lunes, 6 de mayo de 2013

¿EL MARATÓN O LA MARATÓN ?
  Por: Domingo Caba Ramos.

 En un cable de prensa publicado en el diario ecuatoriano El Universo (17/4/2013) se lee lo siguiente:

 «Las dos bombas que estallaron en medio de una multitud cerca de la meta en la Maratón de Boston causando la muerte de tres personas dispararon una búsqueda exhaustiva de los autores de un ataque que la Casa Blanca dijo que sería tratado como "un acto terrorista"»

 Sobre el mismo hecho, la agencia de noticias británica Reuters informó que :

«Las bombas usadas el lunes contra el Maratón de Boston, que causaron tres muertos y 176 heridos, fueron fabricadas usando ollas a presión como superestructura, pólvora como el explosivo y perdigones como metralla adicional»

Nótese que mientras en el primer cable se habla de “la maratón”, en femenino; el segundo se refiere a “el maratón”, en masculino. Ante esta doble forma genérica, sé que más de un lector se preguntará de inmediato, ¿cuál, entonces, es la forma correcta, “el maratón” o “la maratón”?

 Es posible que la mayoría afirme que la primera, pues se escucha más agradable y concordante, y al mismo tiempo rechace la segunda por percibirla discordante, chocante y desagradable, toda vez que la voz masculina maratón aparece modificada por un determinante femenino (la), sintagma que a todas luces contraviene una de las reglas generales de la concordancia que establece que el artículo concuerda con el sustantivo en género y número.

Sin embargo, según el criterio académico, ambas formas, “el maratón” y “la maratón”, son adecuadas; vale decir, la palabra maratón puede emplearse tanto en masculino como en femenino. Acerca de dicha palabra, el Diccionario panhispánico de dudas, 2005, p.417, establece lo siguiente:

 maratón. ‘Carrera pedestre de resistencia’ y, en general, ‘competición de resistencia o actividad larga e intensa’. Esta voz comenzó a circular en el primer tercio del siglo xx con género masculino; posteriormente, por influjo del género de prueba o carrera, se ha ido extendiendo su uso en femenino, también válido: «Kurtis fue segundo en el maratón de Hong Kong» (Clarín [Arg.] 3.7.87); «Lo vimos de pantalón corto y cintillo corriendo una maratón» (Hoy [Chile] 2-8.6.97). No debe usarse la grafía marathón.

  De la cita anterior se infiere que el término maratón puede utilizarse en doble género, primero, porque dicha palabra, por su propia naturaleza, pertenece al género masculino (concordancia gramatical)); segundo, porque alude a dos formas femeninas: a una ‘carrera’ y a una ‘competición’ (concordancia de sentido). Merced a este juicio, son gramaticalmente válidos enunciados del tipo:

 1. Él nunca ha competido en un maratón.
 2. Él nunca ha competido en una maratón.

viernes, 26 de abril de 2013

LA MAGIA DE LA LECTURA .

Por: Domingo Caba Ramos


 La lectura es una actividad, una operación, un proceso mental que capacita al hombre para alcanzar diferentes metas y enfrentar muchos de los problemas que la vida le plantea.

 En los tiempos modernos la lectura ocupa un lugar de primerísima importancia. Cada vez se hace más imperiosa la necesidad de poseer una mayor información y formación cultural, esto es, de estar al día de los últimos acontecimientos acaecidos tanto en el ámbito nacional como internacional. Y eso, obviamente, solo se logra a través de la lectura.

 La lectura nutre el intelecto, recrea el espíritu, activa la imaginación y orienta el rumbo que conduce a la meta deseada. Ella nos permite captar una nueva y más amplia visión del mundo y un agudo conocimiento del medio que nos rodea.

La lectura franquea el camino del arte y abre las puertas del conocimiento científico. Los grandes hombres y mujeres de la humanidad fueron antes que todo, grandes lectores.

 Emmanuel Kant, por ejemplo, gracias a su constante actividad lectora, logró forjarse un dominio casi enciclopédico de la filosofía y cultura universal sin haber salido nunca de su natal pueblecito, Konigsberg (Alemania); en tanto que de Miguel Cervantes, autor de una de la más genial de las novelas escritas en lengua española, El Quijote, se afirma que leía hasta los papeles rotos que encontraba en la calle.

 Es innegable la poderosa influencia que ejerce un libro en el desarrollo histórico social. “Del destino de los libros - apunta M. Ilim - depende con frecuencia el destino de las gentes, de los pueblos y hasta de los países”.

 La lectura actúa como soporte teórico de la práctica profesional. Esto quiere decir que un médico, maestro, abogado, ingeniero o cualquier otro profesional que no se actualice mediante la lectura constante, está condenado a ser un profesional mediocre o atrasado académicamente.

 Urge, pues, incentivar la lectura de obras literarias, tratados científicos, periódicos, revistas y todo tipo de material bibliográfico. Como reza en la muy conocida frase: " Quien no lee no tiene derecho a la palabra"

 La escuela, en este sentido, está llamada a desempeñar un papel protagónico, vale decir, se hace necesario que la lectura cubra un espacio privilegiado en el trabajo escolar. Porque como bien observó don Pedro Henríquez Ureña: “El hábito y amor a la lectura literaria forman la mejor llave que podemos entregar al niño para abrirle el mundo de la cultura universal”.

 Sabemos, como afirma el gran humanista dominicano, que el bajo “desarrollo de las bibliotecas públicas y de las bibliotecas escolares no permite todavía a los maestros disponer de la variedad de libros que necesitarían para revelar al niño la multitud de casos interesantes que le brinda la lectura”. Pero entendemos, no obstante, que unidos, optimistas y animados de la mejor intención es mucho lo que podemos hacer para que en República Dominicana se ensanche cada vez más el reducido círculo de lectores que hasta ahora tenemos.

 Sólo así podemos evitar que los dominicanos continúen “pesando” los libros antes de leerlos. Y sólo así evitaremos que unas lindas jóvenes vuelvan a declarar en un Concurso de Belleza que América fue descubierta en 1980, que este continente fue descubierto por Juan Pablo Duarte, que a Juan Bosch se le concedió el Premio Nóbel de Literatura, que Gabriel García Márquez es dominicano y que Confucio fue un “sabio chino, japonés que inventó la confusión”

viernes, 19 de abril de 2013

LECTURA Y ORTOGRAFÍA
 (Con motivo del Día internacional del libro : 24 de abril)

 Por : Domingo Caba Ramos.

 Cuando yo ejercía como Gerente de Recursos Humanos en un prestigioso grupo empresarial de Santiago, un ingeniero industrial me remitió, vía correo electrónico, una breve comunicación parte de cuyo texto decía así:

« La reunión se llebara a cabo a la sinco de la tarde en el salon de conferencia y en ella trataremos asunto muy inportante para la compañía y para todo los empleado…»

 Al saber que un profesional graduado en una de las más prestigiosas universidades del país era el autor de semejante texto , una pregunta afloró casi de manera inconsciente a mis labios:

 ¿Cómo es posible que una persona provista de un título universitario pueda incurrir en tan elementales desaciertos ortográficos?

 Y aunque me imaginaba la respuesta, no tardé mucho en confirmarla. El susodicho ingeniero es uno de los tantos dominicanos que sufren de “lecturofobia”, de los muchos que pesan los libros antes de leerlos, o los cierran para siempre si estos son muy voluminosos. Cuando estudiante lo obligaron a leer tres obras literarias, las únicas que ha leído en su vida. En los periódicos quizás mensualmente suele leer una que otra nota deportiva y, como si todo eso esto fuera poco, parece disfrutar cuando afirma que “las librerías conmigo difícilmente progresen”

 En el 2000, por ejemplo, le envié a mi apreciado y siempre recordado amigo un ejemplar del libro que en octubre de ese año puse en circulación. Seis meses después nos encontramos y le pregunté sobre la impresión que el texto le había causado.

 -“Creo que leí el índice” – me contestó con el más frío desparpajo y sorprendente naturalidad.

-“Si logré que tú leyeras aunque fuera el índice de mi libro, pienso que entonces valió la pena publicarlo” - le respondí en forma irónica y con el mismo desparpajo.

Pedagógicamente está más que comprobado que el poco hábito de lectura constituye una de las principales causas que originan las faltas ortográficas. Que a escribir correctamente aprendemos cuando internalizamos en nuestros cerebros o nos familiarizamos con la imagen gráfica de esos dibujitos llamados letras. Y ese proceso de familiarización o fijación de los rasgos físicos de las palabras sólo es posible lograrlo a través de la lectura constante. O, lo que es lo mismo, a mayor actividad lectora, mayor calidad de la escritura.

Por eso no resulta extraño que personas con muy bajo nivel de instrucción, pero muy dedicadas a la práctica de la lectura, muestren un dominio ortográfico, cuando no perfecto, aceptable. Y por eso no tiene nada de extraño que profesionales como el ingeniero precitado escriban tal y como aparece en la nota más arriba transcrita. Porque como muy acertadamente afirma el lingüista y profesor universitario, Santiago Cabanes:

« La lengua hablada entra por el oído y sale por la boca; los mudos los son por sordos. Pero la lengua escrita entra por los ojos y sale por la punta del lapicero o por la pantalla de la computadora; y todo por la magia de la lectura. Por lo tanto: buena escritura = mucha y buena lectura»

jueves, 11 de abril de 2013

DE LO GRACIOSO A LO RIDÍCULO.
(Exabrupto de un bachatero emocionado)

Por: Domingo Caba Ramos.


 Durante la dictadura de Trujillo, por razones políticas, cientos de dominicanos perdieron la vida, cientos fueron torturados y cientos sufrieron los rigores de injustas prisiones. Como resultado de esa realidad, cientos de hijos quedaron huérfanos, cientos de esposas quedaron viudas y cientos de madres perdieron a sus hijos. El dolor no se aparta de las víctimas del tenebroso régimen, y las cicatrices de las torturas, como huellas malditas, aún yacen plasmadas en los cuerpos de los que lograron escapársele a la muerte.

 Cuando un bachatero llamado Anthony Santos, emborrachado por la emoción e impulsado, talvez, por el endiosamiento y la ignorancia, incurre en el irrespeto de alabar públicamente a Trujillo, insulta, se burla, ofende y les falta el respeto, no solo a quienes desaparecieron, fueron asesinados y padecieron los tormentos de las cárceles trujillistas, sino también a esas viudas, a esos huérfanos y a esas madres adoloridas.

 Su inoportuno, ridículo y desagradable « ¡Viva Trujillo!, constituye un hecho sin precedente en nuestro país, por cuanto en el tiempo que llevo respirando, jamás había visto que alguien, en un acto público, se atreviera a ensalzar la imagen del sanguinario dictador.

Me informan que este bachatero, cuando en las fiestas que ameniza, sus emociones alcanzan el tope , suele incurrir en todo tipo de exabruptos, disparates o extravagancias léxicas y en cuantas prácticas le permitan "hacerse el gracioso"; pero él debería saber que esa gracia se torna ridícula y odiosa cuando de manera torpe e irracional se atreve a emitir un ¡Viva Trujillo! en un acto observado por miles de niños, jóvenes y adolescentes, y posiblemente por muchos de los dominicanos que sufrieron los rigores de la de férrea dictadura.

¿A qué se debe semejante conducta lingüística?

Anthony Santos, tenemos que admitirlo, es el más popular y cotizado cantante de bachata de la República Dominicana. Su popularidad ha alcanzado niveles que desbordan los límites de la idolatría y el endiosamiento. Como existe una estrecha relación entre la conducta lingüística y el autoconcepto de la persona, es común que cuando un individuo se siente endiosado, idolatrado y magnificado por la valoración social, más si carece de formación académica y emerge de la pobreza extrema, entienda que está por encima del bien y el mal, que todo lo que dice “le luce” o genera gracia, que las leyes no rozan su epidermis, razón por la cual todo lo puede decir sin temor a ser penalizado. Es exactamente lo que sucede con el anciano comunicador Álvaro Arvelo (Alvarito), el más endiosado dominicano después de la muerte de Balaguer, cuyas “pleberías”, pestilencias y deformadoras cloacas verbales gravitan de manera negativa en el habla de los dominicanos.

 ¿Sabrá Anthony Santos quién fue realmente Trujillo? ¿Sabrá que existe una ley en nuestro país que prohíbe la propaganda trujillista? ¿Entenderá que cada lugar demanda un tipo espacial de comportamiento? ¿Entenderá que en la solemnidad del Teatro Nacional no se puede actuar y hablar igual que en el bullicio e informalidad de  un rancho típico?

Ojalá que el popular y talentoso bachatero noroestano no repita tan repudiado comportamiento y, en tal virtud, quizás convenga recordarle lo que no hace mucho escribí en uno de mis artículos:

 «El sabio utiliza la lengua con sumo tacto, prudencia y sentido común. El necio, en cambio, actúa con torpeza, irrespeto, imprudencia y ligereza. El sabio sabe qué, dónde y cuándo hablar. El necio no mide lo que dice, esto es, habla de todo, en todo momento y en cualquier lugar. El sabio, por sabio, sabe cuándo debe callar. El necio, por torpe, nunca calla y “dice todo lo que se le viene a la boca”, restándole así efectividad al acto comunicativo. Olvida este que la esencia de una efectiva comunicación consiste en callar lo que no se debe decir y decir lo que no se debe callar»

sábado, 6 de abril de 2013

LO QUE ES Y LO QUE PARECE EN EL USO DE LA LENGUA.

 Por: Domingo Caba Ramos.

1. «′B′ DE BURRO» y «′B′ DE VACA» 

Las letras como las personas tienen sus nombres (“pe”, “equis”, “ene”, “jota”, “hache”, “efe”, “zeta, etc.) Y así como en el género humano el nombre sirve para distinguir a una persona de otra, en el abecedario, los nombres de los signos que lo conforman sirven para diferenciar una letra de otra. Es el caso de las grafías “b” y “v”. Aunque fonéticamente se pronuncian de la misma forma, una y otra acusan notables diferencias, no sólo ortográficas, sino también nominales. La primera se llama be (denominación recomendable) En América recibe también los nombres de “be alta” y “be larga”.

 La segunda se denomina “uve” (recomendable), pero los hablantes americanos la llaman indistintamente “ve”, “ve corta”, “ve baja” y “ve chica”.

 En la República Dominicana, como resultado, talvez, de una distorsión en la enseñanza de la lengua española o de un falso concepto aprendido en la escuela antigua, esa distinción se establece de manera un tanto zoológica o “con pintoresca nomenclatura”, llamándole “be de burro” a la “b” y “ve de vaca” a la “v”.

Se trata del mismo error en que se incurre cuando se habla de “c”( ce ) de casa y “k” (ca) de kilómetro” Es como si se quisiera dejar establecido que aparte de las empleadas para escribir las palabras burro y vaca, existen en nuestro idioma otros tipos de bes.

Conviene aclarar que las letras “b” y “v” representan el mismo fonema /b/ en todos los países de habla española: el sonido consonántico bilabial sonoro /b/, esto es, no existe, como se ha enseñado y piensan muchos, diferencia alguna en la pronunciación de las letras “b” y “v”. Como bien lo establece al respecto don Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española:

 « La pronunciación de v es en español idéntica a la de b. Las dos letras corresponden a un mismo fonema, /b/; se pronuncian igual, por tanto, cabo y cavo; vaca y baca; sabia y savia; /tubo y tuvo. Pretender pronunciar v con articulación labiodental es un error de algunos locutores y profesores que se pasan de correctos…» (1986:371).

 En otras palabras, la articulación labiodental de la "v” jamás ha existido en español. Cuando así ocurre, se trata de un equivocado prurito de corrección basado también en erróneas recomendaciones del pasado.

 2.- CELEBRAR / CONMEMORAR.

 Celebrar – se lee en el “Manual de español urgente” (1995) – no debe confundirse con conmemorar» Y no deben confundirse tales voces, por cuanto una y otra entrañan significados diferentes.

 Pero la confusión, especialmente en nuestros medios periodísticos, existe y persiste. Y esta se pone de manifiesto cuando se conmemora el “Día internacional de la mujer”. Para referirse a tal fecha, periodistas, comentaristas y columnistas emplean indistintamente los verbos “celebrar” y “conmemorar”.

 Según el Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española, duodécima edición, 1970), ‘celebrar’ y ‘conmemorar’ soportan los siguientes significados:

« Celebrar.- Alabar, aplaudir, encarecer a una persona o cosa» (pág.288).

 «Conmemorar.- Hacer memoria o conmemoración» - ( pág. 344).

 « Conmemoración.- Memoria o recuerdo que se hace de una persona o cosa» (pág.344).

 De los conceptos preindicados, obviamente se infiere que el verbo celebrar lleva envuelta la idea de festejos, aplausos, júbilo y otros sentimientos de alegría; en tanto que conmemorar alude a simples recuerdos de situaciones vinculadas a hechos y personas que han impactado negativamente nuestras conciencias . En tal virtud, puede celebrarse la fecha de nacimiento de un pariente o la de un héroe nacional, Duarte, por ejemplo; pero jamás la fecha de su muerte. Esta deberá conmemorarse.

 El día 30 de mayo de cada año, los dominicanos podemos celebrar “con bombos y platillos”, toda vez que en una fecha igual nos quitamos de encima la férrea dictadura que durante tres décadas encabezó el tirano presidente Rafael Leonidas Trujillo Molina; pero no así el 28 de abril, puesto que un día como ese ocurrió un acontecimiento bastante luctuoso para el pueblo dominicano: el irrespeto o mancillamiento a nuestra soberanía llevado a cabo por tropas del ejército norteamericano. Y merced a lo antes expresado, igualmente resultaría ilógico celebrar el “Día internacional de la mujer”, ya que un 8 de marzo ocurrió en Nueva York un trágico hecho, el asesinato de un grupo de obreras que reclamaban reivindicaciones laborales, hecho que por su trágica e inhumana esencia a nadie se le ocurriría festejar, sino conmemorar.

 Conforme a los juicios precedentes valdría entonces tenerlo siempre presente: no es lo mismo ‘celebrar’ que ‘conmemorar’

martes, 2 de abril de 2013


DESDE LAS ALTURAS DEL PEÑON.
 (Breve crónica de una caminata anunciada)

Por: Domingo Caba Ramos

“La belleza del monte es múltiple, infinita, cuando lo dora la luz del sol, cuando lo azota la tormenta, cuando lo bate la lluvia, a toda hora, en cada estación, eternamente...”

 (Francisco Moscoso Puello: Cañas y bueyes)


 Domingo, 7 de agosto de 1994.

 Cuando el reloj marcó las 9:00 a.m., ya todos los socios ( activos y honorarios) del Club Rotario Tamboril estábamos concentrados alrededor de los tres vehículos que nos trasladarían hasta la entrada del angosto sendero que conduce hacia una de las más impresionantes y talvez menos exploradas de las elevaciones pertenecientes a la Cordillera Septentrional: El pico Peñón.

 En el seno del pueblo la mañana ardía. Mañana calurosa de agosto. Mañana de verano. Más, allá, en el corazón de la montaña, divisábamos la presencia de espesos y negros nubarrones, los cuales parecían anunciar la llegada inminente de la lluvia refrescante.

 Una simple señal del Ing. Agrónomo Domingo Rodríguez, quien además de fungir de cicerón tuvo a su cargo la coordinación de todo lo relativo al muy instructivo y recreativo viaje, bastó para que de inmediato emprendiéramos la marcha.

 Apenas unos pocos minutos de carrera y ya nos encontrábamos ascendiendo por la empinada carretera que comunica las comunidades de Canca La Piedra y Carlos Díaz.

 Las veloces camionetas, diestramente piloteadas por don Pablo Henríquez, Porfirio Guzmán y el veterano mecánico Danilo Rodríguez, mejor conocido con el mote de “San Víctor”, más que correr, parecían danzar al tener que moverse de manera irregular por la tortuosa y bailarina ruta.

 Antes de las diez llegamos a la comunidad de Arroyo del Toro. Aquí estacionamos los vehículos para iniciar nuestra caminata hacia la entrada del monte, y aquí también apareció Julián, el atento jovencito que nos sirvió de guía.

 - “Allá, en el pico, nadie debe lanzar desperdicios, escribir nombres en los árboles ni mucho menos extraer plantas para llevar a sus hogares” - sentenció el Ing. Rodríguez, actual macero del Club, consagrado ecologista y dos veces presidente de la Sociedad Ecológica del Cibao (SOECI). Y sin mediar palabras dio comienzo a sus botánicas explicaciones:

 - “¿Ustedes ven aquellas matas, parecidas a la palma? Esas son las manaclas y pertenecen a la misma familia de la cana, el guano, coco, es decir, al grupo de las llamadas plantas palmeras…”

Empezamos a subir.

 Muy pronto la respiración de todos se tornaría más acelerada, los pasos más lentos y largas columnas de sudor comenzarían a descender por los cuerpos agotados.

 Producto del cansancio, Albita, cual Jesucristo azotado, completó su tercera caída. A don Félix Henríquez lo vimos rodar como el ágil pelotero que se desliza en el robo de base, en tanto que al doctor Carlos Tejada fue necesario “remolcarlo” y hasta se valoró la posibilidad de aplicarle respiración boca a boca.

 - “Esa otra mata - continúa nuestro orientador - se llama Guayullo y suele utilizarse como insecticida o repelente de insectos”.

 - “Cuando yo nací - amplía don Braulio López, con aire de experto naturalista - ya los campesinos lo usaban como repelente, así cuando las gallinas tenían piojillos les forraban el nido de guayullo e inmediatamente el piojillo moría”. Luego le escucharíamos susurrar, con orgullo inocultable: - “Ven, que yo no soy fácil”.

 En el transcurso de la travesía hubo un momento de tensión e inquietud y fue que Carlos José Rosario, presidente de los rotarios excursionistas, desapareció sorpresivamente y no respondía a nuestros insistentes llamados. Cuando reapareció pudimos comprobar que el “presi” no se había extraviado ni estaba realizando “oficio particular alguno de carácter fisiológico”,  como pensaban mentes morbosas, sino devorando guayabas en medio de la espesura del bosque.

 Pero a pesar de las dificultades, logramos llegar hasta la misma cima del Peñón.

 - “La cumbre del Peñón - interviene nuevamente Domingo - es el límite exacto entre las provincias de Santiago y Puerto Plata y está situada a una altura de unos mil metros sobre el nivel del mar. Nótese la gran abundancia de helechos. Cuando en un lugar nos encontramos con este tipo de vegetal, esto indica que en dicho lugar la pluviometría sobrepasa los dos mil doscientos milímetros, vale decir, que es mucha la lluvia que cae en esta zona”.

 Y en lo que respecta a las características del terreno, expresa lo siguiente:

 - “Estas tierras son de clase 6 y 7, esto es, suelos de muy poca fertilidad. Según las investigaciones, existían en este sitio grandes minas de ámbar, las cuales con el tiempo se han petrificados. Como podrá apreciarse - apunta con evidente amargura - ya no hay árboles, todos fueron cortados indiscriminadamente y por eso hoy sólo percibimos la presencia de hierbas y arbustos. En tal virtud pienso - puntualiza finalmente - que el presidente de la República debiera emitir un decreto mediante el cual se declare este monte como zona vedada para que así no penetre nadie a su interior y mediante el proceso de reforestación natural, vuelvan a levantarse los frondosos árboles que en épocas pasadas yacían plantados en este serrano y fresco ambiente” 

Es la una de la tarde, hora propicia para picar y cherchar bajo la sombra extasiante producida por las ramas entretejidas que nos sirvieron de techo protector. A partir de este instante ya no percibíamos las ilustrativas descripciones científicas relativas a la flora rastreada, sino las sazonadas ocurrencias de don Braulio, las mudas sonrisas de César Rodríguez y Publio Germosén, el inarmónico ronquido, cuando dormía, de Lourdes Tapia, la incansable secretaria ejecutiva de SOECI, la risa explosiva de Camucha y los cuentos multicolores de Domingo y Julio Rosario, este último, síndico tamborileño recién electo.

 Y entre chistes y tragamientos yo esparcía mi espíritu contemplando desde las alturas del Peñón la siempre imponente imagen del monumento santiagués, la iglesia Corazón de Jesús de Moca, con su cúpula rozando las estrellas, la chimenea de la cementera esparciendo hacia el infinito su humo blanquecino, el desplazamiento de los automóviles, las calles, carreteras, las copas de los árboles que vistos desde arriba semejan hileras interminables de cómodos o confortables colchones tachonados de verdes hojas. Y en fin, los múltiples encantos que a la vista nos presenta nuestro bien amado Valle del Cibao.

 A las 2:00 p.m., emprendimos el viaje de regreso.

 Cuando por última vez clavé la mirada en el vientre de la cumbre recorrida, de nuevo afloraron a mi memoria las palabras del artista literario inicialmente citado en la presente crónica:

 “La belleza del monte es múltiple, infinita, cuando la dora la luz del sol, cuando lo azota la tormenta, cuando lo bate la lluvia, a toda hora, en cada día, en cada estación, eternamente...”

 (La Información: 26 - 8 - 94)

martes, 26 de marzo de 2013

LOS VIERNES SANTOS DE MI INFANCIA.

LOS VIERNES SANTOS DE MI INFANCIA.
 Por: Domingo Caba Ramos.



 Los tiempos cambian, y con los cambios epocales, cambian también los hábitos y las creencias de las personas. Es lo que ha sucedido con las costumbres o prácticas que se llevaban a cabo los viernes santos de la época de mi niñez, las cuales se han transformado sustancialmente con la apertura, la globalización, el desarrollo científico y el proceso de urbanización de la nación dominicana.

 El viernes santo es la fecha cumbre del cristianismo, particularmente del mundo católico, por cuanto se conmemora la crucifixión, muerte y resurrección de Cristo.

 Influenciado por las creencias cuasi medievales de un pueblo dominicano mentalmente virgen, ingenuo e inocente, ese día, en la comunidad mocana donde nací, estaba prohibido bañarse en ríos y playas, porque quien lo hacía, según nuestros mayores, podía convertirse en un pez.

 No se podía cortar nada, clavar ni golpear, porque al proceder así, se estaba cortando, clavando y golpeando a Cristo. Por eso los cocos y las batatas, utilizados en la preparación de las habichuelas “con dulce”, había que pelarlos el jueves antes; y por eso, igualmente, las “pelas”, para castigar cualquier acto de travesura que yo o uno de mis hermanos cometiéramos, conscientes de que en esa fecha la correa no se accionaba, mi madre las dejaba pendientes para el día siguiente. Y créanme que en eso de cumplir con esa “pela” o “santo” castigo, nuestra amorosa, pero firme progenitora era superefectiva : no se le olvidaba nada.

También estaba prohibido comer carne, y cortar una rama de piñón o de la flor llamada “sangre de Cristo”; porque de una y otra rama podía brotar sangre, “la sangre de nuestro Señor Jesucristo”. Y, lo más sorprendente y curioso aún : las parejas de amantes no podían “hacer el amor” o sostener relaciones sexuales, pues corrían el riesgo, según la creencia, de quedarse “pegaos”.

 No se podía hablar fuerte, había que “ayunar”, como muestra de sacrificio, y si al despertar en la mañana, la persona no hablaba, y así, mudo, se dirigía al “pozo” o al río a extraer agua y depositarla en una botella o cualquier otro recipiente, esa agua se consideraba bendita.

 En cuanto a la programación musical de las estaciones de radio, durante el viernes santos solo se trasmitía la música de los grandes maestros (música sinfónica: Bach, Mozart, Beethoven, Handel, Vivaldi…); nada de música popular (salsa, bolero, merengue, etc.), y difícilmente nos encontrábamos con alguien ingiriendo bebidas alcohólicas.

Común era en los tiempos de mi infancia el intercambio de habichuela “con dulce” entre vecinos, expresión de la más fraterna y sana convivencia, hoy en vía de extinción, especialmente en los grandes centros urbanos, en los que muchas veces no sabemos el nombre y ni siquiera saludamos en cada amanecer al vecino que habita a nuestro lado.

 Heráclito de Éfeso (Siglo VI A.C.), uno de los más ilustres pensadores de la Grecia antigua, precursor y para muchos padre de la dialéctica, definió el carácter cambiante y dinámico de las cosas al establecer que “ Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”. Según él, todo fluye, todo cambia, todo es dinamismo y movimiento. Todo es fluir y devenir constante.

 Siglos después, Marx y Engels crean el Materialismo Dialéctico (1840), y como parte de este formulan la famosa ley del cambio dialéctico. Según esta todo se transforma. Nada permanece estático. La realidad es un proceso de cambio constante.La verdadera realidad es la transformación, el devenir.

 Gracias a la naturaleza cambiante de la realidad y al imperio o fuerza del cambio dialéctico, es comprensible y natural que aquellos lejanos viernes santos de mis años infantiles, pletóricos de misticismo y espiritualidad, sean muy distintos a los viernes santos de los tiempos modernos, en los que la religiosidad parece ocupar un lugar secundario, y en los que la romería, lo bacanal, el ultragozo y lo ultrafestivo parecen ser sus rasgos característicos.