GRACIAS AL CLUB ROTARIO TAMBORIL
Por : Domingo Caba Ramos.
El viernes de la pasada semana (28/5/2010) fui objeto de un reconocimiento por parte del Club Rotario Tamboril, prestigiosa institución de servicios fundada el 17 de mayo de 1993. Dicha distinción constituye una de las actividades que todos los años realiza esa entidad rotaria para celebrar su fecha aniversaria. Consiste la misma en reconocer los méritos de las personas que se han distinguido por su ejemplar conducta familiar y/o comunitaria, o por sus desinteresados aportes en beneficio del desarrollo social, educativo y cultural del municipio de Tamboril. En esta oportunidad tuve el honor de recibir tan preciado galardón junto a tres distinguidos munícipes que también fueron reconocidos.
En la placa que se me concedió constan las razones que sustentaron su otorgamiento:
“El CLUB ROTARIO TAMBORIL, INC. Reconoce al LIC. DOMINGO CABA RAMOS por su gran aporte académico, administrativo, cultural, en la formación de varias generaciones, dejando huellas en el saber y la literatura, escribiendo páginas en la historia de nuestro municipio y del país…”
No es la primera vez que el Club Rotario Tamboril y en esta comunidad se me distingue con un reconocimiento, puesto que en el mismo año de su fundación (1993) fui declarado “SOCIO HONORARIO” de dicho organismo, y entre otras distinciones, provenientes de diferentes instancias, en octubre 1995 se me declaró “HIJO ADOPTIVO DE TAMBORIL”, mediante resolución emitida por la Sala Capitular del honorable Ayuntamiento local.
Al leer la semblanza relativa a mi hoja de vida, la muy dinámica y siempre activa secretaria del Club, Lic. Icelsa Collado de Rodríguez, expresó que:
«Desde el mismo momento en que se integró a la vida tamborileña, Domingo Caba, mocano de origen, aparte de sus aportes en el proceso de formación de numerosas generaciones de estudiantes en los liceos Nocturno “Tamboril…” y “Braulio Paulino”, ha colaborado o contribuido a impulsar importantes proyectos institucionales cuya materialización ha repercutido en beneficio de todo el pueblo. Entre otros aportes merecen citarse los siguientes :
1. Miembro fundador del Honorable Cuerpo de Bomberos.
2. Miembro del Comité pro fundación del Liceo Secundario « Braulio Paulino »
3. Miembro fundador de la Biblioteca Pública “Tomás Hernández Franco”
4. Presidente del Comité de Apoyo a la Biblioteca Pública “Tomás Hernández Franco”
5. Coordinador de la revista “ Ecos Rotarios”, del Club Rotario “Tamboril”
6. Miembro actual del Comité pro construcción Mausoleo al poeta Tomás Hernández Franco»
Agradezco sinceramente esta nueva distinción que me otorga el Club Rotario Tamboril, y aprovecho estas notas para públicamente dar las gracias a su presidente saliente, señor Justo Rosario, a su presidente entrante, señor José Hernández, y a cada uno de los miembros que lo integran.
Servir desinteresadamente o sin esperar nada a cambio, siempre ha sido una de las prácticas que más placer y satisfacción me proporciona. Y mucho mayor es esa satisfacción cuando una institución del prestigio y demostrado espíritu de servicios, como lo es Rotary, nos distingue o reconoce por proceder de esa manera.
jueves, 3 de junio de 2010
miércoles, 12 de mayo de 2010
“CORROBORO, CORROBORO”
Estamos en campaña. Los candidatos se cuentan por montones. Cada día que pasa crece la desesperación, se incrementa la euforia, se ensanchan las expectativas. Todos quieren llegar. Todos desean “sacrificarse” y “aportar” a su patria. Todos pretenden llegar al Congreso o al Ayuntamiento para” representar dignamente” a su comunidad. Todos, en fin, quieren ser síndicos, regidores, diputados o senadores
Cuando veo y escucho a esos candidatos, de inmediato aflora a mi mente el recuerdo de las muy famosos y siempre citadas décimas “Corroboro, corroboro”, publicadas en 1884 por Juan Antonio Alix, y en las que el afamado bardo popular se burlaba de la inteligencia de los legisladores de su tiempo.
-Dime, querido vidal,
tú que eres medio letrado,
para ser buen diputado,
a un Congreso Nacional
¿debe ser hombre leal,
de inteligencia y decoro?
No sea penguinche, Teodoro,
que para un congreso ir,
no hay más que saber decir,
corroboro, corroboro.
Si es así, amigo Vidal,
yo tengo un loro educado,
que sería buen diputado,
a un Congreso Nacional,
pues él aunque es animal,
no se venderá por oro,
y sabe tanto mi loro,
que si uno habla por allá,
él contesta por acá,
corroboro. Corroboro.
-Pues Vidal, a mi entender,
creí que los diputados,
eran patriotas y honrados,
y de bastante saber,
que el pueblo sabía escoger,
hombres serios como un toro,
y nunca elegir un moro
para que sea mal cristiano,
¿no es así, querido hermano?
corroboro, corroboro.
En los gobiernos pasados,
los jefes que gobernaban,
ellos mismos arreglaban
moldes para diputados
y algunos salían dañados,
pues no servían para coro,
pero otros, créalo, Teodoro,
que antes de al Congreso ir,
los enseñaban a decir,
corroboro, corroboro.
Al pie de las décimas, su autor, el entonces llamado “Cantor del Yaque”, nos presenta un relato anecdótico que no podía ser más jocoso y aleccionador:
« No recuerdo en qué pueblo de la República – escribe Alix - fue que eligieron un diputado al Congreso, y después de elegido le pusieron un maestro para enseñarlo a decir “corroboro, corroboro”. Tenía el diputado en cuestión una memoria tan feliz que sólo un mes necesitó para aprenderse la lección, la cual durante el viaje de su pueblo a la capital, repetía diciendo: “para que no se te olvide, corroboro, corroboro, corroboro”. Bien»
« Ya en el Congreso, – continua el poeta – y tan pronto como dejara la palabra un diputado mejor elegido, se levanta nuestro héroe, diciendo: ¿“Me dejan meter el pico…?”» Pero al concederle el presidente del Congreso la palabra, “ el diputado, después de toser quince veces, escupir y pasarle el pie a lo que había escupido, se alzó los pantalones y dijo : “ Señores : como mi vale, el que acaba de hablar, él yo somos … así … ( juntando los dos índices ) para que no se te olvide, «¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!” El Congreso se alarmó y hubo tamaña barahúnda… pero este (el diputado) al ver que él era la causa de semejante alboroto, gritó: alto!, señores, alto! que me he equivocado: yo no he querido decir socorro, yo he querido decir “correburro”
Alix termina su relato advirtiendo que:
«Es pues necesario que todos los pueblos de la república tengan presente esta circunstancia para que cuando vuelvan a ofrecerse elecciones para diputados elijan hombres inteligentes y dignos de ocupar tan delicado puesto para abolir para siempre a los correburros»
Se trata de una sabia advertencia que todos los dominicanos deberían tener presente en el momento de depositar sus votos en las elecciones que se llevarán a cabo el día 16 de mayo del año en curso.
Estamos en campaña. Los candidatos se cuentan por montones. Cada día que pasa crece la desesperación, se incrementa la euforia, se ensanchan las expectativas. Todos quieren llegar. Todos desean “sacrificarse” y “aportar” a su patria. Todos pretenden llegar al Congreso o al Ayuntamiento para” representar dignamente” a su comunidad. Todos, en fin, quieren ser síndicos, regidores, diputados o senadores
Cuando veo y escucho a esos candidatos, de inmediato aflora a mi mente el recuerdo de las muy famosos y siempre citadas décimas “Corroboro, corroboro”, publicadas en 1884 por Juan Antonio Alix, y en las que el afamado bardo popular se burlaba de la inteligencia de los legisladores de su tiempo.
-Dime, querido vidal,
tú que eres medio letrado,
para ser buen diputado,
a un Congreso Nacional
¿debe ser hombre leal,
de inteligencia y decoro?
No sea penguinche, Teodoro,
que para un congreso ir,
no hay más que saber decir,
corroboro, corroboro.
Si es así, amigo Vidal,
yo tengo un loro educado,
que sería buen diputado,
a un Congreso Nacional,
pues él aunque es animal,
no se venderá por oro,
y sabe tanto mi loro,
que si uno habla por allá,
él contesta por acá,
corroboro. Corroboro.
-Pues Vidal, a mi entender,
creí que los diputados,
eran patriotas y honrados,
y de bastante saber,
que el pueblo sabía escoger,
hombres serios como un toro,
y nunca elegir un moro
para que sea mal cristiano,
¿no es así, querido hermano?
corroboro, corroboro.
En los gobiernos pasados,
los jefes que gobernaban,
ellos mismos arreglaban
moldes para diputados
y algunos salían dañados,
pues no servían para coro,
pero otros, créalo, Teodoro,
que antes de al Congreso ir,
los enseñaban a decir,
corroboro, corroboro.
Al pie de las décimas, su autor, el entonces llamado “Cantor del Yaque”, nos presenta un relato anecdótico que no podía ser más jocoso y aleccionador:
« No recuerdo en qué pueblo de la República – escribe Alix - fue que eligieron un diputado al Congreso, y después de elegido le pusieron un maestro para enseñarlo a decir “corroboro, corroboro”. Tenía el diputado en cuestión una memoria tan feliz que sólo un mes necesitó para aprenderse la lección, la cual durante el viaje de su pueblo a la capital, repetía diciendo: “para que no se te olvide, corroboro, corroboro, corroboro”. Bien»
« Ya en el Congreso, – continua el poeta – y tan pronto como dejara la palabra un diputado mejor elegido, se levanta nuestro héroe, diciendo: ¿“Me dejan meter el pico…?”» Pero al concederle el presidente del Congreso la palabra, “ el diputado, después de toser quince veces, escupir y pasarle el pie a lo que había escupido, se alzó los pantalones y dijo : “ Señores : como mi vale, el que acaba de hablar, él yo somos … así … ( juntando los dos índices ) para que no se te olvide, «¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!” El Congreso se alarmó y hubo tamaña barahúnda… pero este (el diputado) al ver que él era la causa de semejante alboroto, gritó: alto!, señores, alto! que me he equivocado: yo no he querido decir socorro, yo he querido decir “correburro”
Alix termina su relato advirtiendo que:
«Es pues necesario que todos los pueblos de la república tengan presente esta circunstancia para que cuando vuelvan a ofrecerse elecciones para diputados elijan hombres inteligentes y dignos de ocupar tan delicado puesto para abolir para siempre a los correburros»
Se trata de una sabia advertencia que todos los dominicanos deberían tener presente en el momento de depositar sus votos en las elecciones que se llevarán a cabo el día 16 de mayo del año en curso.
martes, 27 de abril de 2010
El POEMA DE LAS MULTITUDES
"ElL POEMA DE LAS MULTITUDES " (*)
Por : Domingo Caba Ramos
Tomás Hernández Franco
Junto con Pedro Mir, Manuel del Cabral y Héctor Inchaustegui Cabral, Tomás Hernández Franco (Tamboril, 29/04/1904 – Santo Domingo, 01/09/1952) formó parte de los llamados Independientes de los 40, grupo poético cuya producción se caracterizó por la intención de denuncia y la preocupación social que late en la mayoría de los versos que la conforman. No fue, sin embargo, Hernández Franco, como sí lo fueron Mir, del Cabral e Inchaustegui, un poeta social, aun cuando lo social está presente o aflora constantemente en su poesía.
Esa presencia se pone de manifiesto, por ejemplo, en un poema de humana o antropológica raigambre, “El poema de las multitudes”, casi desconocido en el ambiente literario dominicano, y el cual se constituye en un himno a la humanidad, en un desesperado grito reivindicativo , o en un canto de solidaridad con las masas irredentas, despojadas históricamente de sus derechos existenciales.
EL POEMA DE LAS MULTITUDES
¡Muchedumbres!
Masa de hombres de todos los países
roncas de gritar la sublime protesta
muchedumbres trágicas,
rabiosas
y fuertes.
¡Muchedumbres hambrientas!
Famélica legiones
incubadoras
de los cataclismos y las revoluciones!
¡Paupérrimas muchedumbres!
De los obreros vencidos
por la ignorancia
el alcohol
la tisis!
Hombres agrupados por el dolor
carroña de las batallas
alaridos de los hospitales
soldados desconocidos de la muerte sin gloria!
¡Muchedumbre de todos los países
Salve!
Tranquilas muchedumbres
de las ferias jocundas
paz peripatética
de los domingos grises
cobres y penachos
del batallón que pasa
pueblo de los conciertos
en los jardines públicos…
¡Populacho de todas las ciudades del mundo!
un Hombre está cantando
la gloria de ser Hombre
Es del sudor
la miseria
el dolor
la laceria
es de toda la angustia de los hombres reunidos
es de todas las rabias de los hombres vencidos
es de la pena de la hija pálida y contrahecha
es del pavor
es de los tristes, de los cansados, de los caídos
que la gran tortura de vivir está hecha!
¡Muchedumbres coléricas!
Roja miseria de las barricadas
harapientas banderas al asalto
de las bastillas de la Vida
rebeliones siniestras del moujik bajo el fuete
ladridos de los manicomios
dolor de las mujeres bajo las lámparas
de los burdeles
trabajadores de los muelles
marinos de los naufragios
mineros de las tinieblas
valor de los soldados en las guerras inútiles.
Populacho de todas las ciudades del mundo!
un Hombre está cantando
la gloria de ser Hombre!
Obreros de New York
de Londres
de París
de Hamburgo
de Moscú.
Legión terrible de hombres
que ha de decir la última palabra
frente a la Eternidad y frente a Dios
legión sangrienta
feroz
legión formidable de los hombres enfermos
legión formidable de los hombres fuertes
trágicos
tristes!
Carcajada única del obrero que sufre!
Multitudes
frente al dolor y frente a la muerte
muchedumbres de todos los países
llenas de ira o llenas de piedad.
hombres que la suerte
parió, aburrida, por el mundo
llena de tristeza o llena de maldad!
Multitudes!
Sobre tus espaldas escribieron la Historia!
Y sobre tus frentes yo escribo mi Poema
de Alegría!
El poema de la Gloria
terrible de ser Hombre!
Tomás Hernández Franco
(París, 1926)
Publicado en mi columna del diario La Información en abril de 1991
Por : Domingo Caba Ramos
Junto con Pedro Mir, Manuel del Cabral y Héctor Inchaustegui Cabral, Tomás Hernández Franco (Tamboril, 29/04/1904 – Santo Domingo, 01/09/1952) formó parte de los llamados Independientes de los 40, grupo poético cuya producción se caracterizó por la intención de denuncia y la preocupación social que late en la mayoría de los versos que la conforman. No fue, sin embargo, Hernández Franco, como sí lo fueron Mir, del Cabral e Inchaustegui, un poeta social, aun cuando lo social está presente o aflora constantemente en su poesía.
Esa presencia se pone de manifiesto, por ejemplo, en un poema de humana o antropológica raigambre, “El poema de las multitudes”, casi desconocido en el ambiente literario dominicano, y el cual se constituye en un himno a la humanidad, en un desesperado grito reivindicativo , o en un canto de solidaridad con las masas irredentas, despojadas históricamente de sus derechos existenciales.
EL POEMA DE LAS MULTITUDES
¡Muchedumbres!
Masa de hombres de todos los países
roncas de gritar la sublime protesta
muchedumbres trágicas,
rabiosas
y fuertes.
¡Muchedumbres hambrientas!
Famélica legiones
incubadoras
de los cataclismos y las revoluciones!
¡Paupérrimas muchedumbres!
De los obreros vencidos
por la ignorancia
el alcohol
la tisis!
Hombres agrupados por el dolor
carroña de las batallas
alaridos de los hospitales
soldados desconocidos de la muerte sin gloria!
¡Muchedumbre de todos los países
Salve!
Tranquilas muchedumbres
de las ferias jocundas
paz peripatética
de los domingos grises
cobres y penachos
del batallón que pasa
pueblo de los conciertos
en los jardines públicos…
¡Populacho de todas las ciudades del mundo!
un Hombre está cantando
la gloria de ser Hombre
Es del sudor
la miseria
el dolor
la laceria
es de toda la angustia de los hombres reunidos
es de todas las rabias de los hombres vencidos
es de la pena de la hija pálida y contrahecha
es del pavor
es de los tristes, de los cansados, de los caídos
que la gran tortura de vivir está hecha!
¡Muchedumbres coléricas!
Roja miseria de las barricadas
harapientas banderas al asalto
de las bastillas de la Vida
rebeliones siniestras del moujik bajo el fuete
ladridos de los manicomios
dolor de las mujeres bajo las lámparas
de los burdeles
trabajadores de los muelles
marinos de los naufragios
mineros de las tinieblas
valor de los soldados en las guerras inútiles.
Populacho de todas las ciudades del mundo!
un Hombre está cantando
la gloria de ser Hombre!
Obreros de New York
de Londres
de París
de Hamburgo
de Moscú.
Legión terrible de hombres
que ha de decir la última palabra
frente a la Eternidad y frente a Dios
legión sangrienta
feroz
legión formidable de los hombres enfermos
legión formidable de los hombres fuertes
trágicos
tristes!
Carcajada única del obrero que sufre!
Multitudes
frente al dolor y frente a la muerte
muchedumbres de todos los países
llenas de ira o llenas de piedad.
hombres que la suerte
parió, aburrida, por el mundo
llena de tristeza o llena de maldad!
Multitudes!
Sobre tus espaldas escribieron la Historia!
Y sobre tus frentes yo escribo mi Poema
de Alegría!
El poema de la Gloria
terrible de ser Hombre!
Tomás Hernández Franco
(París, 1926)
Publicado en mi columna del diario La Información en abril de 1991
miércoles, 21 de abril de 2010
TOMÁS HERNÁNDEZ FRANCO
(Juicios críticos)
Por : Domingo Caba Ramos.
Tomás Hernández Franco ( 1904 – 1952 ), a pesar de ser uno de los más originales y grandes poetas contemporáneos de nuestro país y haber compuesto uno de los textos capitales del siglo XX en la República Dominicana , el poema “ Yelidá”, su obra ha sido poco divulgada , razón por la cual el inspirado bardo tamborileño , como en otras ocasiones lo hemos afirmado, continúa siendo un “ Ilustre desconocido”
Acerca de su vida y obra, sin embargo, son innúmeros los escritores de reconocida prestancia académica y/o literaria que han externado sus juicios valorativos:
«Tomas Hernández Franco – argumenta Manuel Mora Serrano - es uno de los más grandes poetas “inéditos” de este país, porque realmente se refieren los biógrafos e historiadores a su Yelida (1942), cuando, realmente, Tomás empezó a publicar muy joven, a los 17 años, “Rezos Bohemios” (poesía), y un libro de cuentos: “Capitulario”, y ya, para 1940, había editado la mayor parte de su obra. Es este Tomás un caso de precocidad superado sólo en cuanto a edad de publicación por Joaquín Balaguer, que editó en 1922, a los quince años, su primer libro: Salmos Paganos. Tomás - continúa el autor de “Juego de dominó”- fue un gran trabajador y un individuo de avanzada. En la revista Yelidá, en su primer número, se reveló, como él dio a conocer en La Información, las primeras noticias del movimiento surrealista francés en los años veinte, y ya se sabe que también él es el autor de los primeros relatos auténticamente surrealistas escritos por un dominicano» (Listín Diario, 18/4/98).
Manuel Mora Serrano:
Novelista, poeta y ensayista.
Pedro René Contín Aybar, ensayista, crítico literario y quien compartiera con Hernández Franco la redacción de Los Cuadernos Dominicanos de Cultura, describe de esta manera a su antiguo amigo y compañero:
«Tomás Hernández Franco era la inquietud personificada. Le veo grande, fuerte, gesticulante, hablando a gritos, defendiendo ideales cada vez renovados, bufando, manoteando, riendo, inestático siempre. Producía la impresión de un barbotar constante, como un torrente ensordecedor, como una incesante máquina de producción ilimitada. Poeta, su verso vibraba con elásticos acentos móviles. Agrupaba ideas, al parecer sin concierto, para cerrar con un broche magnífico donde todo su pensamiento disperso se resumía en un sonoro acorde definitivo.
Polemista, esgrimía argumentos contundentes, destrozaba, fundía, aplastaba. Recorría todos los caminos, oprimiendo un círculo contrictor donde su contrincante quedaba reducido a polvo. Sus convicciones eran firmes, aunque violenta, y las oponía hasta contra la razón, seguro de que la postre la razón era suya. Escritor, cultivaba, preferentemente, después de la poesía, el cuento y se puede asegurar que produjo, si no los mejores, al menos algunos de los más encomiables cuentos dominicanos, entre ellos, piezas de antología, como “El asalto de los generales” y “Anselma y Malena”»
Cuadernos Dominicanos de Cultura
No. 118, p.383, sept. 1952
El periodista y escritor cubano Virgilio Ferrer Gutiérrez nos presenta el siguiente retrato:
«Lo que ha visto nuestra lente: 6 pies de carne y hueso. Una mirada zahorí, curiosa, inquieta. Unas orejas que son antenas. Una cordialidad desbordada. Un enorme talento y una exquisita sensibilidad. Una nariz aguda como corvo pico de aguilucho. Un espíritu abierto. Unos enormes brazos, siempre en cruz. Y unas manos vigorosamente trazadas, listas para lo que sea menester…»
Virgilio Ferrer Gutiérrez
Cuadernos Dominicanos de Cultura
No. 118, p.387, sept. 1952
«Un amigo me da la noticia: “Murió Hernández Franco” –apunta el escritor salvadoreño Ricardo Trigueros de León - Silva el viento en las crines de los caballos, de los caballos que él amó e hizo relinchar en sus cuentos, entre disparos y matorrales, mientras Y elida, hija del mal y del sargazo, tiembla de frio entre dos brazos morenos llenos de sal y azul. El mar que ciñe los litorales de la isla dominicana alzará altas olas y en los muelles, algunos marinos, fumando sus pipas y bebiendo tragos de ron, contarán la historia de un hombre que cantó al mar las anclas llenas de herrumbes, los arpones que lanzan sobre el lomo de los peces y los anzuelos que, en la madrugada, son recogidos por manos de pescadores, sacando a flor de agua un vivo temblor de escamas. Gesto bonachón el suyo de andar a grandes zancadas. Así caminaba en sus cuentos, a grandes pasos, como un viento desatado.”
Trigueros de León
Cuadernos Dominicanos de Cultura
No. 118, p.389, sept. 1952
En un enjundioso perfil titulado: “Tomás Hernández Franco en el recuerdo”, el destacado escritor, historiador e intelectual mocano, doctor Julio Jaime Julia (1922 – 1993), afirma lo siguiente:
«En enero de 1949, en compañía del fraterno amigo Doroteo A. Regalado, prócer de la Intervención Militar Norteamericana, tuve el privilegio de conocer y conversar brevemente con Tomás Hernández Franco en el acogedor ambiente de su hogar en Tamboril. La impresión de esa única oportunidad que se me presentó de verle físicamente fue desde luego imborrable, por la sencilla razón de que él era uno de esos personajes inolvidables. Alto, activo, dinámico, rebosante de vida interior, sorprendentemente talentoso, cordial, simpático, comprensivo, decidor, y amable, Tomás cautivaba desde el primer momento con la franqueza de su trato y el poder de su extraordinaria inteligencia…»
Suplemento “Coloquio”, p.10, 20 de mayo de 1989.
Para el brillante poeta, académico y ensayista Mariano Lebrón Saviñón Tomás Hernández Franco “fue un poeta de originales encantos”, en tanto que Joaquín Balaguer, en su “Historia de la Literatura Dominicana” (1992) nos lo presenta como “un poeta de reconocida originalidad y cuentista de rica imaginación y de estilo ágil”
El poeta Ramón Emilio Jiménez, bastante conocido por sus famosos himnos escolares, en un soneto titulado “Tomás Hernández Franco”, le cantó de la siguiente manera a su amigo entrañable:
TOMAS HERNADEZ FRANCO
Luces de ingenio, en ocasión geniales,
fueron en él aliento vigoroso,
poesía, inquietud, todo a raudales,
bondad, locura, sueño, todo hermoso.
Brilló en la prensa, defendió ideales,
con actitud viril y ánimo airoso,
lo saludaron músicas triunfales,
y todo le sobró, menos reposo.
Reposo espiritual para ser fuerte,
serenidad de que se halló vacía,
su joven alma por extraña suerte.
Honda fiebre del mundo le absorbía,
y vivió en esa fiebre hasta que un día,
halló serenidad, pero en la muerte.
Ramón Emilio Jiménez.
(1886 – 1970)
Franklin Mieses Burgos (1907 – 1976), miembro fundador de la Poesía Sorprendida y uno de los poetas de mayor relieve de la lírica dominicana contemporánea, apunta acerca de Hernández Franco lo siguiente:
«A Tomasito Hernández le conocí en el año de 1930, con el funesto advenimiento de la tiranía. Fuimos amigos pero no compañeros de tertulia. Sin embargo le tenía una gran admiración como poeta, él a mí también me la tenía por la misma causa, pues cuando nos encontrábamos siempre elogiaba mis poemas, especialmente, “La elegía por la muerte de Tomás Sandoval”. Personalmente su figura de campesino ilustre atraía desde el primer momento por el desparpajo de su franqueza atronadora; y en realidad, era un hombre bueno y generoso capaz de las mayores abnegaciones para sus amigos»
(Tomado de “La poesía dominicana en el siglo XX, Alberto Baeza Flores, tomo II, edición UCMM, 1977, p.153)
Don Manuel del Cabral (1907 - 1999), en su libro autobiográfico “Historia de mi voz” nos presenta, acerca de su amigo e integrante como él de los llamados “Poetas Independientes”, un perfil que no podía ser más singular, fraterno y pintoresco. Un perfil en el que en armónica simbiosis de la palabra artística se funde lo lírico con lo épico; lo serio con lo humorístico; lo real con lo fantástico:
TOMAS
« Inteligentemente alto. Eróticamente bajo. Cotidianamente absurdo. Dos zancos con talento sosteniendo su infancia. El andar de este muchachón se confundía con las escaleras cayéndose. Bebía sin reloj. Escribía desordenadamente cuerdo. No le falta ni un caballo en la cara ni una azucena en su niño. Cuando conversaba se desbocaba en metáforas y anécdotas que aumentaban y aumentaban hasta que Tomás quedaba sepultado bajo ellas sin saber cómo salir de un montón de cosas increíbles, milagrosas, fascinantes. Pero por fin encontraba el recurso: ordeñaba con paciencia la gota de la última botella, se la bebía, y al instante nos decía: “La cerveza embrutece y el vino da talento, la leche nos da vergüenza…” No se sabe de que murió Tomás. Pero se dice que lo obligaron a tomar leche. Entonces… se murió de vergüenza»
Manuel del Cabral
“Historia de mi voz” (págs. 43/44)
domingo, 4 de abril de 2010
¿PARA QUIEN HABLAN Y ESCRIBEN NUESTROS LIDERES?
“La tarea que tiene el sujeto comunicante se divide en dos partes: saber lo que se desea comunicar, y saber cómo expresar su mensaje a fin de lograr que penetre lo más posible en la mente de sus oyentes”.
(Bienvenido Díaz Castillo)
Como me lo contaron se lo cuento. El hecho ocurrió hace ya muchos años en la llamada Villa del Viaducto: Moca.
Un joven estudiante, poseedor de una sólida cultura general y muy dado a escribir versos, estaba locamente enamorado de una muchacha de incomparable belleza, pero con muy bajo nivel de escolaridad. Un día en que esta se encontraba sola en la casa donde ejercía como trabajadora doméstica, el Romeo de nuestra historia quiso aprovechar tan grata oportunidad para impresionar a la Julieta de sus sueños, solicitándole un servicio con las siguientes palabras:
“Linda Célibe, ¿podría usted regalarme un vaso de jugo perlático producido por las glándulas mamarias de la consorte del toro?
Al oír esto, la pobre muchacha se quedó por completo en el aire, vale decir, no entendió absolutamente nada. O como dicen los lingüistas, no pudo descodificar el mensaje.
En otras palabras, no hubo comunicación. Y esto se debió, sencillamente, a que el culto enamorado (emisor o sujeto comunicante) empleó unas terminologías y formas expresivas que no estaban en consonancia con la formación académica y bajo dominio léxico de un receptor - oyente que apenas sabía leer y escribir. Merced a esta incomprensión, a la joven del relato le resultó imposible captar de inmediato que era un vaso de leche lo que en realidad solicitaba su romántico pretendiente.
Para que la comunicación sea efectiva, las palabras utilizadas por el emisor (quien habla o escribe) tienen que estar acorde con las características sicológicas y socioculturales del receptor (lector u oyente).
De no procederse así, automáticamente se producen los denominados “ruidos semánticos” que no son más que todas aquellas barreras o circunstancias que en el acto comunicativo dificultan e impiden la compresión efectiva de un determinado mensaje.
Es lo que sucede a diario en el discurso de los principales líderes políticos y sindicales de la República Dominicana, quienes al igual que el protagonista de la anécdota antes relatada, hablan y escriben sin tomar en cuenta las diferencias individuales y el nivel académico de las personas a quienes se dirigen. Basta leer lo que escriben esos dirigentes para convencernos de tan preocupante realidad.
¿Cómo es posible que un líder político de un partido de izquierda, cuyos miembros son en su mayoría obreros iletrados, escriba en el órgano informativo de su agrupación política que en República Dominicana “No se vislumbra un repunte de la economía por ahora?
¿Qué entenderán las masas analfabetas o semianalfabetas cuando en la nota editorial del periódico de su partido leen, sobre la alianza electoral por esta propuesta, que “Su éxito descansa en el sentido de oportunidad con que sea materializada y para ello hay que deponer las actitudes de autosuficiencia de los falsos escrúpulos acerca de la idoneidad, firmeza y consecuencia de una que otra fuerza”.
¿Cómo es posible que el presidente de un partido de izquierda proclame en una convención compuesta en su mayoría por chiriperos, choferes y obreros que es posible alcanzar el poder si determinadas corrientes políticas “galvanizan una amplia alianza electoral”.
Refiriéndose a semejante comportamiento lingüístico en los niveles directivos de muchas organizaciones políticas y sindicales, Maximiliano Jiménez Sabater y Agustín Navarro consideran que “Es de lamentar que las energías desplegadas por tantos luchadores de estos, a menudo personas de ideas brillantes, se queden a medio camino por falta de una comunicación lingüística adecuada con sus grupos destinatarios” (Una guía de redacción para la comunicación popular. CEDEE, 1983 página 13).
Deténgase amigo lector, aunque sea por breves minutos, a leer o escuchar las declaraciones y discursos de los dirigentes políticos y sindicales de nuestro país.
Y como yo, usted también tendrá necesariamente que preguntarse:
¿Para quién hablan y escriben nuestros líderes?
“La tarea que tiene el sujeto comunicante se divide en dos partes: saber lo que se desea comunicar, y saber cómo expresar su mensaje a fin de lograr que penetre lo más posible en la mente de sus oyentes”.
(Bienvenido Díaz Castillo)
Como me lo contaron se lo cuento. El hecho ocurrió hace ya muchos años en la llamada Villa del Viaducto: Moca.
Un joven estudiante, poseedor de una sólida cultura general y muy dado a escribir versos, estaba locamente enamorado de una muchacha de incomparable belleza, pero con muy bajo nivel de escolaridad. Un día en que esta se encontraba sola en la casa donde ejercía como trabajadora doméstica, el Romeo de nuestra historia quiso aprovechar tan grata oportunidad para impresionar a la Julieta de sus sueños, solicitándole un servicio con las siguientes palabras:
“Linda Célibe, ¿podría usted regalarme un vaso de jugo perlático producido por las glándulas mamarias de la consorte del toro?
Al oír esto, la pobre muchacha se quedó por completo en el aire, vale decir, no entendió absolutamente nada. O como dicen los lingüistas, no pudo descodificar el mensaje.
En otras palabras, no hubo comunicación. Y esto se debió, sencillamente, a que el culto enamorado (emisor o sujeto comunicante) empleó unas terminologías y formas expresivas que no estaban en consonancia con la formación académica y bajo dominio léxico de un receptor - oyente que apenas sabía leer y escribir. Merced a esta incomprensión, a la joven del relato le resultó imposible captar de inmediato que era un vaso de leche lo que en realidad solicitaba su romántico pretendiente.
Para que la comunicación sea efectiva, las palabras utilizadas por el emisor (quien habla o escribe) tienen que estar acorde con las características sicológicas y socioculturales del receptor (lector u oyente).
De no procederse así, automáticamente se producen los denominados “ruidos semánticos” que no son más que todas aquellas barreras o circunstancias que en el acto comunicativo dificultan e impiden la compresión efectiva de un determinado mensaje.
Es lo que sucede a diario en el discurso de los principales líderes políticos y sindicales de la República Dominicana, quienes al igual que el protagonista de la anécdota antes relatada, hablan y escriben sin tomar en cuenta las diferencias individuales y el nivel académico de las personas a quienes se dirigen. Basta leer lo que escriben esos dirigentes para convencernos de tan preocupante realidad.
¿Cómo es posible que un líder político de un partido de izquierda, cuyos miembros son en su mayoría obreros iletrados, escriba en el órgano informativo de su agrupación política que en República Dominicana “No se vislumbra un repunte de la economía por ahora?
¿Qué entenderán las masas analfabetas o semianalfabetas cuando en la nota editorial del periódico de su partido leen, sobre la alianza electoral por esta propuesta, que “Su éxito descansa en el sentido de oportunidad con que sea materializada y para ello hay que deponer las actitudes de autosuficiencia de los falsos escrúpulos acerca de la idoneidad, firmeza y consecuencia de una que otra fuerza”.
¿Cómo es posible que el presidente de un partido de izquierda proclame en una convención compuesta en su mayoría por chiriperos, choferes y obreros que es posible alcanzar el poder si determinadas corrientes políticas “galvanizan una amplia alianza electoral”.
Refiriéndose a semejante comportamiento lingüístico en los niveles directivos de muchas organizaciones políticas y sindicales, Maximiliano Jiménez Sabater y Agustín Navarro consideran que “Es de lamentar que las energías desplegadas por tantos luchadores de estos, a menudo personas de ideas brillantes, se queden a medio camino por falta de una comunicación lingüística adecuada con sus grupos destinatarios” (Una guía de redacción para la comunicación popular. CEDEE, 1983 página 13).
Deténgase amigo lector, aunque sea por breves minutos, a leer o escuchar las declaraciones y discursos de los dirigentes políticos y sindicales de nuestro país.
Y como yo, usted también tendrá necesariamente que preguntarse:
¿Para quién hablan y escriben nuestros líderes?
domingo, 28 de marzo de 2010
TOMAS HERNANDEZ FRANCO : POETA Y DEPORTISTA.
TOMAS HERNANDEZ FRANCO : POETA
Y DEPORTISTA.
Por : Domingo Caba Ramos
En un artículo que publicáramos en el Suplemento "Isla Abierta", del periódico Hoy ( 24/4/91), decíamos que «Además de artista literario, Hernández Franco sentía una extraordinaria afición por los deportes. Su pensamiento deportivo -argumentábamos- aparece magistralmente expresado en “El Sport, su historia, su simbolismo, su filosofía y su influencia moral y material en la civilización”, título de la conferencia leída por el propio autor en el Teatro Apolo de Tamboril la noche del 27 de octubre de 1931 en provecho del Team de beisbol Senadores de este municipio»
Pero además de teórico del deporte, Hernández Franco fue un fiel cultivador de las prácticas deportivas. En Santiago, por ejemplo, se desempeñó como promotor de boxeo, y cuando cursaba estudios en Francia alcanzó el título de campeón amateur de boxeo universitario (1924) de París, peso medio mediano, al derrotar a un suizo - alemán, de nombre Haah, que ostentaba tan preciado galardón.
Por considerarlo de interés, publicamos a continuación el texto completo, hasta ahora inédito, de la antes citada disertación, por entender que la misma encierra importantes juicios que necesariamente tendrán que ser tomados en cuenta por poetas, artistas, atletas e intelectuales, en una sociedad en la que prima la falsa creencia que el ejercicio muscular no es compatible con el desarrollo artístico e intelectual :
"EL SPORT, SU HISTORIA, SU SIMBOLISMO, SU FILOSOFÍA Y SU INFLUENCIA MORAL Y MATERIAL EN LA CIVILIZACIÓN "
(Conferencia leída por su autor, Tomás Hernández Franco, en el Teatro “Apolo”, de Tamboril, la noche del 27 octubre 1931, en provecho del team de béisbol “Senadores”, de este municipio)
«Señoras y Señores:
Pláceme sobremanera ocupar esta tribuna y frente a este público, porque en cierta forma es como una oportunidad de pagar una deuda de cariño, contraída desde mi infancia, porque aquí en Tamboril mismo, y mucho antes de poder lanzarme por mis propias fuerzas en las sendas de la curiosidad literaria, mi imaginación se nutrió de una tradición de cultura y de amabilidad que parece haber sido de todo tiempo patrimonio o herencia, timbre o blasón de esta comunidad.
Tamboril fue el trampolín desde el cual lancéme hacia la vida, por las rutas sin huellas del mar y por los vírgenes camino de la fantasía y del ensueño y siempre, en las horas del recuerdo, en la nostálgica evocación del viajero, la patria lejana me cabía en el corazón.
Por imperiosas urgencias de la vida, frente a otros públicos he escrito y frente a otros públicos he hablado y aquí he vuelto siempre, porque naturalmente aquí se polariza mi existencia; pero nunca me he sentido un Simbad de leyenda, siempre llegué sin la jactanciosa actitud de quien pretende contar maravillas y a la vida aldeana me reintegré sin esfuerzo porque aldeano he sido siempre en mi orgullo y en mi sinceridad.
Pero si por ahí, por los caminos de la vida, he podido hacerme un lugar, si acaso mi nombre no es de los que ruedan en el anonimato, si en alguna parte algunos me toman en cuenta, porque desde el principio he luchado de buena lid sin dar las espaldas nunca, siempre en la brecha, con la alegría que le parece el afán, es porque en ningún momento me faltó la esperanza de ser digno hijo de esa tradición de cultura y de amabilidad que ustedes poseen por legítima herencia y por bella tradición.
No pretendo pagar deuda por completo. Las deudas de cariño no se cancelan nunca y siento que ahora mismo la mía aumenta con la satisfacción que me procura el hablaros.
Señoras y Señores:
Una de mis más reales satisfacciones al llegar de nuevo a Tamboril, fue la que me procuró comprobar cómo entre ustedes el beisbol había ocupado una parte preponderante en vuestro entusiasmo y en vuestras diversiones. Tamboril, el que siempre amó la poesía y la belleza, el que se conquistó una reputación llena de amables ironías por su predisposición a los juegos del espíritu, era lógico que rindiera tributo también a las fiestas del músculo, porque en ellas hay tanto o más lirismo que en cien mil madrigales, y porque en el gesto vivo y recio del atleta hay tanta emoción como la que procura el mejor soneto.
Por eso he escogido el presente tema, cosa que no podía ser de otro modo tampoco, ya que esta disertación me fue pedida por los entusiastas del mismo “deportes rey” y que se hace a beneficio de nuestros “Senadores”.
La práctica y el culto a los deportes remontan a la más remota antigüedad. Ha sido tanta su importancia en la historia del mundo que fijaos bien la fecha más antigua que se conoce con certeza en la historia de la humanidad, es la fecha que marca un evento deportivo. En efecto, en el año 776 antes de Cristo, el corredor griego Korcibos ganó en el estadio de Olimpia la carrera de los 185 metros. Año más que memorable; pues no solamente marca el origen del deporte sino también la historia de toda Europa. Ninguna fecha exacta anterior a la victoria de Korcibos es conocida.
Más allá es la leyenda, es la noche de los tiempos, es una mezcla de tradiciones fabulosas con documentos prehistóricos por entre los cuales los sabios no se atreven a penetrar más que con hipótesis, en ausencia de toda cronología.
En la primera línea de la historia occidental, se inscribe el nombre oscuro de un atleta ganador de una simple carrera de 185 metros. ¿Por qué los griegos comienzan con ese hecho su era nacional? Cuando los romanos sitúan su primer año en la fundación de Roma, los cristianos en el nacimiento de Cristo, los musulmanes en el origen del Islán, los revolucionarios franceses en la proclamación de la República, los griegos comienzan a contar sus años desde el día en el cual los sacerdotes de Olimpia hacen grabar el nombre de Korcibos en sus tablas de gloria. Ellos olvidaron en qué año fue el sitio de Troya, ni cuándo vencieron a los Atridas, ni en qué siglo murió Homero; pero de la victoria de Korcibos no se olvidaron nunca y la transmitieron a la posteridad cantada en mármoles imperecederos, y es porque para los griegos los juegos olímpicos revestían una solemnidad de la cual ahora nada pueda darnos la más remota idea.
Lourdes o la Meca son ahora simples lugares de peregrinaciones religiosas, Bayreuth lo es musical, Deauville, sportivo. Olimpia era todo eso a un tiempo mismo y mucho más ilustre. Cada cuatro años allí se reunían los filósofos más famosos, los más grandes poetas, las mujeres más bellas, los mejores músicos, los sacerdotes más ilustres, los más conocidos guerreros y todo aquel espectáculo grandioso giraba en torno de las competiciones de los atletas venidos de todos los países vecinos para medir sus fuerzas contra los mejores del mundo conocido hasta entonces.
La grandiosidad de aquellas fiestas de la inteligencia y del músculo nos viene rodando al través de los siglos en las odas de Píndaro, el maravilloso poeta que inmortalizó el nombre de los atletas vencedores y cuyos versos han quedado hasta ahora, y quedarán mientras haya poetas en el mundo, como ejemplos insuperables en el género. Y quiero hacer notar algo que todos ustedes saben. Ese amor de los griegos por los juegos de la fuerza, no fue una manifestación de frivolidad o de carencia de inteligencia. Ningún pueblo se preocupó jamás, tanto como los griegos de cultivar su espíritu y de aumentar su inteligencia, pero, al mismo tiempo, ningún pueblo llevó a más alto grado el respeto casi religioso del cuerpo humano, de su belleza, como los griegos mismos.
Más aún, Platón mismo, el filósofo griego, padre de toda la filosofía, sacó de los juegos atléticos los más imperecederos principios de sus doctrinas. Y Paul Adam, el estupendo escritor y filósofo francés, en su libro “Moral del Sport”, funda toda la filosofía del deporte en la filosofía platónica. Oíd estos párrafos:
“La admirable filosofía de Platón se desprende del acto completamente material que efectúa un corredor tratando de llegar a la meta, un luchador estrechando su adversario. La admiración hacia la musculatura del atleta, su sitio, el concepto de lo bello en sí mismo, de la armonía de la justicia y de la verdad, tal fue, sobre la arena de Academos, el origen de las filosofías que Spinosa, Kant y los pensadores no cesan de confirmar”.
No hay más que comprobar, pues, ese otro aspecto formidable de la influencia de los deportes sobre la vida espiritual de la humanidad. Muchas gentes que nunca han practicado un deporte, que no saben la fuente de bienestar, de reposo de verdad, de belleza y de justicia que es la práctica de un Sport cualquiera, se refugian en el prejuicio inmotivado de que el exceso de fuerza física mata la fuerza espiritual, que las dos actividades son incompatibles y que un atleta, para serlo verdalmente, tiene que ser una persona sin cultura.
Sin tener que remontar a la actualidad en que reyes y emperadores no vacilaron en bajar a la arena para medir sus fuerzas con todos los atletas en diferentes competiciones, recordemos que en la actualidad, Tunney, el campeón del mundo de boxeo, ya retirado, es un graduado en Leyes, en Filosofía y en Letras, que nunca ha abandonado sus actividades intelectuales y que en las dos mejores universidades del mundo, las de Oxford y Cambridge, de Inglaterra, es en donde están los mejores humanistas, los mejores helenistas, los mejores estetas, los mejores teólogos del mundo, los cuales son, al mismo tiempo, los mejores boxeadores, los mejores remeros, los mejores jugadores de foot ball, los mejores atletas, en fin...
Recordemos también que Goethe, el estupendo poeta alemán, fue un gran atleta que practicó siempre la marcha a pie, la esgrima, la natación, la equitación y el patinaje. Que Lord Byron fue un nadador maravilloso que en mayo de 1810 atravesó el Helesponto a nado.
Que Lamartine fue un excelente montador de caballo, que Víctor Hugo y Alejandro Dumas admiraron el boxeo dejándonos, el primero de ellos, un excelente retrato de boxeador en el “Hombre que ríe” y que Teófilo Gautier mismo practicó diariamente el boxeo francés, que es mucho más peligroso que el inglés, y que el mismo Federico Mistral, el suave autor de Mireya, nos ha dejado en esa obra capítulos que pueden considerarse como los precursores de la actual literatura deportiva.
El músculo no mata inteligencia. Al contrario, el mente sana en cuerpo sano de que nos hablaron los latinos es hoy más que nunca una verdad, y sólo el deporte, su práctica leal y devota, puede procurar ese bello equilibrio que es y ha sido el ideal de todos los tiempos.
Veamos ahora, a la ligera, algo del simbolismo que hay en todos los deportes :
Los griegos, quienes, como ya hemos visto, fueron los padres del deporte, llevándolo hasta alturas que todavía nadie ha podido reconquistar, pusieron en todos sus juegos un origen simbólico que recorría, desde la ofrenda religiosa hasta la imitación de la guerra, y muchos mitos de la antigüedad viven todavía en todos los deportes, sin que muchos de los atletas que en la actualidad lo practican lo sepan siquiera.
Así, para poneros un ejemplo que puede ser de interés inmediato para ustedes, en el mismo beisbol, una reconstrucción de aquellos ejercicios en que el hombre necesitó, desde los albores de la historia del mundo, ejercitarse para conservar su vida cuando sólo disponía de las armas rudimentarias con que lo dotó la naturaleza.
Todo jugador de beisbol necesita ante todo ser un corredor. La carrera del beisbol no se parece a todas las demás carreras: el corredor no solamente necesita ir de prisa para llegar a una meta donde ningún peligro lo espera, sino que es una carrera que tiene todo el aspecto de una fuga, porque el corredor huye de la posibilidad del out que lo acecha o de la bola que lo persigue. Primer símbolo : el instinto de conservación. del hombre primitivo.
Seguidamente un jugador de beisbol no puede tirar la bola como un niño que tira una piedra al azar. Necesita precisión en la tirada, saber con una exactitud de centímetro a donde va a parar la pelota después que salga de sus manos. Segunda aparición del hombre primitivo que sólo disponía de la piedra para abatir a sus enemigos, pájaros, hombres o fieras, en los primeros tiempos de su vida en la tierra. Las mismas frutas eran desprendidas a pedradas, y el hombre se acostumbró a la destreza de apararlas entre sus manos, en cabriolas difíciles, para que muchas veces no fueran a parar al fondo de un abismo o entre las manos hábiles de algún compañero más fuerte o menos diestro.
Viene luego el bate, arma ya más perfeccionada que la piedra, maza que sirvió en los lejanos tiempos como instrumento de ataque y de defensa. En el béisbol todos los esfuerzos físicos se emplean y todas las formas de ese esfuerzo se manifiestan claramente, pero también el cálculo, la fuerza de la inteligencia, la malicia, arma suprema que el hombre primitivo empleó como último argumento contundente para vencer a sus enemigos.
Así vemos el símbolo de ese juego, simbolismo que se descubre en todos los deportes actuales, pues no hay ninguno que no corresponda claramente a los íntimos reflejos que vienen rodando con los siglos en el subconsciente de la humanidad.
Como ustedes habrán visto, he venido empleando indistintamente las palabras deporte y sport. Sin embargo, la palabra deporte no significa exactamente sport y esta última palabra, ya internacionalizada y usada en todas las lenguas, nos parece más exacta.
Varias veces se ha intentado dar una definición de esa palabra que satisfaga a todos, y varios autores y autoridades en la materia se han ocupado de ello desde hace más de cincuenta años. Paul Adam nos había escrito en 1907: “Se llama sport toda obra coordinando una serie de actos físicos homogéneos y razonados a fin de aumentar la agilidad, el valor y la potencia del hombre”.
El poeta Rolmer lo definía: “El sport es un medio de vencerse o de vencer a un enemigo”. Y Marcel Prevost, de la Academia francesa, proponía la siguiente: “El sport es el ejercicio metódico e higiénico del cuerpo humano en vista de aumentar su fuerza, su agilidad y su belleza y de desarrollar la energía de la voluntad al mismo tiempo que procura reposo al espíritu”.
Todas esas definiciones pecan, como se habrá visto por vagas y por largas, habiéndose encontrado en Francia esta otra definición más precisa: “El sport es una lucha y un juego”. Simplemente, y es así en realidad, el sport es una lucha siempre, una lucha contra el tiempo, contra el espacio, contra la fatiga, contra la edad, contra el adversario, que sea hombre, cosa, idea o sentimiento, una lucha contra la pereza, contra el hábito y contra el fastidio. Es un juego también porque es una forma de la actividad cuyo objeto está en sí misma.
Esa lucha exige voluntad, paciencia, orden y método, cualidades que van con el éxtasis y la actitud contemplativa. Ese juego exige firmeza de cuerpo y de espíritu, optimismo y lirismo.
Admitamos, pues, esa definición que es la más precisa y la que mejor cuadra a la verdadera misión del sport, tal y como ha sido comprendido en todos los países. El verdadero sport es moral y moralizador, suprime las distancias, acerca todas las clases sociales, pone en contacto a todos los ciudadanos que de otro modo quizás no podrían jamás encontrarse en el mismo nivel. Todo lo que acostumbra al hombre a sostenerse de aplomo sobre sus piernas, a sostener los choques, a mirar fríamente a su adversario, encierra una virtud educativa que todas las democracias deben utilizar.
De todo lo que hemos dicho se desprende que el sport es el culto voluntario y habitual del ejercicio muscular intensivo, apoyado en el deseo de progreso que puede llegar hasta el peligro y de ahí podemos deducir estas cinco nociones primordiales: El sport no es natural al hombre: está en contradicción formal con la ley animal del “esfuerzo mínimo”. No es suficiente, pues es necesario darle facilidades materiales para que progrese o se mantenga: es necesario estimularlo por la pasión o por el cálculo.
El carácter sportivo es susceptible de sobreponerse a todo ejercicio muscular como puede también estar completamente ausente. Esta afirmación debemos explicarla más detalladamente. Se puede practicar un sport, sin ser sportivo, se puede ser jugador de béisbol, sin ser sportivo, sobre todo cuando no se lleva al diamante el espíritu caballeroso, leal, franco, decidido, que caracteriza toda manifestación de ese género.
En efecto, querer ganar en toda competición, es lógico, porque el triunfo es el objetivo que se persigue en toda lucha, pero querer ganar a todo trance aun cuando se reconoce la propia inferioridad, utilizando para ello tretas de mala fe o combinaciones de cualquier especie, cuando al terreno se lleva el engaño, la cólera, el odio, la inquina ya se podrá ser jugador de béisbol pero no se será sportivo nunca, porque se han traspasado sus fronteras de belleza.
En el verdadero sport hay que querer ganar siempre, hay que luchar hasta lo último por el triunfo, pero hay que admitir sinceramente la derrota, hay que saber perder, y hay que saber reconocer sinceramente la superioridad del adversario y tratar en seguida de superarlo. Ese es uno de los aspectos en que más ha influido el sport en la actual civilización: las gentes, al sportizarse, van perdiendo mucho de la animal rudeza de antes, y ante el espíritu sportivo, el rencor, la venganza, la inquina, van perdiendo camino. Cuando todo el mundo tenga alma sportiva, podremos asegurar que el crimen, la falsedad, el engaño habrán desaparecido del mundo.
La tercera consecuencia es que el sport siendo una escuela de dominio sobre uno mismo y haciendo un constante llamamiento a la observación y a la sangre fría, cae en los dominios de la psicología tanto como en los de la fisiología y puede hacer reaccionar favorablemente el entendimiento, el carácter y la conciencia. Por tal motivo, es un agente de perfeccionamiento moral y social.
Señores:
Muy a la ligera, contra mi querer, por no haber tenido el tiempo material suficiente para darle forma más amplia a esta disertación, he querido probaros de una verdad que ya seguramente adivinabais. Nada más noble que el sport y nada más noble que esa actitud de entusiasmo que todo el pueblo ha tomado frente a los triunfos de nuestro team beisbolero que muy pronto va a enfrentarse a la conquista del campeonato de serie “E”. Os he dicho cómo, desde Homero y Píndaro, los más grandes hombres de la humanidad en las actividades del intelecto, se han ocupado del sport sin sentirse denigrados, y que lo han practicado previamente sin obtener ningún menoscabo de sus inteligencias. No olvidéis que el mismo Platón, antes de ser filósofo, fue atleta y por eso que nadie crea que se pierde el tiempo que se dedica al cultivo de la fuerza física.
Ojalá que vuestro entusiasmo no se limite a aplaudir solamente al único equipo atlético que Tamboril ha logrado presentar y que, por el contrario, otros deportes, conjuntamente con el béisbol, logren vuestro favor y se desarrollen aquí.
Amigos del Team “Senadores”:
Habéis visto la diferencia que existe entre ser practicante de un sport y ser un verdadero sportivo. Ya sabéis las condiciones morales y materiales que tal nobleza exige. Sedlo siempre. Hay que llevar en todas vuestras acciones, aun aquellas que se pasen fuera del diamante, la dignidad de aquel que respeta su propio cuerpo, de aquel a quien la práctica metódica y digna de ejercicios físicos ha dado el equilibrio constante de una mentalidad sana en un cuerpo sano.
Habéis aprendido a ganar y no sabéis lo que es perder, pero preparaos siempre para otros triunfos, pensando que el día en que llegue la derrota, no será pesado para vosotros, porque en toda lucha, el mejor ha de salir vencedor, y de la derrota sólo podemos, en sportivo, tratar de sacar, no cóleras ni desalientos, sino lecciones para otros triunfos. El día que penséis así y así viváis, habréis dado una lección sportiva a todos y seréis dignos de llamaros verdaderos jugadores de béisbol. He dicho»
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Y DEPORTISTA.
Por : Domingo Caba Ramos
En un artículo que publicáramos en el Suplemento "Isla Abierta", del periódico Hoy ( 24/4/91), decíamos que «Además de artista literario, Hernández Franco sentía una extraordinaria afición por los deportes. Su pensamiento deportivo -argumentábamos- aparece magistralmente expresado en “El Sport, su historia, su simbolismo, su filosofía y su influencia moral y material en la civilización”, título de la conferencia leída por el propio autor en el Teatro Apolo de Tamboril la noche del 27 de octubre de 1931 en provecho del Team de beisbol Senadores de este municipio»
Pero además de teórico del deporte, Hernández Franco fue un fiel cultivador de las prácticas deportivas. En Santiago, por ejemplo, se desempeñó como promotor de boxeo, y cuando cursaba estudios en Francia alcanzó el título de campeón amateur de boxeo universitario (1924) de París, peso medio mediano, al derrotar a un suizo - alemán, de nombre Haah, que ostentaba tan preciado galardón.
Por considerarlo de interés, publicamos a continuación el texto completo, hasta ahora inédito, de la antes citada disertación, por entender que la misma encierra importantes juicios que necesariamente tendrán que ser tomados en cuenta por poetas, artistas, atletas e intelectuales, en una sociedad en la que prima la falsa creencia que el ejercicio muscular no es compatible con el desarrollo artístico e intelectual :
"EL SPORT, SU HISTORIA, SU SIMBOLISMO, SU FILOSOFÍA Y SU INFLUENCIA MORAL Y MATERIAL EN LA CIVILIZACIÓN "
(Conferencia leída por su autor, Tomás Hernández Franco, en el Teatro “Apolo”, de Tamboril, la noche del 27 octubre 1931, en provecho del team de béisbol “Senadores”, de este municipio)
«Señoras y Señores:
Pláceme sobremanera ocupar esta tribuna y frente a este público, porque en cierta forma es como una oportunidad de pagar una deuda de cariño, contraída desde mi infancia, porque aquí en Tamboril mismo, y mucho antes de poder lanzarme por mis propias fuerzas en las sendas de la curiosidad literaria, mi imaginación se nutrió de una tradición de cultura y de amabilidad que parece haber sido de todo tiempo patrimonio o herencia, timbre o blasón de esta comunidad.
Tamboril fue el trampolín desde el cual lancéme hacia la vida, por las rutas sin huellas del mar y por los vírgenes camino de la fantasía y del ensueño y siempre, en las horas del recuerdo, en la nostálgica evocación del viajero, la patria lejana me cabía en el corazón.
Por imperiosas urgencias de la vida, frente a otros públicos he escrito y frente a otros públicos he hablado y aquí he vuelto siempre, porque naturalmente aquí se polariza mi existencia; pero nunca me he sentido un Simbad de leyenda, siempre llegué sin la jactanciosa actitud de quien pretende contar maravillas y a la vida aldeana me reintegré sin esfuerzo porque aldeano he sido siempre en mi orgullo y en mi sinceridad.
Pero si por ahí, por los caminos de la vida, he podido hacerme un lugar, si acaso mi nombre no es de los que ruedan en el anonimato, si en alguna parte algunos me toman en cuenta, porque desde el principio he luchado de buena lid sin dar las espaldas nunca, siempre en la brecha, con la alegría que le parece el afán, es porque en ningún momento me faltó la esperanza de ser digno hijo de esa tradición de cultura y de amabilidad que ustedes poseen por legítima herencia y por bella tradición.
No pretendo pagar deuda por completo. Las deudas de cariño no se cancelan nunca y siento que ahora mismo la mía aumenta con la satisfacción que me procura el hablaros.
Señoras y Señores:
Una de mis más reales satisfacciones al llegar de nuevo a Tamboril, fue la que me procuró comprobar cómo entre ustedes el beisbol había ocupado una parte preponderante en vuestro entusiasmo y en vuestras diversiones. Tamboril, el que siempre amó la poesía y la belleza, el que se conquistó una reputación llena de amables ironías por su predisposición a los juegos del espíritu, era lógico que rindiera tributo también a las fiestas del músculo, porque en ellas hay tanto o más lirismo que en cien mil madrigales, y porque en el gesto vivo y recio del atleta hay tanta emoción como la que procura el mejor soneto.
Por eso he escogido el presente tema, cosa que no podía ser de otro modo tampoco, ya que esta disertación me fue pedida por los entusiastas del mismo “deportes rey” y que se hace a beneficio de nuestros “Senadores”.
La práctica y el culto a los deportes remontan a la más remota antigüedad. Ha sido tanta su importancia en la historia del mundo que fijaos bien la fecha más antigua que se conoce con certeza en la historia de la humanidad, es la fecha que marca un evento deportivo. En efecto, en el año 776 antes de Cristo, el corredor griego Korcibos ganó en el estadio de Olimpia la carrera de los 185 metros. Año más que memorable; pues no solamente marca el origen del deporte sino también la historia de toda Europa. Ninguna fecha exacta anterior a la victoria de Korcibos es conocida.
Más allá es la leyenda, es la noche de los tiempos, es una mezcla de tradiciones fabulosas con documentos prehistóricos por entre los cuales los sabios no se atreven a penetrar más que con hipótesis, en ausencia de toda cronología.
En la primera línea de la historia occidental, se inscribe el nombre oscuro de un atleta ganador de una simple carrera de 185 metros. ¿Por qué los griegos comienzan con ese hecho su era nacional? Cuando los romanos sitúan su primer año en la fundación de Roma, los cristianos en el nacimiento de Cristo, los musulmanes en el origen del Islán, los revolucionarios franceses en la proclamación de la República, los griegos comienzan a contar sus años desde el día en el cual los sacerdotes de Olimpia hacen grabar el nombre de Korcibos en sus tablas de gloria. Ellos olvidaron en qué año fue el sitio de Troya, ni cuándo vencieron a los Atridas, ni en qué siglo murió Homero; pero de la victoria de Korcibos no se olvidaron nunca y la transmitieron a la posteridad cantada en mármoles imperecederos, y es porque para los griegos los juegos olímpicos revestían una solemnidad de la cual ahora nada pueda darnos la más remota idea.
Lourdes o la Meca son ahora simples lugares de peregrinaciones religiosas, Bayreuth lo es musical, Deauville, sportivo. Olimpia era todo eso a un tiempo mismo y mucho más ilustre. Cada cuatro años allí se reunían los filósofos más famosos, los más grandes poetas, las mujeres más bellas, los mejores músicos, los sacerdotes más ilustres, los más conocidos guerreros y todo aquel espectáculo grandioso giraba en torno de las competiciones de los atletas venidos de todos los países vecinos para medir sus fuerzas contra los mejores del mundo conocido hasta entonces.
La grandiosidad de aquellas fiestas de la inteligencia y del músculo nos viene rodando al través de los siglos en las odas de Píndaro, el maravilloso poeta que inmortalizó el nombre de los atletas vencedores y cuyos versos han quedado hasta ahora, y quedarán mientras haya poetas en el mundo, como ejemplos insuperables en el género. Y quiero hacer notar algo que todos ustedes saben. Ese amor de los griegos por los juegos de la fuerza, no fue una manifestación de frivolidad o de carencia de inteligencia. Ningún pueblo se preocupó jamás, tanto como los griegos de cultivar su espíritu y de aumentar su inteligencia, pero, al mismo tiempo, ningún pueblo llevó a más alto grado el respeto casi religioso del cuerpo humano, de su belleza, como los griegos mismos.
Más aún, Platón mismo, el filósofo griego, padre de toda la filosofía, sacó de los juegos atléticos los más imperecederos principios de sus doctrinas. Y Paul Adam, el estupendo escritor y filósofo francés, en su libro “Moral del Sport”, funda toda la filosofía del deporte en la filosofía platónica. Oíd estos párrafos:
“La admirable filosofía de Platón se desprende del acto completamente material que efectúa un corredor tratando de llegar a la meta, un luchador estrechando su adversario. La admiración hacia la musculatura del atleta, su sitio, el concepto de lo bello en sí mismo, de la armonía de la justicia y de la verdad, tal fue, sobre la arena de Academos, el origen de las filosofías que Spinosa, Kant y los pensadores no cesan de confirmar”.
No hay más que comprobar, pues, ese otro aspecto formidable de la influencia de los deportes sobre la vida espiritual de la humanidad. Muchas gentes que nunca han practicado un deporte, que no saben la fuente de bienestar, de reposo de verdad, de belleza y de justicia que es la práctica de un Sport cualquiera, se refugian en el prejuicio inmotivado de que el exceso de fuerza física mata la fuerza espiritual, que las dos actividades son incompatibles y que un atleta, para serlo verdalmente, tiene que ser una persona sin cultura.
Sin tener que remontar a la actualidad en que reyes y emperadores no vacilaron en bajar a la arena para medir sus fuerzas con todos los atletas en diferentes competiciones, recordemos que en la actualidad, Tunney, el campeón del mundo de boxeo, ya retirado, es un graduado en Leyes, en Filosofía y en Letras, que nunca ha abandonado sus actividades intelectuales y que en las dos mejores universidades del mundo, las de Oxford y Cambridge, de Inglaterra, es en donde están los mejores humanistas, los mejores helenistas, los mejores estetas, los mejores teólogos del mundo, los cuales son, al mismo tiempo, los mejores boxeadores, los mejores remeros, los mejores jugadores de foot ball, los mejores atletas, en fin...
Recordemos también que Goethe, el estupendo poeta alemán, fue un gran atleta que practicó siempre la marcha a pie, la esgrima, la natación, la equitación y el patinaje. Que Lord Byron fue un nadador maravilloso que en mayo de 1810 atravesó el Helesponto a nado.
Que Lamartine fue un excelente montador de caballo, que Víctor Hugo y Alejandro Dumas admiraron el boxeo dejándonos, el primero de ellos, un excelente retrato de boxeador en el “Hombre que ríe” y que Teófilo Gautier mismo practicó diariamente el boxeo francés, que es mucho más peligroso que el inglés, y que el mismo Federico Mistral, el suave autor de Mireya, nos ha dejado en esa obra capítulos que pueden considerarse como los precursores de la actual literatura deportiva.
El músculo no mata inteligencia. Al contrario, el mente sana en cuerpo sano de que nos hablaron los latinos es hoy más que nunca una verdad, y sólo el deporte, su práctica leal y devota, puede procurar ese bello equilibrio que es y ha sido el ideal de todos los tiempos.
Veamos ahora, a la ligera, algo del simbolismo que hay en todos los deportes :
Los griegos, quienes, como ya hemos visto, fueron los padres del deporte, llevándolo hasta alturas que todavía nadie ha podido reconquistar, pusieron en todos sus juegos un origen simbólico que recorría, desde la ofrenda religiosa hasta la imitación de la guerra, y muchos mitos de la antigüedad viven todavía en todos los deportes, sin que muchos de los atletas que en la actualidad lo practican lo sepan siquiera.
Así, para poneros un ejemplo que puede ser de interés inmediato para ustedes, en el mismo beisbol, una reconstrucción de aquellos ejercicios en que el hombre necesitó, desde los albores de la historia del mundo, ejercitarse para conservar su vida cuando sólo disponía de las armas rudimentarias con que lo dotó la naturaleza.
Todo jugador de beisbol necesita ante todo ser un corredor. La carrera del beisbol no se parece a todas las demás carreras: el corredor no solamente necesita ir de prisa para llegar a una meta donde ningún peligro lo espera, sino que es una carrera que tiene todo el aspecto de una fuga, porque el corredor huye de la posibilidad del out que lo acecha o de la bola que lo persigue. Primer símbolo : el instinto de conservación. del hombre primitivo.
Seguidamente un jugador de beisbol no puede tirar la bola como un niño que tira una piedra al azar. Necesita precisión en la tirada, saber con una exactitud de centímetro a donde va a parar la pelota después que salga de sus manos. Segunda aparición del hombre primitivo que sólo disponía de la piedra para abatir a sus enemigos, pájaros, hombres o fieras, en los primeros tiempos de su vida en la tierra. Las mismas frutas eran desprendidas a pedradas, y el hombre se acostumbró a la destreza de apararlas entre sus manos, en cabriolas difíciles, para que muchas veces no fueran a parar al fondo de un abismo o entre las manos hábiles de algún compañero más fuerte o menos diestro.
Viene luego el bate, arma ya más perfeccionada que la piedra, maza que sirvió en los lejanos tiempos como instrumento de ataque y de defensa. En el béisbol todos los esfuerzos físicos se emplean y todas las formas de ese esfuerzo se manifiestan claramente, pero también el cálculo, la fuerza de la inteligencia, la malicia, arma suprema que el hombre primitivo empleó como último argumento contundente para vencer a sus enemigos.
Así vemos el símbolo de ese juego, simbolismo que se descubre en todos los deportes actuales, pues no hay ninguno que no corresponda claramente a los íntimos reflejos que vienen rodando con los siglos en el subconsciente de la humanidad.
Como ustedes habrán visto, he venido empleando indistintamente las palabras deporte y sport. Sin embargo, la palabra deporte no significa exactamente sport y esta última palabra, ya internacionalizada y usada en todas las lenguas, nos parece más exacta.
Varias veces se ha intentado dar una definición de esa palabra que satisfaga a todos, y varios autores y autoridades en la materia se han ocupado de ello desde hace más de cincuenta años. Paul Adam nos había escrito en 1907: “Se llama sport toda obra coordinando una serie de actos físicos homogéneos y razonados a fin de aumentar la agilidad, el valor y la potencia del hombre”.
El poeta Rolmer lo definía: “El sport es un medio de vencerse o de vencer a un enemigo”. Y Marcel Prevost, de la Academia francesa, proponía la siguiente: “El sport es el ejercicio metódico e higiénico del cuerpo humano en vista de aumentar su fuerza, su agilidad y su belleza y de desarrollar la energía de la voluntad al mismo tiempo que procura reposo al espíritu”.
Todas esas definiciones pecan, como se habrá visto por vagas y por largas, habiéndose encontrado en Francia esta otra definición más precisa: “El sport es una lucha y un juego”. Simplemente, y es así en realidad, el sport es una lucha siempre, una lucha contra el tiempo, contra el espacio, contra la fatiga, contra la edad, contra el adversario, que sea hombre, cosa, idea o sentimiento, una lucha contra la pereza, contra el hábito y contra el fastidio. Es un juego también porque es una forma de la actividad cuyo objeto está en sí misma.
Esa lucha exige voluntad, paciencia, orden y método, cualidades que van con el éxtasis y la actitud contemplativa. Ese juego exige firmeza de cuerpo y de espíritu, optimismo y lirismo.
Admitamos, pues, esa definición que es la más precisa y la que mejor cuadra a la verdadera misión del sport, tal y como ha sido comprendido en todos los países. El verdadero sport es moral y moralizador, suprime las distancias, acerca todas las clases sociales, pone en contacto a todos los ciudadanos que de otro modo quizás no podrían jamás encontrarse en el mismo nivel. Todo lo que acostumbra al hombre a sostenerse de aplomo sobre sus piernas, a sostener los choques, a mirar fríamente a su adversario, encierra una virtud educativa que todas las democracias deben utilizar.
De todo lo que hemos dicho se desprende que el sport es el culto voluntario y habitual del ejercicio muscular intensivo, apoyado en el deseo de progreso que puede llegar hasta el peligro y de ahí podemos deducir estas cinco nociones primordiales: El sport no es natural al hombre: está en contradicción formal con la ley animal del “esfuerzo mínimo”. No es suficiente, pues es necesario darle facilidades materiales para que progrese o se mantenga: es necesario estimularlo por la pasión o por el cálculo.
El carácter sportivo es susceptible de sobreponerse a todo ejercicio muscular como puede también estar completamente ausente. Esta afirmación debemos explicarla más detalladamente. Se puede practicar un sport, sin ser sportivo, se puede ser jugador de béisbol, sin ser sportivo, sobre todo cuando no se lleva al diamante el espíritu caballeroso, leal, franco, decidido, que caracteriza toda manifestación de ese género.
En efecto, querer ganar en toda competición, es lógico, porque el triunfo es el objetivo que se persigue en toda lucha, pero querer ganar a todo trance aun cuando se reconoce la propia inferioridad, utilizando para ello tretas de mala fe o combinaciones de cualquier especie, cuando al terreno se lleva el engaño, la cólera, el odio, la inquina ya se podrá ser jugador de béisbol pero no se será sportivo nunca, porque se han traspasado sus fronteras de belleza.
En el verdadero sport hay que querer ganar siempre, hay que luchar hasta lo último por el triunfo, pero hay que admitir sinceramente la derrota, hay que saber perder, y hay que saber reconocer sinceramente la superioridad del adversario y tratar en seguida de superarlo. Ese es uno de los aspectos en que más ha influido el sport en la actual civilización: las gentes, al sportizarse, van perdiendo mucho de la animal rudeza de antes, y ante el espíritu sportivo, el rencor, la venganza, la inquina, van perdiendo camino. Cuando todo el mundo tenga alma sportiva, podremos asegurar que el crimen, la falsedad, el engaño habrán desaparecido del mundo.
La tercera consecuencia es que el sport siendo una escuela de dominio sobre uno mismo y haciendo un constante llamamiento a la observación y a la sangre fría, cae en los dominios de la psicología tanto como en los de la fisiología y puede hacer reaccionar favorablemente el entendimiento, el carácter y la conciencia. Por tal motivo, es un agente de perfeccionamiento moral y social.
Señores:
Muy a la ligera, contra mi querer, por no haber tenido el tiempo material suficiente para darle forma más amplia a esta disertación, he querido probaros de una verdad que ya seguramente adivinabais. Nada más noble que el sport y nada más noble que esa actitud de entusiasmo que todo el pueblo ha tomado frente a los triunfos de nuestro team beisbolero que muy pronto va a enfrentarse a la conquista del campeonato de serie “E”. Os he dicho cómo, desde Homero y Píndaro, los más grandes hombres de la humanidad en las actividades del intelecto, se han ocupado del sport sin sentirse denigrados, y que lo han practicado previamente sin obtener ningún menoscabo de sus inteligencias. No olvidéis que el mismo Platón, antes de ser filósofo, fue atleta y por eso que nadie crea que se pierde el tiempo que se dedica al cultivo de la fuerza física.
Ojalá que vuestro entusiasmo no se limite a aplaudir solamente al único equipo atlético que Tamboril ha logrado presentar y que, por el contrario, otros deportes, conjuntamente con el béisbol, logren vuestro favor y se desarrollen aquí.
Amigos del Team “Senadores”:
Habéis visto la diferencia que existe entre ser practicante de un sport y ser un verdadero sportivo. Ya sabéis las condiciones morales y materiales que tal nobleza exige. Sedlo siempre. Hay que llevar en todas vuestras acciones, aun aquellas que se pasen fuera del diamante, la dignidad de aquel que respeta su propio cuerpo, de aquel a quien la práctica metódica y digna de ejercicios físicos ha dado el equilibrio constante de una mentalidad sana en un cuerpo sano.
Habéis aprendido a ganar y no sabéis lo que es perder, pero preparaos siempre para otros triunfos, pensando que el día en que llegue la derrota, no será pesado para vosotros, porque en toda lucha, el mejor ha de salir vencedor, y de la derrota sólo podemos, en sportivo, tratar de sacar, no cóleras ni desalientos, sino lecciones para otros triunfos. El día que penséis así y así viváis, habréis dado una lección sportiva a todos y seréis dignos de llamaros verdaderos jugadores de béisbol. He dicho»
(Publicado en mi columna del diario La Información: 27 - 5 - 89)
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jueves, 18 de marzo de 2010
LO QUE ES Y LO QUE PARECE EN EL USO DE LA LENGUA.
Por : Domingo Caba Ramos.
- Segunda parte -
1. ¿Uno de abril o primero de abril?
El caso resulta un tanto curioso. Para designar el primer día del mes, en América tradicionalmente se ha empleado el adjetivo ordinal ‘primero’ ( primero de abril, primero de mayo ), mas cuando se trata de los demás días, se usan entonces los cardinales ( dos de abril, tres de mayo ) En España, por el contrario, es más común el uso del cardinal ‘uno’ para denominar el día que inicia cada mes ( uno de abril, uno de mayo ).Asumiendo incorrecta la forma americana ( primero de abril ) es cada vez más frecuente, en el llamado Nuevo Mundo, emplear la forma española ( uno de abril ) para referirse al día prealudido. Pero según el criterio académico, una y otra forma son válidas.
2. Desapartar - Desinquieto - Descalentado.
En el uso cotidiano de la lengua, en ocasiones empleamos voces con las cuales decimos todo lo contrario de lo que realmente queremos expresar. Este es el caso del verbo «desapartar», voz compuesta por el prefijo de origen latino ‘des’ que significa “privación o negación” y ‘apartar’ que soporta los significados de “separar, desunir y dividir” Conforme a esta base etimológica, desapartar equivaldría a ‘no apartar’, ‘no separar’. Y, por extensión, cuando se nos manda a desapartar a los niños o adultos que han iniciado una riña, se nos está ordenando que no los apartemos o separemos , que tratemos de unirlos, acercarlos o juntarlos lo más que podamos. Se nos está instruyendo, simple y sencillamente, que evitemos que el pleito se detenga.
Igual desajuste semántico ocurre con el uso de los adjetivos ‘desinquieto’ ( a) y ‘descalentado’ ( a ) en oraciones del tipo : a) “ Tu niño, por desinquieto, se fracturó una pierna....”, b) “¡Diablo!, qué descalentada está esa muchacha, por eso sólo vive pensando en hombres”
De acuerdo al valor semántico del prefijo “ des”, desinquieto significa ‘no inquieto o tranquilo’; y descalentada, ‘no calentada’ o fría. De lo que se deduce o infiere que a un niño desinquieto, por quieto , difícilmente le ocurra un accidente, en tanto que una mujer descalentada, por fría, frígida o carecer de calor, deseo o goce sexual, probablemente nunca piense en hombres.
3. Cualquiera - Cualesquiera.
“No me gustan las empresas encuestadoras – comenta el periodista – que cualesquiera las contrata.”
El uso del pronombre relativo indefinido “cualquiera” está determinado por el número de la forma verbal con la cual concuerde. Si el verbo está expresado en singular se usará cualquiera: “A cualquiera que se atreva a desobedecer la orden lo cancelaremos…”; mas se empleará “cualesquiera” si la desinencia verbal aparece expresada en número plural: “A cualesquiera que se atrevan a desobedecer la orden los cancelaremos”
Sin embargo, es común, como se aprecia en el comentario pretranscrito, la práctica de concordar la voz “cualquiera” con el verbo en singular: “cualesquiera las contrata” en lugar de “cualesquiera las contratan”.
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