«Es mejor tenerlo afuera, que tenerlo adentro…»
(Luis Abinader)
Por: Domingo Caba Ramos
En la expresión lingüística, el doble sentido siempre ha existido, y por lo general, casi siempre alude en forma sutil o sugerente a todo lo relacionado con el sexo o lo sexual. Un verso, una frase, una palabra o un enunciado posee doble sentido cuando el receptor, oyente o lector, le confiere al mensaje percibido un sentido que no necesariamente estuvo concebido en la intención comunicativa del sujeto emisor de dicho mensaje. De esa manera, en el proceso comunicativo entran en acción dos sentidos o intenciones comunicativas distintas: el sentido del emisor que habla y escribe y el sentido del receptor que escucha y lee. En todo caso, el humor, el morbo y lo atrevido o prohibido está siempre presente en la expresión de doble sentido.
Conforme al juicio precedente, conviene reiterar que, en determinados
contextos, la naturaleza tabú o atrevida del mensaje, no siempre resulta
sugerida por el hablante emisor, sino morbosamente interpretada por el sujeto
perceptor. Fue lo que en octubre del 2021 le sucedió al presidente Luis
Abinader, quien en una rueda prensa respondió una pregunta afirmando que «Es mejor tenerlos afuera, que
tenerlos adentro…». Eso dijo el gobernante al contestar la
pregunta de una periodista sobre qué pasaría con los agentes policiales que al
ser evaluados se demostrara que no estaban aptos para continuar brindando sus servicios
en la institución. La respuesta, sin embargo, causó muchos revuelos y no menos
mensajes de burlas.
Según la construcción formal de la idea expresada, el doble sentido bien
podría clasificarse en dos categorías: artístico y vulgar. Este último dice,
esto es, alude a la realidad de manera directa, explícita o transparente.
Ejemplos de este podemos encontrarlo en las letras de bachatas, merengues,
reguetones y en los llamados cuentos «coloraos».
El primero, el doble sentido artístico,
sugiere, no dice, esto es, expresa la realidad en forma indirecta, estética o
metafórica, entrañando en todo momento un fino humorismo y una elegante
picardía, como los versos que se transcriben a continuación, pertenecientes a
nuestro folklor poético:
«SI YO FUERA ZAPATICO»
«Si yo fuera zapatico,
yo me calzara en tu pie,
y ahora tuviera viendo,
lo que zapatico ve»
(Anónimo)
Pero fue nuestro genial poeta
popular, Juan Antonio Alix (1833 – 1918), quien con mayor salero, picardía,
gracias y maestría cultivó este tipo de doble sentido, es decir, el artístico.
Veamos una auténtica muestra:
«Estando una vez Teresa,
subida en un algarrobo,
desde el tronco, un Juan Bobo,
le pregunta esta simpleza:
-Muchacha, ¿qué fruta es esa?,
y teresa que no quiso,
pasar por boba ante Juan,
le contesta al truchimán:¨
- ¿Tú has visto frutas sin rizo?,
- ¡Ay, ¡cómo no!, y la que Adán,
se comió en el paraíso»
Pero ¡cuidado!
No debe confundirse el doble
sentido con la ambigüedad característica de la expresión poética. Cuando
nuestro brillante artista Juan Luis Guerra dice, por ejemplo: «Quisiera ser un pez/para
tocar mi nariz en tu pecera…»,
en poética alusión al sexo oral, eso no es doble sentido, sino simplemente
ambigüedad, que es el rasgo por excelencia del texto literario.
Un texto es ambiguo cuando admite varias interpretaciones, esto es, cuando dos
o más personas lo interpretan de maneras distintas. En el doble sentido, vale
reiterarlo, y como su nombre lo indica, solo intervienen dos interpretaciones:
el sentido del emisor que emite el mensaje y el del receptor que lo interpreta
de manera distinta. Merced a este planteo, es posible que muchos lectores jamás
piensen que de la gripe se trata cuando lean un texto del tipo: «Vas a ser mi próxima víctima, te arrastraré hasta la
cama, te haré temblar de arriba abajo, poseeré tu cuerpo, no te podrás librar
de mí. Te espero»
A propósito del tema que nos ocupa, durante el período de los dos años de gobierno del doctor Joaquín Balaguer, causó gran sorpresa y muchos comentarios el famoso decreto aquel, leído públicamente por el entonces presidente, en cuyo contenido se prohibía la difusión de algunos merengues:
«El Poder Ejecutivo ha prohibido los siguientes merengues: “El guardia con el tolete, no por el guardia, sino por el tolete”; “La gotera de Juana”, no por Juana, sino por la gotera; “Remenéame los mangos”, sino por el remenéamelo, y “El negrito ahí…”, no por el negrito, sino por el ahí»
Meses después prohibió el pimentoso merengue “Los limones”, interpretado por el Conjunto Quisqueya, sancionado fundamentalmente por las letras de su estribillo: “Pónmelo ahí que te lo voy a partir…”. Para justificar tales prohibiciones, se alegó que las referidas piezas musicales, por su fuerte contenido de doble sentido, constituían una clara afrenta al pudor, a la moral y a las buenas costumbres.
En lo que al doble sentido atañe, valdría preguntarse: ¿cuándo se produce?, ¿dónde podemos encontrar su raíz, en la estructura semántica de la frase, en la mente del sujeto que la emite o en la del receptor que la recibe y descodifica?
Si bien es cierto que muchos
hablantes comunican una idea mensaje pretendiendo pícaramente que se interprete
otra distinta, todo parece indicar que ciertamente es el receptor quien suele
desentrañar un sentido que nunca formó parte de la intención comunicativa del
emisor o de quien expresó el mensaje aparentemente de significación doble. En
otras palabras, y como ya hemos afirmado, más que en la intención comunicativa
de quien emite el mensaje, el doble sentido parece estar presente en la mente
de quien lo recibe, descodifica e interpreta.
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