos:
Cuando un ejecutivo o jefe inicia su mandato, ejecutando estrictas medidas, de él se dirá que “vino por la goma” o “duro y curvero”.
En la Liga Municipal Dominicana- comentaba recientemente un periodista-“se está jugando una pelota caliente”.
Un paciente que yace al borde de la muerte es un enfermo que está en “tres y dos”.
El estudiante entrega el examen al profesor y abandona el aula bastante jubiloso:
-¿Cómo te fue?- le pregunta un compañero.
-¡Muchacho!, eso fue un “flaicito al cátcher”.
El jefe de la Policía encabeza un operativo sorpresa en el barrio Capotillo. El naranjero de la esquina reporta el caso afirmando que “allá bajo la pelota ta que arde”.
A don Andrómedo lo cancelaron del trabajo, lo dejó su esposa y por último se enfermó. Por eso no se cansa de decir que “yo estoy pasando por la peor racha de mi vida”.
Don Eugenio Cabral, exdirector general de la Defensa Civil, siempre vivía quejándose de los pocos recursos económicos que recibía dicha institución: “En la Defensa Civil jugamos sin trochas o a mano pelá”- eran sus palabras habituales.
Cuando un dirigente político cesa o decide no participar en el debate electoral casi siempre da a conocer la decisión expresando que “en esta oportunidad yo he preferido ver el juego desde las gradas”.
Mi tío Luis solía declarar con reiterada frecuencia que muy poco le importaba lo fea que pudiera ser una mujer si con esta sólo sostendría una sola relación o aventura sexual. “En palo largo, mi sobrino, no se pisa base”.
Para el hablante dominicano hacer un buen negocio es “pegar un palo a la pared”, mientras que el individuo que en una determinada reunión aportó la idea más juiciosa o racional de inmediato se dirá que “la botó por los cuatrocientos” o “la botó con las bases llenas”.
El viejo Miningo no cree en cuentos con su hija Abelaida. Desde que el novio de esta llega a la casa, el anciano comienza a observar los movimientos del Romeo enamorado tratando de explorar sus reales intenciones: “Desde hace días - rezonga con tono autoritario- le estoy cogiendo las señas para que no se burle de mí ni de mi hija”.
Cuando la policía logra apresar al delincuente que por mucho tiempo anduvo prófugo, la frase deportiva no se hace esperar: “¡por fin le hicieron out!”.
La persona que enfrenta una situación en la que no se vislumbran las más mínimas posibilidades de éxitos, es una persona que se encuentra en “conteo de tres y dos y el ampalla en contra”.
El marido llegó a la casa y encontró a su mujer abrazada con otro. El pleito que se armó fue tremendo. Horas después, los vecinos comentaban con inocultable picardía: “A la tipa la agarraron fuera de bases”.
Los dominicanos llevamos el béisbol en las venas, vale decir, nacemos beisbolistas, crecemos beisbolistas y morimos beisbolistas. Y como el sujeto-hablante construye sus comparaciones a partir de los elementos que forman parte de la realidad que le rodea, no es raro, pues, la continua presencia del léxico beisbolístico en el habla popular dominicana.
Por: Domingo Caba Ramos.
“Una prueba más de que el juego de pelota es un deporte íntimamente integrado a la tradición y que constituye un elemento distintivo de la identidad dominicana es que parte de su terminología ha dado lugar a la creación de expresiones metafóricas que trascienden el ámbito del deporte y pertenecen ya al lenguaje corriente usado por la población"
(Orlando Alba: lingüista dominicano) .
Verdaderamente no sabemos si la caña de azúcar continúa siendo el producto principal de la República Dominicana ; pero lo que sí sabemos es que en ningún otro país de América produce más políticos y peloteros que el nuestro. Merced a este último producto, no resulta extraño que en el habla popular dominicana todo se compare con el béisbol. En otras palabras, el juego de pelota yace permanentemente presente en nuestra diaria conversación.
Los ejemplos sobran. Veamos:
Cuando un ejecutivo o jefe inicia su mandato, ejecutando estrictas medidas, de él se dirá que “vino por la goma” o “duro y curvero”.
En la Liga Municipal Dominicana- comentaba recientemente un periodista-“se está jugando una pelota caliente”.
Un paciente que yace al borde de la muerte es un enfermo que está en “tres y dos”.
El estudiante entrega el examen al profesor y abandona el aula bastante jubiloso:
-¿Cómo te fue?- le pregunta un compañero.
-¡Muchacho!, eso fue un “flaicito al cátcher”.
El jefe de la Policía encabeza un operativo sorpresa en el barrio Capotillo. El naranjero de la esquina reporta el caso afirmando que “allá bajo la pelota ta que arde”.
A don Andrómedo lo cancelaron del trabajo, lo dejó su esposa y por último se enfermó. Por eso no se cansa de decir que “yo estoy pasando por la peor racha de mi vida”.
Don Eugenio Cabral, exdirector general de la Defensa Civil, siempre vivía quejándose de los pocos recursos económicos que recibía dicha institución: “En la Defensa Civil jugamos sin trochas o a mano pelá”- eran sus palabras habituales.
Cuando un dirigente político cesa o decide no participar en el debate electoral casi siempre da a conocer la decisión expresando que “en esta oportunidad yo he preferido ver el juego desde las gradas”.
Mi tío Luis solía declarar con reiterada frecuencia que muy poco le importaba lo fea que pudiera ser una mujer si con esta sólo sostendría una sola relación o aventura sexual. “En palo largo, mi sobrino, no se pisa base”.
Para el hablante dominicano hacer un buen negocio es “pegar un palo a la pared”, mientras que el individuo que en una determinada reunión aportó la idea más juiciosa o racional de inmediato se dirá que “la botó por los cuatrocientos” o “la botó con las bases llenas”.
El viejo Miningo no cree en cuentos con su hija Abelaida. Desde que el novio de esta llega a la casa, el anciano comienza a observar los movimientos del Romeo enamorado tratando de explorar sus reales intenciones: “Desde hace días - rezonga con tono autoritario- le estoy cogiendo las señas para que no se burle de mí ni de mi hija”.
Cuando la policía logra apresar al delincuente que por mucho tiempo anduvo prófugo, la frase deportiva no se hace esperar: “¡por fin le hicieron out!”.
La persona que enfrenta una situación en la que no se vislumbran las más mínimas posibilidades de éxitos, es una persona que se encuentra en “conteo de tres y dos y el ampalla en contra”.
El marido llegó a la casa y encontró a su mujer abrazada con otro. El pleito que se armó fue tremendo. Horas después, los vecinos comentaban con inocultable picardía: “A la tipa la agarraron fuera de bases”.
Los dominicanos llevamos el béisbol en las venas, vale decir, nacemos beisbolistas, crecemos beisbolistas y morimos beisbolistas. Y como el sujeto-hablante construye sus comparaciones a partir de los elementos que forman parte de la realidad que le rodea, no es raro, pues, la continua presencia del léxico beisbolístico en el habla popular dominicana.
martes, 31 de diciembre de 2013
EL PREJUICIO RACIAL EN LA REPUBLICA DOMINICANA.
Por: Domingo Caba Ramos.
(El presente ensayo fue publicado por primera vez en el periódico La Información entre el 25 de mayo y 5 de junio de 1990)
I
“Toda forma de discriminación basada en la raza, sea ocasional o sistemáticamente practicada y destinada a individuos o grupos raciales enteros, es completamente inaceptable”
(Juan Pablo 11).
Según el punto de vista de historiadores, sociólogos y antropólogos dominicanos, el prejuicio racial en Santo Domingo aparece en el mismo momento en que los españoles introdujeron los negros africanos en el gobierno de Nicolás de Ovando (1502 - 1509) en condición de esclavos, para reemplazar la fuerza de trabajo indígena que para esa época estaba a punto de desaparecer. La esclavitud en la isla Española se implantó, para ser más preciso, en el año 1505. Así lo consigna Carlos Larrazábal Blanco en su libro “Los negros y la esclavitud en Santo Domingo”, al afirmar que:
“Sin embargo en 1505, muerta la reina Isabel, una embarcación arribó a la ciudad de Santo Domingo con diecisiete esclavos negros que se dedicarían al trabajo de las minas de cobre recién descubiertas. Ovando aceptó el hecho cumplido, y conociendo mejor las necesidades e intereses de la colonia resolvió pedir más esclavos con lo que dejó establecida de una manera definitiva, desde el punto de vista oficial, el sistema de la esclavitud en la Isla”. (1975, pág. 13).
Como consecuencia de la esclavitud, el esclavo pasó a ocupar el lugar más bajo en la escala social. Ser esclavo era signo de inferioridad. Como el negro era esclavo, el negro era inferior a las demás personas. Esta idea aún la conserva el pueblo dominicano como herencia histórica de la época de la colonia, alimentada, naturalmente, por la clase dominante.
La presencia del negro africano unida a la del indio nativo y al conquistador español es lo que va a conformar nuestra identidad nacional y definir los rasgos étnicos y culturales de nuestro territorio.Tan pronto los negros esclavos arriban a la isla se relacionan carnalmente con los amos o conquistadores y se produce así el tipo racial denominado mulato, que es la mezcla del blanco con el negro. Otras categorías raciales existentes en Santo Domingo y demás pueblos del continente americano son el mestizo, producto de la unión de indio y blanco y grifo que la mezcla de indio y negro.
Nosotros, los americanos, y como parte de estos, los dominicanos, somos mestizos, grifos o mulatos. Esto queda reforzado con la siguiente cita: “De ahí que el verdadero substrato de nuestra sociedad, en términos etnológicos, fuera y sigue siéndolo afrohispánico” (Balcácer, Juan Daniel. Revista ¡Ahora! No. 695. 1977, pág. 25).
II
«El racismo vigente hoy en el país se
originó en la época colonial, pero la clase dominante lo ha mantenido y
reforzado repitiendo los mismos estereotipos negativos con los que tipificaron
a los negros inferiores a los blancos»
(Carlos Esteban Deive)

Podría pensarse y hasta afirmarse que en virtud de nuestra composición afrohispánica, los dominicanos no somos racistas. Pero en realidad no sucede así. El negro siempre ha sido discriminado en Santo Domingo, y tan acentuado está el prejuicio racial en el subconsciente de los dominicanos, que hasta las personas de piel oscura rechazan y/o discriminan al negro. O, lo que es lo mismo, tienden a autodiscriminarse. En torno a este juicio, Sócrates Nolasco llegó a decir que “el negro dominicano es mentalmente blanco”. (Citado por Bruno Rosario Candelier en “Lo popular y lo culto en la poesía dominicana, 1977, pág. 272).
Mientras que para el brillante declamador e intérprete de la poesía negroide, Carlos Lebrón Saviñón, “el primer discriminador del negro es el propio negro”. Es como si al sentirse negro, en su rostro se dibujara el dolor que ese hecho le produce. Por eso canta el poeta:
“Negra Pulula, que bien,
que planchas la ropa ajena,
¡Cuándo plancharás tu cara,
mapa de penas!”
Nuestro sueño dorado es llegar a ser blancos y con semejante actitud, mostramos un profundo desconocimiento o no resistimos a reconocer las verdaderas raíces biológicas y culturales que nos dieron origen. Ya lo dijo poéticamente nuestro gran cantor popular, Juan Antonio Alix:
“Todo aquel que es blanco fino,
jamás se fija en blancura,
y el que no es de sangre pura,
por ser blanco pierde el tino...”
Es bien sabido que el otrora Generalísimo y dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, autor de la horrible masacre de más de quince mil haitianos ejecutada en 1937, y entre cuyos abuelos se registran el capitán español José Trujillo Monagas y la haitiana Luisa Erciná Chevalier, revivió el culto a lo hispano, bastante resquebrajado a partir de la derrota de las fuerzas anexionistas españolas (1863 - 65), y lo utilizó como uno de los instrumentos o rasgos ideológicos sustentadores de su esquema de dominación política.
“La exaltación de los valores hispánicos - apunta el sociólogo Franklin Franco - fue una herencia recogida con toda fidelidad por el sistema ideológico del trujillato. Incluso desde el punto de vista personal, Trujillo intentó buscar su ascendencia hispánica, al tiempo que mantenía permanentemente una intensa campaña propagandística dirigida a mostrar al pueblo la unidad cultural entre la República y su vieja metrópolis” (Historia de las ideas políticas en la República Dominicana, págs. 121 - 122)
No es extraño, pues, que uno de los más cercanos colaboradores del tirano, el doctor Joaquín Balaguer, se expresara en parecidos términos al afirmar que “Santo Domingo es el pueblo más español de América” (La Isla al Revés, 1983, pág. 63).
Entiende este autor, quien extrañamente niega la existencia del prejuicio racial en la República Dominicana, que “nuestro origen racial y nuestra tradición de pueblo hispánico, no nos deben impedir reconocer que la nacionalidad se halla en peligro de desintegrarse si no se emplean remedios drásticos contra la amenaza que se deriva para ella de la vecindad del pueblo haitiano”, que “el contacto con el negro ha contribuido, sin ningún género de dudas, a relajar nuestras costumbres públicas” (pág. 45), que “una gran parte de los negros que emigran a Santo Domingo (Pág. 49) son seres tarados por lacras físicas deprimentes”, transmisores de “las enfermedades más repugnantes”, así como los verdaderos causantes “de la corrupción de nuestras costumbres patriarcales” (pág. 50).
Y no es extraño que el mismo Balaguer justificara la espantosa matanza de haitianos llevada a cabo por Trujillo argumentando que: “La República, para poder subsistir como nación española, necesita afianzar las diferencias somáticas que la separan de Haití...” (La realidad dominicana, 1947, pág. 115)
Trujillo, que no desperdició recurso alguno para demostrar al país y al mundo que por sus venas no corría sangre africana, sino exclusivamente española, jamás hizo alusión, ni mucho menos sus fieles acólitos, a las raíces haitianas que sirvieron de punto de apoyo a su árbol genealógico. Mucha razón tuvo al respecto el ya mencionado “Cantor del Yaque”, cuando en la segunda mitad del pasado siglo condenó semejante comportamiento en una de sus más famosas y conocidas décimas:
“El blanco que tuvo abuela,
tan prieta como el carbón,
nunca de ella hace mención,
aunque le peguen candela.
Y a la tía Doña Habichuela,
como que era blanca vieja,
de mentarla nunca deja,
para dar a comprender,
que nunca puede tener,
el negro tras de la oreja”.
III
- Incremento del prejuicio racial.
“Cuando el negro fue colocado por el colonizador en el lugar más bajo de la escala social, los prejuicios de clases que contra él se abatieron fueron fácilmente desdoblados en prejuicios raciales”. (Hugo Tolentino Dipp).
El prejuicio racial del pueblo dominicano, que como ya apuntamos tuvo su punto de partida en la época de la colonia, parece haber cobrado su mayor fuerza a partir de la proclamación de la Independencia Nacional.
Al menos eso es lo que se desprende de las declaraciones ofrecidas por muchos de los intelectuales y especialistas que han abordado tan importante asunto. “La guerra que tuvo que librar el pueblo dominicano- dice el poeta y ensayista Abelardo Vicioso - para defenderse de las constantes agresiones del ejército haitiano dejó una secuela de odios contra el país vecino, que las clases dominantes se han esforzado en prolongar hasta nuestros días”. (Vicioso, Abelardo, El freno hatero en la literatura dominicana. Primera Edición, 1983, pág. 167).
Los propulsores de la Independencia, imbuidos por sus sentimientos patrióticos o nacionalistas, orquestaron un movimiento propagandístico de carácter antihaitiano mediante el cual se buscaba destacar los más negativos atributos del hermano país, así como las agresiones que de él recibimos, y justificar, al mismo tiempo, la intervención de países civilizados como España, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Ese nacionalismo de los llamados separatistas, Franklin Franco lo describe con las siguientes palabras:
“Ese corrompido y falso sentimiento nacionalista que traducía en el fondo un profundo prejuicio racial fue un arma verdaderamente eficaz para el desarrollo aquí del pensamiento colonialista de la oligarquía gobernante”. (Franco, Franklin J. Santo Domingo: Cultura, política e ideología, 1979. Pág. 90).
La propaganda antihaitiana utilizó la prensa y la literatura como medios eficaces y poderosos para difundir sus ideas. “Esta literatura antihaitiana - agrega Abelardo Vicioso- contribuyó a degradar la conciencia nacional, creando un prejuicio contra el pueblo vecino con profundas raíces en el dominicano, que aún resulta difícil arrancar”. (Obra Cit., págs. 169 - 170).
Importante es subrayar que la propaganda en contra del pueblo haitiano fue obra no sólo de los intelectuales más conservadores y reaccionarios de la época, sino también de prominentes miembros de la Sociedad Trinitaria, entre los que se distinguen el poeta Félix María del Monte ( 1819 -1899 ) . A este trinitario se le atribuye haber compuesto el primer himno de guerra dominicano que nuestra historia literaria registra con el título de “Canción dominicana” o “Himno de la Independencia” ;pero más que un himno dominicano, la referida pieza, por su contenido, más bien puede considerarse como un canto antihaitiano y prohispánico a la vez, carente por completo de un genuino sentimiento dominicanista. Este planteamiento puede justificarse analizando la primera estrofa del himno, en cuyo primer verso el autor llama españoles a los dominicanos:
“¡Al arma, españoles!
¡Volad a la lid!
¡Tomad por divisa"!
¡Vencer o morir!”
El antihaitianismo y discriminación racial en las creaciones de Félix María del Monte se perciben con mayor vigor en los siguientes versos tomados de sus “Cantos dominicanos”, en los cuales el poeta y patriota describe así a los haitianos:
“Quien tiene lazos de unión,
con esos diablos sañudos,
que beben sangre y desnudos,
en pacto con Belzebú,
bailan su horrible vudú,
y comen muchachos crudos”.
Todavía muchos dominicanos mantienen viva la creencia de que los haitianos son brujos, tienen pactos con el diablo y practican la antropofagia, esto es, comen niños; y todavía persiste la práctica de exhibir el sentimiento nacionalista del pueblo dominicano envuelto en el traje del antihaitianismo.
IV
- El prejuicio racial en nuestros días.
“Negra Pulula, que bien,
que planchas la ropa ajena.
¡Cuándo plancharás tu cara,
mapa de penas!”.
(Manuel del Cabral).
El sentimiento antihaitiano sustentado y propagado por los escritores de la Independencia fue desarrollándose paulatinamente hasta crear en el subconsciente de los dominicanos un fuerte prejuicio contra los haitianos o cualquier persona de piel negra. Ese rechazo al negro, con mayor o menor intensidad, continúa vigente desde la época de la colonia no sólo en Santo Domingo, sino también en otros pueblos de América, como se revela en el popular poema “Angelitos negros” en el cual su autor, el poeta venezolano Andrés Eloy Blanco, eleva un canto de dolor y lamento ante el pintor que no incluye al negro en su obra de arte:
“Pintor de santos y alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos,
no te acuerdas de tu pueblo,
que cuando pintas tus vírgenes,
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste,
de pintar un ángel negro.”.
La prueba más evidente de que en Santo Domingo existe prejuicio contra el negro, podemos encontrarla en la literatura folklórica dominicana, la cual comprende un considerable número de expresiones, refranes, coplas, décimas y sentencias que aluden ofensiva y despectivamente a los distintos rasgos del negro.
En la imaginación colectiva, el color negro se asocia al mal, al crimen, al infortunio y al mismo diablo. Carlos Esteban Deive, domínico - español versado en asuntos étnicos, dice al respecto:
“La relación entre el Diablo y el negro es antígua, y ya hemos señalado que aparece en la Edad Media. La imaginería religiosa medieval describe al Diablo como un negro feo, de cuernos y cola” (Revista ¡Ahora! No. 706. 1977, pág.34).
Cuando a alguien se le hace imposible materializar sus proyectos, de él o ella se afirma que tiene una suerte negra o un destino negro. Si se le presagia un porvenir negativo, comúnmente se le dice que su futuro es negro. Cuando una persona de piel morena comete un acto de travesura o reñido con las buenas costumbres, de inmediato se escucha la frase discriminatoria: "no puede negar que es prieto"
En franca oposición al negro, el color blanco es para el común la gente sinónimo de puro, luminoso, inocente e inmaculado. Las personas de nobles sentimientos tienen el corazón blanco, pero cuando sus ideas y actitudes son malsanas y perversas, entonces suele decirse que tienen el corazón negro. Si tiene la piel oscura y se ha distinguido por su buen proceder en beneficio de los demás, se dirá enseguida que es un negro con el corazón blanco. O también es común escuchar la siguiente expresión:" Ese solamente es prieto...", que sería lo mismo decir: todas sus cualidades son apreciables; su único defecto es ser negro. Podemos constatar en los juicios precedentes que el enfrentamiento entre blancos y negros, no es más que la viva expresión de la eterna y clásica lucha entre el bien y el mal. Los blancos representan al bien, y a los negros se les pinta como los genios del mal.
Se puede demostrar igualmente en “Yelidá”, monumental poema de carácter étnico - social compuesto por el culto poeta tamborileño Tomás Hernández Franco. (1904 - 1952).
El poema nos presenta el enfrentamiento entre dioses europeos y africanos. El tratamiento afectivo que en el texto se les da a ambos dioses, favorece siempre a los primeros en detrimento de los segundos. Los dioses blancos son inocentes, pacíficos e inofensivos y aparecen descritos con los más tiernos calificativos: Son dioses, “infantiles” y “viejecillos”, “dioses de algodón y de manzana” que “resbalan y juegan con las flores”.
En cambio, los dioses negros aparecen como comedores de hombres, dictadores y venenosos; dioses rencoristas, rabiosos y estupradores, como Badagris que es capaz de violar “a todos los niños en el vientre de las madres dormidas”. A la luz de esta descripción algunos críticos estiman que el poeta denigra a los dioses africanos al tiempo que reivindica a los blancos noruegos. Como afirma José Alcántara Almánzar: “Del tratamiento que ambos grupos reciben se llega a la conclusión de que hay un velado racismo en “Yelidá” (Alcántara Almánzar, José. Estudios de poesía dominicana, 1979, Ed. Alfa y Omega; Pág. 147).
V
- Refranero negro dominicano.
“Dórmiti mi nengre,
dórmiti ningrito,
caimito y merengue,
merengue y caimito”
(Emilio Ballagas)
La paremiología dominicana contiene importantes muestras en las que se ataca y denigra a los negros. Veamos algunos de los más populares refranes:
“El negro es comida de puercos”
“El prieto es prieto”
“El negro que no la hace a la entrada, la hace a la salida”
“¡Tenía que ser un negro...!”
“El negro es como la guinea, que siempre tira para el monte”
“El negro no es pará”
“El negro no es gente”
“No puede negar que es prieto”
“¿Negro en mi casa?… Yo”.
Resulta importante destacar que hasta los órganos del cuerpo humano adquieren connotaciones especiales dependiendo del color que tenga la persona que los posea. Mientras el blanco posee labios, el negro lo que tiene es bembes, chembas o bembas; el blanco tiene cuello, el negro cocote; los brazos del negro no son brazos, sino molleros; en su cabeza no hay pelos, sino motas o pimientas; sus pies no son más que ñames o patas.
- El prejuicio racial en la poesía folklórica dominicana.
Las alusiones más degradantes, satíricas, ofensivas a los rasgos físicos, morales y espirituales del negro se pueden recoger en muestras extraídas de nuestra poesía folklórica. Son muy escasos los rasgos del negro que no son objeto de desprecio y ataque en las dos principales manifestaciones del folklore poético dominicano: la décima y la copla anónima.
Para las mentes racistas, el pelo “bueno” es propio del blanco, mientras que el “malo” pertenece al negro. Así queda expresado en la siguiente copla:
“Ayer te mandé un pan blanco,
y un arenque pa’ que cene,
y no te mandé pimientas,
porque tu cabeza tiene.”
Tanto en nuestro país como en otros afroamericanos los labios del negro reciben el despectivo nombre de bembas o bembes. Una copla dice:
“En la puerta de mi casa,
hay una mata de bambú,
donde beben mis amigos,
no bebe un negro bembú”.
Cuando el general Ulises Heureaux (Lilís) gobernó la República Dominicana, muchos dominicanos se apoyaron en su color negro para molestarlo y mortificarlo con términos y expresiones que se referían a su persona en forma peyorativa. De él se llegó a decir que era brujo, que se volvía galipote y que estaba “untao”, o sea, preparado para que a su organismo no penetraran las balas. En cierta ocasión una señora de la alta sociedad lo confundió maliciosamente con un “nublado”. Ni siquiera con su muerte se le dejó tranquilo, como se refleja en esta socarrona y mortificante copla:
“De los bembes de Lilís,
sabiéndolos compartir,
salen dos tocinos gordos,
muy sabrosos para freír.”.
VI
Nicolás Guillén, Poeta Nacional de Cuba y genial exponente de la poesía negroamericana, en su famoso poema “Negro bembón”, eleva un canto de aliento al negro que rechaza airadamente la sarcástica denominación de sus labios, cuando pregunta:
“¿Por qué te pones tan bravo,
cuando te dicen negro bembón,
si tienes la boca santa, negro bembón?”
En la presente copla se hace referencia a otros rasgos físicos del negro:
“El negro pata de arepa,
narices de berenjena,
aunque Dios baje del cielo,
el negro no es cosa buena.”.
Quienes discriminan al negro no escatiman esfuerzos en desvalorizarlo, comparándolo en todos los aspectos con el blanco:
“Los blancos huelen a polvo,
y los indios a canela,
y los malditos negros,
a berrenchín de culebra.”
¿Para qué fue creado el negro? Tres coplas en variantes diferentes tratan de responder la pregunta. En ellas es fácil notar la relación Negro – Diablo: La primera dice:
“El negro lo hizo Dios,
para completar un grupo,
y el negro salió tan bruto,
que el diablo se lo llevó”.
Esta segunda variante es bastante parecida a la primera:
“El negro lo mandó Dios,
para completar un grupo,
pero lo encontró tan bruto,
que al diablo se lo entregó”.
En la tercera copla se alude indirectamente a la condición de esclavo de que fue objeto el negro por parte de los conquistadores españoles:
“El negro lo hizo Dios,
para servirles a los blancos,
y después que va pa viejo,
de cuco pa los muchachos.”
La asociación del negro con el diablo logra su más sólida expresión en la copla que dice:
“El blanco es hijo de Dios,
y el mulato de san Pedro,
y al negro lo engendró el diablo,
para tizón del infierno.”
Al negro, como se aprecia en las coplas que siguen, siempre se le ha querido presentar como un ser bruto, tonto, idiota y sin importancia; comparable por consiguiente, a elementos desechables o a seres irracionales de la realidad:
“El negro y la sica de vaca,
son dos cosas parecidas,
que por fuera está reseca,
y por dentro resumida”
“El negro por justa ley,
y por su mala conducta,
debe andar con una tusa,
limpiándole el rabo al buey.”
“El negro y el mulo son,
según se dice, parientes,
el mulo por sus resabios,
y el negro por creerse gente".
La mezcla del negro con el blanco parece ser incompatible. Esto sólo puede ocurrir cuando el blanco piensa obtener del negro algún beneficio. Muestra de esta idea se extrae de la presente estrofa:
“Si ves a un blanco comiendo,
de un negro en su compañía,
o el blanco le debe al negro,
o es del negro la comía”.
El estado de inferioridad social del negro aparece plasmado o sugerido en este par de epigramas:
“Negro no se sienta en silla,
ni tampoco en taburete,
negro se sienta en el suelo,
o si no hala un tolete.”
“El negro y el sinvergüenza,
nacieron de una barriga,
el negro nació primero,
con el sinvergüenza arriba.”
VII
- A modo de conclusión.
“Si en mi alma hay flores,
son flores morenas,
también mis auroras,
son auroras negras”
(Juan Sánchez Lamouth).
Hay quienes sostienen que en la República Dominicana no existe la discriminación racial. Los que así opinan justifican su punto de vista argumentando que el negro criollo tiene cabida en los diferentes círculos sociales que convergen en nuestro país, tales como clubes, negocios, partidos políticos, etc. Las muestras que hemos presentado, sin embargo, nos permiten refutar tal planteamiento y reafirmar nuestra tesis original: todos los dominicanos, sin importar el color de la piel, somos racistas. Heredamos un complejo étnico que por estar alojado en la zona más profunda de nuestra conciencia, ignoramos su presencia, originándose, de esa manera, la falsa creencia de que en nuestra mente y en la de los demás no existe el prejuicio contra el negro.
Pero no sólo en Santo Domingo. En el folklore literario cubano, venezolano y colombiano se registran puyazos poéticos dirigidos directamente a la epidermis del negro:
“Me puse a lavar un negro,
a ver qué color cogía,
mientras más jabón le echaba,
más cenizo se ponía.”
“La negra que se echa polvo,
y viste de muselina,
parece troncón quemado,
cubierto por la ceniza.”
Y también coplas como la que sigue, en la cual un cantor venezolano relata su infeliz experiencia amorosa:
“Queriendo estuve a una negra,
un verano y un invierno,
y me parece que estuve,
diez años en el infierno.”
La relación sentimental del blanco con el negro es ironizada de manera punzante por otro coplero venezolano:
" La mujer que por locura,
tiene un negro por amante,
aunque el sol esté radiante,
siempre ve la casa oscura."
El profesor e investigador cubano José Juan Arrom reconoce, sin embargo, y nosotros compartimos sus planteos, que el tono del improperio se eleva según la proporción de las llamadas personas de color en cada región. De ahí que en aquellos países de América donde la densidad de la población negra es escasa o moderada, “el puyazo es usualmente ligero y no deja escozor”, apunta el precitado autor. Y acto seguido argumenta: “.... en cambio en Santo Domingo, que posee un alto índice de habitantes negros y ha sido dominado por gobernantes negros más de una vez, el insulto se hace caustico y deja llagas” (“Certidumbre de América”, 1971, pág. 137).
En otras palabras, el sentimiento antinegrista está aquí más acentuado. Tan consolidado está ese prejuicio en nuestro país, que de las muestras poéticas investigadas sólo encontramos una en la que el negro es visualizado con cierto grado de defensa y simpatía:
“Negro, no te pongas bravo,
porque te digan ladrón,
que los blancos también roban,
cuando tienen la ocasión.”
Y otra copla en la que negros y blancos quedan emparejados:
" Todo blanco es embustero,
todo pulpero, ladrón,
todo negro pelo liso,
tiene muy mala intención".
Hasta aquí, nuestras consideraciones respecto a tan polémico y debatido tema. Para terminar, nada mejor que hacerlo con los versos que se transcriben más abajo por entender que constituyen la más genuina síntesis de todo lo planteado en el presente ensayo. En ellos, su autor, el afamado poeta Manuel del Cabral, le recuerda a un negro dominicano que:
“Cualquier cosa tuya te pone triste;
cualquier cosa tuya,
por ejemplo: tu espejo...”
viernes, 20 de diciembre de 2013
ENTRE LAS VOCES DEL ORFEÓN Y EL LLANTO DESESPERADO DE UN NIÑO
(Curiosa y breve crónica de un concierto anunciado)
Por: Domingo Caba Ramos.
Como ya es su costumbre, el padre Hilario, director del Orfeón de Santiago, me llamó el jueves de la semana pasada para invitarme al concierto de navidad que un día después esa agrupación coral llevaría a cabo en el Gran Teatro del Cibao.
El espectáculo estaba programado para empezar a las 8:30p.m., sin embargo, media hora antes ya yo estaba sentado en uno de los asientos centrales de la Sala de la Restauración del referido centro cultural. Me correspondió ubicarme en medio de dos sujetos bastante singulares: a mi izquierda, un señor alto, cincuenta años talvez, elegante, impecablemente vestido y portando unas gafas que le imprimían visos de encumbrado ejecutivo. A sus pies yacía un voluminoso bulto repleto de yo no sé qué…
A mi derecha, se encontraba sentado un señor casi setentón, moreno, de baja estatura y el cual, al parecer, padece de “incontinencia urinaria” o “prostatitis bacteriana crónica”. Solo así se justifican las veces que abandonaba su silla y salía a no sé qué, obligándome a encoger las piernas y a abrirle pasos casi de manera urgente.
En cuanto al señor de elegante porte y voluminoso bulto, vale destacar que no interrumpía ni siquiera por un segundo un misterioso monólogo (hablar solo) que muy pronto captó la atención de los vecinos de mi asiento. En ocasiones se paraba en medio del pasillo, extraía su teléfono celular y comenzaba a hablar y a gesticular como si estuviera reportando para una cadena internacional de noticias desde el mismo lugar de los hechos. Fue entonces cuando alguien me informó que dicho sujeto padecía de trastornos mentales.
El concierto se inició aproximadamente a las nueve de la noche. Escucharlo con la concentración que un espectáculo de esa naturaleza demanda, no me resultó tarea fácil. En el área del público, se originaban los más diversos y perturbadores “ruidos” los cuales competían desarmónicamente con las cincuenta y dos voces del Orfeón que amarradas o fundidas en un todo armónico emitían desde el escenario los más acompasados y sublimes de los sonidos.
Así, mientras tenores, barítonos, sopranos y mezzopranos interpretaban en el escenario las bellas letras de “Blanca navidad”, de Irving Berlin, en el público se escuchaba el monólogo ininterrumpido del “loco ejecutivo”.
Mientras en el escenario los líricos vocalistas del Orfeón interpretaban los magistrales versos del villancico “Navidad, luz del mundo”, de Manuel Rueda”, en el público se escuchaban los tiernos gorjeos o el famoso “tatatata…” de un bebé casi salido del vientre de la madre.
Mientras el Orfeón entonaba los históricos versos de “Noche de paz”, de Franz Gruber, dentro del público se escuchaba la voz preñada de lamento y desesperación de un niño que a todo pulmón le decía a su progenitora: “Mami, tengo hambre”.
Mientras el Orfeón interpretaba el tradicional y no menos popular “Alabemos todos…”, dos niños tal parece que se pusieron de acuerdo para a dúo emitir un grito cuya potencia parecía quebrar las sólidas columnas del Gran Teatro.
Un niño que sea capaz de permanecer sentado y callado me encanta verlo en el Gran Teatro del Cibao y otros centros culturales; pero un bebecito, ¿qué busca en este lugar y en horas de la noche ?.
La respuesta parece ser sencilla: existen madres que a pesar de estar recién paridas o tener un hijo pequeño, no modifican sus agendas recreativas y quieren continuar disfrutando de los espectáculos como si sus hijos fueran ya adolescentes. Olvidan esas madres que un bebé tiene su lugar adecuado: la cuna .
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










