Por : Domingo Caba Ramos
En abril del año 1989 se cumplió el primer centenario del nacimiento de la insigne poetisa y educadora chilena Lucila Godoy Alcayaga, mejor conocida con el nombre literario de Gabriela Mistral.
Esta trascendental mujer nació en el norte de Chile el día 7 de abril de 1889. En 1905, cuando tenía apenas dieciséis años de edad, publicó sus primeras composiciones poéticas, dedicándose al mismo tiempo a impartir docencia en los lugares más aislados de su país.
Su poesía, de carácter universalista, se distingue fundamentalmente por su gran ternura y dolor desolador. “A veces su poder emocional es tan grande - apunta Arturo Torres Ríoseco - que su poesía deja de ser expresión artística y se convierte, en cambio, en el grito desenfrenado de un evangelizador contra la injusticia y la cobardía” (Nueva Historia de la Gran Literatura Iberoamericana, 1961, pág. 124).
La obra poética de Gabriela Mistral se resume en los siguientes títulos: Desolación (1922), Ternura (1924), Tala (1938) y Lagar (1954). También publicó un libro de carácter didáctico titulado Lecturas para mujeres (1923).
En 1945 la Academia Sueca reconoció la gran calidad de su universal producción literaria otorgándole el Premio Nóbel de Literatura, conviertiéndose en ese momento en la quinta mujer que alcanzaba tal distinción y el primer escritor americano que recibía un reconocimiento mundial de tal categoría. Seis años después, en 1951, obtuvo el Premio Nacional de Literatura de su Chile natal.
Pero la autora de “Tala” y “Desolación” no sólo logró nombradía en el campo de las letras hispánicas. Lo mismo que nuestra Salome Ureña, Gabriela Mistral fue, además de excelente escritora, una brillante y consagrada educadora. Sus mayores preocupaciones fueron la educación de los niños, la liberación de los humildes y el futuro de los pueblos latinoamericanos.
“Aunque Gabriela Mistral es chilena de nacimiento-aclara Ríoseco - puede decirse que pertenece a todo el mundo de habla española. Su vida ha sido intensa y trágica, y su poesía es, por cierto, espejo de dolor. En su juventud-continúa Ríoseco - fue maestra rural y luego de diez años de distinguida labor pedagógica en Chile, fue invitada por el gobierno mexicano para colaborar en la reorganización del sistema escolar de aquel país” (Ob, Cit. Pág. 123).
Fue cónsul honorario de Chile en España y profesora de literatura chilena y latinoamericana en la Universidad de Puerto Rico.
Mientras se desempeñaba en México como directora de una escuela-hogar que llevaba su propio nombre, publicó una serie de pensamientos que en conjunto sintetizan su labor educativa y conforman su ideario pedagógico. Entre esos pensamientos merecen citarse los siguientes:
a) Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con la actitud, el gesto, la palabra.
b) Empecemos, las que enseñamos, por no acudir a los medios espurios para ascender. La carta de recomendación, oficial o no oficial, casi siempre es la muleta para el que no camina bien.
c) La maestra que no lee tiene que ser mala maestra.
d) Para corregir no hay que temer. El peor maestro es el maestro con miedo.
e) Todo puede decirse; pero hay que dar con la forma. La más acre reprimenda puede hacerse sin deprimir ni envenenar un alma.
f) La vanidad es el peor vicio de un maestro, porque el que se cree perfecto se ha cerrado, en verdad, todos los caminos de la perfección.
g) En el progreso o desprestigio de una escuela todos tenemos parte.
h) Los dedos del modelador deben ser a la vez firmes, suaves y amorosos.
i) El maestro que no respeta su mismo horario y lo altera sólo para su comodidad personal, enseña con eso el desorden y la falta de seriedad.
j) Es un vicio intolerable el de la instrucción que antes de dar conocimientos, no enseña métodos para estudiar.
k) Amenizar la enseñanza con la hermosa palabra, con la anécdota oportuna y la relación de cada conocimiento con la vida.
l) Hay derecho a la crítica, pero después de haber hecho con éxito lo que se critica.
Estas son sólo parte de las ideas pedagógicas de Gabriela Mistral. Asumirlas y ponerlas en práctica sería de vital importancia para el progreso y mejoramiento de la escuela dominicana.
Víctima de una cruel enfermedad, Gabriela Mistral muere el 10 de enero del 1957. Al referirse a su muerte, el profesor cubano Salvador Bueno, en el libro “Aproximaciones a la literatura hispanoamericana”, ed. Unión, La Habana, 1984, Págs. 422-423, destaca la labor intelectual de la poetisa chilena con las siguientes palabras:
“Sus poesías fueron leídas en todos los idiomas, cantadas por las tiernas voces de pequeñuelos de diversas partes del mundo, estudiadas por los más severos jueces de la tierra. En algunos sitios alzaron estatuas en su honra; en otros su nombre engalanó escuelas, en otro fue jaculatoria, verbo de alabanza. La tímida, tosca maestrica rural fue reina de la poesía que en todos los países del globo recibió homenajes de admiración de los poderosos y de los débiles, de los cultos y de los ignorantes, de los hombres, las mujeres, y, sobre todo, de los niños...”.
miércoles, 14 de julio de 2010
jueves, 8 de julio de 2010
ERRORES Y CONFUSIONES EN EL USO DEL VERBO HABER.
( A mi amigo y periodista Ricardo Santana)
Por : Domingo Caba Ramos
Es mucho lo que se ha escrito acerca de esta forma verbal, y, muy particularmente, sobre los errores que se cometen o de las confusiones en que se incurre al emplearla tanto en la lengua oral como escrita. Pero a pesar de todo, los errores continúan y las confusiones persisten.
Haber, vale recordar, es un verbo irregular procedente del latín ‘habere’, el cual originalmente se empleaba con el mismo significado de ‘tener’, sentido este, actualmente un tanto en desuso, por cuanto para ello utilizamos frecuentemente la forma ‘tener’ o ‘poseer’.
En la actualidad, el verbo haber se emplea más como auxiliar para formar, seguido del participio de un verbo, los llamados tiempos compuestos de este: he tenido – habían llegado – habrán venido – habías podido, etc.
En tal caso, como bien lo establecen las reglas generales de la concordancia del español, dicho verbo debe concertar en número y persona con el sujeto correspondiente:
a) “Los apagones habían desaparecido…”
b) “El apagón había desaparecido…”
Esto quiere decir, que en su función de auxiliar, el verbo haber puede usarse tanto en plural como en singular. Todo dependerá del número en que se encuentre expresado el sujeto que realice la acción por él indicada.
Pero aparte de auxiliar, haber también funciona con impersonal, vale decir, cuando se presenta en aquellas oraciones carentes de sujeto o en las que no es posible identificar la persona gramatical que ejecuta la acción verbal. Se trata de un rol secundario en el que haber se emplea para expresar, siempre en tercera persona del singular, la presencia del ser u objeto designado por el sustantivo que en la frase aparece normalmente después del verbo. :
a) “En la toma de posesión habrá muchos invitados…”
b) “En Licey al Medio hubo tres personas heridas de balas…”
c) En el hospital había varios enfermos casi al borde de la muerte…”
Nótese que en la tres oraciones anteriores, por ser impersonales, no aparecen los sujetos o seres que realizan las acciones del verbo que nos ocupa (haber), sino los objetos directos (muchos invitados – tres personas – varios enfermos) en los cuales recaen dichas acciones. Y como quienes deben concordar en número y persona son el verbo y el sujeto y no el verbo y el objeto, es irregular la práctica muy frecuente de pluralizar el verbo haber en su forma impersonal, expresando erróneamente:
a) “En la toma de posesión habrán muchos invitados…”
b) “En Licey al Medio hubieron tres personas heridas de balas…”
c) “En el hospital habían varios enfermos casi al borde de la muerte…”
¿A qué se deben estos yerros?
Sencillamente, a que se ha confundido el sujeto (inexistente) con el objeto gramatical asumido o interpretado como sujeto. Y como en los ejemplos precitados, dicho objeto (objeto directo) aparece en plural (muchos invitados – tres personas – varios enfermos) el hablante, al percibirlo como sujeto, trata de forzar la concordancia en plural con el verbo que le antecede, originando así una falsa relación entre verbo y objeto. En virtud de esa confusión, no resulta extraño leer o escuchar oraciones irregularmente formuladas del tipo:
a) “En el Palacio Nacional habían veinte periodistas esperando al Presidente…”
b) “En la yola hubieron mujeres que lloraron como niños…”
c) “En el fin de semana habrán muchas presentaciones artísticas…”
En cada uno de los anteriores enunciados, pues, el verbo haber debió expresarse en tercera persona del singular. (Había/hubo/habrá)
Habemos o la trampa de la no inclusión.
La confusión objeto – sujeto también se pone de manifiesto cuando un objeto plural tiene carácter inclusivo, vale decir, cuando de una u otra forma el hablante queda dentro del mismo. Al no sentirse incluida o afectada por la acción verbal, la persona recurre a la personificación del verbo y a la modificación de la persona gramatical, y es entonces cuando surge la forma habemos en expresiones tales como:
a) “Habemos muchos dominicanos desesperados por la actual crisis económica…”
b) “Habemos muchos políticos serios…”
Se trata, habemos, de un arcaísmo carente por completo de pertinencia sintáctica y morfológica, por cuanto si conjugamos el verbo haber en todos los modos, personas y tiempos, descubriremos que la forma habemos no aparece. Particularmente en presente del modo indicativo (primera persona del plural) sí aparece hemos, pero nunca habemos. La Asociación de Academias de la Lengua Española, en su “Diccionario Panhispánico de dudas”, apunta al respecto lo siguiente:
“La primera persona del plural del presente de indicativo es hemos, y no la arcaica habemos, cuyo uso en la formación de los tiempos compuestos es hoy un vulgarismo propio del habla popular. También es propio del habla popular el uso de habemos con el sentido de ‘somos y estamos’” (2004, pág.330)
Y más adelante, en la misma página, el citado y muy consultado lexicón advierte lo siguiente:
“No debe usarse la forma arcaica habemos para formar la primera persona del plural del presente perfecto o antepresente de indicativo, como a veces ocurre en el habla popular…”
En su lugar se recomienda la forma impersonal “hay”. Merced a esta recomendación, lo correcto sería:
a) “Hay muchos políticos serios…”
b) “Hay muchos dominicanos desesperados por la actual crisis económica…”
Es posible que en casos como los ejemplos antes trascritos, el hablante o emisor del mensaje no se sienta incluido o se considere fuera de la acción expresada por el verbo, razón que lo impulsa a emplear la forma “ habemos”. Para su satisfacción, remediar la situación o enfatizar el carácter inclusivo del ‘hay’ impersonal, entonces se recomienda acompañar esta forma verbal de otras (estamos – somos, etc.) expresada en primera persona del plural. Así, en lugar de: “Habemos muchos dominicanos inconformes… y “Habemos muchos políticos serios…”, bien podría decirse:
a) “Hay muchos dominicanos que estamos desesperados…”
b) “Hay muchos políticos que somos serios…”
Ello hay…
Igualmente procederemos erróneamente al usar el verbo haber cuando a la forma impersonal “hay “le anteponemos la voz neutra “ello”, tanto al afirmar como al preguntar:
_“¿Ello hay clases el lunes?
_“Sí, ello hay…”
Semejante “fósil lingüístico”, tan presente en el habla dominicana, nada aporta, nada amplía, nada aclara y nada añade al sentido de la expresado. Y su uso lo único que contribuye es a violar el principio de economía lingüística o ley del menor esfuerzo. Se trata de una de las tantas “expresiones chatarra” que utilizamos los hispanoparlantes.
En resumen, el verbo haber tiene dos usos generales: funciona como auxiliar e impersonal. En el primer caso puede utilizarse tanto en plural como en singular: (había traído – habían traído), mientras que el segundo sólo se empleará en tercera persona del singular (había miles de personas - Habrá numerosas presentaciones artísticas…)
En relación con la expresión: “habemos” y la construcción léxica “Ello hay”, conviene siempre recordar que en la actualidad una y otra se consideran verdaderos arcaísmos, razón por la cual sus usos, a todas luces, carecen de pertinencia lingüística.
jueves, 1 de julio de 2010
ERRATAS Y ERRATONES EN LA PRENSA DOMINICANA.
Por : Domingo Caba Ramos.
Si leemos con detenimiento los diferentes diarios que circulan en nuestro país fácilmente descubriremos los gazapos o errores gramaticales que en esos medios se publican.
Discordancias, faltas ortográficas, errores conceptuales, uso inadecuado de los signos de puntuación, corte indebido de palabras al final del renglón y la presencia de frases ambiguas o pleonásticas, se destacan entre las más frecuentes de esas irregularidades. A cada uno de estos desaciertos nos hemos referido ya en otros artículos publicados en este medio. Esta vez trataremos acerca de otro de los aspectos que también tienen que ver con el uso irregular de la lengua en los medios de comunicación social de República Dominicana: las erratas.
¿Qué es una errata?
Una errata es, sencillamente, un error de imprenta. O, como la define el diccionario académico, es una “equivocación material cometida en lo impreso o manuscrito…” Estos yerros de impresión casi siempre se originan a partir de la omisión, adición o cambio de letras o palabras.
Las erratas violentan por completo el sentido de lo expresado, alteran la estructura semántica de las palabras y lanzan al vacío de un solo porrazo todo el armazón conceptual concebido originalmente por el escritor.
Se trata de deslices lacerantes, mortificantes, inoportunos y siempre despreciables. Nada hiere más el alma del que escribe como la imprudente intervención de una errata traicionera.
Quien no haya tenido la experiencia de publicar un libro o escribir para un periódico o una revista ni siquiera se imagina el malestar o puyazo espiritual que se siente, como me sucedió hace diez años en este mismo diario, cuando escribimos “vaga penumbra” y nos publican “vaca penumera”. Cuando nos publican “suena” por “sueña”; “ aparato” por “apartado”; “prolongada” por “ prologada”; “ bastante vapulendo” por “ bastante vapuleado”; “ inverción” por “intervención”; “sibiste” por “ pudiste”; “ desertar” por "despertar” y “enseñamiento” por “ensañamiento”
Una errata puede transformar un tierno adjetivo, como sucedió en una ocasión con el cardenal López Rodríguez, en el más obsceno de los términos.
Pablo Neruda, el genial bardo chileno, autor de los famosos "Veinte poemas de amor y una canción desesperada"´, definió así los susodichos errores:
« Las erratas son caries de los renglones, y duelen en profundidad cuando los versos toman el aire frío de la publicación…» Y los clasificó en “erratas y erratones”
Los primeros, las erratas, explica el Premio Nóbel de Literatura, «se agazapan en el boscaje de consonantes y vocales, se visten de verde o de gris, son difíciles de descubrir como insectos o reptiles armados de lancetas encubiertos bajo el césped de la litografía. Los erratones, por el contrario, no disimulan sus dientes de roedores furiosos»
En relación con las erratas bien podría compilarse un abundante y no menos curioso anecdotario. El mismo Neruda relata un caso vinculado a uno de sus libros publicados.
"En mi nombrado libro – confiesa – me atacó un erratón bastante sanguinario:« Donde digo el “agua verde del idioma…”, la máquina se descompuso y apareció “el agua verde del idiota”… Sentí el mordisco en al alma»
Y cuenta, también, el error cometido por un impresor español en perjuicio de un poeta cubano: « Allí donde el versista había escrito “Yo siento un fuego atroz que me devora”, el impresor había colocado: “Yo siento un fuego atrás que me devora”…»
Por : Domingo Caba Ramos.
Si leemos con detenimiento los diferentes diarios que circulan en nuestro país fácilmente descubriremos los gazapos o errores gramaticales que en esos medios se publican.
Discordancias, faltas ortográficas, errores conceptuales, uso inadecuado de los signos de puntuación, corte indebido de palabras al final del renglón y la presencia de frases ambiguas o pleonásticas, se destacan entre las más frecuentes de esas irregularidades. A cada uno de estos desaciertos nos hemos referido ya en otros artículos publicados en este medio. Esta vez trataremos acerca de otro de los aspectos que también tienen que ver con el uso irregular de la lengua en los medios de comunicación social de República Dominicana: las erratas.
¿Qué es una errata?
Una errata es, sencillamente, un error de imprenta. O, como la define el diccionario académico, es una “equivocación material cometida en lo impreso o manuscrito…” Estos yerros de impresión casi siempre se originan a partir de la omisión, adición o cambio de letras o palabras.
Las erratas violentan por completo el sentido de lo expresado, alteran la estructura semántica de las palabras y lanzan al vacío de un solo porrazo todo el armazón conceptual concebido originalmente por el escritor.
Se trata de deslices lacerantes, mortificantes, inoportunos y siempre despreciables. Nada hiere más el alma del que escribe como la imprudente intervención de una errata traicionera.
Quien no haya tenido la experiencia de publicar un libro o escribir para un periódico o una revista ni siquiera se imagina el malestar o puyazo espiritual que se siente, como me sucedió hace diez años en este mismo diario, cuando escribimos “vaga penumbra” y nos publican “vaca penumera”. Cuando nos publican “suena” por “sueña”; “ aparato” por “apartado”; “prolongada” por “ prologada”; “ bastante vapulendo” por “ bastante vapuleado”; “ inverción” por “intervención”; “sibiste” por “ pudiste”; “ desertar” por "despertar” y “enseñamiento” por “ensañamiento”
Una errata puede transformar un tierno adjetivo, como sucedió en una ocasión con el cardenal López Rodríguez, en el más obsceno de los términos.
Pablo Neruda, el genial bardo chileno, autor de los famosos "Veinte poemas de amor y una canción desesperada"´, definió así los susodichos errores:
« Las erratas son caries de los renglones, y duelen en profundidad cuando los versos toman el aire frío de la publicación…» Y los clasificó en “erratas y erratones”
Los primeros, las erratas, explica el Premio Nóbel de Literatura, «se agazapan en el boscaje de consonantes y vocales, se visten de verde o de gris, son difíciles de descubrir como insectos o reptiles armados de lancetas encubiertos bajo el césped de la litografía. Los erratones, por el contrario, no disimulan sus dientes de roedores furiosos»
En relación con las erratas bien podría compilarse un abundante y no menos curioso anecdotario. El mismo Neruda relata un caso vinculado a uno de sus libros publicados.
"En mi nombrado libro – confiesa – me atacó un erratón bastante sanguinario:« Donde digo el “agua verde del idioma…”, la máquina se descompuso y apareció “el agua verde del idiota”… Sentí el mordisco en al alma»
Y cuenta, también, el error cometido por un impresor español en perjuicio de un poeta cubano: « Allí donde el versista había escrito “Yo siento un fuego atroz que me devora”, el impresor había colocado: “Yo siento un fuego atrás que me devora”…»
jueves, 24 de junio de 2010
RECORDANDO A MIS MAESTROS
(A los profesores José Camejo y Pedro Caonabo Pichardo)
El próximo miércoles, 30 de junio, se celebrará en nuestro país el Día del Maestro. Los enjundiosos editoriales e impresionantes reportajes que con motivo de otras celebraciones se publican cada año en la prensa nacional, ese día, ténganlos por seguro, brillarán por su ausencia. Y es que más que al coronel aquel, el maestro dominicano si es verdad que no tiene quien le escriba. Y talvez muy pocos lo recuerdan. Ausentes estarán también aquellos regalitos que en épocas pasadas, con tanta ternura y amor, poníamos los alumnos en manos de nuestros profesores.
Yo, por mi parte, quiero aprovechar tan memorable fecha para recordar y rendir honor a muchos de mis ex maestros que en los diferentes niveles de enseñanza tuve el privilegio de saborear el néctar de sus sabias lecciones. Unos provistos de una sólida formación académica y/o pedagógica. Otros quizás no poseían siquiera el título de bachiller, esto es, teóricamente no conocían de Constructivismo, Funcionalismo u otras modernas corrientes educativas, ni mucho menos a los grandes pensadores de la educación universal. A estos últimos, sin embargo, difícilmente se les detectaba un trazo caligráfico irregular o una falta ortográfica en su escritura; pero con sus sombras y sus luces, todos tenían un rasgo común: enseñaban. Y enseñaban porque la mayoría de ellos disfrutaban el arte de enseñar, respetaban su trabajo, amaban a sus estudiantes, poseían mística docente, infundían valores, forjaban disciplina, actuaban con responsabilidad y, lo que es más importante: leían. Enseñaban, como bien lo recomendó Gabriela Mistral, “con su actitud, el gesto y la palabra”
Conforme a semejante contexto, en el nivel primario tengo necesariamente que recordar a mis queridos maestros Noel Ramón Peralta (Monchi), Arismendi Grullón y Leonardo Estrella (Leo), actualmente síndico de San Víctor. Mi formación profesional la asumo hoy como el edificio plantado sobre las bases que en un buen tiempo ellos supieron construir.
Olvidar no puedo en el nivel intermedio, Escuela Juan Pablo Duarte, San Víctor, Moca, a los profesores Rodolfo Rodríguez y su esposa, doña Milagros Luna; a mi profesor de español, Luis Jiménez, al director del plantel, Joaquín Medina y al maestro de matemáticas, Pedro Maximinio Reyes. De este último, muy vinculado afectivamente a mi familia, recuerdo siempre sus rabias y sus impulsos cuando nuestras bellaquerías desbordaban los límites de la paciencia. Y recuerdo igualmente que quien con él no aprendía matemáticas, no la aprendía con nadie, vale decir, nadie como él tenía tanto dominio y facilidad para enseñar tan compleja disciplina.
Del Liceo “Domingo Faustino Sarmiento”, Moca, fija yace en mi mente la imagen de la profesora Amada Ferreiras, maestra de Lengua Española y a quien todos llamábamos La querida, Frank Rosario, maestro de Filosofía y José Alba, maestro de Trigonometría. Y cómo no recordar al siempre pintoresco profesor de música Pablo Bienvenido de la Cruz.
En la Escuela Normal “Luis Núñez Molina”, donde cursé estudios pedagógicos durante dos años en la categoría de internado, razones sobran para recordar a consagrados educadores a quienes allí lo veíamos como padres y maestros: a la nunca olvidada Herminia Vda. Pimentel (doña Mamina), a Marino Henríquez (profe Maro); a los profesores Francisco Polanco y Alfredo Abel, luces que iluminaban el horizonte educativo dominicano; a Carmen Bejarán y a la maestra Mercedes María Reyes, entre otros.
Y cómo no recordar, finalmente, a mis profesores de la UASD, en los grados de licenciatura y maestría, Pedro Ureña Rib, Diógenes Céspedes, Carlisle González, Mukien Sang, Andrés Paniagua, Jesús Tellería, y, particularmente, a ese Maestro de maestros llamado Celso Benavides, uno de los académicos de más sólida formación linguística la República Dominicana.
Cuando en cualquier momento con uno de esos educadores antes mencionados me encuentro, de ningún modo siento que estoy frente a un colega o compañero de trabajo. Entiendo, al contrario, que estoy sencillamente frente a frente a mi maestro.
(A los profesores José Camejo y Pedro Caonabo Pichardo)
El próximo miércoles, 30 de junio, se celebrará en nuestro país el Día del Maestro. Los enjundiosos editoriales e impresionantes reportajes que con motivo de otras celebraciones se publican cada año en la prensa nacional, ese día, ténganlos por seguro, brillarán por su ausencia. Y es que más que al coronel aquel, el maestro dominicano si es verdad que no tiene quien le escriba. Y talvez muy pocos lo recuerdan. Ausentes estarán también aquellos regalitos que en épocas pasadas, con tanta ternura y amor, poníamos los alumnos en manos de nuestros profesores.
Yo, por mi parte, quiero aprovechar tan memorable fecha para recordar y rendir honor a muchos de mis ex maestros que en los diferentes niveles de enseñanza tuve el privilegio de saborear el néctar de sus sabias lecciones. Unos provistos de una sólida formación académica y/o pedagógica. Otros quizás no poseían siquiera el título de bachiller, esto es, teóricamente no conocían de Constructivismo, Funcionalismo u otras modernas corrientes educativas, ni mucho menos a los grandes pensadores de la educación universal. A estos últimos, sin embargo, difícilmente se les detectaba un trazo caligráfico irregular o una falta ortográfica en su escritura; pero con sus sombras y sus luces, todos tenían un rasgo común: enseñaban. Y enseñaban porque la mayoría de ellos disfrutaban el arte de enseñar, respetaban su trabajo, amaban a sus estudiantes, poseían mística docente, infundían valores, forjaban disciplina, actuaban con responsabilidad y, lo que es más importante: leían. Enseñaban, como bien lo recomendó Gabriela Mistral, “con su actitud, el gesto y la palabra”
Conforme a semejante contexto, en el nivel primario tengo necesariamente que recordar a mis queridos maestros Noel Ramón Peralta (Monchi), Arismendi Grullón y Leonardo Estrella (Leo), actualmente síndico de San Víctor. Mi formación profesional la asumo hoy como el edificio plantado sobre las bases que en un buen tiempo ellos supieron construir.
Olvidar no puedo en el nivel intermedio, Escuela Juan Pablo Duarte, San Víctor, Moca, a los profesores Rodolfo Rodríguez y su esposa, doña Milagros Luna; a mi profesor de español, Luis Jiménez, al director del plantel, Joaquín Medina y al maestro de matemáticas, Pedro Maximinio Reyes. De este último, muy vinculado afectivamente a mi familia, recuerdo siempre sus rabias y sus impulsos cuando nuestras bellaquerías desbordaban los límites de la paciencia. Y recuerdo igualmente que quien con él no aprendía matemáticas, no la aprendía con nadie, vale decir, nadie como él tenía tanto dominio y facilidad para enseñar tan compleja disciplina.
Del Liceo “Domingo Faustino Sarmiento”, Moca, fija yace en mi mente la imagen de la profesora Amada Ferreiras, maestra de Lengua Española y a quien todos llamábamos La querida, Frank Rosario, maestro de Filosofía y José Alba, maestro de Trigonometría. Y cómo no recordar al siempre pintoresco profesor de música Pablo Bienvenido de la Cruz.
En la Escuela Normal “Luis Núñez Molina”, donde cursé estudios pedagógicos durante dos años en la categoría de internado, razones sobran para recordar a consagrados educadores a quienes allí lo veíamos como padres y maestros: a la nunca olvidada Herminia Vda. Pimentel (doña Mamina), a Marino Henríquez (profe Maro); a los profesores Francisco Polanco y Alfredo Abel, luces que iluminaban el horizonte educativo dominicano; a Carmen Bejarán y a la maestra Mercedes María Reyes, entre otros.
Y cómo no recordar, finalmente, a mis profesores de la UASD, en los grados de licenciatura y maestría, Pedro Ureña Rib, Diógenes Céspedes, Carlisle González, Mukien Sang, Andrés Paniagua, Jesús Tellería, y, particularmente, a ese Maestro de maestros llamado Celso Benavides, uno de los académicos de más sólida formación linguística la República Dominicana.
Cuando en cualquier momento con uno de esos educadores antes mencionados me encuentro, de ningún modo siento que estoy frente a un colega o compañero de trabajo. Entiendo, al contrario, que estoy sencillamente frente a frente a mi maestro.
¡Felicidades a los aún viven y que sus restos descansen en paz los que ya fallecieron!
miércoles, 16 de junio de 2010
CANTO A TAMBORIL
Doña Elsa Brito de Domínguez. Maestra y poetiza, nació en Tamboril, pero reside en Santiago, ciudad en la que por más de cuarenta años ejercició el magisterio, la mayor parte de ellos en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Auténtica y fervorosa tamborileña, supo plasmar todo el amor que siempre ha sentido por su querida patria chica o venerada “PAJISA ALDEA” en su muy nostálgico y descriptivo "Canto a Tamboril":
Canto a Tamboril
Oh Tamboril adorable
pinceladas eufóricas recogen tus samanes
y al arrullo del viento
tus flores amarillas
se van de prisa a veces
y no quieren volver.
Tus rieles, dos líneas paralelas,
que estamparon su marca
en la tierra aldeana
y al vaivén de un tranvía
repiquetearon danzas en sus hierros lustrosos
que ya no volverán.
Me hablaron de tus voces, poéticas y pulcras
oí decir un día,
que a la luz de la luna
con requiebros y cuerdas de guitarra
a Tabaré leían
y amaban del poeta su lírica exquisita.
Las blancas azucenas, silvestres parecían,
placeras sin canciones bajaban a la aldea
y las extrañas blancas, rosadas y moradas,
engarzaban sus pétalos
sin temor de ser pintadas
en una florería.
El laurel con su copa desafiante y augusta
como un molino sacro
retuerce las frutitas
que se desparraman muy tristes y en calma
en la calzada agreste
que ha abrazado la tierra
como muralla inerme
de pleno Siglo Veinte.
El sol ha dormido la tierra
que bordada en tabaco suspira
y el obrero silente
ha cortado el cigarro
con chaveta hechizada
de sus hojas negruzcas y dobladas
han logrado
los silbidos, la sangre y el agua.
La montaña ha doblado el costado
y ha exhibido el verdor de su falda
de la entraña del suelo ha brotado
la luz transparente del ámbar.
Yelidá con su canto sonoro
fue acrobacia de imagen y esmero
que dio gala y renombre al poeta
cuando hablaba de dioses noruegos
y de sueños azules
con éxtasis augusto
y frenesí de la tierra morena.
Tamboril, te repito tu canto,
en mi línea trazada a mi antojo
con luceros por ámbar,
con savia de grama,
sudores silentes
de obreros que cantan,
un laurel hermoso
de copa gigante,
y la historia sacra
de un samán que alberga
los sueños y risas
del que hilvana cuentos
en noches de luna.
Pinceles poéticos, bordaron tus órbitas
y el cielo ha quedado como espejo mágico
retratando el marco del retrato dado
de aquellas siluetas que están en mi alma
vestidas de gala
porque son recuerdos
de mi pueblo amado.
( Autora : Elsa Brito )
Doña Elsa Brito de Domínguez. Maestra y poetiza, nació en Tamboril, pero reside en Santiago, ciudad en la que por más de cuarenta años ejercició el magisterio, la mayor parte de ellos en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Auténtica y fervorosa tamborileña, supo plasmar todo el amor que siempre ha sentido por su querida patria chica o venerada “PAJISA ALDEA” en su muy nostálgico y descriptivo "Canto a Tamboril":
Canto a Tamboril
Oh Tamboril adorable
pinceladas eufóricas recogen tus samanes
y al arrullo del viento
tus flores amarillas
se van de prisa a veces
y no quieren volver.
Tus rieles, dos líneas paralelas,
que estamparon su marca
en la tierra aldeana
y al vaivén de un tranvía
repiquetearon danzas en sus hierros lustrosos
que ya no volverán.
Me hablaron de tus voces, poéticas y pulcras
oí decir un día,
que a la luz de la luna
con requiebros y cuerdas de guitarra
a Tabaré leían
y amaban del poeta su lírica exquisita.
Las blancas azucenas, silvestres parecían,
placeras sin canciones bajaban a la aldea
y las extrañas blancas, rosadas y moradas,
engarzaban sus pétalos
sin temor de ser pintadas
en una florería.
El laurel con su copa desafiante y augusta
como un molino sacro
retuerce las frutitas
que se desparraman muy tristes y en calma
en la calzada agreste
que ha abrazado la tierra
como muralla inerme
de pleno Siglo Veinte.
El sol ha dormido la tierra
que bordada en tabaco suspira
y el obrero silente
ha cortado el cigarro
con chaveta hechizada
de sus hojas negruzcas y dobladas
han logrado
los silbidos, la sangre y el agua.
La montaña ha doblado el costado
y ha exhibido el verdor de su falda
de la entraña del suelo ha brotado
la luz transparente del ámbar.
Yelidá con su canto sonoro
fue acrobacia de imagen y esmero
que dio gala y renombre al poeta
cuando hablaba de dioses noruegos
y de sueños azules
con éxtasis augusto
y frenesí de la tierra morena.
Tamboril, te repito tu canto,
en mi línea trazada a mi antojo
con luceros por ámbar,
con savia de grama,
sudores silentes
de obreros que cantan,
un laurel hermoso
de copa gigante,
y la historia sacra
de un samán que alberga
los sueños y risas
del que hilvana cuentos
en noches de luna.
Pinceles poéticos, bordaron tus órbitas
y el cielo ha quedado como espejo mágico
retratando el marco del retrato dado
de aquellas siluetas que están en mi alma
vestidas de gala
porque son recuerdos
de mi pueblo amado.
( Autora : Elsa Brito )
CALLE "ELSA BRITO"
Por : Domingo Caba Ramos
(Resumen de la semblanza leída por el autor ( Domingo Caba R. ) el día 8 de agosto del 2007 en el acto en que se designó con el nombre de Elsa Brito una de las calles del sector Francisco A. Caamaño del municipio de Tamboril)
Doña Elsa Brito de Domínguez
Honrar honra, rezan las palabras de la vieja y conocida expresión popular. Por eso de entrada me siento en el deber de felicitar a la honorable Sala Capitular del Ayuntamiento , al Club Rotario y a las representaciones políticas del municipio de Tamboril por la feliz y sabia iniciativa de designar con el nombre de “Elsa Brito” una de las calles que conforman el área urbana de la llamada “Pajiza Aldea”
Siempre he creído que reconocer o rendir honor a quien honor merece, aparte de un noble acto de justicia, constituye la más sana expresión de nobleza y responsabilidad por parte de la persona o institución que organiza el homenaje. Y mayor significado adquiere semejante distinción si el ser reconocido aún se mantiene respirando y activo en el siempre complejo pero placentero mundo de los vivos.
De entrada debo igualmente resaltar que Tamboril está matizado por un rasgo bastante característico: a su gente, al parecer, le resulta humanamente imposible desconectarse sentimentalmente de sus raíces pueblerinas. Por eso en la distancia, a sus hijos, los recuerdos de la patria chica afloran siempre a su mente. Y así como escribió la destacada poetisa cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda cuando tuvo que abandonar la isla de sus sueños:
¡doquier que el ado en su furor me impela
tu dulce nombre halagará mi oído!”
Del mismo modo Dagoberto López, poeta tamborileño radicado desde en 1971 en E.E.U.U., escribió, en el mismo instante en que tuvo que dejar atrás su lar nativo , unos versos en los que late la nostalgia y amargura que siente todo aquel que deja tras sí el sol, el cielo y el aire del paisaje local:
“Se acerca la hora, me voy Tamboril
y voy a llevarme las cosas pequeñas de mi vida triste
las que llevo siempre en lo más profundo de mis cicatrices.
Me voy Tamboril,
me voy pero vuelvo”
Muerto a destiempo y establecido a muy temprana edad en la capital dominicana, Tomás Hernández Tolentino evoca el paisaje nativo en un canto de indiscutibles aliento nostálgico:
“Pero no hay más belleza que la de mi aldea.
¡Qué amanecer!
¡Qué dulce es recordarte Tamboril!”
En tanto que del padre del anterior y autor del famoso poema YELIDA, Tomás Hernández Franco, se registra su muy famosa y conocida frase:
“Yo fui tamborileño en París, en New York, en Centroamérica y en Santiago”
Y en ese mismo contexto, una de las hijas meritorias del municipio, maestra consagrada y poetisa de aguda sensibilidad proclama con el mayor candor o fuerza lírica que se le pueda imprimir al verso:
“¡Oh Tamboril adorable!
pinceladas eufóricas recogen tus samanes
y al arrullo del viento
tus flores amarillas
se van de prisa a veces
y no quieren volver…”
Esa hija meritoria, educadora consagrada y ciudadana ejemplar es la misma cuyo nombre identificará a partir de hoy la calle en que nos encontramos. Nos referimos a doña Elsa Vda. Domínguez, mujer de chica o diminuta anatomía , pero grande de ideas, cerebro y corazón.
Maestra y poetisa, constructora de versos y forjadora de cultura, doña Elsa nació en Tamboril, el 10 de diciembre de 1935, comunidad donde cursó sus estudios primarios y a cuyo desarrollo social y cultural siempre ha estado ligada. Sus estudios secundarios los realizó en los liceos “Ulises Francisco Espaillat” (Santiago) y “Domingo Faustino Sarmiento”, de la ciudad de Moca.
En la Escuela Normal Superior “Emilio Prud Homme” cursó estudios de formación docente y en esa prestigiosa institución, en 1957, obtuvo el título de Maestra Normal de Segunda Enseñanza, sección
Letras. Siete años más tarde, en 1963, se matriculó en la carrera de Derecho de la Universidad Católica Madre y Maestra, mas su vocación pedagógica muy pronto la llevaría no sólo a cambiar de carrera sino también de universidad, y es así como en los años 1971 y 1972 se gradúa de licenciada en educación y orientadora en la Universidad Nacional “Pedro Henríquez Ureña”
LABOR DOCENTE
Su labor docente se inició en 1957 como profesora del Liceo Secundario Ulises Francisco Espaillat, de Santiago, donde ejerció hasta 1975, año en que pasó a impartir clases a la Universidad Católica Madre y Maestra, centro en el que aún se mantiene activa como Profesora Asociada. También impartió docencia en los colegios Sagrado Corazón de Jesús y La Esperanza, así como las escuelas de formación de maestros “Emilio Prud Homme”, Santiago, y “Luis Núñez Molina”,en Licey al Medio.
Pero paralela a este quehacer sistemático y formal típico de la escuela, vale destacarlo, esta inquieta y fecunda educadora ha educado igualmente con su producción literaria, múltiples conferencias y conducta de madre y ciudadana ejemplar. Como ya lo postuló la también maestra y poetisa chilena Gabriela Mistral, de doña Elsa bien puede afirmarse que ha enseñado “con la acción, el gesto y la palabra”
LABOR LITERARIA
Aunque se ha destacado en el género poético, la profesora Elsa Brito ha escrito obras de ensayo y teatro. En 1976 publicó su primer libro de versos titulado “Al pie de mi escalera” y en enero del 2002 dio a la luz su más reciente obra: “La muralla de los siglos”, cuya puesta en circulación, un año después en la Casa de la Cultura Latina, en Bruselas, Bélgica, constituyó todo un acontecimiento internacional para orgullo no sólo de la autora y su familia, sino también para orgullo de todo el pueblo de Tamboril. Y todo un acontecimiento fue también la conferencia que sobre el insigne poeta tamborileño, Tomás H. Franco leyó en 1997 en la sede de la UNESCO. Ha colaborado en diferentes periódicos y revistas nacionales y representado al país en varias ocasiones en eventos culturales. Por su gran labor educativa y promotora cultural ha sido objeto de innúmeras distinciones.
Casó con el señor Pedro Domínguez (fallecido) de cuyo matrimonio nacieron cinco hijos: Pedro, Alejandro, José Luis, Elsa María y Francisco Domínguez Brito.
Por su trayectoria y aportes en favor de su pueblo y el Cibao, doña Elsa es más que merecedora del justo homenaje que en su nombre han organizado en esta calurosa mañana de agosto el Honorable Ayuntamiento y el Club Rotario de estemunicipio.
(Resumen de la semblanza leída por el autor ( Domingo Caba R. ) el día 8 de agosto del 2007 en el acto en que se designó con el nombre de Elsa Brito una de las calles del sector Francisco A. Caamaño del municipio de Tamboril)
Doña Elsa Brito de Domínguez
Honrar honra, rezan las palabras de la vieja y conocida expresión popular. Por eso de entrada me siento en el deber de felicitar a la honorable Sala Capitular del Ayuntamiento , al Club Rotario y a las representaciones políticas del municipio de Tamboril por la feliz y sabia iniciativa de designar con el nombre de “Elsa Brito” una de las calles que conforman el área urbana de la llamada “Pajiza Aldea”
Siempre he creído que reconocer o rendir honor a quien honor merece, aparte de un noble acto de justicia, constituye la más sana expresión de nobleza y responsabilidad por parte de la persona o institución que organiza el homenaje. Y mayor significado adquiere semejante distinción si el ser reconocido aún se mantiene respirando y activo en el siempre complejo pero placentero mundo de los vivos.
De entrada debo igualmente resaltar que Tamboril está matizado por un rasgo bastante característico: a su gente, al parecer, le resulta humanamente imposible desconectarse sentimentalmente de sus raíces pueblerinas. Por eso en la distancia, a sus hijos, los recuerdos de la patria chica afloran siempre a su mente. Y así como escribió la destacada poetisa cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda cuando tuvo que abandonar la isla de sus sueños:
¡doquier que el ado en su furor me impela
tu dulce nombre halagará mi oído!”
Del mismo modo Dagoberto López, poeta tamborileño radicado desde en 1971 en E.E.U.U., escribió, en el mismo instante en que tuvo que dejar atrás su lar nativo , unos versos en los que late la nostalgia y amargura que siente todo aquel que deja tras sí el sol, el cielo y el aire del paisaje local:
“Se acerca la hora, me voy Tamboril
y voy a llevarme las cosas pequeñas de mi vida triste
las que llevo siempre en lo más profundo de mis cicatrices.
Me voy Tamboril,
me voy pero vuelvo”
Muerto a destiempo y establecido a muy temprana edad en la capital dominicana, Tomás Hernández Tolentino evoca el paisaje nativo en un canto de indiscutibles aliento nostálgico:
“Pero no hay más belleza que la de mi aldea.
¡Qué amanecer!
¡Qué dulce es recordarte Tamboril!”
En tanto que del padre del anterior y autor del famoso poema YELIDA, Tomás Hernández Franco, se registra su muy famosa y conocida frase:
“Yo fui tamborileño en París, en New York, en Centroamérica y en Santiago”
Y en ese mismo contexto, una de las hijas meritorias del municipio, maestra consagrada y poetisa de aguda sensibilidad proclama con el mayor candor o fuerza lírica que se le pueda imprimir al verso:
“¡Oh Tamboril adorable!
pinceladas eufóricas recogen tus samanes
y al arrullo del viento
tus flores amarillas
se van de prisa a veces
y no quieren volver…”
Esa hija meritoria, educadora consagrada y ciudadana ejemplar es la misma cuyo nombre identificará a partir de hoy la calle en que nos encontramos. Nos referimos a doña Elsa Vda. Domínguez, mujer de chica o diminuta anatomía , pero grande de ideas, cerebro y corazón.
Maestra y poetisa, constructora de versos y forjadora de cultura, doña Elsa nació en Tamboril, el 10 de diciembre de 1935, comunidad donde cursó sus estudios primarios y a cuyo desarrollo social y cultural siempre ha estado ligada. Sus estudios secundarios los realizó en los liceos “Ulises Francisco Espaillat” (Santiago) y “Domingo Faustino Sarmiento”, de la ciudad de Moca.
En la Escuela Normal Superior “Emilio Prud Homme” cursó estudios de formación docente y en esa prestigiosa institución, en 1957, obtuvo el título de Maestra Normal de Segunda Enseñanza, sección
Letras. Siete años más tarde, en 1963, se matriculó en la carrera de Derecho de la Universidad Católica Madre y Maestra, mas su vocación pedagógica muy pronto la llevaría no sólo a cambiar de carrera sino también de universidad, y es así como en los años 1971 y 1972 se gradúa de licenciada en educación y orientadora en la Universidad Nacional “Pedro Henríquez Ureña”
LABOR DOCENTE
Su labor docente se inició en 1957 como profesora del Liceo Secundario Ulises Francisco Espaillat, de Santiago, donde ejerció hasta 1975, año en que pasó a impartir clases a la Universidad Católica Madre y Maestra, centro en el que aún se mantiene activa como Profesora Asociada. También impartió docencia en los colegios Sagrado Corazón de Jesús y La Esperanza, así como las escuelas de formación de maestros “Emilio Prud Homme”, Santiago, y “Luis Núñez Molina”,en Licey al Medio.
Pero paralela a este quehacer sistemático y formal típico de la escuela, vale destacarlo, esta inquieta y fecunda educadora ha educado igualmente con su producción literaria, múltiples conferencias y conducta de madre y ciudadana ejemplar. Como ya lo postuló la también maestra y poetisa chilena Gabriela Mistral, de doña Elsa bien puede afirmarse que ha enseñado “con la acción, el gesto y la palabra”
LABOR LITERARIA
Aunque se ha destacado en el género poético, la profesora Elsa Brito ha escrito obras de ensayo y teatro. En 1976 publicó su primer libro de versos titulado “Al pie de mi escalera” y en enero del 2002 dio a la luz su más reciente obra: “La muralla de los siglos”, cuya puesta en circulación, un año después en la Casa de la Cultura Latina, en Bruselas, Bélgica, constituyó todo un acontecimiento internacional para orgullo no sólo de la autora y su familia, sino también para orgullo de todo el pueblo de Tamboril. Y todo un acontecimiento fue también la conferencia que sobre el insigne poeta tamborileño, Tomás H. Franco leyó en 1997 en la sede de la UNESCO. Ha colaborado en diferentes periódicos y revistas nacionales y representado al país en varias ocasiones en eventos culturales. Por su gran labor educativa y promotora cultural ha sido objeto de innúmeras distinciones.
Casó con el señor Pedro Domínguez (fallecido) de cuyo matrimonio nacieron cinco hijos: Pedro, Alejandro, José Luis, Elsa María y Francisco Domínguez Brito.
Por su trayectoria y aportes en favor de su pueblo y el Cibao, doña Elsa es más que merecedora del justo homenaje que en su nombre han organizado en esta calurosa mañana de agosto el Honorable Ayuntamiento y el Club Rotario de estemunicipio.
lunes, 7 de junio de 2010
EL PODER POETICO DE LA LLUVIA
Por : Domingo Caba Ramos
¿Se ha parado usted alguna vez, amigo lector, a observar el veloz movimiento o escuchar el agradable susurro de las aguas que circulan por los cauces de nuestros ríos tropicales? ¿Se ha detenido usted a observar o escuchar la marcha ondulante y el murmullo eterno de las olas en su loca desesperación por estrellarse contra las rocas?¿Se ha parado usted alguna vez frente a la puerta o ventana de su casa a oír o ver la lluvia caer? ¿Se ha dormido usted arrullado por el canto armónico de la lluvia?
La lluvia es talvez una de las más geniales obras de arte que nos ha brindado la naturaleza y quizás el más romántico de los elementos o seres que forman parte del mundo natural. En su vertical descenso hacia la tierra, la lluvia entona la más tierna de las serenatas y el más armónico de los conciertos.
La lluvia embriaga el espíritu, excita la inspiración de los poetas y provoca en las almas dotadas de cierto grado de sensibilidad artística toda una gama de dulces sensaciones y sentimientos. Hasta los niños y animales ceden vencidos o atrapados por las redes embrujantes de la lluvia.
De la época de mi niñez, jamás he podido olvidar el comportamiento asumido por una traviesa y parlanchina cotorrita (la cuca) que había en mi casa. Desde que una embarazada nubecilla daba a luz su acuática criatura, una alegría sin igual invadía el ánimo de la vagabunda cotica y ningún tímpano podía soportar por mucho tiempo el eco casi interminable de su ininteligible monólogo.
Del gran poeta Pablo Neruda se cuenta que al pasar a vivir a la aldea de Isla Negra (Chile) instaló su casa en un acantilado frente a una playa de grandes rocas y en cuyo interior ordenó construir un estudio dedicado a recordar al lluvioso sur chileno que lo vio nacer.
“Neruda - reseña Enrique Gutiérrez Aicardi - decidió que la pieza debía tener un techo de zinc para sentir la lluvia con toda la fuerza con que los aguaceros barren la tierra en el sur de Chile”.
“El estudio - continúa diciendo Gutiérrez Aicardi -tuvo su techo de zinc y allí Neruda se dejó arrullar por el murmullo de las olas y el tamborileo de la lluvia que le hacía regresar a sus años de infancia...”
El propio bardo chileno inicia su libro autobiográfico, “Confieso que he vivido”, diciendo la siguiente:
“Comenzaré por decir, sobre los días y años de mi infancia, que mi único personaje inolvidable fue la lluvia. La lluvia austral que cae como una catarata del Polo, desde los cielos del Cabo de Hornos hasta la frontera. En esta frontera, o Far West de mi patria, nací a la vida, a la tierra, a la poesía y a la lluvia. La lluvia caía en hilos como largas agujas de vidrio que se rompían en los techos o llegaban en olas transparentes contra las ventanas”.
En uno de sus poemas, EL PADRE, el autor de “Residencia en la tierra”, inserta los versos que siguen:
... la lluvia como catarata
despeñada en los techos
ahogaba poco a poco
el mundo
y no se oía nada más que el viento
peleando con la lluvia...
Pero no sólo Pablo Neruda. Otros poetas de igual valía también le han cantado a la lluvia. Como el gran vate español Antonio Machado cuya voz nos parece escuchar allá, en su natal Sevilla, diciéndonos en una de sus famosas GALERIAS poéticas:
“Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil
yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril...”
Por : Domingo Caba Ramos
¿Se ha parado usted alguna vez, amigo lector, a observar el veloz movimiento o escuchar el agradable susurro de las aguas que circulan por los cauces de nuestros ríos tropicales? ¿Se ha detenido usted a observar o escuchar la marcha ondulante y el murmullo eterno de las olas en su loca desesperación por estrellarse contra las rocas?¿Se ha parado usted alguna vez frente a la puerta o ventana de su casa a oír o ver la lluvia caer? ¿Se ha dormido usted arrullado por el canto armónico de la lluvia?
La lluvia es talvez una de las más geniales obras de arte que nos ha brindado la naturaleza y quizás el más romántico de los elementos o seres que forman parte del mundo natural. En su vertical descenso hacia la tierra, la lluvia entona la más tierna de las serenatas y el más armónico de los conciertos.
La lluvia embriaga el espíritu, excita la inspiración de los poetas y provoca en las almas dotadas de cierto grado de sensibilidad artística toda una gama de dulces sensaciones y sentimientos. Hasta los niños y animales ceden vencidos o atrapados por las redes embrujantes de la lluvia.
De la época de mi niñez, jamás he podido olvidar el comportamiento asumido por una traviesa y parlanchina cotorrita (la cuca) que había en mi casa. Desde que una embarazada nubecilla daba a luz su acuática criatura, una alegría sin igual invadía el ánimo de la vagabunda cotica y ningún tímpano podía soportar por mucho tiempo el eco casi interminable de su ininteligible monólogo.
Del gran poeta Pablo Neruda se cuenta que al pasar a vivir a la aldea de Isla Negra (Chile) instaló su casa en un acantilado frente a una playa de grandes rocas y en cuyo interior ordenó construir un estudio dedicado a recordar al lluvioso sur chileno que lo vio nacer.
“Neruda - reseña Enrique Gutiérrez Aicardi - decidió que la pieza debía tener un techo de zinc para sentir la lluvia con toda la fuerza con que los aguaceros barren la tierra en el sur de Chile”.
“El estudio - continúa diciendo Gutiérrez Aicardi -tuvo su techo de zinc y allí Neruda se dejó arrullar por el murmullo de las olas y el tamborileo de la lluvia que le hacía regresar a sus años de infancia...”
El propio bardo chileno inicia su libro autobiográfico, “Confieso que he vivido”, diciendo la siguiente:
“Comenzaré por decir, sobre los días y años de mi infancia, que mi único personaje inolvidable fue la lluvia. La lluvia austral que cae como una catarata del Polo, desde los cielos del Cabo de Hornos hasta la frontera. En esta frontera, o Far West de mi patria, nací a la vida, a la tierra, a la poesía y a la lluvia. La lluvia caía en hilos como largas agujas de vidrio que se rompían en los techos o llegaban en olas transparentes contra las ventanas”.
En uno de sus poemas, EL PADRE, el autor de “Residencia en la tierra”, inserta los versos que siguen:
... la lluvia como catarata
despeñada en los techos
ahogaba poco a poco
el mundo
y no se oía nada más que el viento
peleando con la lluvia...
Pero no sólo Pablo Neruda. Otros poetas de igual valía también le han cantado a la lluvia. Como el gran vate español Antonio Machado cuya voz nos parece escuchar allá, en su natal Sevilla, diciéndonos en una de sus famosas GALERIAS poéticas:
“Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil
yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril...”
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