domingo, 19 de agosto de 2012


EL VERDADERO ROSTRO DE ALVARITO ARVELO.

El periodista Álvaro Arvelo (Alvarito) es uno de los comunicadores que más daños o distorsión ha causado en el pensamiento social y lingüístico de la República Dominicana, tanto que en mi condición de educador y lingüista siempre he recomendado a los padres que no permitan que sus niños y adolescentes escuchen el programa "El gobierno de la mañana", pues podrían copiar la conducta lingüística e incorporar a su léxico los exabruptos, “malas palabras” o inmundicias verbales a que nos tiene acostumbrado el anciano , narcisista y arrogante comunicador.

En los países con un alto nivel de analfabetismo como el nuestro, es común, sin embargo, la práctica de endiosar a todo aquel que, como Alvarito, hace gala de ser una especie de “Salomón resucitado”, contribuyendo ese endiosamiento a encumbrar aún más su ego, potenciar sus inconductas y creerse que ciertamente es un verdadero Dios.

Pero no se crea que los emotivos, caprichosos y muchas veces interesados ($) juicios de este señor son nuevos. Note, por ejemplo, como especifico y comento en el artículo que sigue, lo que fue capaz de proponer públicamente en 1988:

PESIMISMO Y NACIONALISMO
Por: Domingo Caba Ramos.

En su muy leída columna “Cápsulas” (El Nacional 20 - 6 - 88) el periodista Álvaro Arvelo hijo, publicó una serie de consideraciones que causaron bastante revuelo en el ánimo de muchos lectores.

Entre otras ideas, Arvelo hijo expresaba en la referida columna que en virtud de que los dominicanos no podían resolver los diversos problemas que los afectan, éstos debían solicitar su incorporación a los Estados Unidos, conformando de esa manera el Estado número 51 del poderoso imperio del norte.

Alvarito Arvelo nos presenta unos juicios valorativos del hombre dominicano que no podían ser más negativos y aterradores. Según él, los dominicanos constituyen en su totalidad un pueblo de vagos, chismosos, traidores, sadomasoquistas, ladrones, ingratos, maleducados, intrigantes, arribistas y todo lo malo del género humano.

Y como para ponerle la “tapa al pomo”, el destacado comunicador señala que “este es un pueblo inferior, este es un pueblo mediocre, la dominicanidad es una ficción, esto no es un país, esto no es una república, esto no es más que un revolcadero de burros”.

Reitero que todos estos argumentos mellaron profundamente el sentimiento nacionalista de muchos dominicanos que talvez pensaron que el periodista que nos ocupa estaba afirmando algo nuevo u original.

Pero la realidad es otra.

Álvaro Arvelo hijo, lo único que ha hecho es recrear viejas tesis pesimistas sustentadas en el siglo pasado por aquellos dominicanos que provistos de una mentalidad colonialista sostenían que nuestro pueblo era incapaz de labrarse su propio destino sin la ayuda de una potencia extranjera. Álvaro Arvelo lo único que ha hecho es resucitar con nuevos matices expresivos las tesis pesimistas asumidas por los más connotados representantes del pensamiento social de principio de siglo (Francisco Moscoso Puello, José Ramón López, Federico García Godoy, etc.) y que la literatura sociológica dominicana ha recogido bajo el nombre de: “EL GRAN PESIMISMO DOMINICANO”.

Como Arvelo hijo pensó Buenaventura Báez cuando en enero de 1844 sometió al rey de Francia un proyecto (PLAN LEVASSEUR) para el establecimiento de un protectorado francés en la parte oriental de la isla de Santo Domingo a cambio de que Francia otorgara la ayuda necesaria para lograr la separación dominicana de Haití.

Como Alvarito Arvelo pensó Pedro Santana cuando en 1861 anexó nuestra República a España, argumentando que los dominicanos por sí solos no estaban aptos para garantizar la independencia y enfrentar a nuevos invasores haitianos.

Igual que Álvaro Arvelo pensaba Francisco Moscoso Puello cuando en sus famosas “CARTAS A EVELINA” (1974) escribió que el hombre dominicano es un ser “turbulento y haragán, casi no sirve para nada. En ocasiones es un verdadero estorbo. Y es además, un cofre de vicios. Bailar, jugar y emborracharse y robar son sus cualidades características. Es un hombre primitivo todavía. Vive distanciado de toda idea elevada. Entregado a pasiones muy bajas. Nada le ha entusiasmado ni nada le estimula. Sólo vive para el amor y para la ratería. Tiene muchas características del mono, su compatriota más distinguido”. (Págs. 52 /53).

Y como Álvaro Arvelo hijo pensaba José Ramón López cuando en su ensayo “La Alimentación y la raza” (1975) sostenía que “el campesino dominicano era un ser vicioso, violento, haragán, bruto, jugador, homicida y degenerado”.

Fácilmente se advierte que las ideas de Alvarito Arvelo, Moscoso Puello y José Ramón López confluyen en un punto común por cuanto en ellas se expresa una visión pesimista de nuestro pueblo y una imagen peyorativa del hombre dominicano.

Queda demostrado, pues, que los criterios expuestos por el autor de las cápsulas en su polémico artículo se inscriben en una corriente del pensamiento social que tuvo su raíz en el pasado siglo pero que aún cuenta con ilustres representantes, entre los que se destacan no sólo el distinguido periodista a quien nos hemos referido, sino también todos aquellos dominicanos que proclaman que el nuestro es un país de “chimichurris”, de “cherchorcitos”, de “lambocitos”, de “locos2, de “comecheques por la izquierda”, de “bandiditos”, etc.

Respetamos aunque rechazamos de manera radical los conceptos emitidos por el señor Álvaro Arvelo hijo. Porque si así hubiera pensado Juan Pablo Duarte es posible que hoy estuviéramos gobernados por haitianos, franceses, españoles, ingleses o quien sabe.

Y porque el día en que tengamos que admitir que nuestra patria debería ser incorporada a otra nación más próspera, ese mismo día nos marcharíamos hacia el país cuya protección ambicionamos y nos apartaríamos para siempre de nuestros “vagos” “chismosos” y “traidores” compatriotas, dejando tras nosotros el cielo, los mares y el heroísmo de este bello y querido pueblo dominicano.

(El Nuevo Diario: 11 - 7 - 88)


lunes, 13 de agosto de 2012

CELSO BENAVIDES
(In Memoriam)
Por: Domingo Caba Ramos.

¡Ha muerto Celso Benavides! ¡Ha muerto un sabio! ¡Ha muerto un gran Maestro!

Abogado, lingüista, investigador, Miembro Correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua, profesor meritísimo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y uno de los académicos de más sólida formación lingüística de la República Dominicana, con su muerte el país pierde a un maestro de inigualables virtudes y quien con mayor entrega y rigor reflexivo asumió la enseñanza de la lengua.

Humilde, metódico, exigente, disciplinado, organizado, puntual, responsable, competente y cumplidor, todo en grado sumo, son solo algunos de los rasgos que definen el perfil profesional de este sabio educador.

El nombre de Celso Benavides quizás le suene y diga muy poco a quienes no han estado vinculados al mundo académico y, de manera muy particular, a la UASD. No así, a todos aquellos que tuvimos la honra y privilegio de tenerlo como maestro y saborear el dulce néctar de sus sabias enseñanzas.

Fue él un verdadero MAESTRO de maestros, así con mayúscula. El maestro que no solo se complacía con informar o dar conocimientos, sino que formaba en valores, forjaba conciencias y enseñaba métodos de estudios que contribuyeran al desarrollo individual del estudiante. El maestro que tuvo la virtud de marcar positivamente a cada de los discípulos que recibimos sus orientadoras lecciones. Porque, ¿qué estudiante, especialmente de Educación y Lingüística, no recuerda con aprecio y respeto a este consagrado y digno educador? ¿Qué enseñante dominicano por él formado no se siente comprometido a poner en práctica las enseñanzas transmitidas por su antiguo maestro y pregonar pletórico de orgullo: “Yo fui alumno de Celso Benavides”?

De Celso podemos decir con toda propiedad que enseñó “con la actitud, el gesto y la palabra”, como lo recomendara la educadora e insigne poetisa chilena, Gabriela Mistral. Que en su edificio mental, como es común en el comportamiento de todo sabio, la vanidad nunca encontró posada. Y que si existiera en nuestro país un premio a la “Excelencia Docente”, a él habría que otorgárselo; aunque ya de manera póstuma.

Andrés L. Mateo, brillante escritor y también profesor de la UASD, minutos después del fallecimiento del doctor Benavides, escribió acerca de este lo siguiente:

No es un nombre sonoro, vida de bajo perfil público, pero un hombre consagrado a la enseñanza de la lengua española y a la lingüística, cuya obra todo el que vive en el mundo académico dominicano reconoce. No exagero si digo que su nombre está ligado a los poquísimos enseñantes de la lengua que en nuestro país alcanzan el grado de la excelencia profesoral. Dedicado, minucioso, perspicaz y profundo, por sus diestras orientaciones atravesaron una enorme cantidad de los profesores dominicanos que hoy sirven al sistema educativo. Autor de libros de lingüística y enseñanza del español, profesor meritísimo de la UASD, es un ejemplo de vida dedicada a la construcción del bien común.” (Tomado de su muro en Facebook, viernes, 11/8/2012)

Poseía el maestro Benavides un elevadísimo sentido de la calidad que rayaba en el perfeccionismo. Por esa razón se llevó a la tumba la mayor parte de su dilatado saber, dejando así de publicar la cantidad de libros que todos hubiéramos deseado. Apenas escribió dos textos, de extraordinario valor para el conocimiento de la lengua, y pioneros en su género: Fundamentos de historia de la lengua española (1985) e Introducción a la Lingüística (1986), escrito este último en colaboración con el profesor Carlisle González Tapia.

Cuando me enteré de su muerte, a mis labios afloró la misma interrogante que pronunciara el brillante bardo nicaragüense Rubén Darío, cuando al enterarse de que José Martí, uno de los precursores del movimiento literario por aquel fundado, el Modernismo, había muerto en combate, preguntó casi en forma automática : “¿Maestro, que has hecho?”

Cuando me enteré de su muerte, igualmente se me ocurrió preguntar: ¿Por qué, maestro, decidiste abandonar tan de repente este complejo pero agradable mundo de los mortales?

Hasta ese momento estuve convencido de que en verdad existían muertes repentinas, quizás porque había olvidado las sentenciosas palabras de ese genio del verso español llamado Francisco Quevedo y Villegas y las cuales yacen resumidas en el siguiente cuestionamiento:“¿Cómo puede morirse de repente quien desde que nace ve que va corriendo la vida, y lleva consigo la muerte?”

En este doloroso y triste momento, maestro Benavides, nos encontramos aquí, no para decirte adiós, sino para expresar con solemne y esperanzador acento: ¡Hasta luego Maestro!

 ¡Hasta luego Maestro!, te dicen tus amigos, parientes y relacionados.

¡Hasta luego Maestro!, te dicen los profesores y alumnos de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

¡Hasta luego Maestro!, te dice esa gran legión de educadores que lograste formar durante tu larga carrera docente.

¡Hasta luego Maestro!, te decimos los estudiantes de la Maestría en Educación Superior: Mención Lingüística, que con tanto entusiasmo tú coordinaste en el Centro Universitario Regional de Santiago (CURSA)

Que tus restos gocen del descanso eterno y sean siempre iluminados por las mismas luces con las que tú supiste alumbrar las mentes oscuras de tantas generaciones de discípulos. Inclinados reverentemente frente a tu cadáver, nos despedimos de ti con las mismas palabras utilizadas por la maestra y poetisa dominicana, Salomé Ureña, para honrar la memoria del eximio pensador y educador puertorriqueño, Eugenio María de Hostos:

“Te vas, pero germinará la simiente que dejas en el surco y los frutos del porvenir se fecundarán con las sabias de tus doctrinas pedagógicas. ¡Adiós!, cuando en las horas tranquilas que te esperan bajo otro cielo, acuda a tu memoria un pensamiento de amargura en el cual palpite el nombre de mi patria, piensa también que hay en ella corazones amigos que te recuerdan y almas agradecidas que te bendicen”.














martes, 31 de julio de 2012

PREGUNTAS, AFIRMACIONES Y OTRAS INDELICADEZAS EXPRESIVAS.


Por : Domingo Caba Ramos


« Si lo que usted va a decir no es más hermoso que el silencio, entonces cállese»
 (Proverbio chino)

En la universidad tuve una alumna que era muy flaca, extremadamente flaca. Sus amigos, compañeros de estudio y hasta sus propios familiares no la dejaban en paz:

“¡Dios mío, qué esqueleto!”, “Tú te ves fatal”, “¡Muchacha, ponte a comer para que engordes!”, “¿Pero es el Sida que tú tienes?, eran sólo algunos de los flechazos articulatorios que diariamente recibía la brillante estudiante de mercadeo.

Tengo un amigo que es gordo, extremadamente gordo. Su figura se ha convertido en el blanco predilecto hacia el cual van dirigido los siguientes dardos o proyectiles expresivos:

“¿Y como tú conseguiste toda esa gordura?”, “¿Como cuántas libras tú pesas?”, “¡Tú te ves horrible con toda esa manteca!”, “Cuando paras, yo quiero un marranito”, “¡Muchacho, ponte a correr pa que baje esa panza!”, “Ese arroz como que te está aprovechando”…

Tuve una compañera de trabajo en cuyos años de noviazgo, la presión y el asedio de amigos y relacionados la tenían casi al borde del siquiatra:


“¿Cuántos años tú tienes de amores?”, ¿Y es que ustedes no se piensan casar...? “Tú y tu novio ya son casi hermanos”, “¿Y qué es lo que ustedes esperan…?

Mi amiga por fin contrae nupcias. De inmediato se prepara para convertir en realidad el gran sueño de su vida: tener un hijo, sueño que jamás pudo materializar, debido a que cada vez que paría, sus criaturas nacían muertas. Su inmenso dolor parecía multiplicarse y su depresión se tornaba cada vez más crónica desde el mismo instante en que su tímpano era martillado con frases como estas:

“¡Muchacha, los hijos hay que tenerlos!”, “Un matrimonio sin hijos no es matrimonio…”, “Ponte en tratamiento pa que para…”, “Te vas a volver una viejita y no vas a tener un hijo…”

Obviamente que no hay que ser sicólogo para imaginarse el negativo efecto que expresiones como las preindicadas generan en la mente de quien desea tener un hijo, pero no puede.

A otro de mis amigos le sobra edad para casarse, pero permanece soltero o “solterón”, como peyorativamente prefieren llamarlo algunos. Ha optado él por disfrutar una vida bohemia o practicar el amor de los marineros, quienes, al decir de Pablo Neruda, “besan y se van / en cada puerto dejan un amor / y no vuelven más”. Por adoptar semejante conducta, hasta mi “enllave” llegan casi a diario los más diversos, odiosos e indelicados puyazos verbales:

“¿Ya te casaste…?”, “¿Y para cuándo lo vas a dejar…? “¡Ese tipo es como raro o alguna maña debe tener…! “Ese es un picaflor…”, “Ese carajo debe ser ‘pájaro’…”, “Es un bohemio que le gusta estar con una hoy y otra mañana… “¿A qué le temes…?”

Dentro de ese marco de imprudencia expresiva se inscriben preguntas como las siguientes : ¿Cuántos ganas? ¿Qué edad tienes…?

Los anteriores son sólo algunos de los tantos casos de indelicadezas en que suelen incurrir muchos hablantes dominicanos en el uso cotidiano de lengua. Se trata de conductas verbales típicas de sociedades poco desarrolladas, matizadas por evidentes rasgos aldeanos o en las que late el alma del suburbio y la cultura del vecindario. En ese tipo de sociedades, cuando de la vida personal de los demás se trata, todo se indaga, afirma y pregunta. Y en vez de actuar como el sabio, procedemos como el necio.

El sabio utiliza la lengua con sumo tacto, prudencia y sentido común. El necio, en cambio, actúa con torpeza, irrespeto, imprudencia y ligereza.

El sabio sabe qué, dónde y cuándo hablar. El necio no mide lo que dice, esto es, habla de todo, en todo momento y en cualquier lugar.

El sabio, por sabio, sabe cuándo debe callar. El necio, por torpe, nunca calla y “dice todo lo que se le viene a la boca”, restándole así efectividad al acto comunicativo. Olvida este que la esencia de una efectiva comunicación consiste en callar lo que no se debe decir y decir lo que no se debe callar.

Olvidan los necios, en fin, que en el uso de la palabra hay que ser lo más cauto o medido posible, muy especialmente en el instante en que haya que emitir una opinión o formular una pregunta; pues de lo contrario, podría ocurrirnos lo mismo que a la famosa mona curiosa de que nos habla la literatura cubana: por sus reiteradas y necias preguntas, siempre tena problemas o vivía en permanentes conflictos con los demás animales.

viernes, 29 de junio de 2012

AL MAESTRO SIN CARIÑO
(A Pedro, Gernalda y Basilio Caba)

Como repite mi exalumno y hoy destacado académico, Pancho Zapata, formo parte de una “dinastía” magisterial conformada por los hermanos a quienes está dedicado el presente artículo. Dinastía a la que me integré como cuarto y último miembro, y a la cabeza de la cual se encuentra mi hermano Pedro, competente y consagrado educador, a quien sin pasión tenemos que considerar como uno de los más nobles seres humanos paridos en nuestro hermoso y siempre amado Valle del Cibao.

Fiel amigo, excelente y amoroso padre, esposo ejemplar y hermano solidario, él fue el ejemplo a seguir en nuestra tortuosa, pero placentera trayectoria docente. El mismo ejemplo que en términos del comportamiento general a todos, tempranamente, nos inyectó nuestra fenecida y siempre recordada madre: doña Librada.

Fue Pedro el primero en inculcarnos la idea de que un buen maestro tiene que desempeñar sus delicadas funciones con entrega y responsabilidad, planificar siempre las clases que imparte, leer e investigar mucho para mantenerse actualizado sobre los principales acontecimientos que se verifican en el mundo de la ciencia y la cultura, enseñar siempre con el ejemplo, y, sobre todo, respetar a los alumnos y mostrar interés por todo lo que ataña a la formación general de estos.

Exmaestro y director de educación básica y media en el municipio de Moca, el hoy abogado, master en derecho internacional y profesor universitario, nos enseñó que si bien las autoridades no son dadas a reconocer o incentivar la labor del maestro, no por esta razón, este debe comportarse de manera irresponsable en el ejercicio de sus funciones. Y nos enseñó también, que no es verdad que el maestro es un apóstol, como históricamente, política y maliciosamente, han querido presentarlo los sustentadores del status quo, con el deliberado propósito de invalidar cualquier tipo de lucha reivindicativa. Y que si así fuera, entonces estaríamos frente a frente a un apóstol muy singular: un apóstol afectado por las mismas necesidades y problemas vitales que sufren los demás seres. Un apóstol que viste, que se enferma, que paga agua y luz, que se alimenta, que necesita divertirse, comprar libros y actualizar sus conocimientos, que paga alquiler de casa, que compra leche, que pasea, baila y bebe ron, wisky, cerveza y vino. Un apóstol que tiene que enfrentar los múltiples problemas económicos que la vida le plantea. Un apóstol, en fin, que necesita tener resueltas sus condiciones materiales de existencia, y que está en el deber de reclamar sus derechos en pos de una vida mejor.

Lo expresado en el párrafo anterior, debo resumirlo afirmando que yo creo en el maestro responsable, en el que actualiza sus conocimientos y abraza con pasión el noble oficio que ejerce; pero yo también creo que el trabajo docente debe ser científicamente supervisado, y a la luz de esa supervisión, al maestro que revele un buen desempeño, hay que motivarlo, incentivarlo y mejorarle sus condiciones de vida. Porque como muy sabiamente dijo en una ocasión el presidente de la General Motors : “ Ningún empleado podrá trabajar con calidad ni mucho menos identificarse con la empresa si está desmotivado, no devenga un salario justo, ni disfruta de una plan de incentivos que le permitan resolver sus problemas fundamentales”

Este sábado, 30 de junio, se celebrará en nuestro país el “Día del maestro”. El día del ser que ejerce el más noble y digno de los oficios del universo. Ese día no habrá gran despliegue publicitario, como ocurre en otras fechas, ni se publicarán, en la prensa nacional, enjundiosos editoriales, espectaculares reportajes o apasionados artículos exaltando el trabajo de este abnegado servidor.

Y es que no obstante la importancia de la labor que realiza, al maestro casi nadie lo incentiva, motiva o reconoce su trabajo. Nadie parece entender que sólo él es capaz de borrar las tinieblas de la ignorancia y abrir las puertas del conocimiento. Al contrario, como recompensa , el maestro dominicano, extrañamente, lo único que recibe es crítica e interesados cuestionamientos, realidad que lo convierte en el gran vilipendiado. Como bien se registra en las letras de la canción: “El cura cree que es ateo / y el alcalde comunista / y el cabo jefe de puesto/ dice que es un anarquista…”

La sociedad sólo le pide, pero muy poco le da, empezando por quien más debería concederle ¬: el Estado Dominicano. “Te pago como obrero, pero debes enseñar como un científico…”, parece ser la máxima social dominicana.

Estamos conscientes de que tan adversa actitud podría estar alimentada por la práctica irregular de muchos profesores que no han sabido comportarse a la altura de su investidura; pero que debido a la ausencia de un científico procedimiento de supervisión docente, desafortunadamente se mantienen activos provocando más daños que beneficios dentro del sistema educativo. Un sistema injusto, sectario, politizado y altamente contaminado ideológicamente. Un sistema que muy poco ha hecho para premiar y retener a sus mejores talentos, y que no ha sido capaz de establecer categorizaciones importantes técnicamente estructuradas en virtud de las competencias y desempeño de cada quien, evitando así que todos los educadores sean “medidos con la misma vara” o valorados de la misma forma.

Un sistema, en fin, al cual muy pocas veces se refieren o parecen exonerar de culpas, en los que a sus males atañen, quienes de manera impresionista critican despiadadamente la gestión del maestro, tratando de presentarlo como único culpable de la mala calidad de la enseñanza y demás fallas vigentes en la escuela dominicana , olvidando, talvez, que la mala práctica que en la base del mismo pueda incurrir un maestro , no es más que la viva expresión de las irregularidades cometidas en su cúspide por las autoridades que lo administran, las cuales consumen más tiempo defendiendo rabiosamente los intereses del partido en el poder que diseñando planes y programas orientados a desarrollar y modernizar la enseñanza pública. Autoridades que no propician las condiciones materiales y espirituales requeridas para que en nuestras escuelas reine la paz, nunca se interrumpan las clases, y el maestro se sienta motivado a ejercer su trabajo con alegría, dedicación, gusto y entusiasmo.

Para los maestros de verdad. Para ese maestro sin cariño, activo o pensionado, que en medio de tan desmotivador y adverso panorama laboral es y fue capaz capaz de ejercer con responsabilidad el delicado oficio que la sociedad puso en sus manos, vayan nuestro más sentido y sincero reconocimiento.

miércoles, 13 de junio de 2012

LUIS NUÑEZ MOLINA : PERFIL BIOGRAFICO DE UN ILUSTRE MAESTRO (*)


Por : Domingo Caba Ramos.


Todo parece indicar que cada país, cada región, cada pueblo y cada comunidad, cual madre bienhechora, están llamados a traer al mundo a uno o más maestros signados por la luminosidad de su trayectoria o por la inevitable trascendencia de sus valiosas ejecutorias.

Y así, por citar sólo algunos casos en los ámbitos tanto nacional como internacional, vemos cómo la república hermana de Venezuela pare al gran educador y escritor Andrés Bello; Puerto Rico, al maestro y antillanista Eugenio María de Hostos; Argentina, a Domingo Faustino Sarmiento; Chile, a Gabriela Mistral; República Dominicana, a nuestro inmenso Pedro Henríquez Ureña; Santiago de los Caballeros, a Ercilia Pepín y doña Herminia Pérez Vda. Pimentel ( doña Mamina); El Seibo, a Pilar Constanzo; San Francisco de Macorís, a doña Antera Mota; Guayubín, a Aurora Tavárez Belliard; la Capital, a doña Salomé Ureña, Abigail Mejía y Zoraida Vda. Surcar, entre otros. Y Moca, o, como parte de esta, la dinámica y laboriosa comunidad de Ceiba de Madera, da a luz a ese consagrado educador y gloria del magisterio nacional que en vida llevó por nombre Luis Napoleón Núñez Molina.

Nació este distinguido maestro en Ceiba de Madera, Moca, en el seno de un humilde hogar, el día 10 de enero del 1910 y murió en la ciudad de Santo Domingo, a la edad de sesenta años, el 29 de diciembre de 1970. Nació en un hogar donde imperaba la pobreza y escaseaban los recursos económicos; pero en el que abundaba el buen ejemplo, el culto a la fe, al amor al trabajo, a la honradez y el respeto a los más auténticos y sanos valores.

Fueron sus padres don Luis Napoleón Núñez Morel (Ponono) y doña Apolonia Molina, fallecida esta cuando el pequeño Luis apenas había cumplido los siete años de edad.

Sus primeras letras las recibió de la señorita Rosita Velásquez, hermana de quien fuera vicepresidente de la República, el doctor Federico Velásquez y Hernández.

Fue Rosita una empírica pero entusiasta educadora, quien aprovechando que en la comunidad y sectores vecinos no había escuelas públicas, habilitó su residencia para impartirles clases particulares a cuantos niños deseaban recibir el sagrado pan de la enseñanza. Y ella fue, talvez, la primera en descubrir la gran afición por los estudios y poderosa inteligencia de su pupilo, y, posiblemente, la primera persona que orientó al padre en el sentido de propiciar la continuación de los estudios del hijo en la ciudad de Santiago de los Caballeros.

Esa aspiración no encontró mayores problemas para materializarse gracias a que un amigo de la familia Núñez Molina, el señor Perucho Cruz, residente en la referida ciudad, y quien entusiasmado por la gran consagración al trabajo escolar del hijo de su amigo Polonio, puso su casa a la disposición para que el inquieto y talentoso alumno pasara a residir allí y pudiera de esa manera cursar los estudios del bachillerato.

Su exitosa labor docente, lo mismo que su valiosa producción bibliográfica, adquieren mayor significación si consideramos que Núñez Molina no cursó estudios universitarios, vale decir, apenas alcanzó el grado de bachiller, pero como un buen autodidacta, y gracias a su gran amor por la lectura y la investigación científica, logró forjarse una cultura casi enciclopédica que muy bien supo ponerla en práctica y plasmarla en cada uno de los libros que escribió. De él bien podemos decir lo mismo que dijera el fenecido y distinguido historiador santiagués don Román Franco Fondeur, para referirse a la eximia educadora Ercilia Pepín: 

“Venciendo obstáculos medioambientales, su insaciable sed de cultura la hizo autodidacta”.

Y ese interés de escribir para enseñar no es más que el fruto de su gran amor por la patria y de su noble empeño por aportar a la educación nacional y compartir sus vastos conocimientos con todos los hermanos de la República Dominicana.

MISIONES INTERNACIONALES.

La seriedad, responsabilidad, honestidad y alta competencia mostradas en el desempeño de sus funciones, dieron lugar a que el profesor Núñez Molina en más de una oportunidad se le requiriera no sólo para ejecutar delicadas tareas a lo interno de nuestro territorio, sino también para representar al país en misiones extranjeras:

En 1952 participó en el Seminario Interamericano de Educación Vocacional, llevado a cabo en Universidad de Maryland, Washington, D.C.

En 1955 representó al país en el Congreso de Educación Católica, organizado en Santiago de Chile.

En 1964 volvió a representar a la República Dominicana en la Conferencia sobre Ciencia, Educación y Tecnología, llevada a cabo también en Washington. También formó parte de la Comisión Nacional de Geografía.

DISTINCIONES RECIBIDAS.

Por sus méritos alcanzados, entre otros reconocimientos, en 1954 el profesor Núñez Molina fue condecorado con la Medalla del honor de educación.

En 1964 se organizó en Moca un concurrido acto de homenaje en que se le declaró “MAESTRO EXCELSO”. A dicha actividad acudieron delegaciones de toda la región del Cibao.

En 1966, un tanto agotado y después de treinta y dos años de labor ininterrumpida, solicita su jubilación, y en tal virtud, el Poder Ejecutivo emitió el decreto No. 1336, de fecha 7 de junio del ese mismo año, mediante el cual se ordenaba la puesta en retiro del servicio educativo al insigne y consagrado educador mocano. Cuatro años después, el 29 de diciembre del 1970, un tormentoso y doloroso cáncer del colon se encargó de ponerle fin a su fructífera existencia, excluyéndolo para siempre del mundo de los vivos. Sus restos fueron trasladados a Santiago y sepultados en el cementerio de Tamboril, lugar donde aún permanecen.

Destacado miembro de la Comisión Nacional de Geografía, publicó , para estudiantes del nivel  primario, varios libros de textos de historia y geografía dominicanas. Entre estos : Estudios Sociales,  Geografía Patria e Historia Patria para la escuela primaria.  Escribió también un texto de Geografía para el nivel medio titulado  “El territorio dominicano”.    

NÚÑEZ MOLINA : EL SER HUMANO.

Su dedicación, honradez, sencillez e integridad personal no resisten el más mínimo cuestionamiento. Así lo demuestran sus hechos, y así se pone de manifiesto en los juicios valorativos que acerca de él emiten con afectos inocultables amigos y parientes.

Sus hechos hablan por sí solos:

En 1955, como ya lo afirmamos, representó al país en el Congreso de Educación Católica, llevado a cabo en Santiago de Chile. A su regreso devolvió al tesoro de la Nación la parte del dinero que le sobró de la dieta otorgada para el viaje.

Tanto el doctor Joaquín Balaguer como el presidente provisional Héctor García Godoy le ofrecieron el cargo de Secretario de Estado de Educación, y en ambos casos rechazó la tentadora oferta alegando que esa posición tenía carácter político y de aceptarla iba a tener que actuar en función de ajenas voluntades o atado a intereses partidarios. “Desde una posición menos destacada –argumentaba- puedo servir a mi pueblo mejor y más a gusto con mi conciencia”

A tono con esa conducta poco repetible en un medio cada vez más corrompido y voraz, rechazó también la casa que en una ocasión le donó Trujillo, y cuando se desempeñó como director de la Escuela Normal que hoy lleva su nombre, en Licey al Medio, administró con pulcritud casi diocesana el presupuesto destinado al desenvolvimiento técnico y administrativo de ese prestigioso y primer centro de formación de maestros, fundado en la República Dominicana.

Acerca de las prendas humanas que bordearon la existencia de su hermano Luis, don José Núñez confiesa lo siguiente:

“Fue un ser excelente y un hermano ejemplar. Además de buen hermano, fue buen hijo, buen esposo, buen padre y buen amigo. No creo que exista otro hermano igual y al mismo le estaré siempre agradecido por la ayuda y el ejemplo que a todos nos dio”

En términos bastante parecidos, una de sus hijas, doña Viola Núñez, opina así de su padre:

“Papá para mí fue lo máximo: como padre, como esposo, como hijo y como hermano. Fue un padre excelente y tan honesto que a veces no parecía humano. Con sus hijos fue siempre sumamente firme y recto, pero extremadamente tierno y generoso. Después de Dios, mi padre. Él siempre mantuvo una estrecha relación con Dios y se constituyó en el consejero espiritual de toda la familia. Su muerte para nosotros fue dura e indescriptible, pero nos conforma el legado de su gran ejemplo”.

Y en iguales términos se expresa el profesor Emilio Rodríguez (Niño), quien fuera amigo personal y subalterno de Núñez Molina cuando este de desempeñaba como inspector de educación en Moca:

“Luis Napoleón –afirma don Niño- fue un brillante maestro y un extraordinario jefe y funcionario muy honesto, muy capaz y muy sencillo. Un técnico a quien cuando laboraba en la Secretaría de Educación, todos los secretarios que por allí pasaban tenían necesariamente que consultarlo. Fue, en fin, un ser sumamente honrado, humilde, sin afectación y ajeno por completo a todo lo que fuera vanidad o presunción”

¡Loor!, a esta gloria del magisterio nacional.

¡Honor! a quien honor merece. Pienso que la comunidad de Ceiba de Madera, la Secretaría de Educación y el Poder Ejecutivo han ejecutado un noble acto de justicia al inmortalizar la memoria del ilustre maestro Luis Napoleón Núñez Molina, designando con su nombre el centro educativo que él mismo contribuyera a fundar en la patria chica que lo vio nacer hace noventa y cuatro años.


Muchas Gracias
Ceiba de Madera, Moca
26/01/2004

(*) – (Texto de la semblanza leída por el autor el 26 de enero del 2004 en el solemne acto celebrado en el patio recreativo de la Escuela Primaria e Intermedia “Ceiba de Madera”, Moca, con el fin de dar a conocer el decreto presidencial #1024-03, mediante el cual se designó con el nombre de Luis Napoleón Núñez Molina el referido centro educativo)

viernes, 8 de junio de 2012

JUAN ANTONIO ALIX Y CEIBA DE MADERA

( A mi exalumno Pancho Zapata)

Por : Domingo Caba Ramos
                                                                              Juan Antonio Alix

Ceiba de Madera es una dinámica y trabajadora comunidad mocana, ubicada al pie de la cordillera septentrional y limitada por los distritos municipales de San Víctor, Canca la Reina y Canca la Piedra, este último perteneciente a la provincia de Santiago. En dicha sección nació el insigne educador Luis Napoleón Núñez Molina (1910 -1970), y en ella inició su labor magisterial y nació también, en uno de sus parajes, el autor del presente artículo.

A Ceiba de Madera, de paso a la ciudad de Moca, fue a parar una noche cualquiera el laureado cantor popular Juan Antonio Alix ( Moca,1833 – Santiago ,1918 ), el famoso “Cantor del Yaque”, considerado por la crítica como el más grande poeta popular dominicano de todos los tiempos.

A “Papá Toño”, como le llamaron también sus contemporáneos al afamado bardo popular, en esta localidad no le fue muy bien o no tuvo mucha suerte en función de sus expectativas o de lo que esperaba recibir en esa desafortunada noche... Así lo consigna el propio poeta en una de sus más celebradas décimas, “Tocinos y longanizas” (1878):

«Saliendo de una gallera,
donde fue mi suerte poca,
tomé el camino de Moca,
por la Ceiba de Madera,
como ya de noche era,
y estaba más que nublada,
entré a pedir posada,
en la casa de un amigo,
gente buena, acomodada»

El cansancio y la larga travesía habían hecho estragos en el estómago del poeta:

«Con mi panza no muy llena,
a la puerta le toqué,
y el amo dijo: ¿-quién es?,
le contesté “- gente buena,”
mi amigo tuvo la pena,
de abrir la puerta en seguida,
y con la vela encendida,
me dijo muy sorprendido,
¿de dónde diablo ha salido,
esa cabeza perdida?»

Y como ya era de noche, el recién llegado no pierde tiempo en solicitarle al amigo que le permitiera amanecer en su casa:

«A mi amigo referí,
de dónde salí ese día,
y si él me permitía,
el pasar la noche allí,
él me contestó que sí,
haciéndome desmontar,
y un chico peninsular,
que en la casa se encontró,
mi caballo se llevó,
dizque a darle de cenar…»

De paso llegó igualmente a la casa otro peninsular, “un chusco andaluz” que se hacía llamar “Pancho el epañó”, y quien luego de un heroico relato a lo “Martín Fierro” decidió continuar la ruta. Fue entonces cuando se procedió a prepararle al poeta su lecho correspondiente:

«Pancho tomó su camino,
y con él otros marcharon,
Y una hamaca me colgaron,
debajo de un tocino,
pues llegué casi sin tino,
porque me atacó un calambre,
mis tripas como un alambre,
delgaditas las tenía,
y al no comer ese día,
me hallaba muerto del hambre»

La presencia de un tocino provocador encima del lecho asignado, creó en el poeta la ilusión de que antes de acostarse era casi seguro que los dueños de la casa lo sorprenderían con un sabroso y suculento sancocho:

«Lo malo es el soñar,
entre todos mis defectos,
pues sueño siempre con muertos,
si me acuesto sin cenar,
pero aquí he de masticar,
dije para mí en Madera,
pues al ver la tasajera,
dije “ajitadera precisa,
y esta noche… corredera”»

Tan seguro estaba de esto el decimero, que no desmayó en conseguir los materiales que le servirían para condimentar el tan ansiado y esperado manjar:

«Un gran ají montesino,
por fortuna conseguí,
porque le viene al ají,
a un sancocho de tocino,
busqué allí con un vecino,
de naranja un vinagrito,
Y para más apetito,
eché un trago de aguardiente,
Y arreglé mi limpiadientes,
con la punta de un palito»

Pero todas las esperanzas se desvanecieron cuando ya en la media noche, el señor, con amabilidad inigualable, le dice al viajero:

«Ya me voy a retirar,
usted querrá descansar,
como en su cara se ve,
solamente desearé
que pase una noche fresca,
y cuando a usted le parezca,
la lámpara apagaré»

A escuchar tan gentil y no menos decepcionante despedida, la frustración se anida en el alma del poeta:

«Yo nada le respondí,
porque perdí la esperanza,
de meter allí en mi panza,
un sancocho con ají,
y así que solo me vi,
lo dije medio sin tino,
“¡Adiós ají montesino,
limpiadientes y vinagrito,
adiós sancocho maldito,
de longaniza y tocino”!»

El bardo peregrino, hambriento o con su “ panza no muy llena “, no le quedó más que aceptar la triste realidad:

«No tuve más que aguantar,
Y a acostarme muy tristón,
Porque mi amigo Lescón,
Nada me dio de cenar,
Después pude averiguar,
Que como tarde ya era,
No estaba la cocinera,
Ni quien fuera a la cocina,
Y pasé buena canina,
En la Ceiba de Madera»

Pero no solo al jinete le fue mal en la ruta, vale decir, para el caballo tampoco hubo cerna, a pesar de que se lo habían llevado “dizque a darle de cenar”:

«Como tuve un gran desvelo,
temprano me levanté,
y un caballo encontré,
amarrado de un ciruelo,
como limpio estaba el suelo,
yerba no pude encontrar,
pero pude averiguar,
que en lugar de estar comiendo,
pasó la noche leyendo,
El Correo de Ultramar» (*)


(Notas: El caso, poéticamente prerrelatado, le fue confirmado al autor del presente artículo por don Armando Velásquez (Q.E.P.D.), un anciano de mucho respeto  y credibilidad, nativo de la referida comunidad. Don Armando era pariente del médico y  exvicepresidente de la República, Federico Velásquez y Hernández ( 1867, Guazumal, Tamboril - 1934, Puerto Rico)

(*) El Correo de Ultramar fue un periódico que a pesar de ser editado en España circulaba en Santo Domingo en la segunda mitad del siglo XIX.

JUAN ANTONIO ALIX Y CEIBA DE MADERA

( A mi exalumno Pancho Zapata)

Por : Domingo Caba Ramos
                                                                              Juan Antonio Alix

Ceiba de Madera es una dinámica y trabajadora comunidad mocana, ubicada al pie de la cordillera septentrional y limitada por los distritos municipales de San Víctor, Canca la Reina y Canca la Piedra, este último perteneciente a la provincia de Santiago. En dicha sección nació el insigne educador Luis Napoleón Núñez Molina (1910 -1970), y en ella inició su labor magisterial y nació también, en uno de sus parajes, el autor del presente artículo.

A Ceiba de Madera, de paso a la ciudad de Moca, fue a parar una noche cualquiera el laureado cantor popular Juan Antonio Alix ( Moca,1833 – Santiago ,1918 ), el famoso “Cantor del Yaque”, considerado por la crítica como el más grande poeta popular dominicano de todos los tiempos.

A “Papá Toño”, como le llamaron también sus contemporáneos al afamado bardo popular, en esta localidad no le fue muy bien o no tuvo mucha suerte en función de sus expectativas o de lo que esperaba recibir en esa desafortunada noche... Así lo consigna el propio poeta en una de sus más celebradas décimas, “Tocinos y longanizas” (1878):

«Saliendo de una gallera,
donde fue mi suerte poca,
tomé el camino de Moca,
por la Ceiba de Madera,
como ya de noche era,
y estaba más que nublada,
entré a pedir posada,
en la casa de un amigo,
gente buena, acomodada»

El cansancio y la larga travesía habían hecho estragos en el estómago del poeta:

«Con mi panza no muy llena,
a la puerta le toqué,
y el amo dijo: ¿-quién es?,
le contesté “- gente buena,”
mi amigo tuvo la pena,
de abrir la puerta en seguida,
y con la vela encendida,
me dijo muy sorprendido,
¿de dónde diablo ha salido,
esa cabeza perdida?»

Y como ya era de noche, el recién llegado no pierde tiempo en solicitarle al amigo que le permitiera amanecer en su casa:

«A mi amigo referí,
de dónde salí ese día,
y si él me permitía,
el pasar la noche allí,
él me contestó que sí,
haciéndome desmontar,
y un chico peninsular,
que en la casa se encontró,
mi caballo se llevó,
dizque a darle de cenar…»

De paso llegó igualmente a la casa otro peninsular, “un chusco andaluz” que se hacía llamar “Pancho el epañó”, y quien luego de un heroico relato a lo “Martín Fierro” decidió continuar la ruta. Fue entonces cuando se procedió a prepararle al poeta su lecho correspondiente:

«Pancho tomó su camino,
y con él otros marcharon,
Y una hamaca me colgaron,
debajo de un tocino,
pues llegué casi sin tino,
porque me atacó un calambre,
mis tripas como un alambre,
delgaditas las tenía,
y al no comer ese día,
me hallaba muerto del hambre»

La presencia de un tocino provocador encima del lecho asignado, creó en el poeta la ilusión de que antes de acostarse era casi seguro que los dueños de la casa lo sorprenderían con un sabroso y suculento sancocho:

«Lo malo es el soñar,
entre todos mis defectos,
pues sueño siempre con muertos,
si me acuesto sin cenar,
pero aquí he de masticar,
dije para mí en Madera,
pues al ver la tasajera,
dije “ajitadera precisa,
y esta noche… corredera”»

Tan seguro estaba de esto el decimero, que no desmayó en conseguir los materiales que le servirían para condimentar el tan ansiado y esperado manjar:

«Un gran ají montesino,
por fortuna conseguí,
porque le viene al ají,
a un sancocho de tocino,
busqué allí con un vecino,
de naranja un vinagrito,
Y para más apetito,
eché un trago de aguardiente,
Y arreglé mi limpiadientes,
con la punta de un palito»

Pero todas las esperanzas se desvanecieron cuando ya en la media noche, el señor, con amabilidad inigualable, le dice al viajero:

«Ya me voy a retirar,
usted querrá descansar,
como en su cara se ve,
solamente desearé
que pase una noche fresca,
y cuando a usted le parezca,
la lámpara apagaré»

A escuchar tan gentil y no menos decepcionante despedida, la frustración se anida en el alma del poeta:

«Yo nada le respondí,
porque perdí la esperanza,
de meter allí en mi panza,
un sancocho con ají,
y así que solo me vi,
lo dije medio sin tino,
“¡Adiós ají montesino,
limpiadientes y vinagrito,
adiós sancocho maldito,
de longaniza y tocino”!»

El bardo peregrino, hambriento o con su “ panza no muy llena “, no le quedó más que aceptar la triste realidad:

«No tuve más que aguantar,
Y a acostarme muy tristón,
Porque mi amigo Lescón,
Nada me dio de cenar,
Después pude averiguar,
Que como tarde ya era,
No estaba la cocinera,
Ni quien fuera a la cocina,
Y pasé buena canina,
En la Ceiba de Madera»

Pero no solo al jinete le fue mal en la ruta, vale decir, para el caballo tampoco hubo cerna, a pesar de que se lo habían llevado “dizque a darle de cenar”:

«Como tuve un gran desvelo,
temprano me levanté,
y un caballo encontré,
amarrado de un ciruelo,
como limpio estaba el suelo,
yerba no pude encontrar,
pero pude averiguar,
que en lugar de estar comiendo,
pasó la noche leyendo,
El Correo de Ultramar» (*)


(Notas: El caso, poéticamente prerrelatado, le fue confirmado al autor del presente artículo por don Armando Velásquez (Q.E.P.D.), un anciano de mucho respeto  y credibilidad, nativo de la referida comunidad. Don Armando era pariente del médico y  exvicepresidente de la República, Federico Velásquez y Hernández ( 1867, Guazumal, Tamboril - 1934, Puerto Rico)

(*) El Correo de Ultramar fue un periódico que a pesar de ser editado en España circulaba en Santo Domingo en la segunda mitad del siglo XIX.