jueves, 19 de mayo de 2011

TRUJILLO Y EL HIMNO NACIONAL

El 30 de mayo de 1934, el entonces presidente de la República Dominicana, Generalísimo Rafael Leónidas Trujillo Molina, promulgó la ley que declaraba oficial el himno que treinta y siete años antes (1883) habían compuesto el laureado músico José Reyes ( 1835-1905 ) y el poeta y maestro puertoplateño Emilio Prud - Homme (1856 - 1932). Según lo establece nuestra Constitución, “ es único e invariable” ( Art.33)

Del Himno Nacional es muy poco lo que sabe el dominicano promedio. Pero como toda manifestación humana, nuestro canto a la Patria también tiene su historia.

Compuesto en el primer semestre de 1883, se tocó y cantó por primera vez el día 17 de agosto de ese mismo año en una de las veladas patrióticas celebradas por la prensa nacional en los salones de la Logia Esperanza (Santo Domingo), para conmemorar el vigésimo aniversario de la Restauración política de la República.

Conviene aclarar, sin embargo, que este no fue el primer himno patriótico que se compuso en el país. Treinta y nueve años antes ( 1844 ), el poeta y patriota Félix María del Monte (1819 -1899), y el coronel músico Juan Bautista Alfonseca (1810 - 1875), compusieron la misma noche en que se proclamó la independencia nacional, el himno que nuestra historia literaria registra con el nombre de Canción dominicana.

El himno de Félix María del Monte , contrario a lo sucedido con el de Reyes y Prud - Homme, no caló en el gusto del pueblo, y nunca logró el reconocimiento oficial, y ello se debió, posiblemente, a que la referida pieza poética, más que dominicana, mejor puede considerársele como un canto antihaitiano y prohispánico , carente por completo de un genuino sentimiento dominicanita.

En los primeros años de su creación, el Himno Nacional tuvo poca difusión. Apenas se escuchaba en la ciudad capital y sólo los días 27 de febrero y 16 de agosto de cada año.Al decir del maestro José de Jesús Ravelo, es en 1894, año en que se celebró el cincuentenario de la Independencia Nacional, cuando realmente se inicia la popularidad del Himno, debido a las muchas veces que hubo que ejecutarlo para solemnizar los diferentes actos que se desarrollaron como parte de dicha celebración.

Luego se oye en Azua, después en Puerto Plata y en el Cibao se difunde con motivo de inauguración el Ferrocarril Santiago - Puerto Plata, celebrada el 16 de agosto del 1897. En este mismo año, el Congreso Nacional resolvió declararlo oficialmente mediante ley, Himno Nacional de la República Dominicana. Para entonces gobernaba el país el general Ulises Heureaux (Lilís), el cual engavetó, en lugar de promulgar la ley , dándole así oportunidad al dictador Trujillo de consumar la oficialización definitiva del Himno el día 30 de mayo de 1934.

Trujillo - apunta Arístides Incháustegui - oficializó el Himno, lo que no pudo conseguir fue formar parte de sus versos”. Extraño comportamiento este, asumido por un gobernante que aprovechó su mandato presidencial para “trujillizar” al país, identificando con su nombre o el de algún pariente cercano, a pueblos, calles, parques, instituciones, etc. y que incluso fue capaz de modificar nuestra Constitución para cambiar el nombre de Santo Domingo, capital de la República, por el de Ciudad Trujillo.

No faltaron, naturalmente, poetas serviles que animados por el solo propósito de conseguir o mantener intacto el favor del jefe propusieron insertar el nombre de este en una de las estrofas del Himno. A tono con esa idea, el ya citado tenor e historiador dominicano afirma que :

“En vez, cuando algún poeta llegó tan lejos como a ofrecer, para su inclusión en el Himno Nacional: 'Trujillo creador de la paz', el pueblo que sabía que Trujillo no había creado nada (y mucho menos la paz), guardó silencio, y hasta los incondicionales de siempre prefirieron respetar ese silencio” (Eme, Eme, No. 17, Pág. 95).

Con ese silencio, el Himno Nacional, composición musical consagrada por la ley No. 700, de fecha 30 de mayo del 1934, se convirtió en uno de los pocos valores nuestros que Trujillo respetó.

sábado, 14 de mayo de 2011



LA GRAN LECCION DE MONSEÑOR MERIÑO


Monseñor Fernando Arturo de Meriño (1833 - 1906) fue uno de los dominicanos que más se distinguió o mayor prestigio alcanzó durante la segunda mitad del siglo XIX.

Además de desempeñar los más altos cargos de la nación, este ilustre sacerdote también adquirió fama de brillantísimo orador, por lo que ha sido considerado, con sobradas razones, como el padre de la oratoria dominicana. Entre sus discursos memorables se registran el que pronunció desde el púlpito para recriminarle con dureza y valentía al general Pedro Santana, presidente del país, sus aviesos propósitos de anexar la República a España (1861) y el que pronunció el 8 de diciembre de 1865 para en su condición de presidente de la Asamblea Nacional recibir el juramento a Buenaventura Báez, nuevamente ascendido al solio presidencial. Una y otra pieza oratoria condujeron al osado “Padrecito”, como lo llamaba Santana, a morder el polvo amargo del exilio.

Cuando se consumó la anexión (18 de marzo de 1861 ), Báez se encontraba en Europa y en lugar de regresar a su tierra para sumarse al movimiento restaurador, optó por prestar sus servicios nada más y nada menos que a la misma monarquía, la española, bajo cuyo protectorado se había extinguido la independencia dominicana.

Cuando el ejército español abandona el territorio dominicano en febrero de 1865, ¡oh ironía de la vida!, Buenaventura Báez, el mismo que había permanecido enfundado en el uniforme de Mariscal de Campo del ejército español, regresa, y meses después es juramentado presidente de la República.

Meriño no podía callar ante tan oportunista y traicionera conducta, y con su verbo de acero lanza al rostro del mandatario recién juramentado la siguiente admonición:

« ¡Profundos e inescrutables secretos de la providencia...! Mientras vagabais por playas extranjeras, extraño a los grandes acontecimientos verificados en vuestra patria, cuando parecía que estabais más alejado del solio y que el poder supremo sería confiado a la diestra victoriosa de alguno de los adalides de la independencia..., tienen lugar en este país sucesos extraordinarios... Vuestra estrella se levanta sobre los horizontes de la República y se os llama a ocupar la silla de la primera magistratura. Tan inesperado acontecimiento tiene aún atónitos a muchos que lo contemplan... »

Y acto seguido le advierte, con la misma virulencia, sobre el enjuiciamiento a que podría ser sometido si en el desempeño de sus funciones viola la ley y no trabaja por el bien de la patria:

« Empero yo, que sólo debo hablaros el lenguaje franco de la verdad; que he sido como vos aleccionado en la escuela del infortunio, en la que se estudian con provecho las raras vicisitudes de la vida, nos prescindiré de deciros, que no os alucinéis por ello; que en pueblos como el nuestro, valiéndome de la expresión de un ilustre orador americano, “Tan fácil es pasar del destierro al solio, como del solio a la barra del senado” »

En su histórico discurso, el entonces llamado “Pico de Oro” utilizó la tribuna parlamentaria no sólo para condenar el oportunismo de Báez y la ascensión de este a un poder que no merecía, sino para criticar con su ardiente verbo las antipatrióticas acciones llevadas a cabo por tiranos, traidores, oportunistas y demás enemigos del pueblo. Y aprovechó también para sugerirle al dictador el tipo de gobierno que debía desarrollar en bien de la nación dominicana:

« Gobernar un país, vos lo sabéis, ciudadano Presidente, es servir sus intereses con rectitud y fidelidad; hacer que la Ley impere a la propiedad, afianzando el amor al trabajo con todas las garantías posibles; favorecer la difusión de las ciencias para que el pueblo se ilustre, y conociendo sus deberes y derechos, no dé cabida a las perniciosas influencias de los enemigos del orden y de la prosperidad; cimentar sobre bases sólidas la paz interior y exterior para facilitar el ensanche del comercio, de la industria y de todos los elementos de público bienestar; esforzarse, en fin, en que la moralidad eche hondas raíces en el corazón de los ciudadanos, para que de este modo el progreso sea una verdad, y se ame la paz y se respeten las leyes y las autoridades, y la libertad se mantenga en el orden…»

Meriño entiende que el progreso de la Nación sólo es posible si quienes la dirigen poseen un alto nivel de moralidad. Para ello aconseja escoger los mejores hombres sin importar banderías políticas:

«La moralidad es la base inalterable del bien público y sin ella la prosperidad de la nación es una quimera ... Escoged siempre a los ciudadanos de conocida honradez, a quienes solamente se deben encomendar los destinos públicos, poseyendo aptitudes para desempeñarlos. Escogedles de cualquier partido político que sean, que entre hombres de bien, un gobierno ilustrado no debe hacer diferencia »

Sólo así podrá evitarse la repetición de un triste pasado que el mismo prelado se encarga de rememorar:

« Tiempos hemos tenido en que el vicio y el crimen, apoyados en los brazos de la tiranía, invadieron los puestos públicos e hicieron de los bienes de la nación su patrimonio. Del reinado de la inmoralidad vino la venta de la patria »

Y de la misma forma que establece quiénes deben gobernar al país, Meriño sostiene que deben ser excluidos de la administración pública los malos ciudadanos, los que se adueñan de la propiedad ajena, los desfalcadores de los bienes nacionales, los que negocian con la justicia, los que especulan en utilidad propia con los empleos y los que tránsfugas de todos los partidos, sin profesar ningunos principios, sólo aspiran a medrar, estimulados por la sed hipócrita de innoble ambición.

Ya en la parte final de su discurso, el entonces Príncipe de la Iglesia Católica insiste en su interés de que para gobernar a la nación sean escogidos los buenos patriotas y los hombres de principios por cuanto estos, según sus palabras, « están siempre dispuestos a prestar sus servicios a los gobiernos progresistas y liberales, a los gobiernos verdaderamente nacionales. Ellos sólo les niegan su apoyo cuando les ven posponer los intereses públicos a los privados, cuando comprenden que el despotismo ha ahuyentado la justicia del solio del poder, cuando, en fin, en vez del mandatario elegido para labrar la felicidad del pueblo, se descubre en la silla presidencial al tirano sanguinario, al inepto y perjudicial gobernante, o al especulador audaz que amontona colosal fortuna, usurpando las riquezas que el pueblo le confiara para que le diese paz, libertad y progreso »

Ojalá que tan edificante lección pueda ser conocida, asimilada y puesta en práctica, no sólo por todos los que en la República Dominicana logren terciarse en sus pechos la banda presidencial, sino por todos los que desempeñen o piensen desempeñar un cargo público.

lunes, 9 de mayo de 2011

EL HOMBRE LIGHT

¿Conoce usted los rasgos caracterizadores del hombre light? ¿Conoce usted el perfil psicológico de este nuevo personaje, típico de la postmodernidad?

El Dr. Enrique Rojas (1949), afamado investigador, ensayista y siquiatra español, lo describe en forma magistral en su libro “El hombre light (1996)

El hombre light, al decir del citado autor, emerge en sociedades moralmente enfermas. Entre ese individuo y los llamados productos light no existen diferencias algunas. Así como estos productos carecen de grasa, alcohol, azúcar, caloría, glucosa, cafeína, nicotina y otros elementos esenciales, el light es un ente sin sustancia, principios, contenido, idaeales y valores. Se trata de un ser, hombre o mujer, sumamente superficial, “entregado al dinero, al poder, al éxito y al gozo ilimitado y sin restricciones” (pág.11), un individuo “relativamente bien informado, pero con escasa educación humana” (pág. 13) Un ser frío que no cree en casi nada y cuyas opiniones cambian rápidamente y se ha apartado de los valores trascendentes.

Plantea Rojas que este hombre carece de referentes. En su mundo interior posee un profundo vacío existencial, y no es feliz aun cuando tenga todas sus necesidades materiales resueltas. Su condición de persona light, lo transforma en un sujeto insustancial, indiferente, consumista, falso, hipócrita, materialista, simulador y dueño de una conducta desprovista de sólidos principios.

Apunta el reputado profesional de la conducta, que al hombre light “Todo le interesa, pero a nivel superficial; no es capaz de hacer la síntesis de aquello que percibe, y, en consecuencia, se ha ido convirtiendo en un sujeto trivial, ligero, frívolo. Que lo acepta todo, pero que carece de unos criterios sólidos en su conducta. Todo se torna en él etéreo, leve, volátil, banal, permisivo…” (pág.14)

El hedonismo y la permisividad, según Rojas, constituyen las dos notas distintivas del comportamiento light.

A la persona light nada le atormenta. Nada le preocupa. Nada le quita el sueño. Siempre que logre sus propósitos, para él el mundo está perfecto. Es un ser eminentemente ataráxico, hedonista y aséptico, en cuyo cerebro brillan por su ausencia valores como la vergüenza, la pasión, el sentimiento de culpa, la solidaridad, la lealtad, la sinceridad, la seriedad y la responsabilidad, entre otros.

« Estamos – subraya Enrique Rojas – en la era del plástico, el nuevo signos de los tiempos» (p.17). Era en que «el ideal aséptico es la nueva utopía» (p.16)

Y así es.

Como afirma el citado escritor madrileño, en nuestras cotidianas relaciones interpersonales estamos rodeados de personas plásticas, frívolas, livianas, fofas y acomodaticias. De seres descomprometidos o desvinculados de casi todo lo que los rodea. De seres con un ansia desmedida de protagonismo, cuyo propósito fundamental es despertar admiración y envidia. Seres para quien el protagonismo ajeno poco importa y hasta cierto grado le asquea, apelando, en tal virtud, a todos los recursos par opacarlo.

En términos generales, el hombre light se caracteriza porque es un ser:

Hedonista: el placer para él está por encima de todo.

Débil de pensamiento: sus convicciones carecen de firmeza y sus opiniones cambian con facilidad.

Ideológicamente pragmatista.

Plástico o superficial

Frío, indiferente o neutral: se resiste a asumir compromisos.

Carente de valores y /o principios trascendentes.

Ciegamente aferrado a lo que está de moda o vigente socialmente.

Moralmente vacío.

Individualista y materialista: débil concepto de la solidaridad y colaboración humanas.

¿Dónde encontrar a este tipo de persona?

Sencillamente mire a su alrededor, observe con detenimiento y ahí usted encontrará no sólo uno, sino decenas de estos inauténticos, plásticos y muchas veces ponzoñosos personajes.

martes, 3 de mayo de 2011

PRECISIONES LEXICOSEMANTICAS

1. ¿Adecúa o adecua?

ADECUAR es una de las tantas formas verbales cuyos usos generan vacilaciones, dudas y confusiones, muy especialmente cuando se emplea en primera, segunda y tercera persona, tanto del plural como del singular: adecue, adecúe, adecúen, adecua, adecúa, adecúan, adecuo, adecúo…

En cuanto al acento, ‘adecuar’, verbo regular, siempre se conjugó como 'averiguar', conservando en todas las formas de su conjugación el diptongo correspondiente (ua, ue, uo), y, en tal virtud, se consideraba equivocada la acentuación en variantes como 'adecúa’ y ‘adecúe’.

Sin embargo, la Asociación de Academias de la Lengua Española, en su Diccionario Panhispánico de Dudas (2005) registra como válida la acentuación antes considerada errónea, vale decir, además de conjugarlo como 'averiguar', la docta institución lingüística admite que ‘adecuar’ se conjugue como ‘actuar’; aunque recomienda el uso preferencial de la primera forma (adecue, adecua, etc.).

«En el uso culto – se lee en el antes citado texto - se acentúa preferentemente como ‘averiguar’; pero hoy es frecuente, y también válida, su acentuación como ‘actuar’» (pág. 19)

Según el mandato académico, son válidas, pues, las dos acentuaciones: con hiato (‘adecúa’) y con diptongo (‘adecua’). Y en virtud de ese mismo criterio, tan válido sería decir: “Es preciso que la nueva ley se ‘adecúe’ a la sociedad…”, como “Es preciso que la nueva ley se ‘adecue’ a la sociedad…”


2. ¿Electo o elegido?

Elegir, lo mismo que atender, confundir, resultar, soltar, bendecir y otros verbos del español, cuando se expresa en participio, adopta dos formas: una regular (elegido) y otra irregular (electo). Aunque en el uso cotidiano de la lengua, una y otra forma suelen confundirse en el plano de la significación, conviene aclarar que tales verboides soportan significados diferentes.

Elegido es el participio verbal o forma exclusiva usada en la formación de los tiempos compuestos y de la pasiva perifrástica: “Ella ha elegido ese hombre para su esposo” , “Leonel Fernández fue elegido (no electo) presidente de la República"

La forma irregular electo sólo se emplea cuando se aplica al que ha sido elegido para desempeñar un cargo o dignidad, pero que todavía no ha tomado posesión del mismo: a) “El presidente electo (no elegido) de República Dominicana hablará tan pronto regrese de Italia” b) “El diputado electo abandonó su barrio desde el mismo momento en que fue elegido para desempeñar tan importante función”

Se considera inaceptable el uso del referido adjetivo (electo), no así elegido, para formar los tiempos compuestos o la pasiva perifrástica de elegir, como en oraciones del tipo: "El señor Gómez fue de nuevo electo presidente de la junta de vecinos…” En tal caso debió escribirse "… fue de nuevo elegido…"

3. ¿Presidente o presidenta?

La Real Academia Española, en la decimonovena edición (1970) de su Diccionario de la Lengua Española, no registra el término “presidenta”. Sólo aparece ‘presidente’, asignándole, entre otros significados: a) « Que preside» b) « El que preside» Tampoco lo registra el académico y laureado lexicógrafo español, don Manuel Seco, en su muy valioso y consultado “Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española” (1986), texto en el que sólo se hace alusión al susodicho vocablo, “presidenta”, para definirlo como el femenino del nombre ‘presidente’

La fuerza del uso e intensificación de la presión ejercida por grupos feministas a partir de 1989, en pos del uso igualitario de la lengua, fue determinante para que la entidad rectora del uso del idioma español decidiera incluir la voz “presidenta” en la vigésima segunda edición (2001) de su diccionario, ofreciendo acerca de ella las siguientes acepciones:

Presidenta.

1. f. Mujer que preside.
2. f. presidente : cabeza de un gobierno, consejo, tribunal, junta, sociedad, etc.)
3. f. presidente : jefa del Estado.
4. f. coloq. Mujer del presidente.

También figura “presidenta” como entrada en el « Diccionario Panhispánico de dudas», publicado en el 2005 por la Real Academia Española y la Asociación de Academias Españolas. Y en él ‘presidenta’, lo mismo que presidente, se define como la « ‘Persona que preside algo’ y, en una república, jefe del Estado. Por su terminación, puede funcionar como común en cuanto al género (el/la presidente); pero el uso mayoritario ha consolidado el femenino específico presidenta.» (pág. 520)

Resulta a todas luces extraño el tratamiento genérico que se le ha dado al vocablo ‘presidente’, participio activo del verbo presidir, por cuanto otros participios iguales, tales como estudiante, comandante, oyente, dirigente, cantante, paciente, residente, ayudante, entre otros, no han recibido el mismo tratamiento gramatical en términos de la duplicidad genérica, esto es, no están admitidas las voces ‘estudianta’, ‘comandanta’, ‘oyenta’, ‘dirigenta’ ,’cantanta’, ‘pacienta’, ‘residenta’ y ‘ayudanta’.

No se descarta, sin embargo, que el uso de dobletes genéricos del tipo estudiante/estudianta; comandante/comandanta; oyente/oyenta; cantante/ cantanta y ayudante/ayudanta comience a ser demandado por los grupos de presión de orientación feminista y demás defensores y/o propulsores de la llamada lengua con perspectivas de género, mejor conocida como lengua no sexista.

domingo, 1 de mayo de 2011

¿ES LO MISMO ESTAR DORMIDO QUE DURMIENDO?

“No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, porque no es lo mismo estar jodido que jodiendo”.

La aclaración, emitida en un diálogo informal con una periodista, se le atribuye al afamado escritor y académico español, Camilo José Cela. Y el juicio vale por cuanto son muchos los hispanohablantes que emplean los susodichos verboides, “dormido” y “durmiendo”, para referirse a una misma realidad. Merced a este planteamiento, no resulta extraño escuchar a una madre decir primero: “Mi hijo está dormido”, mientras que minutos después se le escuchará informar: “Mi hijo está durmiendo”

Como podrá apreciarse, en cada caso la tierna madre ha querido afirmar exactamente lo mismo, pero empleando construcciones gramaticales diferentes. Y fueron construcciones semejantes a estas las que motivaron la observación del reputado novelista antes citado:

“No es lo mismo estar dormido que durmiendo”

Para entender el fenómeno, es necesario saber o tener presente la función modificadora del participio y el gerundio. Este último, además de tener carácter adverbial, por cuanto su principal función consiste en modificar al verbo como adverbio de modo, tiene también carácter imperfectivo y durativo, esto es la acción nos la presenta inacabada o situada en tiempo presente. Siendo así, “estar durmiendo” significaría no haber terminado de dormir.

El participio, en cambio, funciona como adjetivo, apunta hacia el pasado y entraña la idea de pasividad, Posee carácter perfectivo y la acción del verbo nos la presente como acabada o despojada de todo valor durativo. En virtud de esta idea, “estar dormido”, sería lo mismo que decir ya se durmió, la acción de dormir terminó.

domingo, 10 de abril de 2011

HUSSAÍNO GERMOSÉN (1929 - 2011 )


(In Memoriam)

Por : Domingo Caba Ramos.


                                                                                     Maestro Hussaíno Germosén

El martes, 29/3/2011, falleció a los ochenta y dos años de edad el brillante músico, maestro y director de orquesta tamborileño, Hussaíno Germosén. Con su muerte, Tamboril pierde a uno de sus más distinguidos hijos y Moca, Santiago y el Cibao a uno de sus músicos más preclaros.

Además de padecer graves problemas de salud , había perdido por completo la visión; pero aun en esas condiciones físicas, permaneció durante muchos años al frente de la banda de música de su venerada Pajiza Aldea (Tamboril)

Hussaíno Silfredo Germosén Germosén nació en el municipio de Tamboril, de la provincia de Santiago, el 1 de septiembre de 1929. Hijo de don Manuel de Jesús Germosén y doña Cándida Rosa Germosén, cursó sus estudios primarios en la Escuela Sergio A. Hernández, de su pueblo natal, los secundarios en el Liceo “Francisco Guzmán Comprés”, de la ciudad de Moca y en la P.U.C.M.M inició, pero no terminó, estudios universitarios.

Su sólida formación musical la adquirió gracias a su talento natural y a los diversos estudios que al respecto realizó: en la Academia Municipal de Tamboril estudió música con sus tíos Miguel y Clemente Germosén; en Santiago de los Caballeros, con el profesor Federico G. Camejo y en Moca estudió Armonía y Composición con el maestro Arístides G. Rojas; y piano, con doña Gilda Cruzado de Gitte.

En la región del Cibao fundó y dirigió varias orquestas y bandas de música. Y también fundó y dirigió academias musicales. En Moca, entre los años 1950 y 1971, fundó la Banda de Música, la Orquesta Quisqueya y la Academia Municipal de Música. En Tamboril funda y dirige la Banda Municipal de Música, la Academia Municipal de Música y la orquesta Sonido 2000. Y en 1979 crea, en Santiago, la prestigiosísima orquesta “Los Caballeros Montecarlo”, compuesta en su totalidad por verdaderos maestros del arte musical.

Aparte de brillar como maestro de música, director de orquesta y virtuoso instrumentista, especialmente del clarinete y el saxofón, este “ Hombre regla”, como lo denominaban sus hermanos, se destacó también como fino compositor de piezas musicales. Compuso marchas, danzones y Zarzuelas; así como sus memorables “Swits 2 de mayo”, dedicada a los héroes y mártires del 2 de mayo, y la “Swits 30 de marzo”, compuesta en honor a los héroes de la Batalla de Santiago.

Incursionó, además, en el arte literario con creaciones tanto en versos como en prosa que desafortunadamente nunca publicó . En 1994 puso en circulación el libro “Tamboril por fuera y por dentro”

Aunque tamborileño de nacimiento, Hussaíno Germosén residió gran parte de su vida en Moca (1950 – 1971), ciudad en la que supo ganarse el cariño y respeto de toda la población, y en la que fue venerado como uno más de sus hijos. Aquí, este reputado artista y caballeroso ser humano, no sólo se convirtió en uno de los principales promotores del arte musical mocano, sino que fue miembro fundador del Club Activo “20 – 30” y de la Sociedad Mutualista “Los Doce” Aquí procreó cinco de sus siete hijos, entre ellos, el Ing. José Germosén, director del otrora conjunto musical “Los astros del ritmo”, y calificado por su condiscípulo, del maestro Luis Ovalles, como un excelente saxofonista. Y aquí, en Moca, formó Hussaíno toda una generación de experimentados músicos, muchos de los cuales brillaron dentro y/o fuera del país, como fue el caso del ya citado y destacado saxofonista Luis Ovalles, director de la famosa y ya disuelta orquesta “Los Juveniles de Moca”

El juicio de los discípulos pone de manifiesto la grandeza del maestro:

« Hussaíno Germosén – apunta Luis Ovalles - sentó las bases de nuestra formación musical. Una formación musical bastante sólida. A todos sus alumnos nos trataba por igual, incluyendo sus propios hijos. Fueron muchos los músicos excelentes que pasaron por sus manos, entre ellos: Nelson Díaz, director del desaparecido conjunto “Nelson Díaz y sus estrellas”, Francisco Santos, Fabio Collado, Freddy Tejada, José Germosén y el diestro percusionista mejor conocido con el nombre de Musiquito. Fue el maestro Hussaíno – concluye Ovalles con inocultable sentimientos de afectos – una persona muy humanitaria, un ser humano excepcional, no sólo como músico, sino como persona. Para mí, más que mi maestro, fue como mi padre, un ejemplo a seguir. Cuando llegó a Moca, nosotros éramos muchachos, y él supo volcar toda su capacidad para proporcionarnos a todos una sólida base musical»

Dos destacados músicos : José Germosén y el maestro Luis Ovalles, ambos alumnos e hijo el primero del maestro Hussaíno Gemosén.

«Fue un ser humano ejemplar – confiesa Andrés Marte - un verdadero profesor. Fue mi maestro de música y lo recuerdo por el gran interés que mostraba siempre en que sus alumnos aprendieran bien sus lecciones. Qué Dios lo acoja en su santo seno y que descanse en paz este ilustre ciudadano, ejemplo de servicio al prójimo»

«No sólo fue mi padre –afirma su hijo José Germosén, con voz un tanto entrecortada -, sino también mi maestro. Y de él sólo tengo que decir que como padre, músico, maestro y director de orquesta fue, sencillamente, ¡EXCELENTE! »

Pero la más sentida muestra de cariño y el más conmovedor de los testimonios, nos los presenta otro de sus agradecidos pupilos:

«Con gran tristeza recibí la noticia de la muerte de Hussaíno Germosén. Siempre le estaré agradecido por haber sido él quien primero me instruyó en el arte del solfeo y luego en la disciplina del clarinete y el saxofón. Fue este hombre, sencillo y muy educado, quien me dio la primera oportunidad de tocar en una orquesta grande: "Hussaino Germosen y su orquesta H. G.". A su lado aprendí la dinámica que requiere la interpretación de la música bailable. Hace varios años el maestro se enteró  de que yo estaba de visita en Moca y allá se dirigió acompañado de un joven amigo suyo. Estando sentados en mi humilde sala, él sacó un clarinete que guardaba en un bolso negro, lo ensambló y me dijo: “Franco, he venido a saludarle y también a tocarle una canción que usted tocaba cuando era un jovencito”. Tomó aquel instrumento e interpretó la canción norteamericana "Star Dust" (Polvo De Estrella), y estoy seguro que es la mejor versión que he escuchado de la misma. En ese momento, mis ojos se vieron obligados a humedecerse, pues este hombre a quien tanto le debía y ya privado de la visión, me había hecho el honor más grande como persona y como músico. Por la forma en que vivió y actuó en su paso por este mundo, confió en que el Señor ha tenido misericordia de su alma. ¡Maestro querido, muchas gracias por enseñarme y haberme permitido ser su amigo!»

Eso fue el maestro Hussaíno Germosén: uno de los músicos del siglo XX de mayor relieve de la Región y orgullo, no sólo de Tamboril, Moca, Santiago y el Cibao, sino también de la República Dominicana

miércoles, 16 de marzo de 2011

COSIDERACIONES ACERCA DEL GERUNDIO


“El gerundio se emplea muchas veces mal. Tan honda es la convicción de este hecho, que ha llegado a producir otro: el que muchos realicen denodados esfuerzos para eludir el gerundio al escribir, como quien se encontrase ante un paraje peligroso y prefiriera dar un rodeo con tal de no transitar por él. Pero el rodeo no es nunca buen procedimiento de escribir. Se puede navegar perfectamente entre escollos, conociendo cuáles son y dónde están”

GONZALEZ RUIZ.

El gerundio es la forma verbal del infinitivo invariable. Junto con el infinitivo y el participio conforman las tres formas no personales del verbo. Es un verboide o derivado verbal que modifica al verbo como adverbio de modo. Desempeña el papel de adverbio y morfológicamente se reconoce porque termina en ando / iendo.

Tiene dos formas de expresión: a) Simple (Mi hermano está estudiando) b) Compuesta
(Habiendo estudiado se fue a descansar)

En su forma simple, el gerundio indica que la acción no ha terminado, mira hacia el presente o comunica un carácter durativo a la frase. Expresa, en otras palabras, una acción durativa e imperfecta (acción en su desarrollo, no terminada) en coincidencia temporal con el verbo de la proposición principal. Una acción, en fin, que se ejecuta simultáneamente o inmediatamente anterior a la del verbo principal:

1. Oyendo al profesor, tomaba apuntes en su libreta.
2. El muchacho entró corriendo.
3. El señor salió dando golpes.
4. Siguiendo sus instrucciones, se matriculó.

En su forma compuesta, el gerundio expresa una acción perfecta (terminada) inmediatamente anterior a la del verbo principal. Ejemplo: “Habiendo concluido, me llamó…”

El gerundio está aceptablemente empleado cuando la acción que expresa sucede antes o al mismo tiempo que la indicada por el verbo principal. Si por el contrario esa acción ocurre posterior a la del verbo de la proposición principal, su empleo es inaceptable, como se aprecia en oraciones del tipo:

1. “Redactó el acta, siendo aprobada por todos los miembros de la asamblea” 2. 2. “Encontró una caja conteniendo dos libras de cocaína”
3. “El preso escapó de la cárcel, siendo encontrado ocho días después”
4. “El presidente asistió a la reunión, marchándose dos horas después”
5. “Se intoxicó en la fiesta, muriendo una semana después


En tales casos debió escribirse:

1. “Redactó el acta y fue aprobada por todos los miembros de la asamblea”
2. “ Encontró una caja que contenía dos libras de cocaína”
3. “El preso escapó de la cárcel y fue encontrado ocho días después”
4. “ El presidente asistió a la reunión y se marchó dos horas después”,
5. “Se intoxicó en la fiesta, y murió una semana después.”

Tampoco se recomienda el uso del gerundio:

a) Para combinar los verbos ser y estar. Es lo que sucede cuando escribimos: “El informe está siendo redactado”, en lugar de: “Se está redactando el informe…”

b) Cuando la acción tiene carácter momentáneo o no durativo: “Le estamos incluyendo un cheque por la suma de….”, en vez de: “Le incluimos un cheque por la suma de…”

c) Cuando expresa cualidades o atributos personales permanentes: “La señora, siendo muy sabia, se mantuvo firme”. Mejor: “La señora, que es muy sabia, se mantuvo firme”

d) Cuando funciona como adjetivo calificativo:

1. “Ayer redacté un informe conteniendo los datos solicitados…” En este caso hubiera sido más apropiado escribir: “Ayer redacté el informe que contenía los datos solicitados”,

2. “La directiva del club aprobó una moción modificando los estatutos”, en vez de: “La directiva del club aprobó una moción que modifica los estatutos”,

3. “Se necesita secretaria hablando inglés”, en lugar de: “Se necesita secretaria que hable inglés”

Su uso, al contrario, se recomienda o considera correcto:

1. Cuando Expresa simultaneidad, esto es, cuando la acciones que expresa se producen al mismo tiempo o coexisten temporalmente con las del verbo principal:

a) “Vi al policía maltratando al prisionero…”, b) “ En este momento observo a tu madre comprando en la farmacia”, c) “ Tu jefe entró gritando”


2. Cuando expresa anterioridad. En este caso, la acción ocurre inmediatamente a la del verbo principal : a) “Alzando la mano, la dejó caer sobre la mesa”, b) “ Corriendo se lastimó”

3. Cuando tiene como propósito explicar ( gerundio explicativo ) los motivos que impulsaron al sujeto a ejecutar la acción.- “ El niño, viendo que su madre no le hacía caso, se puso a gritar”

4. Cuando expresa una acción con sentido durativo o matiz de continuidad.- “Mi amigo está escribiendo…”, “Yo sigo pensando…”

5. Cuando indica una condición ( gerundio condicional ).- a) “Estudiando, saldrás bien los exámenes” b) Levantándote temprano, tendrás tiempo suficiente para terminar el trabajo”

6. Cuando indica cómo se realiza la acción del verbo principal de la frase (gerundio modal). En tal caso, el gerundio constituye una oración subordinada de carácter adverbial : a ) “ Mi hermano llegó cantando”, b) ” El niño salió corriendo”

7. Cuando expresa causas ( gerundio causal ) “ Habiendo terminado él su carrera, su padre lo envió a Europa …”

Ciertamente el empleo del gerundio entraña dificultades que se traducen en errores continuos, tanto en la comunicación oral como escrita ; pero merced a esta realidad, de ningún modo debemos crear en torno a él una aura satánica que nos conduzca a proscribirlo de nuestra cotidiana práctica comunicativa. « No se trata, pues, de usar el gerundio a diestra y siniestra; pero tampoco de privarnos de los matice que nos permite imprimir en un texto por aquello de ‘ante la duda abstente’» – apunta la profesora e investigadora mexicana, Beatriz Escalante, en su libro” Curso de Redacción para escritores y periodistas” (2000, pág.119)

El gerundio le imprime a la frase ricos y múltiples matices expresivos que no debemos soslayar ni desaprovechar. La clave no consiste en evadir su uso, eludirlo o declararle la guerra, sino en el cuidado que pongamos al emplearlo. Ese parece ser el sentir de Gonzalo Martín Vivaldi, (Curso de Redacción, 2000) al plantear que: «… no usemos el gerundio cuando no estemos muy seguros de que su empleo es correcto. Siempre será posible recurrir a otra forma verbal. Por ejemplo: en vez de: « Estando en la Base llegó la hora de partir”, podemos escribir: “Cuando estábamos en la Base, llegó la hora de partir” » (pág.52)