viernes, 12 de agosto de 2011



LOS RUIDOS EN EL PROCESO DE LA COMUNICACION.


El concepto de ruido no se refiere simplemente a un problema acústico, sino a cualquiera interferencia. Un chicharreo en un radio es ruido, pero una página mal impresa también es ruido, así como imagen borrosa en la televisión”

(Armando Cassigoli)

En el proceso de la comunicación lingüística intervienen, entre otros factores, el emisor, el receptor y el mensaje.

El emisor es quien codifica, emite o transmite el mensaje, ya sea en forma oral o escrita. Es quien habla o escribe. Es el hablante o escritor.
El mensaje es la idea o sentido que el emisor comunica al receptor por medio de un código común.
El receptor es quien recibe, descodifica o interpreta el mensaje. Es quien lee y escucha. Es el oyente o lector.

Para que la comunicación se produzca o resulte efectiva, el mensaje emitido por el emisor debe ser comprendido o debidamente interpretado por el receptor; pero desafortunadamente no siempre sucede así. El receptor, ya sea por ignorancia (inintencional) o por un interés marcado (intencional) suele distorsionar la esencia de la idea, amplificando, restringiendo o modificando el mensaje percibido.

Se originan de esa manera lo que en la teoría de la comunicación técnicamente se conoce con el nombre de ruidos, los cuales se definen como todos aquellos obstáculos, barreras o interferencia que impiden la debida interpretación del mensaje.

En la comunicación lingüística, los ruidos se producen cuando el emisor no se da a entender (no se expresa con claridad), o cuando el receptor no sabe entender, interpretar o desentrañar el sentido profundo del mensaje percibido (no sabe leer ni escuchar). De ahí que en ocasiones, un mismo mensaje, sin ser poético, reciba las más diversas interpretaciones por parte de intérpretes distintos. Como sucedió en la historia que se transcribe a continuación:

LO QUE SE CUENTA SUCEDIÓ EN UN CUARTEL CON MOTIVO DE UN ECLIPSE DE SOL.

DEL CORONEL AL COMANDANTE DE BATALLON.- Como usted sabe, tendremos mañana eclipse de sol, cosa que no ocurre todos los días. Haga salir a los hombres en traje de campaña a la Plaza de Armas para que puedan ver ese raro fenómeno. Ya les daré las explicaciones necesarias. En caso de lluvia, no podremos ver nada. Entonces haga pasar los hombres al gimnasio.

DEL COMANDANTE DE BATALLON AL CAPITAN DE LA COMPAÑÍA.- Por disposición del señor coronel, mañana, a las 9 horas, habrá eclipse de sol, con instrucciones dadas por el señor coronel en persona, lo que no ocurre todos los días. Si el tiempo está lluvioso, no será posible ver nada al aire libre; pero entonces, en traje de campaña, el eclipse tendrá lugar en el gimnasio.

DEL CAPITAN DE LA COMPAÑÍA AL OFICIAL DE SERVICIO.- Por disposición del señor coronel, mañana, a las 9 hora, en traje de campaña, inauguración del eclipse de sol. El coronel dará en el gimnasio las órdenes oportunas en caso de que debiera llover, cosa que no ocurre todos los días.

DEL OFICIAL DE SERVICIO AL SARGENTO DE LA SEMANA.- Mañana, a las 9 horas, el señor coronel, en traje de campaña, hará eclipsar el sol con instrucciones si hace buen tiempo. Si llueve, no habrá eclipse, si bien esto no ocurre todos los días.

DEL SARGENTO DE LA SEMANA AL CABO DEL CUARTEL.- Mañana, a las 9 horas, tendrá lugar el eclipse del coronel en traje de campaña por efectos del sol. Si hace buen tiempo y llueve en el gimnasio se irá a la Plaza de Armas como demostración, porque esto no ocurre todos los días.

LOS SOLDADOS ENTRE SI.- Mañana, a las 9 horas, parece que el sol, en traje de campaña, hará eclipsar al coronel como demostración. ¡Qué lástima que esto no ocurra todos los días!

En el hecho narrado se aprecia, inequívocamente, que la escucha activa no se produjo, esto es, los interlocutores no supieron escuchar de manera eficaz, y por esa razón, la idea original fue distorsionándose en la medida en que iba pasando de un interlocutor a otro.

Escuchar de manera activa o con eficacia es un arte. Un arte que, desafortunadamente, no todos los hablantes poseen, y de ahí las fallas que se producen en el acto comunicativo, o las que Azorín llama “ mañas en escuchar”

¿Por qué se originan esos problemas?

Sencillamente, porque no prestamos atención a quien nos habla, dedicamos poco tiempo a escuchar con empatía y profundidad, en la conversación no esperamos que el otro termine de hablar, vale decir, lo interrumpimos constantemente para terminar lo que nuestro interlocutor está diciendo o para expresar una idea brillante que se nos ha ocurrido acerca del tema tratado.

En otras palabras, porque muchas personas solo transmiten o hablan más que lo que oyen.
José Martínez Ruiz, Azorín, (1873 – 1967), el célebre escritor español , miembro prominente de la Generación del 98 y uno de los más finos prosistas de la lengua española, en su muy citado libro “El político” ( 1946 ), sostiene al respecto lo siguiente:

“Una de las artes más difíciles es saber escuchar. Cuesta mucho hablar bien; pero cuesta tanto el escuchar con discreción. Entre todos los que conversan, unos conversan, es decir, se lo hablan ellos todo; toman la palabra desde que os saludan y no la dejan; otros, si la dejan, os acometen con sus frases apenas habéis articulado una sílaba, os atropellan, no os dejan acabar el concepto; finalmente, unos terceros, si callan, están inquietos, nerviosos, sin escuchar lo que decís y atentos sólo a lo que van ellos a replicar cuando calléis" ( Edición Especial, pág. 43, 1997)

Para superar tales “mañas”, Azorín recomienda que:

"Cuando se hable en corro o frente a frente, a solas con un amigo, dejemos que nuestro interlocutor exponga su pensamiento; estemos atento a todas las particularidades; no hagamos con nuestros gestos que apresure o compendie la narración. Luego, cuando calle, contestemos acorde a lo manifestado, sin los saltos e incongruencia de los que no han escuchado bien. Si es persona de calidad a quien nosotros queremos agradar aquella con quien hablamos, demostrémosle que tomamos grande gusto en lo que ella nos va diciendo"( Ob. Cit., págs.43/44)

En el proceso de la comunicación oral, si pretendemos que esta resulte efectiva, hablar lo necesario y escuchar con atención constituyen la clave del éxito. Merced a este planteo, conviene entonces tener siempre presente lo que a alguien se le ocurrió decir alguna vez:

“DIOS NOS DIO DOS OIDOS Y UNA BOCA POR UNA BUENA RAZON: DEBEMOS ESCUCHAR EL DOBLE DE LO QUE HABLAMOS”

viernes, 5 de agosto de 2011

LECTURA Y ORTOGRAFIA

Cuando ejercía como Encargado de Recursos Humanos en un prestigioso grupo empresarial de Santiago, un ingeniero industrial me remitió vía correo electrónico una breve comunicación parte de cuyo texto decía así:

« La reunión se llebara a cabo a la sinco de la tarde en el salon de conferencia y en ella trataremos asunto muy inportante para la compañía y para todo los empleado…»

Al saber que un profesional graduado en una de las más prestigiosas universidades del país era el autor de un texto con tantas faltas ortográficas, una pregunta afloró casi de manera inconsciente a mis labios: ¿Cómo es posible que una persona provista de un título universitario pueda incurrir en tan elementales desaciertos ortográficos?

Y aunque me imaginaba la respuesta, no tardé mucho en confirmarla: el susodicho ingeniero es uno de los tantos dominicanos que sufren de “lecturofobia”, de los muchos que pesan los libros antes de leerlos, o los cierran para siempre si estos son muy voluminosos. Cuando estudiante lo obligaron a leer tres obras literarias, las únicas que ha leído en su vida. En los periódicos quizás mensualmente suele leer una que otra nota deportiva y, como si todo eso esto fuera poco, parece disfrutar cuando afirma que “las librerías conmigo difícilmente progresen”

En el 2000, por ejemplo, le envié a mi apreciado y siempre recordado amigo un ejemplar del libro que en octubre de ese año puse en circulación. Seis meses después nos encontramos y le pregunté sobre la impresión que el texto le había causado. “Creo que leí el índice” – me contestó con el más frío desparpajo y sorprendente naturalidad.

“Si yo logré que tú leyeras aunque fuera el índice de mi libro, entonces valió la pena publicarlo” – le respondí en forma irónica y con el mismo desparpajo.

Pedagógicamente está más que comprobado que el poco hábito de lectura constituye una de las principales causas que originan las faltas ortográficas. Que a escribir correctamente aprendemos cuando internalizamos en nuestros cerebros o nos familiarizamos con la imagen gráfica de esos dibujitos llamados letras. Y ese proceso de familiarización o fijación de los rasgos físicos de las palabras sólo es posible lograrlo a través de la lectura constante. O, lo que es lo mismo, a mayor actividad lectora, mayor calidad de la escritura.

Por eso no resulta extraño que personas con muy bajo nivel de instrucción, pero muy dedicadas a la práctica de la lectura, muestren un dominio ortográfico, cuando no perfecto, aceptable. Y por eso no tiene nada de extraño que profesionales como el ingeniero precitado escriban tal y como aparece en la nota más arriba transcrita. Porque como muy acertadamente afirma el lingüista y profesor universitario, Santiago Cabanes:

« La lengua hablada entra por el oído y sale por la boca; los mudos los son por sordos. Pero la lengua escrita entra por los ojos y sale por la punta del lapicero o por la pantalla de la computadora; y todo por la magia de la lectura. Por lo tanto: buena escritura = mucha y buena lectura»

viernes, 29 de julio de 2011

LOS PADRES NO TIENEN QUIEN LES ESCRIBA

“Dime papá, ¿por qué se secan las flores?,
¿de dónde vienen las lluvias?,
y ¿por qué sale la luna?,
cuando me voy a acostar…”

(Manuel Alejandro)

¿Conoce usted, amigo lector, un himno a los padres? ¿Conoce usted aunque sea un solo poema dedicado a los padres?

A parte del ya clásico “Viejo, mi querido viejo”, popularizada por Piero, y “Pregunta a pregunta”, compuesta por Manuel Alejandro y Ana Magdalena, e interpretada magistralmente por Rafael de España, ¿conoce usted, amigo lector, otra canción inspirada en el padre?

Indiscutiblemente que en el ámbito de la creación literaria, el padre, contrario a los que ocurre con la madre, históricamente ha sido el gran olvidado, el gran excluido.

Quizás se deba tal marginación a la conducta irresponsable mostrada por muchos malos padres en el cumplimiento de sus deberes paternos. Probablemente tenga que ver con la imagen rígida, fuerte y correctiva como tradicionalmente ha sido concebido el padre, percepción que podría convertirlo en una figura poco inspirable. O talvez se deba a que su desempeño, por más eficiente que resulte, siempre será opacado por el amor, ternura, entrega y papel trascendental desempeñado por la madre.

Vale aclarar, sin embargo, que esa imagen patriarcal, represiva y autoritaria que antes teníamos del padre, ha cambiado sustancialmente en los nuevos tiempos. Hoy ya nos encontramos con un padre más amoroso, tierno y mucho más consciente de sus responsabilidades familiares. Padres que en ocasiones desempeñan también el papel de las madres. Esos padres merecen que exista alguien que les escriba.

Desafortunadamente tenemos que reconocer que en la acera opuesta están los otros: los padres charlatanes e irresponsables, especie de briosos sementales, varracos o machos cabríos destinados exclusivamente a engendrar, “pintar” o lanzar muchachos al mundo a sufrir o padecer todo tipos de calamidades. Esos no merecen que nadie les escriba.

Uno de los pocos poetas dominicanos que ha sabido recrear o expresar en versos el amor, nobleza y ternura del padre, fue nuestra gran Salomé Ureña. De ella trascribimos y dedicamos a los auténticos padres, su ternísimo y nostálgico poema “Tristezas” (1888), el cual refiere cómo sufría el entonces niño Pedro Henríquez Ureña ante la ausencia de su progenitor, el médico, poeta y escritor, Francisco Henríquez y Carvajal, en el momento en que este se encontraba en París cursando una especialidad relativa a su carrera :

TRISTEZAS.

Nuestro dulce primogénito,

que sabe sentir y amar,
con tu recuerdo perenne,
viene mi pena a aumentar.

Fija en ti su pensamiento,
no te abandona jamás,
sueña contigo, y despierto,
habla de ti nada más.

Anoche cuando de hinojos,
con su voz angelical,
dijo las santas palabras,
de su oración nocturnal.

Cuando allí junto a su lecho,
sentéme amante a velar,
esperando que sus ojos,
viniese el sueño a cerrar.

Incorporándose inquieto,
cual presa de intenso afán,
con ese acento que al labio,
las penas tan sólo dan.

Exclamó como inspirado,
“¿Tú no te acuerdas mamá?
El sol ¡que bonito era,
cuando estaba aquí papá!

jueves, 14 de julio de 2011

TODAVIA TE RECUERDO, FACUNDO.


Por : Domingo Caba Ramos
(Con motivo de su trágico fallecimiento en Guatemala, el 9 de julio del 2011)


"Mi abuela siempre decía que había que acabar con los uniformes que le dan autoridad a cualquiera, porque ¿qué carajo es un general desnudo?”

(Facundo Cabral)

Como la de José Asunción Silva, Horacio Quiroga, Juana de Ibarborou, Alfonsina Storni y otros grandes de la literatura hispanoamericana, la vida de Facundo Cabral (1937 – 2011) estuvo marcada por el dolor, el suplicio, la angustia y la tragedia. Su infancia fue dura, triste y tormentosa.

Abandonado por su padre cuando aún no había nacido, mudo hasta los nueve años, alcohólico antes de los diez, analfabeto a los catorce y preso antes de los quince, por su problemática e irregular conducta, enviudó a los cuarenta años, debido la muerte trágica de su esposa, y conoció a su progenitor a los cuarenta y seis. Sin embargo, supo superar las adversidades que bordearon su existencia y levantarse del fango hasta convertirse en un verdadero ícono y en uno de los cantautores de mayor renombre, no solo de Hispanoamérica, sino del mundo.

Por eso hoy, ante su trágica y muy sentida muerte, todavía recuerdo al inigualable poeta cantor y genio indiscutible del arte popular

Sí, Facundo, todavía te recuerdo.

Todavía recuerdo tus soliloquios, reflexiones espirituales y anécdotas personales.

Todavía recuerdo tu participación (1999) en el concierto “Lo Cortez no quita lo Cabral” realizado  junto a tu compatriota Alberto Cortez en el “Gran Teatro del Cibao”, Santiago, República Dominicana, en el cual estuve  presente.

Nunca, Facundo, me había encontrado con dos estrellas proyectando el fulgor de sus rayos resplandecientes en un mismo escenario artístico.

Todavía te recuerdo, Facundo , apoyado en tu rebelde y alegre guitarra, negra chaqueta y tus eternas gafas oscuras, orlando o cubriendo tu siempre barbudo rostro.

Recuerdo tus canciones, tus diálogos con Cortez, preñados de picardía y profunda sabiduría.

Recuerdo tus declamaciones, tu picante humorismo, tu ingenioso repentismo, tus versos pletóricos de humano y filosófico sentido.

Recuerdo al Gran Teatro  lleno, a toda capacidad, por un público atrapado en las redes embrujantes de una histérica emoción.

Por eso, Facundo, cuando supe sobre tu muerte, no tuve más que repetir las mismas palabras que pronunciara Rubén Darío al enterarse del fallecimiento del poeta José Martí:

"¡MAESTRO, ¿QUÉ HAS HECHO?!”

jueves, 7 de julio de 2011



LA " BODEGUITA DEL MEDIO " Y EL POETA ORLANDO LAGUARDIA.

(A mi amigo y periodista, Félix Jacinto Bretón)



Todo parece indicar que en cada país existe un lugar que por su particular interés se convierte en un punto de visita obligada para el turista. En tal virtud, recuerdo la recomendación que más de un amigo me hicieron , antes de partir a realizar un curso en la capital mexicana : " No dejes de visitar la Plaza Garibaldi o el Castillo de Chapultepec "

Parecida recomendación salió a flote, dos años después, días antes de mi viaje a La Habana, Cuba: " No dejes de ir a La Bodeguita del Medio"

La Bodeguita del Medio, ayer bodega, es hoy un archi concurrido restauran ubicado en la llamada Habana Vieja, a escasos metros del Malecón habanero, y famoso por la gran cantidad de turistas que lo visitan, entre estos personalidades que se han destacado en el mundo de la política, las letras y las artes. Como muestras de esto último, se conservan allí fotos de Cantinflas, García Márquez, así como del ex presidente dominicano Juan Bosch y el actual presidente, Leonel Fernández y del nicaragüense Daniel Ortega.

Todo el que allí se da cita goza de la plena libertad de estampar su firma en las paredes interiores del folklórico establecimiento, y es esa la razón por lo que en dichas paredes apenas si sobra un espacio para una firma más. En fin, estar en Cuba y no pasar por la Bodeguita del Medio a tomarse una cerveza Cristal, saborear un rico filete de cerdo o escuchar los acordes de un alegre son cubano, es lo mismo que si usted no hubiera pisado la tierra del gran patriota y poeta José Martí.

Y al servicio de la Bodeguita, un poeta: don Orlando Laguardia, mejor conocido con el apodo de Chino, brillante repentista o poseedor de una asombrosa capacidad para la improvisación.

Autor del libro " Versos de Cuba para Canarias”, don Orlando constituye la más auténtica expresión del folclor poético cubano.

Sentado ante una de las mesas del restauran me encontraba junto a otros dos dominicanos y compañeros de viaje, cuando se acercó a nosotros un señor de unos sesenta y cinco años de edad, espigada estatura, impecablemente vestido de blanco y en cuya canosa cabeza descansaba un blanco sobrero de alas anchas, bajo el cual resaltaban unos lentes de oscuros cristales y una sonrisa que apenas se apartaba de sus labios.

- " ¿Dominicanos, verdad?" -nos preguntó.

- Así es - le respondimos.

-" Cubanos y dominicanos, Martí y Máximo Gómez: todos somos unos " - afir-
mó, mientras se dirigía a la acera frente al negocio, en donde yacía sentado en una silla colocada ante una pequeña mesa y una antaña máquina de escribir.

Diez minutos talvez habían transcurrido, cuando una vez más hizo acto de presencia el señor Laguardia, portando un texto poético que acto seguido puso en nuestras manos. Se trataba de una décima, “ Tres Amigos”, que el afamado bardo popular, con la misma genialidad que el Meso Mónica nuestro, había compuesto en honor a los tres dominicanos que en el lugar nos encontrábamos presentes, y la que pone de manifiesto los históricos lazos de amistad y mutua colaboración que siempre han existido entre Cuba y República Dominicana. Y el contenido es el siguiente:

Tres amigos.

Tres amigos almorzando
prueban a esta humanidad,
que la palabra amistad
sigue en el mundo imperando,
¡dominicanos mostrando!
corazones de Quisqueya
y el Chino viejo descuella
diciendo como fortuna,
no hay diferencia ninguna 
de Cuba a la Tierra aquella"




jueves, 30 de junio de 2011

DIÁLOGO ENTRE DOS GRANDES DE LA LITERATURA HISPANOAMERICANA


 Por: Domingo Caba Ramos

 El 5 de septiembre de 1967, la Universidad Nacional de Ingeniería, Lima, Perú, realizó un acto excepcional que consistió en un diálogo o interrogatorio público entre dos de los más encumbrados representantes de la novela hispanoamericana: Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Dicho diálogo perseguía revelar aspectos desconocidos de la creación novelística, de la personalidad, de la experiencia privada, etc., de ambos escritores, posteriormente galardonados con el Premio Nobel de Literatura. El contenido de tan trascendente encuentro fue recogido en un texto con el título de La novela en América Latina: Diálogo, y una versión bastante reducida de este, son las preguntas y respuestas que a continuación se transcriben:

 Vargas Llosa -: «A los escritores les ocurre algo que — me parece — no les ocurre jamás a los ingenieros y a los arquitectos. Muchas veces la gente se pregunta: ¿para qué sirven? La gente sabe para qué sirve un ingeniero, para qué sirve un arquitecto, para qué sirve un médico; pero cuando se trata de un escritor, la gente tiene dudas. Incluso la gente que piensa que sirve para algo, no sabe exactamente para qué. La primera pregunta que quiero hacerle yo a Gabriel es, precisamente sobre esto, que les aclare a ustedes el problema y me lo aclare a mí también, pues también tengo dudas al respecto: ¿Para qué crees que sirve tú como escritor?»

García Márquez -: «Yo tengo la impresión de que empecé a ser escritor cuando me di cuenta de que no servía para nada. Mi papá tenía una farmacia y, naturalmente, quería que yo fuera farmacéutico para que lo reemplazara. Yo tenía una vocación totalmente distinta: quería ser abogado, porque en las películas los abogados se llevaban las palmas en los juzgados defendiendo las causas perdidas. Sin embargo, ya en la universidad, me encontré con que tampoco iba a servir para abogado. Empecé a escribir los primeros cuentos y, en ese momento, no tenía noción de para qué servía escribir. Al principio me gustaba escribir porque me publicaban las cosas, y descubrí lo que después he declarado varias veces y que tiene mucho de cierto: escribo para que mis amigos me quieran más.

Pero después, analizando el oficio del escritor, pienso que la literatura y, sobre todo, la novela, tiene una función, creo que una función subversiva, en el sentido de que no conozco ninguna buena literatura que sirva para exaltar valores establecidos. Siempre, en la buena literatura, encuentro la tendencia a destruir lo establecido, lo ya impuesto, y a contribuir a la creación de nuevas formas de vida, de nuevas sociedades, en fin, a mejorar la vida de los hombres. Me resulta un poco difícil explicar esto, porque en realidad yo funciono muy poco en la teoría. Es decir, no sé muy bien por qué pasan estas cosas. Ahora, lo cierto es que el hecho de escribir obedece a una vocación apremiante, que el que tiene la vocación de escribir tiene que escribir pues solo así logra quitarse sus dolores de cabeza y su mala digestión»

Vargas Llosa - : «O sea, ¿que tú piensas que la literatura es una actividad que, desde el punto de vista social, es eminentemente subversiva?»

García Márquez - : «Creo que el escritor está siempre en conflicto con la sociedad; más aún, tengo la impresión de que se escribe como una forma de resolver es conflicto personal del escritor con su medio. Cuando yo me siento a escribir un libro es porque interesa contar una buena historia. Una historia que guste. Lo que sucede es que yo también tengo una formación ideológica; creo que el escritor, todo escritor, tiene una formación ideológica, y si esa formación es firme, y si el escritor es sincero en el momento de contar su historia, esta posición ideológica se verá en su historia, y es a partir de este momento que esa historia puede tener esa fuerza subversiva de que hablo»

 Vargas Llosa - : «Entonces, en ese caso, el factor puramente racional no es preponderante en la creación literaria. ¿Qué otros factores serían los preponderantes, qué elementos determinarían la calidad de la obra literaria?

García Márquez - : « A mí lo único que me interesa en el momento de escribir una historia es si la idea de esa historia pueda gustar al lector y que yo esté totalmente de acuerdo con esa historia. Yo no podría escribir una historia que no sea basada exclusivamente en experiencias personales. Precisamente estoy ahora preparando la historia de un dictador imaginario, es decir, la historia de un dictador que se supone es latinoamericana, por el ambiente. Este dictador que tiene 182 años de edad, que tiene tanto tiempo de estar en el poder que ya no recuerda cuándo llegó a él, que no necesita mandar, está completamente solo en un enorme palacio, por cuyos salones se pasean las vacas y se comen los retratos, los grandes óleos de los arzobispados, etc. Entonces, lo que resulta curioso es que, de alguna manera, esta historia está basada en experiencias personales. Es decir, son elaboraciones poéticas de experiencias personales mías que me sirven para expresar lo que quiero en este caso, que es la inmensa soledad del poder; y creo que para expresar la soledad del poder no hay ningún arquetipo mejor que el del dictador latinoamericano que es el gran monstruo mitológico de nuestra historia»

Vargas Llosa - : « Una cosa que a mí me sorprendió en tus libros es el hecho de que casi todos los personajes de “Cien años de soledad” tuvieron los mismos nombres y que todos estos nombres se repitieran. Los hombres se llaman José Arcadio o Aureliano y las mujeres se llama Úrsula. ¿A qué se debe esto? ¿Esto fue planeado o fue espontáneo?»

 García Márquez - : « ¿Hay alguien aquí que no se llame como su papá?

Vargas Llosa - : «Bueno, yo te digo esto porque a mí me sorprendió mucho cuando tú me presentaste a tu hermano menor, que también se llama Gabriel, como tú»

García Márquez - : « Mira, lo que sucede es que yo era el mayor de doce hermanos, y que me fui de mi casa a los doce años, y volví cuando estaba en la universidad. Nació entonces mi hermano, y mi madre decía: “Bueno, al primer Gabriel lo perdimos, pero yo quiero tener un Gabriel en la casa…” Yo podría seguir explicando indefinidamente todas las cosas que parecen misteriosas y extraordinarias en “Cien años de soledad”, y que siempre tienen una explicación totalmente realista, como que mi último hermano se llame Gabriel, también»

García Márquez-: Cambiando bruscamente de nivel, quisiera hacerte una pregunta más personal, porque al hablar de la soledad, yo recordaba que es un tema constante en todos tus libros; incluso el último se llama Cien años de Soledad. En muchos reportajes que has respondido, he observado que te refieres siempre a un familiar tuyo que te contó muchas historias cuando era niño. Incluso, recuerdo un reportaje en que decías que la muerte de ese familiar, cuando tenía ocho años, fue el último acontecimiento importante de tu vida. Entonces tal vez sería interesante me dijeras en qué medida este personaje pudo haber servido de estímulo, pudo haber dado materiales para tus libros, es decir, ¿quién es este personaje?

García Márquez.: «Voy a dar una vuelta antes de llegar a la respuesta. En realidad, no conozco a nadie que en cierta medida no se sienta solo. Temo que esto sea metafísico y que sea reaccionario, y que parezca todo lo contario de lo que yo soy, de lo que yo quiero ser en realidad, pero creo que el hombre está completamente solo»

Vargas Llosa. :
¿ Tú crees que es una característica del hombre?

García Márquez-: «Yo creo que es parte esencial de la naturaleza humana»


(PUBLICADO EN DIARIO LIBRE  : 

jueves, 23 de junio de 2011

“IBANO", “ESTABANO”, “ VENIANO” Y OTROS ERRORES.

La semana pasada (17/6/2010) apareció publicado en el periódico Listín Diario un interesante reportaje en cuyo primer párrafo se lee lo siguiente:

“Pudiera parecer insólito, pero hay maestras de educación básica que escriben los verbos hacer y haber sin h, y dicen “íbano” por íbamos o “estábano” por estábamos”

En el párrafo siguiente se aclara que: “Estos y otros errores ortográficos fueron encontrados en un estudio realizado por el Instituto Nacional de Educación Inicial (INEDI), con profesoras de primero a quinto grado de escuelas públicas y colegios privados”

Al detallar los resultados del referido estudio, el prestigioso diario revela que el 88.6% de esas educadoras “cometió faltas ortográficas al emplear diversas formas de los verbos haber y hacer sin h, y muchas escribieron con h la preposición a”.

También que “ el 67% incurrió en otras faltas ,“tales como: el uso de y por ll, s por c y viceversa, b por v, s por z, q por g y r por l…”; que “el 37% no pronuncia la “s” al final en el plural, ni las b, c, d, p, x y t, en sílabas inversas…” , y que “el 67% dice “íbano” en lugar de íbamos, “veníanos” por veníamos, “plurar” por plural, así como “estábano” por estábamos”

El informe causó impacto y preocupación en la sociedad dominicana. En virtud de lo que en este se afirma, valdría preguntarse:

¿Por qué los maestros incurren en esos desaciertos ortográficos? Por muchas de las razones que luego detallaremos.

Describir el problema sin aporta las causas que lo originan, en nada se contribuye a su definitiva solución.

¿Quién selecciona y contrata a los maestros que laboran en el sector público?

Sencillamente, el Estado Dominicano.

¿Cuáles son los criterios de selección o perfil requerido por el Estado para contratar a un maestro?

Sencillamente, que sea simpatizante del partido en el poder, o que esté “pegao” con un “compañerito del partido”.

Si el candidato cumple con esas condiciones, el que escriba“íbano“, “estábanos” o “ veníanos” poco importa. Lo que sí importa es que se puso un “compañero” a trabajar; pero si por el contrario el aspirante a ejercer el puesto no ha dado muestras de compromiso o simpatía con el partido gobernante, “que apunte para otro lado”, que no sueñe ni piense en el empleo, pues aunque escriba mejor que Cervantes y tenga mejor formación pedagógica que Eugenio María de Hostos, al puesto no irá.

Una de mis ex alumnas, estudiante de Letras, por ejemplo, se graduó con honores hace tres años en una universidad de Santiago. Para lograr su nombramiento en un liceo de aquí, no han valido su curriculum, las gestiones ni las recomendaciones nuestras. Ahí sigue sin empleo. Responsable, lectora activa, excelente ortografía y excelente redacción, carece, sin embargo, de la condición más relevante para merecer el puesto: haber participado en una marcha o bandereo de campaña del Partido de la Liberación Dominicana.

Por la misma razón no se le ha completado las dos tandas en el nivel medio (Santiago) a un hermano nuestro, maestro de larga data, graduado en la PUCMM, lector voraz y, posiblemente, uno de los más capaces y responsables educadores del Cibao.

Aunque en uno más que en otro, vale aclarar, en todos los gobiernos ocurre lo mismo: cada funcionario desea nombrar primero a “su gente” y marginar a los profesionales sin banderías políticas y, muy particularmente, a todo aquel que no simpatice por el partido en el poder.

En materia de reclutamiento y selección de personal, semejante práctica, por subjetiva y carente de soportes técnicos no funciona, mucho menos en un ámbito laboral que como el docente requiere estar dotado de unas competencias que no cualquier candidato posee. Y mientras esa aberrante práctica persista, jamás podrá hablarse de desarrollo de la educación, transformación de la escuela y mejoramiento de la calidad de la enseñanza en la República Dominicana.

A todo lo anterior se suman, como factores generadores de la incompetencia ortográfica mostrada, no sólo por maestras, sino también por maestros:

a) La ausencia de un científico sistema de supervisión docente diseñado y aplicado por el Ministerio de Educación.

b) La contratación en muchos colegios privados de “muchachos” que apenas inician sus estudios pedagógicos.

c) Falta de motivación o incentivos al trabajo magisterial. Al maestro se le pide mucho, pero muy poco se le da.

d) Las notables deficiencias y el espíritu permisible que se aprecia en el sistema de evaluación educativa en las escuelas de formación docente, merced al cual logran graduarse maestros que, por su probada incompetencia estudiantil, nunca debieron calzarse una toga y un birrete.

e) Estudiantes que, sin gustarle, elijen la carrera docente talvez porque no pueden pagar otra o porque se sienten incapaz de asimilar el contenido programático de la que desearían cursar.

f) Maestros rutinarios, apagados, que no leen, que no se actualizan, que no asumen con orgullo, ética y conciencia la noble labor que realizan, ni se insertan de manera activa y/o productiva en el mundo de la cultura. De ese tipo de maestros no se puede esperar que superen sus debilidades profesionales ni muchos menos que cambien positivamente su conducta lingüística.

Y, lo que es más preocupante aún, maestros, desafortunadamente, permeados por los involutivos rasgos de una posmodernidad de esencia “light” que aconseja “cogerlo suave”, “vivir la vida” y no “fuñir” ni “matarse” mucho.