¿PARA QUIEN HABLAN Y ESCRIBEN NUESTROS LIDERES?
“La tarea que tiene el sujeto comunicante se divide en dos partes: saber lo que se desea comunicar, y saber cómo expresar su mensaje a fin de lograr que penetre lo más posible en la mente de sus oyentes”.
(Bienvenido Díaz Castillo)
Como me lo contaron se lo cuento. El hecho ocurrió hace ya muchos años en la llamada Villa del Viaducto: Moca.
Un joven estudiante, poseedor de una sólida cultura general y muy dado a escribir versos, estaba locamente enamorado de una muchacha de incomparable belleza, pero con muy bajo nivel de escolaridad. Un día en que esta se encontraba sola en la casa donde ejercía como trabajadora doméstica, el Romeo de nuestra historia quiso aprovechar tan grata oportunidad para impresionar a la Julieta de sus sueños, solicitándole un servicio con las siguientes palabras:
“Linda Célibe, ¿podría usted regalarme un vaso de jugo perlático producido por las glándulas mamarias de la consorte del toro?
Al oír esto, la pobre muchacha se quedó por completo en el aire, vale decir, no entendió absolutamente nada. O como dicen los lingüistas, no pudo descodificar el mensaje.
En otras palabras, no hubo comunicación. Y esto se debió, sencillamente, a que el culto enamorado (emisor o sujeto comunicante) empleó unas terminologías y formas expresivas que no estaban en consonancia con la formación académica y bajo dominio léxico de un receptor - oyente que apenas sabía leer y escribir. Merced a esta incomprensión, a la joven del relato le resultó imposible captar de inmediato que era un vaso de leche lo que en realidad solicitaba su romántico pretendiente.
Para que la comunicación sea efectiva, las palabras utilizadas por el emisor (quien habla o escribe) tienen que estar acorde con las características sicológicas y socioculturales del receptor (lector u oyente).
De no procederse así, automáticamente se producen los denominados “ruidos semánticos” que no son más que todas aquellas barreras o circunstancias que en el acto comunicativo dificultan e impiden la compresión efectiva de un determinado mensaje.
Es lo que sucede a diario en el discurso de los principales líderes políticos y sindicales de la República Dominicana, quienes al igual que el protagonista de la anécdota antes relatada, hablan y escriben sin tomar en cuenta las diferencias individuales y el nivel académico de las personas a quienes se dirigen. Basta leer lo que escriben esos dirigentes para convencernos de tan preocupante realidad.
¿Cómo es posible que un líder político de un partido de izquierda, cuyos miembros son en su mayoría obreros iletrados, escriba en el órgano informativo de su agrupación política que en República Dominicana “No se vislumbra un repunte de la economía por ahora?
¿Qué entenderán las masas analfabetas o semianalfabetas cuando en la nota editorial del periódico de su partido leen, sobre la alianza electoral por esta propuesta, que “Su éxito descansa en el sentido de oportunidad con que sea materializada y para ello hay que deponer las actitudes de autosuficiencia de los falsos escrúpulos acerca de la idoneidad, firmeza y consecuencia de una que otra fuerza”.
¿Cómo es posible que el presidente de un partido de izquierda proclame en una convención compuesta en su mayoría por chiriperos, choferes y obreros que es posible alcanzar el poder si determinadas corrientes políticas “galvanizan una amplia alianza electoral”.
Refiriéndose a semejante comportamiento lingüístico en los niveles directivos de muchas organizaciones políticas y sindicales, Maximiliano Jiménez Sabater y Agustín Navarro consideran que “Es de lamentar que las energías desplegadas por tantos luchadores de estos, a menudo personas de ideas brillantes, se queden a medio camino por falta de una comunicación lingüística adecuada con sus grupos destinatarios” (Una guía de redacción para la comunicación popular. CEDEE, 1983 página 13).
Deténgase amigo lector, aunque sea por breves minutos, a leer o escuchar las declaraciones y discursos de los dirigentes políticos y sindicales de nuestro país.
Y como yo, usted también tendrá necesariamente que preguntarse:
¿Para quién hablan y escriben nuestros líderes?
domingo, 4 de abril de 2010
domingo, 28 de marzo de 2010
TOMAS HERNANDEZ FRANCO : POETA Y DEPORTISTA.
TOMAS HERNANDEZ FRANCO : POETA
Y DEPORTISTA.
Por : Domingo Caba Ramos
En un artículo que publicáramos en el Suplemento "Isla Abierta", del periódico Hoy ( 24/4/91), decíamos que «Además de artista literario, Hernández Franco sentía una extraordinaria afición por los deportes. Su pensamiento deportivo -argumentábamos- aparece magistralmente expresado en “El Sport, su historia, su simbolismo, su filosofía y su influencia moral y material en la civilización”, título de la conferencia leída por el propio autor en el Teatro Apolo de Tamboril la noche del 27 de octubre de 1931 en provecho del Team de beisbol Senadores de este municipio»
Pero además de teórico del deporte, Hernández Franco fue un fiel cultivador de las prácticas deportivas. En Santiago, por ejemplo, se desempeñó como promotor de boxeo, y cuando cursaba estudios en Francia alcanzó el título de campeón amateur de boxeo universitario (1924) de París, peso medio mediano, al derrotar a un suizo - alemán, de nombre Haah, que ostentaba tan preciado galardón.
Por considerarlo de interés, publicamos a continuación el texto completo, hasta ahora inédito, de la antes citada disertación, por entender que la misma encierra importantes juicios que necesariamente tendrán que ser tomados en cuenta por poetas, artistas, atletas e intelectuales, en una sociedad en la que prima la falsa creencia que el ejercicio muscular no es compatible con el desarrollo artístico e intelectual :
"EL SPORT, SU HISTORIA, SU SIMBOLISMO, SU FILOSOFÍA Y SU INFLUENCIA MORAL Y MATERIAL EN LA CIVILIZACIÓN "
(Conferencia leída por su autor, Tomás Hernández Franco, en el Teatro “Apolo”, de Tamboril, la noche del 27 octubre 1931, en provecho del team de béisbol “Senadores”, de este municipio)
«Señoras y Señores:
Pláceme sobremanera ocupar esta tribuna y frente a este público, porque en cierta forma es como una oportunidad de pagar una deuda de cariño, contraída desde mi infancia, porque aquí en Tamboril mismo, y mucho antes de poder lanzarme por mis propias fuerzas en las sendas de la curiosidad literaria, mi imaginación se nutrió de una tradición de cultura y de amabilidad que parece haber sido de todo tiempo patrimonio o herencia, timbre o blasón de esta comunidad.
Tamboril fue el trampolín desde el cual lancéme hacia la vida, por las rutas sin huellas del mar y por los vírgenes camino de la fantasía y del ensueño y siempre, en las horas del recuerdo, en la nostálgica evocación del viajero, la patria lejana me cabía en el corazón.
Por imperiosas urgencias de la vida, frente a otros públicos he escrito y frente a otros públicos he hablado y aquí he vuelto siempre, porque naturalmente aquí se polariza mi existencia; pero nunca me he sentido un Simbad de leyenda, siempre llegué sin la jactanciosa actitud de quien pretende contar maravillas y a la vida aldeana me reintegré sin esfuerzo porque aldeano he sido siempre en mi orgullo y en mi sinceridad.
Pero si por ahí, por los caminos de la vida, he podido hacerme un lugar, si acaso mi nombre no es de los que ruedan en el anonimato, si en alguna parte algunos me toman en cuenta, porque desde el principio he luchado de buena lid sin dar las espaldas nunca, siempre en la brecha, con la alegría que le parece el afán, es porque en ningún momento me faltó la esperanza de ser digno hijo de esa tradición de cultura y de amabilidad que ustedes poseen por legítima herencia y por bella tradición.
No pretendo pagar deuda por completo. Las deudas de cariño no se cancelan nunca y siento que ahora mismo la mía aumenta con la satisfacción que me procura el hablaros.
Señoras y Señores:
Una de mis más reales satisfacciones al llegar de nuevo a Tamboril, fue la que me procuró comprobar cómo entre ustedes el beisbol había ocupado una parte preponderante en vuestro entusiasmo y en vuestras diversiones. Tamboril, el que siempre amó la poesía y la belleza, el que se conquistó una reputación llena de amables ironías por su predisposición a los juegos del espíritu, era lógico que rindiera tributo también a las fiestas del músculo, porque en ellas hay tanto o más lirismo que en cien mil madrigales, y porque en el gesto vivo y recio del atleta hay tanta emoción como la que procura el mejor soneto.
Por eso he escogido el presente tema, cosa que no podía ser de otro modo tampoco, ya que esta disertación me fue pedida por los entusiastas del mismo “deportes rey” y que se hace a beneficio de nuestros “Senadores”.
La práctica y el culto a los deportes remontan a la más remota antigüedad. Ha sido tanta su importancia en la historia del mundo que fijaos bien la fecha más antigua que se conoce con certeza en la historia de la humanidad, es la fecha que marca un evento deportivo. En efecto, en el año 776 antes de Cristo, el corredor griego Korcibos ganó en el estadio de Olimpia la carrera de los 185 metros. Año más que memorable; pues no solamente marca el origen del deporte sino también la historia de toda Europa. Ninguna fecha exacta anterior a la victoria de Korcibos es conocida.
Más allá es la leyenda, es la noche de los tiempos, es una mezcla de tradiciones fabulosas con documentos prehistóricos por entre los cuales los sabios no se atreven a penetrar más que con hipótesis, en ausencia de toda cronología.
En la primera línea de la historia occidental, se inscribe el nombre oscuro de un atleta ganador de una simple carrera de 185 metros. ¿Por qué los griegos comienzan con ese hecho su era nacional? Cuando los romanos sitúan su primer año en la fundación de Roma, los cristianos en el nacimiento de Cristo, los musulmanes en el origen del Islán, los revolucionarios franceses en la proclamación de la República, los griegos comienzan a contar sus años desde el día en el cual los sacerdotes de Olimpia hacen grabar el nombre de Korcibos en sus tablas de gloria. Ellos olvidaron en qué año fue el sitio de Troya, ni cuándo vencieron a los Atridas, ni en qué siglo murió Homero; pero de la victoria de Korcibos no se olvidaron nunca y la transmitieron a la posteridad cantada en mármoles imperecederos, y es porque para los griegos los juegos olímpicos revestían una solemnidad de la cual ahora nada pueda darnos la más remota idea.
Lourdes o la Meca son ahora simples lugares de peregrinaciones religiosas, Bayreuth lo es musical, Deauville, sportivo. Olimpia era todo eso a un tiempo mismo y mucho más ilustre. Cada cuatro años allí se reunían los filósofos más famosos, los más grandes poetas, las mujeres más bellas, los mejores músicos, los sacerdotes más ilustres, los más conocidos guerreros y todo aquel espectáculo grandioso giraba en torno de las competiciones de los atletas venidos de todos los países vecinos para medir sus fuerzas contra los mejores del mundo conocido hasta entonces.
La grandiosidad de aquellas fiestas de la inteligencia y del músculo nos viene rodando al través de los siglos en las odas de Píndaro, el maravilloso poeta que inmortalizó el nombre de los atletas vencedores y cuyos versos han quedado hasta ahora, y quedarán mientras haya poetas en el mundo, como ejemplos insuperables en el género. Y quiero hacer notar algo que todos ustedes saben. Ese amor de los griegos por los juegos de la fuerza, no fue una manifestación de frivolidad o de carencia de inteligencia. Ningún pueblo se preocupó jamás, tanto como los griegos de cultivar su espíritu y de aumentar su inteligencia, pero, al mismo tiempo, ningún pueblo llevó a más alto grado el respeto casi religioso del cuerpo humano, de su belleza, como los griegos mismos.
Más aún, Platón mismo, el filósofo griego, padre de toda la filosofía, sacó de los juegos atléticos los más imperecederos principios de sus doctrinas. Y Paul Adam, el estupendo escritor y filósofo francés, en su libro “Moral del Sport”, funda toda la filosofía del deporte en la filosofía platónica. Oíd estos párrafos:
“La admirable filosofía de Platón se desprende del acto completamente material que efectúa un corredor tratando de llegar a la meta, un luchador estrechando su adversario. La admiración hacia la musculatura del atleta, su sitio, el concepto de lo bello en sí mismo, de la armonía de la justicia y de la verdad, tal fue, sobre la arena de Academos, el origen de las filosofías que Spinosa, Kant y los pensadores no cesan de confirmar”.
No hay más que comprobar, pues, ese otro aspecto formidable de la influencia de los deportes sobre la vida espiritual de la humanidad. Muchas gentes que nunca han practicado un deporte, que no saben la fuente de bienestar, de reposo de verdad, de belleza y de justicia que es la práctica de un Sport cualquiera, se refugian en el prejuicio inmotivado de que el exceso de fuerza física mata la fuerza espiritual, que las dos actividades son incompatibles y que un atleta, para serlo verdalmente, tiene que ser una persona sin cultura.
Sin tener que remontar a la actualidad en que reyes y emperadores no vacilaron en bajar a la arena para medir sus fuerzas con todos los atletas en diferentes competiciones, recordemos que en la actualidad, Tunney, el campeón del mundo de boxeo, ya retirado, es un graduado en Leyes, en Filosofía y en Letras, que nunca ha abandonado sus actividades intelectuales y que en las dos mejores universidades del mundo, las de Oxford y Cambridge, de Inglaterra, es en donde están los mejores humanistas, los mejores helenistas, los mejores estetas, los mejores teólogos del mundo, los cuales son, al mismo tiempo, los mejores boxeadores, los mejores remeros, los mejores jugadores de foot ball, los mejores atletas, en fin...
Recordemos también que Goethe, el estupendo poeta alemán, fue un gran atleta que practicó siempre la marcha a pie, la esgrima, la natación, la equitación y el patinaje. Que Lord Byron fue un nadador maravilloso que en mayo de 1810 atravesó el Helesponto a nado.
Que Lamartine fue un excelente montador de caballo, que Víctor Hugo y Alejandro Dumas admiraron el boxeo dejándonos, el primero de ellos, un excelente retrato de boxeador en el “Hombre que ríe” y que Teófilo Gautier mismo practicó diariamente el boxeo francés, que es mucho más peligroso que el inglés, y que el mismo Federico Mistral, el suave autor de Mireya, nos ha dejado en esa obra capítulos que pueden considerarse como los precursores de la actual literatura deportiva.
El músculo no mata inteligencia. Al contrario, el mente sana en cuerpo sano de que nos hablaron los latinos es hoy más que nunca una verdad, y sólo el deporte, su práctica leal y devota, puede procurar ese bello equilibrio que es y ha sido el ideal de todos los tiempos.
Veamos ahora, a la ligera, algo del simbolismo que hay en todos los deportes :
Los griegos, quienes, como ya hemos visto, fueron los padres del deporte, llevándolo hasta alturas que todavía nadie ha podido reconquistar, pusieron en todos sus juegos un origen simbólico que recorría, desde la ofrenda religiosa hasta la imitación de la guerra, y muchos mitos de la antigüedad viven todavía en todos los deportes, sin que muchos de los atletas que en la actualidad lo practican lo sepan siquiera.
Así, para poneros un ejemplo que puede ser de interés inmediato para ustedes, en el mismo beisbol, una reconstrucción de aquellos ejercicios en que el hombre necesitó, desde los albores de la historia del mundo, ejercitarse para conservar su vida cuando sólo disponía de las armas rudimentarias con que lo dotó la naturaleza.
Todo jugador de beisbol necesita ante todo ser un corredor. La carrera del beisbol no se parece a todas las demás carreras: el corredor no solamente necesita ir de prisa para llegar a una meta donde ningún peligro lo espera, sino que es una carrera que tiene todo el aspecto de una fuga, porque el corredor huye de la posibilidad del out que lo acecha o de la bola que lo persigue. Primer símbolo : el instinto de conservación. del hombre primitivo.
Seguidamente un jugador de beisbol no puede tirar la bola como un niño que tira una piedra al azar. Necesita precisión en la tirada, saber con una exactitud de centímetro a donde va a parar la pelota después que salga de sus manos. Segunda aparición del hombre primitivo que sólo disponía de la piedra para abatir a sus enemigos, pájaros, hombres o fieras, en los primeros tiempos de su vida en la tierra. Las mismas frutas eran desprendidas a pedradas, y el hombre se acostumbró a la destreza de apararlas entre sus manos, en cabriolas difíciles, para que muchas veces no fueran a parar al fondo de un abismo o entre las manos hábiles de algún compañero más fuerte o menos diestro.
Viene luego el bate, arma ya más perfeccionada que la piedra, maza que sirvió en los lejanos tiempos como instrumento de ataque y de defensa. En el béisbol todos los esfuerzos físicos se emplean y todas las formas de ese esfuerzo se manifiestan claramente, pero también el cálculo, la fuerza de la inteligencia, la malicia, arma suprema que el hombre primitivo empleó como último argumento contundente para vencer a sus enemigos.
Así vemos el símbolo de ese juego, simbolismo que se descubre en todos los deportes actuales, pues no hay ninguno que no corresponda claramente a los íntimos reflejos que vienen rodando con los siglos en el subconsciente de la humanidad.
Como ustedes habrán visto, he venido empleando indistintamente las palabras deporte y sport. Sin embargo, la palabra deporte no significa exactamente sport y esta última palabra, ya internacionalizada y usada en todas las lenguas, nos parece más exacta.
Varias veces se ha intentado dar una definición de esa palabra que satisfaga a todos, y varios autores y autoridades en la materia se han ocupado de ello desde hace más de cincuenta años. Paul Adam nos había escrito en 1907: “Se llama sport toda obra coordinando una serie de actos físicos homogéneos y razonados a fin de aumentar la agilidad, el valor y la potencia del hombre”.
El poeta Rolmer lo definía: “El sport es un medio de vencerse o de vencer a un enemigo”. Y Marcel Prevost, de la Academia francesa, proponía la siguiente: “El sport es el ejercicio metódico e higiénico del cuerpo humano en vista de aumentar su fuerza, su agilidad y su belleza y de desarrollar la energía de la voluntad al mismo tiempo que procura reposo al espíritu”.
Todas esas definiciones pecan, como se habrá visto por vagas y por largas, habiéndose encontrado en Francia esta otra definición más precisa: “El sport es una lucha y un juego”. Simplemente, y es así en realidad, el sport es una lucha siempre, una lucha contra el tiempo, contra el espacio, contra la fatiga, contra la edad, contra el adversario, que sea hombre, cosa, idea o sentimiento, una lucha contra la pereza, contra el hábito y contra el fastidio. Es un juego también porque es una forma de la actividad cuyo objeto está en sí misma.
Esa lucha exige voluntad, paciencia, orden y método, cualidades que van con el éxtasis y la actitud contemplativa. Ese juego exige firmeza de cuerpo y de espíritu, optimismo y lirismo.
Admitamos, pues, esa definición que es la más precisa y la que mejor cuadra a la verdadera misión del sport, tal y como ha sido comprendido en todos los países. El verdadero sport es moral y moralizador, suprime las distancias, acerca todas las clases sociales, pone en contacto a todos los ciudadanos que de otro modo quizás no podrían jamás encontrarse en el mismo nivel. Todo lo que acostumbra al hombre a sostenerse de aplomo sobre sus piernas, a sostener los choques, a mirar fríamente a su adversario, encierra una virtud educativa que todas las democracias deben utilizar.
De todo lo que hemos dicho se desprende que el sport es el culto voluntario y habitual del ejercicio muscular intensivo, apoyado en el deseo de progreso que puede llegar hasta el peligro y de ahí podemos deducir estas cinco nociones primordiales: El sport no es natural al hombre: está en contradicción formal con la ley animal del “esfuerzo mínimo”. No es suficiente, pues es necesario darle facilidades materiales para que progrese o se mantenga: es necesario estimularlo por la pasión o por el cálculo.
El carácter sportivo es susceptible de sobreponerse a todo ejercicio muscular como puede también estar completamente ausente. Esta afirmación debemos explicarla más detalladamente. Se puede practicar un sport, sin ser sportivo, se puede ser jugador de béisbol, sin ser sportivo, sobre todo cuando no se lleva al diamante el espíritu caballeroso, leal, franco, decidido, que caracteriza toda manifestación de ese género.
En efecto, querer ganar en toda competición, es lógico, porque el triunfo es el objetivo que se persigue en toda lucha, pero querer ganar a todo trance aun cuando se reconoce la propia inferioridad, utilizando para ello tretas de mala fe o combinaciones de cualquier especie, cuando al terreno se lleva el engaño, la cólera, el odio, la inquina ya se podrá ser jugador de béisbol pero no se será sportivo nunca, porque se han traspasado sus fronteras de belleza.
En el verdadero sport hay que querer ganar siempre, hay que luchar hasta lo último por el triunfo, pero hay que admitir sinceramente la derrota, hay que saber perder, y hay que saber reconocer sinceramente la superioridad del adversario y tratar en seguida de superarlo. Ese es uno de los aspectos en que más ha influido el sport en la actual civilización: las gentes, al sportizarse, van perdiendo mucho de la animal rudeza de antes, y ante el espíritu sportivo, el rencor, la venganza, la inquina, van perdiendo camino. Cuando todo el mundo tenga alma sportiva, podremos asegurar que el crimen, la falsedad, el engaño habrán desaparecido del mundo.
La tercera consecuencia es que el sport siendo una escuela de dominio sobre uno mismo y haciendo un constante llamamiento a la observación y a la sangre fría, cae en los dominios de la psicología tanto como en los de la fisiología y puede hacer reaccionar favorablemente el entendimiento, el carácter y la conciencia. Por tal motivo, es un agente de perfeccionamiento moral y social.
Señores:
Muy a la ligera, contra mi querer, por no haber tenido el tiempo material suficiente para darle forma más amplia a esta disertación, he querido probaros de una verdad que ya seguramente adivinabais. Nada más noble que el sport y nada más noble que esa actitud de entusiasmo que todo el pueblo ha tomado frente a los triunfos de nuestro team beisbolero que muy pronto va a enfrentarse a la conquista del campeonato de serie “E”. Os he dicho cómo, desde Homero y Píndaro, los más grandes hombres de la humanidad en las actividades del intelecto, se han ocupado del sport sin sentirse denigrados, y que lo han practicado previamente sin obtener ningún menoscabo de sus inteligencias. No olvidéis que el mismo Platón, antes de ser filósofo, fue atleta y por eso que nadie crea que se pierde el tiempo que se dedica al cultivo de la fuerza física.
Ojalá que vuestro entusiasmo no se limite a aplaudir solamente al único equipo atlético que Tamboril ha logrado presentar y que, por el contrario, otros deportes, conjuntamente con el béisbol, logren vuestro favor y se desarrollen aquí.
Amigos del Team “Senadores”:
Habéis visto la diferencia que existe entre ser practicante de un sport y ser un verdadero sportivo. Ya sabéis las condiciones morales y materiales que tal nobleza exige. Sedlo siempre. Hay que llevar en todas vuestras acciones, aun aquellas que se pasen fuera del diamante, la dignidad de aquel que respeta su propio cuerpo, de aquel a quien la práctica metódica y digna de ejercicios físicos ha dado el equilibrio constante de una mentalidad sana en un cuerpo sano.
Habéis aprendido a ganar y no sabéis lo que es perder, pero preparaos siempre para otros triunfos, pensando que el día en que llegue la derrota, no será pesado para vosotros, porque en toda lucha, el mejor ha de salir vencedor, y de la derrota sólo podemos, en sportivo, tratar de sacar, no cóleras ni desalientos, sino lecciones para otros triunfos. El día que penséis así y así viváis, habréis dado una lección sportiva a todos y seréis dignos de llamaros verdaderos jugadores de béisbol. He dicho»
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Y DEPORTISTA.
Por : Domingo Caba Ramos
En un artículo que publicáramos en el Suplemento "Isla Abierta", del periódico Hoy ( 24/4/91), decíamos que «Además de artista literario, Hernández Franco sentía una extraordinaria afición por los deportes. Su pensamiento deportivo -argumentábamos- aparece magistralmente expresado en “El Sport, su historia, su simbolismo, su filosofía y su influencia moral y material en la civilización”, título de la conferencia leída por el propio autor en el Teatro Apolo de Tamboril la noche del 27 de octubre de 1931 en provecho del Team de beisbol Senadores de este municipio»
Pero además de teórico del deporte, Hernández Franco fue un fiel cultivador de las prácticas deportivas. En Santiago, por ejemplo, se desempeñó como promotor de boxeo, y cuando cursaba estudios en Francia alcanzó el título de campeón amateur de boxeo universitario (1924) de París, peso medio mediano, al derrotar a un suizo - alemán, de nombre Haah, que ostentaba tan preciado galardón.
Por considerarlo de interés, publicamos a continuación el texto completo, hasta ahora inédito, de la antes citada disertación, por entender que la misma encierra importantes juicios que necesariamente tendrán que ser tomados en cuenta por poetas, artistas, atletas e intelectuales, en una sociedad en la que prima la falsa creencia que el ejercicio muscular no es compatible con el desarrollo artístico e intelectual :
"EL SPORT, SU HISTORIA, SU SIMBOLISMO, SU FILOSOFÍA Y SU INFLUENCIA MORAL Y MATERIAL EN LA CIVILIZACIÓN "
(Conferencia leída por su autor, Tomás Hernández Franco, en el Teatro “Apolo”, de Tamboril, la noche del 27 octubre 1931, en provecho del team de béisbol “Senadores”, de este municipio)
«Señoras y Señores:
Pláceme sobremanera ocupar esta tribuna y frente a este público, porque en cierta forma es como una oportunidad de pagar una deuda de cariño, contraída desde mi infancia, porque aquí en Tamboril mismo, y mucho antes de poder lanzarme por mis propias fuerzas en las sendas de la curiosidad literaria, mi imaginación se nutrió de una tradición de cultura y de amabilidad que parece haber sido de todo tiempo patrimonio o herencia, timbre o blasón de esta comunidad.
Tamboril fue el trampolín desde el cual lancéme hacia la vida, por las rutas sin huellas del mar y por los vírgenes camino de la fantasía y del ensueño y siempre, en las horas del recuerdo, en la nostálgica evocación del viajero, la patria lejana me cabía en el corazón.
Por imperiosas urgencias de la vida, frente a otros públicos he escrito y frente a otros públicos he hablado y aquí he vuelto siempre, porque naturalmente aquí se polariza mi existencia; pero nunca me he sentido un Simbad de leyenda, siempre llegué sin la jactanciosa actitud de quien pretende contar maravillas y a la vida aldeana me reintegré sin esfuerzo porque aldeano he sido siempre en mi orgullo y en mi sinceridad.
Pero si por ahí, por los caminos de la vida, he podido hacerme un lugar, si acaso mi nombre no es de los que ruedan en el anonimato, si en alguna parte algunos me toman en cuenta, porque desde el principio he luchado de buena lid sin dar las espaldas nunca, siempre en la brecha, con la alegría que le parece el afán, es porque en ningún momento me faltó la esperanza de ser digno hijo de esa tradición de cultura y de amabilidad que ustedes poseen por legítima herencia y por bella tradición.
No pretendo pagar deuda por completo. Las deudas de cariño no se cancelan nunca y siento que ahora mismo la mía aumenta con la satisfacción que me procura el hablaros.
Señoras y Señores:
Una de mis más reales satisfacciones al llegar de nuevo a Tamboril, fue la que me procuró comprobar cómo entre ustedes el beisbol había ocupado una parte preponderante en vuestro entusiasmo y en vuestras diversiones. Tamboril, el que siempre amó la poesía y la belleza, el que se conquistó una reputación llena de amables ironías por su predisposición a los juegos del espíritu, era lógico que rindiera tributo también a las fiestas del músculo, porque en ellas hay tanto o más lirismo que en cien mil madrigales, y porque en el gesto vivo y recio del atleta hay tanta emoción como la que procura el mejor soneto.
Por eso he escogido el presente tema, cosa que no podía ser de otro modo tampoco, ya que esta disertación me fue pedida por los entusiastas del mismo “deportes rey” y que se hace a beneficio de nuestros “Senadores”.
La práctica y el culto a los deportes remontan a la más remota antigüedad. Ha sido tanta su importancia en la historia del mundo que fijaos bien la fecha más antigua que se conoce con certeza en la historia de la humanidad, es la fecha que marca un evento deportivo. En efecto, en el año 776 antes de Cristo, el corredor griego Korcibos ganó en el estadio de Olimpia la carrera de los 185 metros. Año más que memorable; pues no solamente marca el origen del deporte sino también la historia de toda Europa. Ninguna fecha exacta anterior a la victoria de Korcibos es conocida.
Más allá es la leyenda, es la noche de los tiempos, es una mezcla de tradiciones fabulosas con documentos prehistóricos por entre los cuales los sabios no se atreven a penetrar más que con hipótesis, en ausencia de toda cronología.
En la primera línea de la historia occidental, se inscribe el nombre oscuro de un atleta ganador de una simple carrera de 185 metros. ¿Por qué los griegos comienzan con ese hecho su era nacional? Cuando los romanos sitúan su primer año en la fundación de Roma, los cristianos en el nacimiento de Cristo, los musulmanes en el origen del Islán, los revolucionarios franceses en la proclamación de la República, los griegos comienzan a contar sus años desde el día en el cual los sacerdotes de Olimpia hacen grabar el nombre de Korcibos en sus tablas de gloria. Ellos olvidaron en qué año fue el sitio de Troya, ni cuándo vencieron a los Atridas, ni en qué siglo murió Homero; pero de la victoria de Korcibos no se olvidaron nunca y la transmitieron a la posteridad cantada en mármoles imperecederos, y es porque para los griegos los juegos olímpicos revestían una solemnidad de la cual ahora nada pueda darnos la más remota idea.
Lourdes o la Meca son ahora simples lugares de peregrinaciones religiosas, Bayreuth lo es musical, Deauville, sportivo. Olimpia era todo eso a un tiempo mismo y mucho más ilustre. Cada cuatro años allí se reunían los filósofos más famosos, los más grandes poetas, las mujeres más bellas, los mejores músicos, los sacerdotes más ilustres, los más conocidos guerreros y todo aquel espectáculo grandioso giraba en torno de las competiciones de los atletas venidos de todos los países vecinos para medir sus fuerzas contra los mejores del mundo conocido hasta entonces.
La grandiosidad de aquellas fiestas de la inteligencia y del músculo nos viene rodando al través de los siglos en las odas de Píndaro, el maravilloso poeta que inmortalizó el nombre de los atletas vencedores y cuyos versos han quedado hasta ahora, y quedarán mientras haya poetas en el mundo, como ejemplos insuperables en el género. Y quiero hacer notar algo que todos ustedes saben. Ese amor de los griegos por los juegos de la fuerza, no fue una manifestación de frivolidad o de carencia de inteligencia. Ningún pueblo se preocupó jamás, tanto como los griegos de cultivar su espíritu y de aumentar su inteligencia, pero, al mismo tiempo, ningún pueblo llevó a más alto grado el respeto casi religioso del cuerpo humano, de su belleza, como los griegos mismos.
Más aún, Platón mismo, el filósofo griego, padre de toda la filosofía, sacó de los juegos atléticos los más imperecederos principios de sus doctrinas. Y Paul Adam, el estupendo escritor y filósofo francés, en su libro “Moral del Sport”, funda toda la filosofía del deporte en la filosofía platónica. Oíd estos párrafos:
“La admirable filosofía de Platón se desprende del acto completamente material que efectúa un corredor tratando de llegar a la meta, un luchador estrechando su adversario. La admiración hacia la musculatura del atleta, su sitio, el concepto de lo bello en sí mismo, de la armonía de la justicia y de la verdad, tal fue, sobre la arena de Academos, el origen de las filosofías que Spinosa, Kant y los pensadores no cesan de confirmar”.
No hay más que comprobar, pues, ese otro aspecto formidable de la influencia de los deportes sobre la vida espiritual de la humanidad. Muchas gentes que nunca han practicado un deporte, que no saben la fuente de bienestar, de reposo de verdad, de belleza y de justicia que es la práctica de un Sport cualquiera, se refugian en el prejuicio inmotivado de que el exceso de fuerza física mata la fuerza espiritual, que las dos actividades son incompatibles y que un atleta, para serlo verdalmente, tiene que ser una persona sin cultura.
Sin tener que remontar a la actualidad en que reyes y emperadores no vacilaron en bajar a la arena para medir sus fuerzas con todos los atletas en diferentes competiciones, recordemos que en la actualidad, Tunney, el campeón del mundo de boxeo, ya retirado, es un graduado en Leyes, en Filosofía y en Letras, que nunca ha abandonado sus actividades intelectuales y que en las dos mejores universidades del mundo, las de Oxford y Cambridge, de Inglaterra, es en donde están los mejores humanistas, los mejores helenistas, los mejores estetas, los mejores teólogos del mundo, los cuales son, al mismo tiempo, los mejores boxeadores, los mejores remeros, los mejores jugadores de foot ball, los mejores atletas, en fin...
Recordemos también que Goethe, el estupendo poeta alemán, fue un gran atleta que practicó siempre la marcha a pie, la esgrima, la natación, la equitación y el patinaje. Que Lord Byron fue un nadador maravilloso que en mayo de 1810 atravesó el Helesponto a nado.
Que Lamartine fue un excelente montador de caballo, que Víctor Hugo y Alejandro Dumas admiraron el boxeo dejándonos, el primero de ellos, un excelente retrato de boxeador en el “Hombre que ríe” y que Teófilo Gautier mismo practicó diariamente el boxeo francés, que es mucho más peligroso que el inglés, y que el mismo Federico Mistral, el suave autor de Mireya, nos ha dejado en esa obra capítulos que pueden considerarse como los precursores de la actual literatura deportiva.
El músculo no mata inteligencia. Al contrario, el mente sana en cuerpo sano de que nos hablaron los latinos es hoy más que nunca una verdad, y sólo el deporte, su práctica leal y devota, puede procurar ese bello equilibrio que es y ha sido el ideal de todos los tiempos.
Veamos ahora, a la ligera, algo del simbolismo que hay en todos los deportes :
Los griegos, quienes, como ya hemos visto, fueron los padres del deporte, llevándolo hasta alturas que todavía nadie ha podido reconquistar, pusieron en todos sus juegos un origen simbólico que recorría, desde la ofrenda religiosa hasta la imitación de la guerra, y muchos mitos de la antigüedad viven todavía en todos los deportes, sin que muchos de los atletas que en la actualidad lo practican lo sepan siquiera.
Así, para poneros un ejemplo que puede ser de interés inmediato para ustedes, en el mismo beisbol, una reconstrucción de aquellos ejercicios en que el hombre necesitó, desde los albores de la historia del mundo, ejercitarse para conservar su vida cuando sólo disponía de las armas rudimentarias con que lo dotó la naturaleza.
Todo jugador de beisbol necesita ante todo ser un corredor. La carrera del beisbol no se parece a todas las demás carreras: el corredor no solamente necesita ir de prisa para llegar a una meta donde ningún peligro lo espera, sino que es una carrera que tiene todo el aspecto de una fuga, porque el corredor huye de la posibilidad del out que lo acecha o de la bola que lo persigue. Primer símbolo : el instinto de conservación. del hombre primitivo.
Seguidamente un jugador de beisbol no puede tirar la bola como un niño que tira una piedra al azar. Necesita precisión en la tirada, saber con una exactitud de centímetro a donde va a parar la pelota después que salga de sus manos. Segunda aparición del hombre primitivo que sólo disponía de la piedra para abatir a sus enemigos, pájaros, hombres o fieras, en los primeros tiempos de su vida en la tierra. Las mismas frutas eran desprendidas a pedradas, y el hombre se acostumbró a la destreza de apararlas entre sus manos, en cabriolas difíciles, para que muchas veces no fueran a parar al fondo de un abismo o entre las manos hábiles de algún compañero más fuerte o menos diestro.
Viene luego el bate, arma ya más perfeccionada que la piedra, maza que sirvió en los lejanos tiempos como instrumento de ataque y de defensa. En el béisbol todos los esfuerzos físicos se emplean y todas las formas de ese esfuerzo se manifiestan claramente, pero también el cálculo, la fuerza de la inteligencia, la malicia, arma suprema que el hombre primitivo empleó como último argumento contundente para vencer a sus enemigos.
Así vemos el símbolo de ese juego, simbolismo que se descubre en todos los deportes actuales, pues no hay ninguno que no corresponda claramente a los íntimos reflejos que vienen rodando con los siglos en el subconsciente de la humanidad.
Como ustedes habrán visto, he venido empleando indistintamente las palabras deporte y sport. Sin embargo, la palabra deporte no significa exactamente sport y esta última palabra, ya internacionalizada y usada en todas las lenguas, nos parece más exacta.
Varias veces se ha intentado dar una definición de esa palabra que satisfaga a todos, y varios autores y autoridades en la materia se han ocupado de ello desde hace más de cincuenta años. Paul Adam nos había escrito en 1907: “Se llama sport toda obra coordinando una serie de actos físicos homogéneos y razonados a fin de aumentar la agilidad, el valor y la potencia del hombre”.
El poeta Rolmer lo definía: “El sport es un medio de vencerse o de vencer a un enemigo”. Y Marcel Prevost, de la Academia francesa, proponía la siguiente: “El sport es el ejercicio metódico e higiénico del cuerpo humano en vista de aumentar su fuerza, su agilidad y su belleza y de desarrollar la energía de la voluntad al mismo tiempo que procura reposo al espíritu”.
Todas esas definiciones pecan, como se habrá visto por vagas y por largas, habiéndose encontrado en Francia esta otra definición más precisa: “El sport es una lucha y un juego”. Simplemente, y es así en realidad, el sport es una lucha siempre, una lucha contra el tiempo, contra el espacio, contra la fatiga, contra la edad, contra el adversario, que sea hombre, cosa, idea o sentimiento, una lucha contra la pereza, contra el hábito y contra el fastidio. Es un juego también porque es una forma de la actividad cuyo objeto está en sí misma.
Esa lucha exige voluntad, paciencia, orden y método, cualidades que van con el éxtasis y la actitud contemplativa. Ese juego exige firmeza de cuerpo y de espíritu, optimismo y lirismo.
Admitamos, pues, esa definición que es la más precisa y la que mejor cuadra a la verdadera misión del sport, tal y como ha sido comprendido en todos los países. El verdadero sport es moral y moralizador, suprime las distancias, acerca todas las clases sociales, pone en contacto a todos los ciudadanos que de otro modo quizás no podrían jamás encontrarse en el mismo nivel. Todo lo que acostumbra al hombre a sostenerse de aplomo sobre sus piernas, a sostener los choques, a mirar fríamente a su adversario, encierra una virtud educativa que todas las democracias deben utilizar.
De todo lo que hemos dicho se desprende que el sport es el culto voluntario y habitual del ejercicio muscular intensivo, apoyado en el deseo de progreso que puede llegar hasta el peligro y de ahí podemos deducir estas cinco nociones primordiales: El sport no es natural al hombre: está en contradicción formal con la ley animal del “esfuerzo mínimo”. No es suficiente, pues es necesario darle facilidades materiales para que progrese o se mantenga: es necesario estimularlo por la pasión o por el cálculo.
El carácter sportivo es susceptible de sobreponerse a todo ejercicio muscular como puede también estar completamente ausente. Esta afirmación debemos explicarla más detalladamente. Se puede practicar un sport, sin ser sportivo, se puede ser jugador de béisbol, sin ser sportivo, sobre todo cuando no se lleva al diamante el espíritu caballeroso, leal, franco, decidido, que caracteriza toda manifestación de ese género.
En efecto, querer ganar en toda competición, es lógico, porque el triunfo es el objetivo que se persigue en toda lucha, pero querer ganar a todo trance aun cuando se reconoce la propia inferioridad, utilizando para ello tretas de mala fe o combinaciones de cualquier especie, cuando al terreno se lleva el engaño, la cólera, el odio, la inquina ya se podrá ser jugador de béisbol pero no se será sportivo nunca, porque se han traspasado sus fronteras de belleza.
En el verdadero sport hay que querer ganar siempre, hay que luchar hasta lo último por el triunfo, pero hay que admitir sinceramente la derrota, hay que saber perder, y hay que saber reconocer sinceramente la superioridad del adversario y tratar en seguida de superarlo. Ese es uno de los aspectos en que más ha influido el sport en la actual civilización: las gentes, al sportizarse, van perdiendo mucho de la animal rudeza de antes, y ante el espíritu sportivo, el rencor, la venganza, la inquina, van perdiendo camino. Cuando todo el mundo tenga alma sportiva, podremos asegurar que el crimen, la falsedad, el engaño habrán desaparecido del mundo.
La tercera consecuencia es que el sport siendo una escuela de dominio sobre uno mismo y haciendo un constante llamamiento a la observación y a la sangre fría, cae en los dominios de la psicología tanto como en los de la fisiología y puede hacer reaccionar favorablemente el entendimiento, el carácter y la conciencia. Por tal motivo, es un agente de perfeccionamiento moral y social.
Señores:
Muy a la ligera, contra mi querer, por no haber tenido el tiempo material suficiente para darle forma más amplia a esta disertación, he querido probaros de una verdad que ya seguramente adivinabais. Nada más noble que el sport y nada más noble que esa actitud de entusiasmo que todo el pueblo ha tomado frente a los triunfos de nuestro team beisbolero que muy pronto va a enfrentarse a la conquista del campeonato de serie “E”. Os he dicho cómo, desde Homero y Píndaro, los más grandes hombres de la humanidad en las actividades del intelecto, se han ocupado del sport sin sentirse denigrados, y que lo han practicado previamente sin obtener ningún menoscabo de sus inteligencias. No olvidéis que el mismo Platón, antes de ser filósofo, fue atleta y por eso que nadie crea que se pierde el tiempo que se dedica al cultivo de la fuerza física.
Ojalá que vuestro entusiasmo no se limite a aplaudir solamente al único equipo atlético que Tamboril ha logrado presentar y que, por el contrario, otros deportes, conjuntamente con el béisbol, logren vuestro favor y se desarrollen aquí.
Amigos del Team “Senadores”:
Habéis visto la diferencia que existe entre ser practicante de un sport y ser un verdadero sportivo. Ya sabéis las condiciones morales y materiales que tal nobleza exige. Sedlo siempre. Hay que llevar en todas vuestras acciones, aun aquellas que se pasen fuera del diamante, la dignidad de aquel que respeta su propio cuerpo, de aquel a quien la práctica metódica y digna de ejercicios físicos ha dado el equilibrio constante de una mentalidad sana en un cuerpo sano.
Habéis aprendido a ganar y no sabéis lo que es perder, pero preparaos siempre para otros triunfos, pensando que el día en que llegue la derrota, no será pesado para vosotros, porque en toda lucha, el mejor ha de salir vencedor, y de la derrota sólo podemos, en sportivo, tratar de sacar, no cóleras ni desalientos, sino lecciones para otros triunfos. El día que penséis así y así viváis, habréis dado una lección sportiva a todos y seréis dignos de llamaros verdaderos jugadores de béisbol. He dicho»
(Publicado en mi columna del diario La Información: 27 - 5 - 89)
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jueves, 18 de marzo de 2010
LO QUE ES Y LO QUE PARECE EN EL USO DE LA LENGUA.
Por : Domingo Caba Ramos.
- Segunda parte -
1. ¿Uno de abril o primero de abril?
El caso resulta un tanto curioso. Para designar el primer día del mes, en América tradicionalmente se ha empleado el adjetivo ordinal ‘primero’ ( primero de abril, primero de mayo ), mas cuando se trata de los demás días, se usan entonces los cardinales ( dos de abril, tres de mayo ) En España, por el contrario, es más común el uso del cardinal ‘uno’ para denominar el día que inicia cada mes ( uno de abril, uno de mayo ).Asumiendo incorrecta la forma americana ( primero de abril ) es cada vez más frecuente, en el llamado Nuevo Mundo, emplear la forma española ( uno de abril ) para referirse al día prealudido. Pero según el criterio académico, una y otra forma son válidas.
2. Desapartar - Desinquieto - Descalentado.
En el uso cotidiano de la lengua, en ocasiones empleamos voces con las cuales decimos todo lo contrario de lo que realmente queremos expresar. Este es el caso del verbo «desapartar», voz compuesta por el prefijo de origen latino ‘des’ que significa “privación o negación” y ‘apartar’ que soporta los significados de “separar, desunir y dividir” Conforme a esta base etimológica, desapartar equivaldría a ‘no apartar’, ‘no separar’. Y, por extensión, cuando se nos manda a desapartar a los niños o adultos que han iniciado una riña, se nos está ordenando que no los apartemos o separemos , que tratemos de unirlos, acercarlos o juntarlos lo más que podamos. Se nos está instruyendo, simple y sencillamente, que evitemos que el pleito se detenga.
Igual desajuste semántico ocurre con el uso de los adjetivos ‘desinquieto’ ( a) y ‘descalentado’ ( a ) en oraciones del tipo : a) “ Tu niño, por desinquieto, se fracturó una pierna....”, b) “¡Diablo!, qué descalentada está esa muchacha, por eso sólo vive pensando en hombres”
De acuerdo al valor semántico del prefijo “ des”, desinquieto significa ‘no inquieto o tranquilo’; y descalentada, ‘no calentada’ o fría. De lo que se deduce o infiere que a un niño desinquieto, por quieto , difícilmente le ocurra un accidente, en tanto que una mujer descalentada, por fría, frígida o carecer de calor, deseo o goce sexual, probablemente nunca piense en hombres.
3. Cualquiera - Cualesquiera.
“No me gustan las empresas encuestadoras – comenta el periodista – que cualesquiera las contrata.”
El uso del pronombre relativo indefinido “cualquiera” está determinado por el número de la forma verbal con la cual concuerde. Si el verbo está expresado en singular se usará cualquiera: “A cualquiera que se atreva a desobedecer la orden lo cancelaremos…”; mas se empleará “cualesquiera” si la desinencia verbal aparece expresada en número plural: “A cualesquiera que se atrevan a desobedecer la orden los cancelaremos”
Sin embargo, es común, como se aprecia en el comentario pretranscrito, la práctica de concordar la voz “cualquiera” con el verbo en singular: “cualesquiera las contrata” en lugar de “cualesquiera las contratan”.
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jueves, 11 de marzo de 2010
LO QUE ES Y LO QUE PARECE EN EL USO DE LA LENGUA.
Por : Domingo Caba Ramos.
Son innúmeros los falsos criterios y errores conceptuales en que incurren los hablantes dominicanos en el uso cotidiano de la lengua. Tales errores se aprenden, repiten y propagan de manera irracional, y muchos de ellos han alcanzado la categoría de mitos, por cuanto no obstante su circulación colectiva, las ideas que los mismos entrañan carecen por completo de pertinencia o fundamentación lingüística. Para ilustración, veamos sólo algunos de esos casos o mitos lexicosemánticos:
1. “La voz etcétera ya no se usa” - (Falso)
- Persiste la falsa creencia de que ya la palabra etcétera no se debe usar, y que en su lugar debe emplearse la construcción léxica “entre otros” Vale aclarar que tanto una como otra forma, ‘etcétera’ y ‘entre otros’, se emplean para poner fin a una enumeración que parece no terminar. Específicamente acerca de la voz etcétera, en el “Diccionario Panhispánico de dudas” (2005), de la Asociación de Academias de la Lengua Española, se lee lo siguiente: « Procedente de la expresión latina ‘et caetera’, se usa en español para cerrar enumeraciones incompletas. En la escritura va siempre precedida de una coma y se emplea frecuentemente en forma abreviada etc.» (Pág. 279)
El contenido de la cita precedente es más que ilustrativo para convencernos de que no es cierto, como afirman muchos, que el vocablo que nos ocupa, ‘etcétera’, se encuentra en desuso o fue excluido del repertorio léxico del mundo hispanohablante.
2. “Las letras mayúsculas no se acentúan” – (Falso)
El empleo de las mayúsculas no exime de marcar la tilde siempre que así lo establezcan las reglas generales de acentuación.
3. “La z debe pronunciarse distinta a la s” - (Falso)
En el español de América las letras Z y C, esta última ante de las vocales e, i, se pronuncian como /S/, originándose así el fenómeno lingüístico llamado seseo. Tales letras, pues, representan el mismo sonido o no debe establecerse entre ellas distinción fonética. De ahí que la sílaba sa, en la palabra sapo, deba pronunciarse igual que za, en zapato.
4. ¿Funcionario o funcionario público?
Funcionario es la “Persona que desempeña un empleo público” Significa esto que no existen funcionarios que no sean públicos. En tal virtud, se incurren en pleonasmo o redundancia cuando se escribe “Muchos funcionarios públicos devengan altos salarios y trabajan poco”, toda vez que el adjetivo públicos sobra, ya que hubiera bastado con decir simplemente “muchos funcionarios”.
5. ¿UTESA o la UTESA? ¿Romana o La Romana?
“El rector de UTESA declaró….”, escribió recientemente un periodista. “ Es posible que en Romana el juego entre Las águilas y Los Toros resulte suspendido por lluvia…”, comentaba el narrador en la pasada serie de beisbol de invierno.
Conforme a las citas precedentes, vale aclarar que UTESA es la sigla que representa el nombre de la Universidad Tecnológica de Santiago. Si al nombre completo se le antepone el artículo: “El rector de la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA) declaró…” también hay que hacer lo mismo cuando se trata de la sigla: “El rector de la UTESA declaró…” Nadie dice, por ejemplo, “Yo estudio en UASD”
En cuanto a Romana, el nombre correcto de esa turística ciudad dominicana es La Romana, no Romana. El artículo forma parte del mismo, razón por la cual su omisión resulta a todas luces inaceptable.
6. ¿El Internet o la Internet?
Internet es una red, la “ Red mundial de computadoras u ordenadores interconectados mediante un protocolo especial de comunicación” Funciona como nombre propio y por esa razón en el mundo hispanohablante se escribe con mayúscula inicial y sin artículo : a) “ Muchos jóvenes son adictos a Internet”, b) “ Muchos dominicanos aún no tienen acceso a Internet” En caso de que dicho nombre ( Internet ) se use precedido del artículo u otro determinante, entonces se recomienda emplear las formas femeninas ( la, una, etc. ), por ser femenino el nombre genérico a que se refiere : red. En tal virtud, deberá decirse : a ) “ Eso yo lo consulté en la Internet” b), “ Yo vi el juego a través de la Internet” ; pero jamás : a ) “ Eso yo lo consulté en el Internet”, b) “ Yo vi el juego a través del Internet”
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Por : Domingo Caba Ramos.
Son innúmeros los falsos criterios y errores conceptuales en que incurren los hablantes dominicanos en el uso cotidiano de la lengua. Tales errores se aprenden, repiten y propagan de manera irracional, y muchos de ellos han alcanzado la categoría de mitos, por cuanto no obstante su circulación colectiva, las ideas que los mismos entrañan carecen por completo de pertinencia o fundamentación lingüística. Para ilustración, veamos sólo algunos de esos casos o mitos lexicosemánticos:
1. “La voz etcétera ya no se usa” - (Falso)
- Persiste la falsa creencia de que ya la palabra etcétera no se debe usar, y que en su lugar debe emplearse la construcción léxica “entre otros” Vale aclarar que tanto una como otra forma, ‘etcétera’ y ‘entre otros’, se emplean para poner fin a una enumeración que parece no terminar. Específicamente acerca de la voz etcétera, en el “Diccionario Panhispánico de dudas” (2005), de la Asociación de Academias de la Lengua Española, se lee lo siguiente: « Procedente de la expresión latina ‘et caetera’, se usa en español para cerrar enumeraciones incompletas. En la escritura va siempre precedida de una coma y se emplea frecuentemente en forma abreviada etc.» (Pág. 279)
El contenido de la cita precedente es más que ilustrativo para convencernos de que no es cierto, como afirman muchos, que el vocablo que nos ocupa, ‘etcétera’, se encuentra en desuso o fue excluido del repertorio léxico del mundo hispanohablante.
2. “Las letras mayúsculas no se acentúan” – (Falso)
El empleo de las mayúsculas no exime de marcar la tilde siempre que así lo establezcan las reglas generales de acentuación.
3. “La z debe pronunciarse distinta a la s” - (Falso)
En el español de América las letras Z y C, esta última ante de las vocales e, i, se pronuncian como /S/, originándose así el fenómeno lingüístico llamado seseo. Tales letras, pues, representan el mismo sonido o no debe establecerse entre ellas distinción fonética. De ahí que la sílaba sa, en la palabra sapo, deba pronunciarse igual que za, en zapato.
4. ¿Funcionario o funcionario público?
Funcionario es la “Persona que desempeña un empleo público” Significa esto que no existen funcionarios que no sean públicos. En tal virtud, se incurren en pleonasmo o redundancia cuando se escribe “Muchos funcionarios públicos devengan altos salarios y trabajan poco”, toda vez que el adjetivo públicos sobra, ya que hubiera bastado con decir simplemente “muchos funcionarios”.
5. ¿UTESA o la UTESA? ¿Romana o La Romana?
“El rector de UTESA declaró….”, escribió recientemente un periodista. “ Es posible que en Romana el juego entre Las águilas y Los Toros resulte suspendido por lluvia…”, comentaba el narrador en la pasada serie de beisbol de invierno.
Conforme a las citas precedentes, vale aclarar que UTESA es la sigla que representa el nombre de la Universidad Tecnológica de Santiago. Si al nombre completo se le antepone el artículo: “El rector de la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA) declaró…” también hay que hacer lo mismo cuando se trata de la sigla: “El rector de la UTESA declaró…” Nadie dice, por ejemplo, “Yo estudio en UASD”
En cuanto a Romana, el nombre correcto de esa turística ciudad dominicana es La Romana, no Romana. El artículo forma parte del mismo, razón por la cual su omisión resulta a todas luces inaceptable.
6. ¿El Internet o la Internet?
Internet es una red, la “ Red mundial de computadoras u ordenadores interconectados mediante un protocolo especial de comunicación” Funciona como nombre propio y por esa razón en el mundo hispanohablante se escribe con mayúscula inicial y sin artículo : a) “ Muchos jóvenes son adictos a Internet”, b) “ Muchos dominicanos aún no tienen acceso a Internet” En caso de que dicho nombre ( Internet ) se use precedido del artículo u otro determinante, entonces se recomienda emplear las formas femeninas ( la, una, etc. ), por ser femenino el nombre genérico a que se refiere : red. En tal virtud, deberá decirse : a ) “ Eso yo lo consulté en la Internet” b), “ Yo vi el juego a través de la Internet” ; pero jamás : a ) “ Eso yo lo consulté en el Internet”, b) “ Yo vi el juego a través del Internet”
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jueves, 11 de febrero de 2010
CRISIS DE LA ORATORIA POLITICA EN LA REPUBLICA DOMINICANA.
Por : Domingo Caba Ramos
«Oratoria: Arte de emplear la palabra y el pensamiento de forma correcta y convincente, clara, elegante y persuasiva»
(Diccionario Rioduero de Literatura, tomo 1 )
Los mítines de cierre de campaña realizados por los tres partidos políticos mayoritarios en la pasada contienda electoral , me convencieron que verdaderamente la oratoria política en nuestro país se encuentra en crisis. Los grandes tribunos, aquellos que cautivaban a las multitudes con su verbo pletórico de elegancia literaria, con la palabra fluida, encendida , o con sus metáforas e imágenes impactantes , ya no existen.
Hoy brillan por su ausencia oradores como los que en tiempos pasados honraron la tribuna política y cuyos nombres yacen grabados con letras de oro en la historia de la elocuencia dominicana, y a la cabeza de los cuales hay que situar necesariamente al entonces llamado “Pico de oro”, Monseñor Fernando Arturo de Meriño (1833-1906), considerado por muchos como el más grande orador dominicano de todos los tiempos.
Acerca del estilo tribunicio del ex presidente de la República y otrora Príncipe de la Iglesia católica, apunta Balaguer lo siguiente:
«El secreto de su arte, de que podría denominar su técnica de tribuno, reside más en sus recursos que el gran orador usó con innegable maestría : el símil tomado de objetos familiares al auditorio ; la antítesis de conceptos y, con frecuencia, las contraposiciones de palabras; los aportes impresionantes con invocación frecuente a los poderes sobrenaturales; la presentación de contrastes de orden moral y la pintura de situaciones patéticas que arrebatan el ánimo y hacen que el oyente participe de la violencia pasional de que en muchos casos parece hallarse poseído aquel orador extraordinario» ( Los próceres escritores, 1971, pág.10 )
Y junto al arzobispo Meriño ocupan un lugar de primerísima importancia Eugenio Deshamps, Manuel Arturo Machado, Monseñor Adolfo Alejandro Nouel, Luis Conrado del Castillo, Arturo Logroño, Rafael Estrella Ureña, Joaquin Balaguer y José Francisco Peña Gómez; estos dos últimos, a nuestro juicio los más grandes y auténticos oradores dominicanos de la segunda mitad del siglo XX y principio del XXI.
Peña Gómez, después de Eugenio Deshamps, posiblemente sea el más extraordinario orador de multitudes que hemos tenido. Y en cuanto a Balaguer, bien podríamos afirmar que con su muerte desaparece el último gran tribuno dominicano. Después de él, es muy poco lo que hay que buscar.
Contrario a tan destacados y brillantes predecesores, los oradores que hoy escuchamos en la tribuna política carecen en su mayoría del don de la persuasión, de la espontaneidad y de la palabra elegante o preñada de arrebatos poéticos. En tal virtud, prefieren cambiar la frase impactante, la expresión de alto vuelo imaginativo, las ideas excitantes y la elegante construcción que despierta sensaciones y sentimientos en el oyente, por el insulto, la chabacanería, la grosería, las humoradas insípidas, los conceptos insustanciales o baladíes y las bazofias impertinentes o carentes de sentido.
En fin, nuestros actuales líderes políticos han optado por reemplazar el verbo conceptuoso o la expresión que eleva, sublimiza y concita el interés del público oyente por la idea despojada de esencia y emoción, o por las más inesperadas inmundicias verbales.
Por : Domingo Caba Ramos
«Oratoria: Arte de emplear la palabra y el pensamiento de forma correcta y convincente, clara, elegante y persuasiva»
(Diccionario Rioduero de Literatura, tomo 1 )
Los mítines de cierre de campaña realizados por los tres partidos políticos mayoritarios en la pasada contienda electoral , me convencieron que verdaderamente la oratoria política en nuestro país se encuentra en crisis. Los grandes tribunos, aquellos que cautivaban a las multitudes con su verbo pletórico de elegancia literaria, con la palabra fluida, encendida , o con sus metáforas e imágenes impactantes , ya no existen.
Hoy brillan por su ausencia oradores como los que en tiempos pasados honraron la tribuna política y cuyos nombres yacen grabados con letras de oro en la historia de la elocuencia dominicana, y a la cabeza de los cuales hay que situar necesariamente al entonces llamado “Pico de oro”, Monseñor Fernando Arturo de Meriño (1833-1906), considerado por muchos como el más grande orador dominicano de todos los tiempos.
Acerca del estilo tribunicio del ex presidente de la República y otrora Príncipe de la Iglesia católica, apunta Balaguer lo siguiente:
«El secreto de su arte, de que podría denominar su técnica de tribuno, reside más en sus recursos que el gran orador usó con innegable maestría : el símil tomado de objetos familiares al auditorio ; la antítesis de conceptos y, con frecuencia, las contraposiciones de palabras; los aportes impresionantes con invocación frecuente a los poderes sobrenaturales; la presentación de contrastes de orden moral y la pintura de situaciones patéticas que arrebatan el ánimo y hacen que el oyente participe de la violencia pasional de que en muchos casos parece hallarse poseído aquel orador extraordinario» ( Los próceres escritores, 1971, pág.10 )
Y junto al arzobispo Meriño ocupan un lugar de primerísima importancia Eugenio Deshamps, Manuel Arturo Machado, Monseñor Adolfo Alejandro Nouel, Luis Conrado del Castillo, Arturo Logroño, Rafael Estrella Ureña, Joaquin Balaguer y José Francisco Peña Gómez; estos dos últimos, a nuestro juicio los más grandes y auténticos oradores dominicanos de la segunda mitad del siglo XX y principio del XXI.
Peña Gómez, después de Eugenio Deshamps, posiblemente sea el más extraordinario orador de multitudes que hemos tenido. Y en cuanto a Balaguer, bien podríamos afirmar que con su muerte desaparece el último gran tribuno dominicano. Después de él, es muy poco lo que hay que buscar.
Contrario a tan destacados y brillantes predecesores, los oradores que hoy escuchamos en la tribuna política carecen en su mayoría del don de la persuasión, de la espontaneidad y de la palabra elegante o preñada de arrebatos poéticos. En tal virtud, prefieren cambiar la frase impactante, la expresión de alto vuelo imaginativo, las ideas excitantes y la elegante construcción que despierta sensaciones y sentimientos en el oyente, por el insulto, la chabacanería, la grosería, las humoradas insípidas, los conceptos insustanciales o baladíes y las bazofias impertinentes o carentes de sentido.
En fin, nuestros actuales líderes políticos han optado por reemplazar el verbo conceptuoso o la expresión que eleva, sublimiza y concita el interés del público oyente por la idea despojada de esencia y emoción, o por las más inesperadas inmundicias verbales.
viernes, 5 de febrero de 2010
LA MAGIA DE LA LECTURA
Por : Domingo Caba Ramos
La lectura es una actividad, una operación, un proceso mental que capacita al hombre para alcanzar diferentes metas y enfrentar muchos de los problemas que la vida le plantea.
En los tiempos modernos la lectura ocupa un lugar de primerísima importancia. Cada vez se hace más imperiosa la necesidad de poseer una mayor información y formación cultural, esto es, de estar al día de los últimos acontecimientos acaecidos tanto en el ámbito nacional como internacional. Y eso, obviamente, sólo se logra a través de la lectura.
La lectura nutre el intelecto, recrea el espíritu, activa la imaginación y orienta el rumbo que conduce a la meta deseada. Ella nos permite captar una nueva y más amplia visión del mundo y un agudo conocimiento del medio que nos rodea.
La lectura franquea el camino del arte y abre las puertas del conocimiento científico. Los grandes hombres y mujeres de la humanidad fueron antes que todo, grandes lectores.
Emmanuel Kant, por ejemplo, gracias a su constante actividad lectora, logró forjarse un dominio casi enciclopédico de la filosofía y cultura universal sin haber salido nunca de su natal pueblecito, Konigsberg (Alemania) ; en tanto que de Miguel Cervantes, autor de una de las más genial de las novelas escritas en lengua española, "El Quijote", se afirma que leía hasta los papeles rotos que encontraba en la calle.
Es innegable la poderosa influencia que ejerce un libro en el desarrollo histórico social. “Del destino de los libros - apunta M. ILIM - depende con frecuencia el destino de las gentes, de los pueblos y hasta de los países”.
La lectura actúa como soporte teórico de la práctica profesional. Esto quiere decir que un médico, maestro, abogado, ingeniero o cualquier otro profesional que no se actualice mediante la lectura constante, está condenado a ser un profesional mediocre o atrasado académicamente.
Urge pues, incentivar la lectura de obras literarias, tratados científicos, periódicos, revistas y todo tipo de material bibliográfico. Como reza en la muy conocida frase: " Quien no lee no tiene derecho a la palabra"
La escuela, en este sentido, está llamada a desempeñar un papel protagónico, vale decir, se hace necesario que la lectura cubra un espacio privilegiado en el trabajo escolar. Porque como bien observó don Pedro Henríquez Ureña: “El hábito y amor a la lectura literaria forman la mejor llave que podemos entregar al niño para abrirle el mundo de la cultura universal”.
Sabemos, como afirma el gran humanista dominicano, que el bajo “desarrollo de las bibliotecas públicas y de las bibliotecas escolares no permite todavía a los maestros disponer de la variedad de libros que necesitarían para revelar al niño la multitud de casos interesantes que le brinda la lectura”. Pero entendemos, no obstante, que unidos, optimistas y animados de la mejor intención es mucho lo que podemos hacer para que en República Dominicana se ensanche cada vez más el reducido círculo de lectores que hasta ahora tenemos.
Sólo así podemos evitar que los dominicanos continúen pesando los libros antes de leerlos. Y sólo así evitaremos que unas lindas jóvenes vuelvan a declarar en un Concurso de Belleza que América fue descubierta en 1980, que Juan Bosch fue Premio Nóbel de Literatura, que Gabriel García Márquez es dominicano y que Confucio fue el sabio que inventó la confusión.
Por : Domingo Caba Ramos
La lectura es una actividad, una operación, un proceso mental que capacita al hombre para alcanzar diferentes metas y enfrentar muchos de los problemas que la vida le plantea.
En los tiempos modernos la lectura ocupa un lugar de primerísima importancia. Cada vez se hace más imperiosa la necesidad de poseer una mayor información y formación cultural, esto es, de estar al día de los últimos acontecimientos acaecidos tanto en el ámbito nacional como internacional. Y eso, obviamente, sólo se logra a través de la lectura.
La lectura nutre el intelecto, recrea el espíritu, activa la imaginación y orienta el rumbo que conduce a la meta deseada. Ella nos permite captar una nueva y más amplia visión del mundo y un agudo conocimiento del medio que nos rodea.
La lectura franquea el camino del arte y abre las puertas del conocimiento científico. Los grandes hombres y mujeres de la humanidad fueron antes que todo, grandes lectores.
Emmanuel Kant, por ejemplo, gracias a su constante actividad lectora, logró forjarse un dominio casi enciclopédico de la filosofía y cultura universal sin haber salido nunca de su natal pueblecito, Konigsberg (Alemania) ; en tanto que de Miguel Cervantes, autor de una de las más genial de las novelas escritas en lengua española, "El Quijote", se afirma que leía hasta los papeles rotos que encontraba en la calle.
Es innegable la poderosa influencia que ejerce un libro en el desarrollo histórico social. “Del destino de los libros - apunta M. ILIM - depende con frecuencia el destino de las gentes, de los pueblos y hasta de los países”.
La lectura actúa como soporte teórico de la práctica profesional. Esto quiere decir que un médico, maestro, abogado, ingeniero o cualquier otro profesional que no se actualice mediante la lectura constante, está condenado a ser un profesional mediocre o atrasado académicamente.
Urge pues, incentivar la lectura de obras literarias, tratados científicos, periódicos, revistas y todo tipo de material bibliográfico. Como reza en la muy conocida frase: " Quien no lee no tiene derecho a la palabra"
La escuela, en este sentido, está llamada a desempeñar un papel protagónico, vale decir, se hace necesario que la lectura cubra un espacio privilegiado en el trabajo escolar. Porque como bien observó don Pedro Henríquez Ureña: “El hábito y amor a la lectura literaria forman la mejor llave que podemos entregar al niño para abrirle el mundo de la cultura universal”.
Sabemos, como afirma el gran humanista dominicano, que el bajo “desarrollo de las bibliotecas públicas y de las bibliotecas escolares no permite todavía a los maestros disponer de la variedad de libros que necesitarían para revelar al niño la multitud de casos interesantes que le brinda la lectura”. Pero entendemos, no obstante, que unidos, optimistas y animados de la mejor intención es mucho lo que podemos hacer para que en República Dominicana se ensanche cada vez más el reducido círculo de lectores que hasta ahora tenemos.
Sólo así podemos evitar que los dominicanos continúen pesando los libros antes de leerlos. Y sólo así evitaremos que unas lindas jóvenes vuelvan a declarar en un Concurso de Belleza que América fue descubierta en 1980, que Juan Bosch fue Premio Nóbel de Literatura, que Gabriel García Márquez es dominicano y que Confucio fue el sabio que inventó la confusión.
lunes, 1 de febrero de 2010
¡LLUVIA DE GOZO!
Cuando el equipo de los Leones del Escogido ganaba un campeonato, recuerdo que el espíritu de mi madre, doña Librada, era inundado, como dice el narrador, por una incontenible o irresistible ¡Lluvia de gozo!
Para expresar ese sentimiento de regocijo, solía improvisar los más irónicos, burlones y mortificadores versos, los cuales recitaba vía telefónica o personalmente a sus compadres, amigos y relacionados pertenecientes al equipo perdedor. Ese tipo de “cuerda” ella lo disfrutaba tanto como el éxito de su equipo.
El Escogido acaba de ganar su campeonato número 13, como trece años hace ya que doña Librada abandonó para siempre (16/2/97 ) el siempre complejo, pero apetecido mundo de los vivos. El fuego de sus versos, esta vez no quemó la piel de sus rivales deportivos.
Pero a mi hermana Gernalda, quien no es muy dada a leer y crear poesías, ante el triunfo escogidista parece habérsele encarnado el espíritu de su progenitora, y ya sea por recordar u honrar su memoria , o por la alegría desbordante que dicho triunfo le produjo, compuso y me envió desde los Estados Unidos un breve poema, conformado por los versos que más abajo se transcriben, y cuyo título no podía aludir a una realidad más íntima y fraterna: “Versos a lo doña Librada”:
VERSOS A LO DOÑA LIBRADA.
EL equipo del Escogido,
vino este año a jugar,
como león enfurecido,
dijo « yo voy a ganar»
Devoró a las Estrellas,
y al equipo Mamey,
y con una inmensa pena,
a los Tigres del Licey.
De los Toros no hay que hablar,
aunque privan en muy bravos,
fueron fácil de agarrar,
por los cuernos y por el rabo.
Las Águilas Cibaeñas,
como a aves ningunas,
por estar de fanfarronas,
le arrancan to’ las plumas.
Lo que le pasó al caballo,
por querer dar tres patás,
lo dejaron amarrado,
en el cercado de atrás.
¡Vamos a darnos el abrazo,
el león ta’ bravucón,
ha pegado el batazo,
de Escogido Campeón!
Gernalda Caba Ramos
Enero 31, 2010
Queens, N.Y.
Cuando el equipo de los Leones del Escogido ganaba un campeonato, recuerdo que el espíritu de mi madre, doña Librada, era inundado, como dice el narrador, por una incontenible o irresistible ¡Lluvia de gozo!
Para expresar ese sentimiento de regocijo, solía improvisar los más irónicos, burlones y mortificadores versos, los cuales recitaba vía telefónica o personalmente a sus compadres, amigos y relacionados pertenecientes al equipo perdedor. Ese tipo de “cuerda” ella lo disfrutaba tanto como el éxito de su equipo.
El Escogido acaba de ganar su campeonato número 13, como trece años hace ya que doña Librada abandonó para siempre (16/2/97 ) el siempre complejo, pero apetecido mundo de los vivos. El fuego de sus versos, esta vez no quemó la piel de sus rivales deportivos.
Pero a mi hermana Gernalda, quien no es muy dada a leer y crear poesías, ante el triunfo escogidista parece habérsele encarnado el espíritu de su progenitora, y ya sea por recordar u honrar su memoria , o por la alegría desbordante que dicho triunfo le produjo, compuso y me envió desde los Estados Unidos un breve poema, conformado por los versos que más abajo se transcriben, y cuyo título no podía aludir a una realidad más íntima y fraterna: “Versos a lo doña Librada”:
VERSOS A LO DOÑA LIBRADA.
EL equipo del Escogido,
vino este año a jugar,
como león enfurecido,
dijo « yo voy a ganar»
Devoró a las Estrellas,
y al equipo Mamey,
y con una inmensa pena,
a los Tigres del Licey.
De los Toros no hay que hablar,
aunque privan en muy bravos,
fueron fácil de agarrar,
por los cuernos y por el rabo.
Las Águilas Cibaeñas,
como a aves ningunas,
por estar de fanfarronas,
le arrancan to’ las plumas.
Lo que le pasó al caballo,
por querer dar tres patás,
lo dejaron amarrado,
en el cercado de atrás.
¡Vamos a darnos el abrazo,
el león ta’ bravucón,
ha pegado el batazo,
de Escogido Campeón!
Gernalda Caba Ramos
Enero 31, 2010
Queens, N.Y.
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